DECLARACIÓN: los personajes no me pertenecen son completamente de Nobuhiro Watsuki no saco ni gano nada lucrativo, me conformo con entretenerlos a ustedes.
ACLARACIÓN: es un universo alterno, aún así, mi objetivo es mantener las personalidades de los personajes. Modificaré edades y lazos sanguíneos y no sanguíneos. También aparecerán personajes de mi autoría. Espero que conforme vayan pasando los capítulos, esto se aclare. Los dejo con el fic que lo disfruten n_n.
luchando x el mismo amor
Por: kaoru-sakura
Capítulo 1. Encuentro
El presentimiento de que las cosas no saldrían bien se había vuelto realidad, cuando apenas unos minutos atrás había visto con impotencia los cuerpos de los padres de la mujer que amaba en un charco de sangre, el intento de enmendar el gran error que habían cometido y lamentablemente fallado. Pero era su deseo protegerla y sacarla de ahí con vida. No era su estilo huir, pero no sabía de dónde Mokoto Shishio se había hecho con peleadores tan buenos, si las cosas seguían así, no cumpliría su objetivo y no se permitiría el lujo de morir en esos momentos.
Miró a Kaoru quien sostenía en su regazo el cuerpo ensangrentado de su madre, estaba destruida. Apretó con fuerza la empuñadura de su katana y terminó con el tipo que tenía atrás de su espalda. Camino hacia ella en el instante que vio salir un dardo de entre las sombras y darle en el muslo. Tan sumida estaba en su dolor que no hizo gesto alguno de haberlo sentido. Ante esto, su enojo creció, aún así su prioridad era otra.
—Tenemos que salir de aquí —con delicadeza le quitó el cuerpo sin vida del regazo, ya no podían hacer nada por ellos, la tomó en brazos para salir corriendo por el bosque ya que ella no estaba en sus cinco sentidos para hacerlo por su cuenta.
La lluvia comenzó a caer con fuerza, de cierta manera les crearía la distracción perfecta para tomar, aunque fuera una pequeña ventaja. Recorrió una distancia considerable, no tenía mucho tiempo antes de que los alcanzaran, aunque solo se trataba de una persona, era excelente rastreando. La dejó en el suelo y atendió la herida del dardo que estaba sangrando, quitando la cinta que sujetaba su hermoso cabello azabache para usarla como venda, la ató alrededor del muslo. Observó su semblante, el cual no tenía ningún gesto, de sus ojos no paraban de brotar lágrimas, parecía ausente, como si su alma la hubiese abandonado. Apretó los labios en una fina línea en un intento por contener su impotencia, si tan solo hubiera llegado antes.
—Esto servirá hasta llegar a un hospital —no sabía si le había escuchado, seguía perdida en ella misma, pero necesitaba traerla a la realidad—. Kaoru, escúchame —dijo tomando dulcemente su rostro obligándola a que lo viera a los ojos y lo que encontró en ellos lo dejó helado, haciendo que su corazón se detuviera unos segundos. Sin embargo, no tenía tiempo para tratar de consolar su herido corazón—. Tienes que seguir y pedir ayuda.
—No sin ti —afirmó débil, poniendo su mano en la de él para apretar ligeramente, como si se estuviera aferrando a su última esperanza. Sus lágrimas incontenibles seguían fluyendo libremente por sus mejillas, perdiéndose con la fría lluvia.
—Te alcanzaré —era una promesa que no estaba seguro de poder cumplir, pero al menos le conseguiría tiempo. No quería abandonarla en ese estado más no había otra opción—. Ahora tienes que llegar a la ciudad y pedir ayuda, te tomará unos quince minutos considerando tus heridas.
Kaoru lo abrazo fuertemente sin ganas de soltarlo, no podía soportar la idea de perderle a él también, tenía que proteger lo que aún le quedaba. Aferrarse con uñas y dientes a ello, o se volvería loca, porque todo lo que acababa de escuchar y presenciar no podía ser cierto; se negaba a creerlo.
—No hagas que su sacrificio sea en vano —le correspondió el abrazo y le dio una cadenita de oro llena de sangre. Empezaban a oírse pasos presurosos a través de la lluvia. La ayudó a levantarse, mirando una vez más sus ojos—. Márchate —le Indicó con voz firme y autoritaria para que obedeciera, dando un último apretón en sus hombros la soltó.
Aún sin estar convencida de abandonarlo Kaoru dio la media vuelta y comenzó a correr tanto como sus piernas se lo permitieron, se alejó llorando; era el primer día que se permitía tantas lágrimas. Sentía el cuerpo pesado, estaba mareada, tenía muchas heridas por todas partes. Pero no solo heridas físicas, su corazón o mejor dicho, lo que quedaba de él, contenía un enorme vacío. Tantos años preguntándose ¿por qué sus padres habían actuado como lo habían hecho? La realidad era mucho peor que vivir engañada y la había golpeado con una fuerza abrumadora, tan espantosa que tenía la necesidad de salir de ahí, de escapar y de ser posible olvidar todo.
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—No dejaré que avances —aseguro viendo a Kaoru desaparecer entre las sombras del bosque y mirando a su adversario directamente a los ojos. Un rostro que solo había visto en fotografías y un expediente que no contenía mucha información. Sería una buena oportunidad para llenar los espacios vacíos.
—No te preocupes, no iré por ella —dijo sonriendo con mucha satisfacción— será ella quien volverá rogando y suplicando.
—Eso no lo permitiré Seta Soujiro —aunque estaba cansado y herido, saber el motivo de sus acciones, le daba el coraje necesario para enfrentarlo.
—Si no te has dado cuenta, tú hasta aquí llegaste, ya no la protegerás más, de eso me encargare yo— le dedico una sonrisa falsa blandiendo su katana.
—No será tan fácil deshacerte de mi— saco su katana de la funda.
El combate comenzó bajo la fría lluvia en un bosque donde la visibilidad era casi nula.
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Justo en el momento que entró al restaurante donde había ido a comprar la cena, el cielo dejaba caer una tormenta horrible. No traía paraguas, al igual que la dulce viejecita que miraba preocupada la lluvia caer cerca de la puerta.
—¿Puedo ayudar? —preguntó el pelirrojo sonriendo.
—¿Eh? —la viejecita volteo hacia arriba acomodándose las gafas para verlo mejor— me preocupa no poder salir pronto de aquí, le hable a mi hija y no puede venir por nosotras —miro la silla donde estaba una linda niña de cuatro años dormida y con las mejillas rosaditas—. No debí traerla, está algo enferma, pero insisto tanto que ya no quería estar acostada. —Suspiro triste— si se pone peor yo no me lo perdonaré —la preocupación se reflejaba en sus ojos.
—No se preocupe, llamaré un taxi y así podrán irse —propuso.
—No puedo pagarlo —aclaro con vergüenza bajando la cabeza, cómo había permitido llegar hasta ese punto.
—Ahora vuelvo —se alejó sin darle tiempo a rechazarlo de nuevo.
Cinco minutos después, abrigo a la niña muy bien para que no se mojara y tomándola en brazos la subió al taxi, ayudó a la viejecita a subir y pago al chófer.
—Gracias jovencito, que Kami te lo pague con una hermosa joven —le sonrió con gratitud.
—Cuídense —Kenshin le devolvió la sonrisa con una leve inclinación, volvió a la banqueta para que el taxi se fuera.
Una vez que lo perdió de vista se dio cuenta que se había quedado sin abrigo y sin suficiente efectivo para comprar la cena, ya que la tarjeta la dejó en casa, solo le quedaba volver con las manos vacías. Eso de ser amable a veces no le traía grandes beneficios y aún así no se arrepentía de poder ayudar aunque fuera un poco.
No creía que Sano se fuera a tomar muy bien el no tener cena pues tendría que conformarse con algún ramen instantáneo de esos que guardaban para emergencias. Su amigo era de gran apetito y no le sería suficiente. Volvió a sonreír, ya vería la manera de compensar a sus amigos.
Bajo la lluvia miraba como las calles se quedaban solas, no le molestaba para nada mojarse y caminar de regreso, le servía de distracción para meditar. No sabía por qué Hiko Seijuro lo dejó descansando. Y no es que le gustara mucho ser guardaespaldas de un político, pero de esa manera investigaban si Makoto Shishio seguía planeando vengarse del gobierno o sería solo una fachada para algo más. Lo que era cierto, es que estaba reclutando luchadores mercenarios de diferentes partes de Japón y eso no podría significar nada bueno; no viniendo de un ser tan retorcido como lo era Makoto.
Suspiro resignado pues nada ganaba con pensar en todas esas cosas. Lo mejor sería esperar a Sano y Aoshi a que le contaran lo que habían descubierto para saber cuál sería su siguiente paso. No se percató de que camino una larga distancia, hasta que estaba frente al enorme parque que daba comienzo al bosque, sin duda se veía imponente de noche, con la lluvia azotando el verde follaje, las gruesas nubes bloqueando la luz de la luna. Un ligero escalofrío le recorrió la columna, alertandolo de que alguien se acercaba corriendo en su dirección, agudizó el oído y la vista. Sin embargo, todo quedó en calma, solo podía oírse la lluvia golpear la hierba. De seguro era algún animalito queriendo protegerse de la lluvia, se autoconveció para seguir su camino ya que solo el agua se escuchaba y no podía sentir la presencia de alguien.
Ni bien avanzo un poco cuando escucho un débil pedido, apenas perceptible.
—Ayuda.
—Eso no fue ningún animalito —dijo entrando al parque con todos sus sentidos en alerta, aunque ningún peligro lo amenazaba.
Cerró los ojos para concentrarse, la lluvia ya no podía mojar más su ropa, pero si lo obligaba a agudizar al máximo sus sentidos. Una débil presencia se percibía un poco más allá, donde las lámparas públicas ya no alcanzaban a iluminar. Apresuró el paso, apartando de su camino las hierbas altas que se interponían, logrando llegar hasta la persona que había escuchado. Recargada en un árbol estaba una joven, podía oler la sangre, por lo que se acercó sin dudarlo.
Aunque su flequillo ocultaba parte de su rostro, sabía que estaba inconsciente. El esfuerzo que hacía por respirar le obligó a observar su cuerpo, aún con la obscuridad poseía una excelente vista, el contraste del negro de su ropa y su piel tan blanca, no podían ocultar el rojo de la sangre que tenía en varias partes y que el agua no había podido borrar ya que seguía fluyendo. Tocó su frente y se dio cuenta que ardía en fiebre. No importaba quien era o qué hacía ahí, tenía que ayudarla; no podía dejarla así. Tomando el delgado cuerpo en sus brazos, se dio cuenta de un pequeño detalle, esperó unos segundos, más aquella presencia se quedó lejos, ocultándose. Sin esperar más tiempo se marchó lo más rápido que pudo.
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Se estaba ocupando de la fiebre con compresas frías, pero su ropa estaba mojada, si la dejaba así empeoraría, además tenía que ocuparse de las heridas. Vestía de negro, con ropa que se ajustaba perfectamente a cada parte de su anatomía dándole la movilidad y la libertad al cuerpo necesario para poder realizar ataques sin ningún tipo de problema y moverse entre las sombras sin ser descubierta; aunque si pertenecía a la organización jamás la había visto.
"Claro que nunca la hemos visto" aseguró Battōsai en el pensamiento de Kenshin "La recordaría".
—Pensé que estabas interesado solo en los combates —respondió en voz alta el pelirrojo. Ya estaba acostumbrado a charlar con él, cuando Battōsai se prestaba para eso, que no era muy seguido. Pero tomaba la precaución de no contestar en voz alta cuando había alguien ya que de niño tuvo muchos problemas por ese detalle.
"Además esas heridas son de katana" ignoró el comentario de Kenshin.
—Ya lo noté —recorrió el frágil y delgado cuerpo de la joven. En ese momento se veía tan vulnerable y frágil; ¿qué tanto lo sería realmente? Deseaba saberlo.
Desató la cinta en su muslo y procedió a despojarla de la ropa dejando solo la interior para empezar a limpiar, curar y vendar las heridas. Abajo del seno izquierdo vio una marca de nacimiento en forma de media luna. Estaba seguro de haber visto esa marca en alguien más, solo que en ese momento no recordaba.
"Esa es de un dardo, si estaba envenenado, va a empeorar" dijo haciendo que Kenshin mirara la marca roja en su muslo, dónde había estado la cinta.
Kenshin se fue un rato, volviendo con un frasquito en la mano—. Solo para estar seguro le daré esto —se lo dio a beber con cuidado— no importa de qué veneno se trate esto lo contra restara.
"Aunque la vista es muy agradable, debes vestirla".
—Me sorprendes, ¿desde cuándo te preocupas por alguien que no seas tú?
"Nunca es tarde para cambiar" dijo con cinismo.
—Claro —murmuró el pelirrojo aún incrédulo por lo que escuchaba, pero tenía razón así que busco un pijama calentito.
También tenía que cambiar la ropa interior, tenía boxers nuevos de tela ajustable, así que no era tanto problema, para la parte superior no tenía nada. Esperaba que con el pijama fuera suficiente. Observó a la joven acostada en su cama, era una jovencita delgada pero con curvas definidas, senos pronunciados y firmes, unas piernas torneadas, acostumbradas al ejercicio. Su largo cabello azabache tan sedoso al tacto, le gustaba como se veía esparcido en su cama. Alejo esos pensamientos apretando las manos, no era algo propio de él pensar de esa manera de una mujer y menos una inconsciente que acababa de conocer. Suspiró y cerró los ojos, ahora tenía una tarea más que difícil.
—Que Kamisama me ayude —pidió mientras la risa burlona de Battōsai llenaba su mente.
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Le tomó la temperatura, aún estaba un poco alta. Solo quedaba esperar a que despertara para hacerle preguntas. Escuchó un ruido fuerte en la parte de enfrente de la casa, bajo rápido para ver qué había pasado. Estaba seguro que nadie los siguió, pero nunca se podía estar cien por ciento seguro. Se acercó con sigilo a la puerta, cuando la abrió vio sus macetas hechas añicos, y a Sano que traía unas cuantas copas, las necesarias para tropezar con las macetas y arruinar sus flores, mientras Aoshi esbozaba una sonrisa pasajera.
—Disculpa Kenshin, pero se cayó cuando iba a abrir la puerta.
—No te preocupes, ya sembrare otras. Por lo que veo terminaron antes.
—Si, pero Aoshi no quiso tomar un trago conmigo —dijo arrastrando las palabras e hipando— es un, aguafiestas —aseguró mirando al ojiazul resentido.
—Pero eso no te arruinó la noche Sano —le dijo Kenshin mientras Aoshi le ayudaba a levantarlo del piso para llevarlo a su cama.
Al pasar por el cuarto de Kenshin, Aoshi se percató del aroma a sangre mezclada con uno más sutil y delicado. Miro al pelirrojo, pero este no le devolvió la mirada. Recostaron a Sano en la cama. Kenshin le quitó los zapatos y lo tapó con una manta, se quedó dormido como un bebé.
—¿Quieres comer algo? —preguntó amablemente mientras cerraba la puerta detrás de ellos.
—Un té será suficiente para que me cuentes tu aventura —dijo posando sus fríos ojos azules en las violetas de Kenshin— Ya que seguramente la tuya es más interesante de lo que pudo ser la nuestra.
—Tal vez. —presentía que sería una noche muy larga.
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N/A:
Realmente agradecida de que le den una oportunidad a este humilde fic.
Si gustan dejar algún comentario, encantada de leerlos y responder.
Saludos n_n.
