UNA NUEVA VIDA


DISCLAIMER: Esta historia no me pertenece, es una adaptación para el universo Ranma es pero que les guste y si el libro de la escritora llega a ustedes, cómprenlo vale oro sin nada más que decir me despido.


Una nueva vida © Olivia Gates

Rumiko Takahashi © Ranma

Adaptación © Fandom MLB


Hola mis lectrox, perdón por demorar tanto, en subir el capítulo estaba muy ocupada pero aquí está el capítulo siguiente pueden empezar a leer.


CAPITULO 6


La llevó a casa, a su casa. Condujeron desde el aeropuerto al centro de Barcelona y desde allí, tardaron una hora en llegar. Para entonces, el sol ya se estaba poniendo, bañando con su cálida luz la belleza de los paisajes de Cataluña. Atravesaron unas puertas metálicas automáticas y continuaron avanzando por un camino. La belleza que los rodeaba era impresionante.

Akane se giró para mirarlo. Había hablado lo justo, permaneciendo la mayor parte del camino en silencio. Ella también había permanecido callada, luchando contra las contradicciones de lo que le decía su corazón y de lo que recordaba. Deseaba poder preguntarle para disipar todas aquellas dudas.

Pero cuanto más pensaba en todo lo que Ranma había dicho y hecho, en todo lo que otras personas le habían contado en los últimos días, más sentido tenía la conclusión a la que había llegado: sus recuerdos debían de ser falsos.

Ranma la miró.

Bienvenida a Villa Candelaria, Akane —dijo después de unos segundos.

Gracias —dijo conteniendo sus emociones—, ¿Cuándo compraste este lugar?

Lo cierto es que lo mandé construir. Le puse el nombre de mi madre.

El nudo se le hizo más intenso cuando unas imágenes tomaron forma en su cabeza. Pensó en él como en el huérfano que nunca había olvidado a su madre y que había decidido construir aquel sitio y ponerle su nombre para que su recuerdo continuara siempre vivo y... Si no paraba de pensar en aquellas cosas, en cualquier momento rompería a llorar.

Este sitio parece enorme. No me refiero sólo a la casa, sino al terreno también.

La construcción tiene casi tres mil metros cuadrados y el terreno más de ocho hectáreas. Y tiene un kilómetro y medio de costa. Antes de que pienses que estoy loco por construir un sitio tan grande para mí solo, déjame que te diga que lo construí con la esperanza de que se convirtiera en el hogar de muchas familias. Quería que cada una tuviera su espacio para que pudieran llevar a cabo los proyectos que quisieran. Aunque al final, no pudo ser.

Su rostro se ensombreció y Akane sintió intriga. Al parecer, deseaba rodearse de familia, pero sus sueños se habían desbaratado. ¿Acaso sufría la misma soledad que ella sentía?

Elegí este sitio por casualidad. Estaba paseando en coche un día cuando vi la cresta de una montaña asomar sobre este brazo de mar —dijo y Akane miró hacia donde le señalaba— El paisaje me fascinó y me imaginé una villa en mitad de esa zona rocosa, como si fuera parte de ella.

Ella hizo lo contrario, imaginándose aquella vista sin la magnífica villa que ahora se levantaba allí, como si formara parte de aquella intrínseca estructura.

Siempre me imaginé el Mediterráneo con playas de arena.

No en esta zona del noroeste de la Península Ibérica. Esta zona es característica por ser escarpada.

El coche se detuvo frente a unos amplios escalones de piedra de unos diez metros, en mitad de una de las mesetas que rodeaban la villa. Al instante, Ranma la estaba ayudando a salir e insistió en que se sentara en la silla de ruedas que apenas había usado. Ella accedió y mientras la empujaba por la suave pendiente, se preguntó si habría sido usada por otros miembros de la familia o incluso por Ryoga, teniendo en cuenta su estado.

Apartó aquel interrogante de su cabeza y se concentró en el esplendor que rodeaba la villa. Por un lado, miraba hacia la magnífica extensión de viñedos y jardines, con el valle y las montañas a lo lejos, y por el otro, hacia el mar y la costa.

El patio daba a la parte más alta, una enorme terraza ajardinada iluminada con luces doradas que surgían por todas partes como si fueran flores. Entraron dentro y Akane fue contemplando el interior mientras la llevaba hacia las habitaciones que le había asignado.

Todo parecía haber sido elegido por su singularidad y comodidad, por su sencillez y grandiosidad, mezclando las formas de los espacios con cálidos tonos de pintura, techos altos y mobiliario en sintonía con la casa. Había puertas correderas y pilares coloniales que parecían emerger de los suelos de madera, acentuados por el mármol y el granito. Podía pasar semanas disfrutando de cada uno de los detalles. Aquél era un lugar pensando por un hombre que deseaba tener cerca a su familia para sentirse en su hogar desde el momento en que pusiera un pie allí.

Ranma abrió la puerta, empujó la silla dentro de la habitación y la ayudó a levantarse. Una vez de pie, él apartó la silla de ruedas a un lado y tiró de dos enormes maletas que debían de haber sido transportadas hasta allí a la vez que ellos. Una la dejó en el suelo y la otra sobre un banco que estaba a la entrada de un gran vestidor.

Akane se había quedado allí de pie, cautivada.

Él volvió a su lado y la tomó de la mano.

Te prometo que te enseñaré la casa. Pero luego, más tarde. Ahora descansa. Son órdenes del médico.

Y con ésas, apretó suavemente su mano antes de darse media vuelta y marcharse.

En cuanto la puerta se cerró, dejó escapar una exhalación.

Se mordió el labio. Unas horas antes, había entregado el cuerpo de su marido a sus padres, pero lo único en lo que podía pensar era en Ranma. Se sentía culpable hacia Ryoga. Se sentía triste porque sabía que era la misma tristeza que sentiría ante la muerte de cualquier otra persona.

¿Qué le pasaba? ¿Qué les habría pasado a Ryoga y ella? ¿O es que acaso la lesión de su cabeza era peor de lo que había imaginado?

Dejó escapar otra exhalación, vaciando sus pulmones. Todo lo que tenía que hacer era impedir que todos aquéllos que habían querido a Ryoga supieran lo poco que su muerte le había afectado. ¿Qué importaba lo que sintiera en el fondo de su corazón y de su cabeza si así evitaba hacer daño a los demás? No podía cambiar lo que sentía, así que debía dejar de sentirse mal. No servía para nada ni le hacía ningún bien a nadie.

Con aquel razonamiento, sintió que el peso de su corazón se había aligerado y el aire inundó sus pulmones. La espaciosa habitación era una muestra de las últimas tendencias en decoración. Tenía las paredes pintadas en azul y verde, los techos en color marfil y el mobiliario de madera de caoba oscura. La estancia estaba iluminada por varias lámparas doradas. Las puertas correderas estaban abiertas y las cortinas se agitaban por la suave brisa marina, trayendo olores frescos y salinos. Akane dejó escapar un suspiro para aliviar la tensión y se apartó de la puerta.

Luego, atravesó la habitación y se fue hacia las maletas. Aquélla era otra muestra más del cuidado exclusivo que le prodigaba Ranma. Estaba segura de que nunca había tenido cosas tan exquisitas y se preguntó qué habría dentro de ellas. Viendo la ropa que llevaba, no tenía ninguna duda de que estarían llenas de ropa de marca, de su talla y de su gusto. Trató de mover la que estaba en el suelo, pero fue incapaz de hacer girar las ruedas. A continuación sintió unos fuertes latidos en su cabeza.

Pero, ¿qué le había comprado? ¿Armaduras de acero en diferentes colores? Había visto a Ranma manejar con ligereza ambas maletas a la vez, así que volvió a tirar de ellas.

¡Quieta!

Se giró al oír aquella orden, sobresaltada. Una mujer robusta de unos veinte tres años, inequívocamente española, acababa de aparecer en la habitación y se había alarmado al verla intentar levantar la maleta.

Ranma me advirtió de que me lo pondría difícil.

Akane parpadeó sorprendida cuando la mujer le quitó el asa de la maleta y la colocó sobre la cama. Ella también la manejaba con ligereza. La mujer la rodeó, derrochando vitalidad y energía con cada uno de sus movimientos.

Me dijo que me causaría problemas y por el modo en que parecía estar intentado abrirse la herida de la operación, creo que estaba en lo cierto. Como siempre.

Así que no era ella sólo la que pensaba que Ranma era prácticamente infalible. Apretó los labios al intentar controlar la intensidad de la ira que se estaba acumulando en ella.

No tengo ninguna herida que pueda abrirse, gracias a las técnicas revolucionarias que emplea Ranma.

Tiene cosas ahí... —dijo la mujer señalando la cabeza de Akane —, que podrían romperse, ¿no? Lo que se rompió antes, podría volver a romperse.

Tenía que reconocer que tenía razón, ahora que el dolor empezaba a remitir. Probablemente, al intentar levantar la maleta, había incrementado su presión intracraneal. Al encogerse de hombros, recordó lo que Ranma le había contado. Había estado ocupada observando sus labios pronunciando cada sílaba y apenas había reparado en sus palabras.

Ranma le había dicho que Shampoo, la prima que vivía allí con su marido y sus tres hijos y que se ocupaba del mantenimiento de la casa, iría a verla enseguida para asegurarse de que no le faltara nada y de que cumpliera sus órdenes. Entonces, se había limitado a asentir, perdida en su mirada. Ahora, caía en la cuenta de lo que le había dicho. Al parecer, no confiaba en que siguiera sus instrucciones, así que había asignado un ayudante para asegurarse de que fueran cumplidas. Y desde luego que había elegido muy bien al guardián.

Con una sonrisa en los labios, Ranma extendió la mano.

Tú debes de ser Shampoo. Ranma me dijo que vendrías.

Consuelo estrechó su mano y tiró de ella para darle un beso en cada mejilla. Akane no supo qué la sorprendió más, si aquel saludo afectuoso o que Shampoo volviera a mostrar su desaprobación. La mujer se cruzó de brazos sobre el abundante pecho que evidenciaba su vestido de flores.

Parece que Ranma no se ha explicado bien, así que te lo aclararé. Llegas magullada y dolorida y no te dejaré hasta que estés en perfecto estado. Me aseguraré de que sigas las instrucciones de Ranma. No soy tan blanda y benévola como él.

¿Blanda y benévola? —repitió Akane incrédula, luego rio—. No sabía que hubiera dos Ranma. Él que yo he conocido es intratable e inexorable.

Shampoo chasqueó la lengua.

Si crees que Ranma es intratable e inexorable, espera que pases veinticuatro horas a mi lado.

Los primeros veinticuatro segundos han sido suficientes.

Shampoo le dirigió una mirada asesina con sus ojos color carmesí.

Conozco a las de tu clase. Una mujer que quiere hacerlo todo por sí misma y pretende arreglárselas sola le cueste lo que le cueste, sólo porque cree que se lo están imponiendo, es que odia aceptar ayuda aunque la necesite.

"Y esta que se cree para hablarme así "

Hablas como una experta.

¡Maldita sea, es cierto! Una mujer cabezota e independiente sabe distinguir a otra.

Una carcajada escapó de la boca de Akane.

Cierto.

Voy a contarle a Ranma acerca de tu comportamiento temerario. Probablemente te encadene por tu brazo bueno a mi muñeca hasta que te dé el alta.

No es que no sea honor tenerte como mí... mi cuidadora, pero ¿puedo confiar en que lo mantengas en secreto?

Sí y ya sabes cómo.

¿No volviendo a intentar levantar las maletas?

Y haciendo todo lo que te diga, cuando te lo diga

Ahora que lo pienso... Creo que me arriesgaré con Ranma.

Ja, ja. Inténtalo de otra manera. Ranma me ha contado el día que has pasado o, mejor dicho, la semana. Así que durante la próxima, lo único que vas a hacer es dormir y descansar. Y comer.

Akane rio mientras la mujer miraba la ropa que llevaba de arriba a abajo. Podía adivinar que no eran de su agrado. Aquella mujer le haría bien. Estaba tan segura como Ranma de que así sería.

Shampoo la tomó del brazo sano y la acompañó a la cama. No dejó de hablar mientras le preparó un baño, le vació las maletas, le colgó la ropa en el vestidor y le dejó sobre la cama lo que debía ponerse. Akane disfrutó oyendo aquella voz vibrante hablando en inglés con acento catalán. Para cuando la acompañó al baño, todo decorado en mármol, le había contado toda su vida. O al menos, todo lo que le había pasado desde que su marido y ella se habían convertido en los guardas de la casa de Ranma.

Akane le aseguró que podía ocuparse sola y Shampoo insistió en que dejara la puerta abierta y en que dijera algo de vez en cuando para confirmar que estaba despierta. Por fin, murmurando algo en catalán, Shampoo salió del cuarto de baño. Sonriendo, Akane se desvistió. La sonrisa desapareció al ver su reflejo en el espejo.

Tenía la sensación de que antes había sido más corpulenta. ¿Habría perdido peso últimamente? ¿Por no ser feliz? Si así había sido, ¿por qué había planeado aquel embarazo y la luna de miel con Ryoga? ¿Qué pensaba Ranma de su aspecto? Pero no de su aspecto actual, que era decrépito, sino del de antes. ¿Era su tipo de mujer? ¿Acaso tenía un tipo? ¿Estaría con alguna mujer en aquel momento? Era incapaz de terminar un pensamiento sin enlazarlo con otro acerca de él. Se estremeció al imaginárselo con otra mujer.

¿Era una insensatez sentirse celosa, cuando hasta hacía ocho días había estado casada con su hermano?

Respiró hondo y se metió en el agua espumosa y aromatizada con esencia de jazmines y lilas. Al sumergir el cuerpo, dejó escapar un gemido y sintió como si todos los dolores, por profundos que fueran, salían a la superficie y se mezclaban a través de sus poros con las burbujas y el líquido sedoso que la envolvía.

Alzó la vista y vio una gran ventana enfrente de ella, por la que se veía un paisaje celestial. El cielo estaba de un color azul intenso y las nubes brillaban plateadas a la luz de la luna. En medio de aquel esplendor, vio el rostro de Ranma y escuchó su voz entre el sonido del agua. Cerró los ojos y trató de romper el hechizo.

Suficiente.

¿Qué? —gritó Shampoo, obligando a Akane a abrir los ojos.

No había ninguna duda de que aquella mujer tenía unos tremendos pulmones.

Rápidamente, dijo lo primero que se le vino a la cabeza para explicarse.

Decía que voy a salir. Ya he tenido suficiente.

Y era cierto. Ya había tenido suficiente de muchas cosas. Y respecto de una de las cosas, esperaba hartarse pronto: de Ranma. Pero estaba segura de poder.

Era positivo enfrentarse a su debilidad. Si dejaba de sentirse decepcionada, podría controlar sus actos y sus respuestas, aceptar y tan sólo esperar la supervisión médica para la que estaba allí. Hasta que terminara. Y eso, inevitablemente ocurriría antes o después.

Ranma estaba fuera de la habitación de Akane, con toda la atención puesta en cada sonido, en cada movimiento del interior. Había tratado de irse, pero no había podido. Se apoyó en la puerta, conteniendo el deseo de entrar para ver y sentir por sí mismo que estaba viva y consciente.

Los días en los que Akane había permanecido inerte en la cama del hospital lo habían alterado. Desde que despertara, apenas había sido capaz de alejarse de ella unos metros. Era todo lo que había podido hacer para no quedarse en su habitación permanentemente, como había hecho mientras estaba en coma. Había tenido que contenerse para no agobiarla con su preocupación y contar cada segundo de las tres horas que se había impuesto entre visitas.

Después, una vez en casa, había encontrado la manera de reprimirse, pidiéndole a Shampoo que se ocupara de ella. De pronto, había oído el grito de Shampoo.

No había irrumpido en la habitación porque se había quedado paralizado por el miedo. Había tardado unos segundos en darse cuenta de que Shampoo había exclamado quieta y después, por las voces que le habían llegado desde el otro lado de la puerta, había entendido la situación.

Ahora oía hablar a Akane desde el baño. En unos minutos, Shampoo la ayudaría a meterse en la cama y saldría. Tenía que irse antes de que eso ocurriera, pero todavía no. Sabía que estaba siendo obsesivo y ridículo, pero no podía evitarlo. La herida estaba reciente y el dolor era profundo. No había podido ayudar a Ryoga y había muerto. Tenía que estar allí para Akane. Pero no sólo por ella, sino porque tenía que controlarse para superar aquello.

Se había sentido como en una espiral hacia el infierno. Se había dado cuenta demasiado tarde de lo que había hecho al llevarla al aeródromo. Había visto a sus padres adoptivos después de meses sin apenas hablar con ellos, sólo para entregarles la prueba de su mayor fracaso: el cadáver de Ryoga.

La única cosa que mitigaba su dolor era la pérdida de memoria de Akane. Aquello era bueno para ella y para él. No sabía si habría sido capaz de soportar su dolor si se hubiera acordado de Ryoga.

No podía pasar por alto cómo su carácter había cambiado. La mujer que había despertado del coma no era la misma Akane Tendo que había conocido en el último año. Tampoco era aquélla de la que Ryoga había dicho que se había vuelto inestable y que, al parecer, había acusado a su marido de querer tenerla cerca sólo por conveniencia, para cuidarlo en su condición de médico, y que le había pedido un bebé como prueba de que la quería como esposa.

Al principio, a Ranma le había resultado imposible creer todo aquello. Nunca le había dado la impresión de que fuera insegura o dependiente. Más bien, todo lo contrario, aunque al final sus actos habían demostrado que Ryoga tenía razón.

Así que, ¿quién era realmente? ¿La mujer estable y abierta de los últimos días o la insoportable introvertida de antes del accidente de Ryoga? ¿O acaso la neurótica que le había hecho exigencias emocionalmente insostenibles cuando su hermano estaba a la deriva?

Si aquella nueva persona era la consecuencia de las lesiones del accidente, una vez sanara y recuperara su memoria, ¿volvería a ser como antes? ¿Desaparecería la mujer que en aquel momento estaba bromeando con Shampoo, la que lo había consolado con sus palabras y que había hecho que olvidara todo lo demás?

Se obligó a apartarse de la puerta. Shampoo le estaba preguntando qué quería de desayuno. En cualquier momento, saldría de la habitación.

Se marchó, dando vueltas a las hipótesis que le rondaban en su cabeza.

Más tarde, mientras observaba al extraño que desde el espejo del baño lo miraba, cayó en la cuenta de algo. Fueran cuales fuesen las respuestas o lo que pasara en adelante, no importaba.

Ahora, ella formaba parte de su vida.


Hola mis lectrox, como me le ha ido que les pareció el capítulo. Bueno como vemos Ranma y Akane ya llegaron a la casa de él, desde este capítulo se vendrán algunas revelaciones y etc. Y muchas cosas más, espero que cada día les vaya gustando esta adaptación.

Y me encanta leerlos díganme que les pareció la aparición de Shampoo.