UNA NUEVA VIDA


DISCLAIMER: Esta historia no me pertenece, es una adaptación para el universo Ranma es pero que les guste y si el libro de la escritora llega a ustedes, cómprenlo vale oro sin nada más que decir me despido.


Una nueva vida © Olivia Gates

Rumiko Takahashi © Ranma

Adaptación © Fandom MLB


Capítulo 4


Akane permaneció tumbada, acompañada de Ranma, alternando episodios de absoluta inmovilidad con fuertes sacudidas. Él la tranquilizó sujetándola con una suave presión, secándole los ojos y los labios con movimientos firmes. Por fin se fue calmando.

Luego, le hizo girar la cabeza hacia él.

¿Recuerdas algo más?

Sí, algunas cosas más —contestó conteniendo el hipo mientras intentaba incorporarse.

La tentación de permanecer entre sus brazos era insoportable, pero se contuvo por otro arrebato de culpabilidad y desconcierto. Ranma la ayudó a sentarse y enseguida se apartó de ella. Sin duda alguna, no deseaba seguir tocándola más de lo necesario.

Deseosa de poner más distancia entre ellos, Akane dejó caer sus piernas entumecidas al suelo y se puso las zapatillas que él le había traído. Renqueando, se acercó a la ventana y vio las colinas más verdes que jamás había visto en su vida. Aun así, en sus retinas se había quedado fijo el rostro de Ranma, además de una imagen borrosa de Ryoga en su silla de ruedas, pálido y mirándola con ojos acusadores. Se dio la vuelta y a punto estuvo de caerse. Ahogó una exclamación y vio a Ranma dispuesto para ayudarla y recogerla si se desmayaba.

Pero no iba a hacerlo. Sentía un hormigueo en la piel, allí donde la había tocado. Aunque no se cansaba de sus caricias, no podía permitir que volviera a tocarla, así que se apoyó en la pared para sujetarse.

Él seguía en alerta, pero mantenía la distancia. Sus ojos recibían la luz del sol vespertino, que inundaba la habitación con su cálido color dorado.

Las cosas de las que me acabo de acordar... —dijo llevándose la mano a su hombro izquierdo—. Bueno, yo no diría que son verdaderos recuerdos. Al menos no son de la misma clase que los que tengo desde que he recuperado la consciencia. Éstos son en color, escena a escena, cada uno de ellos acompañado de sonidos, olores y sensaciones. Pero las cosas de las que me acabo de acordar no tienen color, ni sonido ni formas. Son como titulares de artículos, pero sin contenido. Son como esbozos de información y conocimientos. No sé si lo que digo tiene algún sentido.

Él bajó la vista a los pies unos instantes, antes de volver a mirarla con su expresión de cirujano.

Tiene mucho sentido. He tratado muchos casos de amnesia postraumática y he estudiado muchos informes, y nadie ha descrito con tanta claridad la sensación que se tiene al recuperar recuerdos como acabas de hacer tú. Pero todavía es pronto. Esos recuerdos borrosos irán tomando cuerpo con el tiempo.

No quiero que sea así. Quiero que dejen de surgir en mi cabeza, quiero que desaparezca lo que he recordado —dijo y se apretó el hombro, provocándose más dolor para contrarrestar la punzada que sentía en el estómago—. Continuarán aflorando en mi cabeza hasta que la hagan estallar.

¿Qué has recordado esta vez?

Akane se hundió de hombros.

Que Ryoga era parapléjico.

Ranma no dijo nada, ni siquiera parpadeó. Se limitó a mantener la mirada. A continuación, Akane añadió el resto.

Y que estoy embarazada.

Él parpadeó lentamente, en un gesto significativo. Lo sabía y no parecía agradarle. ¿Por qué?

Una explicación era que había estado a punto de dejar a Ryoga, pero entonces él se había quedado paralítico al mismo tiempo que ella había descubierto que estaba embarazada y eso había echado al traste sus planes. ¿Era ése el motivo de la antipatía que observaba en él de vez en cuando? ¿Estaba enfadado con ella por negarse a abandonar a su marido después de que se quedara discapacitado, a la vez que esperaba un hijo suyo? No lo sabría a menos que Ranma se lo contara y no parecía muy dispuesto a facilitarle aquella información.

Akane suspiró.

A juzgar por el escaso volumen de mi abdomen, debo estar en el primer trimestre.

Sí —dijo él y como si le costara, añadió—. Estás embarazada de tres semanas.

¿Tres semanas? ¿Cómo es posible que lo sepas? A pesar de las pruebas que me hayas hecho antes de la operación, no puedes saberlo con tanta precisión —dijo y se detuvo al volver a tener otra visión—. Me quedé embarazada mediante fecundación in vitro. Por eso sabes exactamente de cuánto estoy.

Lo cierto es que fue por inseminación artificial, hace veinte días.

No me lo digas. También sabes exactamente a qué hora me la hicieron.

A la una de la tarde.

Se quedó mirándolo fijamente, incapaz de encontrar una explicación a aquel conocimiento tan específico sobre su embarazo. Si hubiera sido un embarazo inesperado y lo hubiera descubierto después de decidir abandonar a Ryoga, eso la convertiría en una mujer infiel de sangre fría. Pero no había sido inesperado. No cabía duda, deseaba tener un hijo con Ryoga. Tanto como para someterse a aquella técnica dado que él no podía concebir un hijo de la manera natural, de la manera íntima.

Así que su matrimonio iba bien. Eso daba credibilidad al comentario de Ranma de que estaban planeando una luna de miel. Quizá fuera para celebrar su embarazo.

Pero entonces, ¿por qué su primera reacción al conocer su muerte había sido de alivio y de consternación al saber de su embarazo? ¿Qué clase de mente retorcida tenía?

Sólo había un modo de saberlo: a través de Ranma. Pero continuaba sin aportar nada a lo que parecía haber sido una vida compleja. Probablemente fuera de la opinión de que facilitar información a una persona en su estado haría más difícil que recuperara por sí misma los recuerdos o incluso podría distorsionarlos. No le importaba. No había nada más desconcertante que sus propias interpretaciones. Fuera lo que fuese que él le contara, arrojaría algo de luz a su vida. Eso haría que fuera más soportable vivir. Tenía que insistir para que le contara lo que sabía.

De pronto, sus pensamientos errantes se detuvieron.

No podía creer que no se lo hubiera preguntado antes. ¿Cómo se había enterado Ranma de todo aquello? Sin pensárselo dos veces, le hizo la pregunta.

¿Cómo sabes todo esto? ¿De qué me conoces? ¿Y a Ryoga?

La respuesta estalló en su mente. Fue por el brillo de sus ojos. Tras el autocontrol del cirujano y el refinamiento del hombre, se adivinaba una furia contenida. Recordaba aquella expresión de mucho antes de que lo besara, en aquella vida que no recordaba. En esa vida, Ranma la había despreciado. Y no había sido por darle falsas esperanzas para luego no abandonar a Ryoga. Era peor, mucho peor. Había sido el mejor amigo de Ryoga. Lo que aquello implicaba era horrible. Fueran como fuesen las cosas antes, si había mostrado su atracción por Ranma después de que Ryoga se quedara inválido, entonces tenía un buen motivo para detestarla.

Lo recuerdas.

Indecisa, Akane levantó la mirada.

Más o menos.

¿Más o menos? Muy elocuente. ¿Más titulares esquemáticos?

Allí estaba de nuevo aquella furia contenida y Akane trató de ignorarla.

Recuerdo que eras su mejor amigo y por eso sabes tanto de nosotros, incluida la hora en que me hicieron la fecundación. Lo siento, pero no recuerdo más.

No estaba dispuesta a preguntarle cuál era la relación entre ellos. Confiaba en que confirmara sus especulaciones.

Estoy segura de que lo demás irá surgiendo —continuó ella—. De golpe o poco a poco. No tienes por qué quedarte a la espera del siguiente avance. Quiero recibir el alta.

Ranma se quedó mirándola.

Métete en la cama, Akane. Tu lucidez se está desintegrando con cada movimiento, con cada palabra que sale de tu boca.

No me dirijas ese tono de médico condescendiente, doctor Saotome. Por si no te acuerdas, yo también pertenezco al gremio. Puedo recuperarme fuera de este hospital.

Necesitas hacerlo bajo estricta supervisión médica.

Puedo ocuparme yo misma.

¿Acaso no recuerdas ese viejo dicho acerca de que los médicos son malos pacientes?

No tiene nada que ver con eso. Puedo cuidarme yo sola.

No, no puedes. Pero te daré el alta y quedarás bajo mi custodia. Te llevaré a mi casa para que continúes allí la recuperación.

Su comentario la dejó sin respiración. Bajo su custodia y en su casa. A punto estuvo de perder el equilibrio ante las imágenes que llenaron su cabeza, ante la tentación de saltar a sus brazos y pedirle que la hiciera suya. Tenía que decir que no y apartarse de él.

Escucha: tuve un terrible accidente v conseguí sobrevivir. Habría muerto si no me hubieras intervenido, pero lo hiciste y me salvaste. Estoy bien.

No estás bien. Ahora mismo podrías estar en otra galaxia.

Y además, tenía sentido del humor también. No, definitivamente no era una buena idea irse a su casa!

No exageres —dijo Akane y suspiró—. Mi único problema es que me faltan algunos recuerdos.

¿Algunos? Si quieres hacemos una lista de lo que recuerdas, de esos titulares de artículos sin contenido y de los que has borrado y puede que nunca recuperes. Vuelve a pensar en lo que entiendes por algunos.

Muy bien, pero al paso que voy recuperando los titulares, pronto recordaré todo.

Aunque así sea, no es tu único problema. Sufriste una fuerte contusión que te produjo un edema en el cerebro y un hematoma subdural. Te operé durante diez horas, la mitad de las cuales fue con cirujanos ortopédicos y vasculares para volver a colocarte el brazo. Tofu dijo que había sido la operación más complicada de su carrera y a Satsuki y a mí nos costó mucho reparar los vasos sanguíneos y los nervios. Después de todo, estuviste en coma tres días y te despertaste sin memoria. Ahora mismo, tu estado neurológico no está claro, no puedes mover el brazo, tienes heridas y contusiones desde la cabeza a los pies y estás embarazada de pocas semanas. A tu cuerpo le hará falta el doble de esfuerzo y tiempo para sanar en estos momentos tan difíciles. Me sorprende que puedas hablar e incluso moverte, en vez de estar desorientada en la cama bajo los efectos de los calmantes.

Gracias por el informe sobre mi estado, pero creo que estoy mejor de lo que piensas. Estoy bastante lúcida y puedo hablar tan bien como tú. Y el dolor no es tan insoportable como al principio.

Estás atiborrada de analgésicos.

No, no lo estoy. He parado el goteo.

¿Cómo? —Dijo y se acercó a toda prisa—, ¿Desde cuándo?

Desde que te fuiste después de tu última visita.

Eso quiere decir que no hay analgésicos en tu cuerpo.

No los necesito. El dolor de mi brazo es soportable.

Él sacudió la cabeza.

Creo que necesitamos definir bien tu expresión de bastante lúcida. Creo que no tiene ningún sentido. ¿Por qué sentir dolor cuando puedes evitarlo?

Sentir alguna molestia me ayuda a mantenerme despejada y reanima mi cuerpo en vez de mantenerlo aletargado por las medicinas, lo que además podría ocultar alguna complicación. ¿Tiene todo eso sentido para ti?

Ranma frunció el ceño.

Me preguntaba qué era lo que te mantenía despejada y activa.

Ahora lo sabes. Recuerdo perfectamente mi formación médica. Puede que esté amnésica, pero no soy imprudente. Tomaré todas las precauciones y seguiré las pautas postoperatorias.

Voy a tenerte a mi lado hasta que esté seguro de que vuelves a ser capaz de enfrentarte al mundo tú sola.

Aquello silenció cualquier argumento que pudiera hacer en contra. Tenía la convicción de que no tenía una buena opinión de ella. Pero pensaba que era fuerte, a pesar de despreciarla. ¿Se habría comportado de manera despiadada con él? ¿Habría hecho algo fuera de lugar? Aborrecía la infidelidad y no tenía excusa para ello. Al menos, la mujer que había despertado del coma no lo toleraba.

Entonces, la sorprendió aún más.

No me refiero a cuando estabas con Ryoga, sino a antes.

No pensaba preguntarle cómo sabía cómo era antes de Ryoga. De pronto, más sensaciones la asaltaron. Recordó cómo había decidido no ser como su madre, que había dejado una carrera prometedora para dedicarse a los deseos de su padre, y cómo había resuelto no casarse y tener un hijo ella sola cuando su carrera se lo permitiera. Aunque no tenía una perspectiva temporal, sentía que hasta hacía unos meses, había mantenido las mismas convicciones.

Así que, ¿cómo había acabado casada, en el momento crucial de su último año de residencia, y a la vez embarazada? ¿Había amado tanto a Ryoga como para estar ciega? ¿Había sufrido por ello alguna consecuencia, consciente de que las cosas se complicarían, y era ésa la causa por la que lo recordaba con tanto resentimiento? ¿Era por eso por lo que había encontrado la excusa para permitir que sus sentimientos por Ranma afloraran?

No, no podía haber excusa para eso. Pero por extraño que pareciera, no se arrepentía de estar embarazada. De hecho, eso era lo que aliviaba toda aquella situación, la única cosa que le hacía ilusión. Eso y, para su tormento, estar con Ranma. Razón por la cual no podía aceptar su propuesta.

Gracias por tu amable ofrecimiento, Ranma, pero...

Él la interrumpió.

Ni es amable ni es un ofrecimiento. Es imprescindible y ya está decidido.

Aquello era una muestra de autocracia en estado puro. De manera automática, Akane mostró su oposición.

¿Imprescindible o imperativo? ¿Una decisión o una orden?

"Porque pareció más una orden" pensó Akane

Buena pregunta, pero no malgastes tu fuerza. Escoge tú la respuesta.

Es evidente que ya lo he hecho. Da lo mismo como llames a tu ofrecimiento, no puedo aceptarlo.

Quieres decir que no lo harás.

Así es y no insistas en analizar mi negativa.

Parece que lo has olvidado todo acerca de mí Akane. Si recordaras lo más básico, sabrías que cuando tomo una decisión, decirme que no, no es una opción

Akane se quedó mirándolo fijamente, contemplando su sonrisa triunfadora.

Se ve que no recuerdo eso —dijo ella y sonrió— O que se me ha olvidado. Así que estoy en disposición de decir que no. Considéralo una anomalía.

Puedes decir lo que quieras. Soy tu médico y lo que cuenta es lo que digo.

Akane se estremeció al oír aquellas palabras y tuvo que sacudir la cabeza para apartar aquellos estúpidos pensamientos.

Firmaré cualquier documento que necesites para exonerarte. Asumo toda la responsabilidad.

Soy yo el que asume la responsabilidad sobre ti Si recuerdas lo que supone ser cirujano, sabes que para ti, en tu situación, soy el segundo después de Dios. Y no hay nada que puedas hacer contra la voluntad de Dios, ¿verdad?

Creo que te tomas en sentido demasiado literal el sentimiento de divinidad.

Mi posición en tu caso es un hecho indiscutible Estas bajo mi cuidado y así seguirá siendo hasta que esté convencido de que no es necesario. La única opción que te doy es seguir tu evolución en mi casa como invitada o en mi hospital como paciente.

Akane apartó la mirada de sus ojos hipnotizadores. No tenía modo de escapar. Había intentado a la desesperada alejarse de él. No estaba en condiciones de evitar la supervisión médica. ¿Y quién mejor que su propio cirujano para seguir su evolución? Teniendo en cuenta además que era el mejor cirujano que había. Sabía que era cierto. Era el mejor con diferencia. Era un genio. Además, era millonario y había varias técnicas revolucionarias y equipos que habían recibido su nombre.

Pero aunque hubiera estado bien, ¿adónde habría ido si no a su casa? Una casa que recordaba con tristeza. No quería estar con nadie y mucho menos con su madre o su familia. Los recordaba como si fueran los conocidos de otra persona. Los tenía por decepcionantes y distantes. Y su actitud había acentuado aquella impresión. Todo su interés por el accidente y por la muerte de Ryoga se limitaba a un par de llamadas telefónicas. Después de decirles que estaba bien y que no necesitaba nada, parecían haber encontrado la excusa para dejar de preocuparse, si es que alguna vez lo habían hecho, y dedicarse a sus intereses. No recordaba aspectos específicos de su relación con ellos, pero tenía la sensación de que era la gota que colmaba el vaso en una interminable lista de decepciones.

Se giró para mirarlo. Él la estaba observando como si hubiera estado manipulando sus pensamientos para conducirlos hacia la decisión que quería que tomara. No le extrañaría que tuviera poderes mentales. Al fin y al cabo, sería uno más de sus poderes.

Ranma inclinó su atractivo rostro hacia ella.

¿Admites que necesitas de mi supervisión? —preguntó y ella asintió en respuesta—, ¿Y en qué condición? ¿Cómo invitada o como paciente?

¿Ahora quería que escogiera? Había confiado en dejar correr las cosas durante un par de días hasta tomar en consideración las implicaciones de cada posibilidad y decidir lo que era mejor. Al parecer, su mente confusa no había afectado su habilidad para sentirse decepcionada. Sabía cuál era la mejor opción. Debía optar por permanecer en el hospital, donde no podría dejarse llevar por sus alocados pensamientos. Así que debía elegir ser paciente.

Entonces, Akane abrió la boca.

Como si no lo supieras ya.

A punto estuvo de soltar una maldición al oírse decir aquellas palabras. Pero no lo hizo. Se quedó anonadada al verlo tan tranquilo. Había una extraña expresión en su rostro. ¿Se sentía triunfante?

No tenía ni idea. Ya le era suficientemente extenuante comprender sus propios pensamientos y reacciones y no estaba dispuesta a perder energías intentando entender las de él. Tan sólo esperaba que dijera algo más coherente. Eso la sacaría del abismo de estupidez y autodestrucción y haría lo que la razón y la cordura le estaban pidiendo a gritos que hiciera. Tenía que quedarse allí y ser ton sólo su paciente y nada más.

Será un honor tenerte como invitada, Akane —dijo con voz amable a pesar de su expresión arrogante—. Me alegro de que no te hayas inclinado por quedarte aquí. Habría tenido que insistir para que cambiaras de opinión.

Akane se alarmó.

Mira, respecto a...

Rápidamente la cortó.

Mira, construí este hospital para que fuera un centro de aprendizaje. Si te quedas, no habrá manera de que evite que los médicos y estudiantes tengan continuo acceso a ti para estudiar tu intrigante estado neurológico.

Al parecer, no sólo era imposible que alguien le llevara la contraria, sino que nadie podía ganar una discusión con él. Le había dado una razón para salir corriendo del hospital. No estaba dispuesta a dejarse examinar por un puñado de estudiantes y de médicos en prácticas. En la vida que recordaba como si fuera la de otra persona, había sido las dos cosas antes de convertirse en jefa. Sabía que no había nada que pudiera interponerse con la manera de adquirir experiencia, incluyendo la comodidad de los pacientes, su privacidad e incluso, algunos derechos fundamentales.

Siempre consigues lo que quieres, ¿verdad?

No, no siempre.

Aquella mirada atormentada en su rostro la dejó sin aliento. ¿Se estaba refiriendo a ella? ¿Acaso era ella algo que había deseado y no había podido tener?

No. Sabía que lo que ella sentía no era recíproca. Para él, no había habido nada inapropiado. Nunca le había dado razón para creer que el sentimiento era mutuo. Aquella expresión de abatimiento debía deberse al fracaso para salvar a Ryoga. Eso debía de haber sido lo que más había deseado y que no había podido conseguir.

Akane tragó el nudo que se había formado en su garganta antes de hablar.

Creo que dormiré un rato la siesta.

Ranma respiró hondo y asintió.

Sí, es una buena idea.

Empezó a darse la vuelta, pero se detuvo con los ojos fijos en la distancia.

El funeral de Ryoga es esta tarde —dijo sin mirarla.

Ella contuvo la respiración. Por algún motivo, no había pensado en ese detalle.

Tenías que saberlo —añadió él, mirándola con ojos atormentados.

Akane asintió con dificultad.

Gracias por decírmelo.

No me lo agradezcas. No sé si debería haberlo hecho.

¿Por qué? ¿Crees que no puedo soportarlo?

Parece que lo estás soportando todo muy bien, pero me pregunto si esto será la calma previa a la tormenta.

¿Crees que me vendré abajo en algún momento?

Has pasado por muchas cosas. No me extrañaría.

No puedo predecir el futuro. Pero estoy estable. Quiero ir, tengo que hacerlo.

No tienes que hacer nada, Akane. Ryoga no habría querido que pasaras por más sufrimiento.

¿Así que Ryoga sentía algo por ella? ¿De veras quería lo mejor para ella?

Respiró hondo y sacudió la cabeza.

¿No pretenderás convencerme de que no estoy tan bien como parece, verdad?

Le dirigió una mirada penetrante antes de contestar.

Estarás bien si haces todo lo que te diga.

¿Y qué es?

Ahora descansa. Asistirás al funeral en silla de ruedas y te irás cuando te lo diga sin protestar.

Apenas tenía fuerzas y lo único que pudo hacer para asentir fue parpadear. Él se quedó pensativo antes de acercarse hasta ella, tomarla del brazo y guiarla hasta la cama. Akane se sentó y él se inclinó hacia ella. Los latidos de su corazón resonaron por todo su cuerpo cuando él le tomó un pie, después el otro, y le quitó las zapatillas. Luego volvió a enderezarse y la empujó suavemente del hombro. No tuvo que hacer más fuerza ya que ella enseguida se dejó caer sobre el colchón. La ayudó a colocar las piernas y la arropó con las sábanas.

Descansa.

Sin volver la mirada, Ranma se dio media vuelta y atravesó la habitación a toda prisa.

En cuanto la puerta se cerró, Akane se estremeció. ¿Descansar? ¿De veras creía que podía hacerlo antes de asistir al funeral de su esposo fallecido?

Le dolía todo. Sentía lástima por él y de él, se sentía culpable por seguir respirando...

Al menos confiaba en que el funeral, aquella ceremonia de despedida, llenara los vacíos de su mente.

Quizá encontrara respuestas, además de una absolución.

"Eso espero "pensó Akane


Hola mis lectrox que tal, que les pareció el capítulo, espero que les haiga gustado.

Bueno parece que Ranma quiso lo que quería, que Akane no se fuera de su lado veamos que pasa en los siguientes capítulo, y como dije anteriormente se vienen, muchas muchísimas cosas más interesantes, espero que en los comentarios dejen las partes que más le van gustado, de este capítulo sin nada más que decir.

Bay KITTIS.