UNA NUEVA VIDA


DISCLAIMER: Esta historia no me pertenece, es una adaptación para el universo Ranma es pero que les guste y si el libro de la escritora llega a ustedes, cómprenlo vale oro sin nada más que decir me despido.


Una nueva vida ©Olivia Gates

Rumiko Takahashi ©Ranma

Adaptación © Fandom MLB


Capitulo 1

Ella estaría más que dispuesta, si pudiera moverse. Pero no podía. La gravedad la aplastaba, y mucho era lo peor, hundía su espalda en algo que de repente parecía un lecho de espinas. Cada célula de su cuerpo empezó a retorcerse y cada nervio a transmitir impulsos. Pero las células no tenían conexión unas con otras y los nervios eran incapaces de llevar a cabo un simple movimiento. La angustia la invadió al oír ruido a su alrededor. Comenzó a mira para todos lados, para saber de quién, o de que se trataba ese ruido.

Entonces un rostro masculino se acercó, haciendo que el vértigo se detuviera. Su estado de confusión remitió. No tenía que luchar contra la fuerza de la gravedad ni temer la parálisis. Allí estaba él. Él se ocuparía de todo. No tenía ni idea de por qué, pero estaba segura de que así sería. "Lo conocía, aunque no sabía quién era" pensó Akane

Algo en su interior le decía que estaba a salvo y que todo saldría bien porque él estaba allí.

Si al menos pudiera moverse... No debería sentirse tan inerte al despertar. Pero, ¿acaso estaba despertando o seguía soñando? Eso explicaría la falta de conexión entre su cerebro y su cuerpo, y la presencia del ángel, que sabía que era real. Ella no era tan imaginativa como para habérselo inventado. Había algo más que sabía: aquel hombre era importante y para ella, vital.

¿Akane?

¿Paralizo ésa era su voz? Combinaba bien con la magnificencia de su rostro.

¿Puedes oírme?

Claro que podía. No sólo oía su voz, sino que sentía cómo se expandía por su piel y cómo sus poros la absorbían. La penetraba con toda su sonoridad y, con cada inflexión, despertaba un músculo inerte, reviviéndola.

Akane, si puedes oírme, si esta vez estás despierta, contéstame por favor.

Hablaba en un ligero acento alemán, con la sensual cadencia de una lengua latina.

Quería contestarle, quería que siguiera hablando. Cada sílaba que salía de aquella obra de arte que eran sus labios parecía transportarla a un estado de tranquilidad.

Su rostro apareció en su campo de visión. Podía distinguir cada veta dorada del iris azules de sus ojos. Deseaba hundir los dedos en su cabello negro, tomar su cabeza y atraerlo para estudiar minuciosamente cada mechón. Quería acariciar cada surco de su cara y llegar a cada rincón de su personalidad.

Aquél era un rostro que irradiaba ansiedad, responsabilidad y distinción. Deseaba poder aliviar lo primero, aligerar lo segundo y disfrutar de lo último. Quería tener aquellos labios junto a los suyos y sentir la lengua que envolvía aquellas palabras con las que tanta magia producía. Sabía que no debía sentir aquel tipo de cosas, que su cuerpo no estaba en condiciones de soportar sus deseos. Su cuerpo lo sabía, pero no era consciente de su incapacidad. Necesitaba tenerlo cerca, sentir aquella masculinidad y fuerza, aquella ternura y protección.

Akane, Oh mein Gott (por Dios, di algo)

Fue aquella fuerza en su voz lo que la sacó de su hipnosis, obligándola a tensar sus cuerdas vocales y a empujar aire desde sus pulmones para emitir el sonido que él tanto reclamaba.

Pue... Puedo oírte.

Por el modo en que él inclinó la cabeza hacia su boca, era evidente que no estaba seguro de si había oído algo, de si había escuchado alguna palabra, o si tan sólo se lo había imaginado.

Ella volvió a intentarlo.

Estoy des... despierta. Creo y es... espero que seas real...

No podía decir nada más. Le ardía la garganta. Trató de toser y sintió como si tuviera astillas al rojo vivo en su laringe. Unas lágrimas surgieron de sus ojos.

¡Akane!

Y enseguida se acercó a ella. La levantó y la meció entre sus brazos, transmitiéndole calor a sus temblorosos y helados huesos. Ella se hundió en él, rindiéndose aliviada.

No intentes seguir hablando. Has estado intubada muchas horas durante la operación y tu laringe debe de estar dolorida.

Algo frío rozó sus labios y después sintió algo cálido y húmedo. No eran ni sus labios ni su lengua, sino un vaso con líquido. Instintivamente separó los labios y bebió.

Al ver que no podía tragar, él la ayudó a inclinar la cabeza.

Es una infusión de anís y salvia. Suavizará tu garganta.

Había previsto aquella molestia y tenía preparado un remedio. Se tomaría cualquier cosa que le diera. Eso si pudiera hacerlo sin sentir clavos en la garganta. Pero quería que se lo bebiera. Tenía que hacer lo que le mandara.

Ella tragó y cerró los ojos al sentir dolor. El líquido se deslizó por su garganta, provocándole nuevas lágrimas. El escozor persistió bajo el sabor y la temperatura. Gimió aliviada, sintiéndose más relajada con cada muestra de ternura. Él no dejó de acariciarle la mejilla mientras vaciaba el contenido del vaso.

¿Estás mejor ahora?

La preocupación en su voz y en su mirada la sobrecogió. Se estremeció al sentir que una inmensa sensación de gratitud la embargaba. Trató de responderle, pero esta vez fue la emoción lo que le provocó un nudo en la garganta.

Tenía que expresarle su gratitud. Su rostro estaba cerca, compungido por la preocupación. Era más impresionante de cerca, una muestra de perfección que reflejaba su personalidad. Pero se le veía demacrado con los ojos enrojecidos, la tensión en la mandíbula y la barba incipiente de varios días. La necesidad de absorber sus inquietudes y preocupaciones creció rápidamente en ella.

Giró la cabeza y hundió los labios en su mejilla. El pelo de su barba, la textura de su tez, su sabor y su olor penetraron en su piel, invadiendo sus sentidos. Una ráfaga de frescura y virilidad se apoderó de ella, llenando sus pulmones. Su aliento era agitado y entrecortado. Abrió los labios para obtener más, mientras él se daba la vuelta para mirarla. Sus labios rozaron los de ella.

Aquello era lo que necesitaba, aquella intimidad con él. ¿Sería algo que siempre había tenido y que había perdido? ¿Algo que nunca había tenido y que llevaba tiempo deseando? Ni ella mismo lo sabía.

No importaba. Ahora lo tenía. Dirigió los labios hacia los de él. Una corriente de sensualidad y dulzura la recorrió al sentir su piel junto a la suya.

De pronto, sus labios se quedaron fríos y desamparados y se dejó caer en la cama. ¿Adónde se había ido? ¿Había sido una alucinación? ¿Un efecto secundario del coma?

Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas. Ladeó su confusa cabeza, buscándolo, y se quedó asustada al encontrar tan sólo un vacío. Aparte del vacío, reparó por vez primera en lo que le rodeaba. Estaba en la habitación de hospital más lujosa y espaciosa que jamás había visto. Pero si no estaba allí...

Su mirada y sus pensamientos se detuvieron bruscamente. Él estaba allí, de pie donde había estado la primera vez que había abierto los ojos. Pero en esta ocasión su imagen estada distorsionada y había pasado de ser un ángel a un dios iracundo e inalcanzable que la miraba con desaprobación. Parpadeó varias veces mientras los lentos latidos de su corazón adquirían un ritmo frenético.

Era inútil. El rostro de él permaneció inalterable. En vez del ángel que había pensado que haría cualquier cosa por protegerla, aquél era el rostro de un hombre que se había hecho a un lado y que se estaba limitando a contemplarla mientras se ahogaba. Se quedó mirándolo fijamente, sintiendo algo tan familiar como si de una segunda piel se tratara: desánimo. Había sido un sueño.

Está claro que puedes mover la cabeza. ¿Puedes mover algo más? Parpadea si te resulta más cómodo que hablar. Dos veces para decir que sí y una para decir que no.

Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas y parpadeó repetidamente. Desde lo más profundo de su ser, se oyó el rugido de sus tripas. Debía deberse a su frustración por ser incapaz de cumplir una orden tan sencilla como aquélla. Pero no podía evitarlo. Ahora se empezaba a dar cuenta del tipo de preguntas que le estaba haciendo. Eran las que solían hacerse a alguien que había perdido la consciencia, algo que estaba segura que le había ocurrido a ella. Había recuperado la consciencia, luego las funciones sensoriales y motrices y, por último, había sentido dolor. Detrás de aquellas preguntas, ya no había un interés personal, tan sólo un interés médico.

¡Akane! No cierres los ojos y préstame atención.

Pero que se creía este para hablarle de esa forma pero la urgencia de su voz la obligó a obedecerlo.

No puedo...

Él parecía haberse hecho más grande. Su rostro reflejaba frustración. Luego, suspiró.

Contesta a mis preguntas y luego te dejaré descansar.

Me siento aturdida, pero...

Se esforzó y envió órdenes a sus pies. Los dedos se movieron. Eso quería decir que todo lo que había entre ellos y su cerebro funcionaba correctamente.

Parece que... que las funciones motrices están... intactas. Del dolor... no estoy segura. Me duele... como si me hubiera caído encima una... una pared de ladrillos. Pero no parece que sea un dolor que indique que haya daños...

Al decir aquella última palabra, todos los dolores se concentraron en una parte de su cuerpo: el brazo izquierdo. En segundos, atravesó el umbral del dolor soportable y se convirtió en una agonía.

Mi brazo...

Habría jurado que no se había movido de donde estaba, pero de nuevo lo encontró junto a ella, como por arte de magia, y sintió un gran alivio a pesar de las punzadas de dolor. Gimió al darse cuenta de lo que había hecho. Tenía una vía intravenosa en su brazo derecho. Le había inyectado en el suero una medicina, algún analgésico de efecto inmediato, y había incrementado el ritmo del goteo.

¿Todavía te duele? —Preguntó y ella sacudió la cabeza—. Por ahora, va todo bien. Volveré luego —dijo y empezó a retirarse.

No.

Su mano buena se movió por decisión propia, llevada por el temor de que desapareciera y que no volviera a verlo nunca. La desesperación ante la posibilidad de perderlo, le había hecho reaccionar instintivamente. ¿O acaso se debía a la resignación de que ya lo había perdido? Él evitó su mirada y bajó la vista hacia la mano que sujetaba la suya.

Tus reflejos, tu fuerza motriz y tu coordinación parecen haber vuelto a la normalidad. Es una buena señal y significa que te estás recuperando mejor de lo que esperaba.

Por el modo en que había dicho aquello, imaginó que sus expectativas se enmarcaban en el más puro pesimismo.

Eso... debería ser un... un alivio.

¿Debería ser? ¿No te alegras de estar bien?

Supongo que sí. Pero... no me encuentro del todo bien.

Lo único que podía hacerla sentir mejor era él. Pero él parecía estar a kilómetros de allí.

¿Qué... qué es lo que me ha pasado? —añadió.

La mano que había bajo la suya se agitó.

¿No lo recuerdas?

Todo es... confuso.

Su mirada se quedó perdida durante unos segundos interminables. Luego, lentamente volvió a fijarse en ella tratando de descifrar su estado.

Probablemente estás sufriendo amnesia postraumática. Es habitual olvidarse de episodios traumáticos. Había hablado como un médico. Todo lo que había dicho o hecho hasta el momento lo distinguían como tal.

¿Era eso lo que era para ella? ¿Su médico? ¿De eso la conocía? ¿Había sido su médico antes del episodio traumático y había estado enamorada de él? Quizá se había quedado fascinada y se había vuelto dependiente de él en sus idas y venidas de la inconsciencia. Un hombre que, por lo que sabía, podía tener una relación e incluso estar casado y con hijos. El dolor de todas aquellas suposiciones se le hizo insoportable. Tenía que conocer las respuestas.

¿Quién eres?

La mano que tenía bajo la suya se quedó rígida.

¿No me conoces?

Sé que debería..., pero no pue... no puedo recordar.

Cerró los ojos.

"Que, idiota eres Akane acabas de besar a un desconocido, que ni siquiera sabes si tiene esposa, y ahora le dices que no lo reconoces" pensó

¿Me has olvidado?

Lo miró y sacudió la cabeza, como si aquel movimiento fuera a ayudarla a poner algo de orden en su cabeza.

Puede que incluso haya olvidado cómo hablar. Tengo la... extraña sensación de que la habilidad para hablar es... es lo último que se pierde incluso en casos de... pérdida de memoria. Creo que decir que... no me acuerdo de ti es... es lo mismo que decir que se me ha olvidado quién eres.

Él se quedó mirándola y ella pensó que no iba a hablarle nunca más. Luego, suspiró y se pasó la mano por su abundante cabello.

Es a mí al que le cuesta articular las palabras. Tu habilidad para hablar está en perfectas condiciones. De hecho, nunca te había oído hablar tanto de corrido.

Querrás decir... de manera tan entrecortada.

Él asintió, dándose cuenta de su dificultad. Luego, sacudió la cabeza.

Solías usar frases de una palabra.

Así que... me conoces. Y parece que muy bien.

Él frunció las cejas.

Yo diría que lo que sé de ti no es mucho —dijo él.

Yo diría que sí.

Se hizo otro silencio interminable. Luego, otro murmullo salió de él, sacudiendo cada neurona de su sistema nervioso.

Lo único que sabemos con certeza es que has perdido la memoria, Akane.

Sabía que debía sentirse alarmada por su veredicto, pero no lo estaba.

Me... me gusta cómo dices... mi nombre.

Y si antes le había parecido que se había quedado de piedra, aquello no fue nada comparado con la rigidez que se apoderó de él en aquel momento. Era como si al apretar un botón de pausa, el tiempo y el espacio se hubieran congelado.

Entonces, con un movimiento controlado, como si temiera hacerle daño, él se sentó en la cama junto a ella. Su peso hundió el colchón, haciendo que se inclinara ligeramente hacia él. Sus muslos se rozaban a pesar de estar separados por las sábanas que la cubrían y del pantalón que él llevaba. A pesar de todos los dolores que tenía, algo se agitaba en el interior de su cuerpo. Si apenas era capaz de moverse, ¿Cómo podía provocarle aquella respuesta en cada una de sus exhaustas células? ¿Qué le haría si estuviera en mejores condiciones? ¿Qué le había hecho? Porque estaba convencida de que aquella reacción hacia él no era nueva.

"Para nada nueva" pensó

Así que no recuerdas quién soy.

No logras comprender... mis palabras, ¿verdad? —dijo ella y curvó los labios.

No había nada gracioso en aquella situación. Sabía que cuando se calmara, estaría horrorizada por la pérdida de su memoria y por el daño neurológico que eso podía significar. Pero de momento le resultaba divertido que aquel hombre, al que no necesitaba recordar para darse cuenta de su fuerza y dinamismo, estuviera tan sorprendido. Eso suponía que se preocupaba por lo que le había pasado, ¿no? Podía recrearse en aquella idea, aunque luego más tarde se diera cuenta de que era una pequeña y falsa ilusión.

Pensé que... estaba claro a lo que me refería. Al menos,... a mí me parecía que estaba claro. No sólo he olvidado quién eres, sino que no tengo ni idea de... quién soy. —le dijo mirándolo fijamente.


Hola mis lectores favoritos, espero que les guste este primer capítulo de la adaptación y sigan apoyando a la verdadera escritora, y sigan o compren el verdadero libro.

Bueno que piensa de Akane y Ranma, es raro imaginarse a Ranma como un Doctor pero bueno yo y esta adaptación algo rara, pero lo que si les dijo es que será un sexy Doctor demasiado atractivo y varonil casi como un dios griego.

La autora verdadera es una excelente escritora y para mí es un honor a ser esta adaptación para nuestra pareja favorita.