.:El encuentro:.
El frío calaba sus huesos, ¿cuánto tiempo levaba en aquel bosque? Ni siquiera se preguntaba el cómo había llegado hasta ahí, porque ahora era lo que menos le preocupaba ¿Por qué todo se había derrumbado? Era una mejor pregunta. Todos sus huesos sentían un dolor intenso, no le importaba, no después de lo que había descubierto. Ahora sólo quería morir, así que cuando la nieve comenzó a caer y a inundarlo todo, se recargó en la base de un gran sauce. Cerró sus esmeraldas ojos esperando no volver abrirlos.
Estaba preocupada, su padre la mataría ¿qué excusa le diría? Bueno ya pensaría en su castigo, porque por ahora no podía ocultar su enorme sonrisa, él la hacía feliz, más de lo que nunca logró imaginar. Hermione Granger creía que el amor requería de tiempo y trato, creía en los amores basados con los años y la amistad, pero con él no había sido así.
Lo conoció un par de meses atrás, por accidente, mientras recorría el perímetro en busca de enemigos. La guerra había cambiado el orden del mundo. Desde que ella había nacido hasta sus dieciséis años, la alerta de un latente enfrentamiento entre magos estaba en su día a día. Todo estalló en su decimoctavo cumpleaños. Uno de los grupos opositores al gobierno mágico declaró abiertamente la guerra, el grupo conocido como Mortifagos, tenía objetivos claros y perversos. Hacía un año del conflicto y parecía tan lejos de terminarse como de llegar a un acuerdo. Las principales víctimas del enfrentamiento no sólo eran los soldados que participaban, sino también todos aquellos hijos de muggles y uno que otro mestizo. El grupo dirigido por Tom Riddle ahora conocido como Lord Voldemort, cazaba de manera clandestina a aquellos que consideraban impuros para su causa. Riddle estaba ganando adeptos, así como perdiéndolos, había obligado a los hijos de no magos a huir y esconderse de su aterrador poder.
Aquel estilo de vida comenzaba a aburrirle, comenzaba a hartarle, no le gustaba el sentirse la presa y mantenerse oculta como un conejillo asustado, en varias ocasiones había considerado alistarse en el ejército del Fénix, principal grupo opositor al dirigido por Voldemort, pero con su madre enferma y su padre como representante de una de las villas de hijos de muggles más grandes, no podía abandonarlos. Sabía que era más importante su presencia en la villa que en cualquier escuadrón secundario al que pudiera ser asignada. Aquel día de invierno, el primer día nevado de la estación, miró algo extraño por el horizonte. Una escoba volaba bajo. A la castaña nunca le habían gustado aquellos artefactos, por lo que sus recorridos eran siempre a pie, pero gracias a su gran visión logró vislumbrar el objeto volador. Sin pensárselo dos veces atacó. Cuando estaba a punto de conjura el hechizo el hombre en la escoba se desplomó, cayendo en el frío suelo del bosque. El tiempo y la distancia que tardó en recorrer hasta el cuerpo habían sido suficientes para que éste se comenzara a llenar de blancos copos. Con varita en mano gritó al hombre para que se levantara. Él no respondió.
– ¡Levántate!- ordenó nuevamente.
Siguió sin recibir respuesta, por lo que con un movimiento de su varita lo hizo girar sólo para ver lo demacrado del muchacho. Tenía varios cortes por el rostro, o al menos por lo que se apreciaba, ya que un gran gorro y una larga bufanda cubrían gran parte de él. De un momento a otro la delicada caída de nieve se convirtió en una fuerte tormenta. Hermione con su acostumbrada nobleza, decidió llevar al extraño a una de las cabañas cercanas, cabañas que solía usar como base o refugio temporal. Con cuidado dejó caer el chico sobre una vieja colchoneta, evitando despertarlo. La ojimiel era bondadosa pero no tonta, así que conservó su distancia, siempre con su arma en alto esperando cualquier movimiento. Después de varias horas notó que la tormenta bajaba su intensidad y que el hombre comenzaba a recobrar el conocimiento. Permitió que se incorporara, que pensara con calma y ordenara sus ideas. Cuando lo notó más compuesto preguntó:
– ¿Quién eres?- el chico sorprendido giró hacia la dirección de ella-. ¿A qué has venido?
–Tranquila, no voy hacerte daño- trató de tranquilizarla al notar la varita apuntándolo.
–No volveré a preguntar ¿Quién eres y a qué has venido?
–Soy soldado y estoy en una misión de reconocimiento.
Ante la mención del oficio del hombre la castaña perdió la paciencia. En seguida reconoció el resto de la indumentaria, supo que aquel soldado pertenecía al ejercido comandado por Tom Riddle. Ahora sí estaba en serios problemas.
– ¡Dime tu maldito nombre!- apuntó más cerca y con fiereza.
–Relájate- él instintivamente se movió hacia atrás y levantó las manos a manera de escudo-. Perdí el control de mi escoba y…
– ¡Expelliarmus!- Hermione lanzó su hechizo, fallándolo a propósito.
–Ronald…Ronald Weasley- el pelirrojo respondió inmediatamente, temiendo que la chica acertara la próxima vez.
Cuando miró sus celestes ojos supo que había algo en él que le imploraba creerle y así lo hizo. Desde aquel incidente decidió ayudar al pelirrojo chico, sin saber por qué y rogando no cometer un error. Curó sus heridas y escuchó su historia. El pecoso muchacho le hacía reír con sus ocurrencias, cosa que llevaba tiempo sin hacer, otras tantas la hacía enfadar con suma facilidad. El tiempo pasaba y ella lo mantenía oculto, temía por él, ya que si los magos de la villa lo descubrían lo matarían sin pensarlo, el odio que habían generado hacia los Mortifagos iba en aumento. Había pasado un mes desde su encuentro. En ese corto tiempo aprendió a quererle. Ronald no era un chico guapo, pero tenía un encanto diferente y unos sinceros ojos azules. Tal vez, y contra sus ideales, se estaba enamorando de aquel hombre.
–Hermione debó enviar un mensaje a mis superiores- una noche Ron le comentó-. Comenzarán a preguntarse sobre mi paradero y si no tienen respuesta vendrán hasta aquí y supondrá un problema para la villa.
–Lo entiendo.
Una noche de sinceridad la castaña y el pelirrojo se confesaron. Ella le contó todo sobre su origen mágico, la villa y su misión en la guerra. Él, a manera de respuesta, le confió sobre su familia, su pasado y su misión como mortifago. La familia Weasley, a pesar de su gran tradición y origen puro, no coincidía con los ideales del nuevo régimen que se intentaba implementar. Los pelirrojos estaban dispuestos a unirse a la causa del Fénix, cuando el ministerio cayó en manos de Voldemort y junto con la máxima autoridad mágica cayeron los que ocupaban un puesto importante. Arthur Weasley, fue uno de los primeros en ser reclutado, debido a la falta de pureza en muchas familias del ministerio. Bajo coacción, todos los Weasleys se vieron obligados a entrar las filas del ejército del Lord. Con el paso del tiempo en dicho grupo algunos de los hermanos de Ron comenzaron a creer en las palabras del Señor Tenebroso, siendo Percy el primero. Los otros se limitaban a no desobedecer y salir del orden, si para esto debían capturar y maldecir a un par de impuros lo harían, si uno fallaba los demás lo pagarían. Eran una familia.
–Puedo enviarla por ti, en casa tenemos varias lechuzas, no será un problema.
–Muchas gracias Hermione.
Con todas las ganas acumuladas la besó, la besó como la primera vez, días antes. Ron había comenzado a sentir un fuerte sentimiento por la castaña. Ella era lista, noble, considerada, valiente; era perfecta para él. Le fue imposible no enamorarse de ella. Trató en inmensas ocasiones de evitarlo, no lo logró. Había miles de cosas en su contra, la principal: ella, una hija de muggles y él, un mortifago. No le importó, ya que decidió quedarse ahí, alargó su tiempo en aquel lugar perdido, por un periodo indefinido, siempre y cuando pudiera estar con ella. Cuando la vio alejarse a la salida, pensó en cómo convencerla de irse con él.
Otro mes pasó volando. La desesperación del chico crecía, no podía evitar pensar en todo: en si su ausencia estaría generando preguntas en la base, la preocupación de su familia, el sentirse cada vez más perdido por la castaña. Debía actuar de inmediato.
–Hermione- dijo en tono serio-. Necesito hablar contigo.
Aquella frase le enchinó la piel. Temía lo que se avecinaba.
– ¿Qué pasa Ron?
–Estos dos meses han sido una locura- "¡oh no!" pensó Hermione-…y también han sido los mejores que he pasado en mucho tiempo, quizá en toda mi vida.
–Ron…
–Déjame terminar- la interrumpió-. Tú y yo sabemos que esto es una locura, más que eso, es una condena. Sólo hay una solución para esto, para evitar el castigo.
La castaña empezó a temblar, el momento que temió por fin llegaba. Ella regularmente pensaba a dónde la llevaría toda esa locura que estaba viviendo con el ojiazul, pero sin importar lo descabellado y peligroso que era, no quería terminarlo. Y ahí estaba él, siendo el lógico, siendo el que cortara aquella "relación"
–Vente conmigo. Huyamos juntos.
– ¿Qué?- el rostro de Hermione era un poema de sorpresa.
–Tengo un hermano en Rumania. Él podría darnos asilo en lo que buscamos otro lugar.
La ojimiel no daba crédito, de todas las cosas que esperaba oír esa no era una opción.
–Ronald…yo- por primera vez en mucho tiempo se había quedado sin palabras.
– ¿Es que no quieres?- preguntó desanimado.
–No, no es eso- se apresuró a corregirlo-, pero…yo… ¿estás seguro?
–Cien por ciento. ¿Aceptas?
La primogénita Granger volvió a ver aquella suplica en sus azules ojos, como la primera vez. A modo de respuesta lo besó. Tomó su decisión, se arriesgaría por él.
Aquella era la razón de su enorme sonrisa y su buen humor, a pesar del regaño seguro por parte de su progenitor. El castaño hombre la había reprendido en varias ocasiones por sus constantes ausencias y sus retardos a la hora de comer, sospechaba algo. El invierno seguía como estación dominante, la primavera parecía no llegar nunca. Ron le había sugerido partir en una semana, tiempo suficiente para dejar todo listo, para despedirse de su familia y su vida en la villa. El viento soplaba intensamente, haciéndola trompicar por el camino. El Weasley le había sugerido que se quedara en la cabaña más tiempo, pero ella no quiso, no quería levantar más sospechas y más ahora que estaba por fugarse. Sin preverlo una fuerte ráfaga la tiró. Se sentía pérdida, no lograba ver bien hacia donde se debía dirigir. Un gran árbol fue su solución, aquel gigantesco ser le ayudaría a nortearse. Al llegar a la base del tronco, notó un bulto irregular, con su sentido de alerta al máximo, desenfundó su varita y apunto a la forma irregular.
–Diffindo- susurró Hermione, esperando no alertar a lo que estuviera debajo de la capa de nieve.
Gran sorpresa se llevó al descubrir a un delgado muchacho de pelo negro. El joven estaba recargado en el gran árbol, con un brazo sobre su pecho y el otro extendido en el suelo. La nieve alrededor de él era escarlata. Con autentico terror Hermione se acercó al inmóvil cuerpo del moreno, con rapidez lo revisó, la herida venía desde su hombro derecho, la sangre también brotaba de su antebrazo izquierdo.
–Me escuchas- lo llamó quedamente temiendo lo peor.
Milagrosamente el chico pareció escuchar su queda voz entre el silbido del mortífero viento. Con dolor y pesadez abrió una vez más sus ojos, esperaba por fin ver a la muerte viniendo por él. En su lugar observó, lo que para él era un ángel. El muchacho trataba con un esfuerzo sobre humano de mantener el contacto visual, quería morir con una bella imagen en su mente.
– ¿Cómo te llamas? ¿Qué te pasó? ¿Te sientes bien?- soltó las preguntas desesperadamente.
Eran demasiadas preguntas para su entumida mente, así que sólo se concentró en contestar la primera.
–Jam...-se arrepintió a tiempo para cambiarlo-. Harry…Harry…
Dicho su nombre, se calló, no quería seguir hablando, no deseaba seguir respirando. Con sumo esfuerzo mantuvo los parpados abiertos. Se concentro en seguir mirando los ojos miel de la chica. El contacto estaba preocupando y asustando a Hermione, sus esmeraldas ojos eran tan intensos, le daban esa sensación de calma antes de un gran caos. No podía despegar su mirada de la de él, era algo magnético. Tan embelesada estaba que tardó en reaccionar cuando el moreno se desmayó. Debía apresurarse, sino aquel joven moriría. No podía aparecerse, si lo hacía y había mortifagos cerca los atraería a la villa. Por primera vez no sabía qué hacer.
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Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling y a los correspondientes
Vengo con nueva historia Harmony! Yey! Y bueno, esta se me ocurrió mientras veía una película que me encanta y es The Poet o Hearts of war. Entonces este fic estará basado en dicha película (por si gustan ir a verla) pero obviamente tendrá sus diferencias porque…
Spoiler de la película yo esperaba que Rachel se quedara con Bernard y no con Oskar, por muchas razones, una de ellas porque él la amaba tanto que aceptó casarse con ella a pesar de estar embarazada de otro Fin del spoiler
En fin, después de que las cosas no salieran como uno quisiera me vino esta idea a la mente y aquí está el primer resultado de ¿? Capítulos más.
Y bueno para la imagen de portada pueden checar mi perfil el link para verla :)
Yo sé que se quedaron con cara de WTF? Ronmione (hasta cosa me da escribirlo xD) pero para aquellos que ya vieron la película sabrán que es necesario (bueno no tanto así), que es más bien parte de la historia que la protagonista se enamore de un chico y después cambien las cosas, porque también sabrán (los que ya la vieron) cómo y con quién acaba ella, pero pues este es un fic, así que podré cambiar lo que sea que a mí se me antoje :D y pues para el fin de mi historia tenía que enamorar a Hermione con otro chico y de verdad prefiero que sea Ron a alguno otro como Draco (no soporto el Dramione)
Y pues tal vez en algunos hechizos no esté bien, principalmente en el de Diffindo, sorry!
Espero y salga lo que tengo planeado, cualquier duda, comentario o sugerencia por review o MP. Nos leemos hasta la próxima!
