Capítulo 13: Tisis
— ¿Tyeper?— pregunto Edward, después de unos diez minutos de caminata.
Alfons suspiro —Nop, sigue siendo ruso.
Edward murmuro lo que debió haber sido un insulto.
— ¿Algo como esto te ha pasado antes?— pregunto Alfons, preocupado. Si Edward no lograba tomar las riendas y controlarlo, esto podía ser un serio problema. Estaba empezando a entender realmente porque Edward prefería tener esta información bien enterrada.
Edward pensó en ello por un momento, frunciendo el ceño, luego sacudió la cabeza, sin siquiera ya molestarse en hablar.
— ¿Tal vez si intentas hablar ingles?— sugirió Alfons, tras pensar un momento.
— ¿Pa Angliskii?— trato Edward, sin mucha esperanza en su tono.
Caminando a su lado, Alfons sacudió su cabeza —Si ese eras tu tratando de hablar ingles, entonces fallaste.
Edward rodo los ojos y se dio por vencido.
La mayor parte del día trato de decir lo mínimo posible, al punto que el resto del equipo empezó preguntarse que le pasaba. Alfons dijo que Edward había pillado una infección de garganta, y perdido la voz.
A alturas de la tarde, el hechizo parecía pasar, y a la mañana siguiente Alfons se alivio al encontrar a Edward hablando un alemán casi completamente normal, excepto por algunos lapsos de ruso de vez en cuando.
—Voy a llegar tarde a casa hoy, sevodnaya— le dijo Edward en el desayuno —Bien podría hacer uso del conocimiento sobre la luz mientras esta fresco.
Ignorando la palabra aleatoria, (Alfons tenia una buena idea de lo que se suponía que significaba) pregunto: — ¿Vas a ir a algunos cursos de ópticas?
Edward asintió con entusiasmo. —Sí. Creo que estas luces podían ser exactamente lo que estamos buscando.
Alfons sonrió, pero por dentro, se sintió un poco preocupado.
—Pasa por los laboratorios mas tarde hoy— lo invito Edward, y Alfons asintió concordando.
Fiel a su palabra, Alfons se abrió paso por el laboratorio de ópticas esa tarde, para encontrar a Edward en un rincón experimentando con luces, tubos y cables.
— ¿Recuérdame que es lo que estamos tratando de hacer?— pregunto Alfons, viendo como Edward reemplazaba la bombilla de luz por una de alto voltaje.
—Para poder construir un arreglo, tenemos que concentrarlo al punto donde podamos trabajar con ello fácilmente— explico Edward, arreglando la luz tras un set de lentes.
Cuando se encendió, la luz creo un punto bastante concentrado, pero Edward chasqueo la lengua en molestia.
—Dijiste algo sobre espejos— ofreció Alfons, tratando de recodar las palabras exactas de Edward — Y estimular los protones. No creo que unos pocos lentes van a lograrlo.
Frunciendo el ceño, Edward presiono su puño en su boca —Si supiera exactamente a lo que estaba apuntando... ¿estimular protones? ¿Cómo mierda estimulas protones? ¿Y que papel figuran los espejos?— negó con la cabeza.
Alfons miro alrededor de las cabinas ataviadas de lentes, prismas, y otros varios accesorios —Dijiste algo sobre luces coloreadas— menciono, sintiéndose bastante inútil. Realmente no sabia mucho sobre óptica.
— ¡Cierto!— Edward chaqueo los dedos — ¿Cómo pude haber olvidado eso? Claro que seria mucho mas fácil enfocar luz si es monocromática— Avanzando a los estantes, eligió un pedazo de vidrio coloreado, y lo contemplo — ¿Estas seguro que no dije nada sobre lentes? — musito, mas para si mismo que para Alfons —No... la luz debería enfocarse dentro de... dentro de lo que sea— Edward comenzó a hurgar entre los materiales apilados.
— ¿Puedo ayudar?— se ofreció Alfons.
Sacudiendo la cabeza, Edward no se giro —Nah, sabré lo que es cuando lo encuentre.
¿Edward tenia siquiera permiso para experimentar aquí?, se pregunto Alfons, sin estar seguro de querer saber la respuesta. Se quedo por un rato mas, para finalmente darle a Edward una poco entusiasta despedida.
Edward apenas lo noto irse.
— ¡Edward!— Alfons perseguía a su amigo por los pasillos de la universidad. Edward trato de pretender que no lo había notado, pero finalmente se rindió y espero a Alfons, luciendo bastante culpable.
—Hey— dijo, aparentando indiferencia.
Alfons cruzo sus brazos sobre su pecho — ¿Así que aquí es donde te has estado escondiendo? No estabas en el galpón ayer.
—No me estoy escondiendo— Edward dijo, evadiendo sus ojos —Estoy buscando cosas.
Caminando a la par de Edward, Alfons no le permitió escapar — ¡Nuestros fondos y paga dependen de nuestro trabajo! Nos estas fallando.
Edward se encogió de hombros, y los labios de Alfons se tensaron en una línea en molestia. Desde que Edward se le había ocurrido la idea de las ondas de luz, su interés en la cohetería disminuía rápidamente.
— ¿Sabias que en América, Alexander Graham Bell invento un teléfono que transmite sonido a través de ondas de luz?— pregunto Edward, con un borde de entusiasmo en su voz.
Entusiasmo que, previamente, Alfons había asociado con el trabajo con cohetes. Con un sentimiento de desazón, se dio cuenta que Edward tal vez nunca amo la idea del espacio tanto como él, y que la energía y entusiasmo de Edward venían solamente del prospecto de encontrar un camino a casa. Firmemente, hizo a un lado el irrelevante pensamiento.
—Esa no es excusa para que evadas tus responsabilidades— refuto Alfons tajantemente, y se sintió reivindicado en la ligera mirada de vergüenza en el rostro de Edward.
Adoptando su clásica Pose de Culpa, Edward tenia ambas manos metidas en los bolsillos de su abrigo, y miraba al piso mientras caminaba ligeramente encorvado.
—Perdona— murmuro —Tratare de mejorar...
Caminaron en silencio por un par de minutos, Alfons simplemente acompañando a Edward a cual sea la clase a la que se dirigía, tratando de suprimir la tos que parecía querer salir de su pecho a los arañazos. Abruptamente, Alfons se doblo tosiendo, y Edward lo miro preocupado — ¿Estas bien? — le pregunto. Incapaz de hablar por la tos, Alfons solo pudo asentir.
Finalmente el hechizo lo dejo, se enderezo y se las arreglo para darle una sonrisa tenue a Edward, manteniendo su puño fuertemente cerrado y fuera de vista así las motas de sangre no se vieran. — ¿Entonces?— cambio deliberadamente el tema — ¿Voy a verte después de esta clase?
El chico se removió en su lugar de forma culpable, y finalmente asintió —Prometo que volveré inmediatamente.
Bueno, eso era suficiente por ahora —Te veo mas tarde, entonces— dijo Alfons, y se giro para irse.
Edward lo observo por unos minutos mas, con una poco feliz y perturbada mirada en su rostro.
En su camino a casa, Alfons no podía evitar preguntarse si estaba perdiendo a Edward. ¿Se habían juntado por casualidad, como resultado de su investigación? Si la ciencia era realmente el primer amor de Edward, ¿cómo podía siquiera esperar competir con eso?
Y, pensó Alfons miserablemente, incluso si quisiera luchar por Edward, ¿cómo se suponía que lo hiciera? Si a Edward no le importaba lo suficiente como para ir a casa con él, ¿qué podía siquiera hacer?
Por supuesto, todo era temporal, de cualquier modo. Ni siquiera estaban destinados a estar juntos mucho tiempo; la única duda era si moriría antes de que Edward encontrara su camino a casa.
Alfons se forzó a apartar esos pensamientos de su mente. No tenia sentido pensar en ello. Bien podría empezar con la cena, y tenerla lista cuando Edward regresara, esperando poder convencer a Edward en realmente comerla mientras estuviera caliente.
Edward estaba extrañamente apagado durante la cena, y ocasionalmente le lanzaba a Alfons miradas contemplativas, aunque no dijo nada. Era solo cuestión de tiempo, sabia Alfons. Esto era comportamiento típico de Edward cuando algo le preocupaba. Llegaría al punto del asunto tarde o temprano.
Mientras tanto, Alfons decidió usar la oportunidad para sacar a colación lo que a él le estaba molestando últimamente —Edward— empezó, obteniendo su atención —No creo que estés siendo justo con... bueno, ninguno de nosotros a decir verdad.
A pesar de que Alfons ni siquiera se había explicado aun, Edward ya lucia culpable, como si cual fuera la acusación que Alfons iba a darle era perfectamente legitima. Aquello molesto a Alfons en algún lugar de su interior, pero ahora no era el momento para tratar el asunto.
—Mira, si quieres salir del equipo de cohetería, ¡solo dilo!— dijo Alfons, frustrado —Porque de la forma que has estado tonteando por ahí es...
— ¡No estoy tonteando por ahí!— interrumpió Edward —Aporto mi parte, ¿o no has notado que todos parecen tratarme como su regla de calculo personal, aparte del hecho de que prácticamente desarrollo los combustibles por mi cuenta?
Para Edward, "esquivar el tema", era prácticamente un arte, y Alfons parecía particularmente susceptible a ser descarrilado — ¡Nunca te quejaste sobre hacer los cálculos para todos! — pauso, dándose cuenta que este era completamente el peor ángulo por seguir, y volvió al problema original —Y eso no tiene nada que ver con el hecho de que han pasado prácticamente semanas desde que mostraste la cara por los laboratorios!
Con la comida olvidada, ambos se fruncían el ceño mutuamente a través de la mesa.
— ¡Tengo tanto derecho a hacer investigación independiente sobre algo que es importante para mi como cualquiera!— estallo Edward, gesticulando con su tenedor.
Incapaz de mantener la tristeza fuera de su voz, la respuesta de Alfons era mas una suplica que una acusación — ¿Ya no te gustan los cohetes?
Tomado por sorpresa, Edward aborto lo que sea que estaba a punto de decir, tartamudeando en su lugar: —N... no es eso...— mastico su tenedor por un segundo, pensativo, y Alfons estaba a punto de aprovechar su ventaja cuando Edward, con su expresión cambiando súbitamente, lanzo —Sabes Alfons, he estado muy preocupado por ti. El invierno casi acaba, y tu tos no mejora en absoluto. ¿Estas seguro... quiero decir, tal vez deberías ver a un doctor?
Con el aliento casi robado ante el abrupto cambio de dirección, Alfons solo se quedo boquiabierto ante Edward, mientras la realización de lo que Edward había dicho, lentamente filtraba en su consciente. Olvidando por completo su discusión previa, una horrible realidad estaba empezando a cristalizarse en sus pensamientos. Por primera vez en su vida, creyó entender la frase "se le helo la sangre en las venas". No podía ser, pensó frenéticamente. Edward tenia que saber. Cierto, nunca le había dicho a nadie; no podía costearse un buen sanatorio, y no quería ser un completo marginado, y no era tan contagioso aun, pero Edward estaba viviendo con él. ¡Debía ser claramente obvio para cualquiera!
—Y...ya se lo que tengo— tartamudeo Alfons, el corazón golpeteando desagradablemente —Pensé— trago secamente —Es tisis— se las arreglo para decir, y rezo por que el reconocimiento apareciese en la cara de Edward —Tuberculosis.
Pero Dios no parecía estar de su lado, porque Edward solo lucia inocentemente confundido, y sacudió su cabeza.
—No me suena— dijo sin compromiso —¿Es malo?
Mierda. La idea de mentir nunca se le cruzo por la cabeza —Suele ser mortal— dijo Alfons roncamente. La sangre desapareció del rostro de Edward, y Alfons aparto la vista, atormentado por la culpa —También es contagiosa— se forzó a si mismo decir —Lo juro Edward, ¡creí que sabias! ¡Pensé que no tenias miedo de contraerla, porque eres de otro mundo! ¡Lo siento!— grito desesperadamente.
Edward simplemente se quedo sentado ahí, ausente y pálido, y Alfons no sabia que hacer. Si Edward no lo sabia... eso significaba que tal vez podía contraerla.
—Déjame ver si entiendo— dijo Edward finalmente, en una voz estrangulada —Tienes esta enfermedad mortal, y es contagiosa, y tal vez ahora yo la tengo, ¡¿y nunca pensaste en decirme?!
—Todo el mundo sabe sobre la tisis— dijo Alfons miserablemente —Nunca pensé ¡te juro que no trataba de ocultarte nada! Yo solo... yo...
—Bastardo— Edward lo miraba fijo, una horrible expresión de traición en su rostro — ¿En que diablos pensabas?— grito finalmente, y Alfons volvió a encogerse.
—No podía saber...
—Cierra la puta boca— pero ahora Edward estaba alejándose de él, una mirada aturdida en su cara. No había nada que Alfons pudiera decir, y solo se quedo sentado con la cabeza gacha hasta que escucho el portazo de la puerta principal.
La muy real posibilidad de que pudiera terminar siendo responsable de la muerte de Edward se apodero de su mente. Por primera vez en su vida, Alfons deseo que este mal solo pusiera manos a la obra y lo matase. Mejor desaparecer a que Edward (su Edward, quien lo amaba, o al menos había) muriera por la enfermedad.
La auto compasión se unió abruptamente a la combinación, mientras Alfons recordó a su madre muriendo por la misma razón. Toda su familia se había ido, pero de alguna manera, con Edward se había sentido menos solo. ¿Este iba a ser su castigo por indulgar en pecado, el saber que había condenado a Edward a una lenta y dolorosa muerte?
Tal vez Edward no la había contraído aun, Alfons rogaba. Si lo dejaba ahora, tal vez Edward estaría a salvo. No sabia donde iría, pero no iba a arriesgar mas a Edward. Un nudo se formo en su garganta mientras se daba cuenta que nunca volvería a abrazar a Edward, nunca lo besaría o lo tocaría, pero Alfons mando lejos ese pensamiento, en su lugar imaginando a Edward pálido y demacrado por la enfermedad, tosiendo sangre.
No, se juro Alfons. Si no era demasiado tarde, no dejaría que eso pasara. Jamás.
No resulto en absoluto una sorpresa que no viera ni tuviera rastro de Edward por lo siguientes días. En días normales, Edward tenia la tendencia a desvanecerse, usualmente porque quedaba tan absorto investigando algún tema, que se olvidaba sobre cosas tan mundanas como el tiempo. Alfons nunca le diría que sus ausencias lo dejaban preocupado. No quería lidiar con el pensamiento de Edward no volviendo jamás, como tantas otras personas en su vida.
Dado lo que Edward acababa de descubrir, Alfons se estableció firmemente en darle a Edward cuatro días como mínimo antes de ponerse frenético. Era bueno que tenia el tiempo; tendría que endurecerse ante el pensamiento de terminar con Edward, y lidiar con la posibilidad de que Edward podía odiarlo.
Continuar trabajando como siempre fue una de las cosas mas difíciles que Alfons jamás trato. Realmente le hubiera gustado pasar un par de días simplemente haciendo nada, pero no podía darse ese lujo.
No había nada que pudiera decirse a si mismo para deshacerse de la culpa; se merecía esto. Pero de alguna forma, era difícil continuar sintiéndose culpable cuando se sentía tan enfermo. Había estado tosiendo motas de sangre por un par de semanas, pero ahora parecía que podía sentir el gusto a sangre en su boca todo el tiempo.
Pensó que se había acostumbrado a la idea de morir, pero a medida que los días pasaban, y la realidad se volvía mas inminente, se dio cuenta que realmente no sabia que hacer.
El silencio en el departamento lo volvía loco, y Alfons se hallo mas seguido simplemente viendo a las paredes vacías, y pensando sobre cuantas cosas no había hecho aun.
Una tarde, una semana y un día desde que Edward había desaparecido (no, no estaba contando los días, simplemente sabia), encontró evidencia de que Edward había estado ahí. Las sillas estaban acomodadas al azar en la cocina, y faltaba algo de dinero de la vasija donde guardaban cambio sobrante. Felizmente, significaba que Edward estaba a salvo. Lo negativo era que Edward definitivamente había tomado lo suficiente para boletos de tren.
Posiblemente por primera vez en su vida, Alfons sintió lagrimas de pánico brotar de sus ojos. Edward era el único que sabia por lo que estaba atravesando, y lo había dejado. Se desplomo en la silla con desgano, y trato desesperadamente de no sollozar, porque no tenia aliento para ello. Tras un par de minutos de lucharlo, ya podía sentir la picazón en su garganta, la tos que pedía ser liberada, pero Alfons sabia que al momento que empezara no seria capaz de detenerse.
Bueno, pensó Alfons morbosamente, al menos tenia información de primera mano sobre morir. Edward le había dicho una vez como se sentía, mucho tiempo atrás, cuando Alfons siempre había tratado de que Edward se callara con sus locas historias.
Oye Alfons, ¿sabes que una vez estuve muerto? Edward había sonreído con una mueca ligeramente desagradable. Realmente apesta, sabes. Tienes este momento donde tu corazón se detiene, pero tu cerebro sigue funcionando; ¿sabes lo que es darte cuenta que tu corazón no esta latiendo, y no hay nada que puedas hacer sobre ello? Por supuesto, tu cerebro también se va. Y en verdad, realmente duele...
Cállate. Alfons le había dicho. Eso es enfermo.
Ahora, Alfons deseaba que Edward nunca hubiera dicho nada, porque hubiera sido mas agradable creer que la muerte era desvanecerse indoloramente.
Alfons no podía recordar un tiempo en que Edward había estado ausente por tanto tiempo. Ya eran casi dos semanas, y no había señal de él. Se consoló con el pensamiento que Edward no era del tipo que simplemente huía... eso esperaba. Bueno, dado lo mucho que Edward detestaba a su padre por abandonarlo, tenia sentido que tendría algún tipo de señal, aunque fuera un simple "adiós".
Diablos, incluso si Edward solo regresaba para golpearlo en la cara, Alfons hubiera estado agradecido, pero sabia que ni siquiera merecía eso.
Después de todo, Edward podría morir por su causa. ¿Qué clase de repugnante persona hacia eso a alguien que amaba?
Le dijo a los otros que Edward estaba sufriendo de mala salud, y había ido a buscar un doctor. Dadas las circunstancias, era posiblemente cercano a la verdad.
Sinceramente temía volver al departamento. Frau Gracia era maravillosa, por supuesto, ofreciéndole cena y compañía, pero el resto del tiempo el silencio era opresivo. Dado que no había razón para apresurarse en llegar a casa, estaba quedándose rezagado en el trabajo, esperando extenuarse lo suficiente como para ir a la cama poco después de llegar a casa.
Incluso beber con los chicos ya no tenia tanto atractivo para él.
Por primera vez en mucho tiempo, Alfons se dio cuenta que estaba realmente solo, y el pensamiento lo asusto. Él siempre tuvo amigos, siempre fue cercano con otros estudiantes universitarios y los otros trabajando en los cohetes. Pero de repente se dio cuenta que estaba solo y en problemas, y que no había nadie en que pudiera apoyarse. No se había dado cuenta lo mucho que Edward se había apropiado de su vida hasta que Edward no estuvo.
Lo que desesperadamente necesitaba era que alguien solo le dijera que todo estaría bien, pero no había nadie.
Pero mas que nada, necesitaba que Edward apareciera vivo, así tal vez sus pesadillas de un roto y enfermizo Edward tosiendo sangre se irían. Y en cada pesadilla, Edward lo culpaba.
Alfons se forzó a a continuar hacia adelante, y quietamente empezó a preguntarse como haría las preparaciones para su muerte. Tendría que escribir a sus primos en Lienz, su pueblo natal.
Alfons sintió una punzada súbita al pensar que probablemente no volvería a verlos otra vez. ¿Cuándo fue la ultima vez que los había visitado? Aproximadamente hace un año, poco después de la guerra, cuando fue a ayudar con que todo volviera a funcionar otra vez.
Mas que nada, la culpa lo comía vivo. Cuando muriera, sus cosas probablemente tuvieran que ser quemadas, si la gente descubría que tenia tisis. Y él era contagioso, un constante riesgo andante, pero no se sentía capaz de encerrarse en su habitación.
Era su vida, maldición, se merecía vivir cual fuera el tiempo que le quedara, en el sol.
A las dos semanas y tres días, se sentía extrañamente desenfocado. Pensamientos aleatorios se hilaban en su mente, y no hizo ningún esfuerzo para controlarlos. A media mañana se encontró a si mismo parado sobre el chasis de un cohete, tratando de calcular si podía costearse una lapida de mármol.
Cuando Dorochett lo sacudió ligeramente, luciendo preocupado, Alfons solo sonrió, y dijo —Sabes, me gustaría volver a ver un arcoíris. No he visto uno hace tiempo.
Todos se preocupaban por él, pero la preocupación de la persona que quería no estaba ahí.
Era la ultima hora de la tarde cuando entro a la casa al vacío familiar. Como sucedía cada día, su corazón se hundía un poco cuando se daba cuenta que Edward aun no había vuelto.
La apatía se había apoderado de él. Algunos días apenas tenia energía para prepararse comida. ¿Para que molestarse, si de todas formas estaba muriendo?
Una tos burbujeo hacia arriba, y Alfons solo tiro su abrigo en una silla y se doblo, sin siquiera molestarse ya en combatirla. Lagrimas asomaban por sus ojos y su cuerpo se sacudió con los espasmos, y se encontró de rodillas.
Su boca sabia a sangre, ahora filtrándose, la saliva goteando por las comisuras, y aun así Alfons no podía parar. El mundo había dejado de existir para él; nada importaba excepto por el bloqueo empalagoso en sus pulmones que ninguna cantidad de tos podía liberar.
Empezó a sentirse mareado. Su garganta y pulmones le estaban gritando, y Alfons sujeto una mano sobre su boca en un intento de detener la tos.
¿Era posible para una persona toser hasta la muerte? se pregunto vagamente. Otro espasmo lo sacudió, y Alfons expulso mas sangre, manchando su mano, pero finalmente sintió algo de alivio. La tos aminoro un poco, dejando a Alfons jadeando por aire en el piso, mirando con morbo a su mano manchada de carmesí.
Entonces, de repente, entre la viscosa sangre oscura, lo vio, algo moviéndose contra su piel manchada de rojo. El horror inundo su mente, y un ciego, primal pánico se apodero de su cerebro mientras intentaba entender lo que le estaba sucediendo. Su cuerpo entero se estremeció en reacción, pero él no podía siquiera reunir la fuerza para sacudirlo de su mano.
No puede ser...
Había un grito formándose en algún lugar dentro de él, rogando por salir, pero Alfons ni siquiera tenia el aliento para eso.
