Sed por ser algo más
—Capítulo 1—
Lazo no paternofilial para él
Sí podía existir paz para él, al menos gracias al sétimo. Ahora estaba lejos del Karma.
Kawaki observó otra vez su brazo, sentía poco fluido el chakra de su maestro. Suspiró. Tal vez Naruto ya estaba cabeceando, o a punto de quedarse dormido. Le hubiese gustado acompañarlo, leyendo un libro como en anteriores ocasiones, pero su máximo era no incordiarlo.
El sétimo estaba sumido en papeles desde hace días, cargado de trabajo.
Suspiró y se irguió. Había estado echado en el sofá de la sala. Le resultaba extraño el no tener ninguna preocupación encima. Había vivido quince años en la represión que la comodidad asustaba.
Apagó la luz del pasillo y subió las escaleras. Ya había sido comprensivo con el sétimo, apalancándose en el salón cerca de tres horas para no interrumpirlo. Se conocía. El hokage le había demostrado ser confiable y eso lo impulsaba a conversarle. Cada que estaba con él, abría la boca para cuestionarle A o B, así no fuese con la elocuencia de los Uzumaki.
No encontró a nadie en el pasillo. A veces Himawari correteaba por allí o cargoseaba a Boruto, a quien no se lo topó, pero sí oyó. Boruto gritaba o alzaba la voz cada que jugaba en línea, y luego su mamá lo perseguía con el byakugan activo para obligarlo a dormir en caso de que desobedeciese.
Kawaki sonrió con burla y siguió de largo. Esa familia le divertía en cierta parte. Se detuvo en frente de su habitación, o ya la reconocía como tal. Llevaba más de un año con los Uzumaki, con vaivenes y con crisis por culpa de Isshiki, pero al final el tiempo había seguido corriendo.
Había compartido un año con Naruto y su relación con él mejoraba.
Eso sentía.
Por su tipo de personalidad, él no demostraba su cariño tan abiertamente como Boruto, que se le subía encima a su padre, pero a su manera intentaba que Naruto entendiese que a él sí lo apreciaba, o quizás un poco más. Le guardaba un gran respeto, a pesar de que Naruto le cancelase el entrenar de un día para otro. Si no se tratase del sétimo, hace rato lo hubiese mandado bien al diablo.
Se apoyó en la pared frente a la puerta de su cuarto. A veces se preguntaba si a la señora de la casa no le incomodaba seguir prestándole al marido. Naruto continuaba durmiendo con él, seguía vigilándolo al no estar archivado aún su expediente. O tal vez el sétimo permanecía allí para protegerlo. Eso era lo más lógico. Dudaba que Naruto desconfiase de él a esas alturas. Se conocían de pies a cabeza.
Literalmente.
Había visto por primera vez completamente desnudo a Naruto justo el día de ayer.
Siseó al acordarse de lo que sucedió. Le recorrió un molesto cosquilleo a lo largo del cuerpo, había sido tan extraño. La noche anterior se había bañado justamente con Naruto después de entrenar. No había tenido intenciones de acabar así, pero sucedió por no aguantarse las ganas de mear y colarse en el baño por más que Naruto estuviese allí duchándose. Le había enjabonado incluso la espalda al sétimo para mostrarle su gratitud, pero, en el fondo, le había parecido excitante compartir la tina.
Además, esa noche la había rematado al soñar con Naruto, aunque no fuese nada turbulento.
Tragó fastidiado de redundar en lo mismo y escuchó la voz de Hinata, reprendiendo a Boruto por esos gritos de desesperación por una tonta partida. Hinata era estricta con sus hijos, y eso a él le importaba un bledo. Él no era uno de sus niños. Bufó engreído y se anunció antes de pasar a la pieza.
Naruto seguía ensimismado en el escritorio, ojeroso y cansado, con una pila de documentos por leer o por aprobar. Alzó la mano en saludo y se dejó vencer sobre la cama sin más. Qué placer era ese futón tan suave. Un día iba a vegetar en esa cama, o en la de Naruto, que era mucho más amplia.
Volteó de rato en rato hacia su maestro, encontrándolo en la misma postura encorvada de siempre y con su conocido gesto de resignación. Se retiró el brazo de chakra antes de que lo sorprendiese de un momento a otro. Lo colocó encima de su mesa de noche y tomó el libro que leía hace días.
—¿Mañana domingo vamos a entrenar? —le preguntó después de un rato.
Naruto no le contestó.
Volteó y se percató de que el sétimo se había dormido encima de los papeles. Siseó con fastidio. Qué viejo para más oxidado. Rio para sí. Eso comenzaba a convertirse en una rutina. Lo despabiló, o eso pareció por los murmullos inentendibles que Naruto soltaba mientras lo acomodaba sobre sus hombros para poder ayudarlo a caminar a la cama. Lo abrazó de un costado y trastabilló a unos pocos pasos.
—Si me ayuda, se lo agradecería, que pesa un huevo —le dijo con los dientes apretados. Naruto se le resbalaba como gelatina—. Despierte… mierda, sí que se queda seco —murmuró.
No se movió. Aguardó un momento.
—¿Eso… que…? —le pareció escuchar, el sétimo estaba hablando en sueños.
—¿De qué mierda habla?
—Tú… lo… de… amor~.
Sintió nervios cuando Naruto lo abrazó de la cintura demasiado cariñoso. Avanzó a tropezones y llegó a la cama antes de ganarse más sorpresas. Lo jaloneó y lo tendió bien, mientras volvía a oír balbuceos ahora sí inconexos. Si no le falla la intuición, le parecía que estaba soñando húmedo.
Se quedó allí parado: había sentido el mismo sudor frío que en la tina.
Esa era la razón para no sentirse integrado en esa familia. Compartía demasiado tiempo con el sétimo, lo admiraba, pero por más que quisiese, no sentía esa conexión paternofilial que supuestamente debía existir entre ellos. No le nacía y, en realidad, no quería decirle papá. Era otro cariño.
Se inclinó apenas hacia él, apoyando la rodilla en el borde de la cama y las manos sobre el colchón. Aún no llegaba hasta su rostro, no había estirado lo suficiente para alcanzarlo. Bajó la mirada poco a poco por su dorso y volvió a subir, deteniéndose en el cierre de la casaca. Era verano. Era muy probable que Naruto se sancochase de calor si no se la quitaba. Abrió la cremallera y metió las manos por debajo de su espalda para levantarlo, pero no lo impulsó. Tragó. Se sentía caliente ahí encima de él.
Retrocedió y se salió de la cama, perturbado. Se le había cruzado una escena obscena por la mente al estar tan cerca de él. Naruto últimamente lo ponía nervioso. Se ruborizó y no insistió más con la casaca ni con ninguna otra acción, así mantenía su tranquilidad. Apagó la luz y se metió a dormir.
No entendía por qué, de un momento a otro, se había imaginado sentado sobre él, acariciándole toda la espalda, mientras Naruto le recorría las piernas, igual de desbocado de placer. Sintió una erección y se irguió. Se le había cruzado la misma imagen. El calor del verano lo estaba fundiendo.
Necesitaba algo de agua, las manos le sudaban.
—¿A dónde vas, mocoso? —escuchó y se detuvo en seco.
A veces se olvidaba de ese zorro.
—Al baño, me estoy meando.
—¿Y por eso te exaltas tanto?
—… me he mojado la ropa, ¿quieres ver? —le preguntó retador volteando hacia este.
Kurama le mostró los dientes y desapareció.
Era molesto ser observado las 24 horas del día, pero necesario si deseaba resarcirse. Regresó a su tema y se dio cuenta de que el susto le había relajado las hormonas.
De todas maneras, bajó al baño.
Se pasó las manos húmedas por el cabello para refrescarse las ideas. Estaba convencido de que el calor del verano le despertaba las ganas a cualquiera. Antes, nunca había recaído tanto en el tema.
Caminó de vuelta al cuarto y se topó con la esposa a mitad del pasillo. Boruto ya se había ido a acostar, la única habitación que quedaba era la suya. Hinata le deseó buenas noches con la sonrisa amable de siempre. Él respondió con un gesto y no se movió de allí hasta que la vio regresar de donde no debió haber salido. Lo había incomodado. Se sentía fastidiado de que hurgase en su recámara.
Naruto era el marido, pero ese cuarto era todo suyo. Naruto se lo había dicho.
Además, se le sembró nuevamente la duda de hace un rato con respecto a esa vigía. Hinata podía ser una mujer muy comprensiva, pero él no creía que de verdad le gustase que su marido durmiese con él durante un tiempo indefinido. Y era una pena, porque a él tampoco le agradaba la idea de cesar toda esa convivencia con Naruto. Quería libertad para pasear sin supervisión, no botar al sétimo.
Si Hinata se sentía sola en las noches, podía pedirle prestado un peluche a Himawari.
En realidad, Hinata no le molestaba. Alababa su comida y la respetaba por ser la señora de la casa, pero esos últimos días, sí le purgaba cada que la veía apegársele a Naruto con sus ojos de amor.
Ni siquiera sabía por qué recaía en ello. Chistó incómodo. Necesitaba desconectar.
N/F: Muchas gracias por leer ~
