UNA NUEVA VIDA
DISCLAIMER: Esta historia no me pertenece, es una adaptación para el universo Ranma es pero que les guste y si el libro de la escritora llega a ustedes, cómprenlo vale oro sin nada más que decir me despido.
Una nueva vida © Olivia Gates
Rumiko Takahashi © Ranma
Adaptación © Fandom MLB
NUEVO CAPITULO
CAPITULO 7
—No tienes amnesia postraumática.
Akane se quedó sorprendida ante las palabras de Ranma.
La inverosimilitud de su comentario rivalizaba con el hecho de otra idea que aún no había podido asimilar: había hecho montar un pequeño hospital en su casa para poder seguir y evaluar a diario sus progresos. Excepto quirófano, allí tenía todo lo necesario: aparatos para hacer radiografías, resonancias magnéticas e incluso un escáner.
Aquello le parecía excesivo para seguir la evolución de las lesiones de su cabeza y de su brazo. Allí se podían llevar a cabo todas las pruebas necesarias para evaluar su estado y el de su embarazo. Luego, estaba la docena de exámenes neurológicos a los que la sometía cada día, además de las sesiones de fisioterapia para recuperar la movilidad de su brazo.
Acababan de terminar una de aquellas sesiones y se estaban dirigiendo al porche que había en la terraza que daba al mar, en la que había una barbacoa, para comer. Después, le había prometido seguir enseñándole la finca.
Ranma caminaba junto a ella, con el ceño fruncido y los ojos clavados en los resultados de las últimas pruebas. ¿Qué quería decir con que no tenía...? Una terrible sospecha tomó forma, nublando la perfección del día. ¿Podría estar pensando que se había aprovechado de su repentina pérdida de memoria y que le había tomado el pelo durante las últimas cuatro semanas? O peor aún, ¿Qué nunca había sufrido una pérdida de memoria, que había sido lo suficientemente astuta como para fingir desde el primer momento?
— ¿Crees que estoy fingiendo?
— ¿Cómo?
Levantó los ojos lentamente y se quedó con la mirada perdida en el infinito, como si estuviera analizando sus palabras para comprenderlas. Entonces, cayó en la cuenta. Luego, se giró hacia ella, con el ceño fruncido.
—No —concluyó.
Akane se quedó a la espera de que dijera algo más, pero él volvió su atención a los resultados de las pruebas.
— ¿Qué quieres decir con que no tengo amnesia postraumática? Es cierto que no es un caso habitual, pero ¿Qué otra cosa podría ser?
En vez de contestar, le sujetó la puerta de la terraza. En aquel cálido día del mes de marzo, Akane no pudo evitar gemir al sentir la brisa salada del mar en el rostro y tuvo que sujetarse el pelo con la mano. Ranma la miró mientras avanzaban, como si no hubiera escuchado su pregunta. Ella se estremeció, no por el fresco del viento, sino por la caricia de su mirada al contemplarla. Al menos, así lo sintió. Probablemente fuera su imaginación y tan sólo la estuviera mirando perdido en sus pensamientos, sin reparar en ella.
De nuevo, Ranma volvió a fijar la mirada en los resultados.
—Volvamos a revisar tu estado, ¿de acuerdo? Comenzaste con amnesia total y poco a poco fuiste recuperando parcelas de memoria con lo que llamabas recuerdos esquemáticos. Pero no sufriste amnesia anterógrada, ya que no tuviste problemas para guardar los recuerdos después del accidente. Teniendo todo esto en cuenta, y que hace cuatro semanas que esas parcelas de recuerdos no se han fusionado...
—Querrás decir que no se han fusionado como debieran —lo interrumpió Akane—. Incluso la gente que está supuestamente sana no recuerda todo lo que le ha pasado en la vida.
—Tienes razón, pero una amnesia postraumática que dura tanto, indica que hay un daño serio en el cerebro. Es evidente por tu estado y por todas las pruebas que no sufres ningún daño sensorial, motriz o de coordinación. No había oído hablar de una amnesia postraumática de esta magnitud. Ha podido ser provocada por el trauma, pero la mayor parte de tu pérdida de memoria es psicogénica y no orgánica.
Akane se mordió el labio, pensativa.
—Así que estamos en lo que dije minutos después de recuperar la consciencia: quise olvidar.
—Sí, tú misma te diagnosticaste.
—No fue realmente un diagnóstico. Estaba intentando averiguar por qué no tenía otros síntomas. Cuando vi que no encontraba una explicación, pensé que había perdido mis conocimientos médicos o que la neurología nunca fue mi fuerte en mi vida paralela. Pensé que conocerías casos como el mío. Quizá resulte que no estoy amnésica sino histérica.
—La amnesia psicogénica no es menos grave que la orgánica. Es un mecanismo de supervivencia. Tampoco catalogaría el ingrediente psicogénico de tu pérdida de memoria como histérico, más bien funcional o disociativo. De hecho, no soporto lo que implica la palabra histérica y lo que se asocia a ella.
—Así que crees que tengo un tipo de amnesia funcional.
Serio, asintió.
—Sí, mira esto. Esta es tu última resonancia magnética —dijo y ella estudió el papel—. Es una neuroimagen funcional. Al ver que las imágenes no mostraban cambios físicos en tu cerebro, me detuve a estudiar el funcionamiento. ¿Ves esto? —preguntó señalándole algo—. Esta actividad anormal en tu sistema límbico muestra tu incapacidad para recordar hechos traumáticos y estresantes. Los recuerdos son almacenados en tu memoria de largo plazo, pero el acceso a ella está impedido por algún mecanismo de defensa psicológico. La actividad anormal explica que hayas recuperado la memoria parcialmente. Pero ahora que estoy seguro de que no hay nada de lo que preocuparse desde el punto de vista orgánico, no me preocupa si la recuperación completa tarda en producirse.
—Si es que eso ocurre alguna vez.
Si él tenía razón, cosa que no dudaba, prefería que no pasara. Los enfermos de amnesia psicogénica incluían soldados y víctimas de abusos, violaciones, violencia doméstica, desastres naturales y ataques terroristas. Eran víctimas de situaciones de estrés psicológico, de conflictos internos o de situaciones insoportables. Seguramente ella había sufrido los tres tipos de situaciones y su mente había aprovechado para borrar con el accidente sus recuerdos de Ryoga y de su vida con él.
Pero eso no explicaba aún su embarazo y la luna de miel de la que iban a disfrutar cuando tuvieron el accidente.
—De todas formas, hay diversas teorías que intentan explicar la amnesia psicogénica, pero ninguna de ellas ha sido confirmada. Yo me inclino hacia la teoría que explica que es la falta de equilibrio bioquímico lo que provoca todo.
—Por eso eres neurocirujano y no neurólogo o psiquiatra. Tú prefieres indagar en el sistema nervioso, célula a célula, neurotransmisor a neurotransmisor.
—Admito que me gusta buscar cualquier señal o síntoma, físico o psicológico, que explique cómo ocurren las cosas en vez de por qué.
—Por eso eres un investigador y un inventor.
Él fijó la mirada en sus ojos durante unos segundos antes de volver a leer los resultados. El tono bronceado de su piel se intensificó.
¡Se había ruborizado!
Se había dado cuenta varias veces que, aunque estaba seguro de sus habilidades, no le gustaba ni soportaba la adulación, a pesar de tener motivos para sentirse superior y pretender ser tratado como tal.
Pero ruborizarse ante su comentario...
—Así que me inclino por las teorías que postulan que el procesamiento de recuerdos autobiográficos se bloquea al liberar el cerebro hormonas del estrés en situaciones de estrés crónico. La región del sistema límbico del hemisferio derecho es más vulnerable al estrés y al dolor por afectar a los receptores opioides, a las hormonas y a los neurotransmisores.
Akane no pudo evitarlo y sonrió de oreja a oreja.
—Apuesto a que estás disfrutando mucho teniendo una paciente médico. Imagina todo lo que tendrías que explicar a cualquier otro paciente para que lo comprendiera.
Ranma la miró sorprendido y luego esbozó aquella seductora sonrisa suya.
—Es una experiencia muy agradable poder explicar lo que estoy haciendo o lo que está pasando sin temor a que no me entiendan o a que me malinterpreten —dijo y sacudió la cabeza, poniéndose serio de nuevo—. Pero volviendo a lo que estábamos hablando, puede que hayas pensado que antes del accidente ya estabas lidiando con esta situación, pero según tu estado actual, no es así.
— ¿Quieres decir que estaba predispuesta a sufrir amnesia psicogénica?
—No, lo que digo es que la horrible experiencia de un accidente aéreo, además del daño cerebral que has sufrido, afectó el equilibrio que habría mantenido tu memoria intacta ante cualquier presión psicológica que estuvieras sufriendo.
Ella arqueó una ceja, fingiendo indignación.
—Te estás esforzando mucho por encontrar una explicación neurológicamente factible y apoyada en complejas teorías y en expresiones médicas para enmendar el hecho de que me diagnosticaste como un caso perdido, ¿verdad?
—No, no es así —dijo y se detuvo al verla sonreír—, ¡Te estás burlando de mí! —exclamó incrédulo.
Ella rompió a reír.
—Sí, llevo un rato haciéndolo. Pero estabas tan concentrado en tus explicaciones, que no te has dado cuenta.
Ranma arqueó una ceja y le dirigió una mirada calculadora mientras mostraba una sonrisa irresistible en los labios.
—Creo que he subestimado tu progreso. Pero ahora que estoy seguro de que tu cerebro funciona bien, de que cada tuerca y tornillo está en su sitio, puedo dejar de tratarte como a una muñeca de porcelana.
Ranma dejó escapar una carcajada. No dejaba de sorprenderla. No había dejado de pensar que era muy cerebral, un genio que no dejaba de trabajar, y de repente, de la nada, había mostrado su lado divertido. Era la persona más ingeniosa y bromista que jamás había conocido. Ahora recordaba toda su vida antes de Ryoga.
—Pensé que nunca conseguiría que te callaras —dijo ella secándose imaginariamente el sudor de su frente.
—No te alegres tanto. Hasta hace unos minutos, te habría dejado hacer cualquier cosa. Ahora, creo que ya no te mereces un trato preferencial, sino algún castigo por reírte de mis esfuerzos por parecer un sabelotodo.
— ¿Qué puedes esperar de una pobre paciente con problemas en el sistema límbico? ¿Qué me harás? ¿Enviarme a mi habitación?
—Tendrás que comer lo que cocine. Pensaré algo cruel mientras la fase uno está en proceso.
— ¿Quieres decir más cruel que obligarme a comer tu comida?
Ranma murmuró algo entre dientes y sus ojos brillaron con malicia. Ella rio y se sintió flotar, llevada por la diversión de sus bromas.
—Más despacio —dijo él preocupado, con su voz profunda.
Ella obedeció y esperó a que la alcanzara con aquellos pasos que eran diez veces más largos que los suyos.
—Pensé que ya no ibas a tratarme como a una muñeca de porcelana —dijo ella sonriéndole.
—A partir de este momento, te aplicaré el tratamiento de las piezas de la dinastía china Ming.
Ranma le pasó un brazo por la cintura mientras subían los escalones, haciéndola sentirse segura.
—Debí de haber imaginado que no cumplirías la declaración de mi independencia.
Ranma sonrió cuando llegaron junto a la barbacoa.
—Las historias acerca de tu independencia son exageradas.
Ella hizo una mueca, protegida bajo la sombra del toldo de una pérgola. Luego, Ranma la ayudó a sentarse y se dirigió a la zona de cocina para empezar a preparar la comida. Akane observó cómo se movía con desenvoltura mientras sacaba los utensilios y los alimentos, para después cortarlos con la precisión de un cirujano.
Cuando se fue dentro para buscar algunas cosas más, Ranma suspiró ante la interrupción de aquella vista placentera y paseó la mirada por las aguas turquesas del mar y por la playa que se extendía al otro lado de la zona rocosa.
Aquella tranquilidad que se respiraba la embargó. Más que un lugar normal, aquel sitio era toda una experiencia. Parecía aislado en el espacio y en el tiempo. Era el encuentro entre la grandiosidad de la Naturaleza y el hombre. Pero todo aquello no sería nada sin él. Era el estar con él lo que lo convertía en un paraíso.
Durante las últimas semanas habían recogido frutas y verduras del campo, habían comido en la amplia cocina o en el porche y habían hecho las sobremesas en el salón o bajo la pérgola de la enorme terraza. Lo había visto jugar al tenis y nadar en la piscina, disfrutando con cada uno de sus movimientos y deseando superar sus dolores y poder bañarse con él.
— ¿Lista para el castigo?
Ella lo miró divertida.
— ¿Será muy cruel?
—Mucho —dijo él mirando los boles de ensalada que llevaba entre las manos.
—Trae —dijo ella tomando el suyo y colocándoselo delante—. Reconozco que es colorida y... olorosa —añadió y trató de no reírse al tomar el tenedor—. No sabía que podían combinarse estos ingredientes.
Ranma se sentó frente a ella.
—No he oído ninguna queja mientras los preparaba y mezclaba.
—Ni siquiera sé bien de qué está compuesta la ensalada.
—Anda, come —dijo él.
Akane se llevó un bocado a la boca y sintió el estallido de sabor.
—Será mejor que patentes esto —dijo mirándolo incrédula—, ¡Está buenísimo!
Él la miró, enarcando las cejas.
—Tan sólo intentas demostrarme que nada te desagrada, que no será un castigo porque eres capaz de comer cualquier cosa.
— ¿Qué crees que tengo, doce años? —dijo y volvió a llenarse la boca.
Ranma ladeó la cabeza, pensativo.
—Así que te gusta.
— ¡Me encanta! —exclamó ella—. El olor no me agrada del todo, pero remite una vez lo estás masticando al encontrarte con un sabor tan delicioso. AI principio, pensé que era pescado podrido.
—Es pescado podrido.
Akane se quedó paralizada.
—Me estás tomando el pelo.
—No —dijo mirándola con intensidad—, Pero si te gusta, ¿qué más da lo que sea?
Se quedó pensativa unos segundos y luego volvió a tomar otro bocado.
Ranma rompió a reír y empezó a comer de su plato.
—Lo cierto es que es semipodrido. Se llama feseekh y es salmonete gris secado al sol y luego conservado en sal. Llegó a Cataluña de la mano de los bereberes desde Egipto. Pero estoy seguro de que soy el primero en mezclarlo con judías verdes y las bayas salvajes que cultiva Mousse y que me da de vez en cuando, asegurándome que son el secreto para no necesitar a mis estimados colegas.
—O sea que me das una comida extraña, pero no me dejas caminar más rápido que una tortuga.
—Este alimento ha demostrado a lo largo de los siglos tener propiedades antibacterianas y digestivas. Soy la prueba viva de su eficacia. No he estado enfermo ni un solo día en los últimos veinte años.
Akane lo miró alarmada.
—Espero no ser gafe.
Ranma echó la cabeza hacia atrás, riéndose.
— ¿Eres supersticiosa? ¿Crees que me pondré enfermo por tentar a la suerte?
— ¿Quién sabe? Quizá a la suerte no le gusten los fanfarrones.
—Lo cierto es que creo que al destino no le gustan los atrevidos —dijo y una extraña expresión asomó en su rostro—. Como no soy ni una cosa ni otra, soy un buen candidato para seguir estando en el lado bueno. Eso nos hace volver a centrarnos en ti. No hay ninguna necesidad de ir con prisa. Quizá no haya nada suelto en tu cabeza y, en caso de que te cayeras, lo peor que podría pasar es que te rompieras el otro brazo al tratar de evitarlo. Pero creo que tienes suerte por llevar un embarazo tan bueno. Puede que sea la manera que tiene el destino para compensarte por las heridas que has sufrido.
A veces, a Ranma se le olvidaba que estaba embarazada. Y no es que quisiera olvidarlo. Cuando lo recordaba, lo hacía con alegría imaginándose la vida que crecía dentro de ella y al bebé al que cuidaría y tanto querría. Él sería carne de su carne y la única familia que tendría. Si había algo que agradecer a Ryoga era el haberla convencido para concebir a aquel bebé. Pero puesto que no tenía ningún síntoma, a veces se le olvidaba.
—Creo que tienes razón —dijo ella sonriendo—, Pero puesto que no tengo nada suelto, será mejor que le digas a Consuelo que deje de perseguirme como si se me fuera a pasar algo.
Ranma giró la cabeza a ambos lados y miró por detrás de su espalda. Luego se dirigió a ella, poniéndose la mano en el pecho y mirándola con una expresión burlona.
— ¿Me hablas a mí?
—Tú fuiste quien me la pegó a los talones —respondió sonriendo—. Tienes que decirle que me deje. Lo único que le falta hacer es lavarme los dientes.
— ¿De veras esperas que me interponga entre tú y ella? Puede que sea el dueño de todo esto, pero al final, soy uno más marchando al ritmo que Shampoo marca.
—Sí, ya me he dado cuenta —dijo ladeando la cabeza—, Aquí las familias son matriarcales, ¿verdad?
Ranma se puso de pie y empezó a recoger los boles.
—Aquí, las mujeres mandan —dijo y se fue hacia la barbacoa.
Akane se acomodó en su silla, relajada. Nunca antes se había reído así con él.
En aquellas semanas, tan sólo se había separado de ella para ir al trabajo. Y lo había hecho en helicóptero. Había disminuido sus horas de trabajo para quedarse el máximo tiempo a su lado. Ella había insistido en que no lo hiciera, en que estaba perfectamente sola o atendida por Shampoo, Mousse y sus hijos.
Pero había dejado de protestar, segura de que Ranma no estaba desatendiendo su trabajo y de que lo tenía todo bajo control. Contra todo propósito, se deleitaba con sus mimos y deseaba poder recompensarlo. Pero él lo tenía todo y no necesitaba nada más que curar sus heridas emocionales.
Así que se limitó a estar allí para él, confiando en ver su recuperación. Parecía estar sanando. Su mal humor se había disipado y había dejado de mostrarse distante con ella. Al irse conociendo, había surgido una gran complicidad entre ellos. Akane había compartido cosas con él que nunca pensó que pudiera compartir con nadie. Había visto todas las cualidades por las que sus padres adoptivos le habían contado que lo habían elegido y muchas más. Tenía todo lo que admiraba en una persona y en un hombre, y la habilidad de hacer el bien para los demás. Estaban de acuerdo en casi todo y cuando no lo estaban, discutían respetando el punto de vista del otro, tratando de entender la otra perspectiva Y cuando se paraba a pensar en todo lo que había hecho por ella, en cómo había sido su salvador, su protector y su apoyo, sencillamente le resultaba increíble.
Lo cual era el motivo por el que, de vez en cuando, la pregunta volvía a surgir en su cabeza: ¿Dónde había estado aquel hombre antes del accidente? Por los retazos que recordaba, Ranma siempre había tratado a Ryoga con fastidio y a los demás con impaciencia. Pero cómo la había tratado a ella, sin apenas dirigirle la palabra y mirándola con desagrado, había sido lo peor. Y siempre encontraba la misma respuesta, la misma conclusión a la que había llegado el primer día al llegar allí: sus recuerdos debían ser equivocados.
Aquél debía ser el verdadero Ranma.
— ¿Lista para volver con tu cuidadora?
Se encontró envuelta en su abrazo protector y dejó que la ayudara a levantarse. Sintió la necesidad de mostrarle todo lo que era para ella y se estrechó contra su fuerza y calidez. Luego, levantó el rostro hacia él y con labios temblorosos pronunció su nombre.
—Ranma...
Holaaaaaa que tal mis lectrox hermosos, como me le ah ido, pues a mí muy bien .Gracias a Dios, que les pareció el capítulo díganme que parte les va gustando espero que le vaya muy bien cuidasen mucho, hasta la próxima.
KITTIS
PD: Gracias por todos sus Reviews, hermosos a todas esas personitas.
