Disclaimer: Esta es una traducción/adaptación de la historia original de DelphiPsmith, The Price of a Memory. Todos los personajes reconocibles pertenecen a K. K. Rowling; la historia original, pertenece a DelphiPsmith.
El precio de un recuerdo.
2002- Mayo.
A veces, viéndolo desde la distancia proporcionada por los cinco años pasados, Hermione no podía creer que hiciera algo así.
Por supuesto, no había sido la única cosa éticamente dudosa que había hecho, lejos de eso, y, viéndolo desde la distancia, tal vez era seguro decir que había sido inevitable. Que, de verdad, cada una de sus acciones habían sido necesarias. No era tan difícil justificarlas.
Mentirle a la Profesora McGonagall sobre el troll, bueno, no era como si fuera capaz de traicionar a Harry y Ron, no después que le salvaran la vida, ¿no?
Y prender fuego a la capa de Severus, del Profesor Snape, había sido la única forma que encontró en ese momento para salvarle la vida a Harry.
O el forzar a los elfos domésticos a aceptar prendas… en aquél momento le había parecido que eso era lo correcto, pero aún se sentía culpable por aquella acción.
Y luego había habido otras cosas, como robar ingredientes de la despensa de Snape y preparar la poción multijugos, o capturar a Rita Skeeter y mantenerla prisionera en un frasco por semanas. Por donde se mirara, todavía era secuestro y privación de la libertad, o tal vez la oportunidad en la que guio con mentiras a Umbridge hasta el Bosque Prohibido, para que fuera capturada por los centauros, que ciertamente podrían haber matado a la mujer. Pudo haber sido homicidio. Y, aunque era una mujer horrible, no era una Mortífaga, (o al menos, no lo era aún, pero Hermione no estaba muy segura).
Pero ninguna de esas cosas se comparaba con el día en el que se encontró frente a frente con Severus Snape y simuló ser su esposa.
Y ninguna de las faltas previas a eso, la habían dejado en tan incómoda posición como en la que se encontraba en ese momento.
….
1997 – Julio.
Hermione se quedó mirando al hombre que yacía inconsciente sobre la alfombra de la sala del número doce de Grimmauld Place. No daba crédito a lo que veía. Junto a ella, Harry se veía inseguro y Ronald un poco impresionado.
"Pero… ¿dónde lo atrapaste?" Preguntó ella.
"Mejor aún, ¿cómo lo atrapaste?" Preguntó el pelirrojo, claramente impresionado con la hazaña de su amigo.
"Pura suerte." Respondió Harry con tono sombrío. "Lo encontré en Londres, lo vi antes que él me viera. Ni siquiera lo pensé, solo lo aturdí y lo traje aquí."
Snape estaba tirado en el suelo, en donde el Levicorpus de Harry lo había dejado caer. Llevaba puesta ropa muggle, unos jeans y botas negras, y la blanca camisa estaba desabotonada hasta el inicio del pecho y las mangas enrolladas. La posición en la quedó le recordaba a Hermione la forma en la que había visto el cadáver de Dumbledore, yaciendo al pie de la torre de astronomía, apenas algunas cortas semanas atrás. Asesinado por ese hombre.
El solo pensarlo, renovó con intensidad la profunda furia y la sensación de haber sido traicionada, que había sentido esa noche. La voz le temblaba cuando volvió a hablar.
"Dios… no tolero verlo."
Harry se movió incómodo. "No tenemos mucho hasta que despierte." Dijo él. "¿Qué haremos con él?"
Ronald empujó el hombro de Severus con la punta del zapato. "Sin ofender amigo, pero, ¿no debiste pensar en eso antes de aturdirlo y traerlo aquí?"
"¡No lo estaba planeando, Ron!" Se defendió Harry. "Solo… yo solo aproveché la oportunidad."
"Bueno, lo tenemos. Ahora tenemos, de alguna manera, tomar ventaja de esto." Hermione se obligó a mirar a Snape, se obligó a pensar en todas las veces en la que insistió en que Dumbledore tenía razón al confiar en ese hombre. Había sido tan estúpida…
"Lo haremos hablar, por supuesto." Dijo Harry. "Haremos que nos diga cuáles son los planes de Voldemort. Bueno, ya sabemos cuáles son los planes inmediatos, matarnos a todos, pero sería de mucha ayuda que podamos encontrar algunos datos específicos."
"¡Genial!" Dijo Ron muy ansioso. "¿Cómo lo hacemos?"
"Buena pregunta." Los ojos de Hermione se estrecharon, pensando en las diferentes posibilidades.
¿Cómo se hacía para que un tipo como Snape, alguien acostumbrado a mentir y jugar a dos puntas, un legeremante y oclumante consumado, dijera la verdad?
"¿Veritaserum?" Ofreció Ronald.
Snape comenzó a despertar con dificultad, a los pies de los chicos, y sin un segundo de duda, Hermione sacó su varita y lo aturdió de nuevo, sintiendo un lanzazo de satisfacción cuando el hombre colapsó con un golpe, inconsciente de nuevo.
"¿No recuerdan? La oclumancia puede ser usada para resistir los efectos del Veritaserum. En el momento que se dé cuenta de lo que intentamos hacer, cerrará su mente."
"Cruciatus, entonces." Propuso Harry, moviendo la mano hacia su varita y con un insano regocijo que puso nerviosa a Hermione. "Creo que lo odio lo suficiente como para lograr conjurarlo."
"Es una de las imperdonables." Le recordó la castaña y luego sacudió la cabeza. "Además, es un Mortífago. No creo que eso sea suficiente para hacerlo hablar."
Ronald frunció el ceño. "¿Qué tal poción multijugos? Como cuando nos disfrazamos como Crabbe y Goyle para hacer que Malfoy nos contara sobre el heredero e Slytherin. Podemos hacerle creer que está hablando con alguien en quien confía, como Dolohov o Yaxley."
"Y si, al mismo tiempo, le damos veritaserum, no podrá resistir porque estará con la guardia baja." Intervino Harry.
Hermione se rio con sequedad. "No creo que alguno de los Mortífagos confíe en otro. Y dudo mucho que Snape confíe en alguien."
Pero había algo en esa sugerencia que podía ser útil.
Si se las arreglaban para que a él le pareciera normal decir la verdad… o que quisiera decirla…
"Debe existir alguien a quien considere seguro para contarle sus secretos." Arguyó Ronald.
"Lástima que no tenga esposa." Dijo Harry. "Aunque claro, ¿quién querría casarse con él?"
"Dudo mucho que se sienta seguro como para hablar con alguien, al menos no mientras la guerra siga su curso." Dijo ella pensativa. Su mente se había quedado dando vueltas en el problema. Había una solución ahí, podía sentirlo.
Seguridad. Confianza.
Las piezas comenzaban a ponerse en orden.
Alguien a quien él amara.
¿Acaso se podía llevar a cabo?
"¿Qué tal si le hacemos creer que la guerra ya terminó?" Dijo ella con lentitud, pensando cada palabra con cuidado. "Que ya pasó mucho tiempo. Entonces, así, se sentiría seguro de hablar con su esposa…"
"Pero no tiene esposa." Señaló Ronald. "Y si la tuviera, me parece difícil creer que le dijera algo, eso sin pensar que le pudiera decir algo de importancia." Se rio con ganas. "¿Lo pueden imaginar? ¿Snape? ¿Enamorado?"
Hermione miró al hombre en el suelo por un largo tiempo, odiando cada oportunidad en la que había buscado su aprobación en clase. Todas las veces en las que lo había defendido. Todas las veces en las que había escuchado a sus instintos en lugar de a los hechos. Todas las oportunidades en las que había admirado su habilidad con las pociones.
Todas las veces en las que soñaste con él. Susurró una voz en su interior. Con su voz, sus ojos, sus caricias…
Apartó su mente de esos caminos.
"Puedo hacerle creer que sí la tiene." Dijo ella. "Y le puedo hacer creer que la ama."
Y si eso lo lastima más, mucho mejor.
Harry y Ron se miraron confundidos, luego la miraron a ella.
"Eeehhh… Hermione, sé que eres brillante…" Comenzó a decir Ron.
"¿…pero de qué diablos estás hablando?" Finalizó Harry.
"De lo que estoy hablando… bueno, es de un engaño, un timo. Uno grande." Cuanto más lo pensaba, más sentido tenía.
"Un poderoso hechizo de Falso Recuerdo, para hacerlo creer que la guerra terminó hace mucho tiempo, que ya está seguro. El Veritaserum lo hará decir la verdad, y un poco de amortencia le hará creer que la ama."
"¿Qué ama a quién?"
"A su esposa. A mí."
….
Luego de la predecible andanada de gritos, Hermione repitió sus argumentos una vez más. "No tenemos tiempo de ir a buscar a alguien más. Soy muy buena con los hechizos de memoria, hasta Lockhart lo dijo, y si tengo que fabricar un falso recuerdo de una esposa, es más fácil si lo hago conmigo en el rol principal. Se sentirá más real, más convincente."
"¿Cuánto tiempo creer que tengamos?" Preguntó Harry, todavía dudando del plan. "Voldemort se va a dar cuenta si el tipo desaparece por mucho tiempo."
Hermione se mordió el labio. "Probablemente, a lo mucho, un día. No creo que pueda mantener la farsa por más que eso."
"Todavía no me gusta." Dijo Ronald, amotinado. "¿Qué tan lejos tendrás que llegar para convencerlo que eres su esposa? Quiero decir, no tendrás que… ya sabes… ¿eh?"
"Oh, ¡por Circe, Ron!" Gritó ella finalmente perdiendo la paciencia. "¿Qué sugieres entonces? ¿Qué lo dejemos ir sin más? ¿Qué dejemos escapar la mejor fuente potencial de información que hemos tenido en semanas?" Inhaló profundamente y sostuvo la respiración por un momento, luego soltó el aire.
"Si alguno de ustedes tiene una mejor idea, estoy dispuesta a escuchar, pero de verdad pienso que, a corto plazo, esta es la mejor chance que tenemos."
Harry se pasó la mano por el cabello, luego la miró con inseguridad. "¿De verdad crees que vas a poder?"
Fingiendo una seguridad que en realidad no sentía, Hermione asintió.
"Sí. Ustedes dos vayan a buscar un poco de amortencia y veritaserum. Empiecen en Slug&Jiggers, si ahí no encuentran, pueden…"
"Pensaremos en algo." Dijo Ronald tranquilizador, y con un ruidito, desapareció.
Harry estaba a punto de hacer lo mismo, pero se detuvo y la miró con preocupación. "Hermione, ¿cuánto tiempo necesitarás para crear diez años de recuerdos?"
"No necesito los diez años, solo tres cosas, y son, pasaron diez años de la guerra, está seguro y soy su esposa."
Harry se puso serio. "Sobre ese asunto…"
Hermione lo cortó al punto. "Ya tengo eso resuelto. Solo ve."
No parecía convencido, pero asintió. "Está bien. Como dijiste, posiblemente sea nuestra mejor opción a corto plazo." Miró al Snape que seguía inconsciente en el suelo. "Solo… vigílalo mientras no estamos, ¿de acuerdo?"
…
Hermione no había esperado que crear un falso recuerdo pudiera ser tan cansador.
Había leído al respecto, e incluso había practicado parte del proceso, pero la realidad era que demandaba mucha concentración y enfoque. Con justa razón había habido evidentes señales de alteración en los recuerdos, editados, de Slughorn, sobre Tom Riddle y sus conversaciones sobre los Horcruxes.
Hermione solo podía tener la esperanza que, como eran recuerdos totalmente inventados, no mostrarían ninguna evidencia de haber sido manipuladas. Por suerte, como establecerían la escena en el futuro, no abrían recuerdos superpuestos, así que no había peligro que alguno resurgiera por accidente. El paso final sería transferir los nuevos recuerdos en la mente de Snape, usando el hechizo de recuerdos falsos, que ya de por sí, era bastante rebuscado.
Para cuando terminó, estaba molida de cansancio, y Ron se sobresaltó al verla, cuando regresó con un frasco de amortencia. Harry llegó unos minutos después.
"Te ves como una jodida inferi." Dijo Harry, entregándole el vial con la poción.
"No te preocupes por mí." Le echó una mirada a Snape, quien no se había movido después de un tercer aturdidor. Esperaba que siguiera con vida, y que el falso recuerdo se hubiera implantado apropiadamente.
"Tendrá un dolor de cabeza monumental cuando despierte. Ahora, lo que necesitamos es un lugar apropiado." Añadió la castaña en medio de un bostezo, mientras se sentaba en el sofá. "Una casa, un departamento, algo. No podemos hacerlo aquí. Él conoce bien este lugar y no tendría sentido para él vivir aquí si somos matrimonio."
"¿Qué clase de lugar?" Preguntó Harry.
Era una buena pregunta. ¿Qué clase de lugar sería creíble para ser el hogar del matrimonio Snape?
"Un lugar pequeño. Acogedor. Y debe estar aislado. No queremos que nadie se aparezca por casualidad."
Ron bufó de mala gana. Era evidente que aún no estaba de acuerdo con el plan.
"Shell Cottage." Dijo a su pesar.
"¿Qué es Shell Cottage?"
"La casa de mi tía, en la costa de Cornualles. Bill y Fleur irán ahí después de la boda, pero ahora está vacía. Es perfecta…"
…
El corazón de Hermione latía como loco y se sentía como si fuera a vomitar.
¡Dios! Esto iba a ser muy difícil.
Simular que amaba a ese hombre. ¡Ese hombre! La persona que había matado a su más fuerte aliado, su más poderoso protector. El sujeto que la había forzado a convertirse en una huérfana. El hombre que los había traicionado en cada forma posible.
Un Mortífago.
Y, aun así, y si era totalmente honesta consigo misma, una parte de ella todavía quería creer en él.
Dumbledore había estado tan seguro, tan confiado, y no había sido un hombre fácil de engañar. Y lo que era peor, había algo en su corazón y su mente, que le decía que había algo que faltaba. Como una pieza de rompecabezas que se pierde y que necesitas para que el conjunto final tenga sentido.
Pero, ¿cómo se podía explicar satisfactoriamente el homicidio? Hermione no podía imaginarlo.
Bueno, ahora solo quedaba ir hacia adelante.
Corrió las cortinas del pequeño dormitorio de Shell Cottage, dejando que la luz de la tarde inundara la habitación.
Se abre el telón. Pensó la chica con amargo humor.
El hombre en la cama gimió gravemente cuando la luz le iluminó el rostro, y movió su cabeza lejos del resplandor. Ella puso con suavidad, la mano sobre la frente de él.
"¿Estás bien, amor?"
Severus abrió los ojos una fracción y trató de enfocar la mirada en ella.
"¿Hermione?" Dijo él, con la voz ronca.
"Ten, bebe esto." Hermione le acercó un vaso a los labios, cuidando no derramar ni una gota. No quería arriesgarse a que alguna de las dos pociones fuera demasiado poco.
Él batalló para alzar lo suficiente el cuerpo como para poder beber.
"¿Qué es esto?" Masculló él con los labios secos y partidos. "Huele como tu cabello…"
"Es solo una poción para que recobres fuerzas. Bebe."
Lo cierto era que no había tenido tiempo suficiente como para investigar si la combinación de Amortencia con veritaserum tenía alguna clase de efecto interactivo. Esperaba que no.
Severus bebió ansiosamente, como si no hubiera bebido nada en semanas, luego se volvió a recostar y cerró los ojos.
"Cielos… siento como si me hubiera atropellado una estampida de centauros."
Ella puso el vaso sobre la mesita de noche, observando al hombre con cuidado.
"Has estado enfermo, Pro… Severus." Dijo ella, saboreando la incomodidad de llamarlo por su nombre. "Los sanadores dicen que puedes haber perdido la memoria."
El hombre se llevó la mano a la frente y la frotó. Era claro que sentía dolor.
"¿En serio?"
Severus abrió los ojos, con una expresión confundida, para mirar vagamente a su alrededor.
"¿Dónde estamos, Hermione?"
"En nuestro hogar." Contestó ella. Estaba titubeando, pero se repuso y tomó las riendas. "¿Sabes quién soy?"
Si el hechizo de recuerdos falsos había fallado, tendría que pensar en algo muy rápido. Pero él la estaba llamando 'Hermione' y no 'Srta. Granger', así que eso era una buena señal.
"Mi esposa." Murmuró él. Giró la cabeza para sonreírle. Los oscuros ojos se veían enormes y confiados, y ella se dio cuenta que nunca antes lo había visto sonreír. Lo había visto hacer gestos de desdén, sí, pero nunca una sonrisa franca, una real, como si de verdad estuviera feliz.
Se vio forzada a aplastar la pequeña cabeza de la culpa que comenzaba a aparecer.
"Lo mejor de mi vida… recuerdo eso… pero…" Se puso serio de repente, y Hermione vio que la incomodidad se derramaba en su rostro.
"No recuerdo nada más. Ni siquiera nuestra boda. Todo está… en blanco. No están. Hermione, qué…"
"Shhh…" Dijo ella con serenidad, acercándose para acariciarle el cabello. "No te preocupes. Los sanadores creen que la pérdida de la memoria es como un efecto secundario latente de algo que te ocurrió en la guerra. Sé que ha pasado tiempo…" Ella se quedó callada con el único propósito de ver si las últimas piezas del hechizo estaban en su lugar.
"Diez años." Dijo él, y ella sintió una oleada de alivio, mezclado con el orgullo ante sus propias habilidades. Pero entonces, él frunció el ceño otra vez, ahora con más intensidad.
"Pero… ¿por qué no puedo recordar nada?" Sus labios se movieron sin articular palabra por unos instantes, pero luego, tomó una inhalación apresurada y la miró con expresión ansiosa y preocupada.
"Harry." Dijo urgentemente. "¿Está Harry…?"
"Él está bien." Respondió ella confundida. "Harry está bien."
Él dejó escapar un suspiro de alivio, y ella vio que la tensión abandonaba el cuerpo del hombre.
"Entonces… Dumbledore estaba en lo correcto, después de todo. Temía que… no le creí. Gracias a todos los dioses que ganamos. No sé qué hubiera hecho si perdíamos…"
¿Estaba hablando en plural? El recuerdo falso que había implantado en su mente mostraba con claridad que Voldemort había sido vencido. ¿Es que Snape se estaba poniendo en el lado ganador? ¿De su lado? ¿De Harry? ¿Y qué significaba eso de Dumbledore estando en lo correcto? ¿No era que Dumbledore siempre estaba en lo correcto?
"Es tan raro no tener recuerdos de tantos años." Murmuró, ignorante de la revolución interior que sus palabras habían causado.
"Los sanadores podrían estar teniendo razón, ¿sabes? Merlín sabe que fuimos expuestos a cada maldición y hechizo tóxico conocido, y pasamos años inmersos en magia oscura." Un espasmo de dolor cruzó su rostro. "Eso sin mencionar las regulares dosis de crucio, entre otras delicias."
Hermione inhaló de pronto y habló antes de pensar. "¿Usaba el crucio en ustedes? ¿En sus propios seguidores?"
"Oh, sí. Se puede decir que lo veía como un pasatiempo." Dijo Severus con un gesto de desagrado. "¿Es que nunca te conté?" Estiró una mano para tomar la de ella, y como Hermione estaba demasiado impresionada aún por lo que le había dicho, dejó que la tomara de la mano. Severus tenía la mano cálida y los dedos largos y fuertes. El pulgar acariciaba el dorso de su mano, desencadenando sensaciones confusas.
Distraída por las caricias, le tomó un rato entender las palabras del hombre, y para darse cuenta que había abierto la puerta que necesitaba.
"No," Comenzó a decir ella. "Nunca me contaste nada de eso. Y nunca pregunté, pero creo que es tiempo que lo hagas."
Severus apretó un poquito la mano de ella. "Si nunca te conté, debió ser por una buena razón. Hermione, alguna de las cosas que tuve que hacer durante la guerra… no sé si alguna vez puedas perdonarme."
"Severus, los sanadores creen que la pérdida de memoria puede estar conectada a un evento o acción específico de tu pasado. Si podemos identificar cuál es tu último recuerdo, podríamos encontrar el quid de la cuestión. ¿Puedes decirme qué es lo último que recuerdas?"
Severus se frotó las sienes. "Estaba en Londres… buscando… algo… no recuerdo qué. Voldemort me envió… era verano…"
Se notaba que estaba haciendo un esfuerzo por recordar, y Hermione esperaba que sus recuerdos falsos no hubieran sido sobre escritos sobre alguno de los recuerdos reales que necesitaba con tanta desesperación.
"Me convertiría en Director de Hogwarts en algunas semanas…"
"¡Director!" Hermione se tuvo que obligar a tragarse las furiosas palabras que intentaron pasar por sus labios, luego, abruptamente, se puso de pie y fue a mirar por la ventana, dándole la espalda al hombre en la cama.
Director… ¿reemplazando a Dumbledore? ¿Al hombre que había matado? ¡Imposible!
"Ya veo…" Dijo él, finalmente, con la voz casi inaudible. "Nunca te conté esa parte tampoco, parece." Era una abierta declaración, no una pregunta. "Hermione, mi amor, lo siento tanto. Nunca quise lastimarte, en especial después de tanto tiempo."
Ella sacudió la cabeza, sin poder confiar en su propia voz.
¡Estaban planeando poner a Severus Snape como director de la escuela!
Y aun sabiendo que ahora era doblemente importante que averiguara más, no podía voltear y mirarlo a la cara. Aún no. El fresco viento del océano entraba por la ventana abierta y aliviaba el calor que sentía en las mejillas. Tomó algunas largas y lentas inhalaciones para tratar de calmarse.
Escuchó que él se movía a sus espaldas, los pasos que se acercaban a ella. Lo sintió de pie justo detrás de ella. Un segundo después, los brazos de Severus la envolvieron y ella se puso rígida, y él la soltó de inmediato.
"Siempre temí que esto pudiera pasar." Dijo él con voz queda, después de un largo silencio. "Te he amado por tantos años, desde antes de poder vocalizarlo, y cuando entendí lo que sentía, temí que, si supieras todos de mí, todo lo que hice, te perdería." Emitió un suave gemido. "Pero dijiste que los sanadores creen que algún evento de mi pasado puede contener la clave para recuperar la memoria, y Hermione, haría lo que fuera para recuperar los recuerdos de nuestros años juntos."
Hermione tomó una bocanada de aire y se volvió para mirarlo. Gracias a Circe por la amortencia. Las cosas no estaban yendo como había pensado, pero no importaba. Todo lo que importaba era averiguar lo que él sabía. Lo que planeaba Voldemort.
"Está bien. Entonces, cuéntame todo."
La desesperación se hizo evidente en el rostro de Severus, y Hermione sintió una malévola sensación de satisfacción al pensar lo muy herido que se sentiría cuando sus esperanzas fueran destruidas. Nada de lo que pueda decir ese cretino haría que cambiara de opinión.
"Solo te pido una cosa, antes que empecemos." Dijo él. "Por cada cosa que te cuente, ¿me contarás algún recuerdo nuestro? ¿De nuestra vida juntos? Un intercambio. Algo que tú no sabías por algo que no puedo recordar. ¿Por favor?"
¿Qué iba a preguntar? ¿Sería capaz de darle alguna respuesta convincente? "¿Por qué haría un trato así contigo?" Demandó ella, tratando de ganar tiempo. "Eres tú el de los secretos vergonzosos."
Él se sonrojó ante la respuesta, pero contestó con calma. "Porque, Srta. Granger," dijo él con su mejor voz de Profesor de Pociones, "tú crees en la justicia. Si los sanadores no pueden recuperar mis recuerdos, y tú me dejas, tú habrás descubierto todo sobre mí, pero yo… yo… no tendré nada. Ni siquiera mis recuerdos." La voz del hombre se quebró en las últimas palabras, y fue eso lo que inclinó la balanza.
…
Se sentaron uno frente a otro en la mesa de la ordenada cocina de Shell Cottage, bebiendo un poco de té.
Hermione sintió que sus sentidos se habían afinado al máximo. Era como una obra de teatro improvisada, nunca sabiendo lo que iba a decir el otro. Pero podía guiar la conversación en la dirección correcta. El Veritaserum le daría lo que necesitaba.
"¿Dónde comenzamos, amor?" Preguntó él con simpleza.
Severus tenía las manos alrededor de la taza de té, como si estuviera disfrutando del calor que emanaba. Sus ojos nunca abandonaron el rostro de Hermione.
Aun sabiendo que era la poción la que provocaba esa conducta, las palabras afectuosas y la cabal confianza que depositaba en ella, provocaron en Hermione, sensaciones difíciles de ignorar o suprimir.
Dónde, la verdad. Necesitaba hacerlo hablar de lo que Voldemort tenía pensado para el futuro, no de lo que ya había hecho. Pero claro, para Severus, todo estaba en el pasado, así que era un juego limpio.
"La muerte de Dumbledore." Dijo ella por fin.
El recuerdo era muy reciente aún. Tan solo unas semanas habían pasado, lo suficientemente fresco como para que aún estén a tiempo de descubrir cuáles eran los pasos siguientes en el plan de Voldemort. Y era una cuestión que la estaba comiendo por dentro.
Severus se pasó una mano sobre el cabello. "¿Estás segura que no quieres comenzar con algo menos doloroso? ¿Por qué acepté la marca tenebrosa? ¿Por qué fui tan cruel con Harry por tantos años y, aun así, le salvé la vida, por lo menos, dos veces?" Hizo una pausa, luego sus labios se curvaron levemente hacia arriba. "¿Cuándo me di cuenta que te amaba?"
Hermione se las arregló para sonreírle también. Una esposa sentiría curiosidad por algo así, después de todo, pero negó con la cabeza. Sentía que el tiempo se le terminaba. La amortencia podía durar por días si no se administraba el antídoto, pero el veritaserum tenía una vida útil mucho más corta.
"¿Por qué…?" Tragó salivar, incapaz de pronunciar las palabras. "¿Por qué lo hiciste?"
"Porque él me dijo que lo hiciera."
Ella se quedó pasmada. Lo miró. Era imposible. De todas las respuestas que había considerado y rechazado, ninguna había sido esta.
"No te creo."
Él miró su taza de té y la movió un poco. "Esa es, por supuesto, la respuesta corta. La respuesta completa, lo que haría que las cosas tuvieran más coherencia, requiere que retroceda un poco más, hasta el verano previo al hecho."
Ella asintió con aturdimiento. No necesitaba saber sobre el pasado, necesitaba saber lo que venía, pero entonces, si lo que estaba diciendo, era verdad, entonces…
"Continúa."
"Narcissa vino a verme al final del verano, con una petición. Voldemort había encomendado a Draco una tarea, que, si no llevaba a cabo con éxito, costaría su vida."
Hermione tragó en seco. "Pero es…" Se corrigió sobre la marcha. "Solo era un niño."
"No más niño de lo que tú eras." Le recordó Severus. "Y su posición como hijo de Lucius, significaba que recibía más atención de Voldemort que los demás." Puso especial énfasis a la palabra atención, y Hermione se estremeció al imaginar la forma de atención que pudo haber sido. "Creo que el Señor Tenebroso quería que fallara. Asesinarlo hubiera servido como castigo para Lucius, por haber fallado en recuperar la profecía en el Departamento de Misterios."
Castigar al padre asesinando al hijo. Hermione apenas era capaz de imaginar qué clase de mente enferma podría concebir un plan de esa magnitud con tan alegre maldad. "¿Cuál era esa tarea?" Susurró la chica.
"Matar a Albus Dumbledore." Respondió Severus. "Pero seguro ya habías adivinado eso."
Los eventos de los meses pasados se reprodujeron en el cerebro de la castaña.
El collar embrujado, el licor envenenado.
Las palabras de Draco hacia Dumbledore en la Torre de Astronomía, escuchadas por Harry.
¡No necesito su ayuda! ¿¡No lo ve!? ¡Tengo que hacerlo! Tengo que matarlo… o ¡él me matará a mí!
Todo eso había sido ensombrecido por el absoluto terror de ver a Dumbledore muerto, pero ahora, viendo hacia atrás, Hermione entendió que todo tenía sentido.
"Narcissa me pidió tomar un juramento inquebrantable para proteger a su hijo: lo ayudaría y llevaría a cabo su tarea, en caso que él no pudiera hacerlo, con la esperanza que Voldemort fuera… indulgente." Continuó Severus.
"Hubiera hecho el juramento de cualquier manera, para poder persuadir a Draco de abandonar la tarea y dejar que yo lo hiciera, pero Albus no tenía ninguna intención de dejar a Draco que lo matara. Estaba preocupado por el alma del muchacho." La voz de Severus tomó un cariz amargo. "La mía, aparentemente, no tenía importancia, así que me escogió como su ejecutor."
Al observar el dolor en el rostro de Severus, Hermione de pronto, vio a Dumbledore bajo otra luz. ¿De verdad había sido tan insensible? ¿Tan proclive a usar a las personas? ¿A tratarlas como herramientas con tanta frialdad?
"Severus…" Hermione estiró su brazo y puso una mano en el brazo de él.
Él le sonrió débilmente y puso su propia mano sobre la de ella. "Al final, no hubiera tenido importancia." Siguió diciendo. "Albus ya se estaba muriendo."
Sorprendida, Hermione farfulló lo primero que le vino a la mente.
"¿Qué quieres decir? ¿Cómo que ya estaba muriendo? ¿De qué?"
"De pura arrogancia." La boca de Severus se torció con amargura. "Trató de ponerse el anillo de Marvolo Gaunt, pensando que podría dominarlo. Quería ser capaz de usarlo." Encogió los hombros. "No sé en qué estaba pensando."
"Harry nos contó." Dijo ella, recordando.
El anillo, Harry. El anillo de Marvolo. Y tiene una terrible maldición. Si no fuera, y perdonarás mi falta de modestia, por mis prodigiosas habilidades y las acertadas acciones del Profesor Snape, cuando regresé a Hogwarts, desesperadamente herido, no hubiera sido posible que contara el cuento…"
"Pero… pensé que lo habías salvado."
"No." Dijo Severus, moviendo una mano para calentar su té. Tomó una gran inhalación. "Fui capaz de retardar el progreso de la maldición, pero no pude detenerla. Él sabía que estaba muriendo, viejo zorro como era, pero arregló su muerte para que Draco preservara su alma, no tuviera que sufrir una muerte dolorosa y para cementar mi posición como la mano derecha del Señor Tenebroso. Y yo… acepté."
La mente de Hermione se llenó con las imágenes de Severus, con la varita apuntando a Dumbledore, ambos envueltos en la horrible luz verde de la maldición asesina. Al escuchar la voz quebrada de Severus, lo miró a los ojos. Los ojos del hombre mostraban desolación, y su rostro mostraba líneas de dolor y fatiga.
"Severus… por favor…" Murmuró ella, y él la miró, sorprendido. "Esas fueron las últimas palabras que te dijo. Pero no estaba suplicando por su vida, ¿verdad?"
Severus negó con la cabeza con un cansancio que estrujó el corazón de Hermione.
"No. Me estaba pidiendo que cumpliera con mi promesa." Se frotó el rostro con la mano. "¿Y sabes por qué dudé?"
"¿Por qué?" Susurró ella, queriendo y no escuchar la respuesta.
"Por ti." Levantó la mano de la chica y besó el dorso, luego la giró y depositó un suave beso en la palma, y ella no pudo suprimir el intenso estremecimiento que le recorrió la columna.
"Tú confiabas en mí, Hermione, a pesar de todo. Las persistentes dudas de Harry eran obvias, entendibles, supongo, teniendo en cuenta nuestra historia personal, pero Albus me dijo que tú nunca dudaste. Tu fe en mí pudo haberse construido sobre la confianza en él, pero, aun así, me aferré a eso como a una balsa en el océano." Cubrió la mano de la joven con las dos suyas y apoyó la frente sobre ellas. "Cuando me dijo que debía ser yo quien lo matara, lo más difícil fue imaginar la repulsión y el odio en tus ojos al mirarme. El saber que me odiarías. Y que era posible que nunca tuviera la oportunidad de explicarte."
Se quedaron en silencio por largos momentos. Hermione daba vueltas en su cabeza todo lo que le había dicho. De alguna enfermiza manera, tenía sentido. Siempre habían sabido que Dumbledore hacía planes dentro de otros planes, que había callado información, de acuerdo a algún esquema interno propio. Habían confiado en que hacía las cosas con las mejores intenciones, pero, ¿Qué tal si habían estado equivocados?
Se quedó mirando al oscuro hombre que aún descansaba la frente contra sus manos. Le sostenía los dedos con tal fuerza, que podía sentir el pulso de sus propias manos en las suyas.
"¿Nunca te conté todo esto?" Preguntó él y ella sacudió la cabeza. "Desearía recordar por qué." Aflojó la presión en la mano de la joven y comenzó a masajearle los dedos con suavidad. "¿Me perdonas?"
La pregunta, formulada con tanta calma, dejó ver a Hermione la súplica que la teñía.
Ella inhaló profundamente y dejó salir el aire con lentitud. "Si." Pero, si Dumbledore había estado tan dispuesto a utilizar a Severus, ¿cuáles serían sus planes para Harry? ¿Acaso había creído que los fines justificaban cualquier medio?
"Pero, hay más, ¿verdad?"
Él la miró a los ojos. "Ah, pero ahora es mi turno." Dijo Severus con una risita, y ella pudo ver que un poco de la desesperación que había marcado a su rostro, desaparecía. "Quiero saber algo."
"¿Qué cosa?"
"Dime…" Hizo una pausa, pensando. "Sobre nuestra primera cita. ¿A dónde fuimos? ¿Qué hicimos?"
Ella se quedó mirándolo, con la mente por completo en blanco. ¿Qué, en el nombre de Merlín, se suponía que iba a decirle? Él la miraba con expectación, así que ella soltó lo primero que se le ocurrió.
"A Madam Puddifoot's."
Las cejas de Severus se alzaron tanto que casi se le salen de la cara. "Estás bromeando. No. Si estuvieras bromeando hubieras inventado algo más plausible." Sacudió la cabeza. "¿Por qué, en nombre de Merlín, iríamos allí?"
Ella abrió la boca, rogando desesperadamente por alguna inspiración divina. "¿Porque nadie esperaría vernos allí?"
"Bueno, ciertamente no puedo discutir ese punto. ¿Te invité yo o lo hiciste tú?"
"Oh, fuiste tú. Era demasiado tímida como para atreverme a invitar a mi ex – profesor." Jugueteó ella, comenzando a disfrutar del juego. "Y fuiste bastante insistente. En tu nota, escribiste, 'Esta lechuza no traerá otra respuesta que no sea sí.'"
"Hmmm… eso sí suena a mi arrogancia, ¿no? Imagino que solo me aterrorizaba que dijeras que no, nunca me hubiera recobrado de eso." La calidez en su mirada le recordó a Hermione que todavía se estaban sosteniendo las manos, y ella rio nerviosamente. "¿Qué llevaba puesto?"
Bueno, eso era más fácil de responder. "Tu ropa habitual, la de clases." Dijo ella al punto, incapaz de dejar de sonreír.
"¿No me puse algo mejor?"
"Oh, no, tu ropa de siempre."
¿No había pensado muchas veces en desabotonar esa levita, como si estuviera abriendo un regalo? Su mirada se deslizó sobre la camisa que llevaba puesta, que estaba desabotonada en el cuello. De verdad se veía muy bien con ropas muggle…
"Esa que tiene todos los botones." Dijo él con lentitud y ella se enrojeció. El aterciopelado tono de voz de Severus, sugería que sabía exactamente lo que ella pensaba. "Ya veo."
Aturdida, comenzó a farfullar, adornando la historia un poco más. "Estabas sentado en una mesa en la parte de atrás, esa esquina debajo del perico de peluche, y tenías flores. Un ramo de girasoles. Y to dije, 'hubiera esperado eléboro o belladona', y tú contestaste…" Hizo una pausa. "Dijiste, 'creo que ya ha habido suficiente de sombras oscuras en nuestras vidas, ¿no te parece?'"
Él se rio. "Me avergüenzo de mí mismo. Hubiera esperado mejor comida, y un lugar en donde pudiéramos beber vino, pero debemos hacer concesiones por juventud e inexperiencia, supongo. Y mi padre no fue lo que se pueda llamar un modelo en el tratamiento hacia las mujeres."
Algo en su voz, como un viejo dolor, atrajo la atención de Hermione. Siempre se había preguntado cómo había sido su niñez, preguntándose el porqué de tanta amargura. "Nunca conocí a tu padre."
"Desearía que nunca hubiera conocido a mi madre." Dijo con sorpresiva vehemencia. "Él no era… no era un hombre agradable. Era infeliz, tal vez, pero eso no es excusa para golpear a una mujer. O a un niño." Añadió en voz baja.
Hermione, entonces, tuvo la repentina visión de un Severus niño, escondiéndose tras una puerta, tratando de bloquear los sonidos de una paliza que no podía detener, y su corazón se condolió por eso.
Pero había más que necesitaba saber. No estaba segura de querer hacerlo, pero era necesario.
"Es mi turno."
"Está bien." Dijo él. "Has cumplido con tu parte del trato hasta ahora."
Ella pensó un poco, sobre cómo encarar la pregunta.
"¿Qué planeaba Voldemort luego? ¿Y cuál sería tu parte en el asunto?"
"¿Acaso importa, amor? Ya terminó. Estamos seguros. ¿No podemos obviar esa parte?"
"Pero prometiste contarme." Le recordó ella con suavidad.
"Es cierto." Asintió él. "El plan de Voldemort, por supuesto, era matar a Harry Potter. Ninguno de los dos puede vivir si el otro sobrevive. Mi parte, de acuerdo a su visión, era llevarle al muchacho. Yo, por supuesto, creía que mi parte era la de proteger a Harry, y brindarle información a Albus sobre las actividades de Voldemort y los mortífagos." Se puso de pie y fue a pararse frente a la ventana, observando el paisaje. Ella tuvo la sensación que él no quería ver su expresión cuando le contara. "Cuando Albus me confirmó que solo había estado ayudándolo a criar a Potter como un cerdo para el matadero, y que mi parte era la de asegurarme que Voldemort lograra su objetivo, casi lo mato en ese mismo momento."
Fue como si sus palabras la dejaran petrificada.
No podía hablar.
Él seguía con la mirada perdida en la soleada playa y las aves. Hermione podía escuchar a las gaviotas a lo lejos, como si estuvieran a millas. Finalmente, Severus se dio la vuelta, y viendo la expresión en el rostro de la joven, se puso de rodillas frente a ella, tomando ambas manos entre las suyas.
"Hermione, no entiendo." Dijo él, con la voz llena de impotente preocupación. "¿Por qué te pones así? No recuerdo lo que pasó, pero dijiste que Harry está bien. Lo que fuera que Albus tenía en mente, debió funcionar."
Las palabras de Severus apenas podían entrarle en la cabeza. "Un cerdo para el matadero." Tuvo una repentina visión del cuerpo de Harry, destrozado y bañado en sangre. ¿De qué estaba hablando? ¿Qué pudo haber querido decir Dumbledore? No iba a sacrificar a Harry, ¿o sí? Sacudió la cabeza, en muda negación.
"No entiendo."
"Yo tampoco, pero acepté hacer lo que me pedía." La miraba fijamente con esos ojos oscuros, intensos, inciertos. "Albus fue un manipulador que gustaba de las intrigas, pero nunca dudé de su objetivo final, o de su habilidad o experiencia. Me dijo que, cuando llegara el momento apropiado, y solo en ese momento, le daría la información a Harry que lo ayudaría a vencer a Voldemort."
Ella batalló con las lágrimas que amenazaban con caer. "Y tú crees que… "Se corrigió antes de seguir. "Pensaste que, de alguna manera, iba a funcionar."
Él asintió, sin notar el error de Hermione. "Sí. No tenía elección. Es que, verás, sabía cuál era precio que pagaríamos si perdíamos."
Ella recordaba lo que había escuchado de la primera guerra mágica. Todas esas torturas, esas muertes. La madre de Harry, los hermanos de Molly Weasley, los padres de Neville, enloquecidos como resultado del uso del cruciatus.
"¿Qué era lo que debías decirle a Harry?" Susurró finalmente, observándolo con cuidado, en busca de algo que pudiera darle alguna pista. En quién confiar, en qué creer. Esperando que, fuera lo que fuera, le pudiera decir a Harry ella misma, y juntos darían con alguna solución a este terrible problema.
Severus acarició la mejilla de Hermione. "Todo." Dijo con simpleza. "En el momento oportuno, para que pueda hacer lo que es necesario."
Y con eso, Hermione entendió que no había nada que ella pudiera hacer. 'Ninguno puede vivir si el otro sobrevive.' Porque una vez que Harry supiera que su vida era el precio a pagar por la derrota de Voldemort, no dudaría. Entregaría su vida, estaba segura. Sin duda, Dumbledore sabía eso también.
No tenía los conocimientos necesarios para cambiar esos hechos, para reparar la línea. Cualquier cosa que hiciera, empeoraría los eventos. Y ella también sabía cuál era el precio de la derrota.
Recordó lo que sabía de los Mortífagos. Su crueldad. El placer que sentían al infligir dolor y tormento y muerte. Imaginó campos de prisioneros, en donde los muggles fueran esclavos, y las plateadas máscaras de los mortífagos ocultaran el insano regocijo de los portadores, ante los gritos de un niño muggle en medio de la agonía de un crucio. ¿Qué clase de sacrificios eran necesarios para prevenir semejantes atrocidades?
"Mi amor… por favor…" Los brazos de Severus la envolvieron y ella pudo sentir sus labios en su cabello, sosteniéndola con fuerza mientras ella sollozaba, sin hacer preguntas, simplemente ofreciéndose para confortarla, a pesar que ella sabía que era una mentira, pero, aunque fuera por muy poco, se permitiría recibir el solaz que ofrecía su amoroso abrazo.
…..
Más tarde, mientras se acurrucaba en el sillón del dormitorio, a la espera que él se durmiera, alzó la mirada para verlo yaciendo de lado, observándola. Sus ojos se veían todavía más oscuros en la penumbra, y su rostro se veía… en paz. Nunca lo había visto así, relajado, sin esa permanente máscara de furia y amargura.
Ahora entendía un poco mejor la terrible presión en la que había vivido por tanto tiempo, y por primera vez, se preguntó si él sobreviviría a la guerra.
"Eres tan hermosa." Susurró él. "Hay tantas cosas que quiero decirte y no puedo."
Ella se sonrojó y desvió la mirada. "Duerme, Severus."
"¿Te recostarás conmigo hasta que me duerma?" El deseo en su voz era evidente. "En caso que ya nunca pueda recobrar mis recuerdos, las memorias del amor que compartimos en el pasado, al menos me gustaría conservar uno, la última noche contigo a mi lado."
La garganta de la castaña se cerró como un cepo y sentía que iba a echarse a llorar en cualquier momento. Por un momento, casi dice que sí, ¿por qué no darle, aunque fuera solo una noche a su lado? Y si fuera real, de verdad, ella habría aceptado, pero quería más que un mero simulacro de amor de su parte.
"Yo… no… es mejor si no. Descansarás mejor si mí dando vueltas sin parar." Le sonrió lo mejor que pudo. "Duerme. Estaré aquí cuando despiertes." La mentira salió con facilidad, porque sabía que eso lo tranquilizaría.
"Te amo." Murmuró el hombre y cerró los ojos.
Cuando Hermione escuchó que la respiración se hacía más lenta y tranquila, cuando estuvo segura que estaba de verdad dormido, le lanzó un aturdidor y se arrodilló a su lado, en la cama, para aparecerse en Grimmauld Place con el hombre inconsciente.
No se había dado cuenta de las lágrimas en su rostro hasta que Harry le preguntó por qué estaba llorando.
….
"¿Funcionó?" Ambos, Harry y Ron parecían estar profundamente aliviados cuando Hermione regresó, y muy ansiosos por información.
Valientemente, ella suprimió todo pensamiento de lo que el futuro les deparaba, y se enfocó en la tarea de ese momento.
"Ahora no. Debemos darnos prisa." Con impaciencia, ejecutó un rápido obliviate para quitar cualquier recuerdo de Shell Cottage y los eventos del día, luego comenzó el complicado proceso de revertir el hechizo de recuerdos falsos, y generar otro, uno de un día en Londres.
"Hermione…"
"Ahora no, Ronald." La chica estaba mental y físicamente exhausta, y no tenía tiempo para ser creativa, así que inventó un recuerdo de un almuerzo en un pub y luego una tarde en una librería de segunda mano, pensando que, al menos, podría darle a Severus un día placentero, después de tantos cientos de días miserables en su vida, que había escogido tolerar.
Hermione se volvió hacia Harry, secándose el sudor de la frente con la mano. "Llévalo de regreso a donde lo encontraste. Trata de dejarlo en una silla, si puedes, para que cuando apliques el enervate, no se preguntará por qué diablos está tendido en el pavimento."
Harry se arrodilló, y con algún esfuerzo, tomó el inerte cuerpo de Severus entre sus brazos. Miró a Ron.
"Pero Hermione…"
"¡Solo vete!" Dijo ella, pero unos segundos antes que desaparecieran, acarició disimuladamente la mejilla de Severus.
Que estés bien. Pensó la chica. Que estés bien y a salvo.
Una vez que se fueron, Hermione se dejó caer en una silla.
"Ron, ¿me podrías traer una taza de té?" Dijo débilmente. "De verdad necesito un poco de té."
El pelirrojo le dio una palmadita en el hombro. "Claro, tú quédate aquí. Pero… ¿funcionó?"
Ella asintió con cansancio, luego inclinó su cabeza hacia atrás y cerró los ojos. "Sí, a pesar de todo. Pero no obtuve mucha información, la verdad."
Solo que él está tan atrapado como nosotros. Como Harry. Como yo.
Ronald soltó el aire, aliviado. "¿Así que no importó que la amortencia fuera falsa?"
Hermione se quedó absolutamente inmóvil. "¿Falsa?" Dijo por fin.
Ronald asintió, con las orejas poniéndoseles intensamente rosadas. "La conseguí en el negocio de Fred y George." Dijo el chico. "Pensé que sería más rápido, pero mientras estabas con él, fui a buscar más, por si acaso, entonces leí la etiqueta en la caja. Tiene ese efecto de los olores, ¿sabes? Cuando hueles algo de a persona que amas, pero eso es todo lo que hace. Solo es poción para dormir sin soñar, teñida de rosa."
"¿Y el veritaserum?" Preguntó ella, casi sin aliento.
"Oh, no. Ese era de primera calidad. Lo mejor de Slug&Jiggers."
Te he amado por tantos años, desde antes de poder vocalizarlo…
Hermione ocultó su rostro con las manos y se quedó así por un largo rato, hasta que Ron le trajo una taza de té y ella tuvo que continuar.
Eso era lo único que cualquiera de ellas podía hacer.
Continuar.
…
2002
Severus había sobrevivido, por supuesto, pero ella no había hablado con él en los cinco años que siguieron, excepto por una sola vez, cuando se habían cruzado en una ceremonia del Ministerio. ¿Cómo podría hablar con él? ¿Qué podría decirle? Cuanto más de la historia salía a la luz, en los años posteriores a la guerra, el panorama que apenas había atisbado durante esa caótica tarde en Shell Cottage, tomó más cuerpo y color: los riesgos que había tomado, la voluntad de hierro que le había permitido seguir adelante, el tormento físico y mental que había soportado.
Cuanto más aprendía sobre él, sobre su carácter, mas avergonzada se sentía por lo que había hecho.
Lo había engañado, obligándolo a exponer los secretos de su corazón. Él nunca la perdonaría por eso. Lo que fuera que haya sentido por ella, no sobreviviría si se enterara de la forma en la que lo había usado. Y es que había sido utilizado por tantas personas, y que ella lo hubiera hecho también, era imperdonable. Y si no lo recordaba, no sería ella quien lo llevara a la superficie.
Estar sola no era tan malo, en realidad. Tenía su biblioteca, y en los días como ese, en el que el sol de la tarde brillaba en su pequeño jardín, Hermione se sentía lo suficientemente a gusto, aunque, ocasionalmente, se preguntaba cómo habría sido.
El reloj marcó las tres y media, cuando el movimiento de alas captó su atención. Alzó la mirada y vio a una lechuza que no conocía, que aterrizó grácilmente sobre la mesa de hierro, justo junto a ella.
El ave extendió una pata amablemente y Hermione tomó la nota con suavidad, preguntándose quién podía haber enviado la misiva.
El corazón le dio un vuelco en cuanto vio la escritura. Esa caligrafía picuda era inmediatamente reconocible, sobre todo después de haberla visto cientos de veces, comentando ácidamente en sus tareas de pociones.
Y su corazón casi deja de latir cuando desenrolló el pergamino y comenzó a leer.
Mi querida Srta. Granger,
Es posible que haya escapado de su atención, o tal vez, el estimado Profesor Lockhart, por alguna razón, no lo mencionó en sus clases de magia relacionada a los recuerdos, pero el hechizo de falsos recuerdos, así también como el obliviate, son menos efectivos en las personas entrenadas en la oclumancia y legeremancia. Las habilidades necesarias para proteger la mente sirven como una forma de barrera profiláctica, previniendo que los mencionados hechizos se adhieran permanentemente.
Y como podrá recordar, soy bastante eficiente en ambos.
Oh, Circe…
Con esto no quiero decir que los hechizos no sean del todo infectivos, por supuesto. Los falsos recuerdos y el obliviate, llevados a cabo por alguien extremadamente talentoso, pueden durar, tal vez, unos cinco años, como mucho.
Si está de acuerdo, disfrutaría mucho la oportunidad de conversar sobre esto de manera más profunda, con usted. Digamos, ¿en Madam Puddifoot? ¿Esta tarde, tal vez? ¿Cómo a las cuatro en punto?
Ay, por Circe y Hécate.
Y luego, los ojos de Hermione se posaron en la firma, más abajo.
Severus Snape.
P.D: Esta lechuza no traerá otra respuesta que no sea sí.
Ay. Por Circe, Hécate y todas las furias…
…..
Veinte minutos más tarde, Hermione entró al pequeño y excesivamente adornado café en Hogsmeade y miró a su alrededor.
Severus se puso de pie. Estaba ubicado en una esquina en la parte posterior, justo debajo del perico de peluche, y la miró directo a los ojos, desde el otro lado del lugar.
El corazón de Hermione latía con tanta fuerza que estaba segura que él podía escucharlo.
No tenía idea qué decir, pero igual tomó aire y juntó coraje, y fue hacia él.
Los ojos del hombre nunca dejaron de mirarla, aunque su oscura mirada no dejaba entrever nada, y el estómago de la chica se llenaba de ese vacío que aparece junto con la incertidumbre, al verlo ataviado con sus habituales ropas de clase, pero sus manos estaban vacías.
Se detuvo frente a él. "Severus…"
Él se inclinó y con un grácil movimiento, sacó un ramo de girasoles, atado con una cinta verde, que estaba debajo de la silla. No dijo nada, solo extendió el brazo para entregarle el ramo, y en sus ojos, Hermione pudo ver que la perdonaba, pero había algo más.
Con sorpresa, se dio cuenta que él estaba tan nervioso como lo estaba ella.
La castaña aclaró la garganta. "Hubiera esperado eléboro o belladona." Dijo la joven, sintiendo la presión en el cuello de la repentina emoción.
Él sonrió, y sus ojos eran los expresivos y dulces ojos que Hermione recordaba.
"Creo que ya ha habido suficiente de sombras oscuras en nuestras vidas, ¿no te parece?"
Y entonces, Severus Snape la besó.
N/T: Un one-shot mas. Un poco más dramático y sin cítricos, pero cuando leí esta historia la primera vez, pensé que era un escenario bastante plausible en la historia, y que hubiera sido genial que las cosas se desarrollaran así, pero bueno, soñar no cuesta nada. Espero que les haya gustado y un gracias enorme para todos los que leen, comentan o se suscriben.
Un abrazo enorme y ¡hasta la próxima historia!
