Nota de Autora: crédito a este capitulo, y la investigación hecha para tal, a Dr. Meirav Mor, especialista en enfermedades infecciosas, quien busco la información que necesitaba en pos de escribir esto. También advierto que este capitulo contiene, bueno, gente enferma estando enferma.


Capítulo 14: Un golpe de suerte


Alfons se quedo viendo su mano, la cual estaba pegajosa con sangre oscura. De repente, sintió un movimiento extraño, como si algo se estuviera retorciendo contra sus dedos. Ahí, cubierto de rojo, había una mota casi marrón, y se estaba moviendo.

Su respiración salía en jadeos de pánico cuando finalmente se dio cuenta lo que estaba viendo.

Frenéticamente sacudió su mano hasta que la cosa se cayó, y se la quedo viendo, retorciéndose ligeramente en las tablas del suelo.

Oh Dios ohDiosohDio...

Había un gusano en el suelo, un pequeño gusano rojizo-marrón, y con un demonio, ese gusano había salido de dentro suyo...

Incapaz de resistir mucho mas, Alfons se encontró encogido sobre si mismo, y soltando los contenidos de su estomago sobre el suelo.
Su mente estaba en una neblina de pánico, y no podía evitar las arcadas, tratando desesperadamente de purgarse de lo que sea que estaba viviendo dentro de su cuerpo.

Siguió con arcadas y vomito hasta que no había nada mas que sacar, y estaba ahogándose en su saliva, pero la nausea seguía rugiendo dentro de él, porque el gusano seguía ahí entre gotas de sangre.

¿Qué se suponía debía hacer? ¿Qué estaba mal en él? Los pensamientos se hilaban en su mente de forma alocada. Que significaba, estaba siendo comido por gusanos, como si estuviera muerto, pero seguía vivo...

Alfons volvió a tener una arcada, apretando los puños, su cabeza colgando inútilmente. El hedor no estaba ayudando a su estomago, reavivando la nausea cada vez que pensaba que finalmente la tenia bajo control.

Tenia que salir de ahí.

Reuniendo toda su fuerza de voluntad, Alfons se alzo ligeramente, solo para encontrar un par de zapatos negros frente a su cara. Helado en horror, honestamente no sabia que hacer, su mente tambaleando, y se preparo para la posibilidad de mas dolor.

Edward simplemente se agacho, poniendo una mano en su hombro, y lo miro con preocupación.

— ¿Alfons?— pregunto incierto.

Al sonido de su voz, Alfons se alzo, ambos puños en la camisa de Edward, sin hacer caso al hecho de que estaba ensuciando su ropa. A su favor, Edward no retrocedió ante la mugre.

— ¡E-eso... estaba de-dentro mío!— jadeo Alfons —Es... es...

—Ssshh— Edward envolvió su brazo alrededor de Alfons, y lo ayudo a ponerse de pie de un tirón.

—Anda, vamos a limpiarte.

—Pero...yo... ¡me están comiendo!— lloro Alfons, prácticamente histérico.
Edward solo lo sostuvo firmemente, tironeándolo en la dirección al baño. Alfons se sentía tan débil, apenas podía hacer mover sus piernas, y otra mirada hacia el desastre en el piso lo hizo doblarse en arcadas.

— ¡Ya deja de mirarlo!— siseo Edward tirando su cabeza no-muy-gentilmente.

Todo era borroso, pero a pesar de ello, Edward era fuerte y firme, susurrando reconfortante sinsentido, o tal vez eran maldiciones, Alfons no estaba seguro. Algo lo separo del suelo, y el mundo daba vueltas, y Alfons desesperadamente quería detenerlo pero no sabia como.

De repente se encontró sentado en la bañera, todavía con la ropa puesta, con Edward abriendo el grifo.

—Volviste— se encontró a si mismo balbuceando, su respiración normalizándose gradualmente, y Edward solo sacudió la cabeza.

El agua se puso tibia, y Edward trajo una olla de la cocina para llenarla con agua y volcarla sobre la cabeza de Alfons, lavando de él la sangre y el vomito.

Alfons solo se sentó ahí, desplomado, incapaz de detener el temblor en sus músculos, mientras el agua tibia lo lavaba, calmándolo lentamente.

—Anda, estúpido. Vamos a quitarte la ropa— Edward lo empujo un poco, así que estaba apoyado contra el lado de la bañera, y empezó a quitarle los pantalones.

Alfons lo observaba apáticamente, incapaz de juntar energía siquiera para ayudar, pero conteniéndose en recostarse y dejar a Edward cuidar de él. Edward lo manejaba gentilmente, empujándolo hacia adelante para sacarle su camisa, aunque el agua la hacia adherirse a su piel.

—Alfons, mírame— dijo Edward. Alfons se las arreglo para girar la cabeza de costado, y no pudo evitar las lagrimas que surgieron de sus ojos al ver a su amante.

Edward estaba sucio, su ropa y piel manchada por el desastre de Alfons, pero no se estaba echando atrás, pareciendo casi ajeno a lo que hubiera tenido a casi cualquier otro nauseabundo, y el pánico se alzo a atascar la garganta de Alfons. La sangre, Edward tiene que sacarse la sangre de encima...

—Lo siento— jadeo, y Edward pareció sorprendido —No quiero que mueras, Edward, juro que no era mi intención.

—Alfons...

—Y ahora vas a tener que irte, porque no puedes quedarte conmigo, y Dios, te extrañe...

Estaba balbuceando inútilmente, y finalmente Edward se acerco y lo sacudió hasta que el torrente de palabras cesara y quedara mirando a Edward vulnerablemente, en silencio.

—No la tengo— dijo Edward, enfocando su mirada intensamente en Alfons.

Apenas atreviéndose a creer, Alfons busco por duplicidad, pero no encontró ninguna.

—Me hice la prueba, y estoy limpio.

Una risa histérica emergió de dentro suyo, impulsada por puro alivio. Edward viviría. Todo lo que tenia que hacer era alejarse de él, pero estaba bien, y no le importaba, mientras Edward estuviera a salvo. No tendría la muerte de Edward en su conciencia.

—Cielos— farfullo Edward, y tironeo del brazo Alfons —Vamos, sal, no puedo levantarte.

Alfons se permitió ser alzado, y lanzo sus brazos alrededor de Edward, enterrando su cara en su cuello.

—¡Ack, Alfons, acabo de limpiarte!

—Pensé que nunca volverías— murmuro Alfons en su cuello, y diablos, ¿alguna vez le había dicho a Edward lo mucho que significaba para él, que incluso cuando apenas podía estar de pie, Edward era lo suficientemente fuerte como para sostenerlo?

El agua corría de él en pequeños arroyos, haciendo un charco en el suelo, y sus pantalones se hundían en su peso.

—Suéltame, me estas mojando— se quejo Edward a medias, sus manos trabajando en el cierre de los pantalones a Alfons.
Alfons se quedo ahí, sus brazos alrededor del cuello de Edward, y su cara contra su cuello, permitiendo ser desnudado.

—Demonios— mascullo Edward— No puedo secarte cuando estas aferrado a mi— trato de soltarse de los brazos de Alfons, pero este no lo dejaba.

Una vez que lo soltara, no podría permitirse volver a sostener a Edward. No pondría al hombre en riesgo otra vez, pero simplemente no podía soltarse.

Edward mientras tanto había tomado una toalla, e incómodamente intentaba secar a Alfons lo mejor posible. La aspereza de la toalla se sentía bien en él, y el secado forzó a Edward a envolver sus brazos sobre la espalda de Alfons, y paso sus manos por su cabello, y sobre sus piernas y glúteos, tal vez por ultima vez.

Abruptamente, la imagen de sangre, del gusano, nado en la mente de Alfons, y se volvió a atragantar, sofocando un gemido.

Edward acaricio su cabello —Deja de pensar en ello.

— ¡No puedo!— jadeo Alfons.

—Te pateare el trasero— espetó Edward, haciendo reír a Alfons sin remedio. —Vamos, voy a llevarte a la cama— envolviendo con destreza la toalla en la cintura de Alfons y asegurándola, Edward saco lentamente a Alfons del baño, mientras esté trataba desesperadamente de mantener los pensamientos de gusanos firmemente fuera de su mente, y en su lugar con pensamientos de Edward pateándole el trasero.

La caminata del baño hacia su dormitorio nunca le había pareció tan larga. Finalmente llegaron a la cama, y Edward se las arreglo para desenredar los brazos de Alfons, a pesar de sus protestas, y lo acostó.

—Voy a morir— murmuro Alfons tristemente, mirando a Edward, quien parecía mucho mas mayor de lo que había pensado. Edward estiro las sabanas, arropando a Alfons hasta la barbilla con ellas, y se sentó junto a él.

—Escucha, Alfons— dijo Edward, recorriendo con la parte externa de sus dedos la mejilla de Alfons. —Voy a ir a limpiar, ¿esta bien? Quiero que trates de dormir. Necesitas descansar.

Alfons inclino su cabeza sobre la mano de Edward. Sus dedos eran tibios, ligeramente húmedos. Olían agrio, pero a Alfons no le importaba — ¿Cómo es que no te molesta?— murmuro, ligeramente petulante.

—Idiota, ¿seria mas fácil para ti si yo también estuviera a las arcadas? le pregunto Edward, alzando una ceja —He visto un montón de mierda en mi vida. Ahora cierra los ojos.

Con un profundo suspiro que dio una punzada a sus pulmones, Alfons cerro sus ojos, y trato de relajarse. Le gustaba la sensación de estar recostado pacíficamente con Edward cuidándolo.

Contra su voluntad, lentamente se dejo llevar hacia un sueño agotador.


Cuando Alfons despertó, ya era casi de noche. Tuvo un maravilloso momento de ignorancia, y entonces la realidad le pego de lleno. Mirando tristemente al techo, se pregunto que haría consigo mismo con el tiempo que le quedaba. No quería desperdiciarlo, pero no podía atreverse a levantarse y hacer algo.

¿Y cual era el punto, realmente, cuando ya no podía siquiera tocar a Edward?

Era tan extenuante estar enfermo todo el tiempo, pensó mientras trataba de tomar aliento. Tan agotador levantarse en la mañana cada día, sabiendo que sus pulmones dolerían, de que habría tantas cosas que nunca haría. A veces, solo poner una empastada sonrisa en su rostro lo cansaba.

No sabia cuanto tiempo estuvo tendido ahí en silencio, solo respirando, sintiendo como las paredes se cerraban a su alrededor, hasta que la puerta se abrió, dejando a un cuadro de luz en el suelo.

— ¿Alfons?— dijo suavemente Edward, una oscura silueta bloqueando la luz — ¿Estas despierto?

—Sí— suspiro Alfons. Edward inmediatamente encendió la luz, haciendo a Alfons cubrir sus ojos y maldecir ante la iluminación.

Edward caminó y se quedo de pie junto a la cama, con los brazos cruzados, y una expresión en su rostro que no sabia decidirse si era de exasperación o simplemente enojo.

Alfons noto ausentemente que Edward se había cambiado sus ropa sucia en algún punto.

—Eres un maldito idiota— le dijo Edward, sacudiendo su cabeza. Alfons se encogió ligeramente ante el brusco tono. Sabia que lo merecía, pero una pequeña parte de su mente había esperado que Edward de alguna manera lo perdonara.

— ¿Siquiera fuiste a ver a un jodido doctor?— estalló Edward, y Alfons de repente sintió una abrupta desventaja al estar recostado en la cama, y se coloco en un posición sentada.

— ¡Sí!— dijo Alfons defensivamente —Lo hice. ¡Y escucho mis pulmones, y dijo que tenia tisis!— no tenia palabras para describir el sentimiento que esa sentencia de muerte descendió sobre él, el miedo del estigma si la gente sabia que tenia la enfermedad, el saber que nunca seria capaz de costearse un sanatorio.

Edward suspiro, cubriendo su rostro con una mano, la furia prácticamente irradiando de él —Mierda, no se si estar enojado contigo o tenerte lastima.

Alfons chillo cuando Edward tomo sus hombros en un agarre que seguramente dejaría moretones y lo alzo, prácticamente gritando — ¿Recuerdas cuando te dije que no tenia tuberculosis?

Aterrado, Alfons solo asintió, ni siquiera atreviéndose a apartar la mirada.

¡Jodido imbécil, tu no la tienes tampoco!

Alfons solo se quedo viendo a Edward en shock, incapaz de procesar las palabras — ¿Q-que?— tartamudeo débilmente.

Soltando sus hombros, Edward se alejo, dando un par de pasos, luego deteniéndose, sus puños apretados —No vas a morir— dijo Edward —Madre de Dios, no creo haber conocido a un espécimen de ser humano mas estúpido.

—Pero tengo...

¡Tísicos no tosen jodidos gusanos, imbécil!

Alfons retrocedió, sin estar seguro de que creer ya, sin atreverse a reconocer la pequeña esperanza dentro de él; pero incapaz de negar la lógica de Edward. Después de todo, gusanos...

Tuvo una arcada al mero pensamiento, y Edward le golpeo con fuerza en la cabeza.

—Supéralo de una jodida vez— Edward bramo, y se dio la vuelta. —Lleve el gusano a un doctor; dijo que tienes algún tipo de parasito. Te vera a primera hora mañana.

Con un par de pasos enojados salió de la habitación, dando un portazo tras él.


—Bueno,— dijo el Doctor Heller —la buena noticia es, que puedo confirmar que en efecto, no sufre de tuberculosis.

Alfons solo se le quedo viendo desde su asiento, los ojos como platos, sin saber que pensar. Su percepción entera del mundo había sido dado vuelta en una simple oración.

—Sin embargo, parece que tiene paragonimus, o trematodos de pulmón.— continuo el doctor —La buena noticia es que no son letales.

Edward bufo desde su rincón, y Alfons no podía siquiera armarse de molestia, estaba demasiado ocupado tratando de luchar contra el pánico. — ¿Hay gusanos en mis pulmones?— pregunto, su voz saliendo algo chillona.

Despreocupadamente, el doctor comenzó a guardar sus instrumentos. —Viven en pequeños quistes en sus pulmones, así que no están precisamente arrastrándose por ahí, pero si.

—Eso es asqueroso— comento Edward.

Gracias por compartir eso— murmuro Alfons, luchando contra otro brote de nausea al pensamiento de gusanos arrastrándose por sus entrañas. —Pero... puede hacer algo al respecto, ¿verdad?— observo al doctor suplicante.

El Doctor Heller sacudió su cabeza en forma simpatizante —Me temo que no hay cura conocida. Pero como dije, no es letal, y tampoco es contagiosa.

Edward soltó lo que sonaba sospechosamente como un suspiro de alivio, y Alfons sintió una punzada.

— ¿Entonces como la obtuve?

—Probablemente la contrajo en algún momento durante o justo después de la guerra, por comida contaminada.

Alfons se estremeció, imaginando que realmente podía sentir algo arrastrándose en su interior. —Pero... ¡mi tos ha estado empeorando!— protesto —Y...fui al doctor, ¡y él dijo que tenia tuberculosis!

El doctor suspiro —Los síntomas de paragonimus pueden ser fácilmente confundidos con tuberculosis. Considerando que los trematodos de pulmón son extremadamente raros en humanos, el mal diagnostico fue un lamentable, aunque entendible, error.— Parecía ligeramente avergonzado en nombre de todos los doctores del mundo —En cuanto a su tos, esto es probablemente lo mas malo que se va a poner, —le aseguro el Doctor Heller —pero hay una gran posibilidad de que su tos es parcialmente psicosomática; necesita romper con el habito de toser. Puedo darle un jarabe que ayudara.

Aun tratando de digerir la información, Alfons dio al doctor una ultima mirada suplicante — ¿Y esta seguro que no hay nada...?

El doctor sacudió la cabeza.


Caminaron a casa silenciosamente por las calles. Alfons sentía una vertiginosa euforia, porque no iba a morir, pero al mismo tiempo estaba inmensamente desorientado. Honestamente, había vivido con la tisis como un hecho por tanto tiempo, que no sabia que hacer sin ella.

Igualmente desbordante era el saber que no tenia que terminar con Edward, pero tenia que contemplar el hecho de que Edward tal vez no quisiera estar con él.

E impregnando cada pensamiento estaba la vergüenza sobre el hecho de que había quedado como un estúpido.

Edward daba zancadas junto a él, sin dejarlo atrás, pero tampoco haciendo intentos de acercamiento amistosos. La información del doctor no parecía haberlo apaciguado mucho.

Con todo, era una de las caminatas mas incomodas que Alfons hubiera experimentado, y estaba bastante agradecido cuando llegaron a lo de Gracia.

Ella trato de hacer conversación, pero Edward la ignoro, y Alfons se disculpo rápidamente, antes de seguirlo escaleras arriba.

La puerta se cerro tras él, y Alfons se preparo para la explosión.

Edward no decepciono. Se giro hacia Alfons, puños apretados, y un gruñido en la garganta.

—Si no estuvieras enfermo, te juro, te molería a golpes— estallo.

Por una vez, Alfons casi deseo que Edward lo aporreara. Si Edward pudiera arremeter contra él, todo el asunto probablemente hubiera pasado eventualmente, tras unos episodios de peleas "amistosas". Pero sin una válvula de escape...

—Por favor, explícalo, porque no entiendo, joder. ¿Por que me harías eso?— tras la furia, Alfons podía claramente oír el dolor de Edward, lo cual solo lo hizo sentirse peor.

Trato de reunir el mayor valor posible, para formar una respuesta —Edward, por favor créeme cuando digo que nunca quise herirte.

—De lo que me hubiera servido, si realmente tenias tisis— murmuro Edward maliciosamente.

— ¡No sabes lo que es!— Alfons estallo —Al principio no dije nada, porque no quería pensar en ello. ¡No es como si fuera por ahí contemplando la estúpida enfermedad todo el día! Tras un tiempo, te acostumbras a que tus pulmones duelan.
He estado escondiendo mi condición por tanto tiempo, que supongo... supongo que era natural para mi tratar y esconderla de tu, también.

Edward seguía furioso, pero al menos estaba escuchando, sus ojos fijos en Alfons. Por un alocado momento, Alfons se pregunto si tal vez Edward no estaba buscando por una razón para perdonarlo, y eso hizo su determinación mas fuerte.

—Si la gente sabia que tenia tisis, nunca hubiera podido construir cohetes. Pensé que estaba muriendo; ¡solo quería hacer una ultima cosa antes de irme! Y pensé dijiste una vez que eras menos susceptible a las enfermedades aquí— Alfons sacudió su cabeza con amargura —Pensé que sabias que tenia tisis, y que esa era tu manera de decirme que estaba bien— la ardiente intensidad de los ojos de Edward era demasiada para él, y finalmente bajo la mirada al suelo.

—Y tienes razón,— se forzó a continuar —fue estúpido. No quería perderte, así que lo racionalice. Es pura suerte que las cosas funcionaran de la forma que lo hicieron, y de que no estas en peligro.

—Mierda— Edward se paso los dedos por su flequillo, con las cejas juntas —Eres tan jodidamente suertudo Alfons, no tienes idea.

—Lo siento— susurro Alfons, desesperadamente queriendo abrazar a Edward pero sabiendo que seria rechazado.

— ¿Algún otro jodido secreto que no me has dicho que puede ser potencialmente letal?— demando Edward sarcásticamente.

Alfons sacudió la cabeza en silencio como respuesta —Podría intentar y arreglar algo, si realmente quieres que lo haga— agrego débilmente, en un intento de humor.

—No es gracioso— Edward frunció el ceño —Y aunque lo fuera, no me estaría riendo.

Oh.

Edward se giro, dirigiéndose hacia la biblioteca, pero se detuvo. —Aunque supongo que podría mas tarde.

El corazón de Alfons se elevo. Seria perdonado... eventualmente.


Una buena señal parecía ser que esa noche Edward accedió a quedarse en la cama de Alfons. Declaro que era porque el colchón en su habitación apestaba, e informo a Alfons que no iba a aguantar un colchón de porquería solo porque Alfons era un cretino.

Asimismo, Edward siguió dejando a Alfons afeitarlo, bajo el pretexto de que era estúpido desperdiciar dinero en algo tan trivial, y que las manos de Alfons eran bastante firmes, a pesar de sus severas carencias en el departamento de inteligencia.

Las cosas no mejoraron mucho los siguientes días. Edward se las arreglo para ser desagradable de varias maneras, sorprendiendo a Alfons con su revanchismo.

Muchas de las cosas las toleraba, como las frecuentes referencias a su falta de capacidades mentales, pero algunas cosas lo hacían pausar y preguntarse cuanto se esperaba que aguantara en nombre de la penitencia.

En su opinión, Edward rehusándose a lavar sus cubiertos porque "el doctor dijo que hay huevos de gusanos en tu saliva. Eso es simplemente asqueroso", fue demasiado bajo. Alfons se atraganto ante la idea, y se paso la siguiente hora cepillándose los dientes obsesivamente. Al menos Edward había lucido medianamente compungido tras eso, y amainó por el resto del día.

Alfons estaba tendido despierto en la cama, Edward una tibia, intocable presencia junto a él, y trato de luchar con el súbito miedo de que las palabra de Edward reflejaban una verdadera repulsión. Edward había puesto una fachada estoica cuando se conforto con la enfermedad, pero ¿y si bajo la superficie estaba realmente asqueado? Y si el problema real era que si lo estaba, Alfons no podría culparlo.


Era apenas mas de una semana tras la visita al doctor cuando Alfons sintió que las cosas estaban volviendo a la normalidad.
Tal vez Edward no estaba tan molesto como Alfons había temido, porque de hecho sabia que Edward ciertamente era capaz de guardar rencor cuando sentía que la situación lo requería, dados sus frecuentes comentarios despectivos sobre su padre y previo comandante militar.

Amabilidad había empezado a colarse en sus interacciones, ya fuera cuando Edward se ofrecía a hacer la cena, o sentarse y discutir un diagrama juntos. En cierta forma, a Alfons le recordó forzosamente de su intento de amistad antes de que se juntaran... y su deseo original por mas solamente reforzado.

Alfons volvió a "jugar" con Edward; dejando que sus dedos permanecieran un momento contra los de Edward cuando le alcanzaba algo, encontrando excusas para poner su mano en su hombro o rozarse contra él. Edward se lo permitía, e incluso parecía abierto a los intentos de Alfons de hacer un puente sobre la distancia entre ellos.

Pero Alfons aun no podía tocar la desconfianza persistente que veía cuando Edward lo miraba, y continuaba siendo una barrera que era incapaz de romper.


A la noche, Alfons lentamente avanzaba su rumbo hacia Edward, primero durmiendo de manera que sus hombros se rozaran juntos, luego yendo tan lejos como descansar sus dedos ligeramente sobre la cadera de Edward. Ya eran tres semanas desde su visita al doctor cuando Alfons finalmente decidió intentar y llevar las cosas mas lejos.

Edward estaba tendido de costado, su espalda firmemente contra Alfons.
Cuidadosamente, Alfons se deslizo sobre la cama, rodando sobre su costado a la vez, envolviendo la cintura de Edward con su brazo. Su corazón latió furiosamente por lo que pareció una eternidad, mientras se preguntaba si Edward iba a quitárselo de encima. Edward giro la cabeza, viendo los ojos de Alfons por un largo momento antes de bajar la mirada.

—Realmente lo siento— susurro Alfons, apoyándose sobre su codo, para poder ver mejor el rostro de Edward.

Edward se movió bajo el brazo de Alfons, y este casi lo aparto; pero Edward solo rodo sobre su espalda, observándolo con una sonrisa sarcástica —...supongo que todos cometen errores realmente estúpidos, a veces— dijo, y Alfons apenas pudo mantener la sonrisa de alivio fuera de su rostro.

Alzando su brazo derecho, Edward paso la punta de sus dedos sobre el antebrazo de Alfons, dejando escalofríos. Alfons se inclino para dar un exuberante beso en la boca de Edward, un beso el cual Edward al principio retorno gustoso, pero del cual se separo antes de que Alfons pudiera profundizarlo.

Dolido, Alfons trato de hacer una pregunta, pero Edward empujo su cabeza hacia abajo, inclinando su propia cabeza, dejando al descubierto su cuello. Obedientemente, Alfons chupo, tratando de convencerse que Edward solo quería mas acción, y que no tenia nada que ver con los gusanos o sus huevos. Considerando que a Edward normalmente le gustaba mucho besar, el autoengaño estaba fallando miserablemente.

Alfons alzo la cabeza, tratando de encontrar los ojos de Edward —Acabo de lavarme los dientes— suplico suavemente.

Edward le dio una fingida mirada de confusión — ¿Y eso que tiene que ver?— pregunto bruscamente, tratando de distraer a Alfons con sus hábiles dedos.

Una ultima mirada suplicante fue dirigida a Edward, solo para ser ignorada, y Alfons se rindió ante las insistentes manos de Edward.


Edward nunca lo beso apropiadamente esa noche, pero Alfons estaba contento con el hecho que estaba durmiendo entrelazado con Edward una vez mas, y que, a pesar de las persistentes dudas y desconfianza, estaba en gran parte perdonado.

¿Pero cual era el uso de ese perdón? Alfons se pregunto a si mismo morbosamente. Después de todo, si Edward nunca hubiera sabido de la enfermedad... eso significaba que Edward realmente nunca había planeado quedarse con él. Desde el principio, Edward debía haber previsto alejarse de la relación.

Y él siempre supo que Edward iba a irse, siempre supo que Edward no se consideraría a si mismo "enamorado", pero nunca considero que él mismo podía ser el que tensionara tanto su vinculo hasta el punto que la separación seria prácticamente indolora para Edward.

Había pensado que había entendido que su relación era solo temporal, siempre temporal, pero ahora con su vida extendiéndose vacíamente ante él, Alfons se dio cuenta que lo que quería era...

Firmemente, aplasto esos pensamientos inútiles y se acurruco mas cerca de Edward. Si Edward siempre quiso dejarlo de todas maneras, eso significaba que Alfons nunca tuvo oportunidad en primer lugar.

Tenuemente, recordó la convicción de Edward de que terminaría hiriendo a Alfons, y se forzó a si mismo a ser reconfortado por el hecho de que alguna parte de Edward si se arrepentía de lo que sabia debía pasar.


Nota de Traductora: El titulo del capitulo también puede traducirse como "parasito"; podría haber usado esa opción, pero me pareció que revelaba desde el vamos el plot twist. Me gusto mucho como la autora hizo uso del doble sentido, pero lamentablemente eso se pierde en la traducción, así que me conformo con dejarlo mas como un chiste interno.