UNA NUEVA VIDA
DISCLAIMER: Esta historia no me pertenece, es una adaptación para el universo Ranma es pero que les guste y si el libro de la escritora llega a ustedes, cómprenlo vale oro sin nada más que decir me despido.
Una nueva vida © Olivia Gates
Rumiko Takahashi © Ranma
Adaptación © Fandom MLB
Capítulo 3
Ranma regresó a las tres horas y se quedó tres minutos. Lo suficiente para comprobar que estuviera bien y ajustar la medicación. Durante los tres días siguientes, continuó el mismo proceder. Incluso entre sueños había podido percibir su presencia.
Todavía no había tenido la ocasión de contarle lo que había recordado. No, lo cierto era que no había querido decírselo. El descubrir que estaba casada, aun sin saber con quién, no era una de las cosas que quisiera compartir con nadie y mucho menos con él. Además, probablemente él ya lo sabría. Aquello podía ser presagio de que la pérdida de memoria estaba remitiendo. Pero no quería recuperarla. Prefería mantener aquella confusión. Aunque era inútil. Unas horas antes, un nombre había surgido en su cabeza: Ryoga Hibiki. Estaba segura de que era el de su marido, pero no podía ponerle rostro a aquel nombre. El único recuerdo que podía vincular a ese nombre era el de una profesión: cirujano general. Más allá de eso, no recordaba nada de su matrimonio. Lo único que sabía era que una extraña sensación la oprimía cada vez que intentaba recordar algo más. Seguramente no se sentiría así si las cosas hubieran ido bien. Si él no estaba allí, después de los días que habían pasado desde el accidente, entonces quizá estuvieran separados, incluso divorciados. Pero estaba segura de que seguía casada y de que su matrimonio no había acabado.
Al cabo de tres horas, Ranma regresó. Akane había pasado de no querer decir nada a desear gritarlo con toda la fuerza de sus pulmones. Entró acompañado de dos médicos y una enfermera y evitó el contacto visual con ella. Había dejado de ir solo. Era como si no quisiera quedarse a solas con ella.
Después de comprobar los gráficos, informó a sus acompañantes de los cambios en la medicación, sin apenas hacerle caso.
—Recuerdo algunas cosas —dijo, sintiéndose ilustrada.
Al oír aquella declaración, Ranma se quedó inmóvil. Los demás se movieron nerviosos, sin saber si fijar los ojos en ella o en su jefe. Continuó sin mirarla mientras volvía a dejar el informe a los pies de la cama y murmuró algo que sólo pudo llegar al oído de los otros, que enseguida salieron de la habitación.
Aún tardó largos segundos en fijar la vista en ella. La intensidad de su mirada la hizo estremecerse. ¿Estaría ansioso por saber lo que recordaba o preocupado? Porque seguro que sospechaba que se trataba de su marido. Le había hablado de su padre fallecido y de su familia, pero no de su marido. ¿Le habría contado algo si no lo hubiera recordado?
Había algo más en su actitud, algo de lo que ya se había dado cuenta antes, justo después de besarlo. ¿Desaprobación, antipatía? ¿Acaso no mantenían una buena relación antes del accidente? Era imposible, teniendo en cuenta la atracción que sentía hacia él. No percibía ninguna animadversión. ¿Estaría molesto con ella por algo? ¿Se sentía obligado a cuidarla por los viejos tiempos? ¿Habría sido su amante?
No, no lo había sido. Quizá no recordara demasiado sobre sí misma, pero la idea de tener dos relaciones paralelas, le resultaba repugnante por muy fuerte que fuera la tentación. También él transmitía una gran nobleza. No sabía cómo, pero estaba segura de que Ranma Saotome nunca traspasaría el territorio de otro hombre, nunca cruzaría los límites del honor, por mucho que la deseara o por muy abominable que fuera el otro hombre.
Pero había una prueba de que nunca había habido intimidad entre ellos: su cuerpo. Ardía en deseos por él y, por eso, sabía que nunca lo había tenido. Le habrían quedado huellas en cada célula de su cuerpo de haber sido así. Así que, ¿qué significaba todo aquello?
— ¿Qué recuerdas? —preguntó él finalmente.
—Quién soy y que estoy casada —dijo—, ¿Por qué no me lo dijiste?
—No preguntaste.
—Pregunté si tenía familia.
—Pensé que preguntabas por familiares de tu misma sangre.
—Estás evitando contestar.
— ¿De veras? —Preguntó y le mantuvo la mirada, como si tratara de leerle los pensamientos—, ¿Así que lo recuerdas todo?
Ella suspiró.
—He dicho que recuerdo algunas cosas.
—Dices que recuerdas quién eres y que estabas casada. Eso es prácticamente todo, ¿no?
—No cuando sólo recuerdo algunas cosas: el nombre que me dijiste, que fui a la Facultad de Medicina de Harvard, que trabajé en el hospital Saint Giles y que tengo veintinueve años. Apenas recuerdo más detalles de mi matrimonio. Sólo recuerdo que tenía un marido y cuál era su nombre y su profesión.
— ¿Eso es todo?
—Lo demás son especulaciones.
— ¿Qué clase de especulaciones?
—Sobre la ausencia tanto de mi familia como de mi marido después de transcurrida una semana desde el accidente. Sólo se me ocurren explicaciones pesimistas.
— ¿Cuáles?
—Que debo de ser un monstruo para que nadie haya corrido a mi lado.
Observó un extraño brillo en los ojos de él. ¿Acaso tenía razón? ¿También él pensaba lo mismo? Su corazón se fue encogiendo a la espera de que confirmara o negara sus sospechas. Al ver que no decía nada, interpretó su silencio como una confirmación.
—A menos que por motivos económicos no puedan hacer el viaje hasta aquí.
—Por lo que tengo entendido, tu familia no tiene problemas económicos.
—Así que les dijiste que estaba al borde de la muerte y ninguno se molestó en venir.
—No les dije eso. No estabas al borde de la muerte.
—Podía haber sido así.
Se hizo un tenso silencio.
—Sí —reconoció él por fin.
—Así que me llevo mal con ellos.
Parecía que de nuevo iba a evitar hacer comentario alguno. Luego, se encogió de hombros.
—Creo que la relación no era buena.
— ¿Ni siquiera con mi madre?
—Sobre todo con tu madre.
—Estupendo. ¿Ves? Tenía razón cuando dije que lo mejor era no recordar nada.
—No es tan malo como lo pintas. Para cuando llamé a tu familia, estabas estable y no había nada que pudieran hacer más que esperar como el resto de nosotros. Tu madre ha llamado un par de veces para saber cómo estabas y le he dicho que progresas muy bien físicamente. Psicológicamente, le he dicho que de momento no te convenía su presencia aquí.
Era evidente que estaba tratando de encubrir a su familia y su madre. Si de veras estuvieran preocupados, no estarían tranquilos. Quizá los había convencido para que no fueran y así no introducir un elemento emocional impredecible en su recuperación neurológica. Lo cierto era que en aquel momento no le importaba cómo se llevara con su familia. Lo que de veras le interesaba era saber de la relación con su marido.
—Eso en lo que respecta a la relación con mi familia. Pero respecto a la ausencia de mi marido, sólo puedo pensar lo peor, que quizá estemos separados o incluso divorciados.
Deseaba que le respondiera que así era. Su mandíbula se tensó y su mirada se volvió gélida.
—Nada de separación. Tu marido y tú habíais planeado una segunda luna de miel.
Akane sintió que el corazón le daba un vuelco. Durante un minuto interminable se quedó mirándolo fijamente, incapaz de hablar ni de pensar.
— ¿Una segunda luna de miel? —repitió con voz frágil ¿Quiere eso decir que llevamos mucho tiempo casados?
Ranma tardó una eternidad en contestar.
—Os casasteis hace seis meses.
— ¿Seis meses? ¿Y ya estábamos planeando una segunda luna de miel?
—Quizá debería haber dicho luna de miel a secas. Las circunstancias os impidieron disfrutar de la luna de miel cuando os casasteis.
—Aun así, mi querido esposo no está aquí. Quizá nuestros planes eran un intento de salvar un matrimonio que no funcionaba y no deberíamos habernos molestado en...
—No sé mucho sobre tu relación, pero los motivos para que no esté junto a la cabecera de tu cama son incuestionables: está muerto.
Ella se tambaleó como si hubiera recibido un puñetazo.
—Iba pilotando el avión —afirmó con rotundidad.
— ¿Lo recuerdas? —preguntó él.
Akane sintió náuseas y se agarró a la cama. De pronto se encontró con Ranma a su lado, sujetándole la cabeza con una mano y con la otra, un cuenco. Comenzó a tener arcadas, pero no eran por el dolor. Eran por el horror, la ira y el alivio que en aquel momento constituían sus reacciones instintivas. ¿Qué clase de monstruo era al sentirse así por la muerte de alguien, especialmente teniendo en cuenta que se trataba de su marido? ¿Había deseado que su marido muriera para estar con Ranma?
No, no podía ser eso. Tenía que haber algo más.
—Entonces, ¿Qué significa toda esta confusión?
— ¿Estás bien?
Ella se encogió de hombros, apesadumbrada.
—Sí, si es correcto que me sienta enfadada en vez de triste. Debo ser peor persona de lo que creo.
Después de la sorpresa que sus palabras le produjeron, él permaneció contemplativo.
—Estar enfadada en tu situación es una reacción normal.
— ¿Cómo?
—Es normal sentirse enfadado con los seres queridos muertos, especialmente en los casos como éste en que causaron el accidente. La primera reacción después de la conmoción es de incredulidad y rabia, dirigida en un principio hacia la víctima. Eso explica la amargura que sentiste antes. Tu inconsciente debía de saber que era él el que pilotaba el avión. Puede que guarde todos los detalles que oíste en la escena del accidente.
— ¿Quieres decir que hablo español?
—No que yo sepa —contestó él frunciendo el ceño—, Pero quizá comprendiste la terminología médica lo suficiente como para valorar el alcance de sus lesiones.
Desde un rincón de su cabeza, surgió una orden para que sus labios pronunciasen unas palabras en español.
—No tenía ni idea de que hablaras español —añadió él después de oírla.
—Yo tampoco. Pero tengo la sensación de que es algo nuevo.
— ¿Nuevo? ¿A qué te refieres?
—Es una sensación, ya que no recuerdo hechos. Es como si llevara poco tiempo aprendiéndolo.
Él le dirigió una mirada que hizo que el flujo de su sangre se acelerara y que su temperatura aumentara. ¿Estaba pensando lo mismo que ella, que había empezado a aprender español por él, con la idea de comprender su idioma y de entenderlo mejor?
—Sea como sea, sabes el suficiente español como para dar base a mi teoría.
Estaba dando una respuesta a sus reacciones completamente lógica. ¿Qué pasaría si fuera totalmente sincera con él? Estaba segura de que la tenía por un monstruo y no podía culparlo. Ella misma estaba empezando a pensarlo.
De repente, un recuerdo surgió en su cabeza como si fuera una bala atravesándola. Era la imagen de Ryoga, el marido que recordaba con ira y cuya muerte le había provocado una mezcla de resentimiento y liberación, en una silla de ruedas. Luego se formó en su cabeza la sensación de un impacto contra unos pilares, pero no en forma de recuerdo, sino de conocimiento. Ryoga se había quedado paralítico de cintura para abajo en un accidente de coche, pero no sabía si había sido antes o después de que se casaran. Aunque estaba segura de que eso no importaba.
Había estado en lo cierto de por qué nadie había corrido a la cabecera de su cama: ella no tenía corazón. ¿Qué otra explicación tenía aquella indiferencia hacia alguien por quién debía sentir algo? Al fin y al cabo, era el hombre al que había prometido amar en la salud y en la enfermedad y al que debía permanecer unida hasta que la muerte los separase.
Al segundo siguiente, exhaló con fuerza, expulsando el aire de sus pulmones.
—Akane, ¿qué te duele?
En sus oídos retumbó la voz preocupada de Ranma, mientras reparaba en la ansiedad que transmitía su rostro.
No, no estaba bien. Era un monstruo y sufría amnesia.
Además, estaba embarazada.
Hola mis lectrox q tal espero que les guste este capítulo, las cosas se ponen cada vez más interesantes, poco a poco sabremos más de la vida de Akane y algunas cosas más.
Pueden poner en los comentarios, que parte le va gustado sin nada más que decir me despidos.
KITIIS
