UNA NUEVA VIDA


DISCLAIMER: Esta historia no me pertenece, es una adaptación para el universo Ranma es pero que les guste y si el libro de la escritora llega a ustedes, cómprenlo vale oro sin nada más que decir me despido.


Una nueva vida © Olivia Gates

Rumiko Takahashi © Ranma

Adaptación © Fandom MLB


ACLARACION: Como, en el anime Ryoga no tiene padres me toco crearme unos, son griegos, no sé pero me encantan los nombres griegos y era necesario ya que íbamos a saber, más sobre El y Ranma sin nada más que decir pueden empezar a leer.

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Capitulo 5

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No pudo descansar. Después de cuatro horas sin parar de dar vueltas en la cama, entró una atractiva morena vestida con un traje negro y Akane se sintió peor que cuando se había despertado del coma. Esbozó una sonrisa de agradecimiento a la mujer e insistió en que no necesitaba ayuda para vestirse. El cabestrillo de fibra de vidrio era muy ligero y podía mover el hombro y el codo lo suficiente como para ponerse la blusa y la chaqueta.

Después de que la mujer se fuera, se quedó de pie mirando la ropa que Ranma le había proporcionado para asistir al funeral por el marido que no recordaba y al que no quería recordar. No necesitaba ayuda para vestirse, pero iba a necesitarla para liberarse del estrés. Lo único que podía hacer era vestirse y salir de aquello cuanto antes.

Al cabo de unos minutos se estaba mirando al espejo en el moderno baño decorado en tonos blancos y grises. Llevaba un traje de lana negro, una blusa blanca y unos zapatos de tacón negros. Todas las prendas parecían hechas a su medida.

Unos golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos acerca del origen de la precisión para dar con su talla. Deseaba correr hacia la puerta, abrirla y acabar con todo aquello cuanto antes. Sin embargo, se acercó lentamente y abrió la puerta. Ranma estaba allí, con una silla de ruedas, en la que se sentó sin decir nada.

En silencio, él empujó la silla por el amplio pasillo hasta el enorme ascensor en el que cabían unas diez camillas con el personal médico correspondiente. Estaba claro que aquel lugar estaba concebido para afrontar urgencias multitudinarias. Miró al frente al llegar al vestíbulo, consciente de que todas las miradas se habían clavado en ella por ser la mujer a la que el gran jefe estaba atendiendo personalmente.

Una vez fuera del centro hospitalario, se estremeció al sentir el frío de los últimos días del mes de febrero en el rostro y en las piernas. Ranma se detuvo ante un impecable Mercedes negro y le puso el cálido abrigo de cachemir que llevaba en el brazo sobre los hombros al ayudarla a sentarse en el asiento trasero coche. Al cabo de unos instantes, él también se metió en el coche y le hizo una señal al chófer para que se pusiera en marcha. Los paisajes cambiantes de la ventanilla fueron la única prueba de que estaban avanzando por las calles desiertas. Las bonitas vistas que pasaban ante ella a toda velocidad no consiguieron entretenerla. Tan sólo podía pensar en él, en la seriedad de su perfil y en la tensión contenida que transmitía su cuerpo.

Akane no pudo soportarlo más.

Lo siento.

Ranma se giró hacia ella.

¿De qué estás hablando?

El gesto grave de sus ojos y boca hizo que se quedara pensativa unos segundos antes de hablar.

Me refiero a Ryoga —dijo y al observar la llama de sus ojos azules a punto estuvo de callarse, pero continuó—. A que le hayas perdido. No lo recuerdo a él ni a nuestra relación, pero tú no tienes esa suerte. Has perdido a tu mejor amigo mientras lo operabas y tratabas de salvarle la vida...

Observó cómo los músculos de su mandíbula se tensaban, como si tratara de ocultar la emoción que lo embargaba para que nadie más pudiera darse cuenta de lo que sentía.

Te refieres a fracasar al intentar salvarlo.

Aquel comentario la golpeó como si fuera el filo de una espada sobre su cuello. A punto estuvo de dejarse llevar por su angustia. Pero la necesidad de consolarlo le dio fuerzas para continuar.

No fracasaste. No había nada que pudieras hacer. No te molestes en contradecirme o en encontrar la manera de sobrellevar una culpa que no es tal. Todo el mundo sabía que no había nada que pudiera hacerse por él.

Los ojos de Ranma volvieron a brillar, arrastrándola con la fuerza de su frustración.

¿Y se supone que eso va a hacerme sentir mejor? ¿Y si no quiero sentirme mejor?

La culpabilidad sin fundamento no hace bien a nadie y menos aún a aquéllos por los que nos sentimos culpables.

Qué razonable puedes llegar a ser cuando lo razonable no sirve para nada.

Pensé que eras de la opinión de que la lógica servía para cualquier cosa.

No en este caso. Y lo que siento no me hace daño. Me siento fuerte como un toro.

¿Así que estás ignorando el dolor emocional y psicológico? Sé que como cirujanos, nuestra máxima preocupación es el dolor físico, cosas que podemos arreglar con nuestros bisturís, pero...

Pero nada. Estoy entero y fuerte. Ryoga está muerto.

¡Pero no por tu culpa! —Exclamó sin poder soportar cómo intentaba sobreponerse al dolor y la culpa de aquella manera—. Quiero que quede claro. Sé que eso no hace que su pérdida sea menos traumática. Lo siento mucho por todo el mundo: por ti, por Ryoga, por sus padres, por el bebé.

¿Y por ti no?

No.

Aquella palabra quedó colgando en el aire, cargada de más expresividad de la que unas meras palabras podían transmitir.

Tras veinte minutos de silencio, su corazón dio un vuelco al comprobar que estaba entrando en un aeropuerto privado. Con cada metro que avanzaban, los tentáculos del miedo se estrechaban alrededor de su garganta, hasta que el coche se detuvo a escasos metros de la escalerilla de un Boeing 737.

Inconscientemente, alargó la mano hacia lo único que era inquebrantable en su mundo: Ranma. Él la rodeó con su brazo a la vez que ella buscaba su apoyo, mientras los recuerdos asaltaban su cabeza como si de un humo denso se tratara.

Aquí es donde abordamos el avión.

Él se quedó mirándola fijamente por unos instantes antes de cerrar los ojos.

Lo siento, Akane, lo siento mucho. No he considerado lo que podía suponer para ti estar aquí, donde empezó tu terrible experiencia.

Ella respiró hondo y sacudió la cabeza.

Probablemente, lo más acertado haya sido traerme aquí. Quizá consiga recuperar todos mis recuerdos a la vez. Prefiero eso a ir poco a poco.

No estoy a favor de las terapias de choque. Estamos aquí para el funeral de Ryoga —dijo él—. No se trata de un funeral tradicional. He hecho venir a los padres de Ryoga desde Estados Unidos para que se lleven el cuerpo a casa.

Akane estaba tratando de asimilar todo aquello: el cuerpo de Ryoga allí, en aquel coche fúnebre. No se acordaba de sus padres. Tenían que estar dentro del avión, que debía de ser de Ranma. Saldrían y entonces los vería. Y en vez de encontrarse a una desconsolada viuda a la que reconfortar, se encontrarían con una extraña impedida incapaz de compartir su dolor.

Ranma...

El ruego para que se la llevara de allí se quedó atrapado en su garganta. Se había equivocado: no podía soportar aquello. Ranma apartó la cabeza. Un hombre y una mujer de unos sesenta años aparecieron en la puerta del avión. Abrió la puerta y se giró hacia ella.

Quédate aquí.

Se sintió afligida. Era demasiado débil. Él se había dado cuenta de que su miedo para enfrentarse a sus suegros, la tenía paralizada. No podía dejarlo solo. Aquellos padres se merecían más. Les debía todo lo que pudiera hacer para aliviar su pesar.

No, voy contigo. Y sin silla de ruedas, por favor. No quiero que piensen que me encuentro peor de lo que estoy.

Él apretó los labios y luego asintió antes de salir del coche. Al cabo de unos instantes, estaba junto a ella ayudándola a salir.

¿Cómo se llaman? —preguntó Akane.

Ranma abrió los ojos sorprendido de nuevo ante la laguna de su memoria.

Son Hera y Artemis Hibiki.

Los nombres le sonaban algo, pero estaba segura de que hacía poco que los conocía y, por tanto, no los conocía bien. La pareja comenzó a descender mientras Ranma y ella salían a su encuentro. A cada paso, sus rostros se hacían más nítidos, trayéndole más recuerdos sobre el aspecto de Ryoga. Su suegro tenía el mismo aspecto físico y el mismo cabello denso que Ryoga, sólo que el suyo era gris y el de su difunto marido castaño. Además, Ryoga tenía los mismos ojos Marrón que su madre.

Akane se detuvo a escasos pasos, mientras que Ranma continuó avanzando, abrió los brazos y el hombre y la mujer se abrazaron a él. La escena de los tres unidos hizo que se le encogiera el corazón. Le dolía todo. Sentía como si le estuvieran arrancando la piel a tiras. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

El modo en que los abrazaba, el modo en que buscaban su consuelo... Se le veía completamente entregado al dolor de aquellos padres, sacando fuerzas de...

Justo cuando estaba a punto de no poder soportarlo más, el trío se disolvió y se giró hacia ella. Luego, Hera acortó la distancia que las separaba. Se fundió en un abrazo con Akane, poniendo cuidado para no rozar su brazo en cabestrillo.

No sabes lo preocupados que estábamos por ti. Verte tan bien es la respuesta a nuestras oraciones.

¿Tan bien? Parecía una frase ensayada mil veces ante un espejo.

Por eso hemos tardado tanto en venir —continuó—, Ranma no podía ocuparse de esto, de nada, hasta que estuvieras fuera de peligro.

No debería haberse molestado. Imagino cómo ha debido sentirse, teniendo que preparar todo esto.

Hera sacudió la cabeza y la tristeza de sus ojos se intensificó.

Ya no había nada que pudiéramos hacer por Ryoga y el haber venido antes no hubiera servido de nada. Eras tú la que necesitaba toda la atención de Ranma para que pudiera curarte.

Y lo ha hecho. Y aunque todo el mundo dice que es fantástico con sus pacientes, estoy segura de que ha ido más allá. Todo por ser la esposa de Ryoga. Es evidente que es un buen amigo de toda la familia.

La mujer la miró extrañada como si acabara de decir que Ranma era un reptil.

Pero Ranma no es sólo un amigo de la familia. Es nuestro hijo. Es el hermano de Ryoga.

Akane sintió como si llevara siglos con la mirada clavada en Nodoka. Sus palabras aún resonaban en su cabeza.

¡Así que Ranma no era el mejor amigo de Ryoga sino su hermano!

¿No lo sabías? —Preguntó Hera sorprendida—, ¡Pero qué estoy preguntando! Ranma nos contó acerca de tu pérdida de memoria. Se te ha olvidado.

Aquello era un descubrimiento nuevo. Las preguntas empezaron a dar vueltas en su cabeza y se sintió aturdida. Antes de que pudiera empezar a formularlas, Ranma y Artemis se acercaron hasta ellas. Ranma se mantuvo apartado mientras Artemis saludaba a Akane.

Estamos obligando a Akane a permanecer demasiado tiempo de pie —dijo Ranma dirigiéndose a la pareja que supuestamente eran sus padres—, Hera, ¿por qué no la acompañas al coche mientras Artemis y yo nos ocupamos de todo?

¿Hera? ¿Artemis? ¿No los llamaba papá y mamá?

Habría insistido en quedarse allí si no hubiera estado deseando quedarse a solas con Hera para averiguar más. Tan pronto como se acomodaron en el coche, Akane se giró hacia Hera. Y todas las preguntas se apelotonaron en su cabeza.

¿Qué preguntaría? ¿Y cómo hacerlo? Aquella mujer estaba allí para recoger el cuerpo de su hijo muerto. ¿Qué pensaría si la viuda de su hijo no mostraba ningún interés en hablar de él sino en el hombre que había resultado ser su hermano?

Permaneció allí sentada, sintiendo una pena más amarga que la que había sentido desde que se despertara en aquella nueva vida. El chófer de Ranma les ofreció unas bebidas. Repitió lo mismo que había pedido Hera y, de manera mecánica, comenzó a dar sorbos a su té de menta a la vez que lo hacía Hera.

De pronto, la mujer comenzó a hablar. La tristeza que reflejaba su rostro se mezcló con otros sentimientos de amor y orgullo.

Ranma tenía seis años y vivía en una comunidad hispana al sur de California cuando su madre murió en un accidente. Entonces, el Estado se hizo con su custodia. Dos años más tarde, cuando Ryoga tenía seis años también, decidimos darle un hermano, pero descubrimos que no podíamos tener más hijos.

Así que eso era: Ranma era adoptado.

Hera continuó.

Mientras buscábamos, llevábamos a Ryoga con nosotros, ya que nuestro único criterio era que el niño que adoptáramos, se llevara bien con él Ryoga chocaba con todos los niños que pensábamos que encajarían en nuestra familia. Entonces, nos sugirieron a Ranma. Nos dijeron que era todo lo contrario que Ryoga: responsable, educado, despierto y brillante. Pero nos habían hablado tan bien de todos los niños anteriores, que habíamos perdido la esperanza de que algún niño congeniara con Ryoga. Entonces, apareció Ranma. Después de presentarse con el poco inglés que hablaba, nos preguntó por qué estábamos buscando otro niño y nos pidió que lo dejáramos a solas con Ryoga. Sin que ninguno de los niños lo supiera, nos llevaron a una habitación desde la que se les podía ver. Ryoga estuvo muy desagradable con Ranma, insultándolo y riéndose de su acento y de su situación. Nos sorprendimos de que supiera aquellas palabrotas y nos sentimos muy mal. Artemis pensó que se sentía amenazado por Ranma, como le había pasado con todos los niños que había conocido anteriormente. Le dije que fuera cual fuese la razón, no podía dejar que Ryoga abusara de aquel pobre niño, que nos habíamos equivocado y que Ryoga no necesitaba un hermano hasta que no superara su mal carácter. Pero de pronto, me dijo que me callara y mirara. Y así lo hice.

Hera permaneció unos segundos con la mirada perdida, antes de continuar su relato.

Hasta el momento, Ranma no había mostrado ninguna reacción. Para entonces, otros niños ya habían arremetido contra él, física y verbalmente. Pero él había permanecido sentado, mirándolo contemplativamente. Luego, se puso de pie y, con calma, se acercó a nuestro hijo. Ryoga siguió en sus trece, pero al ver que Ranma no mostraba la misma reacción que los demás, se sintió intrigado. Todos contuvimos la respiración al ver que Ranma se llevaba la mano al bolsillo. Mi cabeza se imaginó lo peor. Alarmado, Artemis también se levantó, pero el director del centro nos dijo que mantuviéramos la calma. Entonces, sacó una mariposa. Estaba hecha de cartón, gomas y alambres y pintada a mano. La lanzó al aire y la hizo volar. Y de repente, Ryoga volvió a ser un niño, riendo y saltando detrás de la mariposa como si fuera de verdad. Entonces supimos que Ranma se había ganado a Ryoga y que la búsqueda de nuestro nuevo hijo había terminado. Estaba temblando cuando le preguntamos a Ranma si quería venir a vivir con nosotros. Se quedó sorprendido. Nos dijo que nadie quería niños mayores. Lo convencimos de que queríamos tenerlo con nosotros, pero que nos conociera antes. Él insistió en que era a él a quién debíamos conocer. Luego se dio la vuelta y estrechó la mano de Ryoga a la vez que le prometía que le enseñaría a hacer juguetes.

Las imágenes que Hera había descrito eran sobrecogedoras. Se imaginaba a Ranma en aquella situación de adversidad, en un mundo en el que no tenía a nadie y decidido a mostrar su valía para ganarse el respeto de los demás.

¿Y le enseñó?

Hera suspiró.

Lo intentó. Pero Ryoga era muy impaciente y nunca le dedicaba el tiempo suficiente a las cosas para disfrutar de ellas. Ranma nunca dejó de animarlo para que experimentara el placer de conseguir logros. Lo quisimos con todo nuestro corazón desde el primer día y lo quisimos aún más por lo mucho que se esforzó.

¿Así que no funcionó el plan de darle un hermano a Ryoga?

Por supuesto que sí. Ranma le riño muy bien a Ryoga para superar su angustia y su mal carácter. Se convirtió en el hermano mayor al que Ryoga imitaba en todo. Así es como Ryoga acabó estudiando medicina.

Entonces, debió de superar su impaciencia. Hace falta mucha perseverancia para convertirse en médico.

No recuerdas nada de él, ¿verdad?

¿Qué significaba eso? Antes de poder contestar, Hera suspiró y siguió hablando.

Ryoga era brillante, podía hacer lo que se le metiera en la cabeza. Pero sólo Ranma sabía cómo motivarlo, cómo mantenerlo a raya. Cuando Ranma cumplió dieciocho años, se fue a vivir solo.

¿Por qué? ¿No era feliz con ustedes?

Nos explicó que su deseo de independizarse no tenía nada que ver con su amor hacia nosotros. Nos confesó que siempre había querido buscar sus raíces.

¿Y pensaron que tan sólo estaba tranquilizándoles?

Los dulces rasgos de Hera, que aún seguían mostrando la belleza que había sido, transmitían la ansiedad que en aquellos momentos sentía.

Intentamos ayudarlo a buscar a su familia biológica, pero su método resultó ser más efectivo y supo dónde buscar. Tres años más tarde, dio con la familia de su madre y sus abuelos se alegraron mucho y lo acogieron en su gran familia con los brazos abiertos.

A Akane no se le ocurría ningún motivo para que no fuera así.

¿Averiguó quién era su padre?

Sus abuelos no lo sabían. Habían tenido un fuerte enfrentamiento con su madre cuando se quedó embarazada y no les reveló la identidad del padre. Se fue de casa diciendo que nunca volvería a aquel mundo tan estrecho de miras. Una vez se les pasó el disgusto, la buscaron por todos los sitios y confiaron en que volviera a casa. Pero no volvieron a saber de ella. Cuando se enteraron de que había muerto hacía tanto tiempo, se quedaron devastados, pero se alegraron mucho de que Ranma o los hubiese encontrado.

¿Y fue entonces cuando se cambió de apellido y tomó el de ellos?

No, nunca llevó nuestro apellido, siempre llevó el de su madre. Tuvimos que pasar muchos obstáculos para adoptarlo y cuando se dio cuenta de nuestros esfuerzos, nos dijo que dejáramos de intentarlo, que sabía que lo considerábamos nuestro hijo y que no necesitábamos probárselo. En aquel momento tenía once años. Después de encontrar a su familia, siguió insistiendo en que nosotros éramos su verdadera familia, ya que lo que nos unían eran los lazos del amor y no los de la sangre. No se cambió los apellidos legalmente hasta que estuvo seguro de que comprendíamos que encajaba mejor con su personalidad el llevar sus apellidos catalanes.

Y aun así, ustedes seguían pensando que había salido de sus vidas.

Hera dejó escapar una sentida exhalación.

El día que nos dijo que iba a mudarse a vivir a España tan pronto como acabara sus prácticas como médico, fue el peor día de mi vida. Pensé que mis peores temores, se habían vuelto realidad.

Le sorprendió a Akane que Hera no dijera que el peor día de su vida había sido el de la muerte de Ryoga. Pero estaba demasiado absorbida por la historia como para dejarse llevar por aquel pensamiento.

Pero no lo perdieron.

No debí haberme preocupado, no con Ranma. Debería haber sabido que nunca nos abandonaría ni nos apartaría de su lado. Nunca dejó de estar pendiente de nosotros, incluso más que Ryoga, que vivía bajo nuestro mismo techo. A Ryoga nunca se le dio bien expresar sus sentimientos y lo hacía a través de cosas materiales. Probablemente fue por eso que... que...

Hera se detuvo y apartó la mirada.

¿Que qué? —preguntó Akane, tratando de no sonar excesivamente curiosa.

Intuía que estaban llegando a un punto importante de la historia. A punto estuvo de suspirar frustrada cuando comprobó que Hera ignoraba su pregunta y volvía al tema original.

Ranma siguió cosechando éxitos y siempre se aseguró de que estuviéramos a su lado para compartir su alegría con él. Incluso cuando se mudó a vivir aquí, nunca permitió que sintiéramos que estaba lejos. Siempre estaba insistiendo en que nos mudáramos aquí para empezar unos proyectos con los que llevábamos años soñando. Nos ofreció todo lo que necesitáramos para establecernos aquí. Sin embargo Ryoga dijo que España estaba bien para las vacaciones, pero que él era neoyorquino y que nunca podría vivir en ningún otro lugar. Aunque fue una decisión difícil, al final nos quedamos en Estados Unidos. Pero pasamos largas temporadas con Ranma y él viene a vernos siempre que puede.

Y ella debía de haberlo conocido en uno de aquellos viajes. Estaba convencida. Al igual que lo estaba de que aquella historia no había sido relatada antes a nadie. Estaba segura de que nadie le había dicho que Ranma era el hermano adoptivo de Ryoga. Ni siquiera los propios interesados se lo habían contado.

¿Por qué ambos habían silenciado aquel detalle?

Hera tomó su mano ilesa.

Lo siento, querida. No debería haber hablado tanto.

Lo más extraño de todo era que Hera había hablado más del hijo que había encontrado treinta años atrás que del hijo que había perdido.

Me alegro de que lo haya hecho. Necesito saber cualquier cosa que me ayude a recordar.

¿Ha servido para algo? ¿Has recordado algo?

No era una simple pregunta acerca de su estado neurológico. Hera quería saber algo que parecía tener que ver con lo que había empezado a contarle sobre Ryoga, pero que luego había dejado correr, como si se sintiera avergonzada.

Alguna cosa puntual —respondió Akane con cautela.

No sabía cómo volver al tema de conversación que sabía la ayudaría a averiguar lo que sentía acerca de Ryoga y Ranma. Hera se giró hacia el otro lado.

Mira, ya vuelven.

Akane siguió la mirada de Hera y no pudo dejar de sentir un nudo de frustración. Luego, vio a Ranma acercándose, avanzando con firmes y amplios pasos, y aquella visión le robó todo pensamiento.

De pronto, un puñado de imágenes se sobrepuso a aquélla. Se acordó de cuando Ryoga y ella salían con Ranma y una mujer diferente cada vez, a las que trataba con gran desinterés, en consonancia con su reputación de seductor. Algo más surgió en su mente, como si una imagen desenfocada se volviera nítida: recordó cómo Ryoga se volvía exasperante cuando estaba con Ranma.

Si aquellos recuerdos eran ciertos, contradecían todo lo que Hera le había dicho, todo lo que intuía acerca de Ranma. Lo mostraba como imprevisible e inconstante, como alguien incapaz de producir un efecto estabilizante en Ryoga ¿Podía haber dejado pasar por alto aquel detalle influida por su carisma? ¿O había sido su atractivo, el desafío de su indisponibilidad, la ambición de ser quien domesticara al lobo? ¿Podía haber sido tan perversa y estúpida?

¿Estás lista, Hera?

Akane se sobresaltó al oír la voz de barítono de Ranma. Con un nudo en el estómago por todas aquellas conjeturas, observó cómo ayudaba a Hera a salir del coche. Luego, se inclinó hacia ella.

Quédate aquí —dijo y al ver que abría la boca para decir algo, rápidamente añadió—. Sin protestas, ¿recuerdas?

Quiero hacer lo mismo que vais a hacer todos —murmuró.

Ya has tenido suficiente. No debería haber dejado que vinieras.

Estoy bien. Por favor.

Aquella agresividad volvió a aparecer en sus ojos. Luego, asintió y la ayudó a salir del coche. No sólo quería estar allí con aquellas personas con las que sentía que tenía una intensa vinculación. También quería tener la oportunidad de seguir hablando con Hera antes de que Artemis y ella volvieran a tomar el avión de vuelta.

Akane e observó a Ranma dirigirse junto a Artemis hacia el coche fúnebre, en donde otros cuatro hombres aguardaban. Uno de ellos era Tatewaki Kuno, su cirujano ortopédico y el mejor amigo de Ranma, además de su socio.

Ranma y Tatewaki intercambiaron una mirada significativa antes de abrir la puerta trasera del coche fúnebre y sacar el ataúd. Los otros tres hombres los ayudaron y lo llevaron hasta la bodega del avión. Akane permaneció paralizada junto a Hera, observando el cortejo fúnebre, con los ojos clavados en los rostros de Ranma y Artemis. Ambos tenían la misma expresión, al igual que Hera. Había algo más detrás de aquellos gestos.

Su cabeza daba vueltas con las suposiciones y todo pareció transcurrir a toda prisa hasta que el ritual acabó. Artemis regresó junto con Ranma, y él y Hera se despidieron de Akane. Luego, los Habiki embarcaron y Ranma acompañó a Akane hasta la Merced.

Acababan de salir del aeródromo cuando escucharon el rugido de los motores al despegar el avión. Akane se giró para verlo pasar sobre sus cabezas, mientras el ruido disminuía y su tamaño menguaba.

Entonces, comprendió aquellas expresiones. Era la resignación que mostraban las familias de los pacientes que morían después de una larga enfermedad terminal. En el caso de Ryoga, su muerte repentina no había tenido nada que ver.

Algo más se le hizo evidente. Se giró hacia Ranma, que miraba por la ventanilla. Odiaba tener que importunar en su dolor, pero tenía que encontrar algún sentido a todo aquello.

Ranma, lo siento, pero...

Él se giró hacia ella. Sus ojos recibían los rayos penetrantes del parabrisas trasero.

No vuelvas a decir que lo sientes, Akane.

Sólo iba a disculparme por interrumpir tus pensamientos. Necesito preguntarte algo. No han preguntado sobre mi embarazo.

Aquello pareció sorprenderlo, pero permaneció impasible.

Ryoga no se lo contó.

No había pensado en aquella posibilidad. De nuevo, otro giro.

¿Por qué? Entiendo que no quisiera contarles de nuestra intención de tener un bebé empleando una técnica artificial de reproducción, por si acaso las cosas no salían bien. Pero una vez que todo fue bien, ¿por qué no contarles la buena nueva?

Por el modo de encoger los hombros, supo de su incapacidad para comprender los motivos de Ryoga. Parecía incómodo con aquella conversación.

Akane no podía desaprovechar la oportunidad, así que insistió.

¿Por qué no se lo has contado?

Porque es a ti a la que le corresponde decidir si se lo cuenta o no.

Son los abuelos de mi hijo, así que claro que quiero que lo sepan. Si hubiera sabido que no tenían ni idea, se lo habría contado. El saber que queda algo de su hijo, les dará cierto consuelo.

Me alegro de que no hayas sacado el tema. No estás en condiciones de enfrentarte a una situación tan emotiva como es dar una información de ese calibre. Y en vez de proporcionarles el consuelo que crees, en este momento, la noticia sólo incrementará su dolor contenido.

No le había dado la impresión de que estuvieran padeciendo aquella clase de dolor. Pero, ¿Qué sabía? Sus impresiones podían ser tan confusas como sus recuerdos.

Probablemente tengas razón —dijo ella—. Se lo diré cuando esté del todo bien y esté segura de que el embarazo va bien.

Él bajó la mirada.

Claro —susurró.

Extrañada, lo miró. Detrás de todo aquello, había un misterio oculto que no era capaz de desentrañar.

¿Podemos irnos a casa, por favor? —le suplicó.


Hola mis lectrox que tal, que les pareció el capítulo a mí me encanto hacer este capítulo de esta adaptación.

Bueno, Tuve que crearme unos personajes, distintos a los de Ranma. Ryoga no tiene padres en el anime así que era necesario hacerlo, espero que no les moleste, los verdaderos padres de Ranma murieron según yo en mi imaginación, espero que les guste y no quieran golpearme por tanto drama, me pueden decir en los comentarios que parte les impacto y cual les gusto y cual no acepto todo. Y gracias q todas esas personitas hermosas que, comentan.

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Iselaglezcam: Me gusta tu historia a pesar de ser un universo alterno (UA) tienen su temperamento y esencia sale su orgullo y temple veremos que sigue está interesante y me atrapo felicidades saludos desde Hermosillo Sonora.

Hola gracias, por comentar y saludos desde Ecuador, Esmeraldas.


Arianne luna

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Gracias.


Guest

Me gustó mucho que Ranma se salió con la suya y tener a Akane como invitada en su casa. Súper interesante.

JAJAJA Es verdad, logro lo que quería que Akane se quede con él.


D-Infinity

Parece que Akane estaba por lastima casada con Ryoga fingiendo una vida que ella forzó y por eso reprime tanto el amor que no quiso aceptar por Ranma ya que era el mejor amigo de su novio y Ranma como amigo de Ryoga intento mantener una vida sin la mujer que ama porque estaba con su mejor amigo y esto me lleva a pensar que Ryoga le pidió a su mejor amigo que diera la semilla para su hijo por él se dio cuenta que no podía producir semillas sin que akane se diera cuenta. Es lo que podría ser en la historia también está que akane si se acostó con Ranma para tener un hijo sin que Ryoga se diera cuenta y Ranma con la culpa de defraudar a su mejor amigo guardo el secreto. Ambas teorías tienen potencial sin más bay.

Me encanta tu teorías, son casi lo que pasa pero te vas a sorprender con el capítulo, me dices en los comentarios que te pareció.