Descargo de responsabilidad: Ninguno de los personajes me pertenece a excepción de Oliver. Todos son propiedad de Stephenie Meyer.
Hola, espero y disfruten del capítulo, si bien es el final a la hora de escribirlo tome la decisión de dividirlo en dos partes, siendo esta la primera.
Gracias por sus comentarios, amo leerlos.
Capa Negra= guardia de alto rango
Capa Gris= guardia de bajo rango
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Alaska, EE.UU
Los aullidos del lobo eran estrepitosos, inundaban todo el campo y llamando la atención de sus similares, pronto todos los miembros de su manada levantaron las orejas para escuchar lo que decía su alfa.
"Nos mintieron" exclamó su líder furioso.
"Te lo dije" dijo la loba de blanco pelaje.
"Malditos mentirosos"
"Nunca confíes en una rubia"
"¿Qué haremos ahora?"
"Maldita sea Jake"
Los pensamientos de sus compañeros perturbaban a su líder, dejándolo más confundido, había estado a punto de asesinar a un oponente cuando su Renesmee salto a la escena, poniéndose como un escudo humano entre él y el chupasangre de capa negra, diciéndole que cometía un error que estaba en el lado equivocado.
La actitud de la chica lo dejó desconcertado.
¿Por qué había defendido con tanta pasión al cara pálida?
¿Por qué le importaba?
Aun así no les dio importancia,haciéndolos a un lado, tenía mucho más por qué preocuparse, pues la sangre le hervía en las venas, había arriesgado a su manada, sus amigos, su familia, en vano, su amada no estaba en peligro, nada de lo que la rubia le había dicho era verdad, sin pensarlo mucho, gruño con fuerza en dirección a su impronta quién cerró sus bellos ojos con temor al verlo emprender la marcha hacia ella, sin embargo ni un solo de sus cabellos fue dañado, el licántropo paso a su lado atacando a un neófito que estaba a punto de abordarla, alejando el peligro de ella y junto con el peligro él.
La chica suspiró aliviada al verlo alejarse, ahora podía concentrarse en su amado, quién se recuperaba del ataque.
-Rosalie, llévatela de aquí-exclamó el vampiro defendido, para sorpresa de su amada.
La chica dorada pese a que detestaba obedecer, hizo como este le dijo, tomando de la mano a su sobrina.
Alec vio que la tristeza se hacía presente en el rostro de su amada, ella no comprendía que era importante y que debía protegerla, por eso era necesario que saliera pronto de ahí.
-No, no me quiero ir-decía la chica de castaños cabellos mientras trataba de zafarse del agarre de la inmortal.
-Lo siento, no dejaré que te lastimen-sentenció la chica dorada mientras se llevaba a jalones a la pequeña híbrida.
Su amado la observó alejarse para adentrarse nuevamente en la batalla, iría a buscar a su gemela.
La intervención de la joven Cullen, había cambiado las reglas de la batalla, los cambia formas ahora atacaban a sus antes compañeros, dándole la oportunidad a los Volturi y a sus aliados de ganar la guerra, esto hizo que la mente maestra de dicho revuelo entró en pánico, luchando con todo pues su ventaja se había vuelto contra ella. Podía observar como los clanes con los que hace no muchos años había compartido peleaban en su contra, diezmando poco a poco a su gran ejército.
Uno de estos clanes era el de los Cullen, quienes se encontraban luchando con todo contra los neófitos y los aliados de estos, Carlisle, el líder, emprendía una lucha cuerpo a cuerpo contra Joham a quien pronto sometió, quebrándole el cuello y separando la cabeza del resto de su cuerpo, se quedó observando la escena mientras la culpa amenaza con ahogarlo, pesé a hacerlo para sobrevivir, el patriarca del clan Olímpico detestaba asesinar, incluso a un pervertido desalmado como Joham, pero la guerra no era lugar para culpas y debates de moral, eso lo haría después primero debía de asegurar la supervivencia de su clan; alzó su vista en busca de su familia, vislumbrando a su esposa y su hija quienes luchaban contra algunos neófitos a lo lejos, el buen doctor y patriarca emprendió su marcha a toda velocidad al lugar donde ellas se encontraban, uniéndose en su ayuda.
"Uffff"
Un suspiro de alivio escapo de la boca del rubio ex soldado, iba en camino a ayudar a su amada, pero sus padres adoptivos se unieron a ella, acabando con los neófitos que se les acercaban, con ese peso menos su atención volvió a su punto central "María", ella había dado la instrucción de atacar a Alice, una y otra vez, poniendo en aprietos a la delgada inmortal, el rubio sabía que debía de acabar con ella, ya había causado mucho daño a él y otros inocentes, quienes caían rendidos ante su encanto engañoso, emprendiendo el paso en dirección a la curvilínea latina, notó como está dirigía a varios de sus minions contra él.
Su don era espeluznante, volvía a todos sus marionetas, pensaba el ex confederado, quien iba deshaciéndose con gran estilo de todo aquel que se le cruzaba, para satisfacción suya y terror de la latina, quien en pocos segundos se vio acorralada.
-Jasper, por favor-murmuró la vampiresa con una mirada de falsa inocencia, estaba usando su don para salvarse.
-No María, ya hiciste mucho daño, es tiempo de que afrontes las consecuencias-exclamó Jasper, mientras esquivaba un golpe de la vampira que habitaba en México.
-¡Maldito seas!-exclamó la inmortal de gran belleza al verse perdida.
Pronto el rubio la inmovilizó, usando su fuerza para poder acabar con ella, mientras separaba la cabeza del cuerpo, podía escuchar el crujido de sus gélidos y sólidos músculos mientras estos se rompían, a los pocos segundos logró separar la cabeza de los músculos de quien había sido su ex amante, sonrió para sus adentros, lo había logrado, al fin había dejado ese oscuro pasado atrás, liberándose él y los minions que ella había adiestrado, su alivio era tan amplió que no se percató de la llegada de un desconocido neófito quién de un solo golpe destruyó el cráneo del rubio, cuyo cuerpo quedó tendido en la blanca nieve.
"Nooooooo"
A lo lejos se escuchó el grito de horror que Alice emitió, Jasper había muerto, su mundo se había derrumbado por completo, no lo había visto venir.
Los sollozos de la vampira de cabello corto retumbaron por todo el campo, captando la atención de Edward, quién se dirigió hacia el lugar, en donde había quedado tumbado su hermano, su rapidez tomo por sorpresa al joven transformado, quien poco pudo hacer para defenderse, pues la rabia del lector de mentes se hizo presente en el acto acabando con la corta existencia del nuevo vampiro de manera rápida y brutal.
Quería quedarse y llorar al ex confederado, pero en medio de la guerra no hay tiempo para lamentarse menos cuando tu amada está luchando contra una vampira de pronunciadas curvas a unos metros de ti; su esposa pese a ser fuerte y tener un don poderoso, no era más que una inmortal de cuerpo esbelto y pequeño en oposición a la fuerza y el vigor de la gran mujer a la que se enfrentaba, usando su velocidad logró llegar hasta donde ambas estaban en plena lucha, tomó a la pelirroja por los brazos, alejándola de Bella quién había estado batallando por liberarse del fuerte agarre de la mujer, dejándola sin la capacidad de moverse, era persistente debía de admitir y fuerte, aun así se las ingenió para sostenerla en el lugar, dándole la posibilidad a su amada de acertar un golpe certero que le permitió arrancarle la cabeza con facilidad.
Pronto Siobhan se unió a todos aquellos cuerpos que yacían en la blanca nieve del campo.
Liam, el par de Siobhan, observó con furia como acababan con su mujer, llenándose de ira, la cual lo impulso a cruzar el campo, esquivando a neófitos, guardias y a lobos que se atravesaban en el camino, sin embargo su marcha no llegó tan lejos, pues se vio interrumpido por un gran lobo de negro y grueso pelaje quien se acercaba a toda velocidad en su dirección, derribándolo por completo, sin perder el tiempo la bestia clavo sus afilados dientes en el pálido cuello del inmortal quien luchaba por darse la vuelta, y así para poder apartar al lobo de su garganta, usando toda su fuerza logró su cometido, pero al hacerlo le dio acceso al hombre lobo de poder encajar mejor sus incisivos y despojar a su cuerpo de su tan necesaria cabeza, tras finalizar su misión el líder de negro pelaje aulló con dirección al cielo, uniéndose pronto a él los demás miembros de su manada.
El aullido de los lobos penetraba con violencia el delicado oído de la pequeña Maggie, quien con horror había visto como su clan era eliminado, sentía pena, a la vez también sabía que esto pasaría, les había avisado y tratado de prevenir, sabía que Tanya mentía, que sus planes no eran nobles ni heroicos, solo eran una excusa para vengar la muerte de su hermana. Al verse imposibilitada, trato de correr y huir del lugar, pero fue interceptada por un grupo de guardias quienes la rodearon e inmovilizaron.
-Por favor, no me lastimen-suplicó la chica con horror en su mirada.
-¿Por qué no debería de hacerlo?-dijo un guardia de capa gris mientras tomaba a la chica por el cuello.
-Porque me rindo, por favor, me rindo-chilló la chica de cortos rizos castaños.
El guardia pareció meditarlo por algunos segundos, los cuales parecieron eternos para el pequeño ser.
-Está bien, no morirás, pero serás nuestra prisionera, en espera de juicio. Y los maestros decidirán tu destino-sentenció el guardia.
La chica suspiró, al menos no moriría hoy.
-Quédate tú y tú con ella-dijo el guardia señalando a dos capas grises-nosotros iremos a apoyar-indicó mientras él y el resto de ellos se adentraron de nuevo en la batalla.
-¿Crees que ganáramos?-comentó un guardia de voz suave.
-Si me lo hubieras preguntado hace unos minutos hubiera dicho que no, pero ahora veo posibilidades de hacerlo-indicó su compañero con esperanza.
Maggie estaba callada mientras los escuchaba hablar, lo único que podía hacer es observar el curso de la guerra, vislumbrando a lo lejos a una rubia conocida que llevaba de la mano a una chica mitad vampiro y mitad humana.
-Vamos Nessie, tenemos que salir de aquí-decía Rosalie mientras jalaba a su adorada sobrina.
-No puedo dejar a Alec-repetía la joven mientras intentaba zafarse del agarre.
-Tenemos que irnos antes de qué...-la oración se quedó a medias pues pronto las dos chicas se percataron que un grupo de neófitos las habían rodeado
-¿A dónde tan rápido?-preguntó divertido un neófito mientras se dibujaba en su rostro una sonrisa malévola.
Demonios, habían sido atrapadas...
