UNA NUEVA VIDA


DISCLAIMER: Esta historia no me pertenece, es una adaptación para el universo Ranma es pero que les guste y si el libro de la escritora llega a ustedes, cómprenlo vale oro sin nada más que decir me despido.

Una nueva vida © Olivia Gates

Rumiko Takahashi © Ranma

Adaptación © Fandom MLB

NUEVO CAPITULO


PD: Falta pocos capítulos para el final


CAPITULO 9

Ranma estaba de pie, observando la procesión de coches que se acercaba. Su familia había llegado. Ni siquiera había pensado en ellos desde el accidente. En su cabeza, sólo había podido pensar en Akane y en Ryoga, y en su relación con ellos en el último año. Se había acordado de ellos al necesitar su presencia para mantener apartada a Akane. Y se había encontrado con su merecido por ignorarlos durante tanto tiempo: todos tenían otros planes.

Había acabado suplicándoles que fueran, sin mencionar el motivo que había detrás de su desesperación. Seguramente, lo imaginarían en cuando la vieran con él. Al final, había conseguido que fueran y que le prometieran que se quedarían todo el tiempo posible.

Esta vez, se preguntó si sobreviviría. Sus abuelos salieron de la limusina que había enviado para recogerlos, seguidos de tres de sus tías. De los otros coches salieron sus primos y sus familias, además de un puñado de sobrinos.

Akane salió por las puertas correderas. Ranma apretó la mandíbula para contener la intensidad de su reacción. Llevaba luchando contra aquella sensación tres días, desde su última conversación. Cada noche, había estado a punto de irrumpir en la habitación de Akane. El ofrecerle algo más que una amistad lo excitaba más que si se hubiera insinuado descaradamente.

Ahora, caminaba hacia él con su andar enérgico, vestida con unos vaqueros y una blusa azul de manga larga. Por el modo en que sus hormonas se agitaban, era como si se acercara vestida tan sólo con ropa interior y tacones.

La contención en la que vivía estaba empezando a causarle estragos. Necesitaba ayuda. Necesitaba la invasión de su familia para mantenerse apartado de la puerta de Akane y evitar llevársela a su cama.

Ven, voy a presentarte a mi tribu —dijo antes de que ella pudiera decir nada y atormentarlo con sus labios.

Sí, tribu era la palabra adecuada, pensó Akane. Se quedó junto a Ranma, mientras contaba hasta treinta y ocho personas, entre hombres, mujeres y niños. Allí habría cuatro generaciones de Saotome.

Era increíble cómo podía crecer una familia.

Ranma le había contado que su madre lo había tenido con diecinueve años y que ella había sido la primogénita de Owen y Delia, que se habían casado con veintipocos años. Ahora que él tenía treinta y siete, sus abuelos debían estar a punto de convertirse en octogenarios, si bien apenas aparentaban sesenta.

Se fijó en su abuelo. Era sorprendente el parecido con Ranma. Así sería su aspecto dentro de cuarenta años: increíblemente saludable. Su corazón se encogió ante el repentino y estúpido deseo de envejecer con Ranma, de seguir con él a aquella edad avanzada.

Se quedó contemplando cómo saludaba a cada uno de los miembros de su familia con sonrisas y abrazos. Otro deseo le asaltó: ser alguien al que él recibiera con tanta alegría. Envidiaba a todos aquéllos que corrían a sus brazos y que contaban con su cariño incondicional.

Luego, se giró hacia ella, rodeado por niños de diferentes edades y le sonrió, invitándola a unirse a aquella muestra de afecto familiar. Enseguida respondió a su invitación y fue recibida con el mismo entusiasmo por su familia.

En las siguientes ocho horas, no dejó de hablar y de reír, comió y bebió más de lo que lo había hecho en los tres últimos días y escuchó todas y cada una de las historias que aquellas personas fueron relatando.

Durante todo aquel tiempo fue consciente de que Ranma la observaba, incluso cuando estaba hablando con algún familiar. Ella tampoco dejó de prestar atención a cada uno de sus movimientos, sin perder el hilo de las conversaciones en las que participaba. Disfrutaba viéndolo tan relajado y disfrutando de la compañía de aquellas personas que tanto lo querían. No dejó de sonreírle, mostrándole lo mucho que se alegraba por él, a la vez que intentaba que lo que sentía por él no se notase.

Estaba absorta conversando con Shampoo y dos de las tías de Ranma, Calista y Helena, cuando él se puso de pie y salió de su campo de visión. Tuvo que contenerse para evitar levantarse y seguir sus movimientos. Pero lo sintió a su espalda. Sentía su cercanía como una onda de electromagnetismo, haciendo que su vello se erizarse y que sus nervios se tensaran. Confiaba en que su aspecto no delatara que era una mujer atormentada física y emocionalmente.

Sus manos se posaron en sus hombros y se las arregló para no dar un salto.

¿Quién está dando demasiada libertad a su paciente?

Akane alzó la mirada y lo encontró mirando a Shampoo. Un intenso deseo de tirar de él y devorar la sonrisa de sus labios se formó en su estómago.

Las tres mujeres comenzaron una batalla dialéctica con él, que supo responder con ocurrencia a cada uno de los argumentos hasta que todos acabaron riendo sin poder parar. Ella también rio, aunque no tan abiertamente. Estaba ocupada con cada uno de los estremecimientos que sus manos le producían, cada vez que le acariciaba el pelo sobre los hombros.

En un momento dado, él se inclinó y le habló al oído.

A la cama.

«Sí, por favor», pensó ella.

Se levantó y todo el mundo le dio las buenas noches. Insistió en que no necesitaba que la acompañara a su habitación y que se quedara con su familia. No tenía fuerzas para volver a ponerse en ridículo de nuevo.

Para cuando llegó el día de Sant Jordi, la familia de Ranma llevaba allí cuatro semanas. Junto a las semanas que había pasado con él, aquéllos habían sido los días más felices de su vida. Por primera vez comprendía lo que era tener una familia y lo que suponía ser aceptada como un miembro más de aquella armonía.

No sólo la habían aceptado, sino que le habían transmitido su pasión por la vida. Los miembros de más edad la trataban con la misma indulgencia que a Ranma y los más jóvenes con alegría y curiosidad, encantados de conocer a alguien nuevo e interesante. Apenas podía recordar cómo era su vida antes de conocerlos y de que la recibieran como a uno más de ellos. No quería recordar la época en la que Ranma no había llenado su corazón.

Él, siendo una persona tan magnífica como era, se había dado cuenta de la melancolía que invadía a Akane y le había preguntado una vez más si no había forma de que las diferencias con su familia pudieran ser resueltas. Había llegado incluso a ofrecerse como mediador.

Después de contener el impulso de cubrirlo de besos, le había contado que no había ningún malentendido o problema que resolver, que todo era una cuestión de distanciamiento. La parte buena era que había superado el dolor de sentirse una hija no deseada. Por fin lo había logrado al comprender la postura de su madre. Ella era el resultado de un matrimonio fracasado y el recuerdo constante de la mayor equivocación y los peores años de su madre. A pesar de que contaba con seis años cuando su padre murió, había tardado años en superar su muerte y había llegado incluso a decirle a su madre que habría preferido que se hubiera muerto ella.

También comprendía la postura de su padrastro, un hombre que se había encontrado con la hija insoportable de otro hombre como condición para tener a la mujer que quería. Tan sólo eran humanos y no podía culparlos.

Otra buena noticia era que su madre había vuelto a llamarla y, aunque lo que le había ofrecido estaba lejos de parecerse a los vínculos que Ranma compartía con su familia, quería que su relación mejorase. Aunque nunca sería lo que le habría gustado, decidió poner de su parte y aceptar.

En aquel momento estaba en la playa, viendo a los niños volar sus cometas y hacer castillos en la arena. Fijó aquella imagen en su cabeza para cuando volviera a su vida monótona y aburrida. No, su vida no volvería a ser así. Cuando saliera de la órbita de Ranma, su bebé llenaría su vida y...

¿Dónde está tu libro?

Se dio la vuelta y se encontró con Imelda. Era una mujer risueña a la que había llegado a apreciar mucho en tan poco tiempo. Imelda llevaba un vestido verde del tono de sus ojos, el mismo que había heredado Ranma. De nuevo se sintió cautivada por su belleza y se preguntó cómo debía de haber sido en sus años de juventud.

Akane reparó en el libro que Imelda tenía en la mano.

¿Qué libro?

El día de Sant Jordi es el día de los libros y las rosas.

Ah, sí, Ranma me lo contó.

Los hombres regalan rosas a las mujeres y las mujeres, libros a los hombres.

Su corazón dejó de latir unos segundos.

Ah, no sabía eso.

Pues ahora lo sabes. Vamos, muchacha, elige un libro. Los hombres volverán enseguida.

¿Dónde elijo un libro?

En la biblioteca de Ranma.

No puedo ir y tomar un libro de su biblioteca.

Le gustará que lo hagas. Además, lo que elijas es lo que tendrá sentido cuando se lo des.

¿Por qué le sugería Delia que le diera un libro a Ranma? ¿Se habría dado cuenta de lo que sentía por él y estaba intentando emparejarlos? Ranma no había traicionado sus sentimientos. No se había mostrado con ella más cariñoso de lo que lo hacía con sus primas.

¿Así que la mujer elige al hombre al que quiere regalarle un libro?

Puede hacerlo. Lo normal es que elija al hombre más importante de su vida.

Delia sabía que Ranma lo era para ella. Podía leerlo en sus ojos. Había un brillo en ellos que le decía que no tenía que molestarse en negarlo.

Akane no podía hacer eso. Sería imponerse a Ranma. Probablemente sabía lo que ella sentía, pero una cosa era sospecharlo y la otra saberlo sin ninguna duda. Además, él no le daría una rosa. Si lo hacía sería porque todas las mujeres estaban allí con sus maridos y ella estaba sola. No era la mujer más importante de su vida.

Pero después de volver a la casa con Delia y separarse de ella, se dirigió veloz a la biblioteca para elegir un libro. Al salir, tuvo que pararse a comentar el libro escogido con cada una de las mujeres con las que se cruzó en su camino.

Más tarde volvieron los hombres con un montón de platos preparados de deliciosa comida. Cada uno de ellos tenía una rosa roja para su mujer, a excepción de Ranma.

Su corazón latió con tanta fuerza que se sintió aturdida. No tenía derecho a sentirse decepcionada y, menos aún, a avergonzarlo, así que decidió que le daría el libro a Owen.

Luego, se fue y sus pasos la llevaron hasta Ranma. Aunque no había nada entre ellos y nunca lo habría, él era el hombre más importante de su vida y todos los sabían. Mientras se acercaba, Ranma la observó con aquella intensidad que siempre le hacía estremecerse.

Se quedó a un paso y le ofreció el libro.

Feliz día de Sant Jordi, Ranma.

Él tomó el libro y fijó los ojos en él, ocultándole su reacción. Había elegido un libro sobre aquellos hombres que habían aportado algo a la medicina en el último siglo. Rodrigo buscó su mirada, sin estar seguro del significado de su elección.

Es sólo un recordatorio —dijo Akane—. Entre los grandes médicos de este siglo, estarás tú.

Sus ojos brillaron con tanta intensidad, que Akane estuvo a punto de caerse al suelo. Entonces, Ranma le ofreció su mano y la atrajo hacia él. La rodeó por la espalda y le sujetó la cabeza. Luego, le dio un beso en la frente.

Muchas gracias, querida. Para mí es suficiente con que tú lo creas así.

Al segundo siguiente la soltó y, llamando a los demás, comenzó a animar las celebraciones. Akane no sabía qué hacer después de aquel abrazo, de aquel beso y de aquellas palabras. Era incapaz de reaccionar. Ni siquiera era capaz de recordar lo que había hecho o dicho en las últimas horas.

Venga, vamos a bailar la sardana, nuestro baile tradicional.

Akane sonrió al verlo tan desinhibido.

La banda la componían once músicos. Todos ellos habían tomado sus puestos en el improvisado escenario que se había colocado en la terraza que daba al jardín y en la que se había montado una pista de baile.

La sardana no es lo mismo sin música en directo. Esta banda viene de un pueblo cercano y la forman cuatro oboes, dos trompetas, dos trompas, un trombón y una batería.

¿Y qué instrumento toca ese muchacho, que parece una flauta con un pequeño tambor adosado bajo su brazo izquierdo?

Es un flabiol, una flauta de tres agujeros que toca con su mano izquierda mientras que con la derecha toca el tamborí. Él es el que marca el ritmo.

¿Por qué no tener doce músicos, en vez de complicarse tocando con dos instrumentos a la vez?

Ranma sonrió.

Es una tradición que algunos dicen que tiene más de dos mil años. Pero espera a verlo tocar. Creerás que es la cosa más sencilla del mundo.

Akane reparó en su brazo en cabestrillo.

Una cosa es segura y es que no soy la mejor candidata para tocar el flabiol tamborí ahora —dijo sonriendo.

Él la tomó por la barbilla y le hizo levantar la cara para mirarlo.

Pronto estarás bien —dijo y antes de que Akane pudiera atraerlo hacia ella y consumar el beso que tanto deseaba, se giró—. Ahora, presta atención. Van a bailar la primera tirada y nosotros nos uniremos en la segunda. Los pasos son muy sencillos.

Akane suspiró y se obligó a prestar atención al círculo de danzantes que se estaba formando.

Normalmente se colocan hombres y mujeres alternativamente, pero tenemos más mujeres que hombres aquí, así que no será una configuración tradicional.

Las mujeres mandan —dijo ella, repitiendo la expresión que él mismo había utilizado con anterioridad.

Ranma rompió a reír al escuchar aquella frase y observó cómo las mujeres decían a sus maridos e hijos dónde colocarse.

Así es.

La danza empezó y Ranma le enseñó los pasos, antes de unirse a los demás. Todo era como un sueño, un sueño en el que se sentía más viva que nunca. Un sueño en el que estaba junto a Ranma, en el que era parte de él, en sintonía con la música, con su familia y con el mundo entero. Pero, como en todo sueño, las celebraciones llegaron a su fin.

Después de dar las buenas noches a todo el mundo, Ranma la acompañó como de costumbre a su habitación y se separó de ella a unos metros de la puerta.

Tras dar dos pasos en la habitación, se quedó de piedra. Se quedó boquiabierta, sin que sus pulmones fueran capaces de respirar. Por todos los sitios había rosas rojas. Ramos y ramos de rosas allí donde mirara. Salió a toda prisa tras él, pero ya se había ido. Se quedó en mitad del pasillo, deseando encontrarlo y cubrirlo de besos.

Pero si no se había quedado a la espera de ver su reacción, quizá no había imaginado que fuera a ser tan intensa. Quizá también había hecho llenar de flores las habitaciones del resto de mujeres, lo cual no la sorprendería. Nunca antes había conocido a nadie con aquella generosidad.

Volvió a entrar en su habitación. La explosión de belleza, fragancia y color volvió a envolverla. De nuevo, volvió a sentir la necesidad de ir a buscarlo, así que tomó la chaqueta y salió. Su olor la llevó hasta la terraza de la cubierta del edificio.

Estaba de pie, junto a la balaustrada mirando el mar agitado. Bajo el brillo plateado de la luna, parecía un caballero solitario.

Se detuvo a unos metros de Ranma. Él no se giró, sino que permaneció quieto como una estatua. Por el fuerte sonido del viento era imposible que hubiera oído sus pasos ni su respiración pesada. Pero sabía que podía sentirla y que estaba esperando que ella rompiera el hielo.

Ranma —dijo y su nombre se disipó en el viento.

Entonces, él se dio la vuelta. Sus ojos azules brillaron en la oscuridad. Ella se acercó más, absorbida por su porte. A un paso, buscó su mano, aquélla que la había salvado y que a diario cambiaba la vida de muchas personas. Quería llevársela a los labios, pero se limitó a estrecharla entre las suyas.

Además de todo lo que has hecho por mí, tus rosas son el mejor regalo que he recibido nunca.

Sus ojos evidenciaron que su gratitud lo hacía sentirse incómodo.

Tu libro es mejor que todas esas rosas —dijo él por fin.

Una sonrisa asomó a los labios de Akane.

Te cuesta escuchar cómo te dan las gracias, ¿verdad?

Los agradecimientos están sobrestimados.

Nada sincero puede estar sobrevalorado.

Hago lo que quiero hacer, lo que me gusta. Y nunca hago cosas con intención de obtener algo a cambio.

¿Pretendía decirle que su regalo no tenía ningún significado especial y que no se hiciera ilusiones?

Eso no cambiaría nada. Lo amaba con todo su corazón y estaba dispuesta a darle todo lo que quisiera. Pero si él no quería tomarlo, lo único que le daría sería su gratitud incondicional.

Te doy las gracias porque quiero, porque me agrada hacerlo. Y no quiero nada a cambio, tan sólo que las aceptes. Tú me has dado las gracias por el libro, ¿verdad?

Sus labios se curvaron en una de sus incómodas sonrisas.

No recuerdo haberte dado opción para aceptarlas o no.

Tienes razón —dijo Akane y sin previo aviso, tiró de su mano.

El asombro lo hizo avanzar con torpeza la corta distancia que los separaba, así que acabó pegado a ella de pecho a rodillas. Akane soltó su mano y lo rodeó por la nuca, deseando poder abrazarlo con ambos brazos. Lo besó en la frente y sus labios pronunciaron su nombre. Luego continuó besándolo por la nariz y... un teléfono móvil comenzó a sonar.

Tras unos segundos de confusión, cayó en la cuenta de que era el sonido de su teléfono móvil, que estaba en su chaqueta. Ranma se lo había dado y sólo él la había llamado hasta el momento. ¿Quién podía estar llamándola?

¿Esperas alguna llamada? —preguntó él.

No sabía que nadie tuviera este número.

Seguramente se habrán equivocado.

Sí, seguramente. Espera un segundo.

Akane sacó el teléfono y apretó el botón para contestar. La voz llorosa de una mujer se oyó al otro lado de la línea.

¿Hera? ¿Qué ocurre? —preguntó—. ¿Estáis bien Artemis y tú?

Ranma contuvo el deseo de quitarle el teléfono de las manos para escuchar directamente las malas noticias.

Sí, sí, no es eso.

Akane tapó el micrófono del aparato y se dirigió a Ranma.

Los dos están bien. Es otra cosa.

El susto de Ranma disminuyó, pero no la tensión. Dejó que Akane atendiera la llamada sin dejar de prestar atención por si su intervención se hacía necesaria.

Hera continuó.

Odio tener que pedirte esto, Akane, pero si recuerdas tu vida con Ryoga, puede que sepas cómo pasó esto.

¿Cómo pasó el qué?

Mucha gente nos ha llamado para decirnos que Ryoga les debía mucho dinero. Y el hospital en el que trabajabais dice que la financiación que ofreció a cambio de ser nombrado jefe del departamento de cirugía ha sido retirada y que los proyectos que estaban en marcha han incurrido en pérdidas de millones. Todo el mundo nos va a demandar, a ti y a nosotros, como sus sucesores y herederos.

¿No recuerdas esas deudas? —preguntó Ranma.

Akane sacudió la cabeza, sintiéndose afligida por lo que acababa de escuchar.

No parecía que Ranma la creyera. Además, le había dado la impresión de que Hera tampoco le había creído. ¿Acaso pensaban que Ryoga había incurrido en todas aquellas deudas por su culpa? ¿Sería así? Pero, ¿cómo, por qué? ¿Era eso lo que Hera había estado a punto de comentarle en el funeral de Ryoga? Había pensado que Ryoga, en su incapacidad por comunicar sus sentimientos, le habría colmado con toda clase de cosas extravagantes. Aunque no se le ocurría qué extravagancias serían ésas.

Si ése no había sido el caso, sólo se le ocurría una cosa. Quizá le había hecho peticiones desmedidas y él se había vuelto loco para conseguirlas. Pero, ¿cómo había podido obligarlo a hacer eso? ¿Lo había amenazado con abandonarlo? Si eso era cierto, no sólo había sido un monstruo sin alma, sino una manipuladora desmedida.

Tenía que saberlo.

¿Sabes algo de eso? Cuéntamelo por favor. Tengo que saberlo.

Ranma frunció el ceño, a la vez que sacudió la cabeza lentamente. Parecía pensativo. Se quedó mirándola unos instantes, iluminado por la luz de la luna, que creaba un juego de luces y sombras, de confusión y de certeza.

Luego, Ranma volvió a sacudir la cabeza, como si hubiera tomado una decisión. Para su sorpresa, ignoró su ruego.

Lo que quiero saber es por qué han tardado tanto esos acreedores en actuar.

Al parecer lo hicieron nada más morir Ryoga —dijo Akane.

Entonces, ¿por qué han tardado tanto Hera y Artemis en contarlo? ¿Por qué te lo han dicho a ti y no a mí?

Akane le contó las explicaciones que le había dado su madre adoptiva.

Querían asegurarse de cuáles eran las exigencias y no querían molestarte. Pensaban que podían arreglarlo ellos solos. Me han llamado para preguntarme si sabía algo que pudiera ayudar a resolver todo este entuerto, y porque he sido demandada.

Bueno, es evidente que se han equivocado. Aunque no hace falta decírselo. Ya han sufrido bastante y, como siempre, intentan no preocuparme. Creo que siguen sin creerme cuando les digo que para mí son mis padres. En cualquier caso, ninguno tenéis de qué preocuparos. Yo me ocuparé de todo.

¿Cómo podía no quererlo?

Gracias —fue lo único que pudo decir.

No me lo agradezcas —dijo él haciendo una mueca.

Siempre te estaré agradecida, así que empieza a acostumbrarte. Y ya que te estás ocupando de todos mis problemas, necesito que me des tu opinión sobre uno más: mi brazo.

Ranma entornó los ojos.

¿Qué le pasa?

Las fracturas han sanado, pero los daños en los nervios no mejoran. Hace ocho semanas me dijiste que no podría moverlo en meses. ¿Estabas siendo optimista? ¿Lograré recuperar la precisión que tenía como cirujana?

Todavía es pronto, Akane.

Por favor, Ranma, dímelo sin rodeos. Recuerda que me daré cuenta si me mientes.

Nunca sería tan indulgente contigo.

¿Ni siquiera para evitar darme una mala noticia?

Ni siquiera para eso.

Sabía que era cierto y que nunca le mentiría, así que insistió. Necesitaba saber la verdad sobre aquello.

Entonces, dímelo. Soy una cirujana zurda que sólo sabe operar y necesito saber si en breve tendré que buscarme otra profesión. Como ya me contaste, la unión entre el brazo y la mano sufrió múltiples daños en las terminaciones nerviosas...

Y tuve que reconstruir meticulosamente los nervios periféricos.

Aun así, todavía está débil y se me duerme de vez en cuando.

Todavía es pronto para saber el resultado final. Tu programa de rehabilitación dará comienzo en cuanto estemos seguros de que el hueso ha soldado bien.

Eso ya lo tenemos.

No, todavía no. Eres joven y saludable, y tus huesos parece que están bien, pero tengo que estar seguro de que están completamente firmes antes de quitarte la escayola. Eso no ocurrirá antes de que hayan pasado doce semanas desde la operación. Entonces, empezaremos la fisioterapia. Primero nos ocuparemos de controlar el dolor y la hinchazón que se da después de retirar la escayola. Luego, seguiremos con ejercicios para fortalecer los músculos de alrededor de la muñeca para poder recuperar la movilidad y la destreza.

¿Y si nada de eso funciona? ¿Qué pasará si recupero movilidad y destreza, pero no las suficientes para un cirujano?

Aunque eso ocurra, no tienes nada de lo que preocuparte. La medicina tiene muchos campos y yo mismo me aseguraré de que encuentres otro que te llene. Pero no me doy por vencido y estoy seguro de que recuperarás la movilidad de tu brazo. No me detendré hasta que estés del todo bien. Y no te preocupes por el tiempo que tarde o lo que harás o dónde estarás hasta que eso ocurra. Tienes todo el tiempo del mundo para recuperar la movilidad de tu mano. Aquí tienes un hogar en el que quedarte todo el tiempo que quieras. Me tienes a mí, Akane. Estoy aquí para ti siempre que quieras.

Akane no pudo contenerse más. Lo abrazó con su brazo sano y se cobijó en él. Luego, empezó a llorar. Lo amaba tanto que aquello empezaba a ser una agonía.

Él permaneció inmóvil, dejando que lo abrazara y que lo empapara con sus lágrimas. Al cabo de unos segundos, la envolvió en sus brazos, la acarició desde la cabeza a la espalda y le susurró palabras de consuelo al oído.

Akane sintió que el corazón se le iba a salir del pecho de todo el amor que sentía. Las lágrimas fluyeron a borbotones y sus sacudidas se hicieron más intensas.

Ranma la estrechó con fuerza entre sus brazos hasta que dejó de llorar y de estremecerse. Después, continuó abrazándola y diciéndole que estaba allí para ella y que nunca lo tendría lejos. Por lo que sabía, era capaz de cumplir todas sus promesas. Él seguiría formando parte de su vida y de la del bebé, como un tío entregado y protector. Y cada vez que lo viera, se sentiría desolada por amarlo y no poderlo tener.

Tenía que irse ya. Su cabeza se estaba desintegrando y no podía arriesgarse a que su dolor se hiciera más intenso. Su bebé necesitaba que estuviera sana y entera.

Akane...

La sujetó con fuerza contra él, haciéndole sentir la rigidez de su erección contra el muslo. Ella buscó aire, sintiéndose excitada. Una voz en su interior le decía que aquélla era la reacción normal de un hombre al tener tan cerca a una mujer y que no significaba nada.

Pero no podía prestar atención a eso. Daba igual. Él estaba excitado y aquélla podía ser la única ocasión de estar con él. Tenía que aprovecharla. Necesitaba tener aquel recuerdo, saber que se había entregado a él para poder continuar con su vida una vez él saliera de ella. Hundió el rostro en su cuello y empezó a besarlo, saboreando su piel, respirándolo y absorbiendo su fuerza.

Akane, querida... —comenzó, pero ella tomó sus labios antes de que le dijera que no.

No podía soportar una negativa. Esta vez, no.

Ranma, te deseo —dijo arqueando su cuerpo contra el suyo—. Si tú también me deseas, tómame. No te contengas, no pienses, no te preocupes de las consecuencias ni del mañana.

Ranma se rindió a Akane y se entregó a ella, sin poder dejar de repetirse sus palabras. Le estaba dando carta blanca. Con su cuerpo y consigo misma. Sin promesas, sin compromisos, sin expectativas...

¿Sería eso todo lo que Akane quería? ¿Sería su deseo tan sólo sexual? Quizá no fuera capaz de soportar más. Claro que si eso era todo lo que quería, dándoselo, ¿no le estaría causando más dolor?

Aunque en aquel momento le costaba pensar con claridad, arrastrado por la fuerza de su pasión, se impuso la obligación de protegerla contra él mismo.

Akane, estás consternada...

Ella lo hizo callar besándolo en los labios y jugueteando con su lengua en su boca, haciéndole perder el poco control que le quedaba.

... de pasión por ti —dijo ella concluyendo su frase—, A veces creo que voy a romperme en pedazos. Sé lo que te estoy pidiendo. Por favor, Ranma, déjame tenerte tan sólo esta vez.

¿Esta vez? ¿Acaso creía que después de poseerla iba a marcharse como si tal cosa? Y todo aquel deseo del que hablaba, ¿desaparecería cuando se diera por saciada? ¿Acaso era incapaz de sentir nada por él porque sus sentimientos por Ryoga seguían vivos, aunque no lo recordara y no fuera consciente de ello?

Aquellos pensamientos le dieron la fuerza necesaria para apartarse de ella y esquivarla cuando intentó volver a abrazarlo. Akane dejó caer los brazos a los lados. De pronto se la veía frágil y perdida.

Las lágrimas volvieron a escapar de sus ojos.

Oh, no... Ya me habías dejado claro que no me deseabas y... y aquí estoy intentándolo de nuevo...

Rápidamente se dio la vuelta y desapareció de la terraza.

Tenía que dejar que se fuera y hablar con ella cuando su cuerpo se tranquilizara. Pero aunque fuera capaz de sobreponerse a su propia decepción, no estaba tan seguro de poder superar la de ella. No podía permitir que creyera que no la deseaba. Tenía que decirle la verdad, aunque a cambio tan sólo pudiera tenerla una vez. Tomaría todo lo que pudiera de ella y le daría todo lo que necesitara.

Corrió tras ella y entró en su habitación. La encontró tumbada boca abajo en la cama, rodeada de los ramos de rosas que le había enviado. Akane se giró al oírlo entrar y se quedó observando con su mirada vidriosa y húmeda cómo se acercaba.

Ranma se arrodilló a los pies de la cama y se quedó contemplando la piel bronceada de sus piernas. Aún llevaba la tradicional falda roja catalana que le había regalado para que se pusiera para las fiestas. Deseaba atraerla hacia él, hundirse en ella y devorarla. Quería protegerla, saborearla y darle placer.

Le quitó los zapatos y Akane dejó escapar un gemido. Trató de darse la vuelta, pero él se lo impidió poniéndole la mano en la espalda. Luego, comenzó a besarla en los pies, subiendo por las piernas y los muslos hasta llegar a la nuca. Permaneció tumbada debajo de él, gimiendo y temblando, mientras la acariciaba. En cuanto rozó sus labios, Akane dejó escapar un gemido y se dio la vuelta, tomando su boca en un beso desesperado.

Luego, Ranma se levantó de la cama y la tomó en brazos.

Te quiero en mi cama, querida.

Ella gimió y sacudió la cabeza.

No, por favor.

Él se alarmó. ¿No quería meterse en su cama?

La dejó en el suelo y ella hundió el rostro en su cuello.

Aquí, entre las rosas.

No había dejado de soñar con meterla en su cama desde el día en que la conoció. Incluso cuando era una fantasía prohibida, el deleitarse imaginando todas las cosas que le haría, había sido el único consuelo y alivio que había tenido.

Pero aquello era mejor que sus fantasías. La tenía allí, rodeada de aquel entorno tan bonito con el que le había confesado que era la mujer más importante de su vida. No había pretendido hacer aquella confesión, pero no había podido evitarlo. Tampoco había pretendido que hicieran realidad sus sueños.

La hizo tumbarse en la cama y se apartó para mirarla. Era una rosa única que eclipsaba a todas las demás flores que había en la habitación. Rápidamente se quitó la ropa bajo la atenta mirada de Akane. Luego, volvió junto a ella y le quitó la chaqueta, la falda y la blusa. Después, siguió la ropa interior y empezó a acariciarla de pies a cabeza, haciéndola estremecerse. Se quedó mirando lo que ya había dejado de ser una fantasía y se colocó sobre ella, la rodeó con los brazos y le aprisionó los muslos entre los suyos, vibrando con la visión, el olor y los sonidos de su entrega. Akane lo besó en la frente y susurró su nombre, aferrándose a él como si su vida dependiera de ello.

Tenía que demostrarle que estaba allí con ella y que era suyo. Ya le había dado todo lo que tenía y lo único que le faltaba era entregarle su pasión y su cuerpo. Se puso de rodillas y la tomó por las nalgas. Poco a poco fue hundiendo su erección en su cálida humedad, haciéndola gemir al sentir aquel contacto íntimo. Ranma sucumbió a la desesperación de su necesidad y la miró a los ojos mientras empezaba a penetrarla. Ella se estremeció ante su avance. Parecía estar atrayéndolo a la vez que se resistía. Él volvió a intentarlo una y otra vez, sin que ella dejara de retorcerse. Se sentía confuso.

Hazlo ya, Ranma. Tómame.

La angustia en sus sollozos fue la gota que colmó el vaso. Tenía que darle lo que quería. A pesar de su resistencia, empujó con fuerza y atravesó su rigidez. Fue entonces cuando lo comprendió. Era imposible, incomprensible. Akane seguía siendo virgen.


Bueno, Bueno llego otro capítulo espero que les guste, y me digan que parte les va gustando. Bueno, después de años subo uno según yo, se vienen cosas raras y buenas. Akane conoció a la familia de Ranma: atención los personajes que están aquí, que no pertenecen, al anime/manga son griegos así que son de mi creación con mi estilo como ya saben. Ranma no tiene hermanos así que me toco crear los personajes.

Bueno, espero leerlos y que me sigan en Twitter como: XTikki espero que lo hagan faltan dos capitulo para el final atentos.

Bay Kittis.