Descargo de responsabilidad: Ninguno de los personajes me pertenece a excepción de Oliver. Todos son propiedad de Stephenie Meyer.

Hola, espero y disfruten del capítulo. Me encanta leer sus comentarios.

P.S. Ya estamos cada vez más cerca del final ………………………………………………………...

Alec Pov

Nunca durante mi larga existencia y mis multitudinarios viajes había visitado Montana, he de decir que no es muy diferente a Nunavut en primavera, sus largas y nevadas montañas me dan una sensación de paz y calma inimaginable, más cuando a mi lado se encuentra la chica que inflama mi corazón.

-¿Qué tanto hablabas con Charlie?-cuestionó mientras fijaba su mirada en la revista científica que había estado leyendo desde el inicio de la mañana.

La pregunta me tomó por sorpresa, hace rato que ambos habíamos estado en silencio, sumergidos en nuestros pensamientos.

-Oh, nada importante, solo me recordaba que aún tiene muy buena puntería y que no teme en usar su escopeta conmigo-dije divertido al recordar la amenaza del veterano hombre.

Charlie estaba de visita desde hace tres días, para la alegría de Bella, Renesmee y sorprendentemente de la mía; desde aquella visita en Forks, el canoso hombre y yo habíamos formado una relación cordial y de respeto. Por lo que no era de extrañar que pasará parte de mi tiempo escuchando sus anécdotas y sus consejos, riéndome de sus alocadas aventuras.

-Y la tiene, lo he visto cazar con gran excelencia, así que si me haces infeliz no me opondré a que seas la presa-aseguró mientras intentaba esconder su risa detrás de la publicación.

Hablar con Charlie y de él siempre es placentero, aunque nuestra conversación de hace algunas semanas aún perturbaba mi mente… Aun así este no era el momento para enfocarme en eso.

-¡Pobre de mí! Estoy condenado a hacerte feliz-indiqué mientras soltaba una sonora carcajada, ahuyentando los recuerdos de nuestra charla.

Mi par me observó divertida ante mi exagerada reacción, uniéndose a mí con una sonora risa mientras dejaba a un lado su lectura, pronto se levantó del sofá y se acercó hasta donde me encontraba.

-¡Qué gran castigo! Pobre vampirillo, condenado a amarme por toda la eternidad-añadió divertida mientras se abrazaba a mi pecho.

-¿Sabes cómo puedes aplacar esta pena?-pregunté con falsa melancolía.

-¿Con qué?-cuestionó Reny imitando a una dama apenada.

Fingí pensarlo por algunos segundos mientras mi par me regalaba un par de sonrisas coquetas.

¡Ah, esas son mis favoritas!

-Tal vez un beso podría aliviar este dolor-sugerí con fingida inocencia.

-¿Solo uno?-cuestionó mi par mientras levantaba su pincelada ceja.

-A lo mejor dos…-agregué entretanto que me acercaba sigilosamente a su rostro.

¡Como un cazador a su presa!

-Mmm puede ser…-reflexionó en voz baja, sus ojos trazaban mis movimientos en silencio.

-¿Lo dudas?-cuestioné contra su cabello.

-¡No!-aseveró mientras tomaba mi rostro entre sus pequeñas y finas para luego fundirnos en un desesperado beso.

Es ridículo como solo el contacto de sus labios contra los míos puede causar tantas sensaciones al mismo tiempo, la apreté contra mí mientras la elevaba suavemente. Me encantaba hacerlo pues su ahora largo cabello caía como una cortina, cubriendo nuestra muestra de afecto, haciéndome sentir protegido y dándole el control del beso a mi par.

Pronto su cálida lengua entró en contacto contra la mía, arrancando un placentero gruñido de mi boca y un feliz suspiro de Reny, en el calor del momento mi par rodeo mi cintura con sus largas y rebosantes piernas, mientras sus manos recorrían desde mi rostro hasta mi cabello y viceversa, podía sentir el cambio de temperatura en su dedo anular, que ahora estaba adornado por un bello anillo, la señal de nuestro compromiso.

"¡Ejem!"

Escuché a alguien aclararse la garganta, su aroma me decía que era mi inmortal suegro, baje rápidamente a mi amada, tratando de no lastimarla durante la acción.

-¡Papá!-exclamó Renesmee apenada y sorprendida.

Edward nos vio con el rostro serio, pese a eso podía ver como una pequeña sonrisa se asomaba en su rostro.

-Solo venía a decirles que Alice nos necesita en la sala-indicó para darse la vuelta y salir de la habitación.

Mi híbrida favorita y yo nos quedamos en silencio por algunos segundos, esperando a que Edward se alejara lo suficiente para hablar de nuestro momento de vergüenza.

Tras escuchar los pasos de mi suegro cada vez más distantes, mi par soltó una sonora carcajada, sus mejillas estaban completamente rojas de pena mientras sus labios estaban hinchados tras el beso.

-Añadiré eso a mi lista personal de bochornos-dije tratando de ocultar una sonrisa.

Reny tapó su boca con una mano, mientras intentaba ocultar su risa, sin duda alguna esto era algo que recordaría con pena para toda mi vida.

-Fuimos captados "in fraganti"-añadió mi par después de que parara de reírse.

Amaba verla tan feliz y divertida.

-No es la primera vez…-añadí tímidamente.

-Ni será la última. Ahora vamos que Alice nos necesita-dijo mientras salía de la habitación seguida por mí.

Al bajar me di cuenta de que no solo los Cullen estaban en la sala, también estaban mis maestros, Jane y los aliados de mi clan.

¡No eran buenas noticias!

-Alec, querido que bueno verte tan pronto-indicó Aro al verme, pronto me alejé de mi par para colocarme al lado de mis maestros.

-Amo, me sorprende verlo tan pronto, pensé que nos reuniríamos mañana-dije confundido.

Renesmee me miró preocupada mientras recostaba su cabeza en el hombro de su abuelo materno. Charlie sabía de nosotros, tras mi viaje a Forks hice saber a mis maestros de que el viejo policía tenía conocimiento de nuestra naturaleza, lógicamente el tema causó un gran revuelo entre los maestros quienes se debatieron en como proceder ante tal revelación.

-Así estaba planeado querido, pero la señorita Cullen nos necesitaba de urgencia-afirmó calmadamente mientras saludaba desde lejos al jefe Swan.

Después de días de discusiones, los maestros acordaron en dejar con vida al anciano, después de todo su edad ya era muy avanzada y había guardado el secreto de su hija desde hacía varios años.

Pronto Alice se acercó a mi amo, extendiendo su mano para que esté la tomase entre las suyas, después de unos segundos los ojos de Aro se expandieron ante lo que había visto.

-¡Es hora!-indicó firmemente mientras dejaba ir la mano de la pequeña vidente.

La realización de lo que eso significaba choco contra mí como un tren a toda marcha.

¡El tiempo había llegado!

Pronto todos a nuestro alrededor se empezaron a preparar para marcharse, yo también tenía que hacerlo.

¡Debíamos marchar como soldados a la guerra!

-¿Alec?-musito mi par quien ahora estaba a mi lado.

Podía ver la angustia en sus grandes ojos café, Dios detestaba verla así.

-¿Me ayudas a prepararme?-pregunté con una sonrisa.

Quería distraerla con algo...

-Sí, claro-respondió nerviosa.

Subimos de nuevo a su habitación en donde se encontraban mis pertenencias, sin decir una palabra, mi par me ayudó a vestirme con mi capa negra y a colocarme mis guantes.

La verdad mi atuendo para la batalla no era muy diferente a lo que normalmente uso, excepto porque era ceremonial y todo en negro, siendo los toques dorados y rojos de la capa los que más sobresalen.

-¡Promete que te cuidarás!-dijo Reny después de un tiempo.

-¡Lo haré, no te preocupes!-aseguré mientras la tomaba entre mis brazos.

Renesmee enterró su rostro en mi pecho mientras sus brazos me apretaban contra ella, su angustia se mostraba a flor de piel.

-Cara mía, todo estará bien, me tendrás pronto de regreso a tu lado-dije mientras besaba su cabello.

Era un mentiroso, las batallas como estas eran impredecibles, nunca se puede asegurar si se podrá regresar con vida o con lo que sea que tenga.

-Déjame ir contigo-añadió mientras se despegaba de mi pecho.

-¡No, tú tienes que quedarte aquí y cuidar de Charlie!-indiqué severamente.

Renesmee no podía ir a la batalla, pese a que es el ser más inteligente que conozco, su conocimiento en pelea es nulo.

Además no quiero que esté en peligro.

-Pero nada, Renesmee debes prometerme que te debes quedar aquí-indiqué seriamente.

-Alec…-empezó a decir mi amada.

"¡Es hora de irnos!", escuché decir a Jane tras la puerta.

Debía irme ahora.

-¡Te amo!-exclamé para después besar fervientemente a mi prometida, quería recordar sus labios por si regresaba o no.

-¡Yo también te amo, te amo mucho Alexander!-indicó mi par mientras me besaba de nuevo, esta vez su beso sabía a sal, eran sus lágrimas las que opacaban el dulce sabor de sus labios.

-Vuelvo pronto-concluí para después salir de la habitación sin ver atrás.

No quería verla llorar, si lo hacía ya no tendría el valor de irme y no podía hacer eso, no podía dejar a Jane ni a los maestros.

¡No puedo acobardarme!

Apresuradamente llegué hasta donde estaban los demás, mi hermana de cabellos color sol me vio con afecto mientras extendía su mano hacia mí, sin dudar un segundo la tome, entrelazando mis dedos con los suyos.

-¿Listo para patear traseros traidores?-preguntó Felix divertido mientras se unía a nosotros.

Avanzábamos rápidamente, en pocos minutos estaríamos en Alaska, en donde esos traidores nos esperaban.

-Desesperado por hacerlo, de hecho-indiqué mientras sonreía.

Mientras marchábamos a nuestro destino, observé de lejos a mis suegros, los Cullen nos acompañaban solo Esme y Rosalie se habían quedado en casa junto a Renesmee y al viejo Charlie.

Con Renesmee segura y con mi gemela de la mano estaba listo para enfrentarme a lo que sea que me depare el futuro.


-¿Segura que ya vienen?-cuestionó el alta rubia.

-Sí, puedo sentirlos cerca-indicó Tanya.

Los traidores estaban listos, los vampiros y los cambiaformas estaban alineados, esperando la llegada de los Volturi con desespero y ansiedad.

Pasaron algunos minutos en completo silencio, todos estaban alerta, Kate tomó la mano de Tanya con fuerza, tenía miedo, pero estaba segura de que ganarían, los Volturi jamás verían venir a la manada. Además tenía la esperanza que tanto el clan Egipcio como Eleazar y Carmen vendrían en su apoyo.

-¡Están aquí!-exclamó Joham, rompiendo con el sepulcral silencio.

A lo lejos observaron cómo un grupo de capas negras se acercaban a gran velocidad, decididos a matar o morir.