Serie de historias cortas que relatan las aventuras de Ler (OC) siendo una Mugiwara, después de la muerte de Ace, antes de los Juicios del Nuevo Mundo. Spin-off de Guiones del Destino. Historia Alternativa del universo de OP.


Aventuras con los Mugiwara.

Vol. 52 Como la calma no es una nakama ( por el Sunny)

Sucedió mientras cada uno se encontraba en lo suyo, no demasiado relajados después de los acontecimientos recientes, pero si lo suficiente para volver a las actividades tan poco usuales como las consideradas cotidianas por la gente normal.

Sanji rodeó todo el camino desde la cocina con una bandeja en uno de sus brazos y el otro utilizado para mantener su cigarrillo en la boca. Con un gesto tosco y rudo le entregó la bebida a los hombres de la tripulación, excepto a Zoro, quién se encontraba entrenando con sus pesas en cubierta. Le pasó de largo una corta distancia, diciendose como mantra que el marimo no se merecía sus atenciones, que era un bueno para nada y estaría mejor siendo devorado por los tiburones en el fondo del mar, hasta que se dió cuenta que sus pies se habían detenido.

-Mh- fue el único sonido que emitió el espadachín, recibiendo su bebida de la mano de un Sanji que actuaba en modo automático, alejándose con pasos furiosos por haber caído en su propia naturaleza amable y de cocinero entregado, sin poder excluir a nadie.

El rubio trató de quitarse la molesta sensación de encima encaminándose hacia sus damas, quienes compartían un momento de tranquilidad leyendo cada una algo diferente, pero cerca de la otra. Era un contraste que al hombre se le hacía hermoso y que casi le provocaba un desmayo, con temblores que le dificultaban mantener la bandeja en lo alto.

Nami estaba recostada en una de las sillas, su espalda apoyada completamente en el respaldo y el rostro marcado por la concentración en un libro acerca de los cambios climáticos en el Nuevo Mundo. Robin le seguía de cerca, sentada también, pero con la espalda recta en una postura madura y elegante, con la expresión tranquila y placentera que tenía siempre en el rostro cuando leía algo de historia. Un poco más atrás estaba la menor de las tres, Ler, quién tenía unas gafas oscuras sobre sus ojos, impidiéndole ver qué clase de emociones habían en ella al leer las noticias del día. Ella estaba recostada sobre uno de los asientos amplios, boca arriba y con los brazos estirados para mantener el periódico en el aire. Robin y Nami daban vueltas a sus páginas cada cierto rato, pero Ler parecía más bien estar dormida.

- Miladys- saludó el cocinero al llegar hasta ellas, inclinándose levemente para dejar en la mesita al rededor de ellas , cada una de las bebidas específicas que les preparó. La sonrisa enmarcada en su rostro se amplió ante los agradecimientos de las mujeres, haciéndole saltar el corazón de alegría y otras partes, igualmente emocionadas.

Ler reaccionó, apartó el periódico de su rostro y rodó hasta apoyar sus codos en la silla, mirando al hombre. Estiró su brazo y tomó la bebida que había sido preparada para ella, agradeciéndole con el gesto la delicadeza que tenía con ellas hasta que se marchó.

-¿Cuando se lo vas a decir?- preguntó la navegante, mirando a la joven beber un trago corto. Ella soltó una risita inocente.

- Cuando deje de prepararlo con tanto empeño- respondió tomando del caramelo que decoraba delicadamente su chocolate, mientras miraba a las otras dos beber de su café y té.

A Ler no le gustaba el chocolate, pero no se atrevía a decírselo a Sanji siempre que le preparaba uno.

- Fufufufufufufuufu me parece un gesto muy hermoso- rió también Robin, colocando una de sus manos bajo su rostro y cerrando el libro que leía- aunque viene bien con estos vientos.

- Es extraño, hace algunos momentos el clima estaba tranquilo...- murmuró la navegante, observando el cielo y alzando su mano para percibir mejor las condiciones del ambiente. Frunció el ceño, desconcertada.

- ¿Sucede algo?- Ler se enderezó, expectante del rostro de su compañera, sacándose las gafas que usaba cuando quería dormir sin aparentar ser una holgazana.

- Creo que va a llo...- y antes de que sus palabras terminasen de tener sentido, una repentina tormenta les envolvió.

No fue una lluvia leve como aquellas en las que entraban a veces durante unos días, únicamente obligandoles a usar paraguas o impermeables en cubierta. No. Una inesperada tormenta los sacudió a todos cuando hasta las olas se vieron corrompidas por su azotar, pareciendo incluso que en un segundo, el barco podría volcarse.

Todos se levantaron y corrieron a posiciones, preparados bajo las indicaciones de la navegante para salir de la tormenta que les calaba los huesos hasta que un sonido extraño les llamó la atención. El sonido de un teléfono.

- ALGUIEN CONTESTE ESA COSA- gritó Nami al lado de Franky mientras se encargaban de la dirección del barco.

- Pero si estamos todos aquí, ¿¡Quién va a llamar!?- contestó Usopp en el mismo tono, corriendo hacia la cabina por ser el más cercano al lugar, sin embargo, Luffy se anticipó.

- Oh señor...- murmuró el esqueleto, con la vista clavada en algún punto lejano, desde su posición en el puesto vigía- ¡Fuego!

- NO CONTESTES LUFFY.

- ¿¡Fuego!?- preguntó Chopper alzando la voz también por la dificultad que le causaba la comunicación en ese ambiente.

- ¡PUEDE SER IMPORTANTE!

- ¡Fuego!- volvió a gritar Brook, haciéndose escuchar por el resto en la cubierta. Ler estrechó los ojos y miró hacia donde el apuntaba, abriendo la boca con sorpresa momentos después.

-¡Yo no veo nada!- gritó Zoro, manejando las cuerdas junto a la prático- ¿Tú ves algo?- le preguntó, ella asintió preocupada como respuesta.

- ¡Es una llamada de emergencia!- alertaron desde la cabina, quienes parecían ser Sanji y Usopp.

- Parece el infierno- reflexionó Robin, observando en la lejanía el pedazo flotante de tierra que ardía con furia no tan lejos de su posición en la tormenta.

Y es que, ¿Qué podían esperar del Nuevo Mundo?