Hola a todos! He aquí traigo una nueva historia de esta pareja que adoro tanto y q ue dije que necesitaba sacarme de la cabeza, por razones obvias la pondré en esta categoría porque tendrá escenas un tanto… ufff! Pocas pero habrá. Estoy tan revolucionada con el tráiler de Chat Blanc que me dije, DALE! Y algo me dice que este capítulo si me hará llorar, no como el final de temporada que dijeron que lloraríamos pero no. Espero que les guste tanto como disfruto escribiendo y por favor de antemano aviso, nada de trinches, armas de fuego, punzocortantes, sogas o cualquier cosa que se pueda usar para maniatar, tampoco garrotes o cualquier objeto para producir daño, eso incluye cualquier gas tóxico y hasta ligas, favor de tirar todo a la caja señalada a mi derecha, incluyendo sus zapatos. Tengo a mi disposición a varios kwamis y no dudaré en usarlos. Y ya sin más qué decir, y entenderán el porqué de estas medidas de seguridad… COMENZAMOS!
…
Capítulo 1.
No es un cuento de hadas.
El sol se coló por un hueco de las cortinas. Bridgette abrió los ojos perezosa y se sentó en la suave cama de finas y suaves sabanas, tan grande, y tan vacía. Suspiró y se levantó con desgana de la cama, observando la gran y elegante habitación que no tenía nada que ver con ella. Al salir de la ducha de su cuarto, sacó un sencillo conjunto de blusa rosa con moño negro para el cuello, falda de lápiz y tacones a juego. Al estar terminando de arreglarse escuchó como tocaron a la puerta.
-Adelante, Natalie.- dijo conociendo la forma de tocar la puerta de la mujer. Cuando entró, esta le hizo una leve inclinación de cabeza.
-Buen día, madame Agreste.
-Natalie por favor, llámame Bridgette, al menos en privado por favor.
-Es mi trabajo...
-Natalie, por favor.- le rogó con una sonrisa y Natalie suspiró.
-Muy bien, Bridgette. El desayuno ya está listo. Hoy tienes presentación con los inversionistas ingleses con el señor Agreste, y la comida programada con su amiga a las dos.- Bridgette asintió.
-Es cierto. Gracias Natalie.- se acomodó el moño del cuello de la blusa y Natalie se mordió un poco el labio antes de hablar.
-Su esposo no podrá desayunar con usted, se fue temprano a la oficina.
-Oh... bueno, siempre hay trabajo. Bajo a desayunar.- pasó a lado de Natalie que cuando salió del cuarto, su mirada cambio a una llena de lastima por la joven.
Al bajar las escaleras se topó con su suegro desayunando en la cabecera.
-Buen día, señor.
-Buen día. Félix tuvo que irse a terminar un asunto de la oficina, por ello no nos acompañará hoy.
-Lo entiendo. El trabajo es importante.- el señor Agreste asintió.
-Hoy hay reunión con los inversionistas ingleses, también estará presente Kagami Tsurugi como representante de su madre, la señora Tomoe. Espero todo esté impecable.
-Dejé todo listo el día de ayer. Y si hay algún problema estaré lista con mi equipo de costura en mano, señor.
-Perfecto, eficaz como siempre.- el hombre asintió y siguieron hablando un poco del trabajo hasta que Bridgette terminó su desayuno y salió a donde Gorila le esperaba, le dedicó una suave sonrisa.
-Buen día.- el siempre silencioso hombre asintió y le abrió la puerta del auto. Ya en el asiento, Bridgette abrió una carpeta para distraerse, pero el sólo ver la alianza de matrimonio de su dedo la entristeció de gran manera, haciéndola recordar el momento que marcó el inicio de esos momentos de infelicidad.
-Perdone... pero ¿puede repetir lo que ha dicho?- su jefe la había llamado a la oficina para hablar de algo importante, había creído que se debía a algo relacionado con su trabajo, pero nunca creyó que hablaría de un tema completamente diferente.
-Quiero que usted se case con mi hijo, mademoiselle Dupain-Cheng. No es tan difícil de comprender.
-Y-Ya.- tardó un poco de salir de la impresión.- Lo siento señor, pero lo que me pide es imposible.
-¿Acaso usted no siente nada por mi hijo?
¿Bromeaba? ¡Sí! Pero ya no de la misma forma. Amó a Félix Agreste en su momento. Lo amó demasiado, pero él nunca estuvo interesado en ella de esa forma, así que llegó a un punto de madurez en que dejó de acosarlo e invitarlo a salir constantemente para dar paso a tener una verdadera amistad. Poco a poco siguió ese plan de amistad, sin embargo hubo en la universidad un rumor, uno en que se decía que Félix salía con Kagami. Fue como si el último vestigio de su amor se hubiese desprendido de ella, dándose cuenta de la verdad hasta dónde podía estar en la vida de Félix, y eso no era en su corazón. Resignada, y con dolor esta le apoyó cuando le vio, y aunque agradeció que al final no fuese verdad ese rumor, se sintió estúpida por sentirse así de infeliz por algo así, poniendo más empeño en mostrarse como su amiga, repitiéndoselo hasta que lo tuvo bien grabado. Que Félix nunca la vería como un interés romántico. Sin embargo, sus ojos comenzaron a ver a Chat Noir y se alejó del sentimentalismo hacia Félix, dejando al fin todo en una simple y llana amistad y comenzando un verdadero romance con su felino. Y al entrar a trabajar a Gabriel, la actitud cordial de ambos era en que Félix le dejaba entrar en su espacio privado sin rechistar. Era feliz con esa amistad…
-Yo... solo siento un gran aprecio hacia Félix.- la mirada del mayor no se inmuto pero por un segundo creyó ver reflejado una gran decepción.
-Es suficiente para mí.- Bridgette se enderezó en su lugar.
-Disculpe señor, pero no le entiendo. ¿Por qué quiere casar a Félix? ¿Y conmigo? Habiendo tantas opciones de chicas de buena clase.
-Félix necesita casarse. Es fundamental para la imagen de la compañía que se case con una persona digna, trabajadora y de confianza y usted es perfecta en esos ámbitos. Es mi aprendiz más capaz, aun ante sus humildes orígenes ha salido adelante con determinación y voluntad, y no creo poder dejar a Félix en mejor cuidado que el suyo.- se sonrojó hasta las orejas halagada por su jefe pero no iba a ceder.
-Señor, agradezco el voto de confianza, pe-pero Félix y yo somos amigos. Y no creo que a él le guste que le esté preparando acuerdos matrimoniales.- se levantó sensata y decidida.- Lo siento pero no me voy a prestar a esto. Si gusta puede despedirme, igualmente puedo salir adelante que bien ha dicho cuento con voluntad para ello, pero no voy a prestarme a esto para lastimar a Félix.- una sonrisa de lado se formó en el rostro de su jefe, algo muy raro de ver.
-No me esperaba menos de usted. Es leal hasta morir. Pero creo que usted no quisiera que Félix sea a quien yo despida.- una piedra cayó en su estómago. ¿Había escuchado bien?
-¿Disculpe?
-Félix es mi hijo, y lo amo, pero puedo cerrarle las puertas si así lo deseo.- Bridgette perdió color.
-No podría...
-¿Quiere ver? Solo deseo mostrarle a mi hijo el camino correcto, no importa si es del modo duro, y usted como la "amiga" que es, es una opción perfecta para acompañarlo. Solo pienso en lo mejor para él, y usted es la mejor opción. Y más en mi situación…
-¿Su situación?
-Estoy enfermo, señorita. Y quisiera al menos saber que Félix esté en buenas manos.- ella se alarmó al escucharlo.
-¿E-E-Es muy grave?
-Hay cosas que es mejor no discutir.- Bridgette apretó los labios con la mirada en sus pies, no sabía que decir, pero que Félix se quedara sin oportunidades en la vida y que su propio padre estuviese haciendo alusión a su propia mortalidad...
-¿En serio sería capaz de hacerle eso sin su consentimiento? ¿Aún en el estado en que usted está?
-No quiere probarme, ¿cierto?- ella negó.- Solo diga que sí y yo me encargaré de mi hijo. Su matrimonio será el inicio de algo que espero sea maravilloso y en dado caso que al final no funcione, podrían divorciarse en un periodo de tiempo dictaminado.
-¿Un periodo de tiempo?- el hombre sonrió y le pasó un contrato matrimonial.
-Puede leerlo, después de todo, este papel representa el futuro próximo de ustedes dos y el inicio de algo que puede ser un todo…
El auto se detuvo y Bridgette agradeció que el chofer abriera su puerta y caminó hacia las puertas de la empresa. Si, ese papel fue el inicio de algo, el inicio de lo que fue su más grande tormento. Y cada día se arrepentía de haber cedido...
Los representantes ingleses aplaudieron llevándose la completa aprobación de la colección.
-Magnifico como siempre.- dijo un hombre que extendió su mano a Félix Agreste, que vestía un traje formal azul oscuro con un porte digno, viéndose más atractivo que cuando era modelo de la firma.- Deseamos toda la colección, es usted afortunado de tener a una esposa tan talentosa.
-Es lo que me digo todos los días.- contestó con una leve sonrisa y Kagami pasó cerca suyo, con aquella postura digna que la hacía parecer una emperatriz.
-Nada mal, señor Agreste. Pero quisiera poder hablar sobre nuestro contrato en algún momento.
-Tendré tiempo para usted cuando guste, mademoiselle Tsurugi.- Kagami asintió y al pasar junto a Bridgette le dedicó solo un leve movimiento de cabeza antes de irse, dejándola recibiendo los elogios de los representantes.
-¿No ha pensado en trasladarse a Londres, señora Agreste?- preguntó uno muy interesado en la joven diseñadora. Félix se puso a su lado y la envolvió con su brazo para darle un beso en la mejilla, haciendo que Bridgette se sonrojase un poco.
-Lo siento, señor Kingshawn, pero mi esposa es la joya de esta compañía y sería un crimen soltarla.- el hombre se rio.
-Tenía que intentarlo. Lo veré en su oficina para firmar el contrato.
-En unos momentos.- les siguieron fuera del salón y los pocos empleados que les veían les saludaban con una inclinación de su cabeza o solo los miraban como el perfecto matrimonio Agreste. Las mujeres aun veían a Félix con deseo y admiración, mirando a Bridgette con clara envidia, otros estaban sorprendidos por la tan curiosa pareja que eran, pero para el mundo en general ellos se amaban mucho. Bridgette pensó con amargura.
«Si supieran...»
Decidieron tomar ascensores separados los inversionistas y la pareja.
-No me gusta que ella vaya tan apretada. Así que tomaremos el otro.- sugirió Félix.
-Por supuesto, no hay problema. Se nota que la cuida mucho.
-Como no tiene idea.- todos los que escucharon eso vieron con dulzura a la pareja subir al otro y vacío ascensor. Y cuando las puertas se cerraron, la máscara del marido cariñoso cayó y con un gesto de desdén, que fue otra puñalada a añadir en la larga lista, apartó su brazo protector y se limpió la boca, como si besarla en la mejilla fuera una aberración.- ¿Por qué no te fijaste bien en el chaleco de la modelo?
-Lo arregle a tiempo, es lo importante.
-¿Y si no lo hubieses notado? Eres demasiado descuidada.
-El chaleco estaba bien anoche, la modelo fue quien lo aflojó cuando se lo puso con esas uñas de vampiresa que no iban a juego y por eso tuve que sustituirla también a ella.
-Pues bien pudiste venir más temprano y revisar los modelos y los diseños antes de la pasarela, tuvimos que poner hacer esos cambios por culpa de tu falta de previsión.- soltó con acritud como si estuviese con una mera empleada. Bridgette se mordió los labios para no responder aunque quería gritarle, sin embargo su voz se había atorado en la garganta.- Si nos invitan el almuerzo te vas a negar, no quiero tenerte cerca.
-Tengo almuerzo con Allegra. No me vas a ver en todo el día. Podrás estar tranquilo.- musitó cansada y deseosa de salir de ese espacio.
-Perfecto. Y deberías sonreír más, ¿no querías mostrar estar casada conmigo?- ella no contestó a la pulla, sino que sus manos se acercaron a su cuello dejando paralizado a Félix.
-Tu corbata está chueca, debes verte presentable con los inversionistas.- susurró sin mirarle a los ojos, pero podía notarse lo dolida y triste que estaba, Félix permaneció quieto.- Listo. Que te vaya bien.- cuando se abrieron las puertas del ascensor ella salió rápidamente sin voltear a ver a Félix, y aguantando las ganas de llorar. Félix abrió la boca pero no salió sonido alguno de este, y no apartó su mirada de ella hasta que las puertas al fin se cerraron y su puño se estampó contra la pared…
Al llegar al restaurante, Allegra le esperaba con una sonrisa que le hizo sonreír con más sinceridad de la que estaba predispuesta.
-Bridgette, al fin. Me alegra que llegaras.
-A mí también. ¿Y Aly?
-Esta con Allan revisando algo sobre un piso que van a comprar.
-Ah, debe ser emocionante.
-Más bien una pesadilla. Al menos tú vives en la mansión Agreste.
-Si te soy sincera prefiero un millón de veces la casa de mis tíos. La mansión es... demasiado fría.- Allegra frunció el ceño.
-¿Que hizo el imbécil de Félix esta vez?- Bridgette suspiró, era imposible ocultarle algo. Allegra era la única que sabía lo que pasaba debido a que el día de su boda, vio cómo Félix la dejó llorando en el momento en que supuestamente tenían que ir a su luna de miel, pero se quedaron para una pasarela.
-Lo de siempre. Hacer que me quiere en público y despreciarme en privado. Pero lo que dije de la mansión es verdad.- miró el menú muerta de hambre.
-Es un imbécil. Deberías decirle de la amenaza que te hizo su padre. ¿Segura que no quieres decirle la verdad a Aly? Igual ella ya sospecha que algo no anda bien entre ustedes.
-No puedo. Porque aun ante su retorcido modo, el padre de Félix solo quiere lo mejor para él. Y sabes que amo demasiado a Aly como para que vaya a prisión por mi culpa.- sonrió a medias pero Allegra no lo hizo.
-Entre tanto tú la llevas por ambos y te trata como basura.
-Ya... al menos evito verlo demasiado.
-Bridgette...- el camarero llegó y Bridgette pidió.
-Yo quiero un Coq au vin y un Tartiflette.
-Quiero lo mismo pero por favor añada doble ración de patatas a mi plato.- Bridgette abrió grande los ojos y dejó su menú en la mesa.
-¿En serio vas a comer todo eso? ¿Qué paso con tu ensalada Niçoise de siempre y tu "Esto incluye mantequilla?- Allegra se sonrojó, pero no era un sonrojo avergonzado sino uno que la hacía ver radiante.
-Quería decírtelo al terminar pero creo que ya no viene al caso.
-¿Qué cosa?
-Yo… ¡Estoy embarazada!- Bridgette abrió grande la boca y un grito de alegría salió de esta asustando a los demás comensales.
-¡No me lo puedo creer! ¡Tienes que dejarme hacer tu ropa de embarazo! ¡Y la ropa de tu bebé! ¿Dónde puse mi libreta?
-Oh, Bridgette. Eso sería mucho trabajo.
-No me importa. Lo que más deseo es estar ocupada y amo diseñar y crear. ¡Me encantaría crear algo para ti...! Digo, ustedes dos, ¿o serán tres?
-Oh, Brid, eres una gran amiga. Sabes que cuando lo necesites te ayudaremos en lo que sea.- Bridgette sonrió agradecida.
-Lo sé, Allegra. Y estoy muy feliz por ustedes.- sonrió de la forma más natural que pudo, sintiéndose feliz por sus amigas y miserable a la vez con ella misma, empujando muy en el fondo la amarga envidia que sentía por sus amigas, felices con sus parejas, viviendo sus vidas llenas de emoción, y siguiendo el ciclo de la vida…
El reloj pasaba de las nueve, Bridgette había comenzado su cena desde hacía rato pero su suegro no, se le veía molesto y su puño azotó con fuerza la mesa.
-Esto es inadmisible. ¿Cómo es que no ha llegado? Debería estar aquí con su familia.- Bridgette tomó un poco de vino y se levantó de la mesa.
-Disculpe. He terminado y estoy tan cansada que deseo dormir temprano.
-Está bien.- respondió con suavidad y resignado.- Que tenga buena noche y le felicito por su triunfo con los inversionistas ingleses.- Bridgette sonrió, pero la sonrisa no alcanzó sus ojos.
-Usted también hizo parte de los diseños. También es su victoria, señor. Que tenga buena noche.- Bridgette se fue y sus pasos se perdieron hasta desaparecer. Gabriel frunció el ceño y suspiró cansado, Natalie se atrevió a hablar a este.
-Perdone, señor. Sé que no es de mi incumbencia, ¿pero no cree que debería dejar de lado su plan a estas alturas?
-Créeme que lo estoy pensando. Pero no quiero dejarlo hasta que finalice el plazo llegando a su divorcio. Félix necesita ser feliz y la señorita Dupain es la mejor opción para ser su pareja, la única. Pero nunca pensé que con tal de llevarme la contraria mi propio hijo se comporte de esa manera.
-Tal vez... debería dejarlo. No creo que deba seguir por el bien de ambos.
-¿Le has tomado cariño, Natalie? - ella no respondió, Gabriel sonrió de lado y apoyó su frente en sus manos.- Por supuesto, no te culpo. Hasta yo me arrepiento de la posición en que la he puesto. Toda persona que trata con ella le toma cariño enseguida. Ese rasgo me recuerda demasiado a Emilie...- Natalie puso su mano en el hombro de su jefe, sintiendo su cansancio, impotencia y derrota ante la situación en que tantas esperanzas había depositado…
Bridgette suspiró cansada al estar al fin sola, o bueno, casi. Tikki apareció y vio con preocupación a su portadora.
-¿Bridgette?
-¿Podemos salir esta noche, Tikki? De verdad lo necesito.- rogó la joven a su kwami que le sonrió conciliadora.
-Por supuesto. Te hará bien algo de aire.
-Oh, gracias Tikki. Eres la mejor…
Ladybug salió de la mansión por su balcón, corrió y se columpió sobre su amada ciudad sintiéndose liberada de todo lo que tenía que sobrellevar como Bridgette, y todo horrible sentimiento que pudiese ser usado en su contra y que Hawk Moth pudiera aprovechar. Era tan difícil mantenerse en control de no ser por los consejos que el maestro Fu le había dado. Llegó hasta el Trocadero donde pudo ver desde esa distancia la Torre Eiffel, tan brillante, hermosa como esa noche hace ya más de un año atrás...
Iba a decirle la verdad esa noche, no lo dejaría por nada del mundo. La idea de casarse y estar con Félix la mareaba de tal forma que la hacía entrar en pánico, no lo odiaba, pero después de que su padre hablara con él, la clara amenaza que le dio cuando lo vio salir de su oficina seguía en su mente.
-Juro que nunca te perdonaré. Y me encargaré de hacer de este matrimonio un infierno para ti, porque me has arrancado el corazón y yo destrozaré el tuyo.
Félix no había querido hablar con ella desde entonces. Quería decirle que podían salir de esta, que hablando con su padre podían arreglarlo, pero Félix se había negado a verla o a comunicarse hasta el día de la boda, donde en vez de sentirse dichosa como siempre soñó que sería, se sentía dentro de un oscuro agujero sin escapatoria. Pero jamás imaginó que su gatito le diría las palabras más dolorosas que podía escuchar de él esa noche.
-Debo dejarte…
-¿Qué? ¿P-Por qué? ¿Qué ocurre, Chat?
-E-Es complicado. Pero quiero que sepas... quiero que esto es contra mi voluntad, que solo te amo a ti. A ti solamente, pero no podemos estar juntos. No... No podemos por ahora, pero te juro que cuando esto se acabe y sea libre yo… tú y yo... sé que es egoísta, pero quisiera saber si podrías esperarme.- Ladybug al verlo tan triste lo estrechó entre sus brazos. Su amado gatito tenía también problemas tan graves como los de ella. Ella estaba amenazada por lo de Félix y no podía imaginarse por lo que estaría pasando su chaton, pero asintió solemne.
-Sea lo que sea, no importa cuánto pase, aún en la eternidad te esperaré…
Los dos lloraron en silencio hasta que este se separó de ella, mirándole con aquellos enigmáticos ojos, ella supo lo que deseaba sin palabras y cerró los ojos, recibiendo un beso, tan dulce como desesperado a momentos, con ese sabor a hierbabuena que tanto le encantaba, deseando embriagarse el uno del otro, juntando sus cuerpos que encajaban perfectos y tocándose hasta donde antes no se habían atrevido a tocar. Quería rogarle que no parara, que siguiera mientras sus respiraciones se volvían casa vez más erráticas, deseando más de él. Podía sentir sus garras clavarse en ella, pero entonces él se separó y puso la distancia entre ellos.
-No puedo, así no debe ser para nosotros... lo siento tanto.- y se fue antes de darle tiempo a reaccionar.
Seguían luchando juntos y haciendo sus patrullas, pero Chat se había propuesto a mantener cierta distancia con ella en señal de respeto que a veces la abrumaba. ¿Quién diría que él sería quien pondría su relación como simplemente profesional? El karma la odiaba. Él había terminado lo suyo, pero tras ese beso y esas caricias quería decirle que bien podían escapar juntos y olvidarse de todo y de todos... lástima que él escapó primero perdiéndose en la noche.
Se dio cuenta que estaba llorando, ¿desde hace cuánto estaba así? Oh, no importaba, dejo que las lágrimas cayeran libres, llevándose parte de su dolor y liberándola un poco de la gran carga que tenía sobre los hombros como Bridgette de Agreste, la infeliz esposa de Félix Agreste…
Al otro día estaba más distraída que de costumbre. Había pasado gran parte de la noche llorando hasta cansarse y al regresar, Tikki la había consolado y se había quedado dormida a altas horas de la madrugada, las ojeras bajo sus ojos apenas eran disimuladas por su maquillaje junto con las gafas de gruesa montura negra que usaba para poder ver con mejor detalle su trabajo sin forzar demasiado sus ojos.
-Bridgette, creo que deberías tomarte antes tu descanso.- sugirió Tikki desde el bolso.
-Tienes razón... No hay nada que un chocolate caliente no arregle, ya llevaré luego los bocetos al señor Agreste.- tomó su bolso deseosa de entregar esos papeles y poder ir a por algo dulce, pero al salir de su taller alguien chocó con ella tirando todo los papeles de sus manos. La mala suerte parecía estar acechándola ese día, porque en el rostro de Félix se veía una furia que le alertó de que ese no era su día, y que no estaba dispuesto a jugar al marido dulce con ella.- Lo sien...
-¿Es que no puedes hacer nada sin echarlo a perder? ¡Eres un desastre donde quiera que vas, maldita sea!- los pocos empleados se quedaron tan helados como Bridgette ante esa explosión de parte de Félix. Tras unos momentos, Bridgette fue la primera en obligarse a reaccionar recogiendo los papeles y Félix tardó unos segundos después, agachándose para ayudarla, buscando las palabras para disculparse.- Bridgette, yo...
-¡Sé que estas presionado por las próximas negociaciones pero debes calmarte!- esta le quito de las manos los pocos papeles que tenía y le dio unas palmadas suaves en el hombro que le costaron demasiado dárselas, ejecutando la mejor actuación que había hecho hasta ahora.- Mandaré a que te lleven un té a tu oficina, pero debes relajarte o el trabajo te consumirá, cariño. Hablamos en casa, ánimo, que el día todavía no termina.- se levantó dándole un beso en la mejilla y con la frente en alto avanzó hacia el ascensor donde desapareció en este.
Félix bajó los hombros y fulminó a los empleados curiosos, estos continuaron con sus deberes o desaparecieron del ojo de este al acto. Fue directo a su oficina por las escaleras y al llegar azotó la puerta con fuerza.
-¡Maldita sea!- Plagg salió de una esquina.
-Hey, ¿qué ocurre? Te dije que te fueras a echar tus malas vibras a otra parte.
-Me topé con Bridgette y le grité frente a todos.- Plagg abrió grande los ojos pero luego los entrecerró y rechistó a su portador.
-Eres un idiota.- Félix suspiró y caminó hacia su escritorio.
-Lo sé. Pero no pude controlarme. Mi padre me tiene loco con esto del matrimonio como si fuese un maldito consejero experto, y cada vez que la veo recuerda que ella también tiene la culpa de esto.
-¿Te das cuenta que ella igual puede ser una víctima en esto y que por culpa de tu terquedad no lo ves por cegatón?
-¿Ella? No, Plagg. Bridgette siempre me había querido con ella y al final así fue. Ella es tan culpable como mi padre en esto.- se acercó a la gran ventana de su oficina.- Nunca le perdonaré por haber jugado con mis sentimientos...
Su padre le había dado la noticia tal y como siempre hacia las cosas, de forma directa y sin titubear. Y sus palabras fueron como una espada que se clavó en su corazón.
-Casarme... ¿con quién?
-Con la señorita Dupain-Cheng. He visto que se llevan bien.
-No confundas una simple relación amistosa con una romántica. Eso no va a pasar.- argumentó tan serio como su padre aunque su "relación amistosa" era muy importante para él.
-Pasará. Porque si no lo haces puedo quitarte más de lo que crees, Félix.
-Puedo encontrarme otro trabajo, aunque sea de mesero, y el dinero nunca me ha importado lo suficiente, soy un adulto auto suficiente.- se levantó dispuesto a irse.- Tengo trabajo que hacer, así que no debo perder más tiempo.- pero la voz de su padre le detuvo.
-Me impresiona tu independencia. Ojala la señorita Dupain-Cheng tenga los mismos ideales.- Félix se detuvo.
-Es tu mejor diseñadora.- su voz fue grave al volverse sobre sus talones.
-Puede ser pero sería triste que alguien cortara sus alas. Que con todo ese talento terminase sin ser aceptada en ninguna casa de modas y su nombre por los suelos.- Félix le miro con rabia.
-¡No puedes perjudicarla por ello!- pero su padre no respondió sino que alzó una ceja, esa expresión fría y estoica simplemente era el significado silencioso de una palabra que conocía muy bien: 'Pruébame'.
Félix se volvió a sentar y su padre hizo un leve amago de sonrisa cuando le pasó el mismo contrato matrimonial que le mostró anteriormente a la joven diseñadora. Todo parecía estar en orden, su padre extendió una pluma y tras revisar cada punto y coma de ese contrato firmó.
-Perfecto. Ya he hablado antes con la señorita Dupain-Cheng y está de acuerdo como tú de representar este papel.
-¿Qué?- Félix no podía creerlo, ¿Bridgette sabía de ello y no le había dicho nada?
-Estaba encantada con la idea. Incluso se ofreció para hacer su propio vestido de novia.
Félix sintió la rabia inundarlo como amarga bilis.Bridgette lo sabía y había aceptado ese trato con el diablo sin decirle palabra. Apretó los puños sintiéndose traicionado. Había creído que Bridgette había dejado atrás su supuesto enamoramiento por él y había aceptado su realidad. Que iluso. Seguro ella estaba esperando una oportunidad así para al fin ponerle la soga al cuello.
Se sintió traicionado... Traicionado por la única persona que creía que era su amiga incondicional. Pero todo era mentira. ¡Todo fue una asquerosa mentira!
Su padre seguía hablando pero él apenas le escuchaba. Quería hacerlos pagar, porque Bridgette y su padre le habían hecho algo tan imperdonable que los odiaría por el resto de sus vidas, separarlo de la única mujer que de verdad amaba. No podía estar con Ladybug. No así. Casado. ¿En que la convertiría a ella? ¿En su amante? No, no y no. Ella no se merecía eso, ella era la que debería ocupar su apellido, no una usurpadora como Bridgette.
Su padre al verlo tan tenso al fin dijo lo importante.
-Pasado los dos años pueden divorciarse. Eso si no han llegado a una clase de acuerdo.
-No lo habrá, puedes apostar por ello.- su respuesta acida quitó todo placer que pudo haber sentido su padre
-Eso sería todo, Félix. Puedes irte.- lo hizo en un segundo, azotando la puerta de su oficina. Y en esos momentos saliendo del ascensor, Bridgette apareció, pero lejos de notar su palidez o las ojeras bajo los ojos este se abalanzó sobre ella antes de que supiera que había pasado. Sacándola del ascensor, cambiando lugares y apretando su brazo.
-Ya estarás contenta. Al fin has logrado lo que tanto querías, amarrarme a ti.
-F-Félix yo...
-Eres de lo peor, solo otra perra en busca de mi nombre y jamás te voy a perdonar lo que tú y mi padre me han hecho. Pero sabes qué, juro que nunca te perdonaré. Y me encargaré de hacer de este matrimonio un infierno para ti, porque me has arrancado el corazón y yo destrozaré el tuyo.- el ascensor cerró las puertas y desde ese momento su misión era hacer la vida de Bridgette un infierno hasta el momento en que tuviesen que separarse.
Una bola de papel le cayó a la cabeza y miro de mala gana a Plagg.
-Deja de poner esa cara, me asustas. Y me has ignorado a propósito.
-Tengo cosas más interesantes que pensar.
-Aja. Solo lo hiciste porque te decía que eras como tu padre.- la pluma de la mano de Félix se detuvo y rodó sobre su escritorio.
-Eso no es cierto.
-¿No? No sabes si a esa chiquilla también la chantajearon como a ti. Pero aunque no fuera así, la has tratado peor que los akumas con que peleas. Ni Ladybug aprobaría tu actitud.
Félix odiaba cuando Plagg tenía razón, incluso cuando juró venganza, él sabía que se pasaba, pero tenía sus razones, y no se trataba sólo por la promesa que hizo, sino por…
-¡Está bien!- se levantó de un salto y Plagg se escondió en su saco cuando salió.- Pero no te acostumbres a que vaya a hacer esto otra vez.
Félix fue al piso donde trabajaba Bridgette, debía estar en esos momentos en su taller. Sentía las manos húmedas, ahogó lo que sentía sustituyéndolo con su usual frialdad. Tocó la puerta pero no hubo respuesta, y al intentar abrir estaba cerrado con llave y ella solo cerraba así cuando no estaba. Se dio media vuelta tragándose el fútil intento de disculpa que había intentado dar y Plagg desde su saco negó con la cabeza viendo como su portador hacía daño a su amada sin saberlo…
Esa noche Ladybug y Chat Noir se reunieron para la patrulla. Los corazones de ambos latieron anhelantes por tenerse, abrazarse y besarse, pero no se atrevieron por culpa de esos votos matrimoniales.
-Estas muy callado, chaton. ¿Pasa algo?
-Solo deseo contemplar tu belleza, mi lady.- ella se sonrojó, hacia tanto que extrañaba sus cumplidos, ¿cuánto tiempo había pasado? ¿Una semana? ¿Un mes? El tiempo a veces era su enemigo.
-Chat... yo quería...- pero este puso sus dedos en los labios de su amada y niega con la cabeza.
-Sabes que no puedo. Al menos aún no.- Ladybug sintió un pinchazo en su corazón, recordando las veces que le rechazó en su juventud y arrepintiéndose de no haberlo aceptado antes.
-¿Cuánto falta?
-Solo hay que esperar un poco más. Y todo al fin tomará el rumbo que tanto hemos anhelado.- sus dedos acariciaron sus mejillas sonrojadas y luego besó su frente, provocando más en ella de lo que creía.- Vamos a comenzar a patrullar, bichito. Estoy muerto de sueño.- Chat partió primero y Ladybug tuvo que obligarse volver a respirar, su corazón latía como loco, todo su cuerpo temblaba con su toque. Esa noche no creía poder tener sueños tranquilos...
La patrulla terminó. Y tras una despedida por los comunicadores, Chat Noir partió de regreso a la mansión. Cada vez le era más difícil mantener su autocontrol, cada toque, cada palabra de ella o una mirada lo volvían loco; pero no podía siquiera pensar en besarla por culpa del otro anillo que ocupaba su dedo bajo el traje. Suspiró, solo faltaba poco para llegar cuando se detuvo de golpe en el muro de su propiedad. Allí pudo ver a Bridgette en el balcón de la terraza, con una bata de seda color rosa y el cabello húmedo como si acabase de salir de la ducha, incluso su mechón distintivo estaba aplastado por el agua.
Sintió el estómago contraerse al verla pero recordó lo de esa tarde y decidió tragarse por un momento su odio y todas las sensaciones extrañas que sentía. Se acercó sigiloso y se sentó a un lado del balcón sin que se diera cuenta.
-Sabes que dormir es necesario para mantenerte bella, ¿no?- ella se giró y Chat deseo que no lo hubiese hecho. Había lágrimas atrapadas en sus ojos y esta retiró una lágrima traicionera con una risa apenas forzada.
-No soy modelo así que no lo necesito, Chat.- este la miró con preocupación.
-¿Por qué lloras, princesa?
-No es nada, Chat Noir. Hace tiempo que no te veía.- dijo recordando que como Bridgette habían pasado mucho tiempo de su última visita.- Mis tíos preguntaron porque dejé de comer tanto de la noche a la mañana, no sabía qué hacer con todo lo que me enviaban.
-He estado muy ocupado. Pero extraño el quiche de tus padres.
-Claro, los huevos, la tocineta caliente, el queso derretido, el brócoli...
-¡Ahhh! ¡No me tortures!- el felino exclamó llevándose las manos a la cabeza, esta vez la risa de Bridgette fue autentica pero no duro mucho tiempo.
-Extrañaba esto... ya es raro que ría así.- Chat sintió una clara molestia en su pecho pero lo ignoró.
-¿Por qué ya no sonríe la princesa? O mejor dicho, reina. Vives en un palacio de lujo con sirvientes y estás casada con quien fue, después de mí, uno de los solteros más cotizados de Paris.- Bridgette suspiró y se apoyó de espaldas al barandal, con una sonrisa triste.
-Sera porque no vivo para nada en un cuento de hadas, Chat.- se abrazó a sí misma y caminó con la mirada perdida.- Este castillo es una fortaleza fría como las catacumbas, y mi marido es el verdugo que ha jurado cortarme la cabeza en la menor oportunidad.- en cierta parte no se esperaba eso. Pensó que Bridgette presumiría acerca de su vida y estatus pero fue todo lo contrario y... le dolió.
-¿Tan infeliz eres?- ella siguió sonriendo con esa sonrisa triste.
-¿Sabes lo que más extraño?- preguntó no contestando su pregunta.- Esas noches en que ibas a visitarme y cuanto nos reíamos.- Chat bajó la mirada sin saber que decir y Bridgette dio un paso hacia la puerta de su cuarto.- Es tarde Chat, y un héroe como tú debe descansar también. Buenas noches.
-¡Espera!- él mismo se impresionó de su tono de voz.- Yo... ¿qué tal si te vengo a visitar? Ya sabes, como antes, también… extraño un poco nuestras charlas nocturnas.- Bridgette abrió grande los ojos y evitó llorar. Le sonrió, esta vez era una sonrisa llena de felicidad.
-¡Por supuesto!- Chat por un segundo vio a la antigua Bridgette.- Pero admite que lo haces por el quiche.- le acusó sonriendo de lado.
-Oh, me has atrapado.- fingió con teatralidad con las manos en el pecho.- Hasta la próxima, princesa encarcelada.- se fue por encima del techo y se destransformó en su habitación. Plagg sonrió complacido.
-Vaya, hasta que al fin haces algo bien.
Félix no respondió y dio un fuerte portazo al baño, pero el kwami no dejó de sonreír. Félix se mesó el cabello hasta que se cansó, todo con Bridgette era extraño, contradictorio, había sido así desde que la que conociendo, y cada vez que estaba muy cerca de ella… Necesitaba una ducha, mientras más fría mejor.
Entre tanto Bridgette estaba sonriendo y bailando de felicidad en su habitación. Dejándose caer en cama.
-Vendrá a verme. ¿Lo escuchaste Tikki? Es como el caballero que viene a por su princesa.- la kwami miro con tristeza a su portadora, porque no sabía cómo reaccionaría si supiese la verdad. Pero el verla así de contenta después de tanto, no quería romper su momento de cuento de hadas.
…
Y… espero que les haya gustado! Las cosas al principio serán color de hormiga pero por favor, por favor, no quieran matar a Félix aunque en parte se lo merezca. Bueno, dejen review, nada de tomatazos y nos veremos hasta la siguiente. Actualizo entre 7 y 10 días, serán sólo 12 capítulos, y sin más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!
