Capítulo 5. Conexión.

-Oye Rook, ¿Dónde se encuentra Denis? ¿Y el viejo? –preguntó agitadamente Rand mientras seguían corriendo entre la floresta.

-Denis está muerto, un disparo de ese ser lo atravesó por completo en el pecho –le dijo entrecortadamente ella – y sobre el viejo, en medio de la huida y el tiroteo al parecer se separó y lo perdimos…

-No creo que le haya pasado nada malo –dijo Bruno con su cañón Gauss Brasilia en el hombro –si pudo sobrevivir solo aquí por tantos años, más de alguna maña y estrategia tendrá para salir de este embrollo… se ve que tiene más de un as bajo la manga.

-Pues no me molestaría para nada que nos facilite un par de cartas… esto ya se pone demasiado complicado –dijo Rand –ahora lo que nos queda es ir por nuestras armaduras.

-¿Y bien, qué haremos? Nos hemos alejado demasiado del camino y volver atrás es un suicidio le replicó Bruno

-Pues solo nos queda una salida: vayamos en dirección a las termas.

-¿Alli? ¿Y por qué allí? –Intervino Rook.

-Recuerda que en el enfrentamiento con el primer monstruo, disparaste a una rama con gotas de rocío sobre ella y esas gotas cayeron sobre él, haciendo inútil su dispositivo de invisibilidad. Allí hay mucha humedad y sobre todo vapor… mucho vapor. No podrá usar esa ventaja, y nosotros podremos contraatacar.

-Muy buena idea… hay algunas cuevas a ras del suelo entre los troncos a la orilla del río. En esa playa de arena esperaremos -dijo Bruno.

Siguieron corriendo hasta llegar al lugar. En efecto: columnas de vapor se alzaban desde pequeños espejos de agua a manera de piscina, que estaban flanqueadas por gigantescas hojas de helechos. En la orilla de ellas emergían borbotones de agua hirviendo que se mezclaban con el agua del río que a un lado pasaba formando una pequeña corriente, temperándola. Un velo de vapor a ras del agua se elevaba, lentamente dando una apariencia lúgubre al lugar mientras otra parte del vapor se arrastraba en el suelo, dando la apariencia de una capa de nata.

Se escondieron como pudieron en las cuevas, y esperaron. La tensión era insoportable pues sumado al peligro extremo de ser cazados y muertos por esa criatura, volaban en torno a ellos algunos tábanos negros, pues era temporada de ellos y estaban en plena época de postura de huevos y para esa labor necesitaban beber sangre caliente urgentemente antes que terminen sus cortas vidas.

-Malditos bichos –maldecía Bruno mientras trataba de espantarlos -había olvidado la presencia de estas alimañas.

-Tratemos de cubrirnos las partes expuestas como los brazos –dijo Rook –mételos dentro de tu camiseta.

-Silencio –dijo Rand- y prepara tu arma.

Pasaron varios minutos y nada. Sólo se escuchaba el sonido de la corriente del río. No se notaba ningún movimiento en los alrededores, y ya pensaban que ese monstruo les había perdido el rastro. Pero era todo fácil, demasiado fácil.

-¿Y si ese maldito animal se dio cuenta de que todo era una trampa? –preguntó Rook.

-No podemos quedarnos todo el día aquí –agregó Bruno –y estos malditos bichos nos quieren comer vivos.

-Tendremos que arriesgarnos… y salir. Bruno, ¿tienes tus binoculares?

-Claro aquí tienes – le contestó.

A ciertos intervalos, cuando el vapor lo permitía, observaron a las copas más altas de los arboles… y los espacios entre ellos. No se veía nada fuera de lo común. Se animaron a salir, haciéndolo lentamente de la cueva, rodeados del vapor de las aguas termales, apegados a la orilla del río cercano a las rocas. El calor emanado de las aguas termales impregnaba todo y a todos, quienes ya estaban sudando copiosamente. Siguieron moviéndose con los tábanos acosándolos.

-Estos insectos son empecinados, y pensar que a la izquierda a 20 metros hay otro enjambre de esos bichos –dijo Rook.

Fue en ese momento que Rand se detuvo. Y se dio cuenta de algo escalofriante.

-¿Qué haces? –Le preguntó ella tensa y molesta -¡Muévete!- le acicateó.

-Que nadie se mueva… y aguanten las picaduras de esos insectos.

Bruno y Rook se miraron, sin entender nada. Pero por el semblante de Rand, se dieron cuenta que algo muy grave estaba pasando. Y se quedaron quietos. El pelirrojo movió con sumo cuidado su rifle láser que llevaba a su espalda, y lo calibró. Alzó el cañón y apuntó hacia ese enjambre que Rook notó. E hizo 3 disparos.

Un fuerte gruñido rompió la quietud del ambiente, momento en el cual Rand le dio aviso a Bruno que dispare hacia los arboles laterales a donde se había disparado primero. El artillero apuntó dando con su arma de lleno en los gruesos troncos, haciendo que miles de astillas de madera salgan despedidas como peligrosa metralla, obligándolos a agacharse.

-¿Qué diablos fue todo eso? –gritó Rook.

-¡No preguntes y dispara! –dijo Rand. -Ella así lo hizo y disparando sus rifles fueron acercándose hacia la dirección de los tiros que primero efectuó el pelirrojo. Al llegar allí, vieron unas manchas de un líquido color verde fluorescente que manchaban la base de las ramas y parte del tronco.

-Siii… eso es –dijo Rand- sangra, maldito… sangra.

-¿Cómo fue que supiste que estaba allí? –dijo sorprendido Bruno.

-Si no fuese por la observación de Rook, todos ya estaríamos muertos… gracias, mi amor –dijo el colorín, dándole un beso en la boca a ella y sosteniendo su mano.

Ella seguía sin entender nada.

-Los tábanos se acercan a los animales paras succionar su sangre. Se guían por el calor que los animales y humanos desprenden –afirmó con seguridad Rand.

-¡Pero estamos rodeados de calor por estos vapores, así que es un sinsentido lo que dices! –dijo Bruno.

-Aun no termino mi explicación –agregó soltando la mano de la rubia –esos bichos también se guían por las emanaciones de dióxido de carbono de nuestra respiración así que sin importar si estamos a oscuras o rodeados de calor, ellos nos encontrarán. Y ese monstruo no es diferente a nosotros: come, sangra… y respira. Su tecnología de invisibilidad de nada le servía ante esos insectos.

Fue cuando un disparo de un disco de plasma interrumpió la conversación, que dio en el cartucho de las municiones del cañón de Bruno que llevaba en el hombro, hiriéndolo allí de gravedad. Tuvo que arrojar su arma debido a que las municiones con el calor del impacto junto a las baterías de protocultura se desestabilizaron y amenazaban con estallar.

-¡Todos al suelo! –gritó Bruno.

Las municiones estallaron como si fuese fuegos artificiales, iluminando todo y haciendo un gran estruendo, que perturbó todo el ambiente, hasta las aves que se hallaban en las copas de los gigantescos arboles… de donde uno de ellos se alzó una oscura nube que danzaba y movía como si de vida propia tuviese.

-Demonios… esto no es nada bueno… ¡huyamos! –alzó la voz Bruno con un creciente temor, levantándose como pudo.

-¿Qué cosa peor puede venir ahora? –dijo Rand ayudándolo.

-¡Pues esa nube no es precisamente humo! –Le replicó Bruno- ¿recuerdas lo que dijo Erwin sobre los pájaros pequeños?

-Lo recordamos –dijeron a coro Rand y Rook.

-¡Pues él hace tiempo me dijo que son un tipo de pájaros que se alimentan de sangre, tan pequeños como un tábano, parecidos a un colibrí pero muy agresivos! ¡En bandada atacan primero tus ojos para cegarte y después seguirán picoteando para hacerte sangrar hasta la muerte!

Rápidamente se levantaron y corrieron por la floresta, con los pájaros sobre sus espaldas a punto de alcanzarlos. Rand se colocó en los ojos sus antiparras que usaba para manejar su motocyclón, los otros dos sólo pudieron envolverse la cabeza con sus chaquetas o bien una pañoleta, corriendo en medio de los arbustos mientras ya los pájaros los estaban acosando, picoteándoles la cabeza y las manos despiadadamente. Sus finos y aguzados picos parecían alfileres y su velocidad de vuelo les permitía esquivar los manotazos que recibían pues eran tan maniobrables en el vuelo que podían volar incluso hacia atrás. En medio de todo ese caos, se dirigieron hacia donde fue destruido el vehículo de Bruno, pues allí habían dejado Rooke y Rand sus motocyclones, quedando intactas. Corrieron por una orilla elevada del río, cuando Rand pisó en un terreno algo más blando y cayó rodando por una ladera envuelto en un montón de hojas secas que habían caído al suelo desde los arboles… con tan mala suerte que se golpeó la cabeza en unas rocas y ya sin control siguió rodando para terminar de caer por un precipicio hasta el río.

-¡Raaaand! ¡Nooooo! –gritó desesperadamente y con sus ojos vidriosos Rook.

-¡Maldición! –Dijo Bruno -¡No podemos quedarnos aquí mientras esos pájaros nos siguen atacando y ese otro animal está también en nuestra búsqueda! ¡Al menos en el agua no podrá ser perseguido por las aves y podría tener una chance de escapar! ¡Vayámonos!

-¡Nooo suéltameeee! –Siguió gritando Rook, mientras Bruno con su otro brazo sano la arrastraba de la mano para seguir avanzando.


Solo había oscuridad en el ambiente. Un silencio total, absoluto, que llegaba al extremo de sólo escuchar el sonido de su respiración y su propio corazón. De manera progresiva sus ojos se iban aclimatando a esa negrura ambiental, donde de a poco y a lo lejos ya distinguía unos delicados puntitos luminosos que se asemejaban a estrellas, algunas solitarias y otras aglomeradas en cúmulos, donde se iban agregando nubes de gas de tenues colores y lejanas galaxias. Una ingravidez inundaba completamente su cuerpo y se dejaba llevar, como si ya nada le importara. -"qué extraño viaje interestelar es éste"-se dijo para sí mismo. Yendo a la deriva, dentro de su cabeza sintió un sonido de muy baja intensidad, como una melodía que iba calando en lo profundo de su alma sintiéndose extrañamente reconfortado… cuando en la lejanía escuchó:

-Raaaand… Raaaaand… -alguien lo llamaba de una manera tan suave y delicada, que lo hizo sentir muy relajado y trató de buscar a quien lo nombraba. Era una voz tan dulce, angelical, como que provenía de todos lados abarcándolo todo, donde acto seguido apareció a corta distancia una luz que comenzó de a poco a materializarse tomando una forma humanoide cubierta a su alrededor de un aura luminosa, silueta que le comenzó a ser familiar.

-Tú eres… ¿Marlen? –dijo estupefacto Rand.

-Sí, soy yo… -dijo con afecto y dulzura.

-Pero, ¿qué haces aquí? O mejor dicho ¿qué hago yo aquí?… ¿Dónde estoy?

-Bueno… respecto a tu primera pregunta, hay algo que primero debes saber.

-¿Y qué es? –preguntó Rand.

-Pues que estoy aquí contigo ya que sentí que estabas en una situación en extremo peligrosa. Al igual que yo, estás atado a este planeta, muy vinculado. Si ya antes podías moverte con soltura por las enseñanzas que tu padre te dejó para sobrevivir y relacionarte con la tierra, ese lazo, esa relación con la naturaleza y sus forma de vida es aún más cercana… prácticamente como una simbiosis.

-No entiendo nada de lo que dices…

Marlen, mirándolo con ternura y paciencia le preguntó:

-¿Recuerdas de camino al Punto Réflex, cuando caí enferma y estábamos recluidos en una cueva en el desierto en plena tormenta de arena, y tropas de choque invid nos buscaban intensamente?

-Claro que lo recuerdo.

-¿Y recuerdas también que para ayudarme en mi estado, saliste de allí a buscar agua que se hallaba en unos cactus?

-Sí… estabas muy mal –recordó con algo de pena Rand.

-Pues bien… cuando saliste al exterior en esa búsqueda en medio de las ráfagas de viento, caíste en una mina de arena, donde Rooke te encontró abandonado. Allí tuviste una suerte de "viaje astral".

-Oye… ¿cómo sabías eso? No lo había comentado con nadie sobre ese viaje como le llamas–dijo sorprendido.

-Recuerda que no soy totalmente invid, pero tampoco soy totalmente humana. Soy una nueva forma de vida producto de la fusión de ambas razas. Y por mi naturaleza invid mi vida está muy relacionada a la Flor de la Vida y a sus esporas.

-Y eso, ¿qué tiene que ver conmigo y lo que ahora está pasando? –preguntó Rand.

-Que en esa mina de arena donde caíste habían depositadas muchas esporas de la Flor de la Vida que llegaron volando por efecto de las corrientes de aire desde las granjas de protocultura cercanas… y éstas se impregnaron en gran medida en tu ser, forjando una suerte de conexión telepática, conexión que permitió comunicarme contigo. Todo eso afianzado cuando la Regis, mi madre, dejó el planeta pero antes de hacerlo regeneró su biosfera siendo más profundo por las esporas liberadas en la guerra anterior y por las granjas de protocultura que los invid establecieron en su estadía.

-Entonces… ¿no estoy muerto? ¿Dónde estoy?

-No estás muerto… pero estas en una situación intermedia, en la frontera entre la vida y la muerte. Debido a lo que te ocurrió, cambiaste bruscamente tu nivel de conciencia, elevándola a un plano superior por el estrés intenso al que fuiste sometido. Mismo lazo que podrías voluntariamente haber hecho de forma controlada con una profunda meditación.

-Vaya… eso sí que es algo nuevo.

-Sí… Y esa influencia también se extenderá a tu propia simiente… por tu herencia genética.

-¿A mis hijos?

-Así es. Pero eso no es todo. Todo esto también alcanza a Rook.

-Eso sí que no lo esperaba. ¿Y por qué ella? Si nunca estuvo expuesta como yo a esas esporas.

-Sobre eso, es ella la que te lo debe explicar. No soy nadie para poder hacerlo pues es una situación muy personal de ella… al ser ustedes dos marido y mujer. No me corresponde. Ahora, con este contacto telepático, pude sentir todo por lo que estás pasando… y a lo que se enfrentan.

-¿Sabes algo sobre todo esto que nos ha ocurrido en el caserío, esta pesadilla de sangre?

-No exactamente. Sólo a rasgos generales puedo decirte son seres de otro mundo. En su planeta natal se hacen llamar yautjas, son una raza muy antigua y tecnológicamente muy avanzados, provenientes de la zona más antigua de la galaxia, esto es cerca del centro… pero debes tener en cuenta y cuidado: que nada es lo que parece. Las apariencias pueden ser engañosas, y no te dejes llevar por las primeras impresiones. Confía en tus instintos como lo has hecho hasta ahora.

-Entonces… sin saberlo, las propias esporas sensibilizaron más mi instinto, cómo decirlo… ese sexto sentido. Eso explica muchas cosas.

-Es acertada tu conclusión. Ahora mi querido amigo, debes volver.

-¿Volver? ¡Pero Marlen, me quedan muchas otras preguntas que deseo hacer!

-Ya sabes todo lo necesario… sólo debes seguir lo que dicta tu instinto y tu corazón –dijo serenamente Marlen, mientras su figura se iba alejando y su resplandor iba de a poco aumentando, llenando el lugar de luz. Y ella agregó: -Sobre esos seres… Cuídate de su antebrazo…

-¡No! ¡Marlen! ¡Vuelve! ¡Qué será de los niños y Rooke! ¡Dímelo por favor! ¡Marleen! Dime qué será de los niños y Rook!

-Cuídate de su antebrazo… –siguió escuchando como un eco que se iba alejando poco a poco.

El resplandor fue tan intenso que Rand no pudo verla directamente y tuvo que cubrir sus ojos para no ser cegado por ese baño de luz… de súbito sintió que algo lo jalaba y alejaba rápidamente de ese ambiente luminoso entrando a un túnel oscuro hasta que no pudo ver nada.

-¡Marleeen! –gritó Rand, estirando su brazo izquierdo hacia el vacío mientras sentía como que iba en caída libre en un espacio oscuro y ya no pudo ver más.

En ese momento, sus ojos se abrieron de par en par y se dio cuenta que se hallaba en un lugar extraño semi sentado sobre una cama de madera sólida en una habitación iluminada tenuemente con una lámpara. Estaba con su cabeza adolorida y vendada en una habitación sin ventanas que más parecía una bodega adaptada para vivir que una casa convencional. Sus costillas también estaban vendadas.

-Cómo demonios llegué aquí –se dijo para sí mismo. –lo último que recuerdo es que iba cayendo desde un risco hacia el río mientras ese maldito monstruo me perseguía y estaba siendo acosado por esos pájaros chupasangre.

-Al fin despertaste –se escuchó una voz.

-¡Usted! –dijo atónito Rand. Era el viejo.

-Sí. Te encontré flotando río abajo y estabas malherido. No podía dejarte allí a tu propia suerte –dijo, mientras inspeccionaba las heridas de la cabeza y las costillas –impresionante… increíble cómo pudiste sanar en 24 horas de una herida seria en la cabeza y tres costillas rotas.

-Pues… ni yo mismo me lo explico… nunca me había ocurrido nada de esto antes. Pero creo saber debido a que ocurrió esto…. Aunque son sólo conjeturas. Ahora lo más importante es que debo volver con mis amigos pues necesitan refuerzos. Y necesito mi armadura para luchar contra ese maldito monstruo.

-¿Armadura? No será por casualidad… ¿ésta? –le dijo indicando hacia un rincón.

Rand quedó estupefacto. No se explicaba cómo pudo ahí llegar su equipo si lo tenía guardado, almacenado en casa. El viejo no conocía donde vivía Rand, así que el misterio era mayor.

-Siempre hay alguien velando por la seguridad de un ser querido –dijo el viejo y lo llevó a la sala principal de la casa.

El pelirrojo pudo apreciar en su totalidad que la casa era en realidad un gigantesco container, un hangar para avionetas que estaba semi enterrado, empotrado en la ladera de una pared rocosa cubierta de vegetación. Contaba con un sistema de ventilación y unos tragaluces que permitían el ingreso de la luz diurna en la mayor parte del día. Pudo ver una tremenda cantidad de cajas almacenadas de alimentos en conservas y enlatados en el fondo del hangar que contaba con un sótano y lo suficientes para vivir sin mayores problemas por décadas de forma independiente de cualquier persona. Las cajas tenia grabados una simbología muy extraña, que nunca la había visto antes, ni a su padre se la había escuchado mencionar. Sólo pudo identificar una bandera con 7 franjas rojas horizontales con 6 franjas blancas intercaladas y en la esquina superior izquierda un cuadrado azul con 51 estrellas. Tenía otros artefactos ubicados en unas rústicas repisas, artefactos electrónicos muy antiguos que ni sabía para qué servían.

-Usted es una verdadera caja de sorpresas, abuelito –dijo Rand intrigado –sabe mucho más de lo que aparenta.

-Soy lo que queda de un mundo perdido, olvidado –dijo el anciano. –Sin las maravillas de la tecnología actual, casi todo lo que hay aquí es tecnología analógica, y una parte muy pequeña es digital. No encontrarás nada de robotecnología aquí. Puedes ver este lugar como un verdadero museo de antigüedades si así lo deseas…

Rand se acercó a una de las repisas que allí se hallaban y vio un artefacto de apariencia como una cajita rectangular algo delgada. Tenía justo a la mitad en la parte baja una serie de 6 botones metálicos dispuestos en fila uno al lado del otro, y con un asa articulada del mismo largo de ese aparato en la parte superior. Llevado por su curiosidad presionó uno de los botones, dando como resultado que se abriera una pequeña puertecita sobre los botones con la capacidad de alojar algo en su interior.

-¿Qué es? –dijo Rand con curiosidad.

-Eso es un magnetófono de cassette… conocido comúnmente como radio cassette o radio grabadora. Podía reproducir cintas de música. Abre la gaveta del escritorio al lado tuyo.

Así lo hizo el pelirrojo. Encontró una cinta que estaba enrollada en dos carretes y cubiertos, protegidos por dos carcasas de plástico.

-Coloca esa cinta dentro del contenedor que abriste… con la cinta hacia abajo –le instruyó el viejo –después cierra la puertecita y presiona el botón grabado con una flecha grande.

Cuando hubo hecho eso, la cinta comenzó a moverse desde una carrete hacia el otro por medio de unos engranajes que el carrete tenia y se enganchaban en una especie de piñón… y se escuchó una música muy movida, de los años 50's del siglo XX.

-Esa cinta que colocaste se llama cassette… es una cinta magnética que reproduce el sonido y también lo puede grabar. Lo que escuchas es música Rock & Roll, un tema llamado "Little Sally" del cantante afroamericano Little Richard.

Estaban en esas observaciones, cuando alguien entró por la puerta.

-¡Rand, mi amor! ¡Ya estás de pie! –Quien entró era Rook, quien se arrojó a su cuello para abrazarlo fuertemente -¡Pensé que te había perdido! –siguió diciendo ella, muy emocionada.

-¡Rook! ¡Me alegra tanto que estés bien! –él le dijo, mientras le besaba su boca -¿fuiste tú quien trajo mi armadura?

-Sí –le respondió. Y acto seguido agachó su cabeza.

-¿Qué ocurre? –le preguntó inquieto.

Rook, sin levantar la vista, y con su voz algo quebrada le dijo:

-Cuando íbamos huyendo… por el bosque… pensé que te había perdido para siempre… hasta que al llegar al caserío, Jerome nos dijo que había recibido una extraña transmisión de radio. En el mensaje él dijo que era la voz de alguien de edad, y dio información de ti y de mi… y dio después esta coordenada geográfica en código morse. Y así llegué aquí para buscarte. Fui yo quien trajo tu armadura –terminó de decir -Pero… pero… y su voz se quebró.

-¿Qué ocurre? –él le preguntó con creciente angustia.

-Pues… cuando volví al villorrio, los niños que allí quedaron estaban jugando cerca del bosque… y en ese juego, Alex y Helena se separaron del grupo, se separaron y… y…

No pudo terminar completamente su relato, pues se abalanzó hacia Rand y hundiendo su cara en el pecho de él le dijo sollozando fuertemente:

-¡Alex y Helena han desaparecido!

Concluirá...