"Llegó el momento, es hora de regresar..." - Otra vez, una noche más en la que me despierto con la misma frase que se repite en mi cabeza pero que nunca tiene fin. Una gota corre por mi sien, ¿qué es esta sensación de congoja que me agarra al escuchar esa voz desconocida? ¿Por qué se viene repitiendo ya toda la semana? Me levanto y voy a lavarme la cara al baño, el espejo devuelve la imagen de un joven cansado de 17 años con el cabello castaño más alborotado de lo normal. Me quedo unos segundos allí pensando si reconozco esa voz, pero fallo en el intento. Concluyo que es sólo un producto de mi subconsciente, pero si es un sueño, ¿por qué me afecta tanto?
Vuelvo a acostarme, será mejor intentar dormir algo, mañana arranca mi último año de preparatoria así que es mejor empezarlo bien descansado. Suelto un largo suspiro e intento relajarme, pienso en todo lo que me espera en esta etapa final y sonrío. No sé por qué pero tengo la sensación de que mañana va a ser un día muy especial.
RIIIINGG RIINNGGGG No hay sonido más odioso que el de la alarma. La apago y me estiro en mi cama sin ganas de levantarme. Abro los ojos mirando el único lugar de la habitación en donde los rayos de sol se cuelan, apuntan a mi escritorio sobre el cual yace un portarretrato de una foto muy vieja de 8 niños en un mundo extraño para cualquiera pero muy entrañable para mí. En la imagen se ven todas caras sonrientes, ¿cuántos años pasaron ya? Mejor ni acordarse. Es demasiado triste pensar que ya hace dos largos años que no tenemos ni una noticia del Digimundo.
Después de esa última batalla cada niño obtuvo un compañero digimon, vivimos un año en plena paz y armonía pero, como es inevitable, la avaricia y el deseo de poder de varias personas hicieron que utilizaran a los monstruos digitales para alcanzar sus objetivos generando problemas, muchas peleas e incluso muertes. Es por esto que las autoridades de todos los países decidieron enviar a todos los digimons de nuevo al Digimundo y cerrar todas y cada una de las puertas que lo comunicaban a él. Obviamente que nosotros objetamos pero, ¿qué importancia tiene lo que digan un puñado de adolescentes? Aunque hubiésemos salvado al mundo varias veces, nada podíamos hacer contra decisiones de los adultos. La impotencia y rabia que sentí en ese momento nunca las experimenté en mi vida. Desde esa fecha Izzy ha intentado buscar una manera de eludir las trabas del gobierno pero por el momento no lo ha logrado. Ya se ha convertido en una obsesión para él y se frustra al notar que no consigue avanzar. Muchas veces he visto decepción en sus ojos y aunque todos le agradecemos su enorme esfuerzo, no hay manera de borrar esa mirada. No voy a mentir, a todos nos duele no saber nada de nuestros pequeños amigos. El grupo ha cambiado bastante pero lo importante es que nos hemos mantenidos bien unidos. Incluso Mimi volvió a mudarse a Japón, así que ya ahora estamos todos en el mismo lugar. Aunque tenemos distintas obligaciones y horarios, tratamos de juntarnos bastante seguido; inevitablemente esas reuniones están cargadas de una nostalgia por eso que hemos perdido.
- Qué tengas un buen día! - La voz alegre de mi hermanita me trae de nuevo a la realidad y me hace dar cuenta de que se me está haciendo tarde. Ella sale antes porque pasa por unas amigas para ir juntas a la escuela y además yo tengo la ventaja de contar con mi súper veloz bicicleta. Me visto con el uniforme y con esa maldita corbata que estoy seguro que tiene una maldición para que siempre quede torcida. Me sirvo un buen desayuno (siempre consideré que un buen deportista como yo debe alimentarse bien) ya que voy a tener un largo día en la escuela y luego el entrenamiento con el equipo. Este año estoy seguro que llegaremos lejos, porque después del subcampeonato que conseguimos, todos quedamos con ganas de más y estoy seguro que ese hambre de gloria más el buen equipo que tenemos nos llevará a la cima.
Busco mi bici y miro la hora, me doy cuenta que voy a tener que ir más rápido de lo normal. Empiezo a pedalear a toda velocidad dejando que esa brisa veraniega me revuelva mis cabellos; con el sol asomándose y el cielo totalmente despejado, me doy cuenta que tenía razón, hoy será un gran día. Ya llegando a la escuela, agudizo la vista para localizar aquello que ansiaba encontrar e inconscientemente una sonrisa se dibuja en mi rostro. Allí están ellos, mis dos mejores amigos esperando en la entrada a que llegue.
Debo reconocer que las cosas fueron medio extrañas cuando ellos empezaron a salir, aunque luego de una etapa de adaptación me di cuenta que nos volvimos más inseparables que nunca. Yo siempre fui muy cercano a ambos, pero desconocía que entre ellos existiera tal vínculo (sí, lo sé, puedo llegar a ser un poco despistado). Ahora que ellos habían iniciado una relación, eramos un tridente fortalecido y unido. Tengo que admitir que me costó al principio y sufrí bastante al darme cuenta la posición que debía ocupar, es por eso que mi primer reacción fue alejarme de ellos. Esto sólo trajo un sentimiento de soledad y que me sintiera más miserable de lo que ya estaba. Es que con mi personalidad competitiva, cuesta demasiado bajar los brazos, resignarse y aceptar la derrota. Pero si eso era para ver a mis dos mejores amigos felices como estaban, valía la pena.
Es irónico darse cuenta que es lo que uno quiere cuando ya no lo puede tener, porque lo tiene tu mejor amigo. Al principio me había enojado con él, y luego también con ella, pero ¿de qué los culpaba? ¿de quererse? Había una sola persona a quien responsabilizar, por ser distraído y no prestar atención a sus sentimientos, por creer que las cosas que están destinadas llegan solas y que uno sólo tiene que esperarlas, qué estúpido fui por aguardar y no hacer nada. Ahora lo tengo claro, siempre fui el de tener la iniciativa, de ser el líder para los demás pero con lo que respecta a mí nunca moví un dedo, maldito cobarde. ¿Dónde quedó todo el valor que tenía con sólo 11 años? ¿En qué momento dejé de ser impulsivo y hacer las cosas sin pensar? Si Agumon me viera ahora, estaría decepcionado.
Pero como decía, después de aceptar la parte que me correspondía en este trío de amigos, todo volvió a la normalidad o incluso mejor que antes. Sora sacó la mejor versión de Matt, al buen amigo que ya era le sumó más comprensión y amabilidad. Y Sora ahora era una persona más descontracturada y relajada, aunque sigue siendo la más responsable de nosotros tres y la que más se preocupa por el bienestar de todos. Pero en sí, cada uno diferente al otro, nos hicimos inseparables, al punto de que si alguno se alejara, los otros sentiríamos un vacío inmenso. Siempre fuimos los tres para todo, excepto en esos momentos que ellos necesitaban su tiempo de "pareja". Ese era el único momento que me sentía solo pero que lograba eclipsarlo con alguna que otra cita. La verdad que no se me daba para nada mal con las chicas, mi personalidad y el ser capitán del equipo de fútbol ayudaban. Pero nunca lograba sentirme tan feliz como cuando estaba con mis amigos.
La cara de molestia de Matt y la sonrisa de Sora logran hacerme soltar una carcajada.
- ¿Se puede saber de qué te reís? ¿De tenernos esperándote 20 minutos? Creí que habíamos quedado llegar temprano así teníamos un tiempo antes de entrar a clase - ese era el humor matutino del rubio de ojos azules.
- Ey bueno perdón, me desperté temprano pero las sábanas me secuestraron y me fue casi imposible escaparme de ellas - intenté ponerle un poco de humor a la situación sin mucho resultado - Además vamos a tener todo el año para estar juntos como para que ya empieces a extrañarme, ¿no te parece? - digo con una sonrisa burlona logrando una risita de la pelirroja y un ceño fruncido de parte de él.
- Idiota - masculla.
- ¿No te parece exagerado que te enojes por algo así? Es Tai, siempre ha sido así y nunca cambiará, vamos a tener que seguir aguantándolo como es Matt - dice alegre Sora. Ver su expresión y el efecto que su sonrisa tiene en Matt, que automáticamente suaviza su gesto, me hacen sonreír más abiertamente.
- Ya, ya, vamos yendo que sino se nos va a hacer tarde - dice Matt caminando hacia la entrada de la escuela. Nosotros nos unimos a él.
- ¿Así que hoy sí escuchaste el despertador? ¿No necesitaste tu sueño de belleza de 15 horas? - bromea la pelirroja que se encuentra en el medio de los dos.
- Jaja qué graciosa, no, la verdad que no dormí tanto, a la mitad de la noche me desperté - dije mientras ponía el candado a mi bici.
- ¿Otra vez ese sueño? - me mira seria por primera vez en el día.
- Sip, el mismo - digo arrancando de nuevo la marcha hacia la puerta de la escuela.
- ¿Qué sueño? ¿De qué hablan? - ese era Matt que no entendía nada. Claro, es que yo no le había contado a nadie de mi particular sueño, pero la intuitiva de Sora un día se percató de que mi mente estaba en la quinta estratósfera y le tuve que contar, a mi pesar, en qué estaba pensando. No sé cómo hace pero sabe leerme perfectamente, aunque siempre estoy alegre, ella descubre esos momentos en los que las preocupaciones llenan mi cabeza. Debe ser por conocernos desde jardín de infantes y ser mejores amigos desde entonces. Aunque la habilidad no es recíproca, porque más de una vez he metido la pata con ella, mejor ni recordar el drama de esa estúpida horquilla.
- Nada importante en realidad, un sueño que he tenido varias veces - digo restándole importancia y enseguida siento los ojos de Sora clavados en mí, escudriñándome para ver si estaba hablando en serio o si en verdad había algo que me inquietaba. Le devolví una sonrisa para que no se preocupara. Matt se me quedó mirando pero entendió sin necesidad de palabras que no quería hablar de eso.
No pasaron ni cinco minutos desde que entramos cuando se nos acercaron una castaña de pelo largo y un pelirrojo a su lado. Ni bien nos vio, Mimi arrastró a Izzy hacia nosotros y con una voz melodramática se dirigió a Sora.
- Ay amiga necesito tu ayuda! - dijo con cara desesperada agarrando las manos de Sora entre las suyas.
- Sí Mimi ¿qué pasa?
- Es que éste siempre está ocupado y nunca tiene tiempo para ser buen amigo y acompañarme - dice mirando recriminatoriamente a Izzy que sólo suspira mientras se lleva la mano a su frente. Con Matt nos miramos y no podemos evitar sonreír y rodar los ojos. Si esa castaña dejara de vivir en las nubes y en sus cuentos de hadas, se daría cuenta de lo mucho que Izzy ha estado a su lado. En los últimos dos años la ha acompañado en sus momentos duros y ayudado a adaptarse nuevamente a la escuela, en donde ahora ambos son compañeros de clase. Izzy es un excelente amigo para todos, aunque si hay una computadora de por medio, sabemos que su atención será desviada exclusivamente a ese aparato y lo aceptamos, porque esa es una cualidad que define su personalidad. Conozco a una sola persona que ha logrado alguna vez llamar la atención del pelirrojo por encima de la tecnología, y esa justamente es Mimi, aunque ella crea que él no le presta atención ni se interesa por ella.
Izzy ya no es ese niño solitario que inició con nosotros la aventura en el Digimundo. Creo que es el que más ha cambiado, ha tomado un protagonismo importante en el grupo y es mucho más sociable. Matt, él y yo hemos compartido muchas tardes haciendo nada en particular en la casa de alguno, aunque desde afuera pareciera que no tenemos nada en común (y es verdad que nuestros gustos son muy diferentes), la pasamos muy bien los tres juntos. Mimi e Izzy se han ayudado mutuamente, ella le da esa cuota de frescura y espontaneidad que a veces le falta a la vida del pelirrojo, y él le otorga realismo y hace bajar de las nubes a la ojimiel.
- ¿A dónde necesitas que te acompañe? - continúa la conversación Sora.
- ¿Mañana a la tarde estás libre? Es que hoy pasé por mi tienda favorita y hay 50% de descuento hasta mañana, ¡50%! Es un montón y necesito que alguien me ayude a elegir y a controlarme de no comprar todo - dice Mimi con una seriedad como si estuviese hablando de las próximas leyes que dictaminará el senado.
- Claro Mimi, te puedo acompañar después de la práctica de tenis - dice la pelirroja tranquilamente.
Los ojos de Mimi ya estaban brillando cuando yo me di cuenta de algo:
- Ey Sora me habías prometido que mañana me acompañabas a buscar los programas de las carreras en la Universidad - dije yo sin pensar en lo que se vendría después.
- AH NO TAI! Eso no! Tienes todo un año para elegir que estudiar! Un año entero! En cambio esto es sólo hasta mañana, ¿te das cuenta? No seas egoísta Tai, deja que Sora me ayude una vez a mí! - me gritó la castaña con furia en los ojos que si hubiera tenido visión láser me hubiese derretido. Nosotros tres quedamos callados y con un poco de miedo por la reacción de la más chica, solo atiné a mover mi cabeza asintiendo. Eso la dejó más tranquila que nos sonrió, agarró del brazo a una Sora que no aguantaba más la risa y siguieron caminando de lo más normal hacia los salones de clase.
- Mujeres, nunca las entenderé - dije yo mientras las seguíamos a una distancia prudente.
- No, yo tampoco. ¿Qué tienes que hacer que no la puedes acompañar? - pregunta Matt a Izzy.
- En realidad nada en particular, le dije que tenía que arreglar algo en mi computadora pero la verdad es una excusa para no ir. Ustedes no saben lo que es ir a comprar con ella muchachos. Te lleva para evitar que se compre todo, pero cuando le dices que no se lleve alguna cosa, empieza "¿y por qué no? ¿no me queda bien? ¿me hace ver gorda? ¿¡crees que estoy gorda!?" y cosas así que nunca le dijiste y ya no sabes que responder. Es una pesadilla - dice con un suspiro mientras la mira caminar al frente. Aunque es verdad que Mimi puede ser un poco insoportable a veces, sabemos lo buena y dulce que es; y a pesar de que nunca haya dicho ni hecho nada para demostrarlo, sabemos del cariño que Izzy le tiene.
Nos separamos en la puerta del aula, Mimi e Izzy siguen a su salón y nosotros tres nos instalamos en nuestros lugares de siempre junto al ventanal. Yo me siento en el banco de adelante junto a la ventana y Sora y Matt justo atrás mío. No me dejan sentarme atrás de ellos porque Sora dice que la distraigo cuando le tiro papeles en la cabeza, pero bueno, no es mi culpa que las clases sean tan aburridas. Hablando de eso, nos espera una mañana aburridísima de dos horas de matemáticas seguidas de dos horas de historia, como para que no odiemos el primer día de clase!
La mañana transcurre de lo más normal: después de cabecear un par de veces al escuchar la voz monótona de nuestro profesor de historia, me dedico a mirar por la ventana para evitar dormirme. El aula tiene vista a la cancha de fútbol (lo que daría por estar ahí en vez de en esta clase!) y por detrás se observa una parte del bosque que es reserva natural de la ciudad, un espacio verde que han hecho muy bien en mantenerlo. Veo cómo las hojas se mecen con el suave viento, definitivamente es un hermoso día de verano.
De repente algo llama mi atención. Veo un movimiento que no es provocado por el viento, entre los árboles empieza a asomarse una figura. Cuando sale completamente puedo distinguir que se trata de una persona de contextura bastante grande y alta, va con capa y capucha así que no distingo su rostro. Esta figura sigue caminando hasta posicionarse en la cancha, ¿cómo es que nadie más lo notó? ¿será que me quedé dormido en la clase y estoy imaginando cosas? En ese momento levanta el brazo y con su mano me hace seña de que me acerque, que vaya a su encuentro. No lo entiendo pero en ese instante sentí que se me contrajo el corazón y se me heló la sangre. Me paré de un salto y casi tiro la silla, pero nunca despegué mi vista de ese individuo.
- Sr. Kamiya siéntese! - me ordenó mi profesor pero no presté atención, ya que esa figura estaba concentrada en mí y yo en él.
- Tai, ¿qué pasa? - me susurró Sora atrás mío, claramente preocupada.
No alcancé a responderle, porque en ese momento vi a los ojos al sujeto y como éste se alejaba al bosque nuevamente. Empecé a correr sin hacer caso a todos los llamados. Bajé las escaleras a toda velocidad y atravesé el campo de fútbol para entrar en el bosque. En ese momento, el digivice en mi bolsillo volvió a sonar como hace años no lo hacía y sólo logró confirmarme lo que sospechaba. Esos ojos que había visto no eran humanos. Evidentemente hoy era un día especial.
