Capítulo 6. "No todo es lo que parece".
Los ojos de Rand, al escuchar las palabras de Rook y ver su estado, encendieron los ojos del pelirrojo. Ardían de furor el pensar que esa criatura puede haber tenido relación con la desaparición de sus hijos, era algo que no iba a dejar pasar y tolerar. De modo que dio media vuelta e inmediatamente se colocó de forma firme y cuidadosa su armadura, ayudado de su mujer, quien estaba dispuesta a seguirlo hasta las mismas puertas del infierno si fuese necesario Después, fue él quien la ayudó a colocar su armadura e inspeccionar todo estuvieran en línea y si desperfectos. Acto necesario para ambos, pues hacía ya años que no usaban ese equipo.
El viejo, al verlo tan decidido pero a la vez con una calma, una ira contenida, le recordó sus tiempos de juventud, cuando hubo momentos en que se enfrentó a enemigos mil veces superiores. Pero el tiempo no pasa en vano, estaba cansado y ya sentía que estaba cerca su final. Sintió en un momento que sus fuerzas se desvanecían y comenzó a tambalearse. Casi cae, de no haber sido por el pelirrojo y la rubia, que alcanzaron a darle apoyo y lo llevaron a su cama, de madera gruesa, tosca.
–Guarde reposo, abuelo –dijo Rook– no debe esforzarse ni tensionarse. Lamentamos que nuestras preocupaciones y problemas pudieran haberlo tensionado más de lo razonable.
–No te preocupes… en todo caso, doy gracias el haberlos conocido aunque sea por poco tiempo. Eres adorable, cuida bien de tu esposo– mencionó el viejo en voz baja. Ha llegado el momento… siento mi corazón débil… y descansar quiero. Pero antes quisiera hacerte un pequeño presente –y estirando su brazo le indicó –llévate mi cayado…
–Pero abuelito… sin ese apoyo, le será más difícil poder moverse –dijo en voz baja Rook.
–Llévatelo… como dije, siento que ya es hora de partir… ese cayado es más que un simple apoyo. Cuando sea necesario, y sólo estrictamente en una urgencia, cuando estés en un apuro, tómalo por su extremo superior y haz un giro a la derecha… te dará un buena sorpresa.
–Viejo… Al… no diga esas cosas… nadie sabe la hora y fecha de partida de este mundo. Y creo que tiene más cosas que dar.
–No creas, hijo… he vivido tanto y si he estado vivo todos estos años, es también porque mi instinto me ha servido bien… tal como a ti. Tú –dijo el viejo y tosió– me recuerdas mucho a mi en mi juventud y principios de mi madurez… en lo determinado que eres. Cuida a tus hijos… enséñales a ser firmes… y dignos… tal como tú.
Terminó de decir eso de forma suave y cerró sus ojos. Una leve sonrisa se dibujó en su arrugado rostro y su cabeza se inclinó hacia un lado en la almohada donde reposaba. Finalmente, descansó en paz.
Rook y Rand observaron la escena en silencio, cabizbajos. Cubrieron su cuerpo con una manta que estaba apoyada en una silla al pie de la cama y dijeron un par de oraciones antes de marcharse. En la pieza del viejo habían muchas otras cosas antiguas, cosas que eran lo último que quedaba de una forma de vivir ya disuelta, lejana. Sobre un aparador había una lámpara y un espejo de mediano tamaño forma rectangular que estaba apoyado en la pared. En sus costados, habían muchas fotos de época, de postales de paisajes inexistentes, ciudades ya extinguidas, al igual que de vehículos civiles y militares. También fotos de personas y grupos de personas con una vestimenta al parecer militar, y entre una de ellas Rand vio una que acaparó su atención. Era una foto ya algo más ajada, de bordes, raídos, descolorida… era de un grupo de 6 personas, todos posando fuertemente armados frente a un helicóptero. Y una de ellas era precisamente el viejo, pero con una edad entre 35 y 40 años. Estaba en medio del grupo, poseía una musculatura impresionante y sonreía con los labios juntos. Tomó la fotografía para verla más de cerca y cuando iba a dejarla en su lugar, notó algo escrito en su parte trasera. Al girarla para ver su amarillento reverso, vio con letra manuscrita una lista de nombres y una fecha, que al parecer era de agosto de 1986. Por lo visto, eran los nombres y rangos de los integrantes de ese retrato, de izquierda a derecha. Y en el lugar del integrante número 4 que era donde estaba ubicado el viejo, tenía escrito el nombre… Mayor Alan "Dutch" Schaefer.
–Volveremos para darte una adecuada sepultura… Dutch –dijo de forma adusta Rand.
Rook iba saliendo del cuarto cuando Rand le llamó la atención sobre el cayado de madera que le regaló el viejo… pues lo estaba dejando olvidado apoyado en una esquina. Ella no quería por respeto al viejo llevárselo y no lo hallaba necesario.
–Yo que tú me lo llevaría… si te lo dejó, es porque algo especial debe tener. Como decía mi viejo padre: "No desprecies lo viejo por lo mozo, ni lo cierto por lo dudoso".
Ella se quedó pensando en esas últimas palabras dichas por él, y en realidad tenía razón. Nunca decía las cosas en vano y para ser aún joven, tenía mucha sabiduría y prudencia. Así que se lo llevó, enganchándolo a sus espaldas para que no le estorbase. Una vez que tenían todo preparado para marchar hacia el villorrio, Rook hizo una llamada por radio a Jerome para que le informara de la situación, pero al parecer nadie contestaba. Lo intentó por 3 veces hasta que finalmente pudo hacer contacto.
– ¡Alfa uno alfa uno! ¡Tenemos una situación aquí! ¡Necesitamos apoyo rápidamente! –se escuchó por el altavoz el agitado mensaje de Jerome– ¡Estamos bajo intenso fuego, y a punto de ser acorralados!
–¡Aquí Lamda 2 a Alfa 1! Ya vamos en camino! –exclamó Rook.
Apenas recibido el llamado de auxilio, la pareja quienes ya iban en camino a bordo de sus Cyclons, rápidamente accionaron el comando de transformación a modo battleloid, aumentando drásticamente su velocidad con los propulsores de vuelo y en apenas 10 minutos llegaron al poblado, donde un intenso tiroteo se les presentaba junto a la humareda de las explosiones que dejaba los impactos del cañón de plasma del enemigo.
–¡Ahora verás, maldito bastardo! –dijo Rook, jalando el gatillo de su cañón tipo bazooka adosado a su equipo de battleloid, donde salió el tiro con una tremenda potencia, que hizo retroceder un poco a Rook. Sorprendida, miró a su marido, el cual le hizo un guiño y le respondió:
–Me tomé la libertad de reformar un poco tu arma, mejorando los inyectores de energía al conducir de manera más concentrada la energía, más una adecuada limpieza. Eso, en mis ratos libres.
–Eres una verdadera navaja suiza, querido, –le dijo ella mirándolo profundamente con sus ojos azules.
Avanzaron en medio del campo de batalla hasta llegar a las coordenadas que Jerome les había indicado, donde estaban bajo intenso fuego. Estaban parapetados en el local comercial del tendero, que era el lugar más fuerte del sector, pues era una bodega con gruesas paredes de hormigón armado, a manera de un bunker.
–¡Aquí Alfa uno, tenemos a 5 muertos, a Bruno con serias lesiones, mientras aquí yo estoy con una pierna fracturada! Pero de momento resistimos, ¡mas no sabemos cuánto! – resonó la voz de Jerome muy tensa.
–Pues bien, le daremos con todo a ese condenado animal –le respondió Rand, quien ya cargaba sus misiles portátiles en su antebrazo derecho y apuntaba al blanco. Tres proyectiles dieron de lleno en el blanco, haciendo estallar todo a su alrededor. Una figura humanoide alta salió volando hacia la espesura del bosque por efecto de la onda expansiva de la detonación, y se lanzaron en su persecución Rand y Rook.
Siguieron un rastro el rastro de sangre fluorescente del ser hacia unos 4 kilómetros del villorrio bosque adentro, hasta llegar a una depresión del valle donde unas paredes rocosas de un risco de unos 10 metros de alto hacían de límite occidental, mientras un amplio rio que más parecía un estuario hacía las veces de límite sur. Avanzaron con cautela, hasta las mismas márgenes del río. No vieron nada extraño ni había señales de vida. Recorrieron toda la orilla por espacio de unos 100 metros hasta una zona donde había unos pozones agua y nada fuera de lo común tenía el lugar.
–Ese maldito no debe andar muy lejos… con esas heridas, dudo mucho que pueda llegar muy lejos –dijo con voz belicosa Rook, quien avanzaba apuntando su arma hacia adelante, sus ojos puestos en la mira y lista para disparar.
Y razón tuvo la rubia. Pues, cuando de repente, al caminar a la orilla de uno de los pozones, Rand quien iba a su espalda siguiéndola, sintió que algo lo jaló de los pies y lo arrastró hacia el agua. Era el enemigo, quien los había estado esperando sumergido allí para emboscarlos. Con uno de sus puños premunido de filosas cuchillas, rajó el costado de los propulsores de espalda de su armadura, de manera que lo inhabilitó para volar. Rook acudió en su ayuda e iba a disparar, pero la criatura se le adelantó disparando su cañón de plasma montado en el hombro derecho, destruyéndole parcialmente el cañón bazooka, e hiriéndola en su brazo derecho.
Rand como pudo accionó los impulsores de sus pies, proyectando la fuerza de una de sus piernas hacia el agua, y la otra hacia el cuerpo del ser, de manera que así pudo desprenderse de él quien lo tenia fuertemente sujeto, pudiendo salir a duras penas del agua. Arrastrándose, se alejó como pudo de la orilla cuando vio con sorpresa e incredulidad que el enemigo salió de un poderoso brinco del agua y fue a atacar con todo a Rook, quien con una rodilla en tierra apenas tuvo tiempo de defenderse con el otro brazo del sorpresivo ataque. Fue ahí, una vez que la tomó de su cuello, y de forma salvaje y despiadada comenzó a golpearla en el abdomen con su puño izquierdo, abollando de a poco la armadura y también destrozando el vidrio del visor de su casco con otros puñetazos que le dio en la cabeza. La pobre, como pudo aguantó todo ese castigo, pero la rabia de lo que ese ser le pudo haber hecho a sus hijos, hizo que sacara fuerzas de flaqueza de forma sobrehumana, pudiendo desasirse de él de pateándolo con las dos piernas juntas.
Entonces Rand, quien se había incorporado para apuntar con su arma, le iba a disparar, pero el alienígena adivinó sus intenciones y antes que elevara completamente su arma, le lanzó un disco arrojadizo de bordes aserrados, del mismo tipo del que portaba su compañero, hiriéndolo en la mano y al girar en el aire para retornar a su dueño, cortó de forma seria el costado del muslo izquierdo del pelirrojo. La lesión hizo que cayera con la rodilla en tierra, haciéndole difícil poder pararse, y cuando el enemigo se estaba acercando con las cuchillas retractiles de sus puños listas para apuñalarlo, por su espalda Rook se le lanzó sobre él y así aferrada, con el cañón de su arma lo comenzó a golpear en sus hombros y cabeza lo más fuerte que pudo. La criatura, enfurecida por tener a esa molesta mujer detrás, la alcanzó a tomar de una de sus manos y la azotó contra el suelo rocoso de la orilla del río sin soltarla , para después golpearla de la misma manera otras dos veces más con tremenda fuerza, y finalmente la tomó de ambos brazos y girando sobre sí mismo dos veces tomó impulso, soltándola y arrojándola a gran velocidad contra las paredes del risco… provocando con el impacto un pequeño derrumbe de rocas que sepultó a la rubia.
–¡NOOOOOOO! – gritó con todas sus fuerzas Rand al observar el final de esa escena.
Ningún ser humano aun con una armadura robotech puede soportar tal castigo infringido... pues ya de por sí quedó dañada antes del impacto haciendo que las posibilidades de sobrevivir al posterior derrumbe fueran mínimas, por no decir nulas. Empuñó con fuerza su mano derecha que había recogido una piedra de buen tamaño y se la arrojó con fuerza a la cara del alienígena que en ese momento se había girado al escuchar el grito de rabia del humano. Tal fue la fuerza del impacto de ese piedrazo, que hizo que la biomáscara que portaba se le desprendiera del rostro, mostrándose tal cual como era. Por su desmesurada boca al descubierto, fluía un pequeño hilo de sangre verde fluorescente, resultado de las escaramuzas anteriores o bien de la lucha en el pequeño poblado.
Con pasos pesados y decididos, el ser se acercó a Rand, quien ya las fuerzas comenzaron a abandonarlo pues el corte en su pierna izquierda le hizo perder mucha sangre. Fue en ese instante, que él de rodillas miró fijamente a su oponente, y le esbozó una sonrisa, que de a poco se transformó en una risa, por lo demás burlona, hasta siniestra podría decirse. El alienígena no supo cómo reaccionar ante esa escena quedando estupefacto, cuando en ese momento abrió desmesuradamente sus amarillentos ojos al sentir un impacto en su espalda bajo su clavícula, abriéndose la parte alta de su pecho. El monstruo escupió simultáneamente algo de sangre verde sobre la cara de Rand, y retrocedió tres pasos hacia atrás.
Era una especie de lanza que lo había atravesado, y quien se la arrojó fue nada menos que Rook, quien justo pudo salir entre las rocas, y recordando que llevaba el cayado en su espalda que el viejo le regaló, recordó el consejo que le había dado sobre ese artefacto y giró el extremo superior de esa vara, provocando que el extremo inferior comenzara a recalentarse y dilatarse resquebrajando la madera y mostrando una acerada punta de metal gris de unos 40 centímetros, muy similar a las arnas corto punzantes que los alienígenas usaban.
El enemigo tambaleó unos pasos y como pudo se sacó la lanza, empujando con una mano la hoja hacia atrás y con la otra mano jalándola desde el palo hacia atrás, arrojándola al suelo… Rand aprovechando ese momento de debilidad, tomó una roca plana que encontró y con ella le aplastó la cabeza. El alienígena no se volvió a levantar.
El pelirrojo se desplomó del cansancio, y Rook como pudo se acercó para auxiliarlo.
–Mi amor... qué bueno es que te encuentres bien… mejor dicho… no me explico cómo diantres es que estás viva, después de semejante paliza. Estás herida, sangras… pero ningún hueso roto tienes- dijo de form agotada Rand
-Bueno… mi armadura me protegió como ya ves.
-Eso… es imposible… tu armadura quedó destrozada después de los golpes de puño que ese desgraciado te propinó. Sin mencionar los azotes que te dio en el suelo lleno de rocas.
–Siempre tan observador, mi vida… como dijiste, es imposible de explicar… pero aun así… existe una razón. Hay algo que nunca te dije, un secreto que a nadie se lo he dicho.
–Si es algo que te haga sentir mal, pues no lo digas… no quiero que sufras innecesariamente.
–No, para nada. Esto incluso debía habértelo mencionado desde hace mucho… cuando nuestros hijos nacieron.
Rand estaba cada vez más confundido. Aun no podía procesar todo lo que había vivido y con el cansancio y agotamiento pro el stress de la lucha.
–¿Recuerdas cuando íbamos de viaje hacia el Punto Réflex llegamos a mi pueblo natal, y allí nos detuvimos por unos momentos?
–Pues claro… –dijo Rand, alzando su mirada hacia el cielo –para ti no fue lo mejor al recordar lo que pasaste por culpa de lo que te hicieron esos pandilleros cuando eras una adolescente y vivías allí.
–Bueno… mi madre y mi hermanita Lily es lo mejor de ese pueblo. Tú las conociste… pero nunca viste a mi padre.
–Todavía no entiendo nada… ¿qué tiene que ver tu padre en todo esto?
–Pues que mi madre, al conocer a mi padre, al principio nunca supo los orígenes de él. De dónde venía. Él se enamoró perdidamente de ella y su amor era genuino… pues por sus orígenes nunca supo él qué significaba estar enamorado. Al darse cuenta de sus sentimientos, él finalmente se sinceró con ella. Lo que te quiero decir, es que mi madre es humana, pero mi padre es… zentraedi. Un zentraedi micronizado, claro está.
Rand quedó con una cara como de piedra. No podía creer, dar crédito a lo que sus oídos escuchaban.
–Si los ves a simple vista, un zentraedi no se diferencia en nada de un humano. Sólo que ellos fueron creados, no engendrados como los seres humanos –dijo pensativamente Rook. –Sólo creados para luchar y nada más. No convivían con las mujeres de su raza, por lo tanto no tenían incorporado el concepto de enamorarse y el amor. Cuando tuvieron contacto con los humanos, su convivencia con ellos les enseñó muchas cosas y una de ellas es precisamente el amor. Pero con el tiempo, aparecieron problemas con aquellos que les fue difícil comenzar una nueva vida y no se acostumbraban a otro estilo de vida que no fuese la guerra. Fueron pocos, pero bastó que esos pocos hicieran brotar la cizaña de la discriminación contra aquellos que sí querían vivir en una sociedad de paz. Y esa odiosidad tomó gran impulso cuando el que era Comandante Supremo de la Tierra Unida de ese momento, Anatoli Leonard, ordenó una razzia masiva contra todo zentraedi que viviera con los humanos… incluso ciudades donde vivían solamente zentraedis fueron desalojadas, una verdadera limpieza étnica… como lo que ocurrió con la ciudad amazónica de Nueva Manaus… donde los que no se marcharon, fueron muertos, ya sea por los militares como por supremacistas civiles.
Rook siguió su relato, con la garganta apretada.
–Cuando mi padre conoció a mi madre, siempre fue desconfiado. Llegó huyendo desde Nueva Manaus, ocultando su pasado para rehacer su vida. Pero, como hace mucho alguien dijo: "El amor es más fuerte"... y de poco, se fue encariñando con ella, hasta finalmente ambos se emparejaron y como producto de ese amor, nací yo. Después de que yo naciera, al año de vida, alguien denunció a mi padre, y vinieron a buscarlo. Antes que llegaran a casa, él se despidió de mi madre y nos dejó… pues no quería que a nosotras también corriéramos la misma suerte de su gente por culpa de esos prejuicios. Huyó, pero finalmente fue capturado… y muerto.
Rand se quedó pensando lo que ella le confesó, e inmediatamente se le vino a la mente la ensoñación que le ocurrió cuando se golpeó la cabeza al huir ambos de alienígena que los perseguía. Ahora todo tenía sentido para él las palabras que en ese instante le dijo Marlen. La Flor de la Vida por medio de la protocultura fue el motor del desarrollo de la raza guerrear zentraedi… que por sus venas aun fluían los ecos de esa flor.
–Los hijos mestizos entre humanos y zentraedis, por esa herencia no humana tienen características muy favorables…como la alta resistencia de sus huesos a cualquier presión o fuerza excesiva ¿cierto?- infirió Rand.
–Así es... y esa es también la razón del por qué pude soportar el parto tan difícil de nuestros hijos… una humana como cualquiera habría muerto si es que no tuviese asistencia médica quirúrgica para dar a luz mellizos. Tuve miedo del que dirán, cómo iba a reaccionar si supieran mi pasado racial. Por eso también preferí que fueras tú quien me ayudara en ese trance y no ir a un hospital, donde por análisis médicos se pondría en evidencia mi verdad.
–Amor… jamás te dejaría, vales más por tus buenas acciones y buen corazón que por credo, o tu raza.
Ella se le acercó y abrazándolo lo besó con mucha ternura y cariño, y le aplicó vendajes en su pierna herida. En ese trabajo están cuando no se dieron cuenta que el alienígena como pudo se había puesto en postura sentada, y débilmente alzó su brazo derecho que portaba una pantalla con una consola llena de botones que comenzó a pulsarlos y se escuchó un sonido de conteo que progresivamente iba aumentando su ritmo. Comenzó a reír de forma ronca y siniestra hasta finalmente caer muerto. Al escuchar su risa y ver sus actos, ambos no se percataron del verdadero peligro que eso encerraba, hasta que Rand recordó la advertencia de Marlen tras lo cual se levantó como pudo y tomando la lanza que estaba en el suelo de un corte limpio le desprendió el antebrazo completo y lo adhirió a uno de los proyectiles que aún quedaba operativo de su lanzadera del battleloid y lo eyectó al cielo con el objetivo de que alcanzara la mayor altura desviando toda su energía en el empuje y minimizando el potencial explosivo del proyectil. Éste subió vertiginosamente hasta una altura de entre 1500 y 2000 metros, cuando un fulgor de luz apareció seguido de un tremendo estruendo y la onda expansiva. Aun a esa altura, la explosión resultante fue capaz de empujar a la pareja unos 2 metros desde su punto de origen. Si ese artefacto hubiera estallado donde estaban, habría arrasado un área de medio kilómetro de radio. Después que se despejó en algo la nube de polvo que aun enturbiaba en ambiente a ras de suelo, Rook aun asustada le dijo:
–Aun te queda energía, cariño… Sí que tus corazonadas e instintos te sirven bien.
–Uuuf, gracias. Sí que valoro tu reconocimiento. Después de todo esto, voy a necesitar vacaciones… y tú también, mi amor.
Fue cuando escucharon unas voces como de llamada, que provenían de lo profundo del bosque al un costado del acantilado del risco. Sorprendidos de quien podría ser en un lugar tan solitario, esperaron a ver quién podría ser… los ecos de las voces se hacían cada vez más fuertes y también familiares lo cual descolocó aún más, hasta que finalmente de entre los arbustos y los trocos de árboles, se asomaron un par de niños.
–¡Papá! ¡Mamá! ¡Qué bueno encontrarlos!
–¡NIÑOS! –Gritaron al unísono Rook y Rand –¡Qué bueno que estén sanos y salvos!
Los niños corrieron a abrazarlos muy efusivamente, mientras sus padres no podían contener las lágrimas de emoción de poder volver a verlos. Se abrazaron se cubrieron de besos y caricias en sus cabecitas y los cabellos cuando, Rook sintió en que Rand estaba con su brazos algo tensos… y temblorosos. Vio que su rostro denotaba un hastío, mezclado con rabia pero también impotencia al verse tan disminuido físicamente después de la batalla contra ese alienígena cazador, y se dio cuenta que miraba hacia el bosque. Ella se giró para ver qué era lo que le exaltaba y vio una figura nebulosa, borrosa y casi transparente que se detuvo a media distancia. Se produjo en tono de dicha figura un pequeño disturbio eléctrico y de a poco comenzó a hacerse visible hasta que Rook, con sus ojos inyectados en cólera, pudo ver materializada esa silueta. Era una figura más estilizada, pero con el mismo casco y las prolongaciones a modo de rastas que salían de su cabeza con el rostro cubierto con la biomáscara, pero se diferenciaba de los otros seres en que tenía caderas pronunciadas, cintura estrecha y el tórax prominente bajo el peto de la armadura denotaba que era un ser femenino. Un breve y fino ronquido se escuchó tras la biomascara de ella, y Rook previendo la amenaza hacia sus hijos, colocó tras ella a los niños y la encaró. Ante esa actitud, su hija Helena le dijo:
––Mamá, ¿Por qué estas tensa?
–Silencio hija, y quédate detrás de mí. Esto es peligroso.
–La tía fue la que nos trajo hasta acá –intervino Alex. –Cuando estábamos jugando en el patio que daba al bosque, nos internamos allí y perdimos el rumbo. Fue que ella nos habló sin mover los labios, su voz sonaba dentro de nuestras cabezas diciéndolos que nos ayudarían y que nos acompañarían hasta donde nuestros padres, pues si nos íbamos solos había gente mala que andaba suelta y nos podía dañar.
–Pero, ¿por qué lo hicieron? –Preguntó con la voz tensa Rand – ¡sabes, he te dicho muchas veces que no debes ir con extraños!
Ambos niños miraron al suelo como con vergüenza y pena. Fue Helena entonces quien dijo:
–Porque… porque sentí que en ella no había peligro. Que ella no nos iba a dañar…. Y era verdadera su intención de ayudarnos.
Rand, al escuchar todo eso, inmediatamente se le vino a la mente el consejo de Marlen: "Nada es lo que parece. Las apariencias pueden ser engañosas, y no te dejes llevar por las primeras impresiones. Confía en tus instintos como lo has hecho hasta ahora".
Y en buena hora recordó eso, pues alcanzó a ver a Rook, quien por su herencia guerrera zentraedi exacerbada por la alta tensión de la rabia y el odio por ver que podían hacerle daño a sus hijos, vio que rápidamente se agachaba a recoger el arma que el propio Rand había dejado caer cuando fue herido en la mano y en la pierna, de modo que le dio un manotazo con el brazo izquierdo al tiempo que ella iba a disparar haciendo que desvíe el tiro.
–¡Pero qué demonios haces! No ves que vamos a morir si no hacemos nada!
–Tranquilízate, cariño… ten confianza en mi. Sólo eso. Si ella quisiera hacernos daño, nos habría matado hace rato. Y los niños no estarían aquí- le dijo mientras la contenía con un abrazo y ella se resistía a eso… hasta que poco a poco fue cediendo y rindiéndose a sus brazos y a su voz.
El ente femenino se inclinó un poco a modo de reverencia y se retiró hacia un costado del risco. Cuando hizo eso, una multitud de figuras comenzaron a materializarse, entre las ramas de los árboles, en las enredaderas de los troncos de los alerces, y arriba en la cumbre del risco. Estaban, prácticamente rodeados por 20 de esos seres, todos apuntando con un fino haz de luz láser de color rojo hacia los cuerpos de Rand y Rook, prestos a disparar con sus cañones de plasma apenas recibieran la orden o hubiera un acto de gran hostilidad. Estaban alineados, como si fuesen grandes aves negras sobre alambres y ramas, todos mirando fijamente a la familia, que se mantenía unida y abrazada. Si Rand no la hubiese detenido, ya todos estarían muertos.
De pronto, todos giraron sus cabezas hacia la cima del risco y de la nada se materializó de a poco una gigantesca nave interestelar de color azul petróleo, tan bien mimetizada se hallaba que nada hacía notar que un objeto de colosales dimensiones podría hallarse ahí. Tenía un perfil aguzado como un cuchillo, con un morro algo ganchudo, como el pico de un águila. A los costados de la nave, tenía dos prolongaciones que estaban paralelas y unidas al casco por un puente. Se sostenía por unos pies hidráulicos que emergían desde esas prolongaciones y la parte baja del morro de la nave. Dos estructuras a modo de cañones asomaban atrás y a mediana distancia de la parte delantera.
La familia, expectante, miraba todo el inquietante panorama, y desde la parte baja de la nave se abrió una compuerta y bajó alguien de una apariencia corpulenta. Si bien esta raza de alienígenas ya era de por sí imponentes, este humanoide lo era aún más pues medía fácilmente dos metros y medio de altura, con espalda y hombros amplios, con la armadura que portaba se veía aún más intimidante. Portaba una capa de una tela parecida al terciopelo de color rojo oscuro como de sangre coagulada. Caminó unos cuantos pasos y sin mayor esfuerzo dio un poderoso salto desde ahí para así bajar apoyado en las salientes de las rocas hasta finalmente llegar a tierra. Venía sin su biomáscara, la traía sostenida con su mano derecha bajo el brazo izquierdo. Al parecer era ya alguien con muchos años encima, pues sus prolongaciones coriáceas de su frente y cabeza se veían más gruesas, con un tono grisáceo junto con multitud de cicatrices grandes y pequeñas que recorrían su superficie. El pecho de ese ser tenía una profunda cicatriz, larga, ancha y carnosa. La mirada era más que inquietante y se acercó hasta donde Rand, Rook y los niños estaba reunidos. Los miró por largo rato, y de su boca emergió, como una mezcla entre un rugido y un gorgoreo su cavernosa y ronca voz que dijo:
-Yo soy… lo que en su mundo llamarían… un representante de La Ley.
Rook y Rand observaban todo en silencio.
Después, el alienígeno, señalando los restos del extraterrestre muerto, dijo:
-Él es... mala sangre. Sin honor.
Hizo un ademán, ante lo cual, otros dos seres que se habían acercado para hacer de escolta, se acercaron al cadáver del llamado "mala sangre", y desde unos envases que cada uno sacó de sus respectivos cinturones, rociaron sobre él un líquido de apariencia aceitosa y de color ámbar, el cual al hacer contacto con el cuerpo comenzó progresivamente a disolver la carne, los huesos, la armadura y las armas que allí aún tenía en medio de un tenue humo, soltando un aroma fuerte como almizcle.
Una vez que el cadáver desapareció por completo, el alienígeno jefe se acercó hasta llegar a un metro de distancia de Rook y Rand. Levantó su puño que estaba resguardado por las cuchillas retractiles y a una de las cuchillas que era la más grande ubicada en posición central, con su cañón de plasma le proyectó en la punta un haz de luz de alta energía que comenzó a recalentar el metal hasta que quedó al rojo vivo. En ese estado se acercó, y en el costado del casco de cada uno comenzó a hacer una marca. Después les pidió que se quitaran los cascos, y así lo hicieron. Se acercó con más cuidado a ellos quienes de forma vacilante retrocedieron. Pero Rand, confiando en sus instintos, le hizo un gesto afirmativo a Rook que confiara, que todo iba estar bien.
De la misma manera que con los casco, se hizo la misma marca en el costado de frente de cada uno. La marca en cuestión tenía una forma de una medialuna con las puntas hacia arriba, y atravesada en el medio con una flecha apuntando hacia abajo. Acto seguido, inclinando un poco su cabeza, dijo:
-Ustedes... ante mi raza... ahora son notables.
Esa marca, se veía dibujada en el costado de la nave, lo cual significaba que era una marca propia del clan, por lo cual por sus actos y valor se les reconocía como uno más de ellos y contarían con su protección. El anciano alienígeno una vez que terminó el ritual, de su cinto sacó un cuchillo y se lo ofreció a Rand, como recordatorio de ese tipo de "bautismo". Dio media vuelta y al alejarse giró su cabeza y dijo con cierta seguridad:
–Volveremos…
Inclinó su cabeza, y se alejó hacia la nave; donde le siguieron la escolta y el resto de guerreros que bajaron desde los árboles y ramas cercanas, activando cada una de ellos su sistema de camuflaje. Una vez que todos embarcaron, accionaron los sistemas de propulsión de la nave, elevándose desde la plataforma rocosa del risco, levantando una gran nube de polvo y arena. Al ganar altura, se envolvió en un luminoso resplandor, algo parecido a un campo electro magnético activó sus sistema de invisibilidad e impulsada por esa envolvente energía, despegó velozmente perdiéndose en el amplio cielo azul.
Atónitos, Rand y Rook quedaron petrificados ante la escena vivida, los niños eso sí estaban emocionados ante el espectáculo de luces y movimiento. Una vez que se calmó la atmósfera y quedó todo en quietud, Rook, asombrada dijo:
–Lo que vivimos… nadie… pero nadie… nos creería.
–Quedaron pruebas- dijo Rand. Y en nosotros mismos. Y sí, creo que a futuro volverán. Quizás en 10, 50 o 100 años… no lo sabremos. Pero volverán. Aunque… sospecho que estaremos a salvo no sólo nosotros, sino toda esta zona.
Así fue que, cambiaron su equipamiento a modalidad motociclon, y se marcharon al villorrio a ayudar a los heridos del furtivo ataque del cazador extraterrestre. Al alejarse, no notaron a simple vista que, en el costado del risco y especialmente sobre él, había unas gigantescas depresiones en la roca que sólo eran visibles a gran distancia y desde mucha altura si es que se pasaba volando sobre la cima rocosa del risco. Era la misma marca que ambos tenían. Rand tenía razón.
FIN.
