Su mente solo podía registrar los enormes y afilados dientes que chorreaban saliva, y los enormes ojos amarillos que lo miraban con furia y hambre en partes iguales.
"Merlín, voy a morir aquí", y "Hombre lobo" fueron los únicos pensamientos que pudo procesar en su estado de terror.
Podía oír la voz de Potter, pidiéndole a Black que le ayudara a sacarlo de ahí, pero cuando el monstruo frente a él se agazapo, listo para saltar, supo que no habia tiempo.
Iba a cerrar los ojos, apretado como estaba contra la puerta, cuando líneas de humo negro se movieron en su campo de visión, envolviéndolo. El hombre lobo saltó y, justo en ese momento, sintió dos brazos envolverse alrededor de su cintura, y un tirón en su estómago que le hizo pensar en aparición, pero eso era imposible, ¿Verdad?
Pronto notó que ya no oía el gruñido de la bestia, ni las voces de los merodeadores. Los brazos que lo sostenían seguían ahí, pero estaba arrodillado sobre algo mullido y suave.
Severus levantó el rostro, al tiempo que abría sus ojos, que habia cerrado esperando el impacto que nunca llegó. Dos grandes ojos carmesí le devolvieron la mirada con casi… dulce preocupación, si fuera a ser posible.
-¿Estás bien, Severus?- preguntó la joven, dejándolo estático al separarse de él y acomodar unos mechones de cabello tras su oreja.
"Hermosa", fue el primer pensamiento que cruzó su mente, reprimido rápidamente por uno más racional, "No humana". Como si hubiese oído sus pensamientos, la joven sonrió de lado, dejando expuesto un colmillo más afilado que el de cualquier mortal.
-V-vampiro- susurró Severus, recuperando el horror que habia sentido frente al hombre lobo. ¿Acababa de ser salvado de un licántropo solo para ser la cena de una vampiresa?
La joven rió, lanzando tras su hombro su larga cabellera rizada. Una risa oscura y atrayente en partes iguales, que le erizó la piel.
-Oh, Severus, no. No un vampiro- el joven se tensó al sentir las cálidas manos de la joven mujer tomar su rostro. Sus ojos se agrandaron llenos de incredulidad a medida que los de ella se estrechaban, con cada centímetro que acortaba entre sus rostros- Mucho peor que eso- fue lo que oyó, antes de que esos labios pintados en carmín reclamaran los suyos.
