Descargo de responsabilidad: Ninguno de los personajes me pertenece a excepción de Oliver. Todos son propiedad de Stephenie Meyer.
Ya estamos en el final, les quiero agradecer por su apoyo constante, amo leer sus comentarios y les estoy sumamente agradecida por seguimiento. Les mando un fuerte abrazo y espero que les agrade el final, recuerden dejar sus comentarios.
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Es también el azar que juega crueles carreras y ajetreos y a los corazones lleva a envenenarse por trofeos.
-Azaroso Destino de Luis Demetrio
"¿A dónde tan rápido?" Preguntó el recién transformado mientras miraba al par con una mezcla de coqueteo y de hambre.
La rubia podía escuchar como el corazón de la híbrida palpitaba con desenfreno, la sangre le corría con violencia en las venas, siendo apetitosa para los neófitos que las rodeaban.
-De hecho vamos muy lento-indicó la rubia intentando avanzar.
-No, no puedo dejarte ir, menos cuando tienes junto a ti a un ser tan apetecible-dijo con tono socarrón el neófito mientras le bloqueaba el paso a las dos chicas.
La chica con rostro de Barbie observó a su alrededor, con desgana para después confrontar al muy ladino.
-Que mal por ti, entonces-exclamó la rubia sonriente para después empujar con fuerza al desconocido.
Este salió expulsado por los cielos cayendo escandalosamente en el suelo a varios metros de ellas, el acto de la rubia inició el ataque de los transformados, Rosalie la más experimentada luchaba con gracia mientras la joven Renesmee tenía dificultades al hacerles frente.
"Nota mental: aprender a pelear"
Repetía la joven en su cabeza mientras trataba de recordar los movimientos que su ahora fallecido tío Jasper le había enseñado tiempo atrás.
-Nessie, recuerda, quítale la cabeza-murmuró su tía mientras trataba de desprender la cabeza de un neófito.
La chica mitad vampiro trató de seguir las instrucciones dadas, fracasando grandemente en el intento, rayos, ella era una científica o al menos un intento de ella, pero no una hábil contendiente y eso se estaba evidenciando. Pues tanto ella como su tía estaban siendo superadas en fuerza y número dejándolas inmovilizadas con rapidez, suplicando en silencio por un milagro, urgente.
En su angustia, los pensamientos de la híbrida se dirigían a su amado.
"¿Dónde estaba?"
Dios, lo necesitaba con urgencia, más ahora que el agarre de los neófitos se endurecía y que sus afilados dientes se acercaban peligrosamente a su cuello.
"¿Alec, dónde estás?" Se preguntaba la joven con desespero.
Alec, quien ignoraba el predicamento en el que se encontraba su novia, había llegado hasta donde su gemela estaba, la había visto tener problemas con su objetivo y es que en un intentó de ayudar a su amado Oliver quien estaba a punto de perder frente a Garrett, descuidó su espalda, dándole la oportunidad a Kate de atacarla y dejarla imposibilitada.
La otra Denali, disfrutaba poder someter a Jane con su don, llevaba años deseándolo y por fin era su momento, pronto solo se podía escuchar los gritos de dolor de su hermana quien estaba siendo cruelmente torturada.
-¿Dime Jane, que se siente ser la que sufre?-preguntaba divertida la alta Denali mientras descargaba su ira acumulada en la gemela mayor.
Oliver miraba con impotencia cómo su esposa era atormentada sin piedad, quería acercarse y ayudarla, pero Garrett no le permitía, el viejo vampiro era mucho más rápido que él, su
conocimiento en batalla era superior al suyo, dejándolo sin la capacidad de poder auxiliar a su par.
-Lo pagarás muy caro-musitaba entre dientes Jane.
-¿Ah, sí? ¿Y quién me hará pagar?-cuestionó burlona la alta Denalí.
"Pues yo, quién más" escuchó decir la vampira de lacios cabellos, pronto reconoció la voz que le hablaba, era la voz de Alec, el terrorífico gemelo menor.
-¿Acaso creíste que te saldrías con la tuya?-cuestionó el guardia de negra capa.
La rubia maldijo para sus adentros mientras empezaba a sentir como el tacto desaparecía de sus extremidades, pronto la gemela mayor se deshizo de su agarre, levantándose del suelo, mientras su característica sonrisa siniestra aparecía nuevamente en sus labios.
El don de Alec era espeluznante, pues sin previo aviso te dejaba sin sensibilidad en el cuerpo, no podías escuchar, ni tampoco hablar, incluso podía bloquear el paladar y el olfato, podrías estar siendo quemada en vida sin siquiera darte cuenta; pero lo que más aterraba de su tan apreciada habilidad es que a diferencia de Jane, él podía utilizarla con más de una persona a la vez.
-Bien dicen que el que ríe de último, ríe mejor-comentó Jane mientras sometía a la inmovilizada vampira con su don.
Ahora era ella la víctima de su orquestado juego.
La presencia del gemelo benjamín no fue solo beneficiosa para Jane, también lo fue para su cuñado, quien ahora tenía a su merced al vampiro socarrón, tanto Garrett como su par estaban condenados y el conocimiento de eso era aterrador. Al cabo de unos segundos los gritos de Kate fueron ahogados por Alec, la rubia de lacios cabellos observó con horror como la cabeza de su amado rodaba por el suelo, uniéndose a esta, la suya segundos después.
-¿Estás bien?-cuestionó el gemelo mientras observaba cuidadosamente a su hermana.
-Sí, lo estoy-contestó ella mientras asentía con la cabeza, aún estaba adolorida, pero sabía que la molestia pasaría pronto.
Oliver se les unió abrazando con fuerza a su amada apretándola contra su pecho, los dos habían estado muy cerca de la muerte.
-¿Tú estás bien?-preguntó la chica de dorados mechones mientras despegaba su cabeza del pecho de su amado para observar a su gemelo.
-Sí, estoy bien-asintió de igual manera que su hermana.
En estas pequeñas acciones se evidenciaba el parecido entre ambos.
Eso lo sabía muy bien Aro, quién lo había notado durante muchos años, sorprendiéndome como la primera vez cada vez que lo ve, los gemelos no solo son sus guardias más preciados también son dueños de una parte de su corazón, como lo serían sus hijos (si los tuviera). El líder se acercó a sus centinelas quienes parecían charlar, en su recorrido observó los cuerpos de algunos guardias tendidos por todo el lugar, así mismo de los restos de varios neófitos.
"Es una lástima" pensó, "tantos guardias potenciales" añadió luego, mientras avanzaba con rapidez.
La batalla había mermado, los guardias y sus aliados se estaban encargando de algunos pocos rebeldes que aún quedaban en pie de lucha, Tanya había sido apresada y estaba en espera de que la situación estuviera bajo control para ser juzgada por sus actos. Aro vio a su alrededor, era una escena trágica, si bien el asesinato era algo normal para él, no le gustaba la perdida de posibles elementos, ni la de guardias necesarios, pronto visualizó en el blanco terreno el cuerpo, no de un vampiro, sino de uno de sus ancestrales enemigos, los lobos.
El denso pelaje negro le era conocido, era Sam, el líder de una de las manadas de los Quileutes, quienes habían luchado en su contra hasta que por fortuna la pequeña Cullen los convenció de ayudarlos. A pocos metros de donde yacía el alfa se encontraban los cuerpos de otros licántropos, a quienes recordaba de antiguos enfrentamientos, el de pelaje café claro era Quil, quién se había improntado de una bebé, al igual que Jacob el otro alfa, y el otro pertenecía al joven Collin Littlesea, quién se había visto forzado a transformarse a la edad de trece años.
Que desperdicio, tenían una vida por delante, pero la guerra es cruel y eso lo tenía claro el líder.
-¿Todo bien?-cuestionó la cabeza del clan tras unirse a sus gemelos brujos y a Oliver.
-Sí, maestro-dijeron al unísono los tres.
-Me alegró, la batalla ha acabado, eliminen a los prisioneros y quemen las evidencias-ordenó con neutralidad mientras señalaba los cuerpos que yacían en el área.
-Sí, maestro-contestaron para luego hacer como se les había dicho.
-Me alegró que llegarás a tiempo-indicó la cabeza del clan mientras posaba su mano en el hombre del hermano menor.
El corazón de Alec se sentía liviano, el peso del miedo y la incertidumbre se habían disipado, temía no volver a su amada, pero ahora gracias a su intervención, tenía la posibilidad de poder regresar a casa, a sus brazos y descansar después de tan agitada jornada. Confiaba en que tanto ella como Rosalie ya estaban fuera del campo, esperando a los demás en una zona segura.
Pero la realidad era que ambas chicas estaban en serios aprietos, habían sido sometidas y en espera del final.
Renesmee sentía que su corazón se saldría de su pecho, palpitaba como loco y es que estaba cerca de su final (de nuevo) y no era uno feliz pues los colmillos del recién transformado estaban a punto de ser enterrados justo en donde atravesaba su yugular, la joven cerró los ojos, una mala costumbre que se hacía presente en los momentos de más angustia y que la condicionan a esperar lo peor.
-¿Qué tenemos aquí Felix?-cuestionó una voz conocida.
Renesmee abrió con cautela un ojo, en su plano visual apareció una figura alta y musculosa bastante conocida, era Emmett su encantador tío.
-Me parece que tenemos a un grupo de cobardes-indicó el antiguo gladiador.
La joven Cullen quién ahora tenía ambos ojos abiertos observó a los corpulentos hombres con felicidad.
Sin duda alguna tenía más vidas que un gato y mucha más suerte que un irlandés.
Los neófitos las soltaron para lanzarse al ataque de ambos hombres, quienes no se inmutaron ante tal acción pues con su fuerza y experiencia los destruyeron con facilidad.
-¡Eso estuvo cerca!-exclamó Renesmee quién aún no creía en su buena suerte.
-Muy cerca, pero ya todo paso. Estamos bien y a salvo-comentó Rose a medias pues mientras hablaba el neófito a quien había lanzado lejos la atacó por la espalda, desprendiendo de un contundente golpe la cabeza de la rubia.
La joven híbrida pegó un grito mientras que Emmett se lanzó al ataque del neófito quien pronto se unió a Rose en el suelo.
El corazón de Renesmee se quebró en ese momento, en un solo día había perdido a dos de los seres que más amaba, justo enfrente de ella y sin poder hacer nada.
El campo quedó en silencio, los Cullen lloraban a sus miembros perdidos, mientras los demás clanes aliados reunían a sus miembros sobrevivientes para unirse al juicio de Tanya quién esperaba con temor su final.
-Por tus crímenes contra el secreto vampiro, la acusada es declarada culpable- sentenciaba Aro con frialdad.
Tanya tenía la mirada fija en el suelo, sabía que no podía defenderse y que su destino ya había sido decidido.
-Por mentir y utilizar a la manada Quileute para su propio beneficio, la acusada es declarada: Culpable-sentenció nuevamente Aro.
Leah y Jacob estaban presentes en el juicio, los demás miembros de las manadas se habían marchado a casa con el cuerpo de sus compañeros, de igual manera hicieron los clanes de vampiros, dejando solo a unos cuantos representantes.
El alfa esperaba que su amada no hubiera hecho lo mismo, pues después del juicio quería hablar con ella.
-Al ser declarada culpable de todos los crímenes que se le imputan, la acusada ha sido sentenciada a muerte-concluyó Aro, mientras los demás miembros del clan Volturi asentían, aprobando la resolución.
-No, por favor, no-gritaba Tanya con desespero mientras el agarre de sus brazos se tensaba.
Caius quien era su ejecutor la vio con una sonrisa siniestra, le divertía ver como la chica suplicaba después de planear este alboroto y de decir que ella misma se encargaría de arrancarle la cabeza.
-Muy tarde-comentó para después de una sola vez arrancarle la cabeza, al mismo tiempo que los otros dos guardias desprendían sus extremidades superiores, para después prenderles fuego.
Las llamas consumieron los cuerpos de los caídos, sueños, anhelos y deseos eran desvanecidos junto con ellos, borrando todo rastro de la batalla.
Cuando todo terminó y el campo se encontraba como antes, el lobo alfa sobreviviente empezó a buscar a su impronta, dándose cuenta que ya no estaba en el lugar, debía de encontrarla y hablar con ella, quería suplicarle, pedirle perdón y que regresará con él a casa.
Alzando su cabeza pudo captar el aroma perteneciente a la dueña de sus sueños, empezando a avanzar en dirección a este.
"¿A dónde vas?", cuestionó Leah mientras observaba las acciones del lobo.
"Jake, ya déjala ir"
"Vamos Jake, regresemos a casa"
Comentaba sin éxito Leah, más él no le respondió siguiendo su agudo olfato bosque adentro, atravesándolo sin más y encontrándose ahí una pequeña cabaña en donde el aroma de su Nessie estaba concentrado, sin duda alguna ella se encontraba en el lugar, pero su aroma no era el único, podía sentir el molesto olor a chupasangre que la rodeaba, no estaba sola, debía de estar con los demás Cullen.
Quienes lo odiaban sin razón.
Sin importarle se acercó a la cabaña, en donde vislumbró a su amada, pero la imagen de esta distaba de ser agradable, pues su dulce y tierna Nessie estaba siendo corrompida por las manos y los labios de un vampiro de negra capa.
El lobo aulló con fuerza y con dolor, nunca pensó que su adorada pudiera entregarse a otro, se supone que la impronta solo debe de corresponderle al improntado, no a otro; el desgarrador sonido alertó a los enamorados quienes se separaron de inmediato, haciendo que el chupasangre se colocará con rapidez enfrente de su Nessie, bloqueando el camino.
Maldita sea, el cara pálida no era ni más ni menos que Alec Volturi, un viejo enemigo de los Cullen y el cínico que había llegado a su reserva para intentar hacer un estúpido trato, no podía creer lo bajo que su impronta había caído.
Lleno de furia Jacob se lanzó al ataque de los enamorados, quería terminar con él y también con ella, si no era de él no lo sería de nadie más, no, no podía soportar pasar por lo mismo que pasó con Bella.
No, no de nuevo.
De repente un fuerte ruido llenó el ambiente, era el sonido de un par de disparos provenientes de escopeta había silenciado el lugar.
El cuerpo del lobo cayó sin vida en el suelo mientras sangre brotaba de su cabeza, al mismo tiempo que estaba se extendía por el suelo, tiñendo de rojo la nieve, el gélido aire se inundaba de humo, dándole a la escena un aspecto sombrío.
El viejo jefe Swan sostenía una escopeta entre sus manos, se encontraba en dicha cabaña junto a su hija y su nieta celebrando la victoria, cuando el lobo atacó.
-Debí haber hecho eso hace mucho tiempo-comentó mientras bajaba su arma, dejando a todos los presentes estupefactos.
El viejo jefe Swan era decidido y no temía enfrentarse a un ser sobrenatural con tal de defender a su familia.
Renesmee observó el cuerpo con sentimientos encontrados, por una parte sentía lástima hacia quién fue su mejor amigo por muchos años, pero por la otra sentía alivio, se había terminado todo, ya nunca más la perseguiría y ella podría seguir adelante.
Agradecía que los fuertes brazos de su amado la rodeaban con ternura, todo esto era muy impactante, en un solo día perdió a muchos, amados u odiados pero todos conocidos.
Sin duda alguna el destino era engañoso, pues en el blanco suelo yacía a quien ella pensaba que estaba destinada y quién más la ha dañado, mientras que su antiguo enemigo la sostenía entre sus brazos con amor.
En ese momento Renesmee entenderían que nunca podría descifrar los azares del destino.
Leah quién había observado todo huyó del lugar, sentía tristeza por Sam, Quil y Collin, quienes habían muerto en vano, por la necedad de Jake. También se sentía mal por él, pero su muerte era la única solución para salir de esta espiral demente, la impronta no era más que una maldición que te hace cometer actos de locura, lo vio con Sam y Jake pero ahora ellos habían sido liberados, liberándola a ella, a Emily, Claire y a Renesmee.
Sintiéndose aliviada se dirigió a casa, sabía que los Cullen se encargarían del cuerpo de Jacob, llevándolo con sus hermanas y que a su llegada ella tomaría las riendas de las dos manadas, aceptando el trato con los Volturi. Nunca más un vampiro volvería a pisar sus tierras, manteniendo a su gente seguro y permitiéndole a sus jóvenes evitar el sufrimiento de ser un cambiaformas.
