Ranma ½ es propiedad de Rumiko Takahashi.
Advertencias: La historia sucede en época feudal, mayormente con elementos de la historia del Japón antiguo, pero otras cosas las cambiaré según lo vea conveniente a la historia. Universo alterno, Ranma no se convierte en chica, y trabajaré con Ranko también, trataré de no cometer mucho OCC, y bueno ojalá les guste.
Capítulo I
Nerima año 1489
Era una mañana cualquiera en el feudo Tendō. Los pájaros cantaban recibiendo el nuevo día. El cielo completamente despejado. Los campesinos yendo a trabajar a las tierras del señor feudal. Los samuráis iniciando sus arduos entrenamientos en el campo.
Los sirvientes comenzando a atender las labores de la casa.
La nana de las hijas del señor, una mujer de unos 40 años, empezaba a preparar lo necesario para que las niñas despertaran.
Y en el dojo principal de la casa del feudo. Se encontraba el señor Soun Tendō entrenando con su mejor amigo, Genma Saotome.
El sonido de las patadas y puñetazos hacia eco en las paredes del lugar. Los dos sonreían al pelear.
— Has mejorado demasiado Tendō — reconoció Genma.
— Viniendo ese reconocimiento del Príncipe Segundo, me siento halagado majestad.
— ¡Te he dicho que no me llames así Tendō!
Inició una lluvia de puñetazos, que su adversario pudo bloquear sin problemas.
— Para ti, sigo siendo Genma Saotome, nada más— reclamó jadeando, mientras seguía propinándole una lluvia de golpes y patadas.
Soun sólo sonreía mientras seguía bloqueando los ataques de su oponente. Estuvieron así por un tiempo, hasta que de repente, Genma engañó a Soun con darle un golpe en la costilla derecha con su puño izquierdo, y al momento en que Soun iba a esquivarlo, recibió el impacto del puño derecho en la mejilla izquierda, haciendo que Soun saliera volando del área de combate.
Genma sonrió, sin duda le habían servido las peleas ocasionales que tenía en cantinas de mala muerte a las que iba de cuando en cuando. Se acerca Soun quién intentaba reponerse del golpe y levantarse.
— ¿Estás bien Tendō? — se acercó ofreciéndole su mano para levantarse.
— Creo que sí — aún estaba aturdido.
— ¿Dónde aprendió ese movimiento Saotome? — se incorporó con la ayuda de su amigo y se sentaron a descansar.
— Un tipo con el que peleé en una cantina la última vez, tenía un estilo extraño de pelea, me dijo que era boxeo, y le pedí que me enseñara algunas técnicas — explicó.
— Interesante. No había escuchado sobre ese estilo de pelea.
— Dijo que viene de otro país, así que es una técnica extranjera, aunque es un buen estilo, tiene muchas deficiencias si pelea con otro tipo de estilos de combate.
Le explicó que sólo se usaban los puños, y dio ejemplos de cómo podía romper su guardia si usaba las patadas o alguna otra técnica de su combate libre.
— Como sea, no vine aquí sólo a patearte el trasero y hablar de boxeo — rió Genma — vine por algo más importante, necesito de tu ayuda querido amigo.
— Lo escucho Saotome — dijo prestándole toda la atención a lo que fuera a decirle.
Había ido a despertar a las señoritas, dándose cuenta como siempre, que Kasumi y Akane no estaban en sus habitaciones. Sonrió recordando la rutina de esas dos. Kasumi estaría ayudando en la cocina, y Akane habría ido a correr a los campos con su mascota P-chan.
Nabiki siempre era a quién debía levantar. Entró a la habitación, viendo que en efecto, la muchacha dormía plácidamente en su futón. Abrió las ventanas para dejar que la luz del sol incomodara a Nabiki, y casi tuvo efecto, de no ser porque se volteó para evitar la luz solar.
— Buen día señorita Nabiki, ya es hora de levantarse — dijo mientras alistaba las cosas para darle un baño.
— Es muy temprano nana, quiero dormir — protestó volviendo a taparse con las mantas hasta la cabeza.
— Lo sé, pero su padre pronto requerirá su presencia para que lo acompañe a desayunar.
— Está bien.
Se levantó de la cama y acompañó a su nana a la tina para bañarse. Apenas iba a entrar cuando un sirviente muy agitado llamó a su nana, y ésta le indicó que entrara al baño. Así lo hizo, pero nada más comenzaba a desvestirse cuando su nana entró azorada al baño.
— ¡Señorita Nabiki! Debemos apurarnos, su alteza el Príncipe Segundo, vino a visitarnos — y de repente Nabiki ya estaba en el agua, y la nana ya comenzaba a mojarla y enjabonarla.
— El tío Genma siempre viene a retar a papá ¿Qué de nuevo tiene que esté o no aquí? — comentó con fastidio al sentir la "brutalidad" con que la estaba bañando.
— Su padre ha pedido que se reúnan con ellos en el comedor, el Príncipe tiene un anuncio importarte para ustedes.
— ¿Y ahora qué querrán esos viejos?
— Ya lo sabrá en la reunión — contestó la mujer, y de repente Nabiki ya estaba siendo enjuagado de nuevo.
Al tiempo que Nabiki era preparada por su nana y otras doncellas. Otros sirvientes habían pedido a Kasumi que se arreglará para encontrarse con su padre y el Príncipe, y a Akane un mozo la había interceptado en su paseo, y le había informado lo mismo. Así pues, luego de un par de horas, las tres señoritas se dirigían al comedor. Todas vistiendo kimonos para la ocasión, Kasumi uno de color lila con flores amarillas bordadas, además de su obi amarillo; Nabiki había optado por un kimono de color verde pino con su obi y detalles en color verde manzana; y Akane llevaba un kimono de color rosa palo, con detalles y el obi de color blanco. Las tres tenían el cabello suelto, y demasiado largo. Tal como lo indicaban las reglas de su estatus civil.
Al llegar al comedor las tres se vieron entre sí, preguntándose en silencio si alguna sabía qué querría su padre, pero Akane negó con la cabeza, Nabiki se encogió de hombros, y Kasumi sonrió sentándose en el cojín del lugar que solía ocupar en la mesa, las otras dos la imitaron, mientras esperaban a su padre.
Palacio imperial Saotome.
Las doncellas no dejaban de halagarla de lo bien que se veía para conocer a su futuro esposo. Enfundada en un kimono púrpura, con el obi color lila, su larga cabellera roja suelta, siendo cubierta por un velo del mismo color de su obi. Se sentía como una muñeca sin elección.
Frunció el ceño odiando cada minuto que pasaba, ella sabía que era inevitable que sucediera su compromiso, pero le habría gustado elegirlo ella.
El sonido de un silbido de admiración la sacó de sus pensamientos.
— Quién diría que bañada y arreglada pareces toda una señorita, Ranko — le decía sonriendo con cierta burla.
— Cierra la boca — reclamó — no necesito tus burlas ahora.
— No es burla, en verdad te ves muy bien — le dijo viéndola a los ojos.
— ¿En serio lo crees? — se sonrojó.
— Por supuesto, le vas a gustar a tu prometido —aseguró— y sí yo no fuera tu primo, estaría pidiendo tu mano de inmediato — le guiñó un ojo.
— Caray Ranma, no te conocía tan atrevido — sonrió.
— Claro que, cuando tu novio conozca lo marimacho que eres, seguramente se arrepentirá y saldrá corriendo, ¡Ouch!
Ranko le había dado un fuerte golpe en el estómago, reclamándole lo idiota que seguía siendo, Ranma se dobló del dolor. Mientras ella se iba caminando con dificultad al estar usando los incómodos tabi.
— ¡Espérame Ranko! — le gritó cuando la vio alejarse.
La alcanzó sin problemas, su caminar era torpe con esas sandalias.
— Por favor discúlpame — le dijo al alcanzarla.
Ranko siguió caminando sin prestarle atención. Ranma la agarró de su brazo izquierdo con firmeza haciendo que se detuviera.
— ¿Qué quieres? — le habló brusca.
— El emperador quiere que entremos juntos a la sala donde conoceremos a tu prometido — explicó — me pidió que te buscara.
— Está bien — sin decir más lo tomó del brazo y caminaron juntos a la sala principal.
