Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.

Fic publicado en ffl bajo el mismo pseudónimo.


Memorias de un híbrido.

Sengoku

Escribo este diario casi dos siglos después que fuéramos separados, antes no tenía ni el don tan desarrollado ni la fuerza para entender lo que podría pasarme... Te esperé, iba cada tres días al pozo, ansiando que tú aroma a flores silvestres emergiera de ése agujero lleno de huesos y oscuridad.

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—¡Inubestia! —Shippo aterrizó sobre su cabeza—. Miroku te necesita para un trabajo.

—Con tal...

—Regresemos en tres días. Sí bestia, ya lo sabemos —murmuró el menor rodando los ojos.

Inuyasha observó por última vez el pozo, ya había pasado allí parte de la tarde de ayer, toda la noche y gran parte de la mañana...esperando un halo de luz que desde hace casi tres años no llegaba. Quién lo conociera de antes se sorprendería en cómo no había golpeado al demonio zorro por su impertinencia, pero de todos sus amigos, era el único que lo trataba igual que siempre, a pesar de estar más huraño que nunca.

Las gemelas corrieron a su alrededor, cantando alguna bobería del momento mientras le cortaban el paso, estaba esperando fuera de la cabaña del monje, mientras el alboroto se hacía presente dentro, habían informado cosas siendo arrojadas...no entendía porqué.

—Sujeta a Takeru por favor. —Sango casi le tiró al bebé a los brazos mientras volvía dentro, a seguir peleando con el monje.

Los ojos negros del bebé lo miraron fijamente cuando esté lo tomo frente a él, como antaño hacía con cierto gato que lo odiaba. Takeru carcajeó e hizo burbujas de saliva en cuanto las orejas del híbrido se movieron, hizo ademán con sus pequeñas manitas de sujetarlas.

—¡Es necesario Sango! Se acerca el invierno, y tenemos otra boca que alimentar. —Casi podía mirar al monje con las manos frente a su rostro, evitando lo que sea que la exterminadora de lanzara.

—¡Bien! Haz lo que quieras, pero suerte en ese exterminio si Inuyasha no te acompaña. —Sus orejas se movieron ante esto último, ¿por qué no lo haría?— Gracias por sujetarlo Inuyasha, y suerte hablando con este bruto.

—Sin problemas… —farfulló siendo dejado con laspalabras en la boca.

Las gemelas corrieron detrás de su madre, que quizás iría a la cabaña de Kaede, junto con Rin para pasar la rabia, era extraño que el par peleara por algo. Cuando Shippo llegó a su lado, viendo a la mujer partir lo encontró con un par de caballos jalando una carreta…eso era nuevo. Entró en la pequeña cabaña y miró a su amigo recoger las cosas que su mujer le había arrojado, se saludaron con un asentimiento de cabeza, y esperó sentado en la entrada, con piernas y brazos cruzados a que el monje terminara.

—Ahora que Sango lo menciona, entendería que no quisieras tomar este trabajo…

—¿De qué hablas, monje?—espetó mirándolo serio.

—Este no será un viaje de tres días, Inuyasha.

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Marchamos al día siguiente.

Me quedé viendo a los lejos el árbol sagrado, sabiendo que cerca estaba el pozo. Toqué el rosario de cuentas que llevaba conmigo, que me ataba a ti, y emprendí la marcha con Miroku y Shippo que me esperaban en la carreta. La misión era un poco más complicada que algún exterminio menor de cuando buscábamos refugio en nuestros viajes, lo cuál me entretuvo, al tercer día estaba realizando inquieto quería brincar hacia el pozo, surcar los cielos para saber si habías regresado.

Cuando regresamos a las dos semanas con la carreta a rebosar de víveres y objetos de valor tú aroma no llegó a mi nariz, entristecí, ya habían sido tres años…pero yo podía seguir esperando por ti el tiempo que hiciera falta.

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En ese momento se sentía como una bestia de verdad, casi a cuatro patas mirando a sus pequeños objetivos arrojando pelotas de trapo que no le golpeaban…

—¡Tío Inuyasha esto es absordo! —vociferó la mayor de las gemelas.

—Se dice absurdo, Kaya —corrigió el de cabellos naranja rebotando la pelota en sus manos.

—Como sea Shippo —bramó la menor, sacándole la lengua.

—¡¿Cómo es que yo soy solo Shippo y él si es tío Inubestia!? —Estaba indignado.

Era cierto que, en apariencia era solo un poco más alto que las hijas de sus amigos, de ya once años, pero él era un demonio mayor que ellas, si bien físicamente crecía algo más lento le debían respeto.

—El que hayas jugado con ellas de pequeñas no ayuda —rióKohaku al llegar a ellos, quién era ya un adulto en plenitud —. Sin embargo, si ustedes dos quieren exterminar demonios y no pueden con la velocidad de un híbrido, están en graves problemas. —Colocó las manos en los hombros de sus sobrinas y se los apretó con suavidad—. A su edad yo ya estaba forjando mi arma —suspiró con pesar.

Kaya y Sayaka le dieron una mirada de reproche, y antes de que fueran a decir algo el sonido de un pequeño gon las llamó a casa con su madre, quién las llamaba a comer. Las miraron marchar rápido, y en el camino recoger a su pequeño hermano. Inuyasha sonrió un poco ante tal escena, nunca pensó que estaría viviendo remotamente en alguna aldea y en estos momentos se encontraba en una de exterminadores que estaba siendo repoblada lentamente, viajeros se quedaban por la fortaleza que dicho lugar representaba, y más con los rumores de que la mayoría del equipo que derrotó a Naraku se había mudado a dicho lugar, suponían era seguro.

Él no lo había hecho, solo estaba de visita.

—Keh, dudo esas niñas vean una amenaza real en sus vidas. —Tronó sus dedos mientras estiraba su cuerpo de la postura que había adoptado.

—Bueno Inuyasha, ustedes se encargaron de eso al acabar con Naraku —recordó el joven, mirando de repente al cielo, el mitad bestia movió la nariz con molestia—. Dudo sea para mí, así que me retiro.

Una bola de luz aterrizó fuera de la fortaleza, lo cual le sorprendió, Inuyasha fue al encuentro del demonio un tanto inquieto, ¿por qué estaría buscándolos? Su único interés estaba en la aldea de Kaede, muy lejos de donde se encontraban en este momento. Cuando llegó lo miró sacar una carta de sus ropajes, y se la extendió.

—Te la manda Rin —fue la única respuesta que obtuvo antes de volver de nuevo al cielo.

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Si sentí alarma esa vez, y mucha frustración, cuando fui donde Miroku leyó la carta en voz alta…era Kaede, la muerte estaba tocando a su puerta, y Rin pedía que fuéramos a verla, que ella me llamaba a mí, ¿puedes creerlo? La vieja pedía por mí. Shippo y yo fuimos primero, mientras los muchachos, supongo yo, organizaban todo para poder ir sobre Kirara.

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Llegaron de noche y la aldea estaba silenciosa, Rin los recibió con un traje de sacerdotisa y el corazón se le estrujó, la pequeña adoptó la labor de Kaede desde que Sesshomaru la dejó a su cuidado, y al parecer iba en serio, toda aldea necesitaba alguien que los protegiera espiritualmente.

—Que bien que llegaron rápido, no creo le quede mucho.

Tragó grueso cuando entró a la cabaña, el olor no le agradó, hierbas y sal, incluso supo que la anciana varias veces había evacuado encima.

—Vieja, que patético estado —farfulló el joven al llegar a su lado, sentándose para que le viera el rostro con su ojo bueno.

—Lamento no verme de veinte años luego de haber vivido tanto, Inuyasha —murmuró a penas, este movió la nariz en descontento.

—¿Para qué me llamaste, bruja? —murmuró mientras la cubría mejor con las sábanas y a ella se le hacía difícil respirar.

La mujer respiró varias veces antes de hilar sus pensamientos, viendo el techo varias veces, estirando los brazos quedamente frente a ella, volvió a enfocar su ojo bueno en él.

—Te conocí cuando conociste a mi hermana, y protegiste esta aldea…¿podrías volver a hacerlo? —Entendió la implicación en sus palabras, y mientras la vieja sacerdotisa alzaba su mano hacía el, este la tomó con pesar.

—Claro que lo haré, ¿por quién me tomas? —prometió, la vieja tomó con algo de fuerza su mano, y este la miró de nuevo —. ¿Qué ocurre, Kaede?.

—¿Aún la esperas? —Su ojo se empañó un poco ante esa mención.

—Siempre la voy a esperar, no podría ha…

—¿Aún si ella siguió con su vida mortal?

Luego que se hizo el entierro de Kaede, junto a los restos de su hermana le pidió a Rin que le enseñara a leer y escribir, tenía algunas nociones por lo que mi madre me había enseñado, pero eran unos doscientos años sin haber practicado nada en absoluto.

Durante esa semana que sus amigos se quedaron en la aldea no visitó el pozo, después de todo se quedaría en la misma a cumplir su promesa, sabía que no sería toda la vida, sino hasta que aquella época de guerras entre humanos por tierras acabara. No quería pensar mucho en lo que el "tiempo" significaba para él y para sus amigos, miró a cada uno de ellos mientras comían en la cabaña, con el rastro de lágrimas en sus rostros. Ni siquiera terminó de comer cuando salió corriendo a los límites de la aldea, y siguió más allá, muchísimo más allá.

La pequeña lápida que estaba frente a él, con flores recién cortadas le hacía doler la mirada.

—¿Todos ellos terminarán como tú, madre? —preguntó al cielo, ya sabía la respuesta.

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Hasta el día en que Kaede murió, no había pensando ni por asomo en que mi línea de vida no era similar a la de ustedes. ¡Ya habían pasado años! Yo me veía igual, pero ellos no, rastros de la edad los iban tocando, del tiempo pasando sobre ellos, y más con sus hijos creciendo. Proteger la aldea no fue difícil en sí, al menos no de los demonios, casi no habían, estaban recluidos en las montañas y bosques y el que rodeaba la aldea era mío, solo la gente de la misma entraba. Pero no fui más al pozo, no me sentía con fuerzas de admitir que, luego de más de una década habrías seguido con tu vida, ¿cómo te iba a culpar?

La aldea fue creciendo, a medida que los humanos se movían en bando para las guerras, los territorios también lo hacían, evitaban claro el de los demonios, zonas sin ley para los humanos hasta que algunos atrevidos pelotones no regresaban como escarmiento. Se corrió el rumor de una aldea protegida por un híbrido, y oh, sorpresa a veces metían a Sesshômaru en el combo, todo por qué velaba por la seguridad de la sacerdotisa de la aldea. Kaya regresó a la aldea cuando fue mayor, decía que ese lugar era más su hogar que cualquier otro, creí entender a la chica.

Admito que me volví un ermitaño, pero cuando creí verte en una de las caravanas que con los años llegó a instalarse mi corazón pegó un brinco, el olor no era el mismo ni de cerca. Supuse era alguno de tus antepasados…y cuando Rin me aseguró que la aldea estaba fuera de peligro me fui, no quería tener contacto nunca con gente que llevara tu apellido, fui cobarde, pero ya no deseaba estar ni cerca del pozo ni de ése árbol. Volvía cada par de años para cerciorarme que todo estuviera bien, para seguir esparciendo el rumor que ese bosque estaba cuidado, o maldito, ya no recuerdo.

Miroku fue el primero de nuestros amigos en dejarnos…

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Tenia el cabello recogido en una coleta, y las mangas también recogida en los codos, miraba el cielo sin luna mientras el agua de la playa lamía sus pies descalzos, a lo lejos divisó una mancha que flotaba y frunció el ceño tomando la espada que no era colmillo de su funda, para defenderse.

—¡Inuyasha! ¿Cómo puedes estar tan lejos en un mes? —exclamó el zorro al dejar su transformación de bola rosa.

—Tks, ¿qué tanto escándalo? Deberías tener un mejor medio de transporte al ser ya un zorro en todas las de la ley. —Envainó la espada al ver al ya zorro adolescente frente a él, respirando agitado, ¿duraría tantos años con esa apariencia cómo él, mucho más?

—No seas bruto. —La voz no era chillona como en antaño, sino más suave—Miroku se encuentra mal en cama, partiremos mañana.

Lo miró, con sus ahora negros ojos y mordió sus labios, empezó a andar en su forma humana a la espera que amaneciera y salir en cuanto antes, sabía que esa noche no podría dormir. A penas sintió la primera pulsación en su cuerpo aumentó la velocidad sabiendo que no se cansaría pronto…

El viaje se hizo eterno a pesar de haber llevado un par de días corriendo día y noche, casi sin descanso nada más que para hidratarse y comer cualquier libre cruda que consiguiera. Cuando abrió la puerta de la cabaña tenía la cabellera con algo de nieve, y observó cómo las mujeres lloraban alrededor del cuerpo del monje, temió hasta que escuchó un latido suave, y las gemelas le hicieron un hueco para que viera a su padre.

Miroku tenía el cabello salpicado en canas, arrugas en su rostro y estaba rechoncho como no creyó haberlo visto nunca, Sango se había cortado el cabello hace algún tiempo, pero tenía canas también, y sus hijos eran ya unos adultos, que ya tenían sus propias parejas.

—¿Tienes que esperar a que yo esté tan lejos para enfermar, libidinoso? —preguntó en cuanto lo ayudaba a sentarse y hablar cara a cara.

—Solo quería estar rodeado de mujeres hermosas, nada más. —Se rió un poco de su humor, antes de colocar una mano sobre su hombre—. Querido amigo bestia, vive.

—Estoy viviendo Miroku, ¿qué sandeces dices?

El monje negó con la cabeza suavemente, y su mirada se tornó conciliadora, como esas veces que hablaban alrededor de la fogata en sus viajes.

—Quizás sean cosas de viejos Inuyasha, pero tuve una vida plena, compartiendo con la gente que amo y quiero, incluso rodeado de la calamidad que fue Naraku, los tenía a ustedes.

»Y no me arrepiento de morir por haber tomado todo ese veneno para protegerlos, antes que la testaruda de mi mujer diga algo. Y amigo —respiró, apretando el agarre en su mano—, quiero que tengas una vida plena y no solo llena de recuerdos.

Inuyasha tomó de buena gana sus palabras, y a los días del entierro, sentía que perdía más de lo que él era. Se quedó en la aldea ese invierno, y una de las noches luego de que Sango dejará a sus nietos dormir charlaron…

—Inuyasha. —Este la miró a penas, era extraño que todos hayan envejecido tanto y él no, a penas parecía de veintidós.

—¿Qué ocurre, Sango?

—Deja de esperarla. —Su corazón se saltó unos latidos—. No te pido que busques una mujer, todos te pedimos que seas feliz, no te cierres a gente nueva.

La mujer extendió su mano, e Inuyasha la alargó para tomarla con suavidad. Con los años había dejado de ser tan huraño con sus amigos, apretó el agarre sin hacerle daño con las garras y la miró con los ojos llenos de lágrimas.

—Ya no lo hago Sango, ya no lo hago…

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n/a: tenía años sin publicar acá , y lo hago desde el teléfono, así que me disculpo por mi previo fallo al subirlo, espero ahora sí esté bien.