UNA NUEVA VIDA
DISCLAIMER: Esta historia no me pertenece, es una adaptación para el universo Ranma es pero que les guste y si el libro de la escritora llega a ustedes, cómprenlo vale oro sin nada más que decir me despido.
Una nueva vida © Olivia Gates
Rumiko Takahashi © Ranma
Adaptación © Fandom MLB
NUEVO CAPITULO
PD: Este es el final, no hay extra.
CAPITULO 12
FINAL.
—Soy el padre del bebé.
Akane se quedó mirando a Ranma, sin comprender.
—Si no me crees, una prueba de ADN lo demostrará.
—Pero, ¿cómo?
Se quedó mirándola como si le hubiera pedido que se pusiera delante de un toro bravo. Antes de contestar, Ranma respiró hondo.
—Hace unos años, Ryoga recibió una demanda de paternidad. En el curso de las pruebas para demostrar que no era el padre del niño, descubrió que era infértil. Más tarde me contó que le habías pedido un bebé como muestra de lo que significaba para él vuestro matrimonio. Me dijo que no podía decepcionarte una vez más, que no quería perderte porque tú eras lo que lo mantenía con vida. Así que me pidió que donara esperma. Sólo imaginarte con mi hijo era suficiente tortura —dijo e hizo una pausa antes de continuar—, Pero lo creí cuando me dijo que moriría si te perdía. Habría hecho cualquier cosa por ayudarlo. Y sabía que estaba dispuesto a buscar el semen de cualquier donante y hacerlo pasar como suyo. No podía soportar la idea de que llevaras al hijo de otro, así que accedí. Con tu amnesia, no quise decírtelo para que no sufrieras más. Estaba dispuesto a convertirme en el padre adoptivo del bebé, a pesar de que en realidad era hijo mío.
Así que eso lo explicaba todo. El cambio en su actitud hacia ella después del accidente, tratándola como si fuera lo más preciado del mundo no era por el amor que decía sentir, sino por el bebé. No podía soportarlo más. Sintiendo que su vida había llegado al límite, se apartó de él y salió corriendo.
Ranma se contuvo para no salir tras ella. Tenía que dejarla marchar. Tenía que darle tiempo para que asumiera todo aquello. Así se daría cuenta de que a pesar de lo que les había costado llegar a aquella situación, tanto Ryoga como el destino les habían dado la oportunidad de tener un futuro en común. Su determinación apenas duró una hora. Salió tras ella y descubrió que se había marchado.
Shampoo le contó que Akane le había pedido a Mousse que la llevara a la ciudad y que la dejara en un hotel del centro.
Ranma sintió que el mundo se hundía bajo sus pies. Lo había abandonado. Pero, ¿por qué? Le había dicho que lo amaba.
En mitad de aquella confusión, encontró una nota en su cama.
Ranma,
Deberías haberme dicho desde el principio que el bebé era tuyo. Habría entendido el verdadero motivo de tu interés: cuidar de la mujer que esperaba un hijo tuyo. Conociendo la devoción que sientes por la familia, necesitas estar rodeado de tu propia sangre. Sé que quieres a este niño con todas tus fuerzas y que quieres darle la familia que ninguno de los dos tuvimos. Si me lo hubieras dicho, habría hecho cualquier cosa para que el bebé hubiera tenido unos padres que lo adorasen y que se tratasen con afecto y respeto. Para eso, no tengo que ser tu esposa. Puedes divorciarte si quieres. Seguiré siendo tu amiga y compañera y viviré en España mientras tú lo hagas, para que puedas estar con tu hijo.
Akane.
Ranma leyó la carta varias veces hasta que se fijó en sus retinas y en su cabeza. Después de las mentiras y manipulaciones de las que Akane había sido víctima, no le extrañaba que desconfiara de sus sentimientos. Seguramente, lo creía capaz de hacer y decir cualquier cosa con tal de tener a su hijo. Estaba dispuesto a demostrarle su sinceridad aunque fuera lo último que hiciera. Veinticuatro horas más tarde estaba esperándola junto a la puerta de la habitación de su hotel. Se sentía como si hubiera envejecido veinticuatro años.
Akane abrió la puerta. Parecía tan abatida como él. Lo único que quería era tomarla entre sus brazos y besarla hasta hacerle perder el sentido, pero sabía que eso empeoraría las cosas. Nunca le había gustado arriesgar, pero lo cierto era que nunca había estado tan desesperado. Ahora, tenía que arriesgarse, con la posibilidad de obtener unos resultados catastróficos. Pero era la última opción que le quedaba.
Sin decir palabra, le entregó los papeles del divorcio.
El corazón de Akane se detuvo. Parecía que nunca iba a ser capaz de volver a latir. Había hecho una apuesta arriesgada y había perdido. Le había dado la opción de ser libre y de tener a su hijo sin necesidad de seguir siendo su marido y había rezado para que eligiera quedarse con ella. Pero no lo había hecho. Ahora que Ranma sabía que podía tener a su hijo siempre que quisiera, había elegido librarse de ella.
Entonces, posó los ojos en el encabezamiento de uno de los papeles.
— ¿No me quitarás al bebé, verdad? Sé que tienes derecho a acudir ante un juez y pedir su custodia, pero por favor...
—Akane, te lo pido por favor. Déjalo ya. ¿Tanto desconfías de mí?
La angustia se apoderó de ella.
—No, no es eso. Dios,... no lo sé. Es como si fueras tres personas. Una que parece odiarme, otra que me salvó y me cuidó y que parecía que me deseaba tanto como yo a ella, y la tercera, la que siempre tiene un plan y que ahora me da los papeles del divorcio. No sé quién eres ni qué debo creer.
—Deja que te explique —dijo tomándola por los hombros.
— ¡No! —exclamó Akane y se soltó antes de que la sujetara con más fuerza.
No quería escuchar que ya no quería seguir casado con ella. Revolvió en el escritorio en busca de un bolígrafo y los papeles se desperdigaron.
—Una vez firme estos papeles, quiero que me des un par de días. Te llamaré cuando tenga las ideas claras y podamos discutir cómo arreglar las cosas a partir de ahora.
Ranma la rodeó con los brazos, haciéndola apoyar su espalda en él. Ella intentó soltarse. No soportaba su cercanía.
La sujetó con fuerza y Akane pudo sentir su erección contra sus nalgas. No entendía nada. ¿Aún la deseaba? Pero si quería divorciarse de ella, aquello debía ser su respuesta a su insaciable apetito sexual. Sus pensamientos se evaporaron al sentir sus labios en el cuello. Trató de darse la vuelta, pero él la levantó del suelo y la estrechó contra la pared, haciéndole separar las piernas para que sintiera su erección.
Luego mordió su labio inferior hasta hacerla gemir. Oleadas de deseo invadieron su cuerpo al sentir que deslizaba su mano bajo las bragas. En cuestión de unos minutos y unos cuantos movimientos, estaba dispuesto a darle todo.
El placer se fue haciendo más intenso con cada embestida, con cada palabra, con cada beso. La tensión fue acumulándose hasta que su cuerpo alcanzó el clímax y comenzó a agitarse. Luego se aferró a él, sintiendo cómo alcanzaba el orgasmo.
Cuando Akane volvió a la realidad, estaba sobre él en la cama.
— ¿Es esto una despedida?
— ¿Eliges las palabras con la intención de partirme en dos, verdad?
— ¿Qué otra cosa podría ser?
— ¿Qué otra cosa podría ser?
—No vine con esa intención, pero cuando te vi a punto de firmar esos papeles, casi me vuelvo loco.
—Pero tu intención era que firmara esos papeles, ¿no?
—He decidido pasar a la acción, puesto que no crees mis palabras ni mis muestras de amor. El tiempo lo demostrará.
Ranma se levantó de la cama, tomó los papeles y los dejó junto a ella. Antes de que Akane pudiera decirle que lo amaba, él se dio la vuelta y empezó a recoger su ropa.
Se quedó sentada, observando cómo se vestía y de repente lo vio todo claro. Al igual que ella le había dado la libertad para divorciarse, los papeles del divorcio eran su manera de demostrarle que ella también era libre. Aunque prefiriera terminar con su vida antes que perderla, la estaba dejando marchar si eso suponía dejarla tranquila.
Un hombre que tan sólo quisiera a su hijo, no habría hecho todas las cosas que él había hecho por ella. Nunca le había dicho que la quería, pero era evidente que estaba dispuesto a morir antes que a perderla. A pesar de que había ocultado la verdad acerca de la paternidad del bebé, lo había hecho para protegerla, dispuesto a que nunca se supiera que era hijo suyo.
Tomó los papeles, saltó de la cama y corrió a él.
—Es tu manera de demostrarme que me quieres y que eres capaz de aceptar que me vaya si eso es lo que quiero.
—Eres libre. Y la decisión has de tomarla tú, sin tenerme en cuenta. No eres responsable de mis sentimientos. Con el tiempo, si te convences de que yo soy lo que quieres, de que soy capaz de hacerte feliz, vuelve conmigo. Si no, firma esos papeles y házmelos llegar. Los otros documentos son la demostración de que no estás obligada a pensar más que en tu bien, no en el de los demás.
— ¿Y si con el tiempo eres tú el que decide que no me necesita? —preguntó ella revelando su mayor temor.
De pronto, Akane reparó en la última frase de Ranma y buscó esos otros documentos. Eran los papeles de la custodia, en los que él cedía sus derechos como padre a favor de ella. Le estaba dando la opción de decidir si quería que fuera parte de la vida de su hijo.
— ¿Por qué?
—Porque sin ti, nada merece la pena. Porque confío en que no le negarás mi amor aunque decidas terminar nuestro matrimonio. Porque quiero que seas completamente libre para tomar la decisión, sin temer verte envuelta en un proceso judicial de custodia. Porque necesito saber que si vuelves a mí, lo harás no por necesidad o gratitud, sino porque me quieres.
Luego se dio media vuelta como si fuera un hombre a la espera del veredicto.
Akane se abalanzó sobre él, lo abrazó y empezó a cubrirlo de besos.
—No sólo te quiero, te adoro más que a mi vida. Y no por necesidad o gratitud. No te merezco, ni merezco que sientas lo mismo que yo. Te he hecho daño y he desconfiado de ti, y no es excusa que no recordara nada porque...
Sus labios se unieron a los de ella en un beso salvaje y acabaron haciendo el amor apasionadamente. Ranma estaba acariciando a Akane, cuando de repente lo sintió.
—El bebé... Se ha movido —dijo él con la mano en su vientre y unas lágrimas escaparon de sus ojos.
—No, por favor, no llores. No soporto ver lágrimas, aunque sean de alegría —dijo ella y se apoyó en su pecho—. Estoy deseando que nazca nuestro hijo y que tengamos más. Espero que la próxima vez, mi participación no sea tan escasa. De ahora en adelante, voy a compartirlo todo contigo. Y no sólo lo relativo al bebé. Quiero hacerlo todo contigo: operaciones, investigación,... Oh, parece como si pretendiera acosarte a cada paso.
—Hazlo, por favor, no dejes nunca de acosarme —dijo y sonrió—. Sé a lo que te refieres. Yo también quiero que participes en todo lo que hago. Nunca antes me había sentido tan estimulado y tan satisfecho con mi trabajo como cuando estás a mi lado. Me gusta compartirlo todo contigo sabiendo que me entiendes.
—Te lo debo todo. Gracias a la paciencia y perseverancia que has empleado conmigo, has conseguido que mi mano volviera a recuperar su precisión.
Ranma miró su mano. Era cierto. No había ningún rastro de debilidad ni de dolor en su preciosa mano que la impidiera llevar a cabo su trabajo como cirujana. Luego, se la llevó a la boca y la besó, agradecido por poder ser el instrumento de su felicidad y bienestar.
—Gracias a ti por existir, por permitir que sea tuyo para siempre.
—Al fin, tengo todo lo que quería: a ti, al bebé y a nuestro amor.
FIN.
Bueno, no puedo creer que esta historia ya haiga acabado. Lo dijo, y lo repito, no hay epilogo o extra este es un final definitivo.
Espero, que entiendan y apoyen siempre a la escritora si sus libros llegan a sus países, bueno nos vemos en mis otras adaptaciones.
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