Nada de Katekyo Hitman Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Family Of The Past
Extra 6: Si Reborn No Hubiera Interferido Tanto…
-... venir? - Era una buena cosa que los guardianes del Décimo no lo hubieran esperado.
O supieran que su jefe se había escapado una vez más, incluso en el mismo vuelo en donde todos estaban. Era altamente irónico, incluso luego de tanto tiempo.
- No estoy segura de que los chicos quisieran Tsuna-san. - A un par le valía un colmillo, y otros le daban mal de ojo por solo Dios sabe qué.
El Décimo Vongola no se levantó del banquillo, solo ladeo la cabeza y se rio entre dientes, negando con la cabeza justo después como si encontrara algo tonto. Tan pronto saliera, quería arrancarse el pelo ante lo que encontraría. Luego nadie entendía porque diantres el jefe de Vongola se escapaba sin decir absolutamente nada, queriendo un descanso o queriendo evadir el caos que ocurría, o vendría a saludar.
- No pregunte su opinión. - Encogiéndose de hombros, el Décimo le recordó: - Si tienen algún problema me temo que tendré que darles alguna misión… - Y no recordarles que, técnicamente hablando, nunca fueron invitados. - Claro que, si prefieres quedarte aquí, no te culpo. - Era más seguro estar aquí, en el avión, con toda la seguridad que este ofrecía.
En realidad, era mucho más seguro estar en cualquier lugar lejos del Décimo y sus guardianes. Relativamente hablando, claro está. A donde ellos iban había una alta probabilidad de que habría caos, lo cual terminaría con la persona en frente de ella con terribles dolores de cabeza, papeleo, y pidiendo paz mental.
A veces Akane no podía evitar preguntarse si los chicos podían ser tan ciegos, era bastante obvio que el Décimo no apreciaba tener trabajo extra ni pasar el día entero en su oficina, o recibir las malas noticias de un desastre. Tristemente así era, de otra forma no tomarían tan bien el hecho de que su jefe se les escapara como un simple accidente o que "se le pasó el tiempo". Ahora, si tan solo fueran así con ella también…
- De acuerdo. - Solo esperaba no causar más problemas para el Décimo. - ¡Pero solo si me lleva de compras! - Estaban en Francia, no podía perderse esa oportunidad. ¿Qué chica lo haría?, no solo iba a conseguirse linda ropa, eso era seguro.
- ¿Oh? - Si bien ambos sabían que eso era una broma, Tsunayoshi igual le sonrió y le arqueó una ceja. - ¿Ahora también debo de llevarte y pagar por lo que quieras? - Si no sonara tan divertido y si no hubiera visto de primera mano cómo su familia básicamente saltaba los permisos y le dejaban toda esa parte a él como si fuera algo de lo más común de la vida, Akane se preocuparía o comenzaría a entrar en pánico. - Quizás otro día, hoy solo quiero… - Se apagó, dejando de sonreír y mostrando cuán cansado realmente se sentía.
Akane sabía que Tsunayoshi no deseaba estar aquí, no deseaba este viaje, y mucho menos deseaba estar pendiente de nadie o de nada. Eso no quería decir que igual no la tomó por sorpresa, el Décimo tenía gran práctica y facilidad en ocultar cosas que no quería que otros supieran. Era algo tanto positivo como negativo.
- Estás de suerte. - Sonriendo en grande, le confesó: - Venir a Francia no es algo de todos los días, así que tengo todo un recorrido planeado. - Planeaba hacerlo sola, pero ya que estaban en esto… - Y hay un par de sitios con spa que no nos podemos perder~ - Entre otras cosas menos importantes.
Una larga noche de sueño sin tener que preocuparse de nada debería de hacerle un bien. Sería un desafío hacer que inutilizara su teléfono y cambiará por completo su vestuario o-
- ¿Viper, Hibiki o Tsubaki?
O tal vez se estaba preocupando demasiado.
- Tsubaki sería lo ideal, pero lo has usado las últimas veces. - Y la gente no era tan tonta como para caer tantas veces con el mismo si no había un cambio. - ¿Qué tal Akira? - El dulce, pero agresivo y sarcástico Akira, quien no tenía reparo en quien tuviera al frente para pasar a las armas pesadas.
- Tu solo quieres que cachetee a alguien verbalmente, ¿no es así? - En parte, en parte…
- No deberían de pensar dos veces en que vaya con un guardaespaldas o con otra aeromoza. - Tan pronto lo dijo, una idea mejor se formó en su mente.
No hizo falta que se dijera nada en voz alta, Tsunayoshi también había caído en la misma idea. Nadie haría una doble toma al ver a dos aeromozas salir de un avión. En especial si dichas aeromozas pasaban un reclamo y este caía en las manos del Décimo, quien ya había despedido a un par por propasarse con las damas.
Era un plan infalible.
-x-x-x-
-... dije que te iba a gustar. - La persona en la cama ni se movió, solo dejó salir un mero murmullo indicando que seguía con vida.
Un baño podía hacer mil maravillas, en especial si era en un jacuzzi. Solo podía reírse ante el joven que de broma se vistió, aun con el pelo mojado y prácticamente en la quinta nube a estas alturas. Ni siquiera había cenado, no era hora de comer aún. Tal y como era, le daba pena levantarlo para que comiera. No sería la primera vez que Tsunayoshi se saltaba una comida o dos, era algo relativamente usual, tristemente.
- Mañana si no te salvas. - No esperaba respuesta, y no hacía falta. - ¿Tu si quieres un bocadillo Natsu? - El cachorro de león en sus brazos movió la colita y le maulló, diciendo un obvio sí.
Este pequeño era un malcriado, un malcriado de primera. Tomando en cuenta como era su dueño, no era ninguna sorpresa para ella. Natsu le haría compañía por ahora, y dudaba mucho que fuera porque desconfiara de ella o estuviera preocupado por su dueño. Desde que Tsunayoshi se tiró en la cama, Natsu se había relajado en su contra y dejó de causar un pequeño alboroto. Acariciarlo era un encanto, y estaba consciente de que lo estaba malcriando más.
- Me pregunto cómo tomará la falta de arreglos… - Nadie iba a meterse con lo que pidiera el Décimo, o pidiera uno de los altos mando de Vongola. Tsunayoshi se había rehusado a especificar quién, o dar muchos detalles.
Ella, por otro lado, no tenía forma de hacer tal cosa. No manejaba esa información y era muy posible que le pidieran alguna verificación. Había pasado un par de veces, siendo salvada por su superior o el mismo Tsunayoshi cuando eran solo ellos dos.
Natsu no tenía ninguna queja y ella tampoco. Era una habitación bastante cómoda, primera clase, no muy grande. Solo con lo que había tendría horas de entretención sin recurrir al televisor. Tsunayoshi podría tener más de un desacuerdo al ser solo una habitación con solo una cama. El no especifico, nadie específico, y despertarlo por tal cosa cuando estaba prácticamente noqueado sería bastante cruel.
La cámara era bastante espaciosa, y no era muy diferente a cuando el Décimo se quedaba dormido por accidente o por petición en el avión. Al menos aquí era mucho más cómodo.
Además, era como un sueño hecho realidad.
- ¿Croquetas Natsu? - Preguntó con complicidad, tratando de no reírse y despertar al Décimo.
- ¡Gao gao! - Por supuesto que sí.
-x-x-x-
-... despertarme. - Con la cara aun roja y tratando de no mirarla, Tsunayoshi se quejó mientras miraba que podía ponerse.
No había muchas opciones. Corrección: no había más que un par de opciones. Lo malo de dejar todo posible equipaje en el avión, por diversos motivos, y básicamente hacer compras de último minuto para deshacerse de la ropa que cargaba encima, así como los objetos esenciales significaba que a lo mucho conseguiría una o dos mudas de ropa. Por tanto terminando en este punto.
- Estabas muerto del cansancio. - Recordó entre exasperada y divertida. - Natsu fue un excelente anfitrión. - El león maulló y se frotó entre las piernas de su amo tan pronto dijo esto.
Esto sacó risas de Tsunayoshi al menos, tristemente esto ofendió un poco a Natsu. Nada que un par de mimos y un besito en la nariz por parte de su dueño no pudieran arreglar. Natsu era la criatura más consentida de toda la mansión, dijeran lo que dijeran.
- Bueno, ya está. - Natsu le dio una mirada complacida desde el hombro de su dueño. Alguien creía que había hecho alguna maravilla el día anterior, ¿no es así? - Dormí como un tronco, ¿qué hora es de todos modos?
- Es el mediodía Tsuna-san. - Noqueado había quedado, muerto para el mundo. No podía evitar preguntarse si se había trasnochado más de una noche o su tiempo de dormir se había visto cortado más de lo saludable.
- ¿Eh? - Un pestañeo, dos pestañeos… - ¡Hiiiieeeeee!, ¡no puede ser tan tarde!, ¿por qué no me despertaste? - Ay Dios…
- Te hacía falta. - Cómo podía funcionar estando tan agotado no lo sabía y le daba miedo la respuesta. - De todos modos, eres el jefe, nadie puede decirte nada. - Pero desgraciadamente lo hacían.
Y no solo se refería al mejor asesino del mundo, pero al menos él lo hacía dormir o respetaba cuando veía que estaba más allá de lo que consideraba aceptable. Los otros eran… raros. Lo decía así porque buscaban noquear a su propio jefe, sin aviso y de distintas formas, cuando era demasiado obvio y el maquillaje no hacía más milagros. Si intentaban antes no lo sabía, de igual forma generalmente lo logran cuando su jefe los dejaba ganar.
Sus guardianes eran tanto listos como muy despistados. O quizás muy confiados. Tsunayoshi tenía bastante práctica escondiendo cosas, y a veces no podía pensar que era por ellos. Luego quedaba en la incertidumbre de que, por como su jefe hablaba de ellos, como podían caer ante las mentiras blancas de su jefe o porque dicho jefe se veía en la necesidad de hacer eso. No debería ser, pero por más que intentará indagar Tsunayoshi no le daba respuestas claras y sus guardianes eran muy… particulares. Con quien podía hablar, y aun así tenía que tener cuidado, era Yamamoto.
- Natsu se tomó la libertad de pedir el desayuno. - Y la cena de ayer, y el almuerzo.
La cara de Tsunayoshi ante la información era una combinación de dos expresiones completamente distintas. Una de querer reírse a carcajadas. La otra de querer llorar.
- Ordenó todo el menú, ¿no es así? - Se lamentó el Décimo Vongola, ignorando por completo el cachorro de león que con gran orgullo alzó la cabeza y sonrió desde su puesto.
- ¿No deberías estar más preocupado sobre cómo ordeno y como lo entendieron? - Era una pregunta genuinamente curiosa.
Ella había hecho una doble toma cuando habían venido a tocar la puerta y Natsu, en lugar de esconderse como de costumbre, llamó la atención de una forma muy tierna. No hace falta decir que tan pronto vieron al cachorro de león los dos sirvientes habían perdido todo el color en sus rostros y debían, como mínimo, saber que estaban tratando con alguien de alta jerarquía en alguna familia mafiosa.
Natsu procedió a saltar sobre la mesita en donde llevaban el desayuno improvisado y un menú, para luego tocar muchas veces el menú sin siquiera verlo, dando la carita más derrite corazones que podía.
- No. - Negó con la cabeza, más divertido aún. - Cada vez que voy a cocinar me lo hace, se perfectamente lo que hizo… - Dicho cachorro se hizo el tonto ante la mirada acusadora. - Si no saben quién soy ahora será todo un milagro, gracias por eso Natsu. - El león bien podría haber dicho un "de nada" muy alegre por todo el gesto que dio.
- Entonces tienes suerte de que recordara que somos dos humanos y un cachorro de león, no un ejército. - Ahora, en que podrían haberlo traducido… - Ah, y que si iban a seguir las órdenes de Natsu podrían terminar de malas contigo, lo último que quieres es que Natsu se haga una bola, ¿no? - El recordatorio no le cayó bien a Natsu, eso era seguro.
En que podrían haber traducido eso era un completo misterio. Bien podría haberle hablado al aire con la forma en la que miraron a Natsu todo el rato.
- Me temo que es muy posible que te hayan ignorado… - Si reconocieron a Natsu, sabían de inmediato que tenían al Décimo Vongola en su establecimiento. Eso por sí solo cortaría cualquier otra cosa que pasara.
La resignación del Décimo era palpable a ese punto.
-x-x-x-
-... se ve? - Akane se giró un par de veces, luciendo el atuendo lo mejor posible.
Jamás podría acostumbrarse a esto. Las demás chicas rara vez pedían su opinión, y no con tanto entusiasmo. Si la pedían, era para alguna cita o algo así. Claro que decía rara vez debido a lo poco que salía de la mansión, o venían a visitarlo. Siempre estaba ocupado con alguna cosa, desgraciadamente…
- Me preocupa más que te sea cómodo. - Porque por desgracia: - Se te ve muy ajustado aquí atrás, y no en el buen sentido. - Más bien temía que fuera a romperse y dejarla en una situación bastante incómoda. - ¿Hay alguna talla más grande?, ¿o hasta allí llega?
No, no había una talla más grande. ¿Por qué esto no lo sorprendía?, siempre pasaba con las chicas en muchas cosas, incluyendo zapatos. A él… también, porque buscaba para ambos géneros. Y el problema le sucedía con ambos. Podía simpatizar con Akane. No podía simpatizar con otros de su mismo género porque francamente era el más bajo y el más pequeño del grupo. Su problema con la ropa masculina era que le quedaba grande, holgada, o simplemente se le quedaba mal. Otra razón más para mandar a hacer sus trajes, suponía…
- ¿Qué tal este? - No era del mismo tono, era de colores más fríos, pero era el que mejor pegaba con lo demás que estaba usando. - Debería de quedarte bien.
Había muchas más tiendas que ver, estaba seguro de que los próximos días se la pasarían en esto. Sería perfecto si no fuera por los vendedores queriendo vender, dando sugerencias innecesarias y… bueno, quizás no debería de catalogarlo como algo malo en sí, pero…
- Estás haciendo esto a propósito, ¿no es así? - Antes de que le negara o se hiciera la tonta, la jalo de la mano para que se sentara. - ¿Podrías parar? - No es que lo odiara, todo lo contrario en todo caso… - Me vas a meter en un problema, más que a todos los hombres que planeas seducir con eso. - No era una broma como quisiera.
Era un hombre sano, muchas gracias, y no podía evitar mirar a donde no debía mirar. En parte porque era un hombre, y en gran parte porque esa parecía ser la intención de Akane. No eran vestidos reveladores, y no todo eran vestidos. No todo era ajustado, había variedad. Eso no cambiaba que Akane tuviera buenos atributos, curvas, y fuera linda.
Tampoco estaba ayudando que viniera a buscarlo y a lucirse con él a cada prueba. Cielos, no era la primera vez, pero llevaban toda la tarde en esto y-
- ¿Y que si lo hago Tsunayoshi? - Eso fue un ronroneo. No iba a creer que fuera otra cosa. Lo negaba. El beso en la mejilla no ayudaba, ni la cercanía que no estaba hace 5 segundos.
- Muy gracioso. - Si claro, claro. - Me alegra que te diviertas. - Porque él no, por más que apreciara la vista.
Incluso si alguien lo consideraba para algo así, no tenía tiempo para tales cosas. Ni siquiera quería saber cómo los demás iban a reaccionar. No le dejarían vida. Lo más seguro era que espantaran a la persona que lo intentara. Y con Akane… Reborn ni siquiera aprobaba esta amistad. Como si pudiera haber-
- ¿A-Akane? - ¿Qué era esto?
Por un largo momento Akane no le respondió, frunciendo el ceño y apoyándose más en él intencionalmente, mirándolo sin decir nada. Tal mirada lo ponía nervioso, a decir verdad. Y no, no era por la perfecta vista que tenía a cierta… área.
- Sería más divertido si vieras que no es una broma. - ¿Eh? - A veces quisiera preguntarte que te hicieron para que de inmediato creas que uno se burla de ti, Tsunayoshi. - Terminó la dama, corriendo una uña suavemente por la mejilla ajena.
Si tan solo Akane tuviera una idea sobre eso… entendería más de lo que desearía saber.
-x-x-x-
- Oh. - ¿Qué otra cosa se supone que debía decir? - ¿Gracias? - No estaba ni seguro de cómo debía tomar luego de lo de antes…
Si Hayato lo viera, le daría un infarto. Por más gracioso y ridículo que fuera, no era el único de su familia que trataría de impedir que consumiera cosas tan… ¿comunes?, ¿de extraña procedencia?, la verdad ya no sabía cómo decirle. Hace años era común para él comer esta clase de cosas, ¿qué chico no lo haría?
Claro que a escondidas de su madre, quien no estaría feliz si se daba cuenta. La mitad del tiempo ni lo notaría así lo estuviera haciendo justo en frente de ella. Su madre era orgullosa de su cocina, así que…
- No me digas que no sabes que es. - Al menos estaban lo suficientemente alejados del vendedor… - Tsunayoshi.
- Sé lo que es Akane. - Había muchas otras cosas que probar, cualquiera pensaría que Akane buscaría algo más nativo del lugar, pero… - Los chicos tendrían un ataque-
- No están aquí~ - Menos mal. No oiría el final de la misma. - Puedes comer y hacer lo que quieras sin que nadie te diga algo, ¿no es fabuloso? - Y aquí vamos otra vez...
El hecho de que fuera la cabeza de la familia no significaba que pudiera a hacer lo que se le viniera en gana. Empezando por las finanzas, tratados y reglamentos generales como los internos propios de Vongola, pasando por Reborn y terminando en su familia, no había mucho que pudiera hacer. Suponía que para alguien en un puesto externo era normal pensar así. Desgraciadamente ese no era el caso.
- Si pudiera hacer lo que quisiera, ni siquiera sería el Décimo. - Empezando por allí. Hmmm, había un buen clima hoy.
Era un buen y hermoso clima para pasear y pasar un buen rato afuera. Podría considerar esto como unas vacaciones improvisadas. Al menos las disfrutaría mucho más de lo que podría arrepentirse. No escucharía el final de esto, eso era seguro. Sin mencionar…
- ¡Frío! - Definitivamente se había malacostumbrado a la comida de la mansión.
Los chefs se sentirían insultados si se enteraran. A los chicos les daría un paro, lo vigilarían y le darían un sermón. Reborn de seguro lo castigaría. No tanto por lo común de un cepillado, sino por la procedencia. Después de todo, un vendedor ambulante no tenía las mejores normas de higiene. Y por más que recordara que incluso los mejores lugares podrían no tener o seguir al pie de la letra las normas de salubridad, no decía ni pío ante Reborn o los chicos. Sería darles más munición, en el peor de los casos. En el mejor solo lo ignorarían.
No necesitaba darle ideas a Hayato para que revisara cada lugar en el que fuera a poner un pie como si fuera un posible campo minado. Estaba el ser precavido y estaba el ser exagerado al igual que el ser paranoico. Hayato tenía las tres, estaba seguro y no necesitaba su-¿Uh?
- ¿Akane? - ¿Pasaba algo?
Al no obtener más respuesta que una sonrisa, se encogió de hombros internamente, solo apretando la mano entrelazada con la suya como gesto de que no pasaba nada y que estaba allí por si quería algo.
-x-x-x-
- Solo no vayas a elegir una de terror en medio de la noche otra vez. - A él no le gustaban, y eso lo sabía ella perfectamente.
Las pasaba siempre y cuando no fueran justo antes de dormir. Le daba insomnio. Como si necesitara ayuda en el tema de no dormir. Por más divertido o por más gracia que le causara verlo chillar, esconder su cara con las manos, encogerse en el sitio y preguntar si ya había pasado todo y si ya podía mirar, Akane no podía esperar que la apoyara ahora. De por si no era más apoyo que un acompañante miedoso que no quería estar allí en primer lugar, y que sólo podría mantenerse serio hasta que saliera el monstruo come hombres. Y si, tenían que ser monstruos. Culpaba a Kyoya por su falta de sorpresa y miedo ante asesinos en películas más normales. Luego de su guardián de la nube, luego de Reborn, era difícil tenerle miedo a otro humano.
- Pero Tsuna-san… - Abrió la boca para negarle otra vez, la carita de cordero no iba a funcionar, cuando noto algo que lo hizo pausar y cambiar de opinión.
- ¿Cuál tienes en mente? - Por más que odiara las películas de terror, no iba a quedarse por más tiempo allí.
Mientras Akane sonrió de oreja a oreja y lo tomó del brazo para comenzar a arrastrarlo a ver qué pesadilla iba a tener los próximos días, de reojo podía ver a Ryohei trotando y mirando a todos lados por la calle. Era muy poco probable que lo reconociera entre tanta gente, pero más vale prevenir que lamentar. Estaba bastante seguro que no solo Akane se lo agradecería.
Si su guardián del sol estaba por aquí… entonces la estela de humo y fuego en la distancia y las noticias de última hora en la mañana sobre una explosión severa en la cual, afortunadamente, no había cobrado vidas no era una coincidencia como hubiera querido que fuera.
No quería ni pensar en la problemática que solo eso iba a darle más tarde. A veces no podía evitar querer estrangular a sus guardianes. ¿Cómo podía ser posible que en ninguna salida o misión pudieran evitar destruir algo?
- ¿Te veo? - ¿Debería de preocuparse o no con un nombre así?
- Dicen que es buena. - Eso no quería decir que lo fuera, pero sí que subía las probabilidades… y sus nervios.
- Recuérdame porque vengo contigo al cine. - O le seguía la corriente en muchas cosas.
- ¿Por qué soy linda? - No hacía falta la sonrisa engreída ni que le guiñara el ojo.
En parte, pero no.
- Iré a pedir las cotufas… - Que de seguro no iba a comer la gran cosa, otra vez.
- ¡No te olvides de los refrescos amor~! - Luego se las cobraría…
No era tan molesto como quisiera que lo fuera. Le gustaba ver esa sonrisa, incluso cuando era a expensas de él. No es que fuera a decírselo, claro está.
-x-x-x-
Se supone que los chicos eran quienes buscaban ver películas de terror con chicas, especialmente si era la pareja, para terminar siendo abrazados y dar "refugio" a las chicas asustadas. La verdad, Akane nunca le había visto la gracia, y no creyó que fuera a vivirlo porque a ella le gustaban las películas de terror...
- Dime que ya termino, solo dime que ya termino…
Hasta ahora. Con todas las veces en las que había arrastrado al Décimo a ver películas de terror, con todas las veces en las que algo lo había asustado al punto de perder color o reaccionar con un puñetazo a lo que sea que alcanzara… esta era la primera vez que terminaba siendo usada de escudo. Lo quisiera o no, ahora entendía el atractivo de tener a alguien así. Era tanto adorable como una excusa para tener contacto físico que usualmente no se daría en otras circunstancias.
El mal trago de que estas cosas nunca parecían pasar con otra persona era uno agridulce. Estaba bastante segura que ninguno de sus guardianes había sido usado de escudo o había visto a su jefe así de asustado… tendrían otra reacción cuando alguien buscaba asustar a Tsunayoshi, una que no fuera relajada. Reborn tenía culpa, ese hombre se aparecía de la nada y si creía que eso no asustaba sería una mentira del tamaño de una montaña.
- Aún no. - Y por cómo iba la cosa sería mejor que no mirara por un buen rato. - Te aviso. - ¿Y cómo perderse la oportunidad de meterse con ese pelo tan suave?
Por más divertido y tierno que esto fuera, eso no era lo que la hacía sonreír como si no hubiera un mañana. Después de todo, ¿cómo olvidar al imperturbable Décimo?
A veces se le era difícil recordar que la misma figura a la que nada parecía molestar podía ser la misma que tenía a su lado justo ahora. Quizás debió escoger otra película más suave o sin cosas paranormales…
Nah.
-x-x-x-
-... emocionante. - Apretó los labios para no decir absolutamente nada. - La primera fue la mejor, pero esa última sí que estuvo sangrienta, ¿no crees Tsuna-san? - No, no iba a responder a nada.
Una sola película había acabado con ver casi toda la selección de terror del cine. Si, le alegraba que Akane se divirtiera y pasará un buen rato. Si, no estaba mal de morir. Si, esto no pasaba todos los días y por alguna razón Akane prefería ir con él a esas cosas. No sabía por qué. Por Dios, era el peor compañero para esas cosas, eso debía de saberlo. Si era para hacerlo sentir mejor, pues-¡Ssssssshhhhhhhhh!
- No estes bravito… - Ese ni siquiera era el problema. - ¿Tsunayoshi? - La palabra acarició el aire del mismo modo que los labios que lo soltó a su mejilla.
Si estuviera molesto no la hubiera acompañado a cada función, no hubiera pagado los boletos ni los aperitivos y mucho menos hubiera hecho la cola por los mismos. No, no estaba molesto. Estaba con los nervios a mil. Piel de gallina, pelos en punto, alerta máxima, como se deseará decirle. Estaba que le saltaba a las sombras, ¿qué tan patético es eso?
Y aquí estaba ahora, con alguien abrazándolo repentinamente por la espalda, mucho más cerca de lo que se esperaría. Eso, en sí, no hubiera sido un problema si no estuviera con los nervios de punta, y si no fuera tan pegado. Estaba bastante seguro de que Akane se le olvidaba el tamaño de sus senos. A él no, y menos con este tipo de cosas. No era como si-Uhhh…
- ¿Qué estás haciendo? - Salió como un siseo, para su vergüenza y pánico interno.
Definitivamente ahora no podía ignorar que tenía una chica apoyada en su espalda. Ella no podía ser ignorante de esto. No cuando-
- ¡¿Akane?! - No, esto no era divertido, ni gracioso ni-
Cualquier queja, cualquier intento de liberarse fue detenido de la forma más simple y más tonta que pudiera haber. Cualquier otro hombre catalogaría esto como irse al cielo. O una oportunidad de oro.
- ¿Mejor? - Como si no hubiera hecho nada, como si no acabara de besarlo, Akane le preguntó con sinceridad, sonriendo como si no hubiera pasado nada del otro mundo.
Había un par de cosas que hubiera querido decir, pero al final se las guardó. Se limitó a tomar una respiración profunda y levantarse. Había sido un error quedarse cuando era mejor quedarse solo en algún rincón para pasar el malestar. Reborn no lo dejaría oír el final de la misma, no debía de mostrar estas cosas…
- ¿Tsunayoshi? - No giró, no se detuvo. - ¿A dónde vas?
Había sido un error quedarse.
-x-x-x-
- ¿Tsunayoshi? - No sabía para qué se molestaba, era obvio a estas alturas que el Décimo no iba a responderle. - ¿Tsunayoshi? - Podía tocar la puerta todo lo que quisiera, pero nada.
Desde su hombro un leve maullido le recordó que no había sido solo a ella a quien habían dejado sin más. La culpa era de ella, pero la verdad es que no sabía que había hecho tan mal como para terminar en esta situación. Si hubiera sido por sus avances, la reacción hubiera sido muy diferente. En su lugar, el Décimo fue extrañamente silencioso y la mirada que le dio fue ilegible.
Algo que había visto más de una vez, pero nunca con ella. La mitad de esas veces era cansancio combinado con no querer lidiar con lo que sea que estaba pasando más no tenía de otra. ¿Cómo lo sabía?, había tenido la mala sorpresa de encontrarlo bebiendo a escondidas de su familia, con poco buen ánimo. Al menos Tsunayoshi no era de molestarse cuando era negado algo, el alcohol no era para usarse de esa forma.
- ¿Tsunayoshi? - Quizás no era eso, sino… - No volveré a hacerte ver películas de terror conmigo, ¿suena bien? - Valía la pena intentarlo, ¿no es así?
Pasar la noche entera encerrado en el baño, por más grande que este fuera, no era buena cosa, ¿cierto?
- ¿Tsunayoshi? - Iba a usar la llave de emergencia si no obtenía respuesta.
El silencio no estaba ayudando a sus nervios, a nada. Y por más que quisiera respetar su privacidad, no iba a dejarlo pasar la noche allí. Suponía que debía de agradecer que al menos no había salido de la habitación a solo Dios sabe dónde. Estaba plenamente consciente de que, si Tsunayoshi lo hubiese querido, no duraría ni 10 minutos en perderse. Después de todo, lo hacía con sus guardianes y eran varios que lo conocían por mucho más tiempo que ellas.
Hablando de los guardianes, ¿qué hacían ellos cuando pasaba esto?
- Gao. - El maullido fue solo para llamar su atención, el felino arañando la puerta pidiendo que le abrieran. Pidiéndole a ella que la abriera.
En qué momento se había bajado no lo sabía. Si fuera por ella, Natsu hubiera entrado desde hace mucho. La cosa era que… ¿uh?
- Juraría que estaba cerrada… - Hace media hora, más o menos, había intentado abrirla y nada. Cerrada con llave, ¿y ahora mágicamente no lo estaba…?
Akane dudaba que Tsunayoshi la hubiera abierto. No luego de tanto tiempo y no para dejar a nadie entrar. Así que esto era un completo misterio para ella, al igual que lo era Tsunayoshi. El Décimo era mucho más fácil de entender, Tsunayoshi no tanto.
La imagen que la saludo no fue lo que esperaba. La verdad es que no tenía idea de que esperaba, pero estaba segura de que no era esto. Natsu, por su parte, no tuvo reparo en correr a su dueño y saltar. Contadas ocasiones había visto a Natsu morder a su dueño, ninguna con intención de dañar. Esta era una que tiraba eso por la ventana, y no podía evitar pensar que Natsu estaba molesto y que esta no era la primera vez que algo así ocurría, no para Natsu.
La figura sentada contra la pared, con las rodillas al pecho y los brazos sobre los mismos, una mano caída y cara fuera de la vista, no tuvo más reacción que jalar al cachorro de una oreja, en afecto. Ignorando la sangre, los gruñidos y las garras buscando agarre para subir y de seguro dar más que un par de mordidas, el Décimo Vongola no parecía ni sorprendido ni perturbado. En todo caso, solo por la posición en la que estaba contra la cerámica de un baño, justo al lado de un armario, parecía cualquier persona menos uno de los jefes mafiosos más poderosos del mundo. No parecía el Décimo que había devastado a varias familias, al Décimo que lideraba una alianza de varias familias poderosas, al Décimo imperturbable, o al Décimo que muchos temían conocer y asustaba a unos cuantos ante su falta de reacción a los intentos de intimidarlo.
- Deberías haberte quedado afuera… - Fue el murmullo irónico, cansado, dirigido a Natsu.
El cachorro de león no hizo más que soltarlo solo para morderlo otra vez, con más ganas, solo para obtener una leve risa tristona. Con mala cara, los pelos en punta, Natsu lo soltó y dio la vuelta. Si el cachorro de león pudiera hablar, Akane estaba segura de que diría: "arregla este desastre" justo ahora. Parecía un gato arisco, en especial con el pelaje erizado y la sangre en su mandíbula.
Tomando en cuenta que ella fue la culpable de esto, que jamás había visto a alguien de este modo y no tenía ni idea de lo que debería hacer…
- ¿Estás bien? - Pregunta tonta, realmente una pregunta tonta.
Verlo a la cara, porque la levantó para verla, no ayudó a su situación. El que luego de un momento le sonriera (vacío, sin emoción, sin realmente querer sonreír) y actuará como si nada pasara…
- Si, estoy bien. - Obviamente no era así, ni siquiera quería compañía. - ¿Por qué no te llevas a Natsu? - Traducción: váyanse ambos. - Necesitas el baño, ¿no?, perdón-
Ahora podía entender la exasperación del pequeño animal que tenía gran mala cara y seguía mirándola como si demandara que solucionara esto.
- Si tanto te afectan las películas de terror me hubieras dicho. - Por alguna razón, Natsu colocó una de sus patas en la cara y bajó la cabeza. Muy bien, esa no era la razón de este desastre. - La sección de comedia y la romántica eran extensas hoy. - Había muy pocas acciones, por alguna razón. - ¿Puedo… puedo acercarme? - No quería hacer las cosas peor.
¿Qué hacía su familia cuando esto pasaba?, tenía que haber pasado, ¿no?
- No hubiera entrado a verlas contigo si no hubiera querido, Akane. - Eso era muy lindo de oír y todo, pero…
- Y estas aquí, en lugar de estar con nosotros en el cuarto. - Natsu gimoteo en voz baja y decidió salir, dejándola a su suerte con su amo, quien ni siquiera pestañeó ante tal sentencia.
- Mañana es otro día. - Que forma de decirle que se olvidara de esto, cielos.
Si, mañana sería otro día y si lo dejaba así luego no podría decirle absolutamente nada. No creía ni por un minuto que debía de dejar esto pasar, no era saludable y francamente:
- Lo que sea que haya hecho me disculpo. - Y ni siquiera sabía si podía acercarse o no. ¿Arriesgarse empeoraría las cosas? - ¿Contacto a Gokudera o a Yamamoto? - Ellos debían de saber que hacer, debían de-
- No. - Tanto ella como quien habló se vieron sorprendidos por tal comando. Tsunayoshi fue el primero en recuperarse: - No, no contactes a nadie. - Lo último fue dicho con una mirada bastante oscura. Extraño.
- ¿Seguro? - Porque como fuera: - No estas bien. - Y si se atrevía a decirle lo contrario otra vez iba a tirarle una barra de jabón en la cabeza. O lo primero que agarrara.
En lugar de responderle, esos ojos caramelo volvieron con ella, con más toques naranja que antes. Tal cosa de por sí usualmente lo atribuía a sinceridad o simplemente alarma. Era algo raro para ella, y no era algo de lo que se hablará mucho en Vongola. No había querido preguntarle, temiendo que fuera algo que no se debía de tocar. Tsunayoshi tampoco lo tocaba, para bien o para mal. Fuera como fuera, no se presentaba en cualquier momento, no había un patrón… o si lo hubiera no sabría cual.
- El único que me ha visto así es Natsu. - Vino como una confesión, una dolorosa admisión en todo caso. - Me conoce tan bien desde siempre que es prácticamente imposible esconderle algo, y de paso destruye los bloqueos que dejó. - Explicó del mismo modo, en voz baja, señalando con la cabeza a la puerta como si le pesara hacer tal cosa.
Fue aquí, en este punto, que tuvo la horrible realización que la puerta nunca estuvo cerrada. Al menos no con llave. Pequeños trozos de lo que parecía ser hielo adornaban las bisagras y las cerraduras, algunos yacían en el suelo, derritiéndose. Tsunayoshi no había cerrado la puerta. La había bloqueado. Y el único otro ser cercano que podía ignorar tal cosa era Natsu, por más que su dueño quisiera que ese no fuera el caso.
Jamás hubiera podido abrir la puerta. No hasta que Tsunayoshi decidiera salir, o Natsu decidiera que suficiente era suficiente. Natsu podría haber esperado a que se rindiera y entrar por su cuenta. Incluso podría haber volado la puerta. Por más lindo y pequeño que fuera, Natsu tenía un poder terrible e increíble.
En pocas palabras, por todo lo que podía asumir…
- ¿Nadie más sabe? - No podía ser… - El que seas el Décimo no te impide buscar confort de otros Tsuna-
- No lo entiendes. - Eso, por más que quisiera negarlo, era un lamento. - Nadie lo hace, no lo harán. - Lo que sellaba la seriedad del asunto era que esos ojos eran casi completamente naranjas, a pesar de no mirarla más y sonreír sin realmente quererlo. - Estaré bien mañana, no te preocupes. - Desestimo con un tono alegre, pero uno que no se reflejaba en ninguna otra parte de su rostro como usualmente pasaría incluso si era falso.
Incluso con el borde rojo de sus ojos y las mejillas húmedas, la persona que tenía enfrente solo parecía estar sumamente cansada.
- Muy bien. - Si estaba tan seguro de eso, y ya que no quería hacer las cosas peor…
Ojos completamente naranjas dieron con ella y se mantuvieron observándola, sin entender, por un buen rato antes de que se cerrarán. Ninguno se movió, por más incómodo que fuera el sitio, el piso, la posición y la temperatura. En todo caso, lo único que paso que Akane podía recordar era que Tsunayoshi apretó su mano, para indicar que apreciaba el gesto, y no busco desentrelazar sus manos.
-x-x-x-
Tuvo al menos una hora o dos para sí antes de que el Décimo volviera al mundo de los vivos. En ese tiempo no pudo evitar sentarse y repasar los recuerdos de ayer. Natsu, el pequeño león, seguía de mal humor y seguía dándole esa mirada en donde demandaba que solucionara algo. Tal cosa solo le confirmaba que esa era la única razón por la que Natsu le abrió la puerta, porque creía que ella podía hacer algo que él no. ¿Qué podría ser esto?, buena pregunta.
Lo que pasó anoche no era un evento singular. Solo Dios sabía desde cuando ocurrían y porque exactamente. Una persona no lloraría a escondidas sin razón, y no llegaría tan lejos para esconderlo. Al menos eso creía. Si fuera por Tsunayoshi, nadie sabría.
Esto la llevaba al segundo hecho más impresionante de todos: nadie más sabía. Ni siquiera Reborn, el mejor asesino a sueldo del mundo, tenía idea. Tomando en cuenta lo apegado que el Décimo era con Reborn, incluso si tenía más distancia de lo que cualquiera esperaría luego de oír todo lo que Tsunayoshi podía hablar del hombre, se podría pensar en dos razones. La primera era la posible decepción del asesino, un miedo tonto más eso no lo hacía menos irreal. La segunda sería el miedo de ganarse un castigo, un sermón, o ambas. Esto, tristemente, era posible.
El tercero y más preocupante hecho sería: si había escondido algo así durante solo Dios sabe cuánto tiempo, ¿qué otra cosa más escondía?
- Ne, Natsu. - No es como si el cachorro pudiera responderle, pero: - ¿Que tan cercano es Tsunayoshi con sus padres? - Si los hubiera visto, pues no sabría decir. El Décimo no hablaba de familia de sangre, si es que tenía.
Natsu hizo una doble toma ante la pregunta. Luego dio la cara más extraña que le hubiera visto antes de maullar con fuerza. Para bien o para mal, eso fue lo que le avisó que el Décimo estaba despierto, y no de que había sido despertado sin querer. Claro que, a pesar de la promesa, la evidencia aún seguía con él. Iba a usar maquillaje, estaba segura.
- Dime que eso no es por el desayuno. - Con un paño en la cabeza y solo pantalones, y con cara de no querer salir a ningún lado.
A veces no podía evitar pensar que Tsunayoshi hacía estas cosas con intención, pero sabía la verdad: era completamente inconsciente. Entre amigos y familia no había tanta formalidad, y aun así Tsunayoshi era el más "formal", el más "modesto". Estas pequeñas cosas como salir sin camisa o decir algo provocativo eran cosas de momento. Ya sea porque se le olvidó, no le dio importancia, o simplemente era para hacer sonreír a alguien. Nada serio, y no podía evitar culpar a medio mundo por eso.
Empezando por otras familias, quienes usualmente solo buscaban molestarlo, intimidarlo, o eran tan formales que era doloroso de ver. No es que Tsunayoshi fuera mejor, pero al menos era más natural. Por tanto, era altamente probable que Tsunayoshi no creyera a la primera algo que se le decía, al menos no de forma positiva. Era un chico lindo, poco intimidante, físicamente hablando. No muchos consideraban algo positivo ser lindo, así que…
Luego culpaba a los guardianes, quienes prácticamente vivían con él y ninguno tenía mucho tacto, por no hablar de que no tenían reparo en meterse entre ellos y destruir cosas. A más de uno le había tocado momentos incomodos con el sexo opuesto, y Tsunayoshi no era exactamente ciego. Los guardianes eran apuestos, físicamente hablando, para muchos ojos.
Akane estaba segura de que Tsunayoshi no debía de tener ni idea de cuántas personas intentaban coquetear en serio con él, cuántos ojos tenía encima, o siquiera la razón del porque su familia no la apreciaban mucho. La sobreprotección era un arma de doble filo y por ello creía que Tsunayoshi debía de pensar que no era tan apuesto como quienes estaban con él. Era lo contrario, era el más deseado, pero no por las razones que de seguro querría oír.
Luego culpaba a Reborn, por enseñarle a evadir o cortar de tajo esos encuentros, por no hablar de que el asesino y el resto de la familia no ayudaban con la sobreprotección. Si, tenían razón en que era necesario y todo eso porque era el Décimo, pero… pero mira que ya no encontraba forma de cómo hacerle ver a Tsunayoshi que le gustaba, ¡ayer y antes podía considerarse una cita!
Así que, en conclusión, por más que admirara la vista de esos abdominales y pecho húmedo y sin pelo, Tsunayoshi no lo hizo con esa intención y seguro ni se le pasó por la cabeza. Podría decirle, pero de seguro lo tomaría en el sentido opuesto y luego no podría ver estas cosas.
- Le pregunté si sabía si eres cercano o no con tus padres. - Hizo un puchero al verlo ponerse la camisa y dejar el paño a un lado. No duró ni 5 minutos.
Inmediatamente Tsunayoshi quedó completamente quieto. Duró unos segundos, pero incluso sin eso sabía que había tocado un nervio:
- ¿Oh? - La sonrisa se había vuelto tensa, y más una pantalla que otra cosa. Hace unos años no hubiera pensado nada malo de ella. - ¿Curiosa?
Si no fuera porque sin duda alguna había tocado un nervio, no tendría miedo de admitir que si, en gran parte era curiosidad, pero no por lo que Tsunayoshi podría pensar…
- Creo que los viste hace un año. - A pesar de no haber respondido de ninguna forma, no se atrevía, Tsunayoshi tenía otros planes: - ¿Te acuerdas de mi última fiesta de cumpleaños? - Pues sí, ¿cómo olvidarla?, había sido… algo. - ¿Recuerdas a la pareja que tomó el micrófono y luego vinieron a interrumpirnos? - Oh si, como ol-
- ¿Ellos? - Que fuera broma, que fuera broma por todos los cielos…
¿Cómo olvidar esa fiesta?, fue estupenda con unas cuantas cosas memorables. Esa pareja era una. Cuando agarraron el micrófono, el señor mayormente, que si no mal recordaba había sido parte de Vongola o algo así antes, había sido un momento caótico. En parte fue positivo, porque hablaron del Décimo Vongola, de lo asombrados que estaban y todo eso. Ciertas partes tocaron malas cuerdas, por alguna razón, con ella. Con Reborn también, quien tan pronto los vio había comenzado a buscar sacarlos.
Hubiera sido relativamente apacible si no hubiera sido el Décimo quien fuera a bajarlos, a decirles que no podían hacer eso sin autorización, y que por favor bajaran de allí inmediatamente. Tal anuncio, por supuesto, no fue algo positivo. Tampoco lo fue que el Décimo solo les sonreirá, y negará todo contacto físico con ellos. En realidad, Akane estaba bastante segura de que solo fue educación lo que lo mantuvo allí.
Al terminar la fiesta, quedó con la impresión que esa pareja no era muy apreciada entre los altos mandos de Vongola, al igual que otras personas, pero esa destacó. Claro que gran parte de esto se debía a que, cuando el Décimo la busco entre la multitud mientras moría la fiesta, tanto para tener una pequeña charla como para decirle que informara que en unos días iba a viajar a una reunión, tuvo asiento de primera fila a una conversación que sin duda alguna hubiera quedado mejor a puerta cerrada. No fue ella sola, por desgracia.
- Si, ellos son mis padres. - La siguiente sentencia no era una sorpresa ahora: - No somos muy unidos. - Lo demás, por otra parte, sí que lo era: - Mi padre lo vi contadas veces antes de ser el Décimo, muy contadas y muy cortadas. Viví solo con mi madre hasta que me mudé aquí, por razones obvias. Tampoco somos tan cercanos, pero la quiero mucho. Ella no sabe nada de este mundo, aun ahora. - Al final ya no había sonrisa, solo cierta culpa.
- Se casó con tu padre, ¿no? - Solo para estar en la misma página. - Te tuvo, te crió sola, y luego… - Luego que. ¿Apareció el esposo que nunca estuvo allí y se desentendió de su hijo o que se estaba perdiendo aquí?
- Mi padre se aseguró de mantener nuestro estilo de vida, llamaba de vez en cuando o pasaba cartas. No hay mucho que decir allí. - Y dado que la esposa era civil… Santo Dios, no le estaba gustando lo que estaba oyendo. - No lo considero un padre, pero si me oye mamá… - Una pequeña risa nerviosa. - Podrías decir que ella siempre fue una chica perdidamente enamorada, y según mi padre yo tengo todo resuelto, eso es todo lo que basto. - Eso fue todo lo que bastó para que se viera solo con su familia no de sangre. - Honestamente lo prefiero así, mamá es de las que vive en su mundo, si entiendes lo que quiero decir. - Oh no…
De la nada el comentario de que más de una vez la casa de Tsunayoshi había sido llenada de balas, como si hablaran del clima, tenía otra interpretación que no era un chiste.
- Nunca le dijiste nada… - Y si lo hizo ella nunca entendió o no le creyó. Que horrible…
Con razón Tsunayoshi nunca hablaba de sus padres, o de cualquier otro familiar de sangre que pudiera tener. ¿Siquiera había alguien más?
- ¿Crees que me hubieran dejado?, está la Omerta. - Eso no hacía las cosas mejor.
No era la primera vez que oía un caso sobre un mafioso metiéndose en familias civiles, o dejando esposas, amantes, y/o hijos. Era más común de lo que se pudiera pensar. Había muchos hombres en la mafia, en comparación con mujeres. Pero quizás esta era la primera vez que oía que una de estas mujeres abandonadas se aferró a tal…
- Ya veo. - Hacia una horrible pintura. - Si no te importa, ¿podemos hablar de lo de ayer? - De hecho: - Hay muchas cosas de las que tenemos que hablar, la verdad. - Con esta imagen, tan incompleta como era, podía ver más que una horrible pintura. - No soy ninguno de tus guardianes, no soy tu madre, ¿pero podemos hablar de verdad tú y yo? - Sabía que era un golpe bajo, pero: - No solo oír y concordar, o guardártelo, no conmigo Tsunayoshi.
Si su propia madre, con la cual había vivido gran parte de su vida, probablemente la primera persona que estuvo allí para él, no le creyó, no vio… ¿cómo alguien más lo haría?
Si sus propios guardianes y su familia entera no podían darse cuenta de que el caos que provocaban no era bien tomado por su jefe, por más obvio que fuera y quien vivía consumiendo chocolate y a veces amenazaba con querer emborracharse, y quien una vez tuvo meses con Shamal por problemas de salud… ¿por qué a alguien más le importaría?
Si Reborn, una de las personas de las cuales hablaba tan bien el Décimo y a la cual admiraba en silencio, tenía la tendencia de asegurarse que el Décimo fuera perfecto, siempre preparado para todo, y pasando a mano dura casi inmediatamente porque disfrutaba de atormentar al Décimo cuando podía… ¿Quién podría querer oírlo?
Había visto varias peleas entre Reborn y Tsunayoshi por ella, a causa de ella. Reborn no la quería cerca de él, por la misma razón y posiblemente otras más que la familia entera de Tsunayoshi. En esas peleas, por desgracia, había visto de primera mano cómo Reborn cortaba al Décimo en medio de sus oraciones, como catalogaba cosas como excusas, malas decisiones o tonterías, sin realmente haberlo oído todo. Solo cuando Tsunayoshi comenzaba a visiblemente molestarse era cuando esto cambiaba, o cuando dejaba de hablar y Reborn se veía que estaba hablando solo.
La persona que tenía justo enfrente, quien la miraba sumamente perplejo y herido en cierta forma, vivía usando un disfraz. Una máscara. Jamás había visto a Tsunayoshi real más que por vistazos, lo de anoche fue lo más que había visto del verdadero…
El único ser que sabía exactamente qué había detrás de esa máscara era un cachorro de león, Natsu, porque es imposible huir de tu propio reflejo.
El que Natsu la dejara ver, ¿era una señal de ayuda o era signo de confianza?, Tsunayoshi podría haberla sacado o podría haberse ido a otro lado. En su lugar solo había pedido que olvidara.
Era solo cuestión de tiempo para que la máscara consumiera por completo al usuario, o que el usuario se cansara de todo y tomará una decisión que cambiaría las vidas de todos quienes los conocían. Una bomba de tiempo y el reloj seguía haciendo tic tac sin tregua alguna.
Su propia familia no tenía idea de nada de esto, ¿no es así?
Vivían con él, desde hace años, y no sabían.
No sabía cuál era más triste: el que no supieran así estuviera justo frente a sus narices por años, o que supieran y no les importara en lo absoluto.
-x-x-x-
-... hacer eso. - Podría decirlo tantas veces como quisiera, pero eso no cambiaba que estaba hecho puré y en lugar de apartarse solo se apoyaba más.
- Es muy suave, y no es problema. - Incluso aun mojado era muy suave, y tenía mente propia. Cabello indomable sin duda alguna. - No me quites la excusa para tocarlo. - Hace rato que ya había terminado de cepillarlo, y eso ambos lo sabían.
- Como si te lo negara. - En esto tenía un punto.
Natsu, desde la cama, rodó los ojos. El león la había estado mirando todo el rato casi con curiosidad, ya no estaba tan molesto o demandante como antes. Tenía el mal presentimiento de que estaba esperando que iba a hacer. Todavía no había hecho nada, más bien estaban esperando algo de comer porque ninguno quería salir.
Bueno, Tsunayoshi no quería ir a ningún lado. Natsu no iba a ir a ningún lado sin su dueño, y ella no se atrevía a salir no vaya a conseguirse con una habitación vacía. Eso, y la excusa que tenía tanto para meterse con ese pelo como para ver a Tsunayoshi en ropa casual. Un desayuno tardío tranquilo no le caería mal a ninguno, eso era seguro. Tsunayoshi prefería comer a solas por más de una razón, y ahora que muy posiblemente sabían que el Décimo estaba en este hotel más aún.
- Dale un minuto o dos y tocaran la puerta. - Comentó el hombro más ido que en el mundo de los vivos.
- Tú y tus predicciones. - Bromeo, suspirando y dejándolo en paz.
No fue ninguna sorpresa para ella que Tsunayoshi no se levantara cuando llegó la gente, perfectamente cómodo en la cama. En cierta forma, se hizo el dormido. Nadie, por más miradas raras que les dieran a los tres (la cosa era más con Natsu y su dueño, por motivos obvios), iba a molestar al Décimo Vongola. Tal y como era, solo hacerse el dormido era un gesto de confianza en la confidencialidad y seguridad del hotel, cosa que podía valer oro si era por los motivos correctos.
Natsu, por otro lado, atacó inmediatamente, apenas dejando que colocaran los primeros platos en su lugar. Si no fuera un animal con llamas del cielo, el personal del hotel hubiera dicho algo. Tal y como era, nadie iba a decir absolutamente nada si valoraban sus vidas como las conocían.
- ¿Ni siquiera piensas esperar a que terminen de acomodar? - Ella no tenía miedo de tal cosa, hace mucho tiempo que eso había pasado.
El miedo era no tanto por el animal sino por el dueño. No había tantos usuarios de las llamas del cielo, y los más conocidos pertenecían a Vongola. Vongola no era una familia que se quisiera molestar-
- Claro que no, y menos si traen carne. - Sin siquiera levantar la mirada, o moverse del sitio. - Natsu, nadie te va a quitar nada, ellos no están aquí. - No es que esto sirviera más que para darles unos segundos al personal, que no usaron.
Bueno, por las caras pálidas ya habían hecho una conexión. Todo por el nombre de un cachorro de león, de todas las cosas.
- ¿Ellos? - Si no era una conversación peligrosa…
Sería bueno saber porque Natsu casi siempre tenía tanto entusiasmo por comer y su dueño se le olvidaba una que otra comida si no se tenía cuidado. Finalmente Tsunayoshi se levantó, aunque solo fue para sentarse.
- Natsu es uno de los más pequeños y el menos problemático. Los otros saben esto, así que usualmente Natsu termina de último o sin nada. - Estirándose y haciendo sonar sus huesos, Tsunayoshi agregó: - Por eso pide el menú entero si puede, no porque sea un pequeño glotón. - No es como si lo de la parte de "pequeño glotón" no fuera cierta a veces. - ¿Esto es desayuno o almuerzo?
El como una simple pregunta podía poner a un montón de gente en pánico no debería ser tan divertido como lo era. Lo mejor del caso es que en verdad no pudieron darle una explicación y Tsunayoshi terminó por dejarlos ir diciendo se veía bastante bueno, incluso si no estaba seguro de si era un desayuno o un almuerzo.
- ¿Entonces Natsu pide todo para que le quede algo? - Pregunto solo para asegurarse, obteniendo un asentimiento de Tsunayoshi, mientras se sentaba a comer.
- Siempre ha sido así, los otros no lo respetan mucho. Ya sabes, es un león y no mete miedo ni se da a imponer. - Tsunayoshi se encogió de hombros, acariciando detrás de las orejas a dicho león para después atacar pan tostado. - Creo que también hay celos involucrados, le doy comida aparte, golosinas y todo eso. Y lo dejó salir cuando quiere, ¿cierto Natsu?
- Gao~ - Vaya, tenían celos del más consentido porque era consentido.
- Siempre que lo veo es contigo. - Muchas veces hasta comiendo del mismo plato.
Ah, pero eso era cuando estaban solos o lejos de los demás. Excelente.
- Por un tiempo deambulo por su cuenta, pero no resultó muy bien. - Solo por la pausa y la mirada entre ambos, había algo que no estaban diciendo. - A Natsu no le gusta pelear. - Resumió como si eso explicara todo.
Y lo hacía. ¿Cuántas veces el Décimo no había dicho eso e igual terminaba en una pelea?
- Uno pensaría que con todo y todo serían más amigables entre ellos… - Pero la verdad es que no recordaba haber visto a todos los animales de la Décima Generación juntos alguna vez.
- Técnicamente lo son, pero en ciertas cosas "todo vale", incluyendo la comida. - Se encogió de hombros, sin notar la cara de pocos amigos de Natsu, quien asintió antes de volver a atacar lo quedaba de ese bistec.
Algo le decía que Tsunayoshi no sólo simpatizaba con Natsu, sino que conocía perfectamente el sentimiento. Y estaba acostumbrado a él. ¿Por qué decía eso?, porque se le venía a la mente esas pocas veces en las que Tsunayoshi estaba hablando con ella y comiendo alguna cosa solo para verse con las manos vacías en un dos por tres por cierto ilusionista o cierto espadachín. Al menos el último tenía la decencia de disculparse o dejarle algo. Lo que más destacaba de esas escenas era la nula sorpresa y la cero importancia que le daba Tsunayoshi al verse sin nada. Molestia agarraba, claro, ¿quién no?
- ¿Solo piensas comer eso? - No era nada. El Décimo no comía mucho, no tanto como se esperaría siendo un hombre, pero viéndolo justo al lado de Natsu, quien iba a reventar si seguía así…
- No tengo tanta hambre. - Traducción: "solo estoy comiendo para no preocupar".
Aquí si no pudo evitar fruncir el ceño. Aparte de una mirada confusa, no pasó nada porque se acercará.
- ¡Akane…! - Ayer prácticamente no había cenado, diciendo que no tenía hambre gracias a los nervios. ¿Ahora con que pensaba salir?
- Ellos no están aquí. - Le recordó lentamente, eligiendo cuidadosamente sus palabras.
Por alguna razón Natsu eligió este momento para unirse a su dueño, obteniendo dos expresiones casi idénticas, dos pares de ojos saltones y una queja posiblemente en camino. Era chistoso, muy chistoso.
- ¿No deberías estar tranquilo y hambriento con este pequeñín de aquí? - Dicho pequeñín movió la colita y se apoyó en las caricias. Estaba hecho una bola. - Nadie te va a decir nada, lo sabes, ¿cierto? - Ella no le iba a decir nada, tenía que saberlo, ¿no es así?
- Realmente no tengo tanta hambre-
No, no creía esa ni por un minuto. Lo creería si hubieran encendido el televisor y sin querer hubieran dado con el último destrozo hecho por los chicos. Realmente no pudieron conseguirse mejor persona que Tsunayoshi, no cualquiera se aguantaba todo eso…
- Quítatela. - Pidió. Pidió.
No había más contexto que sus dedos trazando su mentón y su mejilla, pero esos ojos se ablandaron igualmente.
- No tengo hambre. - No había sonrisa aquí, mirándola directo a los ojos. - Me dará más tarde. Usualmente no como en las mañanas, se me olvida, y con lo de anoche… - Negó con la cabeza, sin querer ahondar más de lo necesario. - No tengo hambre. - Repitió, cansado por alguna razón.
- Más te vale decirme cuando. - U ordenar algo. - ¿Quieres acostarte un rato? - A Natsu habría que cargarlo. No había de otra. - Para la próxima no durmamos en el piso del baño, creo que eso terminó de matar tu apetito.
Era uno de los lugares más incómodos para dormir que había conocido en su vida. Al menos saco unas risas.
-x-x-x-
Más que un rato, fue luego de una siesta. Obviamente no había dormido tanto como aparento porque se quedó dormido mientras hablaban de los planes que tenía en mente. Quedo hablando sola, esa era la verdad. Por la hora, era un poco más allá de lo normal para el almuerzo. Tal cosa le hacía recordar que a esta hora alguien haría levantar al Décimo, o lo intentaría, para alguna cosa, de su escritorio.
- ¿Te han dicho lo delicado que comes? - No podía evitarlo, era algo simplemente inusual. - Es como si no tuvieras prisas y de paso estuvieras en una reunión. - Más elegante no podía verse, sinceramente, comiendo algo.
Ante el anuncio, su acompañante se sonrojo, tratando de mantener una cara seria solo para reír al final.
- Perdón. - Así, de esa manera tan casual, se fue gran parte de la elegancia. - Reborn me mataría si me ve comer de otra forma. - Y allí estaba otra vez ese nombre…
- ¿Hay algo que no tengas que hacer…? - ¿Sin que salgas con las tablas en la cabeza?
Tal pregunta obtuvo una sonrisa bastante triste y divertida. Qué mezcla tan rara de ver. Dejando la bebida y el tener un momento, Tsunayoshi le admitió:
- Me temo que ser un jefe Vongola viene con muchas reglas, tienes que tener una imagen casi perfecta ya que muchas cosas juegan con esa imagen. Por ejemplo, Varia dejaría de respetarme si, por alguna razón, demuestro miedo o debilidad o si no les doy el debido trato. Si ellos hacen eso, muchos comenzarán a dudar de mí porque Varia llevaba bastante tiempo con Vongola, desde antes que yo entrara. - Una leve pausa. - Podrás hacer mil cosas buenas, pero has una mala y por esa es la que te recordarán. - Por un momento algo oscuro pasó por sus ojos. Fue tan rápido que no sabría decir que.
- ¿Deberías dejar de hacer toda esa etiqueta entonces…? - ¿Y siquiera debería de estarle diciendo eso para empezar?
- No hay nadie aquí. - Le recordó lo que ella le había recordado. - Me has visto agarrarme con un armario, no creo que vayas a sorprenderte por esto. - No solo con un armario, Tsunayoshi. - Y tengo hambre.
- Hmmm-hmmm…
Era bueno de ver, incluso si era un tanto irónico cuando había un cachorro de león echó una pelota roncando a pierna suelta en la cama. Al paso que iba Tsunayoshi, iba a pasar de dos platos y no eran platos pequeños.
Tal palo tal astilla. Ha.
- ¿Quieres que pida otra cosa? - Ella no iba a comer más, pero no le sorprendería si Tsunayoshi solo paraba porque no había más y no porque estuviera lleno.
- Quizás. - ¿Oh? - ¿Has probado el sushi? - ¿Sushi? - Veo que no. Es típico de donde crecí, es bueno. - Pues si lo decía así…
Al final terminaron comiendo ambos sushi en la cama. Tsunayoshi se comió la mayoría el solo.
- Así que… - Ahora que estaban ambos con el estómago lleno, que Natsu no se fuera a meter (bueno o malo solo Dios sabia), y de buen humor. - ¿Podemos hablar de lo de anoche?
Palabras mágicas. Santo Dios.
- Solo si no la usas. - Porque lo último que necesitaban era que mintiera. Otra vez. En algo muy delicado.
A eso era preferible no hablarlo, dejarlo así, para no empeorar las cosas.
- ¿Es realmente necesario? - Ni él mismo creía lo que intentaba. - No es-
- Sin… - Esta vez lo empujo en la cara, suave, solo para darse a entender. - esto. - Sin mentiras, sin máscaras, sin nada.
Por un largo momento no hubo nada más que un concurso de miradas. Finalmente, Tsunayoshi suspiro profundamente y preguntó:
- ¿De qué parte? - Todo, y su mirada debió de decírselo porque hizo una mueca.
- ¿Por qué no comenzamos en lo que hice para hacerte llorar? - No era la mejor forma de decirlo, pero quería ser clara. - ¿Fue llevarte a un maratón de películas de terror? - Mejor salir de toda duda, que le dijera para no volverlo a-
- Akane. - Serio, un tanto cortante. Era un llamado de atención. - Si no hubiera querido no hubiera entrado contigo a ninguna. - Esto fue mucho más amable que el primer todo.
- ¿Hice algo que no te gusto mientras trataba de animarte entonces? - ¿Tal vez había dicho algo?, ¿o no le gustó la cercanía esta vez?
- No. - Una mirada sorprendida. No se esperó tal pregunta. - Si y no. - Corrigió luego de un momento.
En lugar de preguntar, le arqueó una ceja y esperó. No fue decepcionada:
- Ver películas de terror no es precisamente lo mío y lo sabes Akane. - Pero ese no había sido el problema, no iba a contradecirse ahora, ¿o sí? - Fue un maratón, vimos una tras otra (o al menos tú las viste completas), salí de allí con los nervios en punta y con el corazón a mil. No debí de haberme quedado con nadie así, fue mi error-
- No se recomienda dejar a una persona sola así. - Podía llegar a ser peligroso. No lo vio tan mal… - No fue un error, menos tuyo, ¿estabas más sensible?, ¿malinterpretaste algo? - ¿Tomo algo al extremo o creyó-
- Para mí es preferible estar solo hasta que se me pase. - No había más que seriedad en esto, lastimosamente. - En especial si no hay chocolate. - Y alguien se había comido las reservas en medio de todas las… oh.
- Espera, ¿los chocolates son tu método de control? - Había sospechado que eso no era solo porque le gustaba, pero esto…
- Shamal. - Pero asintió de todas formas. - Es más asociación que otra cosa, pero funciona. - Pero con la cantidad que consumía…
- Solo una película de terror a lo mucho. - No más. No más. Eso no era para nada sano.
- No es-
- Quizás no, pero comiste como 10. Tanta azúcar tampoco es saludable Tsunayoshi. - Manejar el estrés de esa manera no era sano. Tener tanto estrés tampoco lo era.
No había un día en donde el Décimo no consumiera chocolate. El Doctor Shamal se lo receto. Asociación… El Décimo nunca tuvo un problema físico o una enfermedad, sino estrés. Vivía así, y no decía nada.
Que iba a decir cuando no creía que fueran a escucharlo y probablemente estaba en lo cierto. ¿Cuántas veces no decía que trataran de no volar algo en mil pedazos como broma en frente de los causantes?
Sabía que era imposible que no tuviera estrés, todos tienen, aunque sea un poco, pero no creyó que… ¡ugh!
- Las de acción también son buenas. - O quizás: - Comedia y Romance también, ¿no? - Ella no quería colaborar, no ahora que sabía. Con el golpe que venía, con los destrozos que el Décimo se iba a encontrar tan pronto se reuniera con los demás… - Podemos ver la saga entera de Harry Potter también. - Incluso si estaba más repetida…
- Perdón… - Tonto, tonto y tonto. - ¡Hey! - Fue solo un leve jalón, no era nada.
- Okey. - Siguiendo… - ¿Que hice para terminar contigo encerrado en el baño? - Gracias a Dios fue allí y no salió del hotel. No tendría idea de donde se hubiera metido.
Ante esto hubo duda, cosa que no le dio buena señal. ¿Era algo que había dicho?, ¿o algo que-
- Las personas solo se acercan demasiado en busca de beneficios por mi puesto, o por intimidación o burla. - Todo esto fue dicho lentamente, con incertidumbre. Aun diciéndolo, Tsunayoshi no estaba seguro de si debía decirlo. - No soy atractivo Akane. - Más lento aún, como si le pesaran las palabras.
Tardó un momento en entender lo que en verdad quiso decirle Tsunayoshi con eso. La única razón por la que no se desquito era porque estaba siendo genuino y porque finalmente tenía la respuesta del porque Tsunayoshi jamás buscaba corresponderle de la misma forma más tampoco daba un parado, dejándolo como si fuera alguna clase de broma. Que no era. Y el hecho de que no quería creer eso de ella ayudaba mucho.
- Tú no te has visto en un espejo, ¿cierto? - Y si lo hacía no le gustaba lo que veía. - Si te comparas con tus guardianes, nunca serás atractivo Tsunayoshi. - No es que tenía mucho con que comparar, la verdad.
Era el más bajo, el más delgado, el de aspecto más frágil y delicado. Era lindo. De entre los siete guardianes masculinos, ese era el. Entre los más allegados, ese era el.
No era el misterioso, alto y formidable, mete miedo de Hibari. No era el misterioso, alto, extravagante de Rokudo. No era el musculoso y energético Sasawaga. No era el misterioso, estricto, elegante y educado, pero también el delincuente, de Gokudera. No era el carismático, el amigable, el ingenuo, pero también el peligroso, Yamamoto. Y no era el jovencito, perezoso, galán, pero también llorón y mimado, Lambo.
Ni hablar de Reborn, o Kozato, "Dino" o incluso el raro "Bya-kun" que solo había visto una vez. Ante ellos y más miembros masculinos Tsunayoshi perdía.
De por sí compararse con otros no llevaba a cosas buenas, no en ese sentido.
- Eres lindo. - Tal palabra estaba trillada. Muy trillada. - Piel perfecta. - Suave, sin marcas que pudiera vez, de un blanco precioso. Y si, no debería de estar tocando dicha piel para acentuar su punto. - Tu cabello es suave, y es marrón chocolate, al igual que tus ojos. - Caramelo, por lo brillante que podían llegar a ser. - Típico o no, no ves a nadie con este tono particular. - O con tal brillo, en el caso de sus ojos. - No eres monstruosamente alto, nadie tiene que sentir dolor de cuello mirando hacia arriba al verte. - Quizás eso no era tan positivo, pero no terminaba: - No tendría que saltar para robarte un beso. - No como les pasaba a muchas. O tener que ponerse de puntillas. - No tienes vello en la cara, ni en el pecho, no a todas las mujeres les gustan los hombres con vello facial o lleno de pelo en todos lados. - A ella no. Y conocía a unas cuantas que no también. - Tal vez muchas chicas te envidien por tal aspecto, tal vez te veas más frágil y delicado de lo que desearías… - Pero sea como sea: - Eres lindo, Tsunayoshi, tan lindo como un peluche de felpa que no cualquiera querría soltar.
Y para rematar:
- Un peluche de felpa muy lindo que puede noquear a alguien y arrastrarlo por el piso como si nada. ¿Qué más terrorífico que eso? - Después de todo: - Les ganas a todos, incluso a Reborn, en la parte mete miedo. No hay nada más brutal, más terrorífico, que algo de aspecto tierno e inofensivo yendo por ahí y de la nada llevando todo al diablo. ¿No viste Anabell conmigo? - Mala comparación, pero iba con el efecto.
Finalmente:
- Creo, Tsunayoshi, que tu problema está en que tu físico quiere estar acorde a esto. - Una mano en el pecho, donde había un corazón. - No puedes negar, por más que lo quieras, que eres demasiado amable y dulce para tu propio bien. - Muy amable, bondadoso, y radiante. - Si la gente llegara a conocerte, se enamoraría de tu personalidad así no le gustara tu físico. - Para bien o para mal: - ¿No tienes a una gran familia llena de gente que no se lleva bien entre sí, pero te siguen a todos lados? - Como patitos detrás de su madre.
A veces era chistoso de ver. Aun así, no se podía negar que casi todos sonreían al ver a Tsunayoshi, en especial cuando el Décimo se acercaba a ellos a tener una pequeña conversación. Tsunayoshi era muy amigable, tenía un don en atraer personas a él como polillas a la luz.
- ¿Por qué no me crees? - Por más que no quisiera que ese fuera el caso, la falta de reacción decía mucho y nada al mismo tiempo.
No era solo con esto. Había muchas cosas que Tsunayoshi no parecía ser capaz de creer por más que se le fueran dichas. Sonreía, seguía la corriente y ya. Sin sorpresa, sin tener alguna clase de impresión, positiva o negativa. Era por eso que sabía, y de darle muchas vueltas a su cabeza.
- Dame-Tsuna. - ¿Que tenía que ver ese apodo que a veces sonaba con todo esto? - ¿Sabes que significa Dame?
- No… - Nunca preguntó. Sólo parecía ser algo de Reborn y ya que lo evitaba para evitar roces…
- Inútil, bueno para nada. - Ni un segundo de duda, nada. - Bueno para nada Tsuna. - Agregó, como si eso dijera todo. Y lo hacía.
- ¿Por qué Reborn-
- No solo Reborn. - Lo que siguió no hizo nada mejor: - Lo que pasa es que Reborn es uno de los pocos que lo dice en mi cara y hay una regla silenciosa en no esparcirlo. - ¿Regla silenciosa?
¿Eso significaba que había unos cuantos muertos o bajo amenaza…?
- ¿Por qué? - Tal "Dame-Tsuna" no tenía sentido. - Reborn no debería ni de bromear con algo así. - Peor aún: - ¿Por qué alguien te diría algo así?, ¿acaso los japoneses…? - No sabía casi nada de Japón, así que.
- Los japoneses somos mucho más rescatados, respetuosos podrías decir. No somos de ir por ahí dando abrazos, o llamando a la gente por su nombre de pila, o compartiendo números de teléfono. - Fue más un recordatorio que otra cosa. Había hecho muchas preguntas al respecto, mayormente por las extrañas reacciones ante el contacto físico. - Pero también está la mentalidad de sacar las mejores notas posibles, de no hacer trampa, y de hecho en muchas partes de Japón ningún estudiante celebra un día libre. - ¿Ah? - Es un buen lugar, pero cada país tiene sus cosas. - "Tanto buenas como malas" fue lo no dicho.
Esto, en sí, no le respondía nada. Solo le recordaba que la persona frente a ella venía de una cultura diferente y una en donde la gente no llegaba de buenas a primeras a saludar con un apretón de manos, un abrazo, o besos en las mejillas. El cambio no debió de ser sencillo, y no por primera vez le hacía preguntarse por qué el Décimo era un japonés. En realidad, la mayoría de los guardianes eran japoneses. Y los más que lo recordaban eran Hibari y Tsunayoshi. Porque eso de sentarse con las rodillas tocando el suelo y una mesita para beber té… eso no lo hacía cualquiera, estaba segura. Lo había intentado, rayos.
- No era el chico más listo o el más atlético Akane. - Tsunayoshi no la miro al decir esto. En todo caso, no quería hablar del tema.
En un lugar en donde todos buscaban, en general, obtener las mejores notas, no creía que esa oración apuntara a algo muy bueno que digamos.
- Es difícil verlo, pero eso no te hace "Dame". - El hecho que no fuera el chico más listo de su clase no significaba-Ah… oh oh.
Esto no iba a ser sencillo, ¿eh?
- Tsunayoshi. - Era más un regaño que una demanda, esperaba, empujándolo de la frente con un par de dedos.
Al menos el Décimo entendía a la perfección lo que quería decirle, incluso si se negaba a mirarla y no quería hablar del tema. Tal vez hasta aquí llegarían, no podía culparlo si no quería hablar-
- El peor de la clase, el que no podía hacer nada bien, nada. El más torpe, el que se tropezaba hasta con aire, al que siempre dejaban de último para no incluirlo en grupos, el de la mala suerte. El bueno para nada Tsuna. Dame-Tsuna. - Vómito a una velocidad alarmante la persona que creyó que no iba a decir nada más. - Reborn fue el único que creyó en mí, y solo fue porque era su trabajo hacerme el Décimo Vongola. Nada más, nada menos. - De la misma forma, rápido, indolente, soltando todo lo más rápido posible para seguramente no pensar en eso más de lo necesario.
Como si eso no fuera un golpe en la quijada, como si no necesitara un rato para procesar lo dicho al menos, nada la hubiera preparado para lo que siguió:
- Ni siquiera elegí a mis propios guardianes, Reborn arreglo todo, nunca tuve la opción de rechazar este puesto. Todo estaba arreglado y mi voz nunca tuvo peso. Nunca quise estar en la mafia, nunca quise ser el Décimo, ¿pero crees que decir no era válido? - Por la leve risa casi demente que siguió a sus palabras, la respuesta era un rotundo no. - Ni siquiera hubiera sido considerado, no sabría nada de este mundo, si los hijos del Noveno no hubieran sido asesinados y no fuera el único descendiente de sangre disponible de los anteriores jefes Vongola. - Más tarde caería en cuenta de que Tsunayoshi prácticamente le dijo que era solo un chico civil que fue lanzado a esto sin pedirlo. - Le debo todo lo que tengo a Reborn, pero nada cambia que no lo hizo por mi Akane, nadie hizo nada por mi sino por el Décimo. Dame-Tsuna por siempre, ¿no crees?
Las risas que comenzaron un tanto psicóticas para deshacerse en unas para nada felices, no era nada en comparación con el hombre que se apartó y se cubrió el rostro, la razón obvia por más que tratara de ocultarla.
-x-x-x-
- ¿Mejor? - Pregunta tonta, muy tonta.
En lugar de una respuesta como tal, lo único que consiguió fue que frotaran una mejilla húmeda en contra de su mano. Mucho era que Tsunayoshi se hubiera quedado y la dejara ver esto, mucho era que le hubiera dicho todo eso… solo porque se lo pidió. No se atrevía a preguntarle nada más, no ahora cuando aún las lágrimas no paraban por completo.
- Me gustan los chicos lindos. - No serviría de nada, pero esperaba que lo distrajera un rato al menos. - Desde que te vi pensé que eras lindo, Tsunayoshi. - Físicamente hablando, por su puesto. - Como persona eres un encanto, haces sonreír a muchos cuando te ven. - Y fuera como fuera: - Me gustabas sin conocerte, me gustas aún más por como eres. - No era algo que fuera a creer, no de buenas a primeras. Esos eran sus roces con Tsunayoshi, y aun así este tonto no… - Estaremos bien como amigos, pero no esperes que pueda contenerme de seguir intentando "seducirte". - Medio bromeó con la palabra, buscando obtener al menos una sonrisa divertida, pero nada.
Definitivamente nadie tenía idea de quién era en verdad Tsunayoshi, solo Natsu. Tarde o temprano algo podría pasar y no sería bueno para nadie. Aun ahora no creía haber hecho nada más que darle un pequeño respiro. Solo Dios sabía desde cuando había estado guardando eso, fingiendo estar perfectamente bien con todo.
- No soy atractivo, Akane. - No iban a concordar en eso pronto, sin duda alguna. - Tú sí.
- El que muchas chicas prefieran al chico misterioso y con pinta de delincuente no significa que no hayan-¿Que dijiste?
- Que tu si eres atractiva. - ¿Y eso tenía de gracioso que cosa...? - Te lo he dicho, ¿no?
- Me has dicho que los otros tienen buen ojo. - Le recordó con una mueca, sin querer pensar en toda la "clientela" masculina y a unos cuantos compañeros de trabajo… - Ah. - ¿Que se supone que debía de decir ante el entendimiento tardío?
- Los chicos y Reborn no son muy entusiastas contigo. - Ha. Eso no era nuevo. - Ya conseguirás a-HMPT.
- ¿En serio vas a venir ahora a decirme que piensas dejar la oportunidad a un lado con una sonrisa Tsunayoshi? - Dios, no conocía a nadie que pudiera hacer eso de forma sincera y genuina. No sin algún problema de por medio, o que tuvieran el ojo en alguien más. - ¿Solo porque parece muy bueno para ser verdad? - Bingo. - ¡Hey!
Se quejó, la mano llena de baba. Suponía que era justo: ella le tapó la boca y él le lamió la mano para que lo soltara. Mas infantil no podía haber sido eso. ¡No era para reírse y aquí estaban ambos riéndose de tal estupidez!
- ¿Incluso con todo lo que oíste? - Vino la pregunta en un susurro un par de minutos después, un par de ojos caramelos con un leve tinte naranja mirándola con curiosidad.
- Me gusta Tsunayoshi mucho más que el Décimo. - Algo que debería ser obvio, pero aparentemente no lo era. - Puedo esperar, igual nada cambiará que somos amigos, ¿cierto? - Era lo más optimista que podía dar.
No estaba segura de lo que pasaría si Reborn o los demás daban alguna especie de ultimátum. Eran su familia, fuera como fuera, y si en algo era conocido Tsunayoshi era que lo más importante era su familia.
- Ya veo. - Eso fue todo, un alivio apoderándose de él antes de que se viera víctima de que le robaran un brazo de almohada.
- Más vale que no te duermas. - Dejaría de sentir el brazo porque no sería fácil soltarse si lo hacía. No quería volver a pasar por eso.
Ahora tenía la gran duda de que era muy posible que la familia del Décimo Vongola no era la mejor o la más indicada para él. Y el mismo Tsunayoshi debía de saber la respuesta a eso, e igual seguía siendo leal a ella al punto de ser más que admirable.
- ¿Vamos mañana a ver tus trajes? - Aún no lo habían hecho y era la excusa perfecta para verlo en diferentes atuendos formales.
- Ya tengo un montón… - Fue una medio queja porque de todas formas dio un sí. - Solo no pasemos el día en eso, ¿no estás cansada de verme en ropa formal?
- Ropa formal mandada a hacer. - Por algo sería, y no creía que la única razón era para dar a entender que podía hacerlo. - ¿Y quién dijo que iba a ser el día entero?, tenemos que visitar la tienda de pasteles, y…
-x-x-x-
Fue mucho más tarde, ya entrada la noche y un poco tarde para comer, que tocaron la puerta. Creyendo que era el servicio, que no deberían de tardar con la cena, fue a abrir. No hace falta decir que no era el servicio ni ningún empleado del hotel.
- Está durmiendo. - Siseo tan pronto encontró su voz, justo a tiempo para detener cualquier cosa que fuera a decir la mano derecha del Décimo Vongola.
Tsunayoshi no iba a estar feliz de haber sido encontrado tan pronto, o de siquiera haber sido encontrado realmente. Y justo ahora estaba dormido, había caído hace un rato, por accidente. Tendría que despertarlo en un rato, sino se despertaba el solo primero. Si hubiera sabido que se encontraría con Gokudera al abrir la puerta, lo hubiera pensado dos veces antes de abrir. La razón era que sabría si era mejor que Tsunayoshi atendiera esto en lugar de ella, porque no había forma de posponer la ocasión. Si el guardián de la tormenta estaba aquí, era porque sabía que su jefe estaba aquí. Ni más ni menos.
- ¿Durmiendo? - Asintió, haciendo lo mejor posible para ignorar la desconfianza en ese tono. - ¿Qué pasó? - Y de paso miraba su reloj, como si no creyera lo que le había dicho.
En lugar de responder solo se movió y le permitió el paso. No iba a dar explicaciones a alguien que no iba a creerle si no lo veía por el mismo. Sería perder tiempo y sería arriesgar a despertar a Tsunayoshi en medio de una discusión.
Natsu, para bien o para mal, levantó la carita y le gruñó en bajo a Gokudera, mostrando los colmillos por un segundo o dos. Por todo lo demás, el cachorro metido entre el cuello y el brazo de su amo solo observo, una cola moviéndose como única señal de irritación. Quizás no era solo Tsunayoshi quien no quería ver a sus guardianes aun, no quería volver aún. Si Gokudera noto esto, no dio más señal que una mirada o dos al cachorro, de resto solo teniendo ojos para la figura dormida en la cama.
- ¿Está herido? - Dio un paso atrás ante la repentina demanda/amenaza.
- No, por supuesto que no. - ¿Por qué pensaría tal cosa?
Su respuesta vino en la forma de gruñidos por parte de Natsu, y en un guardián ignorando las advertencias revisando por encima a su jefe, sin perturbarlo, mayormente en el rostro. Se había olvidado de eso, se había olvidado de la zona rojiza debajo de los ojos de Tsunayoshi producto del llanto. Tuvo el mal presentimiento de que Gokudera no había identificado correctamente el origen y creía algo muy distinto a la realidad.
Tsunayoshi no tomaría para nada bien verse en esta situación, mucho menos querría explicar las posibles dudas de su mano derecha.
- No está herido, Gokudera. - En ningún momento habían corrido peligro, gracias a Dios. - Ni enfermo, lo vas a despertar y no va a estar feliz de verte. - Porque por más preocupado que estuviera Gokudera, por más buenas intenciones que tuviera, Tsunayoshi no quería ser encontrado aún. - Se va a molestar. - Atacó con más fuerza ante la ira y lo que muy posiblemente venía.
Yamamoto era el más amigable de todos de los guardianes, al menos con ella. Gokudera al menos era así con todos, o casi todos. Y, de cualquier forma:
- No deberías ignorar a Natsu, por algo te está gruñendo. - Había que estar ciego y sordo para no notarlo.
- Tsk, es solo porque Juudaime lo malcría demasiado. - Porque nadie más iba a hacerlo, y en cierta forma era un confort para dueño y amo. No es que los chicos pudieran verlo. - No sería la primera vez que ignora el estado de Juudaime solo para ser malcriado. - Lo dudaba muchísimo.
Natsu no le hubiera permitido la entrada al baño para que viera a su amo en un momento vulnerable solo para ser malcriado.
- ¿Estás aquí por algo importante? - Con todo lo que había pasado recientemente, estaba asumiendo cosas y no estaba viendo a nadie en buena luz. Cuánto de lo que estaba era cierto y cuánto no lo era… - La cena debería llegar en cualquier momento, puedes hablar con él allí. - El problema era: - No va a estar feliz de verte, lo sabes, ¿verdad?
Al igual que Gokudera no estaba feliz de verla a ella, Tsunayoshi no iba a estar feliz de verlo a él ahora.
- Juudaime siempre está feliz de vernos. - Por desgracia, esto fue un desafío en toda regla. Esa mirada oscura no decía absolutamente nada bueno. - Además obviamente no estás cuidando bien de él-
- Primero, no soy su cuidadora, niñera, o lo que sea. Tsunayoshi puede cuidarse perfectamente él solo. - ¿En serio?, ¿aún no le creía que Tsunayoshi estaba bien?, ¿de verdad no se había dado cuenta...? - Segundo, no va a estar feliz de verte, ¿crees que se escapó de ustedes sin razón? - Solo quería pasarla bien un rato, ¿era eso tan extraño? - Si quisiera verte, ¿no crees que te hubiera contactado? - Y fuera como fuera: - Es el Décimo, si quiere unos días para pasear creo que se los puede dar. - Aparentemente no era así. - No, no me vas a venir con esa, Tsunayoshi puede barrer el piso con cualquiera de ustedes, estoy segura, no necesita protección por solo un par de días si no la quiere. - Por más que el concepto pareciera ser tabú.
- Pues para tu información mujer estu-
- Para información de ambos agradecería no tener que despertar en medio de una discusión que es sobre mí, y no le concierne a ninguno. - Oh oh… - No, no estoy feliz de verte ni quiero saber cuántos desastres van ya ni el papeleo que tengo esperando, muchas gracias Hayato. - En otro momento se hubiera reído al ver a la mano derecha del Décimo reaccionar como si lo hubieran abofeteado. - Y Akane, ¿cuántas veces te he dicho que no le busques pleito?, no te las verás bien si lanza dinamita por accidente… - No por accidente, sino porque pierda los estribos.
- Juudaime-
- Así que, ¿cómo me encontraste? - Por solo su mirar era claramente visible que Tsunayoshi no quería tener esta conversación. Solo quería volver a la cama, fingir que esto no estaba pasando, y luego decir que todo fue una pesadilla. - No hay ningún imprevisto o algo que requiera mi inmediata atención, ¿no? - Una horrible pesadilla, sin duda alguna.
Pues si había una buena razón para la cual Gokudera estaba allí:
- Lo lamento Juudaime, le pedimos ayuda a Reborn. - Reborn, quien le había dado un par de rastreadores al Décimo solo para emergencias. El Décimo casi siempre cargaba uno encima, pero… - Hay un problema y no puede esperar Juudaime.
- ¿Requiere mi presencia inmediata? - A pesar de la pregunta, ya se estaba levantando para arreglarse.
- No esa clase de problema Juudaime. - El Décimo se detuvo, moviendo la mirada hacia su mano derecha. - La familia que iba a ver el viernes fue atacada, uno de los hijos del jefe ha sido secuestrado y… - Gokudera dudo aquí, pero ya todos sabían la respuesta que daría Tsunayoshi. - Don Felipe nos ha pedido asistencia, su asistencia, Juudaime. - Eso no era todo, para bien o para mal. - Tiene muchas señales de que es una trampa, Juudaime.
Pero todos sabían cuál era la respuesta de Tsunayoshi tan pronto la palabra secuestro fue pronunciada. El sello era la petición de ayuda.
Era una de las cosas por las cuales el Décimo recibía tantas burlas, pero también por la cual obtenía respeto por parte de muchos, en especial aquellos que terminaban pidiendo ayuda. Vongola no diría que no sin una buena razón, esa era la fama que Vongola estaba ganando recientemente gracias al Décimo. Específicamente el Décimo Vongola no negaría su ayuda sin una buena razón.
-x-x-x-
-… y bien?, ¿qué harás Vongola? – Escucho al llegar a la esquina, cosa que hizo que tomara más precaución en no hacer ruido.
Si Tsunayoshi de verdad creía que no iba a intentar ayudar, que iba a regresar con los demás porque era peligroso y todo eso… estaba errado. Quizás no podía hacer mucho, pero algo era algo y si al menos podía reunir información para él, entonces lo intentaría. Tsunayoshi no estaría feliz con ella, nadie estaría feliz con ella, y en parte tenían razón. De seguro le dirían que estaba haciendo una tontería, pero consideraba más tonto irse a esconder y esperar cuando nada bueno pasaría si el Décimo era derrotado. Si la cabeza caía, lo más seguro es que el resto seguiría.
Tomando en cuenta que esto había pasado a ser más que una trampa, una emboscada en medio, nadie estaba seguro en ningún lugar. Como era, ni siquiera hubiera llegado a su destino original.
Un sonido de algo caer, algo metálico, llamó su atención justo a tiempo para oír:
- Quiero tu cabeza, así que te agradecería que no te la volaras pequeño Vongola. – Espera, ¿qué? – Si me matas, ellos hacen boom, y no quieres eso, ¿no es así? – Más burlón no podía sonar porque no era posible. Cielos. – Si no haces nada también harán boom. Y te digo, no van a salir de allí a tiempo, te lo aseguro, hemos hecho muchas prácticas~ - ¿Que estaba pasando?
Tragando profundamente, porque nada de eso podía significar nada bueno, absolutamente nada bueno, se movió. Dio con un hombre mayor, gordo, con lo que parecía ser un detonador en una mano y una gran sonrisa burlona y complacida, tal y como el gato que se comió al canario. Cerca de él había varios motores y… ¿esos no eran Gokudera y Hibari?
Tenía una idea de que estaba pasando y no le gustaba en lo absoluto. Amenazar a Tsunayoshi con la vida de sus amigos no era algo muy inteligente de hacer, pero en una situación así… Tenía que hacer algo, ahora. Como esos idiotas se dejaron capturar estaba más allá de ella y no le importaba por el momento. Tsunayoshi, tenía que dar con Tsunayoshi, tenía que… oh.
El Décimo Vongola no estaba para nada feliz. Ceño fruncido, apretando la mandíbula y los puños como si quisiera golpear a alguien, algo muy oscuro en esos ojos que no decían nada bueno. A sus pies yacía una pistola, negra y simple, como si hubiera sido… no, fue arrojada a sus pies. Ese era el sonido de antes.
- Oh, oh, pequeño Vongola. - ¿Tenía que mofarse?, ¿aún más? -Tan predecible siempre, tan inútil… - La última palabra la alargó a propósito el cretino. Tal palabra la dejó fría por más de un sentido, ahora que sabía lo que tal palabra representaba para Tsunayoshi y los recuerdos que esa palabra debía traerle. - ¿Y bien?, ¿qué horas?, no tengo prisas, igual no saldrás de aquí con vida…
Si esto era como se mofaban de él, como se burlaban, no podía culpar a Tsunayoshi de no querer hablar de tales cosas, o de que no creyera nada a la primera. Señor, no podía decir nada ante la muy posible razón del porque Tsunayoshi no buscaba quedarse sin al menos unos de sus guardianes cerca cuando se reunía con otras familias, jefe o no. Esto era más allá de cruel.
No, no hagas caso Tsunayoshi, pensó para sí al verlo mirar los monitores y no decir absolutamente nada. De todos los momentos que esos tontos tenían que quedar atorados en tal situación...
- No, no, no Vongola. - Que desgraciado, ¡Tsunayoshi no era un perro! - Déjame demostrarte que hablo en serio, volare la sala 3, en donde no hay nadie, ¿te parece?
Lo próximo que vio fue que el hombre apretó un botón de ese detonador y luego vio explosiones y fuego detrás de uno de los monitores, el cual al poco tiempo quedo con la pantalla en negro y las letras: "sin conexión".Más que las imágenes, el sonido de las explosiones era ensordecedor, e incluso el suelo tembló.
- Solo dos minutos pequeño Vongola~ - Y como si todo lo anterior no fuera suficiente por sí solo, el desgraciado tenía que seguir burlándose: - Tan predecible, ¿sabes?, solo había que hacerles creer que estás en problemas, y ya. - Y se carcajeaba el muy… ¡ugh! - Y como todo el tiempo te metes en cualquier lio, ¿es realmente culpa de ellos que seas tan incompetente Vongola?
Fue aquí en donde se dio cuenta que este sujeto conocía a Tsunayoshi, o al menos conocía su pasado, su historia, antes de ser el Décimo. Estaba jugando con sus inseguridades, estaba burlándose de él de la forma en que sabía que más debía doler y de paso le echaba sal a la herida. Esto no era una trampa cualquiera, esto tenía tiempo en marcha.
Nadie iba a salir vivo de este lugar, no iban a dejar ir a nadie. Empezarían con el Décimo, de esta forma tan horrenda, y luego seguirán los guardianes porque este hombre no cumpliría con su palabra. Cuidado y todo esto no estaba siendo grabado, para luego ser usado como desmotivador y como fuente de dominancia. Arrasarían con Vongola, incluso si no iban detrás de todos sus miembros. Al eliminar a la cabeza, al tener tal prueba en video, en especial con el Décimo cometiendo suicidio en una promesa que no sería cumplida, pondría a este sujeto muy arriba en la cadena alimenticia de la mafia. También lo pondría en la lista negra de muchos, Kozato era uno de los primeros que cazaría a este infeliz hasta los confines más recónditos del mundo.
Su corazón cayó más al ver a Tsunayoshi agacharse para tomar el arma, comenzando a mover el sitio en donde estaban las balas, seguramente buscando saber cuántas balas había allí.
- Recuerda, quiero tu cabeza intacta Vongola. -De paso tenía el descaro de decirle cómo tenía que matarse… Como si no fuera suficiente con estar grabando esto, con dictar con que lo haría…
Ese detonador controlaba las cosas, tenía que apoderarse de eso. Y tenía que hacerlo antes de que Tsunayoshi hiciera una tontería. Ese hombre no cumpliría su palabra, nunca tuvo intenciones de hacerlo.
- Los dejarás libre si lo hago… -Tsunayoshi, no seas tonto…
- Por supuesto, tienes mi palabra. No merecen pagar por tu incompetencia, ¿no crees?, el tiempo corre Vongola~
Conocía al Décimo, de verdad que lo conocía este desgraciado de primera. Se apresuró al ver a Tsunayoshi llevar el arma a su pecho, sin querer haciendo ruido. Afortunadamente el infeliz no pareció notarlo, más enfocado en mofarse del Décimo como para hacerlo. Tsunayoshi, por otro lado, si lo noto. Fue muy corto, un segundo o dos, y solo fue gracias a esos ojos chocolate dando con ella. Su única señal de que Tsunayoshi fue afectado fue ver el ajuste más apretado a esa arma.
Muy bien, con eso ganaba un poco de tiempo, pero tenía que hacer algo ya.
- El tiempo corre pequeño Vongola, menos de un minuto~ - Tratando de ignorar esto, a sabiendas de que Tsunayoshi no debía de querer que viera esto, o esperando que pudiera lograr algo, se acercó más rápido. - ¿Acaso le tienes miedo a la muerte pequeño Vongola?
- ¿Acaso tu no le tienes? - Más calmado de lo que hubiera esperado, y tardó un segundo o dos en entender lo que Tsunayoshi estaba haciendo en verdad. - No sé si hay un infierno o no, pero si no apunto bien esto será más doloroso de lo que desearía. - Estaba haciendo tiempo, estaba distrayéndolo. Y estaba funcionando. - Discúlpeme por estar algo… nervioso, con esto, si entiende lo que quiero decir.
Este hombre no esperaba respuesta, y no era muy paciente como había simulado ser. Fuera como fuera, era una excelente distracción.
- Alguien como tú debe de saber dónde está el corazón, ¿no es así? - Tres, dos… - Cobarde-ugh, ¿qué diantres-
Lo próximo que sabía era que estaba forcejeando por un detonador, y el hombre golpeaba sin tregua. No podía oír del todo lo que estaba diciendo, pero no iba a soltar ese detonador. Ahora sí-¡Bam!
Por un momento creyó que había sido Tsunayoshi, viéndose en el suelo con el detonador. No demoró en alejarse con dicho detonador lo más rápido posible, pero no fue Tsunayoshi.
- Tsk, mujer estúpida… - Por esto era que sabía que no fue Tsunayoshi.
Quizás no debió de esperar que el hombre no tuviera más armas encima, era-Se estremeció sin poder evitarlo ante el grito de dolor que siguió, levantando la vista con nervios solo para ver algo bastante fuera de lugar.
- ¡Si me matas morirán! - Ah, eso le recordaba…
En lugar de responder, el Décimo Vongola solo sonrió de una forma terrorífica, sangre goteando de sus labios, antes de remover lo que parecía ser una daga en el hombro del hombre. Más cerca del cuello, y bien podría haberlo matado.
- ¿Le tienes miedo a la muerte acaso? - Eran varios detonadores, no uno. Al menos había un botón de apagado para cada uno. Algo bastante tonto, y raro, pero solo Dios sabia cuántas veces podrían haber hecho este tipo de cosas… Había hablado de numerosas pruebas… - Oh, y mira quien me llamó cobarde, otro más grande~ - La risilla que soltó el Décimo le puso la piel de gallina.
- ¡Están apagadas! - Llamó en voz alta, luego de ver que el contador de los monitores se había detenido. 25 segundos. Uffff. - ¡Están apagadas Tsunayoshi!
Tales noticias causaron una sonrisa mucho más terrorífica que antes, tenía la impresión que el otro hombre iba a perder el control de sus partes bajas con lo asustado que se veía.
- Puedes meterte conmigo, puedes burlarte, todo lo que desees~ - Tragó, sin querer dando con esos ojos naranjas que mostraban algo muy oscuro y salvaje. No estaban dirigidos a ella, Tsunayoshi solo tenía ojos para este infeliz por los momentos. - ¿Te digo un secreto? - Otro grito resonó, y lejanamente se preguntó de dónde había salido la otra daga. - Nadie se mete con mi familia, nadie se mete con lo que es MIO. - Ah, ¿esto era lo que muchos habían querido ver?, ¿la ira del Décimo? - Podré no matarte… aun. - Esa risilla la iba a perseguir en sus pesadillas por un buen rato.
No necesitaba ver películas de terror. Tsunayoshi era el perfecto muñeco de felpa adorable que podía convertirse en una perfecta pesadilla digna de un óscar con lo que estaba presenciando.
- ¡Gokudera ya salió! - Ver esa sonrisa crecer no dijo más que esta persona no se las iba a ver bien.
El momento tuvo un pequeño desliz, gracias a una tos con sangre de parte de Tsunayoshi, recordándole que había sonado un disparo antes. No solo a ella, pero el otro hombre no tuvo tiempo de nada.
- ¿Te gusta? - No estaba segura de lo que estaba haciendo Tsunayoshi, pero debía de ser muy doloroso si los gritos y el cómo sudaba el hombre decía algo. La expresión de terror puro solo confirmaba que el Décimo no esperaba para nada feliz. - Es solo una muestra de lo que te viene. - La tos con sangre volviendo a aparecer, esta vez con más duración, no ayudó a su paz mental. ¿En dónde le había dado la bala?, tenía que ser interno, pero en esa posición no podía ver… - Hayato no debe tardar~
Más le valía que no, o ella lo mataría. No sabía cómo, pero lo intentaría. Esa tos con sangre no decía nada bueno, y ni siquiera sabía en donde le habían dado.
- No veo a nadie más en las cámaras. - No sabía si esa información le decía algo a Tsunayoshi o no, pero-
- Te dije que Hayato no tardaría~ - Bien podría haber cantado esas palabras. - Bye bye~
En segundos, el hombre se prendió en fuego. Tsunayoshi no pareció en lo absoluto perturbado por los gritos, solo apartándose para ver al hombre rodar intentando apagar el fuego… en vano.
- Si mal no recuerdo, toma aproximadamente 49 segundos en que los nervios mueran y dejes de sentir dolor. - Tal y como si hablara de un dato curioso y no del hombre rodando y comenzando a oler a carne quemada. - Debería de ser más que suficiente por sí quedó un rezagado… - Si iba a decir algo más, fue cortado por otra tos.
Estaba bastante segura de que esto no era lo que tenía nadie en mente asociado con un Décimo furioso. Era algo bastante extremo. Si no lo estuviera viendo, no lo creería.
- ¡Tsunayoshi! - Había cosas mucho más importantes que tratar que considerar la represalia tan violenta de parte del Décimo. - ¿Dónde te dio?, déjame ver.
No esperaba una respuesta, no iba a recibir una respuesta rápida si esa tos seguía, y la sangre… Dios, la sangre.
- Dios… - En el pecho. No era médica, pero estaba segura que dio muy cerca de los pulmones, sino en uno.
Más bien, ahora que lo pensaba, ¿cómo diablos se movió, tumbó a alguien mucho más grande que él, lo retuvo contra el suelo, lo atacó y luego lo prendió en fuego?
- No iba a pararme… - Ooops, como que hizo la pregunta en voz alta. - La pérdida de sangre, por otro lado… - Se detuvo, tosiendo otra vez.
- Idiota. - Ella no sabía cómo curar esto, no debería de haber hecho nada de eso, no debería… - ¿Dónde están esos idiotas cuando se les necesita? - El guardián del sol podía curarlo, ¿cierto?
- No tardarán… - Cómo si le leyera la mente, Tsunayoshi le respondió.
Para cuando los vio, los gritos apagándose en la distancia, quería meterles un buen golpe y dejarlos con más de un chichón. En lugar de estar apurados, en lugar de estar buscando a su jefe, estaban allí como unos perfectos idiotas de primera. Mirando al hombre que había organizado sus muertes, pálidos como fantasmas y aterrados por solo Dios sabe qué.
Si, entendía completamente que era un shock total, pero esas reacciones le decían que tenían rato allí y no se habían acercado a ver a su jefe, quien necesitaba atención médica urgente. Luego se podía tener todo el horror y demás, pero ahora no era el momento.
Las llamas que consumían al hombre ya no estaban en la frente de Tsunayoshi. El Décimo tenía mucha dificultad para respirar y las toces no parecían toces, eran pocas y débiles, pero la sangre aún estaba allí y con creces. La palidez no ayudaba, y estaba casi segura de que ella lo estaba ayudando a mantenerlo despierto.
- ¡¿Qué ****** están haciendo?! - No sentía culpa alguna por esto. - ¿Van a dejarlo morir?
Tsunayoshi casi había muerto hoy por su propia mano, ya era demasiado solo con eso. Por desgracia, ella no era médico y no tenía llamas de sol.
-x-x-x-
-... solo familiares pueden pasar. - Este era el colmo.
- Soy su novia. - Deliberadamente mintió. No había nadie allí que la juzgara, no había nadie.
Tsunayoshi no podía despertar solo, menos para que le informaran que no habían ido a visitarlo. Seguramente asumiría que todos estaban ocupados, y en parte era cierto. Sin el Décimo, los guardianes tenían más trabajo encima y el desastre de antes había que limpiarlo. Aun así, dejar al Décimo solo con los médicos no era algo que hubiera esperado de ellos. No lo habían hecho antes.
- ¿Disculpa? - Esto fue de parte de una enfermera, quien había dejado caer lo que llevaba en manos.
- Dije que soy su novia. - Y ya que el Décimo no podía corroborar: - ¿Quién quiere decirle que no dejaron entrar a su novia? - Nadie.
Pero tampoco nadie creía que el Décimo tuviera pareja:
- Es soltero. - Eso, y celos. Por supuesto, por supuesto.
- No lo es~ - Tsunayoshi seguro negaría, pero se molestaría de seguro si se enteraba. - ¿Te digo un secreto? - Solo para molestar: - Es como besar a un caramelo.
No era exactamente una mentira. Ahora incluso el doctor estaba sumamente incómodo. No le creían, y eso estaba bien. Solo quería pasar. Y francamente:
- ¿Realmente alguien quiere decirle que me negaron entrar? - Peor aún: - ¿O decirle que nadie ha venido a amenazarlos para verlo? - Aún ahora había pequeñas disputas. De sangre, no había nadie familiar con el Décimo. - Tal y como pensé. - Dijo para sí, al tener el paso libre sin decir palabra.
Nadie quería hacer frente a la decepción del Décimo. No había mucho filtro, sería notorio por ratos, gracias a las drogas circulando por su cuerpo para disminuir el dolor. Esa era la supuesta razón del porque siempre había al menos alguien con él, "para que no hiciera nada tonto". Eso incluía decir o responder cosas que usualmente no haría. Y aquí estaba… solo.
- Hey. - Saludo en voz baja, tomando asiento. - Se que no me esperabas a mi… - Y estaba metida en muchos problemas por esto y probablemente la despidan, pero… - Despierta pronto, ¿sí?
Seguía algo pálido, de resto luciendo como si solo estuviera pacíficamente durmiendo. La máquina de vitales y las vendas que podían verse en su cuerpo contaba otra historia. Tomando en cuenta que pasó a emergencias y luego a cuidados intensivos cuando llegó…
Podía esperar, era lo de menos.
-x-x-x-
-... su novia. - La risa fue lo que la despertó.
- ¿Novia? - Esta voz, agotada y algo incrédula, la hizo sonreír y quitar todo el sueño y molestia de encima. - ¿Es linda?
A pesar de que Tsunayoshi le estaba arruinando la mentira con esto, si la sonrisa engreída de la enfermera decía algo, no podía molestarse. Tampoco debería reírse ni encontrar adorable esta respuesta por parte de Tsunayoshi. Debía de creer que era un sueño o alguna broma, no pasaba nada si ese era el caso.
- Pues no lo sé, ¿por qué no me dice? - Más engreída no podías estar, ¿eh?
Al verla, no hubo más reacción que una sonrisa por parte del Décimo. Tal cosa dio celos y desconcierto a cierta enfermera, y no podía culparla por una vez. Las veces que en las que alguien estaba aquí con Tsunayoshi recién despertado, las sonrisas tardaban un poco más en aparecer y se hacían más fuertes dependiendo de cuánto tiempo estuviera despierto y no muy coherente. Esta era una sonrisa bastante grande, y casi instantánea.
- Hey Tsunayoshi. - No hacía falta seguir el juego, no le habían creído en primer lugar. - ¿Tuviste una buena siesta? - Lo que en verdad quería preguntar era como se sentía, si tenía dolor, pero era una pregunta tonta.
Al Décimo lo consentían más de lo que se estaba dispuesto a admitir delante de su familia, en este aspecto al menos. Dolor no tendría a menos que fuera peligroso darle más medicina o imposible de borrar por completo. La razón era un tanto egoísta, y no tan vista desgraciadamente. Los guardianes y familiares del Décimo eran unos perros guardianes incluso en sitios seguros. O al menos lo eran…
- ¿Ven aquí? - Pidió el joven, sonando muy similar a un niño pidiendo un dulce.
Si, la razón era un tanto egoísta. Tenerlo así era ver un lado que no se solía ver a menudo de Tsunayoshi, era una excusa para tenerlo allí y era otra excusa para que se mantuviera en reposo más tiempo de lo que se permitiría. Claro que las dos últimas no eran logradas gracias a quienes deberían de estar más pendientes…
- ¿Así? - No entendía para qué, pero no iba a negarle algo así.
¿Cómo sabía esto?, muchas cosas eran habladas entre los sirvientes, y algo así no sería la excepción. En especial entre las damas.
- Más. - ¿Más?
- ¿Así? - Más cerca y-
Antes de verlo venir, una mano la agarró del brazo y jalo. Todo fue tan rápido como un aleteo de una mariposa.
- Así… - Murmuró un hombre extremadamente complacido, dejándose caer de nuevo a la cama, soltando a su víctima y lamiéndose los labios como si hubiera disfrutado de algo muy apetecible.
No era de extrañar que hubiera un chillido indignado en todo el medio, siendo ahora incongruencias y negaciones de una enfermera que no podía y no quería creer lo que acababa de ocurrir ante sus ojos.
- Tsu-Tsunayoshi… - Ni ella misma se lo podía creer y aún tenía el-
- Konichiwa, Akane-chan~ - Esto fue dicho de forma cantarina, divertida, satisfecha.
Tardó más que la enfermera en procesar las cosas y fue mayormente por el lloriqueo de dicha enfermera que, gracias a esto, creía ahora que el Décimo había sido conquistado finalmente.
A Tsunayoshi podría importarle menos por los momentos, con lo complacido que estaba le ganaba a Natsu cuando se robaba satisfactoriamente algún bocadillo que no le pertenecía y nadie podía decirle nada porque su dueño estaba allí y nadie se atrevía a decirle nada.
-x-x-x-
-... sabes que esto no es un sueño, ¿cierto? - Incluso ahora, luego de volver a despertar, Tsunayoshi seguía en el mismo estado de ánimo. - Quería verte, no iban a dejarme pasar sin una buena excusa. - Y no era como si se lo hubieran creído.
- No me lo arruines, no todos los días se me aparece una novia. - Se quejó, más infantil de lo que se esperaría, buscando molestarla con su mano libre.
Las distracciones que uno hacía porque un doctor se lo pedía. Si Tsunayoshi viera lo que estaba haciendo el doctor, su presión arterial se dispararía y entraría en pánico. Tardaría un momento en entender que solo era un extra por si se tenía que hacer algo más que cambiar sus vendajes. De igual forma era mejor no alterarlo, en especial estando de tan buen humor y sonrisas a todo y a todos. Muchos se habían asomado solo para verlo, y recibir una de esas sonrisas.
- ¿Es así? - Le daba una hora despierto a lo mucho. Otra vez. Por más buen humor que tuviera, su energía era poca. - Hiciste llorar a una de las enfermeras, ahora cree que ya estas tomado. - Por más que intentará medio aclarar la situación, ahora nadie creía que-
- Tu eres quién llegó declarando cosas… - La sonrisa se perdió y su tono dejó de ser alegre. Aparentemente eso era algo alarmante porque el doctor se detuvo y las dos enfermeras haciendo limpieza también. Inmediatamente, para darle mala cara como si hubiera matado un gatito o algo. - ¿Te retractas ahora? - Esto, por desgracia, no era una sola pregunta.
Eran varias en una sola. Una multitud, en todo caso. Y lo sabía porque esos ojos se habían tornado un hermoso color intermedio entre naranja y marrón. La demanda silenciosa de una respuesta era lo de menos en su opinión.
- Sigues siendo el lindo muñeco de felpa que muchos no querrían soltar. - Y no se daba cuenta de ello, la ironía. - El mismo adorable muñeco de felpa que puede mandar todo al diablo en un pestañeo. - Quién había enviado un alma en pena directo al infierno. No lo iba a decir así porque no quería recordarle ese detalle. - La combinación más terrorífica que puede haber, y sabes que me gustan las películas de terror.
Nadie se espera algo tan adorable pasar a ser un monstruo come almas, nadie espera que algo dulcemente inofensivo destruya vidas como un humano rompiendo un fósforo. Eso era lo terrorífico: la sorpresa y luego el horror de los resultados. En especial si era la víctima, como le pasó a ese infeliz…
- No voy a decir que no si tú tampoco dices que no. - Pero-
- Hay mejores que yo-
- Si puedes nombrar a alguien más adorable que tú y que pueda intimidar de una a todos tus locos guardianes, entonces sí. - Miro de reojo a los otros presentes y enrojeció ante las miradas de incredulidad total que le estaban dando.
- ¿En serio te soy adorable? - ¿No todo el mundo se lo-
Oh.
- Más que Natsu. - Y Tsunayoshi sabía exactamente cuán tierno encontraba a Natsu.
Por un largo momento no hubo nada, solo las miradas incrédulas, de incredulidad absoluta, como si estuvieran viendo algo más loco de lo que pasaba a diario con los guardianes de Vongola. Era imposible de ignorar, pero-
- ¡Hey! - Una ayudita no estaría mal, ¡no debía levantarse aun! - Abajo, no debes levantarte, el que-
- Natsu estará celoso… - El comentario estaba demás. - ¿Quédate?
Como si no fuera a hacerlo incluso sin esto, incluso sin el beso más largo y simple que había tenido en su vida. Incluso sin los brazos abrazándola lo mejor posible o el aliento algo trabajoso en su cuello.
Las miradas no cambiaron, pero al menos había diversión en ellos y algo de admiración. La otra enfermera que lloró antes ahora lloraría más.
Y esto no se lo dejarían olvidar pronto.
-x-x-x-
-... estar en tu puesto? - Dudo en responder eso, Tsunayoshi usualmente sabía cuándo alguien le mentía.
- ¿Quieres un poco más? - No comía mucho, en ninguna de las comidas, por más que se intentará provocarlo. - Lo hice yo misma. - Y esos métodos iban con ella dándole de comer la mitad de las veces.
Era increíble para todos que aún no hubiera preguntado por sus guardianes. Debía de saber, las dosis eran más suaves ahora que las heridas se estaban cerrando. El daño interno no fue tan extensivo gracias a las llamas del sol, pero esas llamas no podían sacar balas. A ese punto era el equipo médico y Tsunayoshi. Un usuario de llamas de sol podría acelerar todo y dejarlo como nuevo, pero no pasaba nada. Quizás era mejor así, Tsunayoshi estaba mejor sin saber el revuelo que estaba ocurriendo afuera.
La información, los vídeos, habían llegado más lejos de lo que se hubiera deseado. Era tanto bueno como malo, y quién sea que tuvo el descuido iba a terminar muerto de seguro. Tsunayoshi no necesitaba saber nada de eso, ni las reacciones que tal cosa estaba causando.
- ¿Para mí?
- ¿Para quién más?, ¿ves a alguien más aquí? - Medio bromeó, sonriendo tanto como él.
Según lo que los doctores le habían dicho, era incomodidad y un efecto secundario de uno de los antibióticos. Eso no quería decir que si hacía que comiera un poco más tenía luz verde.
Allí, ambos solos, era fácil olvidar que no estaban en una cama de hospital. Bueno, el departamento de salud. El Décimo había invertido mucho en esta parte de las instalaciones y era una de las mejores. Desde el personal a los insumos. Ahora quién no venía cuando nada más les parecía funcionar… o no tenían opción.
- Ven. - No, no debería. - Es grande, vamos, esa silla no puede ser tan cómoda.
No debió de ser una sorpresa para el personal de salud, horas más tarde, encontrarse con un par de personas apoyadas entre sí, una abrazándola la otra y frentes juntas, en una cama que no se suponía que tuviera a más de una persona.
Tampoco se suponía que hubiera cámaras, pero el Décimo no se molestaría incluso si los agarraba con las manos en la masa. Nunca lo hacía.
-x-x-x-
-... algo que decir en tu defensa?
- No. - No se arrepentía de nada.
Sabía que esto serían las consecuencias de haber dejado todo botado por ir a ver a Tsunayoshi. La única razón por la que había venido ahora era para que, cuando Tsunayoshi volviera a andar en la mansión, no viera ni supiera sobre esto. En cualquier momento lo haría, estaba bien ahora y la verdad los doctores solo querían tenerlo un poco más por dos razones. La primera era para darle tiempo extra de reposo, que debía más no tomaría, antes de que saliera y se metiera de lleno en el trabajo acumulado. La segunda era para darle un poco más de tiempo a que las cosas se apagarán. Al ritmo que iba, eso no sería pronto.
Había un acuerdo tácito en intentar todo lo posible en mantener al Décimo en la oscuridad sobre lo que estaba pasando. Las noticias volaban, y volaban lejos.
Quién no se hubiera enterado de que el Décimo estaba a punto de cometer suicidio solo por salvar a sus guardianes y a su personal indirectamente, hubiera habido muchos muertos si no aceptaba. En realidad, nadie era ciego ante el hecho que no había escenario ganador, no importa qué elección tomará el Décimo. Eso no quería decir que su elección no era una sin impacto.
El contra era lo que hizo el Décimo tan pronto tuvo una posibilidad de salida. Tenía la suerte de que en los videos ella no se viera del todo bien por su cabello y por el infeliz, pero lo que la salvaba era que no era una figura reconocible en el mundo como tal. El disparo que el Décimo recibió no era para él, sino para ella. Seguido a eso, venía lo que muchos habían intentado provocar más nadie siquiera imaginó tal resultado.
La viva imagen de un lunático, un sadista, lleno de ira y ganas de su marca en quién se metió con lo que el Décimo consideraba invaluable. La venganza de alguien dispuesto a todo. Ese solo hecho explicaba los silenciosos desastres que ocurrían cuando alguien de Vongola era asesinado o atacado. También rompía la ilusión del inofensivo y dulce Décimo Vongola que muchos habían llegado a tomar como una realidad.
Había torturado a esa persona, haciendo tiempo, para luego quemarla viva. Fue una tortura tanto física como psicología, porque Tsunayoshi fue claro en mostrarle y decirle lo que iba a pasarle en más detalles de lo que se quisiera. Ni siquiera se había considerado que el Décimo pudiera incinerar a alguien con sus llamas. Al mismo tiempo había dejado en claro cuál era su detonador, no hubo duda alguna en sus acciones. Todo eso mientras se desangraba y tenía una herida grave en el pecho que debió haberlo dejado inutilizado.
Los había declarado suyos. Que tanto entraba en eso era debatible a estas alturas. Era terrorífico en muchos aspectos, pero fue provocado y fue a un enemigo. Era difícil para la mayoría ver al Décimo de la misma forma luego de eso, también se les era difícil asociar a tal sadista al hombre que no había hecho más que dar sonrisas y buenas caras a todo el que se le acercara.
Fuera como fuera, lo que estaba claro era que el Décimo Vongola no era alguien con quién quisieras meterte.
- Entonces este es el adiós. - No se arrepentía de nada. - Toma tus cosas y pasa por recursos humanos, tu caso ya ha sido procesado. - Abandono de cargo, seguro.
- Fue un placer, Señor Jonathan. - Habían sido unos buenos años.
Podría colar un día o dos con Tsunayoshi antes de que seguridad la buscará. ¿Por qué no un poco-
- Mil disculpas. - La nueva presencia cortó a su superior de dar su respuesta.
Ambos hicieron una doble toma al ver al recién llegado. Piel morena, alta, un antifaz negro en su rostro, un uniforme inconfundible al igual que el pelo rosa que caía sobre sus hombros.
- Lamento la interrupción. - No tenían reparo en hacerlo, a pesar de sus palabras. - El Décimo ha solicitado su inmediata atención. - No miro a ninguno al decir esto, pero su estómago se hizo un nudo al oír las palabras.
- ¡E-Enseguida!, ¡claro! - Su superior no era a quién el Décimo convocaba, estaba segura de esto.
El leve ladeo de cabeza de la Cervello le dijo exactamente eso. A ambos, si la forma en la que se congeló Jonathan decía algo.
- No lo haga impacientar más. - Fue lo último que dijo antes de dar media vuelta y salir de la habitación en completo silencio.
Tsunayoshi había mandado a una Cervello. A una Cervello. Por ella.
- ¿Y ahora qué diantres hiciste Akane? - El temblor en su voz era palpable.
Por un momento no dijo nada, debatiendo. Ser llamado por el Décimo era un gran honor, incluso si no era por algo bueno. Si Cervello hacía acto de presencia solo significaba que…
- Creo que Tsunayoshi solo quiere que su novia le de comer otra vez. - Al menos podía disfrutar de la expresión tan estupefacta de alguien más sin saber. - ¿Sabías que aún está en cama?, los doctores aún no lo quieren soltar.
… habría consecuencias de ser ignorado el mensaje.
-x-x-x-
- Llegas tarde. - Eso fue lo que la saludo, junto con alguien comiendo helado con petulancia.
Una enfermera negó divertida y le palmeó el hombro antes de seguir con lo que hacía.
- Vine de inmediato. - Y alguien había mandado a Cervello a solo… - ¿Cervello Tsunayoshi?
- Ah, sí. - Señaló a una de las mesas cercanas, específicamente a un conjunto de carpetas. - Haz tu trabajo y revisa eso por mí, ¿quieres?
Solo por las palabras usadas sabía que no había logrado ocultarle nada a Tsunayoshi. Tomando las carpetas y sentándose a su lado, se quejó fuerte y claro:
- ¿Como demonios le haces para saberlo todo? - Estaba exagerando, pero a veces así se sentía. Como ahora.
Hubo una pausa y repentinamente había más de un par de enfermeras en el lugar. Cielos, no tenía idea de que esa pregunta fuera tan popular. O que muchos se preguntaran la misma causa. Tsunayoshi, para bien o para mal, quedó completamente en shock ante tantos ojos en el tan de repente.
- Bueno… - Una risilla nerviosa y una sonrisa avergonzada. Y un helado dejado a un lado. - Podría decirse que… - Titubeó, buscando las palabras. - Podría decirse que hay una voz en mi cabeza que no habla, no realmente, pero puede gritar como puede… - Se sobresaltó al sentir un par de manos en sus hombros. Fue movida de un lado a otro, y se dio cuenta que estaba siendo usada de ejemplo. - cada vez que hay algo fuera de lugar. También hace esto. - ¡Bam!
- ¡Tsunayoshi! - Prefería no ser usada de apoyo visual si iba a golpearla con la palma de su mano en la cabeza.
- Te lo mereces por no decirme nada y pasar media hora tratando de descifrar porque me sentía así. - La movió para delante y para atrás, varias veces, sacudiéndola en cierta forma. - No soy adivino, solo he pasado toda mi vida con esa voz en mi cabeza y bueno, en algún punto tenía que darme cuenta de más o menos interpretar los mensajes. Algunos no necesitan explicación al menos…
- Déjame adivinar, te pega en la cabeza con una cachetada cada vez que alguien te miente. - Sigamos con ese… espera, eso explicaría algunas cosas.
- Eso ocurre muy frecuentemente cuando se me olvida algo que no debería olvidar. - La cara de pocos amigos de Tsunayoshi terminó de hacer divertido lo que ocurría con: - No, hay variedad. - La mala cara paso a una mucha más seria al decir: - No detecto las mentiras en sí, es más la intención. Verás, usualmente se miente para ocultar cosas, pero también están las que son para hacerte creer algo. ¿Tienes idea de cuántas cosas pueden decirse para intimidar o amenazar a otros? - La respuesta en verdad no importaba, no con: - Sonara bien y todo tener una habilidad así, pero no se la desearía a nadie. Va muy a la mano con la muerte, podría decirse que son mejores amigas.
Tsunayoshi tuvo tiempo de llevarse un par de cucharadas de helado a la boca antes de ser bombardeado por preguntas, intentos de chequeo, y preocupación a millón.
Conectar lo dicho con la famosa Intuición Vongola no fue muy difícil con lo último. Traduciendo todo lo anterior a otra cosa diferente.
El final era que, básicamente, esa intuición era más fuerte mientras en más peligro estuviera el usuario.
Reborn había comentado una vez en una fiesta que el Décimo tenía una Intuición que quizás podría rivalizar a la de Primo.
-x-x-x-
-... bromeando! - No le dio atención a esto, aún estaba siendo tratado como un inválido.
Y con inválido se refería a que ni siquiera podía levantarse para estirarse. El baño era el único sitio en donde tenía completa privacidad y con tiempo contado. Si los hacía felices, entonces-¡Wow!
- Muchacha, enamoraste al jefe de todo esto, ¿qué esperabas? - El Doctor al menos lo salvó de ser una maraca humana. - Nadie entra o sale sin la aprobación final del Décimo, ¿sabías?
- Pensaba que eso era secreto… - Por lo visto no.
- Era. Un poco difícil mantenerse en secreto cuando el que está al mando de recursos humanos se ve en la mira de todos sus lacayos quienes se ven en la mira de muchos otros. - Canto como una rana, a la fuerza.
- Que. - No podía ser, no podía…
- No vas a despedir al pobre hombre por-
- No, no. - Ese no era el problema. - ¿Los insumos?, ¿tu paga? - Si la respuesta era un no…
Se miraron y Akane le negó con la cabeza, frunciendo el ceño. Cervello no le informó. Nadie…
- Podemos esperar, no pasa nada, y estamos bien de-
- ¿En dónde está mi guardián de la tormenta? - Si seguía oyendo iba a darle un ataque.
Creía que no habían querido verlo, y no podía culparlos por ello. Fue su culpa que terminarán en eso, de nadie más. Akane y el personal le habían dado toda la compañía necesaria, incluso se habían tomado la molestia de quedarse con él y hablar cosas tontas cuando tenía pesadillas…
Jamás pensó que…
- Tsunayoshi… - La mano buscando la suya no era un confort ahora. - Los chicos vienen esporádicamente, creemos que siguen cazando-
- No. - Podrían decir lo que quisieran, pero: - Kyoya por sí solo lo haría en menos de una semana. - Además: - Hayato toma el mando cuando estoy fuera más de una semana, o Kyoya o Mukuro. - A regañadientes, pero lo hacían. - Al menos uno se quedaría para… - No hacía falta elaborar.
Y por más que quisiera llorar, no podía.
- Hay más que pagos esperando. - Si bien no pasaría nada catastrófico por un par de meses, eso no sería así si hubiera un ataque. - Voy a suponer que nada está organizado, necesito todas las carpetas de color gris, negro y verde. - Eso era lo más urgente. - ¿A menos que pueda ir yo mismo y-
Palabras mágicas. Cielos.
-x-x-x-
- Deberías tomar un descanso. - Llevaba horas. Horas. - Tsunayoshi, hey…
La hacía sentir enferma verlo tan ensimismado en esos archivos, no paraba, y ya se había saltado el almuerzo y no tenía pinta de parar pronto. No parecía siquiera agotado.
- ¿U-Uh? - Vaya sobresaltó solo por ponerle una mano en el hombro.
- Un descanso, llevas horas en esto, ¿no tienes hambre? - ¿O sed o ganas de ir al baño?
Las noticias de sus guardianes habían dado más impacto de lo que Tsunayoshi había dejado ver, estaba segura.
- Perdón, costumbre. - Si eso era ya costumbre, quería agarrar a ciertas personas y cachetearlas por ciegos e insensibles. - Todo esto son solo insumos, herramientas, maquinaria y todo eso. Lo que requiere aprobación y no solo un informe. - No había preguntado, pero no iba a negarle. - ¿Crees que puedas conseguir a alguien que se lleve esta tanda?, me da cosa con los médicos, les invadí el sitio… - Su oficina sí que era una invasión de papel. Esto era decente en comparación.
Eso era lo de menos y serían varios, no una persona. A menos que esa persona quisiera hacer varios viajes, claro está. Tsunayoshi se había metido de lleno a trabajar…
- Olvídate de eso por un rato. - Más tarde le diría a alguien para que se encargará de llevar todo a sus respectivos lugares. - Mira lo que conseguí~
No había traído una Tablet solo para no usarla. Y no sé equivocó en la reacción:
- ¿Películas de terror? - Era tanto resignación como un "debí de haberlo esperado" - ¿En serio Akane?, ¿en una Tablet?
- La televisión está muy lejos y no tiene DVD. - Excusas, pero lo del DVD era cierto. - También encontré esto, ¿una y una? - Le enseñó varias películas de diversos géneros.
No hace falta decir que, gracias al número de risas, más de una persona fue a dar un vistazo sólo para conseguirse a dos personas más juntas de lo que se esperaría, viendo algo en una Tablet entre sus manos, papeleo olvidado.
La pareja fue interrumpida solo por una bandeja de comida y dos sirvientes más interesados en saber que estaban viendo que en saber cómo iba el papeleo.
-x-x-x-
- ¿No es algo solo aquí Tsunayoshi? - Acababa de entrar, y la soledad era lo primero que la saludaba.
Aparte de papeles, de la hora, y de que prácticamente fue empujada a entrar por un grupo de limpieza sin quererle explicar porque, todo parecía estar en orden. Dejarlo salir no había sido la decisión más fácil del área médica, y viendo esto…
- ¿Qué puedo hacer? - Luego del momento de sorpresa y la sonrisa, esto fue lo que salió de sus labios. - Nadie entre sin razón en este lugar, creo que piensan que los despediré o algo. - Medio bromeó con lo último, más cansado que divertido.
Arqueó una ceja sin poderlo evitar.
- No tienes idea de lo que pasa a tus espaldas, ¿cierto? - No iba a decir nombres, pero: - Eres muy celado, no les gusta compartirte. - Un grave error ahora que podía verlo.
No creyó que era a tal punto, pero quizás debió. Gokudera era quién más se la pasaba aquí, haciendo de mediador en casi todo, y si no estaría como un halcón mirando a un ratón. Los demás no eran exactamente los más abiertos tampoco, pero ciertamente el guardián de la tormenta era el más paranoico.
- ¿Ah? - No, definitivamente no sabía. - ¿A qué te refieres con eso? - No sabía, esa expresión era muy abierta.
Decirle tal cosa no era algo que quisiera hacer, no ahora al menos. Pero tenía que saber…
- ¿Quieres venir y comer algo? - Si iba a hacerlo, sería mejor que fuera en otro sitio. - Estoy segura que los chefs serán felices de tener una excusa para cocinar algo. - En especial si el Décimo les decía que lo sorprendieran, como era lo usual.
Había algo más allá de increíble en que la persona capaz de detectar casi cualquier mentira no supiera lo que sus guardianes hacían a sus espaldas. Seguramente con la excusa de protegerlo, o de no distraerlo en su trabajo.
En parte, con lo amigable y dado que era Tsunayoshi, era una decisión sensible evitar que se familiarizara con personal de baja jerarquía.
-x-x-x-
-... oh. - Un simple oh. Esa fue toda la reacción del Décimo por al menos un minuto.
- No debiste decirle. - Lo que quería decirle a la otra chica era que nadie le preguntó, pero se contuvo a duras penas.
Ahora que sus guardianes no le estaban dando la cara, y que mal momento eligieron para hacer estas cosas, era mejor que Tsunayoshi supiera que el personal no lo estaba evitando a él, así fuera solo en ciertas áreas. Era la costumbre, las ganas de no estar en la mira de alguno de los otros guardianes. El más amigable, que no fuera el jefe, era el guardián de la lluvia y aun así se tenía que tener mucho cuidado con él.
Fue sacada de sus pensamientos al oír la brusca partida de un jefe Vongola que no había tomado la información tan bien como hubiera esperado y no deseaba compañía alguna. ¿Cómo sabía?, había pequeños rastros de hielo en el suelo como muestra de quien había estado allí. El crujir de esos pequeños trozos bajo sus zapatos al intentar seguirlo fue su señal de lo que iba a ocurrir.
- Oh no… - No sabía en dónde podría meterse Tsunayoshi ahora, en una mansión tan grande como lo era la mansión Vongola.
- ¿Algo que podamos hacer? - Ofreció una persona que recogía los platos a medio comer, a sabiendas de que el Décimo no iba a regresar.
- No creo que… - Se detuvo, notando que no era una sola persona la que estaba ofreciendo asistencia. - Si, si hay algo que pueden hacer. - Si eran entre varias…
Tsunayoshi era una persona amistosa por naturaleza. No sabía mucho de las llamas, ni de nada de eso en sí, pero había oído cosas por parte de Tsunayoshi y por parte de rumores que siempre corrían en la mansión.
De cualquier forma, se tendría que ser ciego para no notar un patrón que ya no estaba. En donde Tsunayoshi estaba, siempre había alguien de su familia cerca. El que ese hecho pegara más de lo que dejaba ver no cambiaba que por más de una razón la gente estaba cuidando de que el Décimo no se enterara de lo que estaba pasando afuera. Era solo cuestión de tiempo, de eso no había duda, pero quizás el golpe no sería tan fuerte si se le decía de la forma adecuada.
El hombre amable y carismático que siempre sonreía y se tomaba el tiempo de ver que las cosas estuvieran en orden y el hombre que había arremetido de una forma sumamente cruel y tomado la vida de alguien más era como ver blanco y negro. La segunda bien podría ser una sombra de la primera, incluso si eran el mismo ser.
La gente temía que esa sombra hiciera acto de presencia otra vez, o que la persona que siempre sonreía al verlos se esfumara ante las noticias.
Iba a esfumarse, pero no por las razones que la gente creía.
Después de todo, la primera era una máscara y la segunda era una sombra. Una máscara solo mostraba los ojos cuando mucho, mientras que la sombra mostraba la silueta, la forma, en diferentes perspectivas. Ninguna mostraba la verdad, solo una parte. Cuánto…
-x-x-x-
-... su habitación. - La dama de limpieza le susurro sin necesidad, el hielo en los alrededores de la puerta decía todo. - ¿Puedo asistir en algo más? - La dama temía molestar a quien estaba encerrado allí, suponía.
- Hoy no. - Más bien ni siquiera sabía si ella podría hacer algo ahora. - Gracias. - No conocía esta área, se hubiera perdido si lo hubiera intentado.
La dama se inclinó respetuosamente antes de irse, dando una mirada de soslayo a la puerta, probablemente queriendo hacer algo más, sin saber qué. Una vez sola, tomó una respiración profunda y se armó de valor, levantando un puño y tocar. Lo hizo un par de veces, sin que se oyera nada del otro lado.
- ¿Tsunayoshi? - Tocó otra vez, diciendo el nombre en voz alta. - ¿Puedo pasar? - Esta vez no tenía a Natsu para que la ayudara. Estaba sola, completamente sola.
Debatió en volver a intentarlo, pensando en que sería inútil, pero tan pronto volvió a levantar el puño el hielo comenzó a derretirse como si fuera goma. En segundos, llamas podían ser vistas, lamiendo el hielo y devorándolo hasta no dejar absolutamente nada.
Tomando la perilla, porque eso tenía que significar un sí, abrió la puerta con suavidad. Se encontró con alguien al otro lado, una palma en el aire que había estado sobre madera segundos antes.
- Lamento eso Tsunayoshi. - Era su culpa, esto era su culpa. - No quería que pensaras que no querían verte o que-
Se cortó gracias a una negación deliberada, Tsunayoshi finalmente dejó caer la mano y levantando la mirada. Estaba llorando y tratando de mantenerse formal.
- Hayato me dijo que no negaba a nadie la entrada. - Técnicamente eso no era una mentira. - Se me aseguró que no estaban asustando a nadie, múltiples veces. - ¿Había sospechado...? - Sabía que hacían algo, pero no pensé que… - Se cortó, un hipo haciendo aparición.
- Traje chocolate caliente. - Una pequeña ofrenda de paz. - ¿Quieres hablar?, soy toda oídos. - Si no quería que le dijera nada, no lo haría. - Podemos solo pasar el rato. - Con tal de que no estuviera solo, podían quedarse allí toda la noche sin decir una palabra.
Tsunayoshi se apartó del paso como respuesta, indicándole que podía entrar. Si su madre la viera ahora, estaría molesta por estar entrando en la habitación de un chico estando a solas con él. Pero era solo Tsunayoshi, el mismo Tsunayoshi que había estado con ella cientos de veces, con el que había estado a solas en diferentes sitios. El mismo hombre que siempre había sido respetuoso con ella, que la había protegido cuando se intentaban propasar con ella en la calle y estaba allí.
El mismo hombre que había intentado llamar su atención múltiples veces y quien no había hecho más que tomarlo como una broma.
- Gracias… - Ya que el chocolate lo había asociado con calmarse, esto le pareció apropiado.
- ¿Malvaviscos? - Le enseño un paquete de pequeños malvaviscos blancos. Todo o nada como decían, el chocolate caliente iba bien con malvaviscos.
Al menos eso saco una pequeña sonrisa, al menos. Y que se quedará sin malvaviscos. Bueno, para eso eran.
- Es gigante. - No era el comentario más inteligente, pero con solo la luz de una lámpara no había mucho que ver.
- Siempre dije que era una exageración. - En la cama podían entrar como 5 personas y aún tener espacio de sobra. - Salta.
- ¿Qué? - No acababa de sugerir que-
- Salta. - El empujón estaba demás, la verdad. - Anda, salta. - Si eso quería…
Esa era la cama más suave, esponjosa, y cálida que había tocado en su vida.
- Te lo dije~ - No era justo que se riera de ella, esta cama debía de ser lo más cercano a dormir en una nube. - Es única, me temo. - ¿Ah?, ¿cómo que única? - Natsu la infló de llamas. - Dio como única explicación, sin querer elaborar más, sentándose en el borde de la cama y mirándola de reojo.
Tomó más tiempo de lo que estaba dispuesta a admitir en procesar la información.
- ¿Cómo eso hace esto? - ¿No debería de ser algo más… posible de replicar con algo más común?, quizás debería de preguntarse por qué Natsu hizo tal cosa.
- Técnicamente hablando, la cama no ha sido modificada de ninguna forma. - Lo que siguió fue algo casi avergonzado de admitir para Tsunayoshi: - Lo que pasa es que, aparte de las propiedades de la cama, estás tocando llamas del cielo sin mucho filtro. En pocas palabras, lo que sientes tan cálido y esponjoso no es la cama. - Sin darle tiempo de digerir esto: - Lo suave y la elasticidad si es la cama. No le digas a nadie, después no los saco de aquí y… - Cualquier buen ánimo que había agarrado se evaporó: - es lo más privado que tengo.
Se sentó en silencio, sin saber que decir a algo así. No dijo "su lugar privado" sino "lo más privado", lo cual indicaba que incluso en su habitación no tenía o no sentía del todo segura o/y propia. Solo con recordar a Reborn, podía más o menos ver la razón de esto. Eso no lo hacía mejor de ninguna forma. La habitación de alguien debería el sitio en donde nadie más debería de meterse, en ninguna forma.
- Nunca te vendí en tus escapadas. - Incluso si eso a veces la mordía en el trasero también a ella. - ¿Por qué Natsu infló tu cama? - ¿No debería tener la suya propia?, pero de qué estaba hablando, Natsu dormía con su dueño o le robaba la cama.
- Tiene la mala costumbre de esparcir su esencia en nuevos lugares, en su caso son llamas y pelo. - Cualquier otra cosa no iba a terminar bien, fue lo no dicho. - El problema es que no paro porque no vio cambios, y cuando lo conseguí… - El pobre debía de estar como un globo desinflado. Pobrecito. - Todo está dentro del colchón, no en las sábanas, ¿qué iba a verlo? - Buen punto.
- ¿Y no debería acabarse? - Las llamas no podían durar tanto tiempo, ¿cierto?
- Se van extinguiendo a un ritmo muy lento, una particularidad que ciertos usuarios pueden hacer. - Dejando la tasa en una mesita que no había notado antes, Tsunayoshi le dio su atención completa. - A Natsu no le gusta llegar y no hundirse en esa sensación. Específicamente no le gusta no sentir mis llamas cuando está solo aquí. Esa cama es su zona de confort, viene aquí cuando no puede llegar a mí. - Ante tal información quedó fría. - Natsu no es de compartir, pero contigo ha hecho una excepción desde hace rato. - Le señaló algo con un dedo, sin mirar en esa dirección el mismo.
Arriba de unas almohadas, como un perfecto rey, estaba un cachorro de león hecho una bola, solo los ojitos podían ser vistos con suma claridad, fijos en ella. No parecía estar más que curioso de su presencia, extrañamente.
La parte de que le habían confiado entrada a un lugar que pocos habían obtenido se había duplicado con esto. Y-
- Sabes, debí haberlo esperado de Haya… no, de Gokudera. - Lentamente giró el rostro para ver a Tsunayoshi otra vez, brevemente oyendo lo que parecía ser un resoplido de alguien más, ante el cambio de nombre. - Gokudera siempre fue violento, cuando lo conocí trató de matarme, ¿sabes? - Ya no era Hayato, sino Gokudera. Algo había cambiado y no para bien. - Ese día fue horrible, primero trató de matarme y luego comenzó a adularme y a pedir estar en mi familia… no, nunca fue a mí, fue al Décimo. - Si, algo había cambiado y no iba a volver a como era antes. - A partir de eso, Gokudera intentó volar gente con dinamita, a insultos y amenazas cuando lo paraba, y en general era una fiera con quien se me acercara, en especial los bravucones.
Se le era increíblemente difícil imaginarse al guardián de la tormenta como algo diferente a formal, un tanto amenazante en indirectas, serio y enfocado. Pero la convicción de que ambas versiones no eran amigables ante otros acercándose al Décimo era irrefutable.
- Nunca me llamó por mi nombre, ¿sabes? - Espera, espera…
- ¿Ni en privado? - Tenía que ser solo por-
- Nunca. Por más que se lo pedí, no valió de nada. Deje de intentarlo hace años. - Cerro la boca, no había nada qué podía decir a eso. - Juudaime esto, Juudaime aquello… ah, cierto, tú no sabes. Juudaime es Décimo. - Así que todo el rato solo lo estaba llamando… auch. - Gokudera siempre fue un genio, pero por su sangre mestiza no era aceptado en otras familias a pesar de sus habilidades y su inteligencia. Eso creo que solo lo hizo más posesivo de su lugar en la familia. Yo no sabía su historia, ni siquiera lo acepté como guardián ni nada. No sabía. No realmente. Pero no iba a matarlo, y perdonar a alguien en batalla termina en tener subordinados o solo Dios sabe que según las circunstancias. La mafia es rara. En fin, Gokudera es mi guardián de la tormenta y mi mano derecha porque eso era lo que quería y nunca quise contradecirlo. Quizás debí hacerlo, así fuera para aclarar ciertas cosas...
Si no se había dado cuenta al inicio, mientras hablaba se volvió irrefutable el hecho de que Tsunayoshi estaba desahogándose con ella, diciéndole lo que pensaba, lo que probablemente solo le había dicho a Natsu. Hablando del cachorro, en medio de todo eso, Natsu se había acurrucado a su lado, usando su pierna de almohada, ronroneando en voz baja.
- Yamamoto y Gokudera nunca se llevaron bien. Gokudera no quería a Yamamoto al principio, Yamamoto no ayudó ni ayuda con su actitud. Cree que hace un bien fingir que todo es un juego, que todo está bien, y estar bromeando. Gran parte del tiempo su sonrisa es falsa. - ¿Qué diantres había cambiado?, no era sólo el guardián de la tormenta… - Yamamoto es mi mano izquierda, solo por molestar a Gokudera. - Muy bien, eso no la sorprendía. - Yamamoto es alguien a quien admire por muchos años. Era el chico popular al que todos querían, siempre se esforzaba en lo que hacía, todos querían estar con él, era y es una estrella en el béisbol. Quería ser como él, poder lograr algo si me esforzaba, pero ese no era yo. Yamamoto podía hacer lo que yo no, y por eso lo admiraba.
Más que el hecho de saber ahora que uno de los guardianes de Tsunayoshi había estado en la misma escuela, que había sido una estrella, y que Tsunayoshi hablaba como si hubiera movido la luna y bajado el sol, lo que más le llamaba la atención era la forma en la que estaba hablando Tsunayoshi. Tenía el mal presentimiento de que quizás había tocado algo que no debió tocar al revelarle una verdad a Tsunayoshi. Tenía el mal presentimiento de que las cosas nunca serían iguales entre Tsunayoshi y su familia a partir de ahora. Las lágrimas, el intento de mantener una voz firme, y que Tsunayoshi mirara a su regazo eran solo puntos a favor a su mal presentimiento.
- Podrás imaginar mi sorpresa el día en donde me dejaron solo a limpiar otra vez y Yamamoto se quedó a ayudarme. Solo quería pedirme consejo ahora que lo pienso, nada más. Resulta que estaba teniendo una mala racha, según él, y quería saber qué podía hacer para mejorar. - Saber las historias detrás de un guardián no era algo que espero oír en ningún momento. - Estúpidamente le dije algo en las líneas de que la práctica hace el maestro y que quizás solo necesitaba un poco más de práctica. Lo próximo que sé es que se partió el brazo, y eso terminó con alguien a punto de lanzarse de la terraza porque el dios del béisbol lo abandonó. - La voz de su acompañante tomó un extraño tono chillón que parecía histeria. - ¿Sabes cuántas veces he pensado en hacer algo así?
Espera espera espera-
- Y este idiota lo hace porque se partió un brazo. Un brazo. - El tono ahora si estaba pasando a la histeria. - Ni siquiera un brazo, ¡era solo un hueso roto!, ¡iba a sanar en un mes más o menos!, unas semanas adquiriendo el sentir y ya, volvería a jugar béisbol como si nunca lo hubiera dejado. - Solo podía oír, para bien o para mal. - Por el amor de Dios, era el chico más popular de la escuela y su padre lo ama como nadie más. Si, fue mala suerte, si, no iba a poder jugar por un tiempo, ¡pero no por un brazo roto vas a tirarlo todo por la borda!
Sabiamente mantuvo la boca cerrada, incluso con el repentino silencio en donde solo había jadeos por falta de aliento e intento de contener un llanto en toda regla. No le estaba funcionando mucho.
- Mi madre quizás me hubiera llorado un par de días, nadie más me hubiera extrañado. - En voz muy baja y resignada. - Yamamoto no tenía los mejores compañeros de equipo, o los mejores amigos, le tiraban toda la carga a él o lo usaban por su popularidad. Yamamoto es una de las personas que puede estar muriendo por dentro y no lo notarás porque siempre está sonriendo. Creo que es mi guardián más peligroso, por qué no sabrás nada hasta meros segundos de tu muerte si tienes suerte. Fuera de combate o en circunstancias favorables, por así decirlo, claro… - Derrotado, eso era lo que expresaba su tono: derrota. - Creo que la única razón por la cual se hizo mi "amigo" fue porque le recordé sobre su padre y le dije que su brazo sanaría y nada habría pasado, y nos fuimos los dos al suelo porque las vallas de seguridad daban pena ajena. - En otro contexto se hubiera reído por ese final. - Reborn intervino, todo acabó bien y lo próximo que sé es que Yamamoto nos estaba siguiendo. A partir de ahí éramos tres.
Tres. Acaso… ¿Acaso desde entonces lo seguían a donde él iba?
- Sabes, hice todo lo posible para que Reborn lo dejará fuera de eso, pero Yamamoto buscó entrar de todas formas. Cedió el béisbol en gran parte por aprender el arte de la espada. Nunca supe que pasa por su cabeza, incluso conmigo finge esa sonrisa… - No fue una sorpresa para ella que aquí las lágrimas corrieran sin tregua.
Por un largo tiempo no se dijo nada más. Natsu no se molestó y tampoco Tsunayoshi cuando se movió para entrelazar manos. No se atrevía a hacer más, no sin alguna clase de permiso. Tsunayoshi no le dio mucho con que trabajar, no en señales de querer confort al menos.
- Hibari era el prefecto de la escuela. El terror de la escuela más bien. - Las mejillas húmedas, pero no más lágrimas. Por ahora. - La gente cree que Hibari es terrorífico ahora, pero no lo vieron más joven. En la escuela no podías estar en grupo o llegar siquiera 10 segundos tarde, te mordería hasta la muerte sin compasión. Incluso el director le tenía miedo. Reborn fue quien lo involucró conmigo, porque era fuerte. Hibari solo quería oponentes fuertes, nada más. Creí que al menos, luego de tantos años, esa dejó de ser su única razón para ser mi guardián. - Oh oh.
- Tsu-
- Rokudo es un solo dolor de cabeza. Su pasado es muy horrendo, se cometieron demasiadas injusticias con él y en frente de él. El tiempo en Vindice es otra injusticia a mis ojos, porque nada de lo que hizo hubiera pasado si hubieran hecho un mejor trabajo. Técnicamente gran parte de los crímenes de Rokudo son autodefensas. Sigue aquí supuestamente para poseer mi cuerpo y destrozar el mundo de la mafia el mismo, y por Chrome. Chrome está aquí por él. Reborn fue quién orquestó esto, jamás entenderé en qué demonios estaban pensando los tres.
Eran todos los guardianes, ¿no es así?, lo que había cambiado y no para bien eran con todos los guardianes…
- Bovino fue literalmente un niño de 5 años con más armas que un militar y una máquina del tiempo en un afro mágico que apareció un día en mi ventana para matar a Reborn. - Que. - Se quedó, no tuve el corazón para ignorarlo o echarlo, y de alguna manera se convirtió en mi guardián del rayo sin mi aprobación. Sigue siendo un niño aún ahora, haciendo desastres aquí y allá, pidiéndome dulces, juguetes o cualquier cosa. No era el niño más carismático, déjame decirte. Siempre se queja de querer estar aquí en lugar de ir a la escuela en un sitio mucho menos peligroso que aquí. Y mira, ¿lo ves en algún lado?
Ya no podía hacer nada, ¿no es así?, solo escuchar. Los guardianes no se habían hecho favores al no venir a verlo ni una sola vez.
- Había una chica que me gustaba, allá en la escuela, era la chica linda y popular que todo chico quería, ¿sabes? - Oh. Oppss. - Una de las primeras cosas que hizo Reborn al conocerlo fue humillarme al hacerme confesar frente a ella en calzones en frente de toda la clase. Reborn me ha humillado de miles de formas y más formas que no te puedes imaginar, por diversión. Ella creyó que era broma, y me rechazó las dos veces que me le confesé, esa incluida. Nunca lo volví a intentar.
Estas historias…
- Su hermano mayor es mi guardián del sol. No recuerdo muy bien cómo pasó, pero quería meterme en el club de boxeo y en aquel entonces él todo el tiempo entrenaba y quería que lo acompañara si me veía. No entiende un no. Explicarle no ayuda mucho. Solo se metió a esto por culpa de Reborn y porque es EXTREMO. - Rodó los ojos aquí, aun sin mirarla.
Acababa de insinuar que ninguno de sus guardianes eran realmente sus amigos… estaba casi segura de que eso era lo que le estaba diciendo, y le había tomado todo este tiempo darse cuenta o lo había negado todo este tiempo.
- La chica que gustaba de mí solo lo hizo por casi un año. La veo indirectamente a veces porque es la novia de Gokudera. La chica que a veces viene con Lambo fue dejada en mi casa cuando niña para que pudiera escapar de convertirse en asesina y tuviera una infancia, una vida distinta. El chico del libro gigante que todos comentan solo busco al Décimo porque "es incapaz de rechazar una solicitud de ayuda". Bianchi solo la conozco porque ama a Reborn desde hace mucho. Al menos ha sido la única totalmente honesta, intentó matarme múltiples veces y a veces aún lo intenta. - Ojos naranja oscuro dieron con ella, y lo que siguió sería algo que jamás podría olvidar: - Incluso Reborn solo me ve como un favor a Nono, nada más. Accedí a las demandas para proteger a mi familia, pero la verdad es que ninguno está aquí por mí, solo por el Décimo. Si es lo mismo contigo, ¿podrías mentirme y decir que no?, Natsu incluso es del Décimo, no mío.
Este era el verdadero Décimo, Tsunayoshi Sawada, en todo su esplendor, ¿no es así?
- No seas tonto, ¿no es que sabes cuando te mienten? - La verdad es que estaba sumamente horrorizada y no sabía qué decir o qué hacer. - Por algo te llamo Tsunayoshi y no Décimo, sé que nunca te gusto que te llamen así y… bueno, ya te tenía el ojo antes de saber que eras el Décimo. - Se enteró rápido, pero eso no venía al caso.
Un paso en falso y ella también se vería apartada y la persona conocida como Tsunayoshi Sawada seguramente no volvería a confiar en nadie con su corazón. Había prendido en fuego a un hombre y había estado a punto de matarse por las mismas personas que ahora se habían distanciado emocionalmente de él.
Más impacto negativo no podía ser bueno.
- ¿Quieres un beso? - Ella había pedido ver al verdadero Tsunayoshi. No podía quejarse ahora.
Pero no sabía qué hacer o decir en esta situación.
- ¿Se puede? - Permiso aun ahora.
Jamás había visto esos ojos tan oscuros. Un naranja tan oscuro.
-x-x-x-
Irónicamente, el ambiente y el personal de la mansión iban acorde al ánimo del Décimo incluso sin haberlo visto: hostil. Eso fue lo que consiguió Takeshi Yamamoto, el guardián de la lluvia de Vongola. Era como sí sola presencia no fuera bienvenida en la mansión.
Solo una que otra persona lo saludo, y eso era mucho. No sabía que pasaba, solo tenía un objetivo en mente así que no le dio mucha atención. Al llegar a la oficina del Décimo Vongola no dudo en simplemente entrar. A primera vista, no encontró nada fuera de lo normal. Luego dio con la cantidad anormal de papel y el silencio del sitio.
- Yop Tsuna. - Saludo como siempre, o similar. No se molestó en sonreír. - ¿Tsuna? - Volvió a llamar, al ver que no hubo ninguna reacción de que lo habían escuchado.
Finalmente hubo algo, pero no fue lo que esperaba. Un bolígrafo fue dejado cuidadosamente en su lugar, y el Décimo Vongola subió el rostro. Esto de inmediato lo alertó de que había algo que no estaba bien. No había sonrisa, ni siquiera una expresión alegre. Esos ojos tenían una furia silenciosa que solo se acentuó cuando el dueño juntó sus manos en una especie de puño y las colocó frente a su rostro. Nada más.
- Supongo que es de esperarse que estés molesto. - Quizás había esperado mucho. - No tengo excusas. - Levantó las manos en esto, en señal de que no tenía nada que ocultar.
No se molestó en mentir de ninguna forma, ni siquiera con una sonrisa. A pesar del silencio, se acercó y tomó una silla, sentándose en frente de su jefe.
- No tengo excusas, pero lo siento por llegar tan tarde. - La verdad es que no venía a pedir perdón, sino permiso. - Este es mi reporte… - Porque Tsuna merecía saber qué y que no había hecho.
No había ayudado a cazar y a matar a cada miembro y aliado de esa familia por nada. No había repasado sus pasos dos veces por nada. No había discutido con los demás al punto de caerse a golpes por nada. Había tardado, había pasado mucho tiempo en shock y procesando como para volver cuando debía, o actuar cuando debía.
-... un tiempo. - Tsuna no había dicho absolutamente nada, y a estas alturas podía ver que esa ira silenciosa no iba a irse pronto. No podía culparlo. - Me di cuenta de que no he tratado contigo de verdad, nunca conectamos bien y no puedo volver sin haber llegado a entender por qué. No quiero lastimarte otra vez, no quiero volver a asumir que te conozco de verdad cuando solo estoy tratando con lo que me permites ver. No puedo, y por más que me disculpe no va a cambiar que llevamos años en esto Tsuna. - Ambos con una máscara.
Nunca conectaron por completo. Ninguno lo hizo. Y Tsuna era un cielo, los efectos eran mucho más severos con él. Ya lo había lastimado y no sabía que tanto. No podía volver cuando necesitaba sentarse, autoanalizarse y recorrer todas sus memorias y ver lo que no había visto antes. De otra forma iba a pasar lo mismo, y sería peor.
- No quiero lastimarte de la misma forma, no más. - Y por más doloroso y vergonzoso que fuera: - Perdóname por pedirte más tiempo, sé que necesitas a alguien aquí y la verdad es que no sé qué pasó con los otros. Luego de pelearnos, cada quién agarró por su lado. - Lo único que podía dar era: - Prometo no fingir nada contigo nunca más, pensé que te ayudaba, pero… - Pero obviamente no fue así.
Tsuna nunca fue como los demás, no debió de asumir que funcionaría lo mismo con el tal cual le funcionaba a los demás.
Espero cualquier cosa menos la palma que se le fue extendida y le hizo el gesto de "dame".
- No sé cuánto tiempo tardarás. - No había emoción alguna, solo fría calma. - El anillo, Yamamoto.
El cómo lo llamó fue lo que realmente le pego. Qué Tsuna volviera a llamarlo por su apellido cuando por fin lo llamaba por su nombre luego de tanta lucha… Le tomó todo de sí no sonreír para cubrir el dolor.
- Vas a esperarme, ¿verdad? - Con manos temblorosas entregó el objeto solicitado. - Volveré. - Recordó, temiendo que Tsuna hubiera ignorado esa parte.
- Veremos. - La mirada de su jefe pasó al anillo en su mano, dejándole ver que no era el único en sentir dolor ante esto. - No es como si hubieras querido esto antes… - Fue un murmullo, no algo destinado a ser oído. - Puedes retirarte. - Con eso Tsuna dio por terminado todo y sabía, por él como su expresión se volvió neutral, que era mejor no presionar su suerte.
¿Qué quiso decir con eso de "no es como si lo hubieras querido esto antes"?, se peleó con Squalo, con Varia, por ese anillo. Lo haría otra vez. ¿Si no lo quisiera por qué luchó por él?
Había herido más de lo que temía a Tsuna, ¿no es así?
Jamás lo había visto molesto con él, esto era una primera vez. Tsuna no era… no, la verdad es que no sabía cómo era Tsuna en verdad, no todo podía ser amabilidad y buen corazón como acababa de ver.
- ¿Yamamoto? - Una voz femenina lo detuvo. - ¿Podemos hablar?
Al ver quien era su primer pensamiento fue un rotundo no. No sabía que veía a Tsuna en esta mujer, pero se le era difícil socializar con personas que en verdad no conocía.
- Claro, ¿de qué quieres hablar? - Tsuna la quería. Podría no entender, pero quien hiciera a Tsuna feliz estaba bien con él.
Además, la mujer estaba cabizbaja y parecía haber visto algo horrible.
- Tsunayoshi. - Fue la única explicación que dio, y fue allí en donde noto un detalle: esta mujer no debería estar siquiera en la mansión.
Horas más tarde, un espadachín se encontraba tratando de contener las lágrimas y mantener las apariencias de que todo estaba bien y perfecto. Sus planes habían cambiado a última hora, tenía que localizar al guardián del rayo antes de que dicho guardián se llevará el golpe que él mismo se había llevado. Lo menos que podía hacer era mitigar el golpe al más joven, y eso es lo que haría.
No creía ser capaz de hacer lo mismo por los otros incluso si quisiera. Cervello era muy eficiente, y Tsuna era cortante con cosas que no quería tratar. Y justo ahora no quería tratar con ninguno de ellos.
No podía culparlo por ello, no con lo poco que aquella mujer le había revelado indirectamente al tratar de obtener información de su parte, y advertirle entre líneas que no era el único que pasaría por algo así. La dama no se sentía en la capacidad de ayudar, o de siquiera entender del todo lo que ocurría, eso le decía que esa mujer había estado hablando con Tsuna y había aprendido cosas que Tsuna usualmente no diría. A nadie.
- Al menos no estás solo… - Susurro para sí, era un leve consuelo.
La dama lo que más quería saber era si Tsuna antes había hecho algo como aquello, y preguntas sobre cómo solía ser cuando lo conoció. En general esas fueron sus preguntas. Una que otra dando alarma, como lo era saber cómo se sentían las llamas del Décimo, si las llamas no siempre eran usadas para herir, o en el caso de las llamas del sol para curar.
Esperaba, realmente esperaba, que Tsuna no estuviera haciendo lo que creía que estaba haciendo. Dudaba muchísimo que fuera a hacerlo, pero no estaba bien y temía ahora que quizás no supiera lo que hacía. Lo último que necesitaba era usar su atracción del cielo en alguien que era completamente vulnerable y terminará una obsesión incurable después. Tsuna no se lo perdonaría si lo hacía.
Y si pasaba no podía más que culparse a sí mismo y a los otros porque si al menos uno hubiera sido un verdadero amigo, Tsuna no sentía la necesidad de forzar a alguien a su lado.
-x-x-x-
"... hagas lo que hagas, no permitas que use sus llamas en ti o estén cerca de ti.", repitió en su mente como una mala memoria, "Las llamas del cielo son muy raras, pueden hacer cosas que otras no, y Tsuna no es cualquier usuario de dichas llamas. Él es Armonía, y su llama es muy pura. Hay varias razones por las cuales no lo ves por allí haciendo alarde de ellas, o siquiera mostrarlas."
- ¡Akane! - Saludo alegre la persona a la cual venía a ver. - No te esperaba tan temprano, pasa. - Bastante alegre, tomando en cuenta la cantidad de papel que aún tenía acaparando su oficina.
- Son casi las 7 de la noche. - No era temprano, pero era chistoso que creyera que sí.
El plato con una taza vacía de té en la mesa le daba alivio. Eso significaba que los meseros y el personal de limpieza, gracias a lo limpio que se veía todo, estaban haciendo caso a su petición de pasar de vez en cuando a la oficina del Décimo. Si el Décimo no quería o no deseaba ver a nadie, lo diría, sino...
Temer algo que no iba a ocurrir o creer que el Décimo diría que no era algo bastante tonto. Estando aquí solo la mayor parte del día, que solo alguien se asomara a saludar hacia maravillas. Y ahora que no había nadie que lo hiciera salir, o se asegurará de que el Décimo comiera algo o tuviera lo que necesitaba, era probable que el Décimo saltará más comidas de lo usual solo porque el paso del tiempo no existía cuando tenía tanto trabajo que hacer.
- ¿Ya es tan tarde? - El reloj era un adorno, ¿huh? - Cielos, juraría que aún era de tarde…
- Deberías de darte más descansos, el papel no se va a ir. - Y estos sofás eran bastante cómodos, si no quería salir a caminar. - No es como si fueran a salirle piernas o algo… - La broma, por desgracia, no fue tan broma como desearía para el Décimo.
- Muy gracioso… - Dicho esto, se levantó y se estiró, flexionando los brazos y moviendo el cuello. Alguien no se había parado de allí en horas. - ¿Por casualidad ya has tomado una decisión?, no hay prisas, pero no creo que quieras esperar mucho y que te empiecen a preguntar qué haces aquí y allá con solo los permisos de aeromoza que no debe estar vigente ya. - No creía que eso fuera a ser un problema.
Luego de que le robara un beso y que les tomaran fotos mientras se recuperaba en el área médica, nada de eso era en sí un problema. En todo caso, estaban buscando involucrarla en cosas que en verdad no tenía ni idea. Era penoso tener que confesar que no conocía tanto a Tsunayoshi como para saber que frutas o platos prefería comer, por dar un ejemplo. O que le pidieran venir y hablar con Tsunayoshi sobre problemas que, francamente, deberían ser ellos quienes vinieran a decirle.
Nadie parecía tener idea de que tan amigable era Tsunayoshi, que no se iba a comer a nadie, o de que nunca estaría ocupado para algún problema de su propio personal. No es que el guardián de la tormenta hubiera ayudado mucho, o los otros…
- Pues… - No había manera fácil de decirlo, y si fuera otra persona no se atrevería a hacer esto: - Me preguntaba si no tenías algo más cercano, dentro la mansión… - Ser aeromoza era su sueño, pero no lo era todo. Siempre estuvo consciente de que, como muchos modelos, la vida como una no era para largo. - ¡No es que ninguna tenga nada malo! - Eran múltiples puestos, múltiples opciones, todas con más libertad de lo que se podría esperar.
Negar tales oportunidades era lo que cualquiera llamaría ser un idiota, perder la oportunidad de su vida, y mucho más. Ella había tomado su decisión cuando Tsunayoshi aún estaba en cuidados intensivos, no la iba a cambiar ahora.
- Pero Akane, ¿no era-¡Crash!
Ambos saltaron ante tal estruendo, buscando el origen del sonido solo para dar con lo que parecía ser una mancha caer al suelo, el vidrio de la ventana de atrás del Décimo vibrando del impacto.
No tenía ni idea que esas ventanas pudieran abrirse, o que Tsunayoshi fuera a saltar de allí como algo de todos los días sin decir palabra alguna. El pánico fue de corta duración gracias a los destellos naranjas que vio casi enseguida, haciendo que recordara que Tsunayoshi podía volar y no le pasaría nada por caer desde tal altura.
Minutos más tarde, las palabras de Yamamoto volvieron a repetirse en su cabeza, todo gracias a un búho, uno que se había dado tremendo golpe y andaba lastimado y aturdido. ¿La razón?
-... paso?, ¿no viste la pared? - El búho había picoteado a Tsunayoshi varias veces, asustado, pero ahora estaba muy calmado y al mismo tiempo laxo en el brazo del Décimo. - No soy veterinario, pero creo que no vas a poder volar por un buen tiempo amigo. - Un ala obviamente rota, siendo manipulada por un hombre de una forma que debía de incomodar como mínimo. Debía doler, y tocarla no debía de ser grato.
Y aquí estaba el búho, con los ojos amplios, completamente tranquilo y seguro, aferrado a ese brazo como si fuera un loro, moviendo la cabeza y su ala buena en busca de mimos. Mimos de una mano con llamas, que en lugar de darle el miedo al animal solo parecía atraerlo.
"...son muy raras, pueden hacer cosas que otras no…"
-x-x-x-
Hibari Kyoya, el guardián de la nube, fue el siguiente en aparecer. Sin saludar y sin ser saludado, nada nuevo. De todas formas, solo venía a hablar con una persona y nadie más, pero si alguien quería ser mordido hasta la muerte era más que bienvenido.
-... mimado, ¿seguro y eres salvaje? - Ruiditos de búho, tiernos ruidos de búho, se oyó con las palabras del Décimo Vongola. - Está bien, pero solo por esta vez, ¿entiendes? - Más ruiditos de búho. Similar a un gato buscando sonar tierno.
Con una ceja arqueada, porque no sabía que esperar al oír algo así, abrió la puerta de la oficina de su jefe. De todas las cosas que esperaba encontrar no era ver a su jefe agachado a la altura de un ave, cara a cara, acariciando sus plumas y conversando con dicho animal. El búho estaba esponjado, con los ojitos grandes, y soltando ruiditos lindos en una percha. Era una percha pequeña, y abajo tenía agua y comida de ave.
- No es tan bueno como parece. - Le aclaro su jefe al ave, tomando algo de su plato… ay por Dios. - ¡Hey!
El búho, como era de esperarse, solo dio la carita más inocente y linda posible, sin soltar la tira entera de tocino que se había robado y no planeaba soltar.
- ¿Para qué te mande a comprar comida especial? - A pesar de las palabras, su jefe no estaba para nada enojado con el animal. - Siempre quieres de mi comida, ¿hay algo que no comas por casualidad? - Si le iba a hablar como un niño que no hizo nada mal, la respuesta siempre sería un no.
Tosió en su palma solo para anunciarse. Por más lindo que fuera el pequeño animal roba desayunos, no vino por él.
- Buenos-
Cualquier buen humor, cualquier buena cara, se esfumó tan pronto su jefe lo vio. En su lugar, una expresión cuidadosamente neutral entró el juego, y estaba en presencia de nada más y nada menos que el Décimo Vongola. Suponía que era mucho esperar una bienvenida, así fuera tenue, por parte de Tsunayoshi.
- ¿Reporte? - Frunció el ceño, pero nada cambió.
Un búho hizo un sonido de confusión, dejando todo de lado para acercarse al Décimo y pedir subir a su brazo y no ser dejado allí tan pronto lo vio levantarse. Por un momento el guardián de la nube creyó que el animal quedaría allí, pero en su lugar el Décimo cedió a unos instantes de dejarlo irse.
Verse en la mira de un par de ojos molestos con una expresión neutral, y un par de ojos amplios y curiosos de parte de un pequeño animal que automáticamente había subido a hacer casa entre el cuello y hombro del hombre frente a él, no era tan tranquilo como se esperaría. Más que la mirada de su jefe, silenciosa como era, lo que más lo perturbaba era la del animal, por alguna razón que desconocía.
No se molestó en dar muchas explicaciones, no eran necesarias. A la persona frente a él podría importarle menos, y no era una sorpresa. Un simple mensaje hubiera bastado, pero no lo hizo, y aquí estaban.
El Décimo no pidió explicaciones al porqué le exigió un tiempo fuera, en su lugar estiró su mano hacia él e hizo el gesto de pedir algo.
Ese día, lejos de la mansión, ocurrió una masacre sin precedentes, todo hecho por un solo hombre con la furia de los mil demonios. Dicho hombre no dejaba de apretar la mano derecha como si algo faltara o algo lo molestara de dicha de sobremanera.
-x-x-x-
-... sí, sería de gran ayuda, gracias. - Quizás no estaba escondiendo tan bien como quisiera el hecho de que no estaba durmiendo bien. - ¿Han visto a Akane por casualidad?, no la he visto en días. - Y la había buscado, pues se le era extraño y su intuición no había dejado de molestarlo.
- Lo lamentamos Décimo, no la hemos visto por aquí hoy. - Era mejor eso que nada, suponía.
- Gra-¡HEY! - Trago algo, y lo abofetearon también y… espera, estas eran plumas…
El culpable de haber tragado plumas, de haberlo golpeado varias veces, solo se acomodó en su cabeza y sabía, solo sabía, que de allí no lo iba a bajar pronto. Podía sentir la pancita en su cabeza, ¿quién demonios lo quitaba de allí con esas garras?
- Si, si, supongo que es gracioso. - Y… ¿eso era sangre?
- Es solo un rasguño Décimo, fue sin querer. - Pues no sentía nada, solo lo veía porque había pasado su mano por su cara y veía la sangre.
- No tengo nada para darte ahora, ¿sabes? - El búho no hizo más que acomodarse más. Era oficial, pasaría el día siendo el hazme reír con un búho vivo de sombrero. - ¿Cómo fue que subiste? - Ahora es que caía en cuenta, el búho tenía un ala enyesada, no podía volar.
Era pequeño, pero no tan pequeño como para que un búho pudiera saltar a su ca-Ah.
- Si tan solo pudieras haber visto tu cara. - En medio de carcajadas esto fue lo que le dijo la misma persona que no había visto durante días. Se iba a desarmar, a rodar por el suelo sujetando su estómago.
No estaba sola, pero nadie tenía tanto valor como para reírse tan abiertamente en frente de él. Eso había que arreglarlo:
- Ríanse. - Después de todo: - ¿Qué más van a hacer?, Vidrio no se va a molestar si le dan tocino. - O queso. O papitas. O lo que sea. No creía que fuera saludable para él, pero Vidrio no quería escuchar tales cosas.
- ¿Lo llamaste Vidrio? - ¿A qué se debía la sorpresa?
- Se estrelló con la ventana. - Y: - No lo iba a llamar Vidriera o Ventana, es un chico. - Que nadie le preguntara cómo sabía, porque no creía que pudiera explicar eso sin que lo llamaran loco. Algunas cosas de la Hyper Intuición eran mejor no dichas. - No soy… - Se apago, sintiendo algo afilado y duro frotarse cerca de su frente. - ¿Seguro y eres salvaje?, estás demasiado cómodo con humanos…
Con un búho malcriado entre sus manos, porque quería mimos y los quería ahora, tardó en darse cuenta de las miradas y risas incrédulas de los presentes. Y las negaciones. No ayudaba que Akane negaba y enseñaba numerosas marcas de garras y picotazos en sus brazos y manos como prueba.
- Solo te ama a ti, Décimo. - No veía como, porque francamente:
- Se estrelló con la ventana hace unos días, no es como si me conociera. - Y de paso: - Tendremos perros y un poco de todo, pero en verdad nunca-¡HEY!
Vidrio, por supuesto que tenía que ser Vidrio, lo soltó y lo miró con grandes ojos, como si no hubiera hecho absolutamente nada.
- Un día de estos vas a tener que decirme de donde te escapaste, tus dueños deben de estar preocupados por ti, pequeño malcriado. - Ante otro picotazo por dejarlo de acariciar solo un momento, no pudo evitar agregar. - Eres peor que Hibari cuando quiere algo, cielos.
Por alguna razón, más de una persona quedó fría con eso. No es que le diera más que una fracción de segundo de atención. Con Vidrio y su demanda de mimos era imposible.
-x-x-x-
Una vez que llegó a la oficina de Tsunayoshi, el fantasma que confundió con Tsunayoshi por al menos dos minutos de inmediato preguntó:
- ¿Y bien? - Estaba sentado en la silla del Décimo casi de la misma forma. La diferencia era su cabello, sus ojos, y lo relajado y divertido que estaba. La posición era prácticamente idéntica a la que el Décimo usaba cuando encontraba algo divertido mientras hablaban aquí a solas.
- Lo picoteo. - Aún no lo creía. - Varias veces. - El fantasma sonrió aún más, complacido por alguna razón, señalándole una silla. Una clara invitación de que se sentara con él esta vez.
- Vidrio no llegó aquí porque sí. Si mi nieto saliera, los perros, conejos y gatos no lo dejarían en paz. - ¿Había dicho nieto? - Vidrio solo tuvo la fortuna de estar cerca y ser atraído por mi nieto, es una reacción perfectamente natural y en este caso, afortunada. - Una leve risa. - Debes tener preguntas.
- Quisiera empezar sobre cómo un ser que traspasa cosas está aquí, pero… - No sabía si quería oír la respuesta.
- Los anillos Vongola son más poderosos de lo que se cree, son objetos mágicos señorita. - Más divertido que otra cosa. - Los anillos Vongola tienen la particularidad de influir en el tiempo, por así decirlo. Si el jefe o la generación actual tiene problemas, pueden consultar con las generaciones pasadas. En cierta forma, nunca están solos, y no cualquiera puede ser la cabeza de la familia o sus guardianes sin pasar por la aprobación tanto de los anillos como de las generaciones anteriores. - Una leve pausa, solo para agregar con una pizca de picardía: - Mi nieto ha tomado gusto por ti, ¿piensas dejar que eso cambie?
Por supuesto que no, y eso este ser lo sabía si las risas que soltaba decían algo.
- Giotto Vongola, Primo, a tu servicio. - Su cara debía de ser todo un poema si los intentos del ser de no reírse otra vez decían algo. - Tsunayoshi es mi último descendiente, él y su padre, pero entenderás por qué digo que es el último. - Desestimo con una sonrisa derrite corazones.
- Son igualitos ustedes dos. - Que Dios la perdonara, pero el similar era casi idéntico. Si tuviera los ojos y el cabello de color chocolate, podrían pasar por gemelos idénticos.
- Nah. - Desestimó el fantasma, siendo más informal ahora. - Tsunayoshi es más humilde, es muy blando para este mundo. No saben qué hacer con él, y eso podría volverles a escupir fuego en la cara. - ¿Ah? - Tsunayoshi es una persona muy sola, con una autoestima muy baja. Si te metes con él, no pasa nada. Si te metes con sus amigos, reza para que no te encuentre. - Justo lo que había pasado hace… - Mi nieto ha hecho muchas cosas, muchísimas, y las sigue haciendo para complacer a otras. Esa es la forma que cree y le ha funcionado para mantener gente cerca, mantener amigos, para no estar solo. Reborn y Nono abusaron de ese hecho, sabían que el chico estaba solo y si le daban algo que considerara una familia harían que aceptara ser el Décimo. Su familia, en cierto modo, también ha abusado mucho de eso. Incluso sus padres han abusado de esto.
Primo no la miró en ningún momento mientras le explicaba todo esto, una sonrisa triste en su rostro, como si contara algo que encontraba doloroso más no podía hacer nada.
- Nono cometió un gravísimo error con él cuando era niño, eso lo marcó y aún ahora no ha sanado del todo. Tsunayoshi puede convertirse en lo que quieras, puede moldearse a sí mismo en casi cualquier cosa. Fingir una sonrisa, ser tu mejor amigo, ser una persona totalmente distinta. Ya podía hacerlo a la tierna edad de 8 años, Reborn solo acentuó eso, le enseño a hacerlo mejor. - El rubio pauso, tomando una respiración profunda y apretando los labios. Finalmente alzó la mirada, esferas azules dando con ella con una petición imposible de ignorar. - Tsunayoshi también es capaz de hacer la vista gorda, de mentirse a sí mismo, por todo el tiempo que sea necesario y más. Su madre le enseñó eso. Puede ser dejado solo y aun creer que siguen siendo amigos así pasen años, es lo único que le enseñó su padre. Lo que trato de decirte es que, para bien o para mal, la gente ha jugado con todo eso sin tener idea de la profundidad que tienen estos factores. Todo tiene un límite, y estos están siendo tocados. Si te mueves mal, Tsunayoshi te rechazara a ti también y si lo hace no sé si podrá perdonarte. No sé si podrá perdonar a sus guardianes, no por lo que hicieron, sino por la mentira.
El solo recordatorio de que eso último, indirectamente, había sido su culpa no ayudaba en nada. Esta persona no la estaba juzgando, en nada, solo estaba pidiendo su atención, su-
- Mi nieto no está bien, Akane. Lo has ayudado mucho, realmente te lo agradezco, y por eso estoy aquí. No se supone que ayude o interactúe con alguien que no sea mi sucesor y sus guardianes, pero mi nieto estará devastado si tú también te apartas y más si no le das una razón. Si te rechaza, el perdón no va a ser fácil si es que es posible. Los cielos son así, en especial aquellos que están inestables, como lo está Tsunayoshi. - Con más pesar de lo Primo estaría dispuesto a admitir: - Tal y como es, Tsunayoshi haría cualquier cosa por ti, solo para que no te vayas. También tienes mucho más que perder, Tsunayoshi no habla con nadie como lo hace contigo. - Término lentamente, observándola como si buscara algo en específico.
- No quiero apartarme, ¿tienes idea de cuántos años he estado detrás de él? - Por el amor de Dios-
- Sé perfectamente lo que has sacrificado, sé perfectamente que mi nieto aún no cree que alguien pueda quererlo de esa forma incluso ahora. - De forma muy oscura: - También se perfectamente que te dijo Yamamoto, y es por eso que estás evitando a mi nieto, ¿me equivoco?
Pues no, no lo hacía. Pero cómo explicar-
- Yamamoto tenía buenas intenciones, pero Tsunayoshi jamás te haría algo así. - Negó con la cabeza, murmurando algo que sonaba sospechosamente a gente idiota que no tenía nada mejor que hacer. - Te explico, las llamas del cielo son muy raras y pueden hacer muchas cosas. Una en particular, muy temida y quizás la más conocida por eso mismo, es Atracción del Cielo. Como lo dice el nombre, lo que hace es atraer. Los cielos son quienes aceptan y abarcan todo. A todas las llamas, a cualquier persona. Los cielos atraen otros elementos, está en su naturaleza. Es algo que no se puede evitar, y su fuerza varía con la del poseedor de esas llamas. Sin embargo…
Ojos se tornaron naranja brillante y una llama se formó en la frente de Primo. Muy similar a Tsunayoshi, pero Tsunayoshi tenía más intensidad, si es que podía decirse así.
- Sin embargo… - Repitió Giotto Vongola de forma muy seria, esos ojos perforándole el alma. - Tal como hay gente buena y hay gente mala, también hay usuarios malos y usuarios buenos. Es una línea gris, y las señales son sutiles. Puede ser similar a consumir droga, solo que más extremo. Y puede ser similar a oler un perfume que te gusta mucho. Ya tu conoces este, ¿no dormiste con él y Natsu en esa cama llena de sus llamas? - Bien podría haber siseado la pregunta. - Esa es la Atracción del Cielo benigna. Tsunayoshi no puede quitarla, nadie puede, pero puede manipularla. La Atracción cuando es usada de forma maliciosa, te envolverá como una droga y antes de verlo venir terminarás adicta a la sensación y no querrás dejar de sentirla jamás. Harás lo que sea por ella, como un lavado de cerebro, y con el tiempo serás solo una especie de cáscara vacía. - De forma muy baja, Primo le agregó: - Tsunayoshi te ha contado sobre su madre, ¿no es así?, no vayas a decirle, no vayas a confirmarle, pero ella es el ejemplo perfecto de una víctima de la Atracción del Cielo usada con mala intención.
Como si este ser no le hubiera tirado múltiples bombas que necesitaría horas, posiblemente días, para procesar, aún no había terminado:
- Tsunayoshi esta inestable, los cielos nunca toman bien verse solos, es ir contra su naturaleza. El cambio ha sido muy abrupto y no en la mejor de las circunstancias. No puede evitar transmitir su soledad y que no se siente bien a través de sus llamas, de su aura, y es por eso que Vidrio está aquí. Los animales son más sensibles que los humanos, y por más que Tsunayoshi quiera esconder su malestar no podrá hacerlo de ellos. Es una buena cosa, lo ayudará, pero también es una señal. Si mi nieto no va a conectarse con otros humanos, los animales van a intentarlo. Al menos completamente solo no estará.
Como si solo hablara del clima:
- ¿Alguna pregunta?, siempre puedes pedirle a Tsunayoshi que me llame si quieres hablar conmigo. No te lo negara, en especial si le dices que hable contigo y solo tienes preguntas.
Quizás era demasiado notorio que necesitaba tiempo para procesar todo esto.
-x-x-x-
-... quieres? - Pregunto, dudoso. El peso sobre su estómago solo hacía más irreal la situación. - Está bastante alejado de un avión. - Pero si eso era lo que quería-
- Aparte del uniforme y que no estaré en un avión, igual estaré atendiéndolo Décimo. - Se estremeció ante el toque de un dedo trazando su mentón. La posición y la vista no era algo que jamás imaginó experimentar. - Cuando salgas vas a llevarme y allí cambiare el atuendo, ¿no suena bien? - Pues… - No es como si hiciera mucho cuando no estás usando tus propios Jet Tsunayoshi. - En eso tenía un punto.
- Si estás segura, no veo porque no. - Lo que nunca pensó que haría. Cielos. - Es un trabajo pesado, aparentemente. - Porque la verdad: - Nunca tuve un ama de llaves, no lo vi necesario y Gokudera bien podría haberse robado ese puesto también. - La verdad eso ya no importa.
Akane solo no quería dejarlo solo. Era bastante egoísta de él no querer algo diferente, pero por una vez…
- ¿Tsunayoshi? - No contestó de inmediato, dando otro beso al dorso de esa mano otra vez.
- ¿Me usas de almohada y no puedo darte un beso ahora? - No es que eso fuera un problema, si decía que no lo aceptaría.
Cerró los ojos, sólo respirando. Podía quedarse así por mucho tiempo, era tranquilo, relajante, y no estaba solo. ¿Qué más podía-
- ¿Ahora no puedo darte un beso? - Picarona, una picarona con una hermosa sonrisa.
No hizo absolutamente nada cuando se vio debajo de ella, ni siquiera cuando se apoyó en sus rodillas y lo veía desde arriba con una sonrisa de superioridad y diversión. En las películas esta posición casi siempre la veía a la inversa, pero estando aquí abajo con esa mirada encima, viendo esa sonrisa del gato que se comió al canario… no le importaba ser el canario.
- No deberías hacer eso. - Le informo, aunque debía de saberlo desde antes. - No creo poder resistir. - Y menos bajo tal hermosa vista.
En lugar de responderle, Akane solo le sonrió traviesa antes de besarlo. Una y otra vez. El problema con esta posición era que estaban muy pegados. Mucho roce, en su opinión, en donde no debería de haber.
- Suficiente emoción por hoy, ¿no crees? - Decir eso mientras amenazaba con quitarle la corbata…
- ¿Uno más? - Que lo llamaran necio, pero no quería dejar de besarla.
- Okey, uno más. - Sus labios eran suaves, cálidos, y por alguna razón le sabían a fresas. Tal vez era solo el pinta labios.
Menos mal que no tenía que salir, sería difícil explicar por qué sus labios eran rojos o porque tenía tantas marcas de besos en su cara. En realidad, su cara estaba en fuego por si sola. Podía morir feliz así, si era sincero.
- ¿Puedo preguntarte algo un tanto delicado? - Con todo esto y ahora con un pulgar haciendo círculos en su mejilla, estaba difícil que alguien dijera un no en su situación.
- No tenías por qué hacer esto si solo querías preguntar algo. - No hacía falta, pero no negaría que le encantaba. ¿A qué hombre no le gustaría?
- No seas tontín, esto lo hago porque quiero. - Lo iba a derretir allí si seguía. Tal vez se había quedado dormido y estaba soñando todo esto…
- Vas a hacer que haga una tontería. - Y lo último que quería era hacer algo que ambos no quisieran. - ¿Qué quieres saber? - Estaba que la tomaba de las caderas solo para acercarla más y poder besarla él mismo. Una y otra vez.
- ¿Que es la Atracción del Cielo en realidad? - A pesar de que solo fue una pregunta curiosa, una genuina pregunta curiosa, eso fue como un cubo de agua fría.
- Ahhh… - ¿Como siquiera comenzaba a explicar eso?, no lo entendía él mismo del todo… - Es complicado. - Al menos eso era verdad. Trago profundamente, porque esto era un tema ciertamente delicado. - Veras, esto sería mejor si supieras sobre las llamas primero… - Que estaba casi seguro de que solo sabía lo básico.
- Soy toda oídos. - Suponía que esto era algo inevitable, en especial ahora.
- Las llamas, para empezar, son la representación de la voluntad de la persona. - Ya buscaría a alguien que le explicara con todos los detalles. No era el mejor explicando cosas. - Todas las personas tienen llamas, cada una diferente, y no todas son conscientes de esto. - Podrían pasar su vida entera sin saberlo. - Existen 7 tipos de forma general. Hay otros, pero los siete más conocidos son el rayo, la lluvia, la tormenta, la nube, la niebla, el sol, y el cielo. Entre estas siete, la del cielo es la más rara. - Suspiro en esto, porque era solo el abrebocas. - Cada llama tiene diferentes propiedades…
-x-x-x-
El trueno o rayo, capaz de fortalecer cosas y electrocutar. La niebla, capaz de crear ilusiones. La nube, su habilidad siendo la multiplicarse y aumentar de tamaño. La del sol, curación rápida. La de lluvia, adormecer o calmar. Tormenta, desintegrar cosas. Más o menos, ya podía verse preguntando otra vez…
-... y la del cielo, cuya propiedad es Armonía. Básicamente, mantiene un equilibrio completo. - Tsunayoshi mostró un poco de sus llamas en una mano, para que la viera. - Lo que te diga a partir de aquí es mi propia interpretación, porque en verdad no hay un manual y no fui de sentarme con Dino o Bya-kun a conversar de este tipo de cosas. - ¿Bya-kun también era...?, bah, ni siquiera sabía quién era Bya-kun. - Las llamas del cielo pueden usarse para distintos fines, es una llama muy adaptable. Está esto. - Las llamas tomaron un lindo color naranja claro. - Es menos intensa, más fácil de usar, la más amable por así decirlo. Y esta. - Tomó un color intenso, y ya no estaba calmada. - Más intensa, mucho más intensa, tiende a ser incontrolable, y es devastador en combate si lo sabes usar. - Hubo una pausa antes de que la llama, la que estaba acostumbrada a ver, volviera a aparecer. - Esta es una intermedia, compuesta de las dos anteriores. Cambiando cantidades, puedes hacer muchas cosas en batalla. Solo si lo sabes hacer. - La llama volvió al lindo color naranja claro, y Tsunayoshi se la ofreció.
- ¿Quieres que la toque? - Para eso era, ¿no?
- Si lo deseas. - Entendería si no quería hacerlo. - Esa es la parte que más influye en la Atracción del Cielo. Es neutral, y es muy poca. Más que palabras, sentirlo te dará una idea del por qué se le dice así. - Oh. - Si tienes miedo, no pasa nada. Es compren-
Si no fuera por Primo, no hubiera tenido el valor de hacer esto, incluso sabiendo que Tsunayoshi había tenido años para hacer algo si así lo quería.
- sible si no… - Si Tsunayoshi dijo algo más, no lo oyó.
Era como si su mano fuera abrazada por algo sumamente esponjoso, cálido como los rayos del sol en la mañana, suave como algodón, que no quería soltarla y ella no quería que la soltara. Cosquilleos pequeños y agradables en su mano, la sensación de que era amada, apreciada-
- Tsunayoshi. - Se quejó automáticamente, solo para luego caer en cuenta de lo que había pasado y de lo que había hecho.
El chico debajo de ella no sonreía, aunque tampoco parecía molesto. En su lugar, solo apretó su mano entre la suya dándole una mirada que le decía que Tsunayoshi no sabía que pasaba en su lado, pero tenía una idea al ver su reacción.
- Eso es el equivalente de lo que no puedo evitar transmitir. La Atracción no es algo que se pueda impedir, pero se puede controlar. Algunos usuarios abusan de esto, envuelven a sus víctimas y estas no se darán cuenta de lo que está pasando hasta que ya sea tarde, si es que lo hacen. - Tsunayoshi tomó una respiración profunda antes de decirle en voz baja: - Puede llegar al punto de que la víctima hace todo por esta persona, incapaz de ver sus defectos o de tener otra opinión al respecto. La Atracción del Cielo es muy temida en la mafia, pero también es muy buscada en algunos lugares. - No hacía falta explicar las razones de esto.
- Ya… ya veo… - Era un trago fuerte que tragar. - ¿Podría...?, ¿solo un rato más?, sigues siendo tú, y no quiero tener que cortar una parte de ti. - Y quizás: - ¿Se puede uno acostumbrar?, tus… los chicos no pudieron pasar años a tu lado sin adquirir alguna resistencia, o algo así, ¿verdad?
Aparentemente había hecho una pregunta incorrecta al final.
Aparentemente se podía pasar años al lado de una persona, llamarlo su mejor amigo, pero jamás tocar algo que prácticamente esa persona había hecho por ti.
-x-x-x-
- Vaya, vaya, vaya. - Como un robot, giró la cabeza para ver a alguien que no debería estar allí. - No espere que fueras a dar ese salto, ¡mis felicitaciones! - El rubio andaba sonriendo de oreja a oreja, alegre, parado en frente de la cama justo a su lado.
Estaba sola con Natsu en la cama. El cachorro estaba a su lado, ronroneando y mostrando la pancita. ¿Qué hora era y en donde se metió Tsunayoshi tan temprano?
- No pasó nada anoche. - Solo besos, muchísimas gracias.
- Al contrario, ¡pasó mucho! - Primo parecía un niño en Navidad. Era algo escalofriante, porque así se ponía Tsunayoshi cuando tenía uno o dos días fugado y aún estaba libre. - No lo espere de ti, eres muy lista. O quizás muy curiosa, no importa. - ¿Tsunayoshi también tenía que lidiar con fantasmas de esta manera? - Me temo que no puedes agarrar una resistencia como tal, solo te familiarizas y se vuelve natural la presencia de las llamas como la presencia de una persona en tu vida. Los sentimientos no cambian, solo se vuelven familiares. Está muy bien de tu parte querer dar ese paso, es beneficioso para ambos. - Dejando de sonreír y tomando un tono más serio: - Será una necesidad más adelante. Y ya que estás en eso, ¿no crees que Tsunayoshi no quisiera sentir las tuyas?, hay una práctica en donde se entrelazan las llamas, y si se hace bien… - En tono conspiracional: - sentirán las emociones y sentimientos del otro~
Definitivamente no era tan formal como Tsunayoshi.
- Es una práctica que debería de hacer con la familia más cercana, con quien en verdad confíes. Tsunayoshi no lo sabe, Nono prometió enseñarle y nunca lo hizo, y por ello Tsunayoshi sin querer ha rechazado todas las sutiles propuestas de hacer tal cosa. Si realmente quieres una relación a largo plazo con él, una seria, te tocará hacer eso algún día. Es una conexión especial, si me preguntas, es una lástima que no todos sean capaces de experimentarla.
Espera, ¿había aparecido para ayudarla o darle instrucciones?
- Bueno, será mejor que me vaya. Tu novio anda en la cocina, está de buen ánimo así que está cocinando. - Espera, ¿qué? - Suerte~
Al verse sola en lo que pareció un pestañeo, tenía que darle más crédito a Tsunayoshi por tratar con cosas locas. Un fantasma era lo de menos, pero seguía siendo un fantasma.
-x-x-x-
El guardián de la lluvia, Yamamoto Takeshi, se encontró con una escena peculiar al llegar a la mansión. Al comedor, específicamente. Con dos anillos en el bolsillo y una nota, se preguntó si había llegado en buen momento o si tal vez debió contactar con Cervello.
En las puertas que daban a la cocina, había un grupo de empleados mirando algo por la puerta semi abierta como si fuera alguna película de óscar. Había uno que otro empujón, personas queriendo una mejor posición o peleándose para medio ver algo, pero curiosamente estaban dando lo mejor de sí para no hacer ruido. Curioso, se acercó para ver que tanto estaban matándose por ver.
Su quijada llegó al suelo, sus ojos dando con un par de adultos que se estaban comportando como adolescentes enamorados. La dama, Akane, eligió ese momento para saltarle encima a Tsuna, abrazándolo por la espalda y haciendo que Tsuna se detuviera por completo de amasar algo. Con los pechos que tenía esa mujer, y lo apretado del abrazo por no hablar de las risillas traviesas, no le sorprendía ver a Tsuna ponerse colorado.
Su sorpresa venía en que no había sorpresa verdadera ni tensión, Tsuna sonrió.
- Así nunca voy a terminar. - No era como si eso le preocupara en lo absoluto, porque le tendió algo a la chica sin mirar.
- Cocinas mejor que yo, ¡tengo derecho a robarte antes de servir! - Era algo bastante tonto de decir, porque ambos terminaron riendo por eso.
La dama no tardó en soltar y tomar el bocadillo. Solo para que segundos después su jefe se girara y le robara un beso y le guiñara el ojo. Un beso que terminó en otro, por culpa de la dama, y siguió con otro igual por culpa de Tsuna, y así, robándose el uno al otro hasta que ambos estallaron en risas.
Nadie iba a creerle esto. Ni él mismo lo creía. Estaba viendo al mismo chico que nunca tuvo el valor de siquiera coquetear y juguetear con lo que tenía que ser su novia. Si no lo era se comía su zapato.
- En cualquier momento llegaran los chefs. - Uh, demasiado tarde para eso Tsuna, muy tarde para eso. - ¿Me dejas terminar?
La respuesta era un obvio no, el beso rápido y que le robaran la tasa de café decía algo. Tsuna nunca tomaba bien que le quitaran el café, y aquí estaba, solo rodando los ojos y riéndose.
Dio un paso atrás, y giro. Suspiró profundamente, pero no pudo evitar sonreír un poco. Al menos alguien la estaba pasando bien. No iba a arruinárselo.
No diría absolutamente nada.
Viendo la caja de los anillos con solo el suyo y el de Kyoya, quien aún andaba super intratable, menos lo haría. Aún no se habían molestado en venir, incluso con Cervello dando casa. Con un suspiro cansado dejó el anillo del rayo y el de la niebla en sus respectivos sitios. Dejó la nota de forma visible debajo de la caja sobre el escritorio de su jefe. Dudo por un segundo o dos, pero al final sacó un par de fotos y las dejo con la nota.
Estaba seguro que Tsuna apreciaría ver a Daisuke y a su madre, incluso si solo era en foto. Chrome había querido venir, pero Hibari andaba intratable y Daisuke era demasiado pequeño para ser dejado por su cuenta. Si Chrome venia seria con el niño y Daisuke no entendería porque tenían que irse cuando no tenían ni una hora allí. Le daría más dolor a Tsuna de lo que les daría a ellos.
Hibari había prometido que volverían todos juntos y Tsunayoshi se las iba a pagar. Algo le decía que, en cuanto viera que Tsuna tenía novia, esa promesa se iría al caño.
No es como si fueran a creerle de todas formas.
-x-x-x-
Quién apareció por el guardián del sol fue una mujer con un temperamento de los mil demonios. Hana, quién había tomado la decisión de venir ella y explicarle a Tsunayoshi que su esposo estaba siendo un cobarde en lugar de Cervello.
Su única fuente de felicidad fue la forma en la que dos personas estaban conversando entre sí al llegar a la oficina del Décimo Vongola con una asistente que prácticamente lloriqueo a la vista.
- Sawada, ha pasado un tiempo. - Y la verdad: - Esta no era la forma en la que pensé que nos veríamos, pero a eso le debemos las gracias al idiota de mi esposo. - Ya lo volvería a castigar.
Si, Hana había visto el video. Si, Hana se asustó ante tal despliegue de ira. Pero ella recordaba perfectamente bien al tonto de Sawada Tsunayoshi metiéndose en cual lio solo por ayudar a sus amigos. Había algo que nunca le cuadro, y aún no lo hacía. Por más que les dijera a los estúpidos monos y al idiota de su esposo que había algo malo con su jefe, jamás le hicieron caso. Que eso viniera a morderles el trasero era su propia culpa porque más avisos no pudo darles.
Tsunayoshi Sawada nunca tuvo la mejor vida escolar y probablemente tampoco la mejor vida en casa. Era de esperar que, sin el debido apoyo y la debida ayuda, desarrollara o mantuviera algún problema acorde a esas experiencias. Alguien con tan mala vida escolar, con la etiqueta de "inútil" durante tanto tiempo no podía ser el señor pacifista y el señor sonrisas a toda hora porque sí.
- Buenas tardes Sasagawa-san. - La sonrisa era pequeña, pero aún estaba allí. No perdió como no se levantó para saludarla. - ¿Supongo que no quiso venir el mismo? - Si y no.
- El idiota no quiere entender que tu reacción fue completamente natural y esperada dadas las circunstancias. - Su esposo era muy quedado en el área del cerebro. Pero seguía siendo una de las personas más cariñosas y más emotivas que conocía. - No quiere venir a verte porque teme decir algo estúpido, no quiere arruinar nada más. Tú sabes que no es muy listo. - Para bien o para mal. - Haré que vea razón, te lo prometo. - Era lo menos que podía hacer por la persona que les había organizado y pagado toda su boda y la luna de miel tal y como ella pidió y más. - Esto también pasa por ser el señor sonrisas todo el rato Sawada, esos monos no son muy listos y lo sabes. - Ah, una risa. Bien.
- Es muy afortunado de tenerte. - Ni que lo digas. - ¿Me permites el anillo?, no sé cuánto tiempo necesite-
- Merece un castigo, y no puedes fiarte porque no te dijo nada. - De hecho: - Sawada, falto tu confianza, no tienes porqué dar explicaciones si no deseas darlas. - Tan simple como eso.
Cualquier en el lugar de Sawada los manda a matar. ¿Cuántos eran?, no veía a ninguno por aquí.
- Quizás. - Fue su simple respuesta, tomando el anillo y guardándolo en una caja. Había varios, pero no pudo ver cuáles. - Aparte de esto, ¿hay algo en lo que pueda ayudarte?
Traducción: "si no hay nada más, será mejor que te vayas, las cosas no están bien por aquí".
- No se olvide invitarme a tu fiesta, 21, ¿no? - Quizás no era mucho, pero: - No he preparado tu regalo de mayoría de edad por nada Sawada.
- ¿Mayoría de edad…? - Por supuesto que aquí era en donde tenían que meterse.
- En Japón no se puede beber hasta los 21. - Desestimó el Décimo Vongola sin mucha sorpresa. - No lo sé Sasagawa-san, puede que no haya fiesta este año.
Espera, ¿cómo qué no?
- Pero-
- No puedo comprometer la mansión, sin guardianes el nivel de seguridad baja un 20% y mi control un 60%. No puedo estar en todos lados, y ya de por si mi movilidad es muy limitada en los eventos. - Completamente profesional, como si hablara de cuanto era dos más dos.
No se perdió de como las otras dos presencias se miraron, intranquilas.
Su mayor enfoque estaba en que Sawada había dicho "sin guardianes".
- Lástima. - Pero: - Te lo enviaré con Cervello si no hay problema contigo Sawada.
No había sufrido buscando los mejores chocolates con alcohol para nada. Al menos merecía un regalo en su cumpleaños.
-x-x-x-
- ¿Todo eso fue verdad? - Le preguntó en voz baja a Tsunayoshi tan pronto la mujer se fue.
- Si y no. - Tsunayoshi levantó la vista de su regazo, no sonreía. - En los eventos mi movilidad es muy limitada y no podré dar órdenes si hace falta. En este caso, ni siquiera podré fingir ser otra persona por motivos obvios. La fiesta tiene que ir, si no va será un signo de debilidad y no puedo permitir tal cosa incluso si tengo que comprometer la mansión.
No la quería aquí. No quería verla siquiera hace un rato. Ay Tsunayoshi…
- ¿Qué tal Kozato? - Era solo una idea, pero: - Si otra familia ofrece la fiesta, se verá mal si no vas y no tendrías que comprometer la mansión.
- Me temo que eso no funciona así. Igual tendría que hacer una fiesta propia y tendría que ser mejor que la que se ofreció. - ¿Por qué? - Es cuestión de imagen, poder, nada más. Vongola tiene siempre que mantener esa imagen, para bien o para mal.
Pero hacer tal cosa con tales estadísticas…
- No se preocupen, medidas están siendo tomadas. Seguridad no se verá afectada sin mi presencia ese día, así que no se preocupen. Estarán bien. - ¿Por qué esto no la sorprendía?
Siempre pensando en los demás primero, en lugar de sí mismo. Aquí estaba pensando en Vongola y no-
- Aunque si alguien fuera a decirle a Varia que un par de escuadrones de asesinos serían apreciados… - Pestañeo al verse en la mira, en especial ante un papel que se le estaba siendo entregado. - No puede quedar guardado en ningún lugar, el castigo no te gustara. - Ah.
Suponía que era de esperarse, el Décimo no podía pedir ayuda directamente. Gokudera no estaba y ninguno de los otros, y ya que no había nadie más…
- Entendido, Décimo. - Le sonrió y tomó el papel, levantándose para hacer la llamada inmediatamente.
Era en un par de semanas la fiesta.
Este año no creía que Tsunayoshi fuera a irse a ningún lugar a pasar unos días libres. La mansión no podía quedar sola de ese modo.
-x-x-x-
Xanxus Vongola, líder de Varia, se encontraba en otra discusión con sus guardianes a puerta cerrada. Siempre a puerta cerrada. Esta discusión era un tema recurrente que no tenía pinta de terminar pronto.
-... mientras más tiempo pase peor! - Xanxus cerró los ojos y se llevó una mano a la frente. - ¡Jefe, usted sabe que los que toman una vida por primera vez no pueden-
- No podemos ir, así como así, la situación no es favorable. - No importa cuantas veces lo dijera, odiaba esas palabras también. - No hay necesidad de darles ideas a los demás. - Y empeorar la situación. - Para algo tiene guardianes.
- Guardianes que no tienen una idea de cómo dar el debido apoyo emocional. - Bel no sonreía, en este tema jamás sonreía.
- Es mejor que nada. - A pesar de estas palabras, Lussuria no estaba convencido de lo que él mismo decía. - Lo peor que puede pasar es que este solo, no hay peor escenario. - En eso, por desgracia, no estaba del todo en lo correcto-
- ¡VOOOOIIII! - El golpe contra la mesa resonó por mucho más tiempo de lo que se podría creer. - Eso es debatible porque no hay peor situación que estar con alguien que te quiera ***** o haga de cuenta que nada paso. Takeshi es el tipo de persona que hará el segundo. - Squalo siseo con la ira mostrándose en su rostro como una pintura en una exhibición.
- El mocoso también o no disimulara su miedo, es un asustadizo. - Agregó Leviathan, los brazos cruzados y ese fue todo el incentivo necesario:
- ¡El idiota del boxeador solo estará diciéndole cosas estúpidas como tener compasión y tomar clases de autocontrol-
- ¡A Hibari podría valerle menos-
- El par de ilusionistas solo le darán ideas retorcidas-
Y como siempre esto terminaba en casi a gritos diciendo lo que ya todos sabían desde que las noticias llegaron al cuartel. Y no faltaban los susurros y peticiones cuidadosamente dichas por parte de los más bajos.
Todos, de alguna u otra forma, conocían al rayo de sol que era el Décimo Vongola. Todos, a más tardar luego de un par de horas en sus presencias, sabían que esa persona era la más pura del lugar. En un lugar lleno de asesinos, una persona que no había derramado sangre era como una rata en una jaula llena de gatos. Solo que la rata era otro tigre como el jefe de todos ellos. Uno más lindo y completamente fuera de lugar.
Cada vez que venía, la mitad del tiempo a petición de Squalo y él, era un respiro para todos ellos. Sin proponérselo, solo su presencia era como un rayo de luz que necesitaban los más jóvenes. Todos, pero en especial los más jóvenes. También era una forma de darles a conocer porque hacían lo que hacían, generar una lealtad, pero Tsunayoshi generaba más que eso sin saberlo. Xanxus estaba seguro de que en cualquier momento nada valdría y sus empleados irían a la mansión Vongola, las consecuencias al infierno.
El repique de un teléfono fue lo que detuvo su actual dolor de cabeza. Lo decía así porque pensaba al igual que sus guardianes, porque sabía lo que podría pasar si dejaban a Tsunayoshi a su suerte, pero por más que quisiera tirar las consecuencias por la ventana e ir, no podía porque eso podría dar un mal mensaje y lo último que todos necesitaban era que Vongola se volviera un blanco justo ahora.
Tsunayoshi no estaba bien, eso estaba más que claro para todos ellos. Él nunca había matado a nadie a consciencia, a decisión, y evitaba tal cosa como la plaga. Lo que había pasado había dejado cierta protección sobre Vongola en la forma de miedo, pero eso no iba a durar.
- Más vale que sea importante. - No reconocía el número, pero solo una persona llamaría a este teléfono en particular.
- "Buenas tardes, ¿señor Xanxus?" - Quito el teléfono de su oído y lo miró sin saber qué pensar.
Sus guardianes le hicieron señas de que lo pusiera en altavoz y eso hizo antes de contestar, dejando el teléfono en la mesa.
- Al habla. - Ahora: - ¿Quién eres y qué quieres? - Solo una persona llamaría a este número, solo una-
- "No estoy segura si debo decirlo señor, el Décimo no me dio esas instrucciones. Sí debe saber, soy su ama de llaves." - La voz era de una mujer joven, respetuosa y un tanto ingenua.
No tenía idea del protocolo. Eso significaba que estaba siendo sincera. Ignoro lo mejor que pudo la cara de estupefacción de varios de sus guardianes. Tsunayoshi no tenía ama de llaves.
- ¿Y por qué llamas? - ¿En lugar del Décimo?
- "El cumpleaños del Décimo es en unas semanas." - Ah. ¿Tan pronto? - "Me preguntaba si estaría bien con usted la presencia de uno o dos de sus escuadrones para el evento, si no hay problema, claro."
No tenía que mirar a nadie para saber que habían agarrado lo mismo que él: algo pasaba y Tsunayoshi estaba solicitando su ayuda indirectamente.
- Varia estará allí. - Y: - Una semana. ¿Algo más? - Y adiós todos los dolores de cabeza con todas estas discusiones.
- "No, muchas gracias por su tiempo señor Xanxus." - La llamada terminó.
Por un minuto o dos solo hubo silencio.
- Voi, no había oído a una persona tan respetuoso que no fuera el mocoso. - El mocoso siendo el Décimo.
¿Qué estaba pasando en Vongola?, Tsunayoshi no le había dado ese número ni siquiera al idiota de su mano derecha.
- Preparen todo. - No es como si hiciera falta dar la orden a este punto.
Con él o sin él, Varia iba a estar en Vongola ahora que había una excusa por la cual aferrarse. No de la manera en la que seguramente pensó el Décimo, pero detalles.
-x-x-x-
Gokudera Hayato, el guardián de la tormenta, se presentó una mañana en la mansión Vongola. Justo a tiempo para ver la llegada de varios miembros de Varia, dirigidos por la mano derecha del jefe de Varia.
-... asegúrense de no hacer mucho alboroto, iré a ver a la eminencia primero. Cualquier cosa, y me refiero a cualquier cosa, me esperan en la recepción. - Squalo por una vez habló en voz baja, dando las instrucciones a sus lacayos como si fueran a ir a la guerra.
- El preferiría si van al comedor o toman una de las salas de recreación, por algo las hizo y no fue para uso personal. - Por más que se le dijo que no lo hiciera.
- ¡VOIIIII! - El volumen fue tanto que no se sorprendería si se oía en toda la mansión. - ¡¿En dónde estabas?! - Señalando a varios sirvientes de Vongola sin pudor alguno, demandó: - ¿Tienes idea de lo necias que son?, como si necesitara dar tantas credenciales para saber quién soy…
Un minuto después Squalo y sus lacayos lo miraban como si tuviera dos cabezas al pasar por el mismo proceso del cual Varia se estaba quejando, a pesar de tener un anillo muy conocido en su mano derecha. La verdad, no le sorprendía. No después de que una Cervello apareciera en medio del camino a la mansión para anunciarle que había sido convocado de carácter urgente a la oficina del Décimo Vongola.
El anillo en su dedo solo estaría allí por una hora más cuando mucho. Mentiría si dijera que estaba bien con eso, porque definitivamente no lo estaba, pero no podía culpar al Décimo por esto.
- No tienes por qué venir conmigo, Squalo. - Comentó como quien no quiere la cosa, el hombre de pelo blanco detrás de él como una sombra en todo el camino.
Como si ya las cosas no estuvieran lo suficientemente mal, tendría audiencia.
- Vengo a ver al jefe, no hay nada de malo en ir juntos, ¿o si mano derecha? - Genial, ya Squalo tenía una idea de que algo no estaba bien.
Se lo merecía, todo lo que iba a pasar. De por sí, aún no se sentía lo suficientemente preparado para darle la cara a su jefe luego de tanto tiempo. Por un pie en este lugar, ni siquiera parecía ser una buena idea en su mente justo ahora. No estaba listo, y no creía que lo estuviera pronto. Nada de lo que dijera podría excusar lo que había hecho, específicamente lo que no había hecho.
-... tan cómoda con esto? - El Décimo Vongola preguntó, genuinamente curioso, una llama más o menos grande en su palma en las manos de alguien más. - No tienes por qué imitar a Vidrio, ¿sabes? - ¿Vidrio?
Tardó un momento en ubicar al ave que prácticamente estaba derretida en el cuello de su jefe, una pata aferrada a uno de sus dedos, garras cortando un poco la piel, y jalando para sentir esas llamas sobre sus plumas. Ambas manos del Décimo tenían una flama, una flama muy conocida y que no debería de estar usando…
- ¿Qué diablos hace esa mujer aquí? - Peor aún: - ¿Qué estás haciendo Juudaime? - No era la mejor forma de iniciar el encuentro, no era la mejor forma de saludar, pero esto…
Las llamas se apagaron inmediatamente, y su jefe bien pudo haber saltado en el sitio. La impresión, el malestar en ese rostro duro tan poco que bien podría no haber pasado.
- No deberías andar por allí cautivando animales. - Y menos de tal forma. Estaba haciendo-
Un chillido horrible lo corto, junto con los aleteos de un ave que… ¿eso era un yeso?
- Creo que deberías preguntar antes de suponer Hayato. - Vino la voz cuidadosamente neutral del espadachín justo detrás de él. - Hey mocoso, ¿estás muy ocupado?, puedo esperar. - Squalo sabiamente no comento sobre lo que habían visto, incluso si su mirada estaba en la mujer.
- Ah, no, no, puedes tomar asiento. - El Décimo estaba fuera de onda, pero rápidamente adaptándose a la situación. - Primero tengo que hablar con Gokudera, ¿si no hay problema?
Squalo le dio una mirada indescifrable antes de decir que no había problema alguno, tomando asiento y saludando con la mano a la mujer que aún no sabía porque seguía allí. No tenía nada que hacer allí, no en la oficina, no en la mansión. Era una aeromoza, ¿así que diablos hacía allí?
- Tu anillo. - Esas fueron prácticamente las primeras palabras de su jefe hacía él, sin simpatía alguna. Se lo merecía, lo sabía, pero igual no se lo esperaba.
Sabiamente ignoró la mirada de Squalo, quitándose el anillo y entregándolo sin queja alguna. No valía la pena discutir, en especial si el Décimo no estaba demandando una explicación.
Se llevó la mala sorpresa de ver los demás anillos por un corto momento, y desde donde estaba podía sentir el aura asesina de Squalo, ante la vista.
- ¿Debo suponer que debo esperar tu regreso en algún momento no previsto? - ¿Ah?
- Acaba de preguntarte si también planeas regresar luego de tus vacaciones. - Intervino la mujer ante su desconcierto.
- Entendí a la primera mujer. - No, no iba a ocultar su irritación de verla allí. No sabía en qué estaba pensando su jefe, pero de nuevo, su jefe era demasiado sociable. - ¿Puedo volver? - No había pensado que tenía una segunda oportunidad.
La cara de estupefacción de su jefe y la de la mujer hubieran sido causa de risas en otra situación. Al menos su jefe se compuso rápido. ¿O debería decir ex-jefe?
- Eso es lo que todos han pedido, supuso lo mismo contigo. - Por la forma en la que apretó los labios, no estaba muy feliz por esto. - Nadie tiene fecha de retorno, así que… - Señaló la caja como si eso explicara todo, y lo hacía. - Esto no quiere decir que vaya a entregarlos. Por tiempo indefinido están fuera del sistema, no serán molestados en lo absoluto. No esperes noticias, favores, o ser capaz de utilizar los servicios y/o insumos que solías usar. Hasta nuevo aviso eres solo un visitante. ¿Alguna pregunta?
Tomando en cuenta que pensó que podría no salir de aquí con vida…
- No tienes por qué inclinarte… - Pamplinas.
- Arigato. - Esta era la persona más amable que había tenido la oportunidad de conocer.
Su error había sido nunca apreciarlo como debía. No conocerlo. No a Sawada Tsunayoshi.
- Por cierto, Gokudera… - El búho lo seguía matando con la mirada, y temía saber que tanto las llamas de su jefe lo habían afectado. - la próxima que irrespetes a Akane en frente de mí no te sorprendas si intento golpearte. Se te ha dicho demasiadas veces como es…
Trago en seco, porque esa era la misma mirada que le había dado a más de una persona antes de decirle que mejor se guardaba sus comentarios si no quería iniciar una pelea que iba a perder. Luego de lo que había pasado, no lo dudaba ni por un segundo.
-x-x-x-
-... ya, ya, pequeño mimoso… - Tenía una ceja arqueada viendo al Décimo con ese búho por unos cuantos minutos. - ¿También me quieres dejar sin merienda? - Ya lo había dejado sin nada.
Ese era el búho con más carita de cordero que había visto, y el más malcriado posible también. Temía preguntar de dónde había salido, pero francamente podía importarle menos. Era bueno ver al Décimo de tan buenos espíritus, incluso si era por un simple animal que no paraba de pedir su atención.
- Aquí tiene señor Squalo. - ¿Ah?, oh…
- Gracias. - Una merienda no fue lo que esperaba, no ahora al menos. - ¿Tu eres el ama de llaves por casualidad? - Tenía que ser, esa era la misma voz.
- Si, un placer conocerlo señor Squalo-
- Squalo, nada de señor, un placer también. - Solo para no sonar tan áspero. - ¿Por qué Vidrio? - Señaló al jefe Vongola que… - ¿Es en serio?
Tanto Tsunayoshi como el búho lo miraron de la misma forma, al mismo tiempo, uno haciendo nido en la cabeza del otro. El búho bien podría estarle diciendo: "¿algún problema celosito?" por cómo se esponjo.
- Nos dio un susto una noche, se estrelló con la ventana. - Un búho se estrelló contra la ventana… ahora si lo había oído todo. - Tsunayoshi dice que es un chico, y no lo iba a llamar Vidriera o Ventana por eso. - Menos mal que no estaba bebiendo nada.
- Hay miles de nombres Vongola. - Miles.
- Y tengo cientos de animales. - Eso aun no quitaba que le había puesto Vidrio a uno. - Vidrio es fácil de recordar, y no era como si pensara que quería quedarse. Es salvaje, o se supone que es salvaje… - Viéndolo allí arriba, super cómodo de la vida como un sombrero viviente…
- Okey, okey… - Al menos era una buena cosa, interacción con los animales era una buena forma de lidiar con la oscuridad del corazón. El nombre del animal es lo de menos. - Es un pequeño malcriado, no te dejará en paz cuando pueda volver a volar. Lussuria no se molestará en darle una mano. - Más bien ni preguntaría.
- No estoy seguro de que sea buena idea. - ¿Ah?
- Es una fiera, solo puedo agarrarlo porque sabe que lo llevaré con Tsunayoshi. - Y aquí estaba otra vez, Tsunayoshi. No muchos llamaban al Décimo por su nombre de buenas a primeras.
- No me lo recuerdes, los veterinarios no quieren verlo sin que yo esté allí… - ¿Ah sí?, interesante.
- Hablando de nuevos miembros, ¿qué te llevó a tener un ama de llaves ahora? - No es que hubiera nada de malo, pero: - Pensé verte con alguno de los chicos, pero creo que no deseas hablar de eso… - Tendría que hacerlo, Xanxus-
- No, no deseo hacerlo. Akane, ¿podrías contarle en un momento? - Espera, espera… ¿por qué un sirviente?, no era como si… - Squalo, ella es Akane, mi ama de llaves. Es nueva, se paciente con ella. - Lo que en verdad respondía todo: - Vuelvo en un rato, pónganse cómodos.
El Décimo no tenía deseos de comunicar nada de ese tema. Eso era malo, muy malo.
- ¿Qué tan malo es? - No creía que la dama supiera mucho, pero tomaría todo lo que pudiera conseguir. - Gracias por darnos una excusa, Varia ha estado en caos interno por él. Matar deja huella y más la primera vez. - Al menos no parecía-
- Tiene pesadillas aquí y allá, pero eso no me preocupa tanto. - Lo que siguió lo helo: - Me preocupas más tú, Tsunayoshi no ve a nadie como solía hacerlo. Para ti, el solo es el Décimo y eso es todo lo que te dará. - Como si le leyera el pensamiento: - Nadie vino a verlo cuando estaba herido, no encontró a nadie cuando regresó a sus pies, solo personal tratando de cumplir todo lo posible y mantenerlo a oscuras el mayor tiempo posible por su recuperación. Desde entonces no es el mismo, "si quienes han estado conmigo durante años no están cuando más los necesito, ¿por qué he de esperar que los demás sean diferentes?"
El Décimo no se acercó a saludarlo, no busco darle un abrazo, no pregunto por nadie…
- Lo lamento, no es justo que sufran por las acciones de otros-
- No, está bien. - Podía entender. Más o menos. - No somos los más cercanos y en el pasado Varia fue tras su cuello varias veces. - Era entendible que no hubiera tanta cercanía ahora. - ¿Me estás diciendo que luego de aquello quedó totalmente solo? - Eso era más prioritario que todo lo demás.
- Solo el personal. - Pero la chica asintió de todas formas, triste por la admisión.
Su primer asesinato, la experiencia aterradora justo antes, y luego despertar y verse solo con el personal médico. Sin saber que estaba ocurriendo, un personal que no quería informarle porque darle malas noticias a un herido no era buena idea…
- Voy a matar a Takeshi. - Lo mínimo que pudieron hacer fue decirle a alguien más. Dejar a alguien solo en esas condiciones era pedir problemas, y posiblemente perderla para siempre por sus propios demonios internos.
El hecho de que el Décimo estuviera desprotegido e inestable al verse sin sus elementos era lo que menos le preocupaba. Solo hacia la situación más desfavorable para Tsunayoshi. Los cielos no tomaban bien separaciones abruptas o ser dejados solos. Buscarían algo a lo que aferrarse, inconscientemente incluso si no lo deseaban.
El búho se había estrellado contra la ventana, y solo quería al Décimo, ¿no es así?
Sawada Tsunayoshi no quería tener nada que ver con humanos, no si inconscientemente estaba llamando a animales y estos respondían a los mismos de tal forma.
Era… era completamente comprensible.
Eso no significaba que los otros, específicamente Xanxus, no fueran a estallar en el sitio ante las noticias.
Mirando hacia arriba y dando con la mujer que se mordía los labios y parecía derrotada por alguna razón, sabía que era la única aliada que tendrían con el Décimo.
- Cuéntame todo. - No había más que hacer allí.
Esta mujer era más que una simple ama de llaves. Creía haberla visto antes, ahora que lo pensaba.
-x-x-x-
- ¿Estás seguro que esta es una buena idea Bel? - Susurro uno de sus acompañantes, temiendo ser escuchado por alguien que fuera a pensar otra cosa.
- Shishishi, irá perfecto, te preocupas demasiado. - Sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Se lo agradecerán más tarde. - Bester adora al pequeño Vongola, así no lo admita. - Esa no era la preocupación de Squalo ni los demás, pero ya verán que tenía razón.
Una vez fuera de la oficina del Décimo, sonrió como un lunático y abrió la puerta cuidadosamente. Un leve empujón y Bester desapareció a través de ella. Solo demoró un par de minutos antes de que pudiera oír un grito ahogado, y luego varios gritos unidos con risas.
- ¡Bester! - Le dio un pulgar arriba a su jefe ante el tono alegre y cariñoso por parte del Décimo. - ¿Qué haces aquí?, me da gusto verte...
Al menos los gritos de miedo de la mujer habían terminado. Ahora solo podían escucharse los resoplidos de Bester, y el tono casi bebé del Décimo. Les había dicho que, si el Décimo estaba tan cariñoso con un búho salvaje, con Bester iba a ser mil veces peor. Bester se hacía el odioso con el Décimo, pero nunca lo atacaba, y nunca le negaba un regalo. Tomando en cuenta que Bester era tan quisquilloso como su dueño…
Luego de un tiempo, entraron silenciosamente a ver. La mujer les dio una mirada de muerte mas no los delató. Lo que encontraron lo hizo sonreír al punto de doler, pues esto no tenía precedentes.
Bester estaba cómodo sobre el regazo del Décimo. En realidad, podría considerarse que lo estaba agarrando de cama. Moviendo la cola de un lado a otro, ronroneando ante las manos que no paraban de acariciarlo y jugar con su melena y orejas, por no mencionar los besitos en la nariz, Bester estaba más que contento en donde estaba y no se movería de allí pronto. El sello eran las lamidas y las garras destrozando ropa, amansando como un gato lo que podían alcanzar.
Si el Décimo estaba encontrando confort en los animales, ¿por qué negárselo?
Además, Bester no tenía problemas con Natsu. Más bien lo protegía de los otros animales caja. Que le dijeran loco, pero mejor plan que este no había.
La pregunta era cuánto tardaría en que el Décimo asociara a Bester con Xanxus, quien no era diferente al animal que estaba consintiendo justo ahora.
-x-x-x-
-...ter?, ¿Bester? - ¿Y ahora en donde se metió?
Xanxus Vongola no era un hombre feliz. Primero el Décimo se negó a responderle ciertas cosas. Luego lo callo diciéndole que no se metiera en donde no llamaran. Y ahora no encontraba a Bester en ningún lado y nadie sabía nada. Ni siquiera estaba contando todas las preocupaciones de parte de subordinados ante el hecho de que el Décimo era dolorosamente formal y al grano con ellos y no solía ser así.
Más bien siquiera les hablaba. Tsunayoshi podría haber terminado mucho peor, y no estaba seguro del porqué. Su personal no podría haber hecho tanto impacto positivo. Tsunayoshi era un cielo inestable que no tenía elementos, producir algún impacto sobre él no debía ser sencillo con ese vacío que sentía y le dolía tener. Si tan solo-¿qué fue eso?
Siguió el sonido de lo que parecía ser llanto, y dio con leves gruñidos y murmullos unidos al primero. Todo se detenía en una habitación que no conocía, pero tenía una buena idea de quién era y de que dadas las circunstancias.
-... gusta, ¿eh? - Forzando las palabras a salir, sonaba más como si no deseara estar allí en primer lugar.
Bester resopló y levantó una pata, empujando con ella al Décimo a acostarse en la cama. En el costado de Bester estaba Natsu, mirando a su dueño con simpatía. Solo, a oscuras con solo la luz de una lámpara, estaba el Décimo Vongola con dos felinos que no iban a irse de allí pronto. Un chico que, para bien o para mal, estaba tratando de contener las lágrimas y estaba fallando, pero igual trataba de actuar normalmente con su invitado extra.
Le debía una a Belphegor. A su increíble habilidad análisis en todo caso.
-... deben de estar buscándote. - Ya no. Ya lo había encontrado. - ¿Supongo que vas a imitar a Natsu y apoderarte de mi cama? - No es como si la respuesta fuera un problema, Tsunayoshi no le negaría a Bester.
No le negó apoderarse de su silla en su oficina, no le negaría su cama. Belphegor tenía razón: Tsunayoshi estaba buscando confort en los seres que menos podían juzgarlo, que no le mentirían, y que no tenían motivos ocultos para estar allí. Su confianza con la gente estaba rota, no quería pasar por lo mismo otra vez. Un corazón roto no era fácil de curar, y era normal no querer pasar por el mismo dolor otra vez.
No culpaba a ninguno de sus guardianes por quererle dar caza a los idiotas que habían hecho esto. Después de todo, no habían roto solo la confianza de Tsunayoshi con esto.
- ¿Eehhh? - Cerró los ojos y se limitó a solo ajustar su agarre. - ¿Xanxus?
En lugar de responder, solo atrajo ese cuerpo hacía así y comenzó a hacer círculos sobre uno de sus brazos. No iba a decir nada, no hacía falta que dijera nada, nadie lo haría. No fue una sorpresa que Tsunayoshi no preguntará más, y que al poco tiempo dejará de intentar contener sus lágrimas.
- Tsunayoshi siempre me dijo que hubieras sido un buen Décimo. - La persona que hablo no se vio en lo más mínimo sorprendida o asustada al verse siendo apuntada con un arma, o que casi le da un infarto. - Puedo ver que tiene razón. - El ser que no podía ser nadie más que el espíritu de Giotto Vongola, concedió tranquilamente.
La persona inconsciente en sus brazos no se vio perturbada por nada de esto, horas de llanto dejándolo completamente agotado.
- Fue una buena idea dejarle a Bester. - Primo no parecía importarle que estaba hablando solo. - Akane ha hecho mucho, pero es una sola persona. Tsunayoshi necesita más, así no quiera admitirlo, necesita sus elementos… - Finalmente, ojos azules dieron con él, suplicantes. - Si no te molesta compartir por un rato tus elementos, creo que podrían estabilizarlo lo suficiente como para apaciguar su anhelo y calmar sus llamas. Eso, o seguirá atrayendo animales sin darse cuenta.
Eso no era nada que no supiera ya.
- Es mi cielo. - Se limitó a dar como respuesta, sin ser sorprendido ante el alivio en ese rostro antes de verse solo con dos felinos y un chico noqueado.
Sus elementos eran de su cielo, si así lo necesitaba. Y lo necesitaba.
No iban a dejarlo caer.
-x-x-x-
-... piensas salir así?! - No veía el problema, a decir verdad.
- Será solo por un par de días. - Lo había atrasado más que suficiente. - Estaré aquí antes del viernes. - Solo porque sabía que no lo juzgarían: - No he salido de aquí en casi tres meses, quiero salir. - Estaba harto de estar encerrado, incluso si el lugar era grande y tenía a su personal, a Natsu y a Akane, se sentía encerrado. - Prometo llamar si pasa algo, ¿qué más podrías querer?
- Que no fueras solo. - El líder de Varia se limitó a decir, llevándose una mano al puente de la nariz. - Mas te vale volver antes del viernes.
- Pero jefe-
- ¿Quieres negarle el poder estirar las piernas? - No lo llamaría así, pero funcionaba. - No podemos dejar el cuartel por tanto tiempo, mejor oportunidad que esta no va a tener por un buen rato. - Tristemente eso era cierto. - Anda, solo asegúrate de mantenernos informados. - ¡SI!
- ¡Gracias!, ¡gracias! - El único que en verdad no fue sorprendido por los abrazos fue Belphegor, quien sonrió de oreja a oreja.
Sin esperar, tomó a su novia de la mano y la jalo. No había que esperar a que cambiaran de opinión.
- ¡Vamos!, sé que ya tienes una maratón en el cine para ver. - Y quién sabe qué otra cosa.
Un beso en la mejilla y las risillas de su novia le dieron toda la respuesta que necesitaba saber.
Nadie lo detuvo, nadie dijo nada de nada, solo lo saludaron cuando mucho. Extraño. ¿Tal vez era porque estaba con Akane?
Inadvertidamente para él, sonreía como el sol y nadie quería ser la razón por la que eso acabara.
-x-x-x-
- Déjame entender esto. - Al líder de Varia iba a darle algo. Quería hacer una masacre. - ¿Desde que lo reportaste perdido nadie ha logrado dar con él?, ¿nadie? - Preguntó lentamente, tratando no expresar su ira en alguien que más bien los había mantenido al tanto de todo.
Órdenes de Tsunayoshi o no, esta chica había mantenido un informe casi hora a hora. Por no hablar que, luego de ese espectáculo cuando salieron, podría ser su amante, novia, querida… ¡que podía saber el!
- Novia. - ¿Acaso había hablado en voz alta? - Si. - ******.
- Esta noche es la fiesta. - Recordó Squalo, dándole mal de ojo. - No podemos tener una fiesta sin el cumpleañero. - Y no podían suspenderla. Ya la gente estaba llegando.
Que mal momento había elegido-Beep beep beep beep.
- Más vale que sea él. - No prometía no matar al infeliz que fuera a decir alguna tontería. - ¿Halo?
- GRRRRRR… - Automáticamente el teléfono terminó en el piso y Bester despertó de su siesta, mirando a todos lados. - GRRRRRRR…
Este definitivamente no era su día…
-... mires así, sé que te molesta, pero es solo por un minuto. Un minuto, uno solo reina, uno. - Lussuria se adelantó en ponerlo en altavoz, en mal momento: - "GRRRRRRRR" - El sonido retumbó por todo el lugar. - "No seas así, ¿no te estas limpiando hace unos segundos?" - Tsunayoshi, sin lugar a dudas. - "GRRRR."
- Como que tiene un tigre allí. - La cara de Bester era una que decía que no procesaba lo que estaba oyendo. No computaba.
- "¡Oh vamos!, ¿sabes cuánto me costó conseguir esta ropa?, no la rompas porque no te guste. Mira, aquí está tu comida, ¿o acaso tampoco quieres una cebra?" - Aparentemente la respuesta un rotundo no: - "Eres peor que Bester-no, no me mires así, no me mires así…"
Hubo rugidos y sonidos de tela pasando a mejor vida, y quejas de un hombre que no podía creer su suerte. Pobre Bester, su expresión era la de un gatito asustado. Solo Dios sabrá lo que está diciendo esa bestia.
- "... reina, si tú, tu mi reina, te gusta que te llame así, ¿no?, ¿mi hermosa, maravillosa, mi rayo de sol, mi amor, mi cielo, mi preciosa reina?" - El tono ya estaba tirando a histeria. - "Necesito un minuto, luego podemos hacer todo lo que tú quieres mi hermosa, mi bella, mi comprensiva reina, ¿sí?" - Si no fuera por la histeria que ya estaba comenzando a filtrarse en ese tono, esto sería más estúpido que preocupante. - "GGGGGRRRRRRRRRRRRR"
Bester, y la ardilla que estaba en la cabeza de Bel, tuvieran la misma reacción de taparse la cara con una pata, luciéndo más allá de incomodos.
- "...gracias a Dios…" - Hubo una respiración profunda y movimiento antes de que se oyera claramente: - "¿Halo?, ¿Xanxus?, ¿Squalo?"
- Más vale que tengas un seguro de vida, Tsunayoshi. - Porque vaya desastre los había metido. Aún no era del todo insalvable. Al menos.
- "Eehhh, será mejor que vayamos al grano antes de que ella quiera destruir este teléfono. Es el quinto que he tenido que robar…" - Miro al teléfono con una ceja arqueada, y estaba seguro de que no era el único mirando el teléfono como si hubiera oído una estupidez. El Décimo Vongola, ¿robando? - "En fin, debería de llegar como en dos horas, a pie, media volando. Ha sido un solo dolor de cabeza llegar a donde estoy y aun no estoy seguro de dónde. Historia corta: todo se fue al desagüe por complicaciones y explosiones, termine perdido en la selva, bosque, yo que sé. Honestamente no sé ni qué día es." - Se oyó algo que sonaba sospechosamente a maldiciones en voz muy baja. - "¿Tengo que apurarme o no?, quiero un baño y-¡Sin morder!"
Los gruñidos indicaban que alguien no estaba muy feliz con la orden y probablemente no la seguiría. ¿Qué demonios estaba ocurriendo del otro lado?
- Será mejor que te pongas un jetpack, hace horas que deberías estar aquí. - Días, la verdad, pero por los momentos se conformaba en salvar la noche. Luego podría desquitárselas con Tsunayoshi por haberse esfumado de la faz de la tierra.
- "¿Qué?" - Definitivamente lo iba a oír, si no le metía un balazo en la frente primero. - "Volare entonces, nos vemos en un rato." - Con eso se cortó la llamada.
- Mira que no venir de inmediato…
- Shishishi, la pregunta es en qué estado va a llegar, shishishi…
Minutos más tarde, gracias a unos golpes en la ventana, la respuesta llegó. Con una pantera enorme en su espalda, mirándolos a todos como si fueran insectos ensuciando el piso, ropa hecha jirones, lleno de tierra, rasguños, marcas de dientes…
- Hey. - Hasta el pelo lo tenía irreconocible. - ¿Hay algún bocadillo?, me muero de hambre…
- Qué bocadillo ni que nada, ¡metete al baño y haz magia!, ¡deberías de estar recibiendo a tus invitados desde hace al menos media hora!
-x-x-x-
Lo que más quería hacer era dormir, dormir a pierna suelta por una semana. Tenía hambre, mucha hambre, pero más que hambre estaba cansado hasta los huesos. Y aquí estaba, con una sonrisa, como si nada del otro mundo, en su propio cumpleaños, saludando y teniendo pequeñas charlas con gente que ni quería tratar y le valía un colmillo. Odiaba estas cosas, era todo tan falso, y tenía que tener como 8 ojos-Algo lo jalo del pantalón, algo grande y pesado.
- Grrrr… - Le saludo la pantera que no había dejado de seguirlo, incluso aun ahora, mirándolo directo a los ojos con nada más que aburrimiento, como si le preguntara qué demonios hacían allí.
De la nada las miradas inciertas y el grupo de empleados movilizándose con redes tenía sentido. Honestamente no pensó que la pantera fuera a seguirlo hasta allí, no después de dejarla impecable, con el pelo brillante, en su cama. Si no podía sacar a Bester o a Natsu la mitad del tiempo, menos a esta señora. Y aquí estaban.
- ¿Qué pasó preciosa? - Ignoro la mirada de sus acompañantes, exasperado y agradecido por dentro por la interrupción. Si oía algo más acerca de sus "hermosos" ojos iba a vomitar. - ¿Tienes hambre?, ¿es eso? - Con todo lo que había tratado de darle y él como la pantera lo dejo aun lado dándole la mirada más insultada posible… - Vas a romperme el pantalón. - Se quejó sin en verdad poder molestarse, patas tomándolo del pantalón solo para que la pantera se alzara con est-
- ¡Décimo! - No pudo contenerse de rodar los ojos ante los gritos.
- Yo también te quiero linda. - Estaba bastante seguro de que la pantera solo estaba diciéndole que olía mal. Eso o dando una marca de propiedad. - ¿Vamos?, ¿no quieres un bistec para ti solita? - Esperaba que solo fuera hambre, pero tenía sus dudas…
Por supuesto que le gruñó, por supuesto que lo volvió a lamer, por supuesto que se frotó en su contra mientras mataba a todo con la mirada. Hoy no era su noche definitivamente.
Verse golpeado por un ala un par de minutos más tarde se lo confirmó. Vidrio no tenía reparo de la pantera ni de nadie, dándole bonitos ojos y unos sonidos que bien podría estar cantando. Esto lo hizo sonreír y mimar al ave. Luego preguntaría quien curó su ala y lo soltó. Y como lo hizo, porque Vidrio era quisquillo quien sabe por qué.
- Vongola, ha pasado un tiempo. - Si no hubiera reconocido la voz, se hubiera lamentado de que una pantera no fuera suficiente razón para que lo dejaran en paz. - Y veo que tiene mascotas nuevas, ¿queriendo probar el lado exótico de la vida?
Dando trozos de frutas a un búho que no entendía que este no era momento para acaparar su atención y una pantera que no se apartaba a más de dos pasos de su lado, así le diera un plato lleno de carne hasta desbordar, se preguntó si acaso Spanner estaba bromeando.
- Hey Spanner. - Esta no era su noche. Al menos no estaba tratando con gente diciéndole lindo. Al menos. - Él se estrelló con la ventana y ella… - Intercambió miradas con la pantera y sudo frío internamente. - quiso venir a la fiesta. - ¿Y cómo rayos le decía que no?
Su intuición le decía que la pantera iba a seguirlo, sin importar a donde se metiera. Al menos era muy inteligente y no había intentado comerse a nadie. La pantera era una de las cosas menos peligrosas, pero igual no había que darle ideas. La verdad es que no sabía qué pasaba con el animal y no lo quería aquí, pero si iba a estar siguiéndolo…
- Nunca dejas de sorprender Vongola. - No es para que te rías Spanner, no es para que lo encuentres divertido. Nadie debería encontrar esto divertido. - La verdad es que no tenía idea de que regalarte, pero viendo esto… - Pestaño ante un extraño collar. Decía extraño sólo porque sabía que no podía ser un collar normal por su procedencia. Era amarillo, con una medalla de… ¿sería oro de verdad o solo bañando en oro?, ya lo descubriría más tarde.
- Se lo pondría yo mismo, pero temo que si me acerco más vaya a comerme. - Tenía toda la pinta de hacerlo, así que no culpaba al mecánico.
- No sé si sea buena idea. - Temía preguntar qué hacía con algo así en primer lugar, pero podría ser peor.
- ¿No quieres saber porque te siguió hasta aquí? - ¿Ah? - Es un traductor, es uno de mis proyectos de segundo plano… - Lo demás eran detalles técnicos que no tenía la cabeza para molestarse en procesar.
Para fortuna o desgracia, ante la primera pregunta la pantera había cambiado completamente de opinión y ahora iba a arrancarle el brazo al mecánico buscando quitarle el collar. Tenía alarmas sonando en su cabeza, y no sabía que sería peor: complacer a la pantera o pasar solo Dios sabe cuántas horas con dicha pantera siendo una fiera malhumorada.
- ¿Seguro que no hay efectos secundarios que deba saber? - Preguntó mientras se aseguraba de que estuviera lo suficientemente ajustado como para no molestar a la pantera.
- No, es perfectamente seguro. - Ignorando que los gruñidos de la pantera habían llamado la atención de muchos y a otros los había espantado, todo estaba bien. Relativamente hablando. - Cielos, le da feo. - ¿Y se lo decía a él?
Abrió la boca para decirle a Spanner que más le valía que no fuera a pasar algo raro cuando una nueva voz lo corto:
- ¿Me entiendes ahora cachorrito? - Si no fueran por los gruñidos y ronroneos de fondo, no estaría tan horrorizado ante las palabras.
Cachorrito. La pantera que lo miraba con grandes ojos, sumamente impaciente, lo había llamado cachorrito en voz alta. Era la voz de una señora, una mujer mayor, autoritaria y estricta, de esas que nunca se desearía molestar.
- Ah… - Se jaló el cuello de la camisa incómodamente, agradeciendo que Vidrio se había cansado de esperar y había agarrado su cabeza de nido. - Creo, pero solo para confirmar, ¿acabas de llamarme cachorrito?
Podía oír a alguien riéndose en la lejanía y estaba maldiciendo que esto le estuviese pasando aquí y ahora.
- Por supuesto, cachorro tonto. - Y de paso lo insultaba. - A la cama hijo, es tarde y es hora de dormir, no hagas que te arrastre a la cama. - Esta vez ya no solo era una persona.
- En las cosas que te metes Tsunayoshi, ¿de dónde la sacaste? - Mató a Spanner con la mirada por estarse riendo en vez de ayudar. Esto era su culpa en primer lugar.
- Escuche bien insecto. - Las risas se murieron lentamente a partir de aquí. No sabía si eran las palabras, el tono que decía "no te atrevas a discutir conmigo ser inferior" o los colmillos siendo vistos perfectamente gracias a como había rugido o la amenaza tácita de lo que podría pasar. - Mientras que es bueno de su parte permitirme comunicarme satisfactoriamente con mi cachorro, sigues siendo un insecto. - ¿Por qué esto le estaba dando un deja vu? - Usted me respeta o muere como el ser insignificante que es. La única razón por la que he permitido a mi hijo volver con los de su especie es porque el parásito que carga encima que no me deja comer dijo que los humanos no son solitarios como especies superiores como la mía. Usted no va a referirse a mi como inferior, ¿he sido clara insecto insolente?
- Preciosa, mi reina-
- Soy tu madre cachorro, respete y llámame como es. - Ay Santo Dios.
- Mira. - Levantó las manos en gesto que esperaba que entendiera que no quería problemas. - Este no es el mejor momento o lugar para hablar de nada de esto, y no deberías ir por ahí amenazando con comerte a nadie, por cierto, cariño. Y no, no me mires así. - Ahora ya entendía la mirada. No era una de enojo como tal, era una de exasperación al tratar con tontos. - Aprecio que estés tratando de cuidarme y todo, pero no puedes pretender darme órdenes. - Lo quisiera o no: - No me hagas quitarte ese collar, estás hablando con el dueño de este lugar, el líder de una entera organización, en frente de otros líderes. - Lo iba a humillar, y no podía permitir eso.
- ¿Tu?, ¿cómo líder de cacería? - No tenía que sonar tan incrédula. - No puedes ni matar a una ardilla, te vi. Eres el peor cazador que he visto, más bien le das comida y refugio a tus presas. - Eh, eso no podía negarlo.
Una tos interrumpió la conversación, una nueva voz uniéndose:
- Creo que la terminología que buscas es alfa. Tsuna es el alfa de una manada muy grande, y estamos en medio de varias con sus respectivos alfas. Si lo tratas como un cachorro delante de todos, así no te tomen muy en serio, estás perjudicando su posición como alfa. - Ahora tenía más dolor de cabeza. Es oficial, este es el peor cumpleaños de su vida. - No sé si me explique bien, ¿señora…?
- Azura. - Fue más por reflejo que otra cosa. - ¿Alfa?, ¿mi cachorro es un alfa? - ¿Ya eran las 2 de la mañana?, ¿para meterse a un hoyo o algo?
- Se que quizás no lo parece, pero en los humanos-
- ¡MI CACHORRO ES UN ALFA!
La única razón por la cual no estaba golpeándose contra una pared y lamentando su suerte era porque jamás había escuchado a nadie hablar de él con tanto orgullo en su voz. Los frotes y los murmullos de que "su cachorro" era un "alfa" no deberían de hacerlo sonreír.
-x-x-x-
-... falta es que caces exitosamente a tu primera presa. Dentro de poco deberías de alcanzar la madurez y ser afectado por el celo de las hembras y me darás nietos. - Menos mal que no estaba comiendo nada, menos mal que ya eran las horas picos y la mayoría estaba borracho.
- No te rías. - El pelirrojo que se había dado la tarea de explicarle cosas a la pantera que lo consideraba un "insecto útil" no debería de estarse riendo de su desgracia.
- Lo siento, es que… - Las risas se apagaron, dejando atrás una sonrisa triste. - ¿Cuándo fue la última vez que alguien habló así de ti?
Tomó un largo trago de vino, sin querer responder. Nunca era la respuesta. Azura, la pantera, bufo alto y claro.
- Hablas como si hubiera otros humanos cerca de él. - Se le helo la sangre con esto, pero no tuvo tiempo de detener a la pantera: - No tiene reclamación de nadie, y aun no es adulto. Si nadie lo reclamo, lastima, es mío ahora.
- ¿No tienes nada mejor que hacer? - Si, sabía que esto no era la manera más inteligente de hacer un control de daños, pero no tenía la cabeza para nada más. - Estoy seguro de que tienes que aprovechar para hacer conexiones y todo eso, ¿no Kozato? - No quería hacer frente a las preguntas que venían con lo que Azura acababa de revelar.
No había pasado la fiesta prácticamente manteniendo pláticas simples y distantes para tener un "corazón a corazón" justo ahora. No quería tratar con nadie, no quería hablar con nadie. Kozato se le había pegado como un chicle buscándole conversación desde que lo vio. Azura lo había salvado de hablarle más de lo necesario, con su montón de preguntas.
Había evadido a todos exitosamente. Todos menos a Kozato. No iba a hablar, no iba a hacerlo.
- Tsuna… - El otro hombre se apagó, pero se rehusó a mirar, tomando otra copa. - ¿Me hubieras recibido si hubiera venido antes? - Para saber…
No sabía ni a qué venía la pregunta. Más de una persona lo había mirado como si fuera vidrio. No iba a romperse, estaba bien, muchas gracias. Solo un par de niños se le habían acercado hoy, y no por mucho tiempo gracias a los padres. Irónicamente el problema no era Vidrio o Azura. Je, lo que hizo debió volar como pólvora.
- ¿No tienes cosas más importantes que hacer? - Luego de esto bebería hasta que no pudiera recordar absolutamente nada.
- Solo hay un par de olores en él, nada lo suficientemente fuerte para reclamar. Tú ni siquiera estas. - ¿Tienes que hacerlo todo peor Azura? - Será mejor que te vayas, mi cachorro no desea tu compañía desde hace mucho, no desea compañía en general y por eso quiero llevarlo a la cama. Allí nadie debería molestarlo. - ¿Acaso era tan difícil de leer?
Miro el contenido de su copa queriendo poder llorar.
¿Qué tan triste era que un animal lo adoptará porque no pudiera detectar alguna esencia diferente a la suya propia que dejará marca?
Con razón Azura había estado buscando lamerlo y prácticamente acostarse sobre él. Había estado siendo marcado todo este tiempo de una forma que nadie había hecho, y no por ser una pantera.
-x-x-x-
- ¿Tu eres su posible hembra? - Eso fue lo que la saludo tan pronto abrió la puerta.
La pantera la miró de arriba abajo, acercándose para olfatearla, como si evaluara algo. Había oído los rumores, pero oírla hablar…
- Soy su pareja, su novia. - Aunque en el caso de los animales… - Si todo sale bien, algún día seremos compañeros de vida. - El tema fue de interés para el animal:
- ¿Los humanos mantienen los mismos compañeros de por vida? - Su asombro era casi palpable.
- No todos, pero es posible. - Solo para no complicar las cosas: - Los humanos a veces no tienen sentido ni para ellos mismos, reina. - Porque ni idea como se llamaba.
- Azura, ese es mi nombre. - La pantera aclaró antes de que sus orejas temblarán. - Eres muy cercana a él, ¿podrías hacer algo?, no deja de llorar y decir cosas raras. - Lo que temía.
- Me imagine, ayer fue una noche dura para él. - Cuando oyó a Kozato discutir casi a gritos con Xanxus y luego vio a un malhumorado Byakuran… - Azura, Tsunayoshi estará bien, solo está afligido. - Al ver a la pantera abrir la boca, agregó rápidamente: - No cree que nadie lo quiera por ser él, sino al líder de este lugar, pero no es así. Ayer vio a muchos que lo consideran un amigo, familia, pero él ya no cree eso y le duele. No es algo que se pueda curar de la noche a la mañana, pero estará bien. - En todo caso: - Gracias por cuidar de él. - Vaya, que pelaje tan suave.
- Es mi cachorrito. - Ah. Ah.
Ayer le pegó mucho más de lo que creía.
- Estoy segura de que estará feliz de saber eso. - Pero también le dolería.
Sin querer había atraído a un animal que lo veía como una de sus crías. Un animal que seguramente no se guardaría nada y le daría lo que sus padres no le dieron. Para bien o para mal, eso es lo que haría.
Por ahora tenía un novio que consolar. Aunque quizás…
- ¿Quieres venir? - Porque sea como sea: - Será muy afectuoso si se le sabe hablar. - Estaba casi segura de que debía estar borracho.
Tardíamente noto a Natsu y a Bester tratando de llamar la atención de "algo" en la cama.
-x-x-x-
- ¿Qué estás haciendo tú aquí? - Esa era una voz que pedía no oír nunca y que le helaba la sangre.
- ¿Quién es la alimaña? - Azura, para bien o para mal, no estaba en lo más mínimo intimidada por la figura irradiando sed de sangre con una pistola en mano emergiendo del pasillo.
- Eso debería estar preguntando yo. - La voz fría de su novio le dijo que no estaba de ánimo de ver al mejor asesino del mundo él tampoco. - ¿Algo en lo que pueda ayudarle, Reborn? - Posiblemente habría una pelea, no veía este encuentro terminando bien. - Akane, ¿por qué no te devuelves con Azura? - No era una sugerencia como lo estaba haciendo pasar.
Lo más sano e inteligente para ella y para Azura era tomar la "sugerencia" y perderse, porque esto era casi seguro que terminaría en golpes y no gritos como se podría pensar. Usualmente entre estas dos personas no había peleas, pero cuando las había era mejor no estar. Del mismo modo, era Tsunayoshi quien casi siempre terminaba mal parado, por más de una razón.
- Es un gusto verlo señor Reborn. - Era solo tirar leña al fuego, pero luego se preocuparía por tales cosas. - Si nos disculpas, el Décimo tiene una visita con el médico. - Mentira no era, pero no por las razones que se podrían pensar. - Tuvo un accidente anoche, pelear no es una buena idea. - Si no entendía con eso, entonces tiraba la toalla. - ¿Vamos Décimo?
Estaba en medio de una pelea de gigantes. Lo más que podía hacer era darle tiempo a lo inevitable. La verdad, sin importar lo que se hubiera hecho, esto iba a venir. Tarde o temprano dos gigantes iban a buscar el cuello del otro. Uno por orgullo, y el otro por defensa personal. Reborn odiaba que algo se le fuera negado, y Tsunayoshi le negó una invitación a su cumpleaños.
No podía culpar a Tsunayoshi, el asesino nunca respondió las pocas veces que Tsunayoshi intentó contactarlo, ¿por qué aparecería ahora?
¡BAM!
- No te entrometas. - Suponía que lo había intentado, al menos.
Jalo a Azura por el collar, deteniéndola de meterse en algo que no podría hacer más que empeorar la situación. Azura la miró sin entender, sin comprender, en especial cuando le susurro que no había nada que se pudiera hacer. Reborn había comenzado con el pie izquierdo cuando le disparó muy cerca de la cara en solo advertencia. Tsunayoshi no le dejaría pasar tal cosa, no esta vez, así terminara en una mala situación.
- No vengas con esto ahora. - Definitivamente esto no iba a terminar bien. - ¿A qué has venido?, ¿qué quieres ahora? - Ay Tsunayoshi.
El asesino abrió la boca para responder, ignorando que Tsunayoshi en verdad no quería ninguna respuesta, cosa que no logró:
- Ya puedes largarte y decirle a Nono, a mi padre, y a solo Dios sabe quién más que Vongola sigue en pie, que sigo aquí, y todo va perfecto. - Esto iba a venir, pero jamás pensó que sería de esta forma. - Hiciste un excelente trabajo, no es necesario que mantengas supervisión…- La pistola apuntándolo ahora en la frente, tocando piel, todo gracias a su cercanía para intentar ser más intimidante de lo que era, bien podría ser de juguete para Tsunayoshi. - Lárgate. - La palabra fue arrastrada, destellos naranjas comenzando a mostrarse.
- ¿De qué diantres estás hablando? - La pistola cambió a un martillo, y solo años de ver la agilidad y flexibilidad de Tsunayoshi evitó que tuviera un infarto al ver como lo esquivo. - ¿Me voy unos meses y vienes con estas tonterías?, veo que te falta entrenamiento Dame-Tsuna. - Ah. Rayos. Esto solo haría las cosas-¡CRASH!
- Lárgate de una, no eres bienvenido en Vongola. - Mala elección de palabras según cierto asesino.
Azura tenía los ojos más grandes que un animal podía tener, viendo todo este desastre en shock, y le tomó mucho trabajo hacer que se moviera y salir del lugar antes de que pasaran a más. Iban a ir con todo.
Nada de esto iba a terminar bien. Terminaría en un mar de lágrimas sin importar quien saliera vencedor. Reborn no estaba haciendo nada mejor en llegar de esta forma. Era una persona muy orgullosa como para detenerse y preguntar qué diantres había pasado antes de asumir que había sido negado sin razón aparente.
Un gran número de invitaciones no fueron entregadas este año, todas teniendo algo en común: eran familia del Décimo Vongola, y el Décimo Vongola no deseaba verlos. Varia forzó su mano en varias, por más que quisieran concordar con el Décimo.
El mejor asesino a sueldo del mundo fue negado y el Décimo Vongola no dio su brazo a torcer en esta invitación en particular. Reborn ni siquiera tenía permiso de entrar. Temía saber cuántos cuerpos adornaban los pasillos, y cuanta sal a la herida esta acción se sintió para el asesino cuya sed de sangre la ahogaba por sí sola.
-x-x-x-
- Nunca respondiste. - Esas fueron las primeras palabras que le dirigieron desde que estaba allí, en las mazmorras de Vongola, en una celda que… tenía que ser teatro, ni siquiera estaba cerrada con llave. - Te llamo y nunca respondiste. Volvió a repetir la chica que tantas veces le había dicho al idiota de su alumno que la mantuviera alejada.
- ¿Qué quieres? - Ambos se habían noqueado. Le había enseñado bien. No vio venir la jugarreta sucia hasta que fue demasiado tarde. - Dame-Tsuna llama por cualquier cosa, debe aprender a valerse por sí mismo. - No toda la vida iba a poder estar allí para él.
- No deberías llamarlo así. - Esto fue dicho con suma cautela. Bufo y no le dio mucha atención a la chica que se sentó cautelosamente en frente de él, una Tablet en sus manos.
- Puedo llamarlo como quiera. - No pasaba nada. - Tsuna sabe que no es en serio-
- No lo sabe. - Siseó la mujer, perdiendo la compostura por un momento. - Señor Reborn, con todo respeto, Tsunayoshi no sabe eso.
- Lo sabe. - ¿Por qué no lo haría? - Nunca fue en serio, pero tenía que empujarlo a mejorar por su propia cuenta. Aun ahora-
- Pues no lo estás logrando. - Esta chica tenía la osadía de contradecirlo en cosas que ni sabia. - ¿Realmente crees que alguien que fue llamado así gran parte de su vida en connotaciones negativas sepa cuando no es de ese modo? - Ante la pregunta sincera, genuinamente sincera, se dio cuenta de dos cosas.
La primera era que el idiota de su alumno no hizo caso a sus advertencias, y estaba hablando cosas con quien no debería. La segunda era que Tsunayoshi estaba diciendo cosas que jamás le dijo a él. Lo quisiera admitir o no:
- Es un chico listo. - Pero no podía negar que tenía fundamento la pregunta.
- Un chico listo que cree que tú organizaste todo para que se convirtiera en el Décimo Vongola sin importar que. Tu y Nono. - ¿Qué? - Todo lo organizaste tú, desde sus guardianes a su entera familia. Uno a uno tú los trajiste a él, y se asumió cada lugar, cada puesto, sin que él dijera un sí o un porque nunca se le preguntó directamente. - Duda no existía en esos ojos, solo tristeza. - Tu lo has dicho: Tsunayoshi es muy listo.
Desgraciadamente, por más que quisiera decir algo, negar algo, no veía como. Era cierto, en cierto modo. No se le preguntó, no de forma formal o directa. Propuso y trajo a los mejores candidatos que pudo hallar, pero Tsunayoshi jamás apuntó con un dedo y declaró quien sería que. Lo único que intentó Tsunayoshi fue intentar que los demás no se vieran metidos en este mundo. En vano.
- Incluso si Tsunayoshi supiera que es en juego, no deberías llamarlo inútil o recordarle esa parte de su pasado. - No hacía falta decírselo, no ahora que tenía la boca seca. - No deberías llamar así a nadie, señor Reborn, y menos a alguien a quien aprecias. Ninguno de ustedes. - Tsunayoshi no le hizo caso en lo absoluto, esta chica ya no era una simple amiga.
- ¿Qué más te ha dicho? - ¿Qué más te ha dicho que no me ha dicho a mí, a nadie?
¿Qué tanto he asumido y que tanto me he equivocado con él?
- Te llamo varias veces, Señor Reborn. - Le acababa de evadir el tema, ¿no es así? - Nunca respondió, así que asumió que no querías saber nada. Te cumplió. - Una carta muy conocida se le presentó en la mesa, sin sellar, sin terminar. - Hay muchas que fueron entregadas sin que el Décimo quisiera aprobar, también hay muchas que no fueron entregadas, como la suya. - En voz muy apagada: - ¿Por qué no respondiste?, no tienes idea de lo que ha pasado, ¿no es así? - Lo no dicho: "de otra forma lo hubieras hecho, ¿no?"
- No toda la vida voy a estar aquí para ayudarlo o guiarlo. - Por más que quisiera hacerlo, no siempre iba a poder estar allí. - Unos pocos meses por su cuenta era la mejor prueba que podía darle, no está solo y tiene que aprender a depender de su familia más que yo. Si algo verdaderamente malo hubiera pasado, me hubiera llamado más veces, o a Bianchi. No lo hubiéramos dejado solo si en verdad nos necesitaba. - Pero solo fueron unas pocas llamadas, y Tsuna tenía la mala maña de llamar por cualquier-
Tomó el aparato sin saber que pensar, justo a tiempo para iniciar un video.
- Asumiste mal, Señor Reborn. - Vino mucho tiempo después de una voz temblorosa, un nuevo mocoso pidiéndole ayuda en silencio detrás de estas palabras. - No tiene apoyo, no tiene guardianes, no tiene nada. - Más suave, en derrota: - Ha puesto a todos en el mismo saco: solo quieren ver al Décimo Vongola.
"Y tú no eres diferente a sus ojos" fue lo dicho entre líneas.
- ¿En dónde está? - Si hubiera sabido esto…
No, no había nada que pudiera hacer. Tsunayoshi en verdad nunca se apoyó en nadie más que en él, y ahora veía por qué.
-x-x-x-
- Te ves patético. - Pero suponía que eso era su propia culpa, ¿no es así? - No, cierra esa boca y no chistes. - Si había algo que podía hacer, era curar esas heridas.
Verlo más drogado que despierto, una exageración para mantenerlo allí por más tiempo del necesario porque no se cuidaría debidamente, con vendas en muchas partes y más pálido de lo normal, no era algo de lo que se enorgulleciera. La pantera, Azura, en ningún momento dejó de mirarlo feo, su cabeza apoyada en el pecho de su estudiante y lo demás apegado a él, como si se lo fueran a arrebatar.
- Lo siento. - Ya respiraba mejor, al menos, pero definitivamente estaba muy drogado. - A dormir, a dormir. - Lo último que ambos necesitaban era molestar a las enfermeras justo ahora y que lo sacaran a patadas de allí.
Ver a la pantera allí y en tal posición, por no hablar del búho que aun daba uno que otro ruidito de tristeza y quería hacer más que solo mirar, le decía que estaba pasando aquí. Si bien era una ayuda, a la larga podría ser perjudicial. Tsunayoshi no podía conformarse solo con animales por más que lo deseara, por más seguro que se sintiera con ellos…
- ¿Te ha estado enseñando a pelear? - Al menos en eso podría ayudar.
La chica le asintió tímidamente y una pantera resopló de malhumor, pero nadie lo detuvo de acariciar esas hebras color chocolate. Bianchi no estaría muy feliz con el nuevo trato que Tsuna tendría hacia todos ellos, pero Rukia…
- Te entrenaré por él esta noche. - No podía decir absolutamente nada en contra de quien había estado allí para Tsunayoshi cuando nadie más lo estuvo.
No quería saber en qué estado lo hubiera encontrado si Akane no hubiera estado allí. No quería enterrar a un hijo. Todo menos eso. Todo menos eso.
-x-x-x-
-... lluvia, tenías que ser lluvia… - Se quejó un asesino, ignorando por completo que todo esto había pasado por asustar tanto a Akane que finalmente esas llamas cobraron vida para proteger a su pareja. - Con razón, con ra-
El asesino se detuvo al dar con algo resbaladizo bajo sus pies. La verdad, no fue el único en quedar perplejo ante el hielo que creía de todas formas, especialmente en picos, en el suelo en todas direcciones a una velocidad sumamente alarmante. Xanxus, quien estaba allí con Squalo, era su último día en la mansión Vongola por los momentos, fue quien lo tomó peor y quien conectó los puntos inmediatamente, dándose cuenta de lo que estaba ocurriendo primero que nadie.
Bien podría haber sido un simulacro, un increíble acto, porque Tsunayoshi les confesó que tenía problemas porque Akane quería protegerlo y no creía poder hacerlo, pero para Tsunayoshi fue real. Con respiraciones rápidas y casi superficiales, sudando frío y pálido como un fantasma, miles de hoyos a su alrededor y una pistola bajo su mandíbula que ciertamente era real, más la persecución que le habían dado como si fuera una liebre en medio de una jauría de lobos, lo había dejado en un estado de presa acorralada.
La imposibilidad de hacer crecer el hielo de esa forma, a tal alarmante ritmo, siendo prácticamente indestructible, espontáneo e inesperado, por no hablar de efectivo…
- ¡Tsunayoshi! - Era perfectamente entendible que estuviera asustado luego de tal persecución, en donde había sobrevivido por más tiempo de lo que se esperaba, pero tenía que detenerse antes de hacer a alguien una paleta viviente.
No hace falta decir que, al final del día, Reborn tenía mucha curiosidad y unas cuantas ideas que quería probar, mientras que una chica tenía más facilidad en controlar sus propias llamas de lo previsto por esta misma razón.
Honestamente Reborn la tenía fácil luego de haber pasado muchas noches al lado de su estudiante sin reclamarle absolutamente nada, solo disculpándose cuando mucho.
-x-x-x-
Emma Kozato, jefe de la familia Simón, no había tenido el mejor par de meses. La verdad, no había tenido un buen día desde que las noticias de lo que había pasado con su mejor amigo había llegado a él. El video que aún seguía siendo sumamente popular por varias razones, era solo la cereza del pastel.
El problema era que no había podido entrar a esa mansión, a la mansión Vongola, por más que lo había intentado. Las formas usuales, que consistían en llamar a Tsuna o pasarle un mensaje era como lanzar agua a una pared. Apelar a sus guardianes, ya sea él mismo o a través de su propia familia, no estaba siquiera disponible. La última opción, que era ir a tocar la puerta y esperar a ver qué pasaba, solo arrojó que no se permitían visitas. Así que, en conclusión, estaba atado de manos.
Dino, quien no podía parar de maldecir a Reborn en voz baja cada vez que podía por no hacerle caso, también lo había intentado. No llegó muy lejos, al igual que Byakuran. Quienes los tenían a todos informados eran Spanner y Shoichi. Esos dos genios. De forma ilegal, y que ahora temían que Tsuna fuera a tomarlo en contra. Más. La única ocasión de entrar a esa mansión y dar con él había terminado en desastre.
Dino podía maldecir a Reborn todo lo que quisiera. Byakuran podía maldecir a sus guardianes todo lo que deseara. Spanner y Shoichi podían maldecir a quien ya no estaba entre los vivos y había experimentado una muerte terrible cuanto quisieran. El culpaba a la familia entera de Tsuna. Nada de esto hubiera pasado si hubieran sido unidos, verdaderamente unidos. Lo peor que se le podía hacer a un cielo era despojarlo de sus elementos, especialmente de forma abrupta. ¿Y qué demonios había hecho?
- ¿Halo? - Así que aquí estaba, una vez más, probando su suerte.
- Reborn, ha pasado un tiempo. - Tan pronto fue informado que el asesino había podido permanecer en esa mansión por días y estaba en una relación más o menos casual con Tsuna, aquí estaba, tomando un teléfono. - ¿Cuántas son mis probabilidades de ir a visitarlo? - No hacía falta andarse por las ramas o decir nombres. Reborn más que nadie debía de saber la situación en la que se encontraba.
Por un largo momento solo hubo silencio, y luego en voz cansada:
- Trae un animal, y paciencia. No anda de los mejores humores. - Dicho esto, la llamada se cortó.
Sin poderlo evitar, sonrió de oreja a oreja. No tenía que buscar mucho, sabía el animal perfecto para Tsuna.
-x-x-x-
-... linda?, ¿quién es?, ¿quién es? - El pequeño animal, el cual era solo una cría, tenía estrellitas en los ojos y meneaba la cola sin parar.
Si no fuera porque encontraba todo como un enorme alivio, se preguntaría como su mejor amigo sabía el género del zorro sin revisarlo allá atrás. O revisarlo como tal. Era tonto, un tanto ridículo, como esa mala cara, Tsuna no quería verlo, cambio tan pronto le presento el animal. Se lo había quitado de las manos en segundos, y aquí estaba, sonriendo a millón y malcriando al animal como si fuera la cosita más linda del mundo.
Tomó asiento y se puso cómodo, sin ser sorprendido de que pasaran a ser dos personas malcriando al animal en poco tiempo, o de que el asesino lo mirara y le asintiera, aprobando lo que había hecho. Su única sorpresa fue la pantera, que no tardó en unirse, extrañada ante la nueva criatura. Tsunayoshi no se la puso fácil a la pantera:
- ¿Qué te parece? - Se la había puesto muy cerca, para que la viera sin problemas. - Es una chica, ¡no te la vayas a comer porque lo sabré! - Si, definitivamente no se la puso fácil.
- Qué alfa más raro eres. - Azura no tenía mucho tacto, ¿eh? - Te preocupas más por otros, por crías especialmente, que por ti mismo. Un omega así es para celebrar, pero tu… - La pantera pauso, ladeando la cabeza. - Inusual, pero matarían por tener a un alfa así en muchas manadas. No se ve un alfa poniendo de primero a crías y a su gente que todo lo demás. - Lo que siguió dejó a uno más que helado: - ¿Quién se hizo cargo de ti cachorro?, das todas las señales de un omega a primera vista, pero no lo eres. ¿De quién aprendiste tales comportamientos?
No había forma fácil de responder algo así, pero suponía que si había una respuesta sencilla para la ocasión:
- Creo que vendría siendo quienes no se hicieron cargo de él, Azura. - Porque para bien o para mal: - Lo más cercano a un padre es el. - Reborn arqueo una ceja ante esto, pero no comento. - Y lo más cercano a una verdadera madre eres tú. Mira que intentar darle un baño de saliva… - Con público de paso…
Lo próximo que sabía era que le dolía la mandíbula de sobremanera y que estaba en el piso, algo brillante a su lado… ¿Era una piedra de hielo?
- Gracias ser inferior, esto es mío. - Y ya no tenía la piedra de hielo, sino las manos vacías.
¿Qué demonios se perdió?
-x-x-x-
-... pasando, esto no es verdad… - Murmuró para sí, sin saber si reír o llorar.
Xanxus Vongola estaba teniendo un mal momento en procesar todo lo que estaba presenciando. Mammon, a su lado, no fue muy simpática:
- Sabes también como yo que Tsunayoshi no va a hacer paleta a nadie, mucho menos a ti. - ¿Acaso era el único que tenía pesadillas en vivo con esto?
- ¿Esto significa que Tsuna tiene llamas de nube y nunca nos enteramos? - Emma, por supuesto, tenía que comentar como quien no quiere la cosa, una mano bajo el mentón y ojos analíticos ante lo que presenciaban.
Tsunayoshi había convertido al menos la mitad de la sala de entrenamiento en una pista de patinaje, en minutos, sin moverse de un solo punto. Sentado en una silla con una taza de café, allí estaba el Décimo Vongola en medio de la sala de entrenamiento como si nada pasara. Cerca, a una distancia prudencial, el mejor asesino a sueldo del mundo disparó una serie calculada de balas.
Solo una logró darle al Décimo, pero no en donde debía, algo cambiando el curso de la bala a última hora. Múltiples picos, que crecieron prácticamente en segundos, comenzaron a deshacerse lentamente, hundiéndose en el suelo. Era cada vez más rápido, más preciso, incluso con el Décimo teniendo una venda en los ojos.
- Muy bien, un descanso. - Y otra taza de café. - Akane, tu turno. - Squalo sería el ideal para Akane, pero tenía cosas que hacer.
La única razón por la cual se le estaba dando una pausa a Tsunayoshi era porque estaba comenzando a jadear y visiblemente estaba sudando y tenía dificultad en mantener la tasa de café en sus manos. El cómo había llegado a esto en primer lugar había tenido mucho que ver con convencer primero a Akane, y con ella a Tsunayoshi. En el cuartel de Varia había más que un par de asesinos y una niña que pudieran hacerle seguimiento al entrenamiento de ambos, y más de una cabeza para tratar de entender qué demonios sucedía aquí.
Esto no era normal. Lo que estaba haciendo Tsunayoshi no era normal. No era posible, no a tal grado o nivel. Lo había mantenido por… 3 horas y 22 minutos. Su reloj no mentía.
- Si Tsunayoshi tuviera llamas de nube, se hubiera notado hace años. - Y no por mero accidente. - Además, las llamas de nube no producen tal dureza. - Las llamas congeladas no eran fáciles de destruir, pero no eran como acero.
Era mucho más fácil destruir ese hielo que descongelarlo, y la primera no era algo sencillo de hacer. Fuera como fuera, esas balas debieron de haber traspasado ese hielo, no ser detenidas.
- Se supone que es entrenamiento, no hora de cariñitos. - Que dijera todo lo que quisiera, pero:
- ¿Por qué no se los dices tú entonces? - Tsunayoshi trataría de arrancarles la cabeza. De nuevo.
Dos jóvenes adultos habían tomado el momento para hablarse en voz baja, juntar sus frentes, y entrelazar sus manos. Vendas o no, a este punto era casi seguro que Tsunayoshi no fallaría en colocar una estaca de hielo bajo los pies de nadie si intervenían. Por alguna razón, Tsunayoshi se sentía amenazado cuando alguien comentaba en su cercanía con la chica, se supiera o no su relación.
Reborn no hacía más que suspirar, murmurar algo para sus adentros, y bajar la cabeza cada vez que esto pasaba. El asesino nunca comentaba nada más cuando esto pasaba bajo sus ojos, lo cual era casi nunca por parte de ambas personas.
- Rayo. - Comento de la nada Mammon, ignorando como Tsunayoshi había elegido ese momento para levantarse y discutir algo en susurros con una chica que le insistía con algo que eran incapaces de oír. - Las llamas del rayo tienen la propiedad de fortalecer cosas y crear muros. - Del mismo tono casi aburrido: - Puede que esté errada, pero el Décimo ha estado demostrando cualidades de dos llamas bajo la apariencia de una totalmente distinta. - Como si eso no fuera lo suficientemente descabellado, lo siguiente que ocurrió a la vista de todos dejó eso aparte.
- Okey. - El Décimo se apartó de la chica solo para colocarse detrás de ella, tomándola de los hombros antes de tomar una respiración profunda y repetir: - Okey.
El ligero apretón no hubiera sido visto como solo un gesto afectuoso si, luego de apartarse, Tsunayoshi no hubiera hecho crecer hielo de la misma velocidad alarmante en lo que parecían ser cuchillos. Un par que pasó a ser múltiples en casi un pestañeo.
En completo silencio, Tsunayoshi comenzó a dar ligeros golpes y a mover miembros ajenos, para después tomar a la chica de un hombro y de una mano, una daga en las manos de ella. Todo en la mira del mejor asesino a sueldo del mundo, que no necesito preguntar nada al verse siendo el blanco de enseñanza de una dama que al menos quería darle una sola vez.
La primera daga dio con una pared, tal y como se esperaba. Lo que nadie se esperaba era que, a los segundos de quedar anclada a la pared, el trozo de hielo creciera en forma irregular y en múltiples picos, como una especie de bomba helada de un video juego.
No es que hubiera mucho tiempo para apreciar esto, al menos no para Reborn, porque la pareja no pareció notar este detalle. Para ellos esto era solo una práctica improvisada, y no era la primera vez que algo así pasaba porque Tsunayoshi no necesitaba corregir mucho a Akane, y cuando lo hacía su tacto y su voz no la sorprendía.
-x-x-x-
-... segura de hacer algo así aquí? - No es que fuera a negarle, ya no.
Fue besado como respuesta, una mano pasando por su nuca y metiéndose con su pelo con mente propia. La verdad, no sabía cómo les dejaban pasar esto a ambos. Tenían habitaciones propias, pero siempre uno de los dos se colaba en la del otro. Solo tenían unos días allí, estarían la semana, pero Akane no era tan buena pasando desapercibida como él y francamente no creía que ni él mismo hubiera pasado por completo limpio. No con Reborn, y no con Belphegor, con ellos dos era casi imposible pasar desapercibido.
- ¿Sabes lo mucho que adoro tus besos? - Tenía que saberlo, tenía que hacerlo, con tantos que le daba…
- ¿Sabes lo mucho que adoro los tuyos? - No eran tan buenos, no como los de ella. Akane tenía los labios muy suaves, y tenía la impresión, por alguna razón, de besar fresas cuando tocaba sus labios. Cosas tontas, pero no las hacía menos verdaderas. - Sabes a caramelo, a caramelo de miel. - ¿Caramelo de miel?
- Eso empalaga. - De broma logró terminar de hablar antes de que fuera asaltado a besos otra vez.
No recibió más respuestas que besos, muchos besos, y risillas. Los brazos a su alrededor, a su cuello, solo ajustaron su agarre. No es como si ninguno se fuera a mover, no ahora, no pronto, pero no podía hablar porque él estaba haciendo lo mismo.
Esto podría malinterpretarse de muchas formas con solo una mirada. No sabía cómo no le había dicho absolutamente nada. Había estado muy seguro de que nadie, ni siquiera Leviatán, permitiría algo así. Por eso había tratado de ser lo más formal posible, esconder esto lo más posible, porque no iba a soportar que también se metieran con esto. Por más buenas intenciones o no, no quería que se metieran en nada más de su vida, no quería que la mafia se metiera en esto también…
Pero no había pasado nada, nadie había dicho nada, ni siquiera cuando Akane había decidido robarle un beso en frente de todos durante la hora de almuerzo, dejándolo estático e indefenso para los demás besos que siguieron. Aun ahora nadie había dicho nada, como si nada fuera de lo normal hubiera pasado. El único fue Emma, y solo para decirle que se había buscado a una bastante bonita.
Todo simplemente era tan raro, en especial Reborn…
- Me vas a malacostumbrar… - Murmuró sobre sus labios, sin querer moverse lejos.
No creía ser capaz de volver a los días en donde dormía solo en su cama, solo con Natsu y quizás alguno de los animales de la mansión cuando no querían volver con los otros. Sonrío más sin poder evitarlo ante la risilla que su comentario saco.
- ¿Por qué no lo hacemos más interesante? - Iba a preguntar a qué se refería cuando vio las llamas azules muy cerca de su rostro.
Usualmente tomaría distancia inmediatamente, mucha distancia, porque sabía que eso significaba solo una cosa: noquearlo. Yamamoto y Gokudera, principalmente Yamamoto, trataban de hacer eso a menudo para "ayudarlo" a descansar. Todos los demás solo buscaban noquearlo para cosas más perversas, o al menos entumecerlo lo suficiente como para tener la ventaja en un combate.
Quizás por primera vez en su vida, dejó todas sus sospechas y dudas sobre esa llama irse a un lugar mejor, moviendo una mano para empujar esta sobre su rostro. Podría dormirse solo con esto, teniendo los más dulces sueños…
- Tsu-na-yo-shi. - ¿Hmmmm? - Las tuyas también. - ¿Hacía falta?, así era perfecto…
Con un largo suspiro, porque no quería moverse en lo absoluto ahora y también porque esta era la misma persona que le pedía una y otra vez sentir sus llamas, así fuera sólo en pequeñas dosis, ignorando todos los peligros como si no fueran más que exageraciones. Había pasado en toda clase de ocasiones, incluso delante de personas que sabían más que bien lo que pasaba, y nadie se había metido.
Tal vez de verdad creían que estaba haciendo lo que se había prometido así mismo nunca hacer. No sería una sorpresa, nada así sería una sorpresa, a estas alturas de su vida.
- Te amo. - No es que hiciera falta decirlo, pero se sentía bien hacerlo.
Sus llamas cobraron vida bajo sus palmas y busco su rostro, ya que sus manos estaban ocupadas en otras cosas. No llegó lejos, otras palmas tomando las suyas y tuvo unos breves segundos de pánico, porque no tenía idea de que podría pasar al juntar dos llamas de esta forma, y luego… luego nada.
Si alguien preguntaba, estaba seguro de que no podría explicar que le paso. No podría explicar que perdió la sensación de su propio cuerpo, de sentirse como si flotara, de estar muy lejos y al mismo tiempo estar allí, en una especie de mar.
Si no podía explicar eso, menos podría comenzar a explicar ese mar de sensaciones que no se sentían propias como tal, pero era más de lo que alguna vez sintió por sí mismo. Si el mar tuviera manos, si fuera cálido en sus profundidades, y si el mar lo amará, entonces sería esto. No había parte de él que no quisiera este trato, incluso si no podía definirlo, incluso si no era nada físico, incluso si ni siquiera eran palabras.
No quería salir de allí, salir de esas profundidades, preferiría ahogarse en ellas y nunca más volver a abrir los ojos.
Jamás se había sentido tan seguro, contento o amado en su vida como lo era en ese momento.
-x-x-x-
-... seguro de que estará bien? - Asintió otra vez, sin en verdad molestarse. La verdad es que quería rodar los ojos ante esto.
- Estará más que bien. - Totalmente noqueado, ido, a un lugar mucho más lejano que la quinta nube. Ni siquiera estaba en verdad dormido, para empezar. - Recuerda que Tsunayoshi es un cielo, eso solo lo hace más intenso para él. - En especial porque no estaba conectado a otros elementos ahora, solo a ella. - Deja de preocuparte, va estar más que bien cuando despierte. - En especial si sigues usando tus llamas en él, señorita.
Dos días ella había estado fuera de sí, y aun andaba en una nube. No era una sorpresa tal reacción, era su primera vez. Todos ya se lo veía venir, viéndolos a ambos tan unidos y tan cariñosos así Tsunayoshi tratara de ocultarlo. No había ocurrido antes porque Akane no llevaba tanto tiempo de haber dominado invocar sus llamas, y ya que sería su primera vez entrelazando sus llamas con alguien…
Ver que no aparecieron a desayunar, y luego no apareció ninguno en el almuerzo, no hacía falta más que sumar dos más dos. Lo único que se hizo fue dar un vistazo rápido, esperando encontrar a Tsunayoshi algo ido y en una nube, cuidando de Akane. No a ambos noqueados, frentes juntas, manos entrelazadas entre sí, muy apegados entre ellos en medio de una misma cama.
Ambos eran sumamente afortunados de que estuvieran decentes cuando fueron encontrados. La experiencia había sido demasiada emoción para sus cuerpos, ambos se amaban, pero no recordarán pasar por tal cosa y no lo sabrían. Tenían suerte de que estuvieran aquí, con gente que sabía cómo podía ser, porque de otra forma no serían tan afortunados.
Tal y como era, incluso sin ser pareja, ambos estaban enteramente vulnerables.
- Voy por ti viejo amigo. - Murmuró para sí, viéndose solo por un momento con su estudiante. Akane iba a buscarle algo de comer, inútilmente, porque Tsunayoshi aún no había dado indicios de que fuera despertar pronto.
La verdadera sorpresa era darse cuenta, con sumo horror, de que esta también había sido la primera vez del Décimo Vongola en entrelazar sus llamas con alguien más. A estas alturas-no, antes de ser oficialmente nombrado Décimo, Tsunayoshi debió de al menos haber entrelazado sus llamas con todos sus guardianes.
- Disfrútalo todo lo que puedas, Tsunayoshi. - Murmuró para sí, más calmado, pasando sus manos por esa melena chocolate. - Nadie va a molestarte, así que tomate tu tiempo. - Todo lo que quisiera tardar, nadie se iba a meter.
Este era el tercer día. Lo único que se estaba haciendo era asegurarse de que se mantuviera hidratado y estuviera cómodo y seguro mientras volvía en sí.
El Décimo se iba a quedar aquí al menos otra semana. El Décimo no iba a volver a la mansión Vongola hasta que al menos entrelazara sus llamas con algunas en Varia. Y hasta que bajara de la nube en la que estaría por más de un par de días, en correlación con cuantos llevaba inconsciente.
Emma podría ser el más ofendido y el más enfurecido al conectar dos más dos, sabiendo ahora que él nunca fue rechazado. Nadie fue propiamente rechazado. No como se creyó, al menos.
Después de todo, estando en esta nube las personas no tenían mucho filtro, y Akane terminó de cementar las suposiciones al decirles que Primo Vongola era quien le había dicho que juntara sus llamas, que buscará aprender a invocar las suyas propias e hiciera esto.
¿Cómo alguien podría rechazar algo que ni siquiera sabía que se le estaba siendo ofrecido?
¿Como Tsunayoshi iba a saber qué demonios estaba pasando si nadie jamás habló de eso con él?
Nono había incumplido su promesa, iba a tener que responderle a eso. Las explicaciones que debieron de haber sido dadas antes de que el Décimo tomara el trono serían mucho después de lo que debieron.
-x-x-x-
Akane, para bien o para mal, fue la primera que se dio cuenta de que el Décimo había despertado y estaba en una nube muy alta. En qué momento lo había hecho nadie sabía.
- Te amo, te amo~ - El Décimo Vongola había aparecido de la nada, abrazando a la chica por la espalda y hundiendo su rostro en el hueco entre su cuello y hombro, murmurando estas palabras una y otra vez.
Unos cuantos asesinos hicieron una doble toma y sabiamente no dijeron nada. Más feliz no podía estar, era dolorosamente obvio.
- Tsunayoshi… - Se quejó Akane sin realmente estar molesta, recibiendo besos en las mejillas y en la nariz una vez que logró zafarse del abrazo sorpresa.
De dónde había salido exactamente nadie sabía. Cuando se había levantado tampoco nadie sabía. Sea como sea, llevaba rato arriba porque se había arreglado, y si no fuera por lo afectuoso que estaba siendo no sería algo diferente a lo usual. Sumamente afectuoso.
- ¿Esto es lo que decían sobre estar en una nube? - Tsunayoshi, por el momento, estaba muy ocupado sonriéndole y abriendo los brazos, pidiendo un abrazo, a Emma, quien iba llegando al oír las noticias.
No hace falta decir que nadie se esperaba esto, no al menos con otra persona que no fuera Akane por razones obvias. Era con ella quien había entrelazado sus llamas, así que era de esperarse que quisiera estar con ella y no con nadie más.
- Te dije que iba a estar mejor que bien. - Reborn ni siquiera se molestó en subir la vista de su periódico.
-x-x-x-
Todo hubiera quedado en el renglón de tierno, divertido, y tonto si no fuera porque, en medio de todo ese proceso, alguien tuvo la brillante idea de mandar a un asesino a una base de asesinos. Que brillante.
El problema era que no fue ningún asesino quien se libró del infiltrado. O que el infiltrado había sido… permanentemente eliminado.
-... sería muy tonto, ¡hay que sacarte ambos para que convine!
La única que en verdad no estaba tan sorprendida o aterrada era Akane, con toda honestidad. Pero ella había entrelazado sus llamas con Tsunayoshi. Había pocas cosas que no debían de saber del otro ahora. Era uno de los beneficios y desventajas de hacer tal cosa, pero en este caso podría llamarse una ventaja. En especial porque el Décimo aún no había bajado de su nube y era prácticamente caramelo con todo el que se acercaba, incluso si buscaba a su novia más que a nadie.
Aquí, viéndolo desde las cámaras de seguridad, con la misma sonrisa alegre que había tenido los últimos días, con un tono casi cantarín, hablando casualmente con su víctima mientras lo torturaba lentamente…
- ¿Qué? - Fue lo único que dijo el mejor asesino a sueldo del mundo, retando a que le dijeran algo al respecto.
Nadie quiso señalar que la misma forma en la que Tsunayoshi estaba cortándole los dedos tranquilamente a su víctima clavada al suelo con estacas de hielo era la que usaba Reborn cuando quería sacarle información a alguien. Exactamente de la misma forma. Quitando la sonrisa alegre, el tono cantarín, la conversación unilateral casual, y tomándolo todo con tanta calma…
- Esto es tu culpa. - Xanxus fue el único valiente que se atrevió a decir algo, pero era porque aprobaba lo que veía.
Todos estaban conscientes de que ese chico no podía ser solo sonrisas y arcoíris, no después de aquello.
-x-x-x-
El primero en regresar fue, sin muchas sorpresas, Takeshi Yamamoto. El espadachín se encontró con el Décimo mientras era chequeado de arriba abajo y mandaban a buscar a alguien para que fueran a avisar al jefe de todo sobre quien había llegado.
- No esperaba verte tan pronto. - Tsuna iba con unos panecillos en la mano, uno con un par de mordidas. A su lado iba… ¿era eso una pantera?
- Ma ma, más bien vengo tarde… - Más tarde de lo que planeo al menos. - ¿Puedo pasar?, ¿o debo de venir otro día o pedir cita? - Como sea que Tsuna quisiera jugar el jugaría.
- ¿Quien esté tonto cachorrito? - Tuvo un mal momento en no decir una tontería, porque, por todos los cielos… ¿la pantera acababa de hablar?
- Hmmm… - Alguien venía de la cocina, y alguien tenía hambre. Esa tenía que ser una merienda, por la hora. - Esta bien chicos, déjenlo entrar. - La pantera no dudó ni un segundo en abrir la boca y tomar uno de esos panecillos para sí, desapareciendo rápidamente dicho bocadillo entre sus fauces.
Rápidamente, tan pronto lo dejaron pasar, fue detrás de Tsuna. Estaba casi seguro de que Tsuna lo estaba esperando, si quisiera perderlo no estaría yendo a paso normal. Y no estaría comiendo y dándole casi todo a la pantera que iba justo a su lado.
- Pero miren a quien tenemos aquí… - ¿Ah?, ¿qué hacía Byakuran aquí?
Hizo una doble toma al ver al búho de antes sobre la silla de Tsuna, a un pequeño zorro sobre una almohada en dicho escritorio, durmiendo, y ante la dama que estaba en esa silla, revisando algo. Byakuran estaba en el sofá, tomando té tranquilamente mientras le daba una de esas sonrisas que no decían nada bueno. El otro jefe no estaba particularmente feliz de verlo. Aun así, lo que le llamaba más la atención era ver a esa mujer en esa silla. Si no supiera que Tsuna y ella eran pareja, hubiera tenido un paro.
- Lo siento, Azura se comió la mayoría en el camino. - La pantera bufo por lo bajo y antes de verlo venir se había subido al sofá y gran parte de su peso estaba en Tsuna, dando toda la impresión de arrancarle la cabeza a quien se acercara. - No vas a dejarme nada, ¿eh cariño?
Dios lo perdone, ¿pero en qué momento Tsuna dejó de tenerle miedo a cualquier cosa que pudiera morderlo...?
- ¿Por qué mordería a mi cachorro? - Ah. La pantera si hablaba. Y como que había hablado en voz alta.
Mientras que la pantera prácticamente lo mataba con la mirada, Tsuna le arqueó una ceja antes de jalar al animal para darle un beso en la frente y rascarle bajo el mentón. Sin duda alguna este animal era bastante mimado. Tsuna era así, no cambiaría ni porque la criatura fuera un animal gigante y peligroso.
- No le hagas caso. - Y aquí estaba, frotando su frente con la del animal. ¿Qué diantres se había perdido? - Eres la mejor cazadora que hay, ¿no crees que tememos ser tus presas cariño?
Eh no, no realmente. Un animal salvaje no se comparaba con muchas otras cosas en la mafia. Era una novedad, pero no un peligro en verdad.
- Te perdiste un montón. - Byakuran sonrió más, prácticamente veneno goteando en sus palabras: - Nos hicieron perder un montón.
- Hey. - Levantó las manos en son de paz. - Me tarde, si, lo sé, pero vine y le expliqué a Tsuna porque me iba y que regresaría. No sé qué habrán hecho los demás. - Y la verdad es que no le importaba mucho. - Cualquier condena la aceptaré, si Tsuna me quiere aquí o no, no voy a chistar y lo aceptaré. - Y hablando de eso… - Es un poco tarde, pero…
Varios pares de ojos dieron con él, específicamente a las cajas que estaba sacando de su mochila. No pudo evitar rascarse detrás de la nuca en nerviosismo.
- Trate de enviarlas antes, pero por alguna razón mi petición fue negada. Supongo que debí de esperarlo, Tsuna me corto de todo, jajaja. - Realmente debió de habérselo esperado.
- Eres un idiota. - Byakuran rodó los ojos y se contuvo visiblemente de palmearse la frente.
- Lo sé, por eso siempre sigo a Tsuna, es mucho más listo que yo y de buen corazón. - Su sonrisa cayó mucho, y hubiera caído por completo si hubiera estado a solas con Tsuna. - Solo… - Por una vez no oculto nada: - lo que pasó fue como un golpe en la quijada. ¿Qué clase de amigo soy si jamás vi esa ira en él? - Dijeran lo que dijeran: - No podía seguir aquí y darle la cara mientras sabía que lo estaba lastimando. - No es que ahora fuera mucho mejor, pero: - Quiero volver a intentarlo, si se me permite. Aceptaré cualquier decisión que tome Tsuna, me guste o no. - No diría ni pío.
Tantos años y no lo vio. Tantos años…
- Eres un idiota. - Esta vez Byakuran no se contuvo de palmearse la frente y lamentarse en voz alta. - No debías de haberte ido, debías quedarte, ¿acaso se te olvido lo que pasa si un cielo es cortado abruptamente de sus elementos?
- No iba a quedarme si no podía verlo a la cara, lo último que necesitaba era que lo lastimara más. - No había hecho un buen trabajo como amigo, menos como uno de sus elementos. - No sé qué hicieron los otros, pero me quedé tranquilo al verlos a ellos dos juntos. - Tanto Tsuna como la dama se sobresaltaron para luego mirarse entre sí sin saber qué pensar.
- Tsunayoshi, dime que no vas a darle otra oportunidad. - A pesar de decir estas palabras, Byakuran ya sonaba resignado a que la respuesta sería un sí.
- No tiene que decir nada ahora. - Más importante aún: - Toma, algunos son perecederos. No tenía idea de que traerte, como todos los años. - Porque desgraciadamente: - Sería más fácil saber que podría gustarte si no pasarás tanto tiempo aquí encerrado, ¿sabes?
Inadvertidamente solo para él, la decisión de Tsuna fue sellada ante dos regalos en específico. En una iba una máscara sonriente, la cual había sido perfectamente cortada a la mitad. En la otra iba un álbum repleto de fotos. Fotos desde la escuela hasta la era actual, en donde salían todos, de muchas formas.
-x-x-x-
El siguiente en aparecer fue un ilusionista, esperando pacientemente en uno de los sofás, un regalo pequeño en sus piernas mientras tomaba chocolate caliente, sin prisa alguna. La primera en verlo fue Akane.
- No deberías estar aquí. - Mukuro arqueo una ceja.
- Tú tampoco. - Pero no era una sorpresa para el ilusionista. - ¿Cómo está?, no está durmiendo. - Era algo en lo cual, aun ahora, permanecía atentamente pendiente. Cuando no lo estaba eran excepciones, muy raras de ocurrir.
- En el comedor, de seguro vendrá a comer aquí. - Sonrió divertido ante la media verdad.
- Será que hará la comida de ambos, anda de buen humor, ¿no? - No, no iba a engañarlo ni un poquito. - No lo intentes, sé más de lo que crees. - Más de lo que cualquiera podría creer: - Incluso sé que Tsunayoshi encuentra muy atractivo esas curvas y esos pechos a los que haces gala. - Si Tsunayoshi supiera… se moriría de la vergüenza. - Gracias por cuidarlo, no puedo agradecértelo lo suficiente. - Dejando las bromas, esto era lo que en verdad quería decirle a esta mujer que, contra viento y marea, seguía aquí.
Y pensar que todos, de alguna u otra forma, les habían hecho la guerra a ambos para separarlos. A ella, para que se alejara de Tsunayoshi, así fuera porque los encontrará un fastidio o mucho que tratar para intentar conquistar al Décimo. A él, para que no cayera en el amor tan rápido y menos con una simple civil. Tsunayoshi era muy emocional, ya con cómo se portaba con los más pequeños decía mucho de cómo sería con una pareja. Un corazón roto no sería fácil de tratar…
- ¿Entonces por qué no viniste antes si te preocupaba? - Ignoro la acusación escondida detrás de las palabras. No había venido a discutir.
- No tienes idea del alcance que ha tenido todo esto. - Era un solo dolor de cabeza. - Alguien tenía que encargarse de borrar evidencias y eliminar vulnerabilidades. - Tristemente: - Kyoya es hábil en dejar cuerpos a su paso, pero no es adivino, y Hayato es un genio en dar con las cosas. Ninguno se especializa en el arte de las torturas y hacer confesar cosas, cariño. - El y Chrome eran quienes se encargaban de eso, los especialistas. - Comenzamos tarde, se extendió demasiado. - Algunas consecuencias serían permanentes, pero podía buscarse la vuelta. Ya lo había estado haciendo, a escondidas. - No lo he dejado solo, no completamente, pero Tsunayoshi no se dio cuenta cuando vine a visitarlo. - Y francamente no era de extrañar por qué.
La chica no le creía, no entendía, pero la persona que acababa de entrar por la puerta, una bandeja en manos y una pantera justo detrás, caminando como si todo le perteneciera a pesar de ser solo una pantera, sí que lo sabía.
- Feliz cumpleaños otra vez, Tsunayoshi. - No lo recordaba y no importaba. No pasaba nada. - ¿Ven?, creí que te gustaría. - Le tendió la caja, sin ser sorprendido de que su jefe lo mirara como si no creyera nada de lo que veía.
No era una sorpresa, no con lo mal que lo habían dejado. Pero él nunca lo dejó. No realmente. No podría por más que quisiera, incluso si sus errores lo había más que abofeteado aquel día. Luego de ver los videos, de sacar tanta información, de saber y ver de primera mano cómo Tsunayoshi estuvo a punto de sacrificar su vida por él, por ellos… ¿cómo podría irse?
Personas así eran una en un millón. Sería un completo estúpido si lo dejara ir. Si, había fallado y en grande, pero podía aprender y mejorar. Incluso si Tsunayoshi decidía que no quería verlo más nunca, en verdad no lo dejaría en paz.
- Estoy casi seguro que es de tu talla. - Pero por si las dudas: - ¿Por qué no te lo pruebas?, aun puedo pedir cambio. - Como si fueran a negarle. - Hey Azura, un placer conocerte, veo que has adoptado a Tsunayoshi. - Por unos cuantos días no lo había entendido, pero viéndolo ahora…
Era por Azura la razón por la cual había decidido regalarle a Tsunayoshi un par de guantes. O lo que terminó de asentar su decisión. Había visto esas manos llenas de sangre más de una vez en los últimos meses, y mientras eso a él no le importaba y dudaba que alguien más lo hiciera, Tsunayoshi no encontraba la vista agradable. A veces, no podía soportar la vista. Con esto, quizás…
- Hay una buena razón por la cual Tsunayoshi no despierta de sus pesadillas. - O no las recordaba del todo. - Últimamente ha estado tan de buen humor que no tengo que hacer más que tronar mis dedos para que recuerde cosas lindas o darle una mejor apreciación de ciertas cosas, Akane-chan~ - La última palabra la dijo imitando a Tsunayoshi lo más posible, sin ser sorprendido ante la cara roja de su jefe o de la confundida de la chica antes de que esta también se volviera un tomate.
Tsunayoshi podría haber estado tan mal al principio que no se atrevió a darse a conocer, solo buscando que tuviera dulces sueños, que no olvidara que no estaba solo. Luego, Tsunayoshi no lo reconoció porque no quería hacerlo. Decidió no luchar contra eso, solo observando sus sueños. Cuando Cervello llegó, no estaba nada sorprendido.
- ¿Cómo te quedan? - Esos guantes, esos mismos guantes, se los había dado un par de veces en sus sueños, cuando no podía soportar ver sus manos o su propio reflejo. - Parece que elegí el tamaño correcto, kufufufu~
No podía evitar sonreír al ver el entendimiento de última hora de su jefe.
- ¿Tsunayoshi...? - La pantera y la chica no lo hacían, pero realmente eso no-
- Mukuro puede meterse en las mentes de otros. - Esto no fue más que un susurro tembloroso, en asombro puro.
- No iba a dejarte solo. - Se encogió de hombros. - No podía estar físicamente aquí, no sabía cómo tratarte los primeros días, y luego no querías saber nada. No te iba a presionar, no estabas bien. - No era una sorpresa, de verdad que no. - Ya que has estado de tan buen humor últimamente, pensé que no tomarías mal verme ahora. - Una apuesta en todo caso.
Lo peor que se podía hacer era presionar a alguien que se había convencido de algo, fuera cierto o no, al menos a alguien apreciado. En el caso de la persona que en cualquier momento iba a dejar de dudar y vendría a abrazarlo, había sido un mecanismo de defensa. No era psicólogo, pero presionar y hacerlo en un enlace mental… no iba a ayudar.
Lo último que Tsunayoshi necesitaba era dudar de sí mismo, no con todo lo demás que ya tenía apilado.
-x-x-x-
El siguiente en aparecer fue Ryohei y su esposa, Hana. Hana andaba con el ánimo de los mil infiernos, porque Sawada le mintió en su cara. Honestamente él lo vio venir, no había forma en la que el Décimo Vongola pudiera ignorar tal evento, pero si podía evitarlo no invitaría a civiles a un posible campo de guerra.
- Kufufufu, qué suerte tienen al verme aquí. - Hizo una doble toma ante el ilusionista apoyado en la pared, sonriendo como si supiera algo que él no. - ¿Han venido a ver a Tsunayoshi?, me temo que anda ocupado ahora, pero si son pacientes… - Jugueteo con las palabras, algo burlón. Dejó de sonreír casi inmediatamente: - No querrán interrumpirlo, si los dejo pasar tendrán que esperar y no molestarlo hasta que se desocupe, ¿está claro? - Esto fue dicho más por su esposa, ¿no es así?
Cualquier cosa que se esperaba no fue ir a una de las salas de entrenamientos más cercanas a la oficina del Décimo. Dentro de ella, se vio con una extraña vista. Tsunayoshi con los ojos vendados, con los brazos detrás de la espalda, esquivando con una gracia increíble una espada. Takeshi estaba tomando las cosas en serio, tratando de darle a Tsunayoshi en un extraño juego de tag.
Debajo de los pies de ambos, una capa de hielo se extendía rápidamente, a un ritmo alarmante y no natural. Luego, ocurrió algo que detuvo a Takeshi en el acto, debido a la sorpresa. No fue el único que quedó en shock, pero Tsunayoshi no desaprovecho la oportunidad. Y es que tenía que ser él. Otra estaca de hielo apareció cerca de los pies de Takeshi seguida de otra, en diagonal, la intención era clara.
Takeshi se escapó, pero detenerse no era exactamente una opción, el hielo bajo sus pies siendo registrado justo cuando este comenzaba a cobrar vida propia bajo los pies del espadachín a donde quiera que iba. El hielo no se quebraba, no se derretía, y no se cortaba con facilidad. Su crecimiento era alarmante, y las formas que tomaban también-¡Slash!
- Kufufufu, no podrá usar sus manos, pero nadie dijo nada de los pies Takeshi-kun~ - El ilusionista colocó ambas manos alrededor de su boca para que se oyera con claridad.
Tsunayoshi solo le había pateado lo que parecía ser una pelota de béisbol, con picos. Ver la bola formarse cerca de los pies de Tsunayoshi, subido en un pico para fácil vuelo, antes de ser pateada en dirección al espadachín que estaba en confusión total ante lo que estaba pasando, daba algo de terror. Si no fuera por la sorpresa y lo inesperado de todo, Takeshi podría acorralar a Tsunayoshi si sabía moverse. Después de todo, Tsunayoshi no podía verlo y no podía usar sus manos.
Por más que lo intentó, Takeshi no fue capaz de volver a acorralar a Tsunayoshi. Cerca, pero no lo suficiente para tocar al Décimo Vongola. La única razón por la que la pelea acabó a favor de Takeshi fue porque Tsunayoshi se vio incapaz de seguir, y de esquivar, Takeshi dándose cuenta muy tarde de lo que pasaba como para detenerse o desviarse.
La única razón por la cual no corrió sangre fue gracias a un león mordiendo la katana con tanta fuerza que era raro que no la rompiera en dos entre sus fauces. Un león que, viéndolo de cerca, era muy conocido.
- ¿Natsu? - Takeshi no era el único con los ojos enormes.
Natsu era solo un cachorro de león, no era tan grande. Pero aquí estaba, tan grande como Bester, su melena opacando muchas cosas e inconfundible. La admiración no duró mucho gracias a sonidos de arcadas justo detrás del león.
Minutos más tarde, estaba un hombre de cabello chocolate apoyado en una chica que no dejaba de preguntarle en susurros como se sentía, un balde a su lado. Tuvo que ser ayudado a levantarse y a caminar, aún estaba pálido y cada tanto hacia como si fuera a vomitar.
- ¿Me permiten? - Hana no necesitaba que le dijera nada, su sola cara era una tempestad pura mientras buscaba el kit de primeros auxilios con Mukuro. - Gracias. - Natsu, aun de esa forma tan inusual, se apartó al igual que la chica.
No mucho, pero era el espacio suficiente para trabajar. No estaba herido, así que no creía poder hacer mucho, pero por algo era el sanador del grupo. Hacerlo recostar en el suelo no fue un problema. En realidad, moverlo no fue ningún problema.
- ¿Tienes un caramelo? - No podía creer que estaba diciendo esto, no ahora, esto nunca le pasaba a Tsunayoshi en prácticas. - Está descompensado, y bastante mareado. - Era por eso que seguía dando todas las señales de querer vomitar, a pesar de que ya no tenía nada en el estómago. - Demasiado movimiento que seguir, a mi parecer, ni idea de todo lo demás. No sabía que podía hacer algo así. - Señaló la pista de hielo justo a su lado.
Quizás era, era muy posible. Utilizar sus llamas continuamente en tiempos prolongados no era buena idea. Con Tsunayoshi nunca lo fue, por alguna razón que desconocía. Podía pasar horas peleando, días incluso, pero usando sus llamas todo ese tiempo al igual que dejar una llave de agua abierta no podía. Tenía que haber alguna clase de pausa, o el uso debía ser controlado. De otra forma-
- *********. - Takeshi maldijo en voz alta, cortando su explicación, pisoteando el suelo con gran fuerza. El ceño fruncido era una vista nueva.
- Diría que le dieras el caramelo, pero ella ya lo puso a dormir. - ¿Ah?
No sabía que la chica tenía llamas de la lluvia.
-x-x-x-
-... puede hacerlo desde hace tiempo, ¿creí que lo sabían? - El Décimo Vongola arrastró las palabras, frotándose un ojo con cansancio.
No, no era algo que hubiera comentado antes. Lo recordarían, y viendo las caras de los otros sabía que no estaba solo en ese pensar. Ahora, estaría más tranquilo si al menos agarra un poco más de color y no estuviera intentando aparentar que nada pasara.
- En fin, es un gusto verlos, ¿pero a qué debo su visita? - Mukuro, que estaba en el sofá, rodó los ojos y murmuró algo bajo su aliento que no alcanzó a oír.
Su esposa, por otro lado, tomo esto de mala manera, recordando perfectamente que no había sido invitados al cumpleaños de la persona que tenían enfrente:
- Sawada, dijiste que no habría fiesta y que-
La chica, una mujer joven de ojos grises, que había estado de un lado a otro haciendo solo Dios sabe que, entró casi tirando la puerta. La cabeza en alto, como si no hubiera interrumpido nada. Llegó de inmediato con el Décimo. Con el Décimo. Sentándose en su regazo como si fuera algo de lo más normal del mundo, y de inmediato pasando sus manos detrás del cuello para jalar y… ay Santo Dios…
- Muchísimas invitaciones fueron dadas, y muchas fueron negadas. - Esto no fue dicho por el Décimo, quien parecía haberse ido a otro lugar, solo dándole atención a la chica que no lo soltaba, usando solo sus ojos. - No hubieras querido estar ese día, ningún civil lo hubiera deseado. - Y como tiro de gracia: - Ni siquiera yo fui.
Y lo decía la misma mujer que tan pronto terminó de hablar volvió a jalar al Décimo para besarlo, sin tener reparo de nada.
- ¿Tan preocupada estás? - Mukuro no estaba para nada sorprendido, ¿cómo sabía de eso?, ¿desde cuándo estaba pasando?, ¡no se había ido por tanto tiempo! - No te lo va a robar, y para algo está Takeshi allí. - Hablando del espadachín, el hombre estaba casualmente limpiando su katana como si nada pasara.
Fue aquí en donde se dio cuenta de que tanto él como Hana estaban fuera de base. Ellos no estaban al día, lo quisieran o no.
- Ma ma, lo que temo es que Tsuna no vaya a tomar nada en serio si sigues así. - Casual, completamente casual. - Va a querer pasar el día entero contigo, y no soy muy bueno con el papeleo, ¿sabes? - Y había un montón.
- Eso es de fácil solución, ¿a qué viniste Ryohei? - Cielos, ¿por qué nadie parecía ni remotamente asombrado por nada de esto? - ¿Piensas volver a ser un guardián o es este el adiós? - Tan simple como eso, como si solo hablarán del clima.
La verdad aun no sabía cómo responder a eso. No era bueno con las palabras. Y viendo a estos dos actuar como jóvenes enamorados…
- Tal vez sea lo mejor. - Por como aún se veía el Décimo, pasar el día en cama sería lo más saludable. - No debería de estar aquí si aún se siente mal. - Y es que se veía mal.
El Décimo pestañeo varias veces ante las dos cajas que le fueron entregadas en su escritorio. En una rió con ganas, y en otra quedó en silencio por largo rato antes de mirarlos a él y a su esposa en completo silencio.
No era el mejor regalo, lo sabía, pero si alguien podía apreciar las películas de terror y suspenso tenía que ser-
- Solo una por día, una. - Esto fue dicho a la chica que sonreía de oreja a oreja en el regazo del Décimo, tratando de no reírse a carcajadas. - Por el amor de Dios no vamos a tener un maratón otra vez-
- ¿Y desperdiciar los chocolates Tsunayoshi~? - Esto fue dicho con el tono más pícaro y juguetón que pudiera haber.
La cara del Décimo Vongola prácticamente gritaba: "¿cómo termine en esto?"
Quizás… se equivocó. Otra vez.
-x-x-x-
-... qué le pasa a Tsunayoshi? - No podía ni caminar en línea recta, y a cada persona que veía quería abrazarlo.
- Nadie nos dijo que ese chocolate tenía alcohol. - Fue la respuesta de una mujer exasperada, pero feliz, de tener a su novio abrazándola como si no hubiera un mañana y pidiéndole besos sin pudor alguno. Parecía un niño por cómo estaba actuando.
- Eran de empaque negro, de marca reconocida por esa clase de chocolate, ¿cómo no se dieron cuenta? - Ahora que Hana lo decía, no pudo evitar caer en cuenta de algo: - ¿Se los comió todo en un solo día?
- Noche. - Uno de los miedos de los guardianes había cobrado vida y solo era un hombre que quería afecto, nada más y nada menos.
- Hasta le dije que era para celebrar su mayoría de edad. - ¿Que tan quedado podía ser una persona?
- Bebé~ - Tal y como Akane, miraron de golpe hacia abajo, dando con el chico que tocaba una barriga ajena con un cuidado y alegría que en verdad no tenía sentido, pero estaba borracho así que se la dejaría pasar. - Bebé~
- No amor, allí no hay un bebé. - Si bien Akane negó esto, ella solo podía sudar frío.
Todo por una simple y estúpida razón: Tsunayoshi a veces sabía cosas que nadie más sabía sin realmente una explicación, incluso cuando no era posible.
- Eh, ¿por casualidad hay algún test por aquí? - Antes de que Akane intentara decirle que no le diera mucha atención a Tsunayoshi justo ahora, le explico en voz muy baja: - Créeme, si no estuviera borracho no pediría un test. - Porque no habría forma de que estuviera equivocado. - Más vale que te acostumbre, Tsunayoshi suele saber cosas que nadie más por alguna razón, y nunca se equivoca.
Además, mirando al hombre borracho más feliz de la vida repitiendo la palabra "bebé" una y otra vez y frotando su vientre como si de verdad estuviera esperando un bebé…
Minutos más tarde le presentó a Akane las tres pruebas que se hizo, todas positivas. Lo mismo hizo con su esposo cuando llegó, antes de que preguntara porque Tsunayoshi andaba haciendo lo que estaba haciendo con su barriga.
Tsunayoshi amaba a los niños. De seguro estaría feliz de saber que iba a ser tío otra vez. Y niñero. La verdad, no sabía cómo este chico podía gustarle tanto el papel de ser niñero, ¿no debería negarlo o encontrarlo fastidioso?
Ah, y aparentemente estar borracho impedía nada. Cuando tuviera dudas de algo o alguna de sus amigas creyera que estuviera en cinta, vendría con Tsunayoshi. Más barato y preciso no podía ser.
-x-x-x-
-... haciendo esto en otro lado? - Silencio a su novio con un beso profundo, jalandolo de la corbata como regaño.
Era solo un momento, no tenían tiempo de ir a otro lugar. Ella tenía que terminar unas cosas en recursos humanos, y su novio tenía que ir a terminar el papeleo que le quedaba. Estaría libre por unos días, si nadie hacía un desastre. Habían planeado ir a ver a Dino estos días, si ambos estaban lo suficientemente desocupados. Mukuro había accedido a suplir las funciones del Décimo, y Takeshi iba a acompañarlos como seguridad. Así estaba más que bien, Takeshi los dejaría ser si le decían.
Se vio presa contra la pared de un momento a otro, besos siendo plantados en su mentón y bajando, una mano en su cintura, queriendo subir, pero sin hacerlo. Aun ahora Tsunayoshi seguía siendo un caballero, mira que-¡Crash!
Su novio se detuvo, para su frustración, apartándose lo suficiente para ver que había sido eso. Con desgano también miró, y luego no pudo evitar sonrojarse en mortificación ante la pareja con un niño pequeño dormido entre los brazos de su madre, ambos padres mirándolos con ojos saltones y una intención homicida en crecimiento. Detrás de ellos, estaba cierto espadachín sumamente apenado, buscando sacar a la pareja de allí para darles privacidad-
Un quejido salió de ella al ser mordida en el cuello sin previo aviso, cosa que cambió rápidamente a besos suaves sobre la piel.
Desde el rabillo del ojo podía ver como un tic nervioso hacía su aparición en el hombre más violento de la familia Vongola. El aura asesina no era más que un anuncio tardío a lo que sabía que se venía. A Tsunayoshi no parecía importarle en lo más mínimo, y no podía quejarse porque Tsunayoshi la estaba besando.
-x-x-x-
-... la tuvieron fácil, pero eso me lo deben a mí. - Takeshi tenía una sonrisa muy afilada al decir eso.
Ambos, lo quisieran o no, tenían que darle la razón. A él y a Mukuro. A Takeshi por llevar el anillo de Chrome, y a Mukuro por informarle graciosamente todas las masacres que estaba causando el guardián de la nube debido a la rabia de perder el anillo, de perder el nombre de guardián, de ser negado por quien había decidido seguir el resto de su vida.
Eso y la cantidad de fotos que Chrome le había traído. No decirle absolutamente nada a Tsunayoshi cuando le presentó a Daisuke a una pantera de todas las cosas como si fuera un gatito lindo era otra. La pantera hasta le había dado un lametón al niño, quien no veía nada de malo porque su tío Tuna no veía nada de malo con lo que pasaba. No era lo mismo con ellos, pero… ¿cuándo fue la última vez que dudaron de algo que Tsunayoshi les dijo?
Algo les decía que Tsunayoshi se las estaba cobrando por todas esas veces en las que tuvo que ayudarlos, en las que los consiguió haciendo cosas inapropiadas, como alguna especie de desquite por no haber regresado como debieron.
O quizás por no apoyarlo, lo cual aún no lo hacían, Akane era solo-¡Crash!
- ¡Buena esa Akane! - Felicito el guardián de la lluvia, sin una pizca de preocupación ante la daga de hielo que les pasó a unos centímetros de la cara a ambos hombres.
La chica saludó alegremente, llamas de la lluvia en sus manos, y una persona de cabello chocolate a su lado, tendiéndole otra daga de hielo.
Si, Tsunayoshi se las estaba cobrando todas, ¿no es así?
-x-x-x-
- Si tanto te gusta usar ese hielo, ¿por qué no hablan con Irie? - Kyoya habló finalmente, luego de mucho tiempo simplemente viendo a la nueva pareja practicar entre ellos. - Debe de haber algo que pueda hacer, y no parece que ese hielo se pueda destruir fácilmente.
Akane hubiera querido hacer tal cosa, pero no creía que fuera posible, y no era como si-
- Bel-chan ya lo hizo por nosotros, creo que también metió a Spanner en el asunto. Aunque ninguno es especialista en armas… - Tsunayoshi ni siquiera giró la mirada, algo cansado ya. - Squalo y Takeshi concordaron en que una espada no es para ella, tampoco lo es pelear mano a mano o de cerca. No estoy seguro de que arma darle, y ninguna de las armas de la armería parece pegar con ella. - Una pausa, finalmente dándole toda su atención al guardián de la nube. - ¿Tienes alguna idea?, estaba pensando en hablar con Fon o Verde.
El resultado de esa conversación terminaría en algo que nadie se esperaría de la futura esposa del Décimo Vongola.
-x-x-x-
- ¿Qué te parece? - Dino preguntó con una sonrisa de oreja a oreja, entregando algo a las manos de Akane por parte de muchas personas. Muchas personas. - Son únicas en su clase.
Era la petición, la propuesta, más extraña del año, posiblemente de la década. Tsunayoshi solo había pedido ayuda para dar con un arma adecuada para Akane. Y aquí estaban, armas hechas de un material singular, que no se podía conseguir en otro lugar que no fuera de las manos del Décimo Vongola, y que habían pasado por múltiples manos hasta llegar a las manos de su dueña.
- Ustedes… - Negó con la cabeza, diciéndole a Tsuna que no hacía falta decir nada, solo su expresión bastaba. Nunca se esperó algo así.
- Le gustan tus llamas. - Para no decir "te ama", tanto como para querer sentirlo protegerla. Era algo subconsciente de querer, y no era algo que se les fuera a decir. - Tendrás que ayudarla, pueden rebotar y ser usadas de múltiples formas, pero no son fáciles de dominar.
La cosa era que ese hielo era prácticamente indestructible. Tsunayoshi no había dado una muestra cualquiera, de eso estaban conscientes los científicos después de estudiarla. Con múltiples picos, capaz de rebotar en diferentes superficies y sumamente afilada, no era un arma cualquiera. Había traído unas simples de entrenamiento, en donde la chica no se podría cortar, mientras aprendía.
Con el núcleo siendo ese hielo prácticamente indestructible, recubierta de diferentes materiales y condensada en diferentes tecnologías de distintas familias, esta no era cualquier arma. Tal y como se veía, nadie sabría cuál era el núcleo, uno mucho más ligero de lo que se podría esperar, hasta que la cubierta fuera rebasada, y tal cosa tomaría trabajo.
Con todo el trabajo que se les dio, quizás era el arma más peligrosa de la década. Y tal vez era prácticamente el regalo de bodas de todos, solo para bromear.
- ¿Por qué no la abres? - Esto fue a petición de Emma, un animal caja como protección extra.
La criatura que salió de allí lo sorprendió. No muchos sabían lo que era, fue diseñado con las llamas de Tsuna, pero enfocado a un usuario de llamas de lluvia. Había pensado en un animal acuático, o quizás un perro o un ave como tenía Takeshi.
- Fue creado a base de tus llamas. - Le confirmo al Décimo, quien había quedado con la boca abierta. - Quizás puedas utilizarlo tú también, pero es de lluvia. - Cuando decía esto se refería a que el animal quizás lo obedecerá sin tener que forzarlo.
Viendo al animal saltar de los brazos de Akane a Tsuna, quien entró en pánico buscando atajarlo, sabía que el animal respondería a ambos. Tal vez Emma había hecho algo más que no había dicho…
-x-x-x-
Si había algo que la familia del Décimo y la mafia en general se enteró de mala forma fue que la pareja del Décimo, específicamente sus Chakrams, no eran armas que nadie quisiera poseer. La razón de esto vino en un asesino que, para bien o para mal, le gustaron esas armas.
En medio de una pelea improvisada, porque solo Dios sabía quién tenía tantos cabos sueltos como para buscarle pelea a Vongola en su propio territorio, cualquier pensaría que el mayor peligro de atacar al amante del Décimo era el propio Décimo, y no las armas en sí. Ni siquiera el pequeño animal, un pequeño zorro blanco capaz de congelar cosas y crear neblinas, era tan peligroso como esas armas, incluso en desuso.
La razón de esto, que se descubriría mucho después, fue una pequeña parte de la lámina que fue arrancada gracias a las explosiones y al mal trato del asesino/ladrón. Cuando el Décimo llegó, no había estado muy lejos y cualquiera hubiera creído que fue él, el hombre estaba en proceso de ser una paleta congelada.
En otras circunstancias el Décimo hubiera quedado estupefacto en lugar de descongelar al tipo, darle sus cosas a su novia y luego proceder a hacer al asesino arrepentirse de haber aceptado ese trabajo antes de mandarlo al más allá como una paleta de hielo en trozos.
Esa arma dejó múltiples paletas en existencia mientras pasaba de mano en mano para ser arregladas en la mansión Vongola. La verdad es que gracias a eso se aprendió que Tsunayoshi era capaz de hacer tal efecto inesperado y devastador si se concentraba, para horror de cierto jefe Varia que se tomó una noche para beber a gusto y digerir que el Décimo era la mala broma y quizás el hijo ilegítimo de Jack Frost y un Fénix.
Ese hombre podía hacerse amigo de casi cualquier persona en las circunstancias adecuadas. Ahora podía congelar y descongelar cosas en segundos. Xanxus solo quería saber cómo esto era posible y no tener la pesadilla de saber que se había fabricado un arma que escondía una bomba de hielo en su interior.
-x-x-x-
-... dejar a Kyoya atender la negociación? - La verdad es que no era una buena idea, pero para lo que le importaba…
- No vamos a aceptar tales ideas Akane. - Podía quedarse así todo el día, definitivamente. - A estas alturas deberían de saber que no voy a estar de acuerdo en la experimentación humana, tienen suerte de que no les envíe a Mukuro… - El ilusionista había estado de un ánimo de horrores, y no era de extrañar por qué. - No voy a negociar, Kyoya no negocia. Si no entienden un no, Kyoya los masacrara. - Tan simple como eso.
Tantas cosas en las que se había metido para detener ese tipo de cosas y le venían con esto. Le había dado toda la libertad a Mukuro de hacer absolutamente todo lo que deseara con esa familia creciente, pero la semana que viene. Eran solo tres días de paz que tendrían, sin importar qué respuesta tomarán. Mientras no hicieran enfadar a Hibari, todo estaría bien para ellos los próximos tres días, sino… Bueno, Mukuro no se iba a molestar por iniciar antes, ya debía de tener a la mitad de Varia desplegada solo para esto.
- ¿Crees que Takeshi esté bien por su cuenta? - Aún tenía dudas, si era sincero.
Su novia se rió entre dientes, apoyando su cabeza en su hombro otra vez. En su regazo, dos pequeñas bolas de pelos bostezaron lindamente, pidiendo más mimos con una mirada. Ahora tenía tres animales que no querían salir de su cama, uno de ellos prácticamente reclamándola para sí. Y pobre de quien tratara de decirle lo contrario.
- Lo peor que le puede pasar es que obtenga una cachetada por ser insensible. - Esto era un tanto nuevo y aun no lo entendía. Su guardián de la lluvia no solía ser tan directo.
- Debe estar en la sala de entrenamiento. - En donde deberían de estar, pero…
Había sido una idea pasajera venir al jardín y pasar un rato bajo el árbol. Natsu se había venido, y luego Nieve, y más tarde Akane. Con tal compañía, ¿cómo iba a querer irse?
Una nueva presencia hizo que abriera un ojo solo para dar con un par de orbes dorados, curiosos de verlo allí. Levantó una mano, ignorando las quejas de sus dos inquilinos, y acarició a Azura en la cabeza, bajando a su mentón.
- Hay espacio, "mamá". - Era adorable ver a la pantera visiblemente derretirse ante el nombre, incluso si eran por unos escasos segundos.
- Mucho espacio, ven "mamá". - Akane no ayudaba, pero por cómo se ponía Azura…
Era una pantera bastante mayor, una peligrosa pantera que no parecía tenerle miedo a nada, que ya físicamente no podía tener hijos. Si quería ser vista como madre una vez más, ¿era malo seguirle el juego?, ¿al menos en privado?
Akane parecía opinar lo mismo. Quien no parecía encontrar nada de esto positivo era cierto asesino a sueldo que, justo ahora, estaba en la entrada del jardín con el ceño fruncido, una niña queriendo zafarse de sus brazos. Akane decía que eran celos, pero la verdad no creía tal cosa, no de parte de Reborn. Por todo lo que sabía, bien podría ser porque Azura era prácticamente igual a él en actitud y le valía un colmillo quien era o que era uno de los humanos más peligrosos en existencia.
- ¡Tuna!
Dos animales pequeños chillaron y se movieron rápidamente, justo a tiempo para evitar ser aplastados por una niña que no tenía reparo de nada y hasta le saco el aire. No era para reírse, pero solo Natsu y Nieve encontraban esto molesto en lugar de adorable.
- Hola, Rukia-chan~ - ¿Cómo no sonreír ante tal carita linda?
¿Cómo no complacerla?, él no podía, al menos.
-x-x-x-
Uno de los guardianes de la niebla no estaba teniendo uno de los mejores días, incluso luego de llevar al piso y al otro mundo una familia entera que no merecía existir.
- Ya veo. - Su jefe asintió lentamente, su vista en los dos mocosos sumamente molestos y confundidos por ser arrastrados a este lugar justo a su lado.
No fue para nada sorprendido de que Tsunayoshi se levantara y lo ignorara, caminando hacia los dos niños de pelo celeste que eran prácticamente idénticos, y quienes trataron de esconderse detrás de él. No pudo evitar reírse. Si de alguien debían de tener miedo era de él y no de Tsunayoshi.
- Hola. - Saludo el hombre de ojos caramelo, sus palabras siendo miel como quien dice, sonriendo amablemente y presentando una mano a los niños. - Soy Tsunayoshi, pero pueden decirme Tsuna. - Se había puesto al mismo nivel que los niños, ignorando a todos los demás presentes, ignorando a todo lo demás en todo caso. - ¿Un placer conocerlos…?
Esto podría ser considerado una falta de respeto enorme, si nadie conociera como podía ser el Décimo Vongola con quienes consideraba que necesitaban una ayuda, un amigo, o simplemente alguien con quien hablar. Y si no se supiera la fiera en la que podría convertirse si se le provocaba. Quien conociera al Décimo no podría encontrar esto como molesto o simplemente muy inocente de ver, de otra forma solo podría terminar en un cuarto lleno de sangre, gritos, súplicas, y un hombre prácticamente silbando y arrastrando cuerpos como si solo sacara la basura. Otra vez.
- ¿Acaba de-
- decir-
- Tuna? - Terminaron los dos juntos, mirándose entre con grandes ojos.
Mientras que la gran mayoría (todos en realidad) se encogió en el sitio ante tal irrespeto y ante lo que posiblemente les pasaría a ambos chicos, el horror por el que-
- Dije que podrían llamarme Tsuna, T-S-U-N-A. - Nadie terminaba bien parado cuando lo llamaban incorrectamente. Era preferible solo llamarlo Décimo. No podía evitar rodar los ojos ante tal estupidez, Tsunayoshi no les haría nada a estos pequeños. - Supongo que Tuna también sirve.
No fue el único entre los guardianes en rodar los ojos o reírse al ver a ambos niños mirar al Décimo como si fuera un ángel caído del cielo, o a los demás presentes quedarse como estatuas.
- Chicos, él es Tsunayoshi, mi jefe. - Se encogió de hombros, empujando a uno con la parte baja de su tridente. - Les dije que nunca conocerían a alguien igual. - Porque sencillamente Tsunayoshi era único, para bien o para mal. - ¿Por qué no se presentan? - Le daba unos 5 minutos antes de que estuvieran como Rukia, detrás de él con grandes sonrisas cada vez que medio lo veían pasar.
- Richard-
- Leonardo-
- ¡Un placer Señor Tuna! - Ni un minuto, cielos.
Arqueo una ceja ante alguien que se desmayó. Actuaban como si no hubieran visto antes al Décimo derretirse y derretir a cualquier niño que se le acercaba, como si en medio o al final de una fiesta el Décimo no se viera rodeado de muchos niños que luego no querían decir adiós.
- ¿Supongo que no te molestara firmar los papeles de adopción Mukuro? - Espera, espera-
El Décimo Vongola solo le sonrió, una sonrisa que bien podría ser el mismo sol, dos chicos en sus brazos metiéndose con él, haciéndole muchas preguntas y sin miedo alguno. Un completo opuesto ante todas las demás personas que habían tratado de llegarle a estos gemelos.
- No soy la mejor figura paterna Tsunayoshi. - Pero no creía que tuviera opción, ¿no es así?
- Quizás no, pero no estás solo y estos son niebla. - No tenía ni 10 minutos con ellos, ¿cómo sabía...? - Tu conoces mejor que nadie lo que necesitan, el resto lo hago yo, ¿qué dices?
Como si se le pudiera decir que no a Tsunayoshi cuando ya tenía algo en mente. Aun así, lo que en verdad Tsunayoshi le estaba pidiendo era que hiciera lo mismo que hizo con Chrome, que él haría lo demás. Ser el guardián legal era solo una formalidad y una forma de protección, una no directa y más sana que el mismo Décimo Vongola adoptando a estos pequeños.
Bueno, al menos no sería aburrido y ver a Tsunayoshi hacer el ridículo más a menudo de lo que lo estaba haciendo justo ahora sería un bonus.
-x-x-x-
Fue despertado por alguien metiéndose en su cama y besándolo en la cara muchas veces, incluso cuando ambos sabían que estaba despierto y solo fingía porque no quería que el trato parara. En la cocina nadie lo molesto, a pesar de que era tarde y no se supone que cocinara, para algo tenía chefs. Aun así, cocinar para tres bocas, porque no había forma ni manera en la que Azura fuera a aceptar que ella no estaba metida en tal evento, no era tarea fácil cuando cada cierto tiempo una cabeza se asomaba por la puerta. No importa cuantas veces dijera que no era ningún experto y su comida no era tan buena, nadie parecía entender tal cosa.
Ni siquiera las dos familias extra que nadie invitó, pero estaban esperando de igual forma. Tenía el mal presentimiento de que Reborn, por la mirada que le estaba dando, iba a hacer alguna locura muy pronto. Probablemente para que dejara las cosas de los sirvientes a los sirvientes, o un castigo por estar haciendo esto. No importaba, su buen humor aún no se iba a ir. Un poco de trabajo más no importaba, incluso si tenía dos nenes que quieren ayudarlo, y más tarde eso pasará a ser cuatro, dos de ellos solo haciendo travesuras.
- ¿Akane? - ¿Para que la venda?, tenía trabajo que hacer, y no iban a practicar con vendas esta semana.
- Sssshhhhh, no arruines la sorpresa. - ¿Sorpresa?
- Okey. - ¿Qué podría haber preparado ahora?
Fue guiado en completo silencio por un buen rato. Cuando dio con el aroma de las rosas, de las flores, y la brisa fría de la mañana, se preguntó porque Akane lo había guiado al jardín. Había muchos lugares, ¿que podría tener de...?
Probablemente hubiera caído al suelo de no ser por Reborn, quien lo apoyó por la espalda. Las risas estaban de manas, en realidad… ¿por qué las risas?
Cientos de personas estaban frente él, todas saludando, posando para una foto en donde aparentemente solo faltaban contadas personas, incluyéndolo a él.
-x-x-x-
-... lo difícil que fue? - Se quejó un adolescente de 15 años, exasperado, comiendo dulces de uva. - ¡No me dejaban salir del país en ningún lado! - Y fue peor sin el anillo.
El hombre sentado en su escritorio, las manos bajo el mentón y sonriendo suavemente, estaba atento a todo lo que se decía a pesar de no emitir sonido. Sabía, sin lugar a dudas, que el Décimo Vongola aun ahora no podía creerse nada de lo que estaba pasando. Bueno, por algo organizó la sesión fotográfica.
- Tan pronto se enteró comenzó a tratar de contactar a todos los que pudiera. - Y a tratar de venir, pero era imposible por su edad y porque el Décimo no había dado las buenas gracias de que pudiera irse del sitio sin terminar el lapso escolar. - Para cuando di con él ya había logrado que Fuuta, I-pin, media armada de los Millefiore y Cavellone entera entrará en crisis. - No solo ellos: - Fon ya estaba allí, y creo que Verde y los otros ex-Arcobalenos ya sabían y Lambo indirectamente se los confirmó. - Todo aquel al que pudo contactar Lambo, lo contactó.
Y pensar que Lambo había visto una parte gracias a ellos, y luego vio la cosa entera. No lo tomo bien, obviamente, y quería volver a la mansión a como dé lugar.
- A ese punto, ¿por qué no? - Señalo a todos los líderes y familiares cercanos presentes en esa oficina. No entraban todos, la mayoría esperaba en las salas de entretenimiento que el Décimo había creado casi tan pronto llegó a la mansión. - Tomó más tiempo del esperado, coordinar fue un infierno, pero aquí estamos Tsunayoshi-sama.
Y nadie iba a irse pronto, no hasta que el Décimo Vongola procesara que estaban para quedarse, incluso si no podían verlo a menudo.
Aun ahora, esas mejillas seguían muy húmedas, esos ojos muy brillosos, y solo su mirar y su falta de ruido decía que no se creía nada de esto. En las fotos había salido llorando, sin poder evitarlo. Nadie comentó y dudaba que fueran a hacerlo en el futuro sobre ese detalle.
-x-x-x-
-... hacer algo? - En su hombro, León se rió entre dientes. - ¿Por qué sigue haciendo esto?, ¡no está solo! - Y estaba mejor que nunca, ¿por qué no lo dices Gokudera? - ¡Trajo cocodrilos Reborn!, ¡cocodrilos!
Cocodrilos que estaban aprendiendo a trepar, uno diminuto y muy quisquilloso. Si no mal recordaba Tsunayoshi lo había llamado Mordisquitos.
- No es que los busque, chicos. - No era solo Gokudera allí, o solo el quien le había llegado con este problema en particular. - Él no los busca. - La distinción era importante.
Había traído mapaches, un elefante, una hiena, tiburones, y más. Sin embargo, Tsunayoshi no había buscado a ninguno. En todo caso:
- ¿No les parece raro? - Señaló a su hija, quien andaba de mal humor con dos gemelos, porque no encontraba a Tsuna en ningún lado. Azura, al menos, estaba haciendo un gran trabajo en cuidarlos para que no se metieran en problemas. - Los animales son como los niños cuando lo ven, ¿no les llama la atención ese hecho?
La verdad es que había estado a punto de darle un castigo grande a Tsunayoshi por andar trayendo animales exóticos sin razón hasta que lo vio con el elefante. El elefante le tenía miedo a los humanos al punto de llegar a ser violento, pero seguía a Tsunayoshi como un niño buscando la protección de su madre. El elefante le lloraba incluso, cuando el Décimo tenía que irse. Más de una vez había encontrado a Tsuna durmiendo en sitios incómodos o llevándose a los animales a su cama, y luego no querían salir de allí. Ese era otro misterio que después descubriría.
- Pero Reborn, son niños. - Y no son de a montón, ¿uh?
- Si no fueran por sus padres, ¿crees que no estarían igual? - Y Tsuna no era tan dado con ellos como lo eran los niños de su propia familia.
En cualquier momento alguien tendría la maravillosa y terrible idea de usar niños en contra del Décimo y se conseguiría con alguien que lo iba a destripar vivo y a dárselo de comer a sus tiburones o cocodrilos tan pronto terminarán de divertirse con él. Si, se le era divertido como lo miraban a él cuando estas cosas pasaban, como si él fuera el responsable de que el Décimo fuera un sádico de primera.
Si, lo era, y si, estaba muy orgulloso. Tsuna metía miedo con la forma en la que, casualmente, comenzaba a hablar con su víctima, a tararear o silbar, y el cómo hacía de cuenta que no estaba haciendo nada del otro mundo. Aún no lo había visto verdaderamente molesto-no, espera, si lo vieron. Solo que no lo habían vuelto a ver.
Incinerar a alguien estando vivo no era cualquier cosa.
-... kuu. - Se rió internamente al ver a todos palidecer. - Grrr, kuuu…
El Décimo Vongola pestañeó varias veces al verse en la mira de muchas miradas, aun sin entrar y sosteniendo la puerta.
En sus brazos estaba un pequeño animal, de color amarillo con manchas, haciendo sonidos de querer atención, acobijado entre la ropa y los brazos del Décimo Vongola.
Tsunayoshi no buscaba a nadie. Ellos lo buscaban a él.
Haber sido dejado solo había dejado una marca que, por lo visto, no iba a borrarse del todo por más que se intentara.
