Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Family Of The Past

Extra 5: Las Nueve Vidas De Un Gato

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-... a doler. - Asintió lentamente a esto, algo dentro de él susurrando que no estaba seguro de que esto fuera una buena idea y que lo mejor sería correr. - Te prometo que nadie se va a reír o a meterse contigo con lo que sea que hagas, ¿si? - La verdad eso no le preocupaba tanto.

Correría, negaría, si algo más fuerte no le asegurara que huir era algo imposible. Algo que le aseguraba con suma franqueza y tristeza que no había escape, que sin importar cuánto lo intentara no podría escapar. No era siquiera una opción. Era tanto así que no lo dudaba, algo tan cierto como el cielo era azul, como Reborn-chan era linda y suave como un caramelo. No sabía cómo, porque, o siquiera cuándo o dónde, pero no lo cuestionaba.

- ¿Listo? - Un camaleón verde brillo y se transformó en una pistola luego de darle una lamida en la mejilla y sonreirle. Eso lo hubiera hecho sentir mejor si no se sintiera tal y como cuando aquellas personas habian entrado y todo se habia vuelto rojo y negro…

Las personas reunidas allí, sus tíos y sus amigos, alguno de ellos porque no todos habían llegado, solo hacían que la opresión en su pecho creciera, al igual que las ganas de llorar y correr, a pesar de que sabia que tal cosa seria completamente inutil, sin saber porque. Al final, en contra de sus sentimientos que no podía entender, asintió y sonrió.

Era papá, era su familia, si decían que esto era necesario y que no habría dolor entonces debía ser verdad. No le había mentido antes, aunque cierta parte de sí aseguraba que si lo hacían más no era algo malo que lo hicieran. No entendía, no entendía porque se sentía así ahora. Sus tíos no le mentirían, sus amigos tampoco, mucho menos pa-¡Bam!

Dolia. Dolia. ¿Por qué dolía tanto?

No tenía heridas, no había nadie, no había nada. Entonces, ¿por qué dolía tanto?

¿Por qué me ignoran?, ¿por qué se van?

¿Acaso no piensan despedirse?, ¿no van a volver?

Los estoy esperando, ¿no quieren verme?, ¿he hecho algo que les disgustara tanto?

-...yoshi? - Pestañeo varias veces, solo para toparse con caras preocupadas.

Se limitó a sonreír, sin realmente sentirse feliz, y no dijo absolutamente nada. De hecho, por un tiempo no se sintió capaz de hablar o moverse por más que lo quisiera, o por más que se lo pidieran. Estaba muy abrumado como para hacerlo, y al mismo tiempo muy distanciado de su propio cuerpo. Era una experiencia sumamente extraña…

¿Y tenía que pasar por esto varias veces hasta que fuera capaz de dominarlo?

¿Y por qué demonios estaba en interiores, y en el piso?

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-... idea, esa reacción no fue normal. - Papá mató a tío Hayato con la mirada.

- ¿Podemos salir de esto ya? - No estaba entendiendo nada, estaba aburrido, y a este paso Reborn-chan iba a terminar bañandolo a lamidas.

Por más divertido que le resultara a papá y a sus tíos verlo lleno de baba por todos lados, ninguno disfrutaba de que Reborn-chan tratara de morderlos y que lo escondiera de ellos. No veía el problema, la verdad, Reborn-chan era una gatita gigante muy esponjosa, era la perfecta almohada, jamás pasaba frío con ella. Nadie parecía opinar lo mismo, pero Reborn-chan odiaba a todos menos él así que…

Además, mientras más tiempo pasara más tentación de tratar de salirse por la ventana tendría. Lo único que lo detenía era que-¡Bam!

Un lugar grande, sumamente amplio. Vacío, carente de vida.

La horrible e indescriptible sensación de estar encerrado en un lugar muy pequeño, muy cerrado, a sabiendas de que, sin importar que, nadie vendrá a rescatarlo.

No debería estar allí, no debía de estar allí. ¿Por que no podía irse?, ¿por qué era incapaz de irse?

¿A quién esperaba si nadie iba a venir por él?, estaba perdiendo el tiempo…

-... te dije que la reacción no fue normal, hay algo malo con esto Reborn. - Pestañeo varias veces, sin ser sorprendido al verse cara a cara con su tío.

Esta vez no pudo sonreírle, o responder a lo que hablaban. Su único interés era en la presión en su pecho y en la sensación de verse encerrado, sin poder salir, con la resignación de que nadie vendría por él por más que llamara.

En algún punto se dio cuenta de que estaba llorando, de que alguien lo estaba cargando, preguntas y murmullos pasando entre dos personas que no podía en verdad seguir, los gruñidos y siseos de una pantera justo detrás, exigiendo respuestas y explicaciones.

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- Algo no está bien. - Reborn no se molestó en responder, no en eso. - No hay registros de algo similar, ¿no es así? - El guardián de la lluvia del difunto Décimo Vongola no estaba de ánimo de juegos, al igual que sus acompañantes.

- No. - Todo está siendo hablado en voz baja, afuera de la habitación de Tsunayoshi, en donde dicho niño no quería levantarse y no estaba reaccionando a casi nada. - Es algo sin precedentes. - Por más que quisiera decir que tenía alguna idea de lo que pasaba, no la tenía. Lo único que tenía en mente era algo que esperaba, realmente esperaba, que no estuviera involucrado.

Honestamente todos habian esperado algo tonto, como un niño correr en ropa interior por la mancion dando abrazos o incluso tratando de demostrar que no era un niño, tal vez unos insultos. Quizás, tal vez, una confesión como alguna vez había hecho en su vida anterior.

No lo que sea que había sido eso.

- ¿Se ha levantado de la cama Reborn? - El tema paso a algo más suave. No sería por mucho tiempo. - ¿Incluso para ir al baño? - Tal vez los otros niños consiguieran algo, esperaban.

- Está presentando síntomas de depresión justo ahora. - Y no shock como las primeras horas. Solo Dios sabía a que, el chico no quería hablar. No había hablado de ninguna de las dos ocasiones. - Solo hace lo básico si se le presiona un poco. - De resto no quería hacer absolutamente nada.

A menos que contara acurrucarse con sus animales, o mimarlos. Natsu andaba que le arrancaría la cabeza al primero que medio le diera una excusa, al igual que la dichosa pantera que a Reborn no se le seria una sorpresa si intentaba darle de comer al chico como a un cachorrito. Si se descuidaban trataría de darle un baño, o le traería alguna presa pequeña, como si-¡Bam!

- ¿Qué fue eso? - Siseo el mejor asesino a sueldo del mundo, prácticamente volando a abrir la puerta.

Ojos muy angostos, una flama inestable, y un chico en ropa interior lo saludo. León corrió hacia él, desapareciendo en su cabello antes de poderle reclamar en qué diablos estaba pensando cuando noto un detalle: Tsunayoshi se había levantado de esa cama, estaba caminando. Tal observación tenía a los otros mocosos estáticos en el sitio, viendo a Tsunayoshi andar calmadamente, ojos viendo todo y nada al mismo tiempo, como si buscara algo. Hubiera sido un alivio, así no hubiera dicho nada, así no estuviera yendo del todo acorde al procedimiento, si se hubiera limitado solo a eso.

Frío. Sentía frío, mucho frío.

Incluso con la luz del sol sobre su piel, sentía frío.

Incluso estando bajo la luz del sol, con el viento corriendo sobre su piel y su cabello, se sentía atrapado y encerrado en un sitio muy pequeño.

Incluso sintiendo el césped bajo sus pies, hojas bajo sus manos, sentía que no estaba en ningún lugar cerca de donde debería estar, pero tampoco tenía idea de dónde era eso.

Incluso con el canto de los pájaros y los animales viniendo a pedir mimos, se sentía como si no hubiera nadie.

No iban a volver, ¿no es así?

Ojos muy pequeños dieron con los de Reborn, sin realmente procesar su presencia, al mismo tiempo que un par de manos detuvieron a una más pequeña de golpear algo que dejaría más que un simple recuerdo.

Afortunadamente, Tsunayoshi no intentó nada más, no siendo detenido con un agarre firme, al menos. Incluso después que la llama se apagara, no hubo en verdad cambió, reacción, hasta casi media hora más tarde.

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- ¿No será porque en su otra vida estaba relacionado con todo esto? - Squalo se encogió de hombros al verse en el centro de atención. - Quiero decir, es el Décimo Vongola, puede que tenga alguna conexión allí. - Rascándose detrás de la nuca, sin querer admitir que estaba preocupado, agregó: - Diría que le preguntamos a Primo y todo eso, pero la verdad es que esos fantasmas nunca se nos han presentado. - Y dudaba que lo hicieran ahora.

Para bien o para mal, fue en este punto en el que Xanxus regresó, pateando la puerta y haciendo sonar un sonoro crack gracias a esto. En sus brazos estaba un mocoso de 12 años, con más vida en él de lo que hubieran esperado. De lo que había estado en los últimos días.

El mocoso estaba sonriendo, abrazando a Xanxus con gusto, contento, y murmurando algo que solo el actual jefe Vongola podía oír. Era un alivio verlo así, relativamente normal, sin miedo alguno, y animado.

- Su flama está perfectamente normal. - Declaró el hombre sin siquiera darle una mirada al lugar o a los presentes, sentándose en su silla y poniendo ambos pies sobre la mesa.

Sería intimidante si no fuera por el mocoso siendo un caramelo con él en su regazo. No es que alguien iba a decirle tal cosa, al menos no por el momento. El chico lo agarraría como una excusa para bañar de afecto al que hablara, creyendo o diciendo que no era su intención poner a nadie celoso y que los amaba a todos con una sonrisa radiante-Tal vez debería de asegurarse…

- Voi, ¿no piensas saludarme? - Si todo estaba bien otra vez, el chico no dudaría en-

- Dejalo en paz. - Xanxus le dio mala cara a su mano derecha, deteniendo al chico de ir a abrazarlo, ahora dándole a su tío Xanxus una mirada confundida. - No hay otra forma de entrenarlo que no sea básicamente dejarlo por su cuenta a que lo descifre él mismo, ¿cierto?

No, por desgracia no la había. Y podría tomar años sin ayuda, cosa que bien podría tener, pero… pero nadie se confiaba. Ya lo había perdido una vez, no querían pasar por lo mismo una vez más. Tsunayoshi tenía que aprender a defenderse, era el más quedado de su generación. Los otros niños habían estado metidos en esto, la mayoría al menos, y al dar con Tsuna habían tenido un incentivo.

Tsunayoshi era el miembro más débil de su grupo, y eso no podía quedarse así. Al menos debía saber defenderse, así sea solo para ganar tiempo, pronto. Lo demás podía venir después, pero ya le habían dado mucho tiempo como era.

- Disparale. - Xanxus se encogió de hombros, dando una sonrisa que haría correr a muchos. No era feliz, ni engreída. - Mientras más rápido agarre familiaridad, más pronto le agarra el truco. - Y lo que nadie quería oír: - No creo que sea problema de las balas.

Si Xanxus, quien había pasado las últimas horas uniendo sus llamas con las del mocoso para ver qué pasaba y al mismo tiempo traerlo de vuelta al mundo de los vivos, decía esto…

- ¿Listo? - Era imposible no notar como el chico no estaba de acuerdo con esto. Era la misma mirada que en su vida pasada solía dar cuando suplicaba no hacer algo, que no lo metieran en algo, sin decir absolutamente nada. - Podrias intentar con las pastillas, pero no saben bien… - Al menos con el disparo sería completamente indoloro y con un tiempo corto.

O debería ser corto. La última vez había durado más de lo que debía. Y ya que Tsunayoshi no quería hablar de eso por más que se le intentara preguntar o sacar el tema…

Tsunayoshi, por su parte, no quería otra repetición. No quería saber más. No quería sentir más, no quería saber más. En su interior sabía perfectamente que no iba a gustarle, que no era buena idea. Al mismo tiempo sabía que era inevitable, que no lo dejarían escapar. También sabía que era por una buena causa, así no lo entendiera. Fuera como fuera, ninguno comprendía lo que él sentía, y no sabía cómo explicarlo.

No quería explicarlo y algo dentro de él no quería que lo hiciera. Era como si alguien le tapara la boca con una mano, le negara con la cabeza, y le susurrara una disculpa en sus oídos. Al menos se mantenía allí, como una dulce y resignada presencia que no lo desamparaba. Era solo una sensación, pero no lo hacía menos real para él.

- Ok. - Si no podía decir no, no le quedaba más que decir que sí, por más que no quisiera hacerlo.

¡Bam!

Rojo. Rojo y más rojo. En el piso, en la pared, en el pasillo… en mis manos.

¿Cómo había llegado a esto?, ¿nadie entendía que no quería hacer esto?

No estaba indefenso, no mientras pudiera moverse, no mientras respiraba, no mientras existiera.

Estaría solo, encerrado, atrapado, en un estado constante de incertidumbre, pero nunca indefenso.

La humedad y calor de la sangre no hacía nada para apaciguar el frío que sentía. En todo caso, solo lo hacía sentir disgustado de muchas formas consigo mismo.

Nada nuevo. Sin nadie aquí, era libre de sentirse como quisiera, hacer lo que quisiera, no había nadie quien lo juzgará.

- No entiendo. - Las palabras salieron por sí solas, en lugar de quedar solo en sus pensamientos.

El poco ruido que había cesó inmediatamente. Pestañeó lentamente, tomando cada una de las presencias a su alrededor sin realmente un interés. En todo caso, sus llamas se encogieron en sí mismas, como una gota de agua tocando aceite caliente, cuando alguien trató de acercarse con las suyas.

No, no iba a conectarse con nadie, no iba a entrelazar sus llamas con nadie. ¿Por qué lo haría?, nadie quiso hacerlo antes, no lo harían ahora. En todo caso…

- ¿Qué hacen aquí? - No lo entendía, de verdad que no lo hacía.

No entendía nada, y no quería hacerlo. Solo… solo quería…

- Quiero ir a casa… - En donde todo estaba bien, en donde nada estaba roto en el suelo, sin arreglo, en donde no estaría solo y en donde no se sentiría tan frío, esperaba… - Quiero ir a casa… - Pero ese lugar ya no existía.

No sabía a dónde más ir.

- 5 -

- Reborn. - Llamó Bianchi una vez más al hombre que estaba dando vueltas en círculos, estresado y sin saber cómo abordar el suceso.

Ambos habían discutido la posibilidad de que la vida anterior de su hijo podía estar conectado a todo esto luego de las primeras veces. Nada podía haberlo confirmado más que el chico de ojos profundos ojos naranjas, vacíos y perdidos, que habían mirado a cada uno a los ojos sin realmente ver, con la expresión más cansada y resignada que un niño pudiera formar. El sello fueron sus palabras, como si lo anterior no hubiera sido suficiente por sí solo.

La llama intensa en la frente, brillante, junto a los ojos del mismo profundo e intenso naranja. Hubiera sido hermoso de ver si no hubieran estado tan vacíos, tan perdidos, como si el chico no estuviera allí. Bianchi estaba segura de que vieron al Tsuna de antes, por un breve momento, y no al actual. Solo ese Tsuna podía lucir tan cansado, tan perdido, y tan resignado al mismo tiempo, estaba segura.

Había saltado al Hyper Dying Will Mode, de forma casi instantánea. Eso solo acentuaba más las cosas. Lo quisieran o no, ya no había mucho que hacer. Buscar otra forma… no habían muchas opciones, aunque dada la situación, iban a dejar a Tsuna solo. Si Primo logró hacerlo sin ayuda externa, Tsunayoshi podría haberlo. Seria mas tardado y eso, pero-

- ¡Reborn!, ¡tenemos una emergencia! - El asesino se detuvo en sus pasos, justo a tiempo para que un sirviente abriera la puerta de golpe. - ¡Es el joven amo! - El sirviente no termino de decir la frase cuando se vio en la mira de dos padres listos para degollarlo y hacerlo una alfombra si no les decía claramente todo lo que querían saber.

En otro lugar, múltiples pares de ojos estaban sobre una pequeña figura que siempre habían asociado a dos cosas. La primera era al difunto Décimo Vongola, el parecido era como ver a un clon o a un hijo. Un hijo que, para bien o para mal, el Décimo Vongola nunca tuvo. La segunda era la felicidad del chico y como la transmitía a quienes estaban a su alrededor. Era prácticamente imposible estar triste o de malhumor con ese niño cerca.

Esta vez la razón número uno, la cual era mayormente pasajera, era la causa. No muchos habían visto este lado del difunto Décimo Vongola, la mayoría ya no estaba entre los vivos, y quienes quedaban solo medio contaban la experiencia, agradeciendo que el Décimo, con todo y todo, les había dado una oportunidad de irse y jamás volver. Quizás ese fue el origen de muchos rumores…

Rumores que, desgraciadamente, quedaban cortos ante lo que se estaba presenciando aquí. Ignorando la parte de que esto no era posible, no debería ser ni remotamente posible (el chico solo tenía 12 por todos los cielos), era imposible confundir esos ojos. Para quienes habían conocido al difunto Décimo en persona, era como si volvieran al pasado, y al mismo tiempo como si ese pasado hubiera hecho algo horrible para distorsionar la impresión que había dejado una de las mejores personas que había existido dentro de la mafia.

Una flama muy familiar en su frente, completamente estable e intensa, los ojos naranjas del mismo tono naranja cálido que sus flamas solo… solo que también eran la causa de mayor terror y pánico en los presentes. Era como ver dos esferas de cristal de tal precioso color antes nombrado, nada más. No había nada detrás de esos ojos, ninguna emoción o vida visible. Vacíos, similar a los ojos de un muerto. La falta de expresión no ayudaba, era como si no hubiera nadie en ese cuerpo.

A sus pies, por donde caminaba, dejaba un largo y espantoso rastro de sangre gracias al cuerpo ensangrentado que iba arrastrando, tomándolo de un pie, como si solo jalara una manta y fuera muy perezoso de alzarla y llevarle entre sus manos. El cuerpo era solo eso: un cuerpo. La persona cuya cara no podía verse, no era más que un cadáver ahora. ¿Por qué se sabía tal cosa?, aparte de la sangre y falta de movimiento, la cara estaba a un ángulo imposible de estar de forma natural.

Solo Dios sabía desde dónde venía arrastrando dicho cadáver el chico, como si fuera algo de todos los días. Fuera quien fuera, sería un problema para seguridad, ya que esa vestimenta no señalaba a nadie con buenas intenciones…

El chico no reaccionó más que para clavar su mirada vacía a quien se acercaba, no a los llamados como se esperaría, siguiendo su camino a sólo Dios sabía dónde. El golpe final, como si tal cosa fuera necesaria, era el hielo que comenzó a formarse a sus pies a nivel alarmante cuando su padre se acercó demasiado, al menos demasiado para el chico.

Eso era algo que solo el difunto Décimo podía hacer, y eso fue reciente antes de su muerte para quienes no sabían la historia completa.

- ¿No vas a correr? - Si no era obvio a quien en verdad estaban viendo, esto era el sello: - ¿Tanto deseas morir? - Se hubiera creído que era solo curiosidad si el tono de voz no dijera: "me vale un colmillo todo".

Oír la voz de un niño de esa forma, por más similar que fuera al difunto Décimo Vongola, daba escalofríos.

Si tanto miedo doy, ¿por qué vienen a molestar?

Como si no me sintiera miserable como es, vienen quienes no deseo ver.

Solo quiero verlos a ellos, no a nadie más, ¿es tan difícil de entender?

Soy el tonto que espera en vano en este lugar, a sabiendas de que nadie va a volver.

Supongo que puedo darles lo que desean. No es como si hiciera alguna diferencia.

Para bien o para mal, fue justo en este punto en donde una pantera saltó por la ventana y caminó como si fuera la dueña del lugar, a paso deliberado, hasta llegar al niño que, por alguna razón u otra, solo la miro. Tocar a uno de los animales era prácticamente una sentencia de muerte, pero eso no quería decir que estuvieran a salvo de todo.

La pantera, desde que era vista, siempre actuaba como la dueña del lugar y como si las personas fueran insectos que ensuciaban el piso, a veces bufidos bajos que podían interpretarse como un "ni vales la pena". El único humano que escapaba de esto, era el mismo niño que trataba a dicha pantera como el gatito más lindo del mundo.

- Si sabes que no es un cachorro, ¿verdad? - El mejor asesino del mundo preguntó sin mucha molestia al verse en la mira de un par de ojos con emociones distintas.

El primer par eran los ojos naranjas que, gracias al cielo, fueron adquiriendo vida y se unían a las expresiones de confusión total. El otro par eran los ojos amarillos, con profundo orgullo, que parecia estar diciendo algo en las lineas de "este es mi muchacho", "admiren a mi bebé", y "apuesto que desearian tener un bebé como el mio".

La pantera no le tenía miedo alguno a Tsuna, haciendo recordar que, por todo lo que se sabía, dicha pantera había conocido y convivido con el difunto Décimo durante años. Para la pantera, esto podría no ser algo nuevo o algo a lo cual tenerle miedo. O quizás algo sin importancia.

- No puede ser en serio… - Pues era en serio, para la pantera al menos.

Alzando al niño lo mejor posible por el cuello de la camisa, ignorando por completo que el niño le estaba siguiendo el juego con gran confusión, la pantera iba "presentando" a cada persona el niño. Un niño que no entendía qué demonios pasaba, y cuya confusión era palpable, una llama extinguiéndose lentamente ante todo lo que pasaba.

En verdad no hacía falta que la pantera hiciera esto para que quienes se la pasaban en la mansión supieran que Tsuna era su hijo, por más raro que fuera. En este momento, la pantera solo estaba presentando a su cachorro con gran orgullo porque había cobrado su primera víctima y esperaba que se apreciara ese hecho. La amenaza tácita, en forma de un gruñido ante la falta de respuesta, era suficiente consejo.

Solo ella podía mirar este desastre y verlo como algo que celebrar. Tenía que ser una pantera, un depredador, con un extraño complejo que nadie comentaría en voz alta, por motivos de "supervivencia".

- 4 -

A este punto, la incertidumbre y el hecho de que cosas raras iban a seguir ocurriendo, balas o no, había provocado que el pequeño tuviera muchos más ojos encima que de costumbre. Por todas las apariencias, el niño seguía siendo el mismo. La pantera… la pantera no tanto.

En realidad, ninguno de los animales estaba actuando como siempre. Algunos andaban de muy buen ánimo, al punto de hacer travesuras que terminaban dejando a algún pobre alma en pena desnudo y atado en las cabinas de seguridad, o sin cartera. Otros andaban siendo muy afectuosos con Tsuna, y trayendo regalos: juguetes de solo Dios sabe dónde.

Y estaba el grupo que se escapaba, daba infartos, le valía un colmillo las personas, y se colaban dentro de la mansión para jugar con el niño, mimarlo de arriba abajo, y hacerle la vida imposible al personal de la mansión. Después de todo, ¿quién se iba a intentar meter con cocodrilos, serpientes, gatos gigantes, perros de toda clase y hasta mapaches?

Quien lo hiciera no iba a terminar bien, un niño lloraría, y luego los de arriba querrían matar al culpable porque la regla de oro era no meterse con los animales. En un principio era porque esos animales, por más peligrosos y exóticos que fueran, habían sido del Décimo y una de las pocas cosas que dejó. No muchos estaban de acuerdo, ¿pero quién iba a llevarle la contraria a la nueva generación, a Varia, a Reborn, y los demás?

-... es el animal más testarudo que he visto, pensé que no se iba a ir. - Emma murmuró para sí, secándose la frente mientras que internamente agradecía no tener la mirada desafiante de la pantera sobre el.

Ahora solo quedaban los tres leopardos que no querían compartir cama con él. La cama era lo suficientemente grande para todos ellos y sobraba, pero los gatos no querían compartir. Y decía gatos porque, francamente, por como estaban actuando y por como estaban acostados bien podrían serlo. Uno estaba panza arriba y abierto, sin vergüenza alguna, mostrando todo. Otro tenía medio cuerpo boca arriba y la otra mitad de medio lado, más dormido que despierto. El que faltaba estaba hecho una bolita esponjosa que su hijo encontraba curioso.

La única razón por la que estaba tranquilo era porque el dueño de los animales estaba presente y había dejado más que claro en acciones que le agradaba Alexander. Esos dos se metían en problemas cada vez que se veían, haciendo travesuras que estaba bastante seguro que era de parte de su hijo y no de Tsuna como tal.

- Está durmiendo, se va a molestar. - Lo dudaba muchísimo, había visto a Tsuna saltarles encima y agarrarlos de almohada y no pasaba mas que los leopardos le dieran espacio y una que otra lamida.

Excepto Helado, cuyo pecado era básicamente robarle a su dueño cualquier cosa que viera que era comestible. Podía imaginarse la indignación de su mejor amigo cuando adoptó al animal, no debió dejarlo comer ningún bocadillo a ninguna hora. Este Tsuna, por otro lado, hacia los pucheros más lindos que se pudieran ver antes de amenazar a Helado de que si lo dejaba sin nada otra vez iba a pisarle la cola.

Nadie iba a decirle que Helado no encontraba esto muy amenazante, sino a la "madre" del niño que le daba el mal de ojo cuando esto pasaba.

- ¿Por qué no tenemos gatos gigantes nosotros también? - Su hijo ignoró su advertencia, metiéndose con las orejas del animal que no le estaba parando metras.

Porque aun no sabia como su mejor amigo había terminado ganándose tal amor y lealtad por parte de animales que podían matar a una persona sin muchos problemas, sin ayuda, y en poco tiempo. La mayoría de los dueños de animales exóticos terminaba con algún percance, a veces la muerte misma, sino tenían el montón de precauciones para estar seguros.

No conocía a nadie más que tuviera a esta clase de animales libres, sin bozal, sin rejas, sin celdas, sin nada, y no tuviera ni un rasguño encima. A menos que fuera accidental. Tsuna incluso tenía cocodrilos trepadores que, incluso luego de tantos años, daban terror y pesadillas a los guardias de seguridad de la reserva.

Había un grupo completo de mapaches que hacían lo que querían, incluyendo dejar a las damas sin ropa interior y a la gente sin cartera o dinero, que podían abrir cerraduras y sabían jugar muy bien al poker. Ni siquiera iba a mencionar los tiburones o que el dueño se sintiera tan seguro con ellos como para nadar con dichos tiburones.

- Pues-Reborn, tu sabes que él no come carne cruda… - Y ahora tendrían que limpiar sangre. ¿De donde saco una víctima?, si cazo a alguno de los otros animales de la reserva Tsuna no iba a estar feliz.

La pantera, por supuesto, solo le dio una mirada de muerte que prometía muchas cosas oscuras que era mejor no compartir, y lo ignoro por completo, algo en el hocico que goteaba sangre y no se movía. Ah, espera, no era un cadáver en sí… alguien había robado de la cocina, sin lugar a dudas. Eso tenía que ser parte del almuerzo, tenía entendido que iban a hacer bistec…

¿Qué crees que haces?, no deberías de estar aquí.

No piensas irte, a pesar de todo lo que has visto, de lo que soy, de lo que se te ha dicho, ¿no es así?

No somos siquiera de la misma especie, pero eso no parece importarles.

Como desearía que ellos fueran como ustedes.

Cualquier alivio que Emma pudo haber tenido, uno leve porque Tsuna siempre se quejaba con Reborn sobre que olía mal y no podía comer eso, se esfumó ante el silencio y luego el olor a algo quemado.

Ojos naranjas le devolvieron la mirada, un niño extrañado ante la repentina atención, llamas siendo usadas de cocina portátil. Una pantera pareció sonreír en suficiencia antes de caminar alrededor de su dueño y acostarse, colocando su cabeza sobre la pierna del niño.

¿Cómo demonios se supone que debía explicar esto?, ¿o como diablos lo detenía?

- 3 -

Era oficial, Tsunayoshi podría entrar al Hyper Dying Will Mode a voluntad, estar en completo control (relativamente hablando) y no caer drenado como se supone que debería las primeras veces. Tomando en cuenta su cantidad de llamas, no sería tan sorprendente si durara un poco más de la cuenta en ese estado. El control, por otro lado, era lo que producía celos en más de una persona. Celos y total desconcierto, si el mocoso no fuera la viva imagen del difunto Décimo Vongola.

Primo había sido el más joven en llegar a ese estado y luego dominarlo hasta que llegó el Décimo, quien le robó el puesto. Y ahora había llegado este mocoso, que a los 12 años había logrado llegar a tal estado y dominarlo. No debería ser posible, al igual que no debería ser posible ver a un muerto cada vez que pasaba.

- ¿Alguien puede decirme en dónde los está consiguiendo? - Preguntó Bel, exasperado. Ya no daba tanta risa como desearía.

A unos metros, a paso tranquilo y una mirada un tanto vacía, un chiquillo llevaba un cuerpo agarrado del pie, arrastrándolo por el piso como si se tratara de una almohada. Habían varios cuerpos, había rastros de sangre, y sería preocupante si el mocoso no jugara con ellos como un gato con un rato. Salía en las cámaras, el mocoso ni los tomaba en serio y aplicaba la misma intimidación y horror que el Décimo Vongola aplicó en los últimos años según las cintas de video.

A diferencia del difunto Décimo, al mocoso en verdad no daba miedo hasta que dejaba a uno gritando por su mami con un brazo hecho girones gracias al hielo que producía de la nada. A partir de allí daba miedo y a mayor escala que el difunto Décimo. A pesar de que el mocoso no iba a los extremos, era… piadoso, hacia las muertes rápidas, por decirlo de alguna forma.

Si no fuera porque tenían los niveles de seguridad en lo más alto, al punto de ser ridículo, esto no sería un golpe al orgullo.

- ¿Tio Bel? - Esos ojitos dieron con él, tomando vida como si hubiera llegado Navidad, ignorando por completo la flama en su frente. Y el cuerpo que estaba a medio camino de lanzar por la ventana.

- Si sabes que por algo están los guardias, ¿verdad? - Por más que la pantera comenzará a pasearlo y a mostrarlo a todo el mundo con el orgullo al cielo, eso no era motivo para que el chico estuviera haciendo esto.

Y hablando de la pantera, en cualquier momento aparecería para anunciar las noticias. Nunca estaba muy lejos, para bien o para mal.

¿Cómo fue que llegamos a esto?

Eramos unidos, no tanto como desearía, pero creí que eramos una familia. O lo más cercano a una, al menos.

¿Interprete mal?

Igual no comprendo que hice para que me odien tanto como para ni siquiera despedirse…

- No todos son buenos. - El chico le ladeo la cabeza como si no entendiera, señalándole un cadáver en la esquina sin cabeza.

Ah. Por supuesto, por su puesto…

- El jefe debería de habernos hecho caso y meterte en las revisiones… - Las preliminares al menos. Mammon tenía razón, mocoso o no seguía siendo Tsunayoshi y eso significaba que tenía la Intuición casi terrorífica que había hecho mucho más que salvarle la vida a su dueño.

Aunque… como esto era posible cuando, por toda lógica, no tenía lazo de sangre con Primo ahora era todo un misterio. El Décimo no dejó hijos, el Noveno ni se hable, Iemitsu menos, y no había nadie más con esa herencia…

- ¿Tio Bel? - Se rió y lo levantó, ignorando la sangre. Pronto ya no sería capaz de carlo de esta forma.

El mocoso andaba haciendo limpieza, y ya que la pantera iba a presentarlo a todo el mundo para celebrar solo Dios sabe porque, ¿por que no iniciaba el?

- No piensas irte nunca, ¿verdad? - Esta era una pregunta retórica en voz alta, pero el niño igual le sonrió de oreja a oreja y dijo que no.

- 2 -

A estas alturas, ¿qué importa ya?

Todo lo que se tenía que decir ya fue dicho.

Todo lo que se tenía que hacer ya fue hecho.

Eran todo para mi, me convertí en esto por y para ustedes, ¿que he de pensar al verme solo en esta existencia tan vacía e inclemente?

Es tarde, lo lamento.

-... seguro de que nada te duele? - Volvió a negar, pero no se movió ni un milímetro. - Pequeño sinvergüenza, ¿no tienes tus bolas de pelo para esto? - En lugar de responder, solo ajustó su agarre.

Su tío Xan-Xan suspiro en derrota, pero era teatro. Sus llamas eran muy cálidas, calmantes y podía sentir el alivio ajeno. ¿Cómo podía estar realmente molesto y exasperado si sus llamas se sentían así?, tan suaves como las sábanas de su cama, sino más.

De allí no se iba a mover, tendrían que arrastrarlo. No le importaba si tio estaba ocupado, si tenía miles de cosas que hacer, si aparecía otra torre de papel… no le importaba. Quien sea que se atreviera a tratar de que esto terminara, lo iba a hacer una paleta en el sitio. Oh bueno, lo haría si no supiera que a sus tíos no les gustaba que hiciera las cosas paleta, por más divertido o lindo que fuera.

Al menos Reborn-chan y los otros sí que les encantaba. No entendia que tenia de bueno, pero si les gustaba no iba a negarselos. Reborn-chan prefería que soplara llamas sobre ella, por alguna razón. Al igual que le gustaba traerle carne cruda, o tratar de bañarlo, o llevarlo a ver a todo el mundo. ¿Tal vez lo creía un gato?

Natsu si que lo creía uno, eso o un masajista. Por más lindo que fuera el cachorro de león, era necio y cuando pedía atención no le gustaba las interrupciones. No podía quejarse mucho, Natsu siempre estaba con él. Si se perdía sabía a dónde ir. Si estaba en problemas asustaba o atacaba a otros. Si tenía hambre lo llevaba al comedor o sacaba comida humana de algún lado. Si tenía frío, se hacía fuego prácticamente.

Y sobre todo, si se sentía inseguro, se volvió una capa gigante. Con eso encima, sentía que nada podía tocarlo. Sabia que era tonto, poco creible, pero no le importaba. Algunas cosas eran mejor no cuestionarlas y solo creer.

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-... y no tienen idea sobre en dónde se metió? - Preguntó con una ceja arqueada, sin saber qué pensar. El pequeño Tsunayoshi no era capaz de desaparecer sin dejar rastro. - Entiendo, avisaré si veo algo. - Se vio sola luego de eso, sola con sus pensamientos.

Hace mucho tiempo tal noticia le hubiera hecho difícil no sonreír, pues había una alta probabilidad de que el Décimo terminaría en el avión, o ya estuviera allí, planeando irse por unas horas o un par de días sin darle explicaciones a nadie. Probablemente bajo una de sus facetas, probablemente Hibiki, para no ser reconocido.

- De seguro estará en la reserva otra vez… - Era su lugar favorito de estar, los animales lo hacían sentir bienvenido cada vez que colocaba un pie allí. Si no había nadie con quien pasar el rato, Tsunayoshi iria alla.

Aun así sus recuerdos, la nostalgia, no la dejaron en paz. Fue de esa forma en la que terminó subiendo a un avión, uno de muchos, muy familiar para ella a pesar de todo el tiempo que había pasado. Era un avión que no tenía mucho uso aun ahora, a pesar de que no muchos sabían quien solía usarlo.

- ¿Tsuna-chan? - Se le salió, en completa sorpresa, al ver a una figura sentada en el bar comiendo chocolate como si no hubiera un mañana.

- ¡Tia! - Saludo el chico con una sonrisa, como si no pasara nada del otro mundo.

Ella tenía sus dudas, viendo la llama que se estaba apagando y al hombre noqueado en el suelo. Temía preguntar qué diantres había pasado, o porque había alguien, de seguro el barista, noqueado en el suelo.

- ¿Podemos ir a ver a Tio Dino? - Ah. Ah. Con que esto era a lo que se referían con que el "Décimo" había vuelto. - ¿Por favor~? - La carita más linda, la carita de cordero…

- Podrías haberle dicho a papá que querías ir a ver a Tio Dino. - Por más que quisiera molestarse, no podía.

Con este niño nunca podría molestarse. Y la pantera acostada a sus pies no tenía nada que ver en eso. Tampoco el cachorro de león en su cabeza, feliz de la vida. Suponía que tenía que ser así, era un sueño hecho realidad poder estar con su antiguo dueño cuando creía que jamás podría volver a hacerlo.

Quiero ir a un lugar muy, muy, muy lejos de aquí.

No quiero dejarlos, pero no puedo llevarlos conmigo y no me han dado la oportunidad de verlos.

¿Soy egoísta al querer verlos por última vez cuando nadie quiere verme nunca más?

Quiero irme, estar aquí no es bueno para mi.

- Tio Dino le dirá. - Con la sonrisa más derrite corazones que el niño podía dar, selló todo con: - No quiero estar en la mansión, no ahora, ¿puedo quedarme contigo?

Ante algo así, ¿como Akane podía decirle que no?

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¿Por qué haces esto?

No ganas nada, pierdes tu tiempo, ¿siquiera sabes la verdad?

¿Por qué sigues aquí?

¿Por qué regresas cuando te dijo que no lo hagas, que estaré bien y no hay nada que hacer?

¿Por qué te rehúsas a irte al igual que ellos, sabiendo la verdad?

Gracias por quedarte, abuelo.

- ¿Qué quieres ahora mocoso? - Xanxus no estaba de los mejores humores, no con todo el papeleo que tenía justo en frente.

En otro momento estaría contento de que Tsunayoshi viniera a verlo y demandará su atención, que quisiera afecto y lo hubiera elegido a él entre todas sus opciones para visitar. En este, en cambio, no podía. Con Tsunayoshi no podría terminar con el papeleo, o siquiera adelantar. Desgraciadamente no podía tirarle todo esto a Squalo por más que lo deseara… Vongola generaba más papeleo que Varia, y eso era decir algo…

- Esto. - Xanxus hizo una doble toma ante la mano tocando el anillo que era más decorativo que otra cosa.

Decorativo porque no lo quería, no realmente. En otra época hubiera matado por dicho anillo, por esta oportunidad. Tomando en cuenta que lo tenía era porque Tsunayoshi, el difunto Décimo, había muerto… No hace falta decir que no era grato, no en esas circunstancias. Muy pocos en la familia lo estaban, pero esos eran detalles.

- No es para jugar. - Por un rato no pasaría nada, y quizás podría adelantar algo del estupido papeleo que le tenía la vida triste. - ¡Mocoso!, eso no es-

Ni 5 segundos y el mocoso venía a golpear el anillo contra el escritorio, como si fuera algún instrumento musical. Sonriendo como si estuviera haciendo una travesura. ¿Quién demonios agarraba un anillo para golpearlo contra una mesa?, ¿y uno único?

- Hey. - Saludo una voz cansada, joven, que no debería de estar allí.

Solo estaba él y el mocoso, nadie más.

- Wow. - El rubio silbo de manera apreciativa, miles de hoyos justo detrás. Si hubiera estado vivo, tendría más hoyos que un queso, eso era seguro. - ¿Supongo que el llamado fue accidental? - El rubio preguntó de forma curiosa y algo avergonzada.

Xanxus solo podía mirarlo, aun sin bajar sus pistolas. Era Primo. Primo Vongola. Jamás lo había visto, ni siquiera cuando se colocó el anillo la primera vez. Y ahora aquí estaba. No había-un momento, ¿había dicho "llamado"?

- Abuelito~ - El mocoso, quien no tenía ni una pizca de sorpresa, saludó con una gran sonrisa al fantasma, dejando un anillo a un lado y alzandole los brazos. - ¿Me extrañaste? - Había algo muy pícaro aquí, imposible de ignorar.

La cara de estupefacción de Primo no tenía nombre, era como si no procesara lo que tenía enfrente. Al menos alguien más estaba pasando por lo que todos habían pasado al menos una vez, para bien o para mal. El hecho de que el mocoso había elegido pasar el rato con un fantasma de todas las cosas no lo sorprendió como debería.

Luego de saber que Tsunayoshi paso años en una mansión practicamente vacia, escondiendo el hecho de que ya no estaba entre los vivos, nada podía sorprenderlo de la misma forma. El hecho de que hubiera un fantasma no era nada en comparación. Incluso si era un fantasma de más de 400 años metido en un anillo de todas las cosas habidas y por haber. El genio de la lampara quedo tonto, ahora que lo pensaba.

- ¿Tsu-Tsunayoshi? - Bienvenido al club Primo, bienvenido al club.

El fantasma aun no lo procesaba, en lo absoluto. El que el mocoso sonriera más grande no ayudaba.

- ¿Décimo? - Técnicamente no.

- Tsunayoshi. - Corrigió rápidamente. No quería que el mocoso supiera eso, no aun, aunque a estas alturas-

- Te dije miles de veces que te atormentaría por andarme molestando, ¿no es así abuelito~? - ¿Para qué diantres se molestaba?

Lo único bueno era que ahora el fantasma quedó totalmente sin habla, apenas siendo capaz de corresponder al mocoso de abrazarlo.

- ¿Recuerdas todo? - Mejor salir de la duda-

- Cosas aquí y allá de estar aquí, sin querer estar aquí. - Oh. De todas las…

Fue Primo, horas después, dando infartos a varios que los veían juntos, quien confirmó que tanto recordaba y porque. Rukia y los demás niños fueron insoportables a partir de allí, incluso cuando Tsunayoshi solo recordaba pequeñas cosas y eran mayormente sensaciones y emociones.

Primo no ayudó informando que eventos traumáticos, como lo era ser disparado en la frente con una pistola, podían traer cosas que la persona preferiría no recordar.

La cereza del pastel era que ahora también aparecían fantasmas a visitar a Tsunayoshi. Fantasmas que aún no se lo creían del todo, por más que buscarán molestar a Tsunayoshi para cerciorarse. Como si el montón de animales no bastara, ahora también tenía fantasmas…

Años más tarde Xanxus se quejaría de que el mocoso traería pandemonium sin proponérselo, queriendo, y accidental, en conjunto con sus guardianes. No apreciaría el papeleo, y no podría evitar pensar que era alguna clase de venganza.