UNA NUEVA VIDA
DISCLAIMER: Esta historia no me pertenece, es una adaptación para el universo Ranma es pero que les guste y si el libro de la escritora llega a ustedes, cómprenlo vale oro sin nada más que decir me despido.
Una nueva vida © Olivia Gates
Rumiko Takahashi © Ranma
Adaptación © Fandom MLB
NUEVO CAPITULO
PD: Falta pocos capítulos para el final
CAPITULO 11
Tres meses y medio después de que Akane se despertara en el mundo de Ranma, estaba intentando no correr camino del altar.
Ranma había insistido en fijar la boda para dos semanas después de quitarle la escayola. Pero en vez de celebrarla en la catedral de Barcelona como había pensado en un principio, accedió al deseo de Akane de que fuera en su finca, la que iba a ser su casa y la del bebé. Aquello completaba su felicidad. No sólo ella había tenido la suerte de encontrar al mejor hombre del mundo, también el bebé. Sólo Ranma podía querer como si fuera suyo al hijo del hombre al que consideraba su hermano.
Allí estaba muy guapo con su esmoquin, luciendo aquella arrebatadora sonrisa mientras se aproximaba a él. Sólo cuando estaba a pocos metros, se dio cuenta de que Mousse estaba a su lado, en su papel de padrino. Después de pronunciar sus votos, se intercambiaron los anillos y se besaron tras ser declarados marido y mujer.
A partir de aquel momento, empezaron las fiestas, bailando sardanas y otros bailes populares. Además de la familia de Ranma, también la suya les acompañó, mostrándose más cariñosos que nunca.
Cuando la boda terminó, Ranma la llevó a la que a partir de entonces sería su habitación. Había estado a punto de perder la cabeza por no haber dormido con él en las últimas semanas. Nada más cerrar la puerta, sus manos estaban por todo su cuerpo, quitándole el vestido de novia. Lo hizo caer desde los hombros, descubriendo sus pechos y tomándolos entre sus manos. Luego, empezó a besarla apasionadamente.
— ¿Tienes idea de lo mucho que deseaba esto? —Preguntó él susurrando junto a sus labios—. ¿Sabes lo que han sido estas últimas semanas?
Luego, siguió besándola por el cuello hasta llegar a sus pezones y le quitó las bragas. A continuación se quitó la chaqueta, el fajín y la pajarita, y por fin la camisa. La luz de las velas acompañó aquella visión, resaltando sus músculos. Antes de que pudiera pedirle que se quitara los pantalones, se arrodilló ante ella y hundió el rostro en su entrepierna para saborearla. Luego, la tomó en brazos y la hizo sentar al borde de la cama.
— ¿Sabes cómo me siento al tener este privilegio? ¿Sabes lo que supone que me desees y saber que eres mía?
Akane se estremeció, llevada por la emoción y la pasión de sus palabras, además de por sus expertas caricias. Se abrió para él, dispuesta a aceptar cualquier forma de placer que le diera. Siempre le daría lo que quisiera.
Él se acercó, hundió su lengua en su boca y siguió acariciándola. Con manos temblorosas, Akane le bajó la cremallera de los pantalones. La boca se le hizo agua al sentir en sus manos su fuerza.
—Juega conmigo, mi amor. Soy tuyo.
— ¿Sabes lo que siento al oírte decir eso?
Él empezó a gemir al sentir sus manos acariciando su virilidad con deleite. Ella se inclinó y lo saboreó. Su olor, su sabor y su textura la hicieron estremecerse, mientras que él jadeaba al ritmo de sus movimientos.
Le puso una mano en la cabeza y la detuvo.
—Necesito penetrarte.
—Y yo te necesito dentro. Ni se te ocurra ir despacio, por favor...
Con aquel ruego, se encontró debajo de él, incapaz de soportar tanto placer.
—Akane, vida mía, amor mío —susurró mientras le daba lo que tanto le había pedido hasta hacerla explotar.
Luego, se rindió a su propio placer, agitando su cuerpo sobre el suyo y provocándole otro orgasmo.
—Akane, abre los ojos —le pidió al ver que permanecía inmóvil.
Sus párpados pesaban toneladas, pero le obedeció.
—El primer día que estuvimos juntos pensé que me habías dejado sin sentido por ser la primera vez. Pero parece que va a ser la norma.
—En ese caso, prepárate para pasar media vida sin sentido —dijo Ranma y la tomó en brazos para llevarla al cuarto de baño.
La metió en la bañera, que ya estaba llena, se sumergió junto a ella y empezó a masajearla por todo el cuerpo.
Akane se dejó llevar por aquella agradable sensación. Había estado dispuesta a vivir con los recuerdos, pero ahora, aquello era para siempre. Le resultaba tan increíble que a veces se despertaba creyendo que todo había sido un sueño.
Aquella perfección le hacía temer que algo pudiera estropearla.
—Mi amor —dijo Ranma.
Akane estaba a punto de girar la cabeza sobre su pecho para decir algo, cuando se oyó un timbre en la habitación. Era el hospital llamando.
—Tiene que ser una broma.
—Tiene que ser algo importante para llamarte el día de tu boda. Tienes que contestar.
Se fue a contestar y al cabo de unos minutos regresó con el ceño fruncido.
—Ha habido un accidente con heridos muy graves. La mujer y el hijo de un buen amigo están entre ellos —dijo pasándose la mano por el pelo—. Maldita sea. Ahora que empezábamos a hacer el amor.
—Yo también soy cirujana, ¿recuerdas? Son gajes del oficio —dijo y salió de la bañera para abrazarlo—. Además, no tienes por qué dejarme aquí. Te acompañaré. Mis antiguos jefes me han contado que era muy buena cirujana. Puedo serte de utilidad.
—No es así como había imaginado que pasaríamos nuestra noche de bodas, amor mío. Pero tenerte al otro lado de la mesa de operaciones es lo segundo en mi lista, después de tenerte en mi cama.
Después de aquella urgencia, en la que la operación fue un éxito, pasaron dos semanas recluidos en la finca. Tres semanas después, Akane ocupaba los dos primeros puestos en la lista de prioridades de Ranma.
Por el día trabajaban juntos. Estaban descubriendo lo estimulante que les resultaba poder compartir sus carreras, además de sus vidas.
Luego, estaban las noches. Akane no tenía ni idea de cómo sus encuentros podían ir aumentando en placer y creatividad.
Aquel día hacía cinco semanas de su boda. Estaba en la semana veintidós de su embarazo y nunca se había sentido más feliz y saludable. Aunque eso no había servido para convencer a Ranma de distanciar sus revisiones médicas.
— ¿Estás lista, mi amor? Sólo serán unos minutos.
— ¿Quieres saber el sexo del bebé? —preguntó ella, tomándolo del brazo.
— ¿Y tú?
—Sí.
Él también quería saberlo, pero prefería que fuera ella la que tomara la decisión.
—Entonces, lo averiguaremos.
Cuatro horas más tarde estaban de vuelta al dormitorio. Habían salido a cenar con Mousse y unos colegas en Barcelona.
Estaban frente al espejo y Ranma le estaba bajando la cremallera del vestido.
— ¿Crees que Artemis y Hera se alegrarán de que sea un niño?
Por su expresión, enseguida adivinó que la pregunta le había incomodado. Indirectamente hacía referencia a Ryoga. El mencionar a Ryoga era la única cosa que lo había puesto tenso desde que se casaran. Al principio había pensado que era por una cuestión de celos al haber sido Ryoga su primer marido. Pero luego había llegado a la conclusión de que el recuerdo de Ryoga seguía siendo una herida abierta para Ranma. Confiaba en que el bebé sanara la herida y ayudara a cerrarla.
—Me imagino que les alegrará saber que el bebé está bien —contestó acariciándole el abultado vientre.
—Esta mañana hablé con Hera y estaba muy contenta. Me contó que los que habían demandado no eran acreedores sino inversores que le habían dado dinero a Ryoga para la construcción de un hospital. El dinero ha aparecido en una cuenta que no conocían.
—Así es —replicó Ranma y detuvo sus caricias.
—Pero entonces, ¿por qué demandaron a tus padres? Podían haber mandado una simple carta y con ayuda de un abogado y de un contable, podían haber revisado los documentos de Ryoga.
—Quizá temían que no conseguirían el dinero si no hacían más presión.
—Pero no tiene sentido teniendo en cuenta que Ryoga y tus padres son personas formales. Además, debe de haber algún documento legal en el que se recojan los derechos de cada uno.
—No sé por qué lo hicieron, pero lo importante es que todo ha acabado y nadie ha salido perjudicado.
Entonces lo vio en sus ojos. Estaba mintiendo.
—No me estás diciendo la verdad —dijo Akane tomándolo de las manos—. Por favor, cuéntamelo todo.
Él se apartó y la miró por el espejo.
— ¿Quieres saber la verdad? ¿O prefieres seguir creyendo que esa gente actuó sin sentido y que Ryoga era una persona excepcional? Deberías hacer como Hera y Artemis, mirar hacia otra parte y creerte mi explicación.
Akane se giró para mirarlo a los ojos.
—Te has inventado esta historia para tranquilizarlos. Las deudas son reales y has convencido a los acreedores de Ryoga para que cambiaran su historia.
— ¿Por qué te preocupas por los detalles?
— ¿Tuve algo que ver con esto? ¿Sigues protegiéndome?
—No, no tuviste nada que ver en ello. Me pasé la vida encubriendo las mentiras de Ryoga. Y desde la tumba, me sigue obligando a hacerlo. ¿Y sabes una cosa? Estoy harto de hacerlo y de tener que apretar los dientes para no contaros a Hera, a Artemis y a ti lo que me hizo, lo que nos hizo a todos.
— ¿Qué hizo? ¿Y qué quieres decir con lo que nos hizo a todos?
— ¿Cómo decírtelo? Sería mi palabra contra la de un hombre que no puede defenderse. Eso me convertiría en un monstruo ante tus ojos.
—No. Tú eres el hombre al que quiero con todo mi corazón.
—Olvídalo, Akane. No debería haberte dicho nada.
Pero el daño ya estaba hecho. Los sentimientos de Ranma hacia Ryoga parecían ser peores de lo que había imaginado. Tenía que saberlo todo.
—Por favor, Ranma. Tengo que saberlo.
— ¿Por dónde empezar? Ni siquiera recuerdas cómo nos conocimos.
Ella se quedó mirándolo fijamente, deseando poder recordar. De repente, del fondo de su cabeza surgió algo, como si fuera una bola de nieve convirtiéndose en una avalancha.
Acababa de recordar.
...
Parecía un animal salvaje en busca de una salida. Todo le daba vueltas.
—Akane.
Oyó su nombre retumbar y unos brazos fuertes la tomaron antes de caer al suelo.
Los recuerdos fluían en su cabeza como el agua de un río. Lo primero que había visto había sido a Ranma en una fiesta para recaudar fondos en el hospital en el que ella trabajaba. Su presencia se imponía a la de todos los demás.
Ella se había quedado allí de pie, incapaz de apartar los ojos de él, atraída por su fuerza irresistible. Él también había fijado su mirada en ella, consciente de la misma fuerza. Entonces Mousse se había acercado a él y, por el modo en que se había girado para mirarla, había adivinado que hablaban de ella. Akane se quedó allí, inmóvil, temblorosa, consciente de que su vida no volvería a ser la misma en cuanto se acercara a ella.
Luego, un hombre próximo a ella se había desmayado y había tenido que prestarle su ayuda como médico. Había permanecido con él practicándole las maniobras de resucitación y para cuando acabó, Ranma había desaparecido. Se había quedado decepcionada, repitiéndose que se había imaginado todo y que si hubiera hablado con él, habría comprobado que tan sólo era el hombre que había creado en su imaginación.
A los pocos días había conocido a Ryoga. Llegó haciendo una importante donación al hospital y se convirtió en el jefe del departamento de cirugía. Desde el principio, se había interesado por ella. Halagada por sus atenciones, había aceptado un par de citas. Luego, se le declaró. Para entonces, había averiguado que no era más que un imbécil y lo rechazó. Él se excusó diciéndole que tenía que ser de aquella manera ante los demás y se mostró diferente hasta que consiguió que lo aceptara.
Entonces, Ryoga le había presentado a Ranma como su mejor amigo.
Se sintió decepcionada al descubrir que no lo había impresionado y que todo había sido fruto de su imaginación. Parecía no poder soportarla. Ryoga, inconsciente de la tensión que había entre las dos personas a las que más quería, insistía en que Ranma los acompañara siempre. Y aunque el sentimiento no fuera mutuo, Akane había llegado a la conclusión de que no se podía casar con Ryoga mientras sintiera aquella atracción irrefrenable por su mejor amigo. Así que rompió el compromiso. Había sido entonces cuando Ryoga había tenido el accidente que lo dejó inválido.
Sintiéndose destrozada cuando Ryoga la acusó de ser la razón por la que se había quedado paralítico, Akane había vuelto a aceptar el anillo. Se casaron en una ceremonia a la que asistieron sólo sus padres, un mes después de que le dieran el alta. Ranma se había marchado de vuelta a Alemania tras asegurarse de que no había nada más que pudiera hacer por su amigo y, para alivio de Akane, no asistió a la boda.
Pero ni la mejor de sus intenciones le había servido para soportar vivir con un hombre amargado. Habían hablado con un especialista acerca del modo de llevar una vida sexual, pero sus dificultades no habían dejado de atormentarlo a pesar de que Akane le aseguraba que no le importaba. No sintió lástima por lo que no había tenido y fue un alivio cuando Ryoga dejó de intentarlo. Entonces, pudo volcar su energía en el trabajo.
Más tarde, Ranma volvió y el comportamiento de Ryoga empeoró. Había tenido que convencerlo para que no se sintiera amenazado por Ranma, diciéndole que era un especialista en lesiones de columna y que él lo ayudaría a ponerse de nuevo en pie.
Pero había algo más que Ryoga necesitaba en aquel momento. Había estado haciendo progresos con el especialista en terapia sexual y antes de que pudiera comportarse como todo un marido, necesitaba crear un vínculo entre ellos y tener un bebé.
Akane había sabido que estaba poniendo a prueba su sentido del compromiso, pero ¿cómo decirle que no? Se había convencido de que un bebé lo haría sentir más hombre a pesar de que no creía que tener un bebé fuera lo más apropiado en su inestable relación. El sentimiento de culpa ganó y con la promesa de ayuda por parte de su madre, se sometió a una inseminación artificial.
En menos de una semana, la concepción fue confirmada. La noticia sólo había servido para agriar aún más el carácter de Ryoga, que había acabado excusándose y diciéndole que no podía soportar la presión y que le diera un tiempo. De nuevo, Akane sucumbió y dejó su trabajo para ayudarlo a superar sus problemas. Entonces, le soltó otra bomba: quería que pasaran un tiempo en casa de Ranma.
Al ver que se resistía, Ryoga le había dicho que el beneficio sería doble, ya que Ranma iba a hacerle unas pruebas para comprobar si podía devolverle la movilidad en las piernas. No le había quedado más remedio que acceder.
Al llegar a Barcelona, Ranma había mandado una limusina para recogerlos, pero Ryoga insistió en que los llevaran al aeródromo donde estaba su avioneta. Al protestar ella, le había dicho que no necesitaba las piernas para volar y que era su manera de sentirse libre. Durante el vuelo, como respuesta a sus comentarios inocentes, se había puesto desagradable, incluso violento. Ella se había mordido la lengua, consciente de que no era el sitio para discutir, pero decidida a poner fin a aquella situación en cuanto aterrizaran. Pero nunca habían llegado a aterrizar.
Su cabeza se llenó de imágenes del último año antes del accidente, haciendo desaparecer la oscuridad que la había acompañado durante los últimos meses.
Alzó la vista y se encontró con la mirada preocupada de Ranma.
—Estás recordando.
—Ya conozco mi parte. Ahora, cuéntame la tuya.
—Cuando te vi en aquella fiesta para recaudar fondos, fue como ver mi destino. Se lo dije a Mousse y me dijo que si otra persona le hubiera dicho lo mismo se habría reído. Pero viniendo de mí, me creyó y me animó a acercarme a ti. Pero cuando iba a hacerlo, se montó un gran revuelo. Tuviste que ayudar a aquel hombre y yo tuve que volver al hospital por una urgencia. Le pedí a Ramón que averiguara todo de ti, para poder ir en tu busca en cuanto pudiera. Ryoga también estaba allí, detrás de mí. Debió de oírlo todo y decidió tomar la iniciativa —dijo y detuvo la narración para ordenar sus pensamientos—, Y lo consiguió. Usó un dinero que le di para conseguir aquel puesto y estar cerca de ti. Durante las siguientes seis semanas, tuve que atender una operación tras otra, deseando en todo momento correr a buscarte. En cuanto aceptaste su proposición, me llamó para decirme que iba a casarse, pero no me dijo tu nombre. El día en que regresé a Estados Unidos para buscarte, me pidió que fuera a verlo para conocer a su prometida. Nunca podré describir el dolor que sentí al descubrir que eras tú. No dejaba de repetirme que no podía haberlo hecho a propósito, pero me di cuenta por sus explicaciones de cómo te había conocido que se estaba riendo de mí, restregándome su triunfo.
— ¿Fue por eso que...? —lo interrumpió Akane.
— ¿Que me comportaba como si te odiara? Sí. En aquel momento odiaba todo. A Ryoga, a mí mismo, a ti, al mundo...
—Pero has tenido muchas novias...
—No he tenido a nadie. Desde que te conocí, esas mujeres eran intentos de distraerme. No pasaba un día sin que pensara en ti. Así que decidí marcharme, pero tuve que volver. Acabó quedándose paralítico, como siempre le habíamos advertido sus padres y yo.
—Me dijo que le hice perder la cabeza y que por eso el accidente...
—No, Akane. Aquello no tuvo nada que ver contigo. Ryoga nunca se hacía cargo de sus problemas y siempre buscaba a alguien a quien acusar. Le gustaba asumir riesgos estúpidos. Uno de sus vicios era apostar y por eso acabó con tantas deudas. Le di dinero pensando que era para comprarte regalos, pero nunca te compró nada.
Así que ahí estaba la explicación del asunto de las deudas.
—Y respecto al accidente que le costó la vida y que podía haber costado la tuya también, era su tercer accidente de avión. Ni siquiera el haberse quedado paralítico le impidió seguir arriesgándose, así era él —dijo Ranma y respiró hondo antes de seguir—, ¿Quién sabe? Quizá quería morir.
— ¿Por qué iba a quererlo? Estaba convencido de que ibas a curarlo.
—Te mintió de nuevo. No había nada que pudiera hacer por él y se lo dejé bien claro.
—Así que estaba desesperado.
—Más que eso. Estaba dispuesto a llevarte con él para que yo no pudiera tenerte. Ryoga siempre tuvo una fijación: yo. Desde el día en que puse el pie en casa de los Braddock, sintió celos de mí. Unas veces me imitaba y las otras hacía todo lo contrario de lo que yo hiciera. No sabía si quererme u odiarme.
Ahora lo entendía todo. Era la parte de Ryoga que se parecía a Ranma por la que había sentido algo. Así que había estado enamorada de Ranma desde el principio. Sólo podía hacer una cosa.
Se apartó y se quedó mirándolo, sintiendo que el corazón se le partía en dos.
—Quiero el divorcio.
Las palabras de Akane cayeron como un jarro de agua fría en Ranma. Había sido un estúpido. Había hablado mal de un hombre muerto, no sólo del que consideraba su hermano pequeño, sino del hombre al que Akane todavía amaba.
—No, Akane. Lo siento mi amor. No pretendía...
—Tienes razón. Ahora entiendo por qué la decepción hacia Ryoga. Me has quitado todo sentimiento de culpabilidad.
— ¿No amabas a Ryoga?
—Era consciente de sus manipulaciones, aunque nunca hubiera adivinado el motivo. Y con mi amnesia, no podía dejar de atormentarme el hecho de que me alegrara de su muerte. Desde el momento en el que desperté, deseé estar contigo. Siempre te he querido.
— ¿De veras? —Preguntó confuso y eufórico a la vez—. Entonces, ¿por qué me pides el divorcio?
—No importa. Lo único que importa es mi bebé. Nunca me habría casado contigo si me hubiera dado cuenta de que eras el peor padre que podía tener. En vez de querer a su padre, lo odias con todas tus fuerzas.
—Nunca odié a Ryoga. Era Ryoga el que me consideraba usurpador del afecto de sus padres. Yo lo quería como se quieren los hermanos. Ryoga tenía muchas cosas que me gustaban, pero era muy inseguro. A través de ti, encontró la forma de hacerme daño. Odio lo que hizo, pero no le odio a él. Tienes que creerme.
Pero evidentemente no lo creía y se lo confirmó con sus palabras.
—No puedo arriesgar la vida de mi bebé.
— ¿Tan poco me conoces, Akane? Dices que me amas, pero ¿tan cruel me crees como para ser capaz de pagar con un niño inocente lo que Ryoga me hizo?
—Puede que seas incapaz de evitarlo. El que Ryoga esté muerto, no significa que puedas olvidarlo o perdonarlo.
—Pero el bebé es tuyo, Akane. Y aunque fuera del demonio seguiría queriéndolo porque es tuyo. Porque te quiero y sería capaz de morir por ti.
—Yo también moriría por ti. Siento que sin ti estoy perdida y eso me da más miedo. Por favor, no me lo pongas más difícil. Deja que me vaya.
De repente, Ranma cayó en la cuenta. No podía ser tan tonto como para dejarla marchar.
—No puedo, Akane —dijo y le impidió el paso—. Perdóname por ser un estúpido. Estaba tan decidido a no dejar que se supiera la verdad, que al contarme tus verdaderos sentimientos por Ryoga, me he dado cuenta de que ya no tengo que seguir ocultándola. Es cierto que habría querido a cualquier hijo tuyo como si fuera mío. Pero quiero a este bebé y daría mi vida por él. Porque este bebé es mío también.
Se prendió esto, Dios. Bueno que les pareció otro capítulo, falta creo uno para el final.
Aqui vemos un poco de la vida de Akane con Ryoga y como conoció a Ranma, espero que les haiga gustado
Bay Kittis. Síganme en Twitter como: XTikki.
