Disclaimer: Suzanne Collins es la dueña absoluta del Hungerverse y yo solo estoy haciendo uso de él para crear mi vil SYOT con fines de entretenimiento...
Así que no gano ni un céntimo escribiendo esto. :P
Tamborileó los dedos sobre la superficie de su exquisito mueble de gran belleza. El té de manzana se enfriaba en su floreada taza de porcelana, los bocadillos sin tocar reposaban sobre la bandeja de plata. Lucrecia Silverstone no tenía apetito. El papel crujió en una mano.
—No pongas esa cara, Lu —dijo Romeo, mirándola con ojos grandes, sentado frente a ella, tratando de animarla—. ¡Eres la envidia de la mitad de capitolinos...!, y ya sabes lo que dicen, que esta es tu gran oportunidad para demostrar tu lealtad hacia... hacia el Capitolio. Después de eso...
Las mejillas se Lucrecia se encendieron.
—¿¡Cómo se atreven a cuestionarme!? —se preguntó, poniéndose de pie. ¿Por qué se empeñaba todo el mundo en recordarle aquel episodio tan desgraciado de su vida? Virginia ya estaba lejos y para ellos, muerta. ¿Qué más daba?, ¿por qué sospechar?
—Lu..., tú sabes que ellos creen... —Romeo se removió incómodo en la elegancia de silla—. Escuché... Dicen que puedes comenzar demostrando lo leal que eres a través de tu aspecto. —Le echó una mirada tímida—. Ciertamente piensan que te ves como una... Que pareces...
Lucrecia clavó sobre él sus hermosos ojos, ofendida.
—Dilo —exigió.
—¡Que pareces una sucia rata de distrito! —soltó, y luego la miró con los ojos muy abiertos.
—¿Sucia rata de distrito...? —Lucrecia se acarició el largo cuello de cisne y sus dedos rozaron el collar de perlas. No lo podía creer... Ella no se consideraba tosca ni burda; su estilo era regio, inspirado en esas elegantes y hermosas mujeres enfundadas en intrincados vestidos que vivieran hacía mucho y cuyos retratos colgaban en las paredes de su preciosa casa. Podía ser simple —sí y lo reconocía—, si se comparaba con esa moda ridícula y de mal gusto de sus compañeros capitolinos... ¡Pero nadie podría llamar a Lucrecia Silverstone una sucia rata de distrito! ¡Jamás!
Se encontró con los ojos dorados de Romeo, que los bajó al advertir su mirada.
—Eso dicen..., que compartes con tu hermana caída el rechazo a...
—¿Solo porque no me hago idioteces en el cuerpo? —Estaba indignada y harta de sus habladurías—. ¿Qué quieren? ¿Que me ponga cuernos, que cambie el color de mis ojos, que me tatúe la piel? Por favor, Romeo, ¿no he demostrado ya mi lealtad quedándome aquí? ¿Ya no está muerta Virginia Silverstone? ¿Qué peligro puede representar?
—¿Para ellos? —Romeo sacudió la cabeza con suavidad y esta vez le dedicó una larga mirada triste—. Que los rebeldes pueden provenir de cualquier lugar, Lu, que un insurrecto puede ser cualquiera, tú, yo... ¿Cuántos de ellos no han crecido escuchando historias sobre... ? —Suspiró, tratando de escoger las palabras con cuidado—. Mira, tú sabes lo mucho que te aprecio, ¡de verdad! No... no fue mi intención... Lo siento... —Enterró los dedos en su cabello, visiblemente afectado. Las esmeraldas incrustadas en sus uñas brillaban entre los rizos—. No fue mi intención herirte con sus comentarios..., no debí...
Lucrecia levantó una mano. Él dejó de hablar.
—Sé que no pretendías herirme... Y tampoco ignoro lo que muchos darían a cambio por una oportunidad como esta, y no puedo, no puedo negarme a... —Se detuvo. Estaba cansada, estaba, estaba... Tomó otra vez la carta. El papel era suave y desprendía un leve aroma a rosas. La caligrafía era elegante, el mensaje era claro. Su falda susurró sobre el suelo. Lucrecia se detuvo frente al ornamentado espejo, su reflejo devolviéndole la mirada—. ¿Sabes... ? Romeo, ¿no lo sabes? Lo cierto es que no ha muerto, no. La señorita Virginia Silverstone sí, quizás, pero mi hermana, mi hermana sigue viva. Vive, vive y ¿qué crees que sucedería si esto se supiera? —Escuchó a Romeo jadear, atónito. Lucrecia suspiró, masajeándose los rizos dorados—. Y lo cierto es que a pesar de todo... A pesar de la escasez, a pesar de la dificultad, tiene amor, tiene cariño. Lo sé, oh, sí lo sé. Tiene el amor de sus pequeños hijos, de su esposo, de sus amigos. Tuvo el amor de nuestros padres, y el mío; y aún debía sentirlo para no dejarla desamparada. Entonces, ¿por qué? —Se mordió el labio—. ¿Por qué aquellos ideales tan ajenos tuvieron para ella más valor que su propia familia, o que la hermana que le quedaba? ¿No sabe que yo supliqué por ella, acaso ignora cuánto me humillé por mantenerla con vida? Ah, no lo sabe, no. O ahora estaría muerta. Y yo... sigo aquí. Leal. Rica... rica y sola. Es cierto, Romeo, no te molestes en negarlo. ¿Quién se atrevería a querer a la hermana de una rebelde? ¿No se apartan todos de mí, no me miran con recelo? ¿O acaso piensan que no me doy cuenta o que no me duele el rechazo? Si actúan así creyéndola muerta, ¿qué harían si se enteraran de que vive? Tal vez te sorprenda escuchar esto, pero se trataba de mi hermana, Romeo, el único ser que me quedaba en el mundo, y con el que llegué a él. No fui capaz; no podía. Aunque guardara un ideal diferente al mío, no iba a dejarla morir así, no... Ojalá tú... Ojalá alguien me pudiera comprender... Yo... me siento tan...
—Cariño... yo no... yo no lo sabía... —Romeo la observaba, conmovido. Se puso de pie. Pareció dudar... pero finalmente se acercó y colocó las adornadas manos morenas sobre sus hombros, apretándolos suavemente. Lucrecia creía poder morir por una pequeña muestra de afecto como aquella, por dejarse caer sobre un pecho cálido, por ser rodeada por unos brazos protectores y dejarse mecer, olvidando toda su angustia por un momento—. ¿Qué piensas hacer? Oh, querida...
Lucrecia se obligó a abandonar ese fugaz deseo y giró, carta arrugada en mano.
—El presidente... Sabe que no puedo negarme. Lo sabe. Lo cierto es que considera que ya es hora de pagarle con esta muestra de lealtad... ¿No es lo que pide de mí todo el mundo? Se la daré, y para ello necesito demostrárselo a través de sus... a través de mis juegos.
¡Hola! Este es el primer SYOT que me animo a crear, yay. :D Como dijo el gran George R. R. Martin, el hermano malvado de Santa, yo soy más jardinera que arquitecta. La semillita ya está depositada, y vamos a ver cómo crece la planta mientras la riego.
No acepto a voluntarios en los distritos no profesionales, a no ser que la razón sea muy, muy buena. Y por favor, no quiero historias de incesto, o de tributos creciendo con abuso sexual, etecé etecé.
No me voy a basar en señales de vida o comentarios para mantener vivos a sus personajes, pero sí me gustaría que me dijeran lo que piensan. :D
Dicho esto, recibo las fichas por pm. Los tributos disponibles se encuentran en mi perfil. :)
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Nombre:
Edad:
Distrito:
Personalidad:
Apariencia:
Fortalezas:
Debilidades:
Reacción a la cosecha o voluntariado:
Familia, amigos, si tiene relaciones significativas:
Historia y vida diaria:
Pieza o canción que asocies con tu personaje:
Extra (qué clase de mentor te gustaría, si planeas que se una a una alianza o no, si va a llevar un símbolo o lo ves representando un papel...):
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Preguntas:
1. ¿Qué les pareció el prólogo?
2. ¿En qué distrito creen que terminó la hermana de Lucrecia?
¡Felices juegos del hambre y que la suerte esté siempre, siempre de su parte! ;)
Cath.
