PRÓLOGO
—Así es, aquí de hecho hay una presencia— mi guardiana confirmó mis dudas secamente. Abriendo mis ojos sorpresivamente, mordí mis labios asintiendo una vez más; dirigiendo mi mirada cuidadosamente a las cuatro esquinas del cuarto, intentando sin éxito localizar alguna energía, un gemido de dolor había hecho que mi atención se posara bruscamente de nuevo en la mujer que estaba frente mío. El ruido estruendoso había desaparecido por unos minutos, indudablemente se trataba de un espíritu.
—Me duele, por favor— suplicaba la mujer, con un hilo de voz.
Intentando ocultar mi ansiedad, tragué saliva y volví con mi labor —Tranquila, la señora Kaede es una sacerdotisa muy fuerte — le aseguré, con una gran sonrisa —ella se encargará, estarán bien —afirmé, aceptando más mantas tibias de parte de una joven ayudante—ahora por favor, continúe ya falta poco.
Estarán bien, estarán bien, estarán bien. Por favor, que los tres estén bien.
No iban a estar bien, la sangre corría sin parar entre sus piernas, no había manera que la madre estuviese bien.
De manera suplicante, levanté mi vista de nuevo a mi mentora; la misma había confirmado una vez más lo que sin formular palabras le había cuestionado, y en retorno, igualmente sin dirigirme la palabra y, simplemente sosteniendo mi mirada, con una mueca de tristeza negó con la cabeza.
No pude hacer nada, mirando a la madre de nuevo, pude verla: estaba sumamente pálida, dando sus últimas fuerzas por sus hijos, y con un último respiro había quedado tiesa en aquel futón.
Llantos desgarradores inundaron mis oídos, las sirvientas y la señora de la mansión en donde nos habían convocado lloraban su perdida. Cerrando mis ojos e intentando concluir con mi trabajo, procedí a atender al bebé que tenía entre mis brazos. Ambos niños habían sobrevivido, pero la joven madre no.
Levantándome bruscamente de la posición en que estaba, entregué a la pequeña criatura en los brazos de una de las mujeres que había servido a la hija de un gran daimyo de la zona.
El parto había sido duro: casi catorce horas, gemelos.
—La presencia—recordé, observando la habitación de nuevo: luego de casi catorcehoras, un ruido estruendoso había inundado aquella habitación. La mayor de las tres mujeres que nos habían acompañado en el parto había palidecido. Casi rogando con su mirada, se había dirigido a Kaede.
—Por favor, no mencione nada de esto—había suplicado—aquella presencia es…era el amante de la señorita —había explicado, acariciando la frente de la joven fallecida.
Disimuladamente, me dirigí a ver a uno de los niños, no me había dado cuenta, pero ambos relucían una cabellera de color casi purpura claro, marcas como pequeñas escamas rodeaban sus extremidades, ambos eran hanyo.
Tal vez, y la presencia había vaticinado el fin de su amada —pensé. Acariciando suavemente el rostro de uno de los niños.
—No se preocupe. Ya me habían notificado de la situación — había replicado Kaede.
—Mi esposo vendrá en seguida. Le avisaremos la situación de mi hija—explicó la mayor de las tres mujeres, con lágrimas en los ojos.
Reverenciándonos, salimos silenciosamente al pasillo. Kaede me dedicó una triste mirada, y yo simplemente asentí, las manos y las piernas me temblaban. Y, después de casi catorce horas caí rendida de rodillas en el corredor de aquella mansión. Sosteniendo mi cabeza con ambas manos, dejé que todo el torrente de emociones al fin saliera de mi sistema, mordiéndome mis quebrados labios para tratar de controlar mis sollozos.
Pude sentir como la mano de mi tutora acariciaba suavemente mi espalda, intentando tranquilizarme.
Suspirando de manera profunda, cerré mis ojos, limpiándome mis lágrimas con la única parte de mi kimono no se encontraba ensangrentada. Estaba cansada, triste y la sensación de culpa empezaba a aparecer.
Somos tan frágiles, los humanos somos tan frágiles.
Después de varios minutos, a ambas nos habían solicitado pasar de nuevo junto a ambos señores de la mansión. En las afueras de un pequeño estudio, nos habían pedido cordialmente que esperáramos de nuevo.
—Podríamos intentarlo— Se escuchaba desde afuera —Por favor, déjenme intentarlo.
—Sabes que esas son puras leyendas traídas del otro continente. No hay tal cosa – se escuchó a un hombre mayor—Uno no puede jugar con la vida así, uno no puede regresar de la muerte así simplemente— insistía-.
—Sé lo que digo, escuché de una Youkai que puede hacer eso. Una leyenda de mis tierras. Sé que si me deja buscarla, Aiko podría…—insistía la voz.
—No hay tal cosa ¡No debí dejar que ambos tuviesen una relación!, pero Aiko insistió tanto —se escuchó retumbar la voz del mayor —Mariposas que conceden la vida eterna e inmortalidad, tales cosas no existen. Si fuese así, relaciones entre tu raza y la nuestra no sería maldecida por los dioses. Mi pobre hija, mi pobre Aiko—
¿Había dicho una mariposa?
Abriendo la puerta de golpe, el hombre se sorprendió al vernos. Reverenciándonos de vuelta, observamos cómo era seguido por dos personas más: la madre de la joven fallecida, e inundablemente un demonio.
—Agradecemos a ambas por la ayuda de hoy. Señora Kaede, contamos que ni usted ni su protegida repitan nada de esto.
Haciendo una mueca, y manteniendo la vista baja procedí: —No se preocupe, ambas mantendremos su secreto— le aseguré-.
Asintiendo una vez más, e indicando a uno de los sirvientes que nos acompañara a la salida de la mansión, la mujer se dispuso a seguir a su marido. El ambiente de dolor aún se sentía en el ambiente, pero sobre todo la sensación de impotencia decaía en todos nosotros.
—Señora Kaede—pregunté, cuando ambas estábamos saliendo de aquella mansión.
— ¿Sí, Rin?
— ¿Cree que lo de la mariposa sea real?- me aventuré, mirando al suelo.
—Nunca había escuchado de tal cosa — respondió —Pero…Rin, tú más que nadie sabes que uno no puede jugar con la vida—prosiguió—tienes que ser agradecida por ambas oportunidades que has tenido.
La seguí por el pequeño trayecto en donde ambos caballos nos esperaban para partir a nuestro hogar.
—Una última oportunidad, eso es todo lo que tienes Rin—murmuré, repitiéndome mi mantra diaria.
Habían pasado dos años desde que había escuchado el fragmento de un relato de una mariposa que concedía vida eterna. De alguna manera, esas palabras se impregnarían en mis pensamientos, y poco a poco se convertirían en una obsesión.
A/N: ¡Mi primer fanfic en años! Espero lo hayan disfrutado.
Estoy bastante emocionada en compartir esta historia, Rin me parece un personaje tan interesante, aún nos queda descubrir tanto de ella. Espero hacerle un poco de justicia como protagonista principal en este relato.
Habrán referencias de Hanyo No Yashahime a medida que vayan estrenando los episodios, sin embargo ésta historia seguirá su propio curso.
Amrita, es sánscrito. Literalmente significa sin muerte, o inmortalidad.
