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¡Hola! ¡Hola!

Esta historia la he actualizado completamente. Había escrito cosas que en ese entonces, 2014, me parecían bien, y super bonitas, pero hoy, 6 años después lo he visto horrible y super tóxico todo.

Por lo que espero que le deis otra oportunidad. He actualizado hasta el titulo (que no se si se puede, pero lo intentaré)

Como siempre...

¡Espero que os guste!


SUBIDA : 20 de Febrero de 2014

ACTUALIZADA : 19 de Septiembre de 2020


# ONE SHOT

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De un segundo a otro, la sonrisa alegre e inocente que aquel muchacho solía regalar a todo el mundo desapareció. Lo notó. Las facciones de su rostro se volvieron más serias, incluso algo frívolas.

Luffy no quiso hacerlo, fue algo involuntario. Él se encontraba extrañamente tranquilo, sentado en un banco frente a una de las muchas tiendas que había en esa calle. Estaba bien, pero tras ver lo que ocurría dentro del local su cuerpo se tensó repentinamente y su preciado sombrero ocultó sus ojos color azabache.

Aunque muchos le tacharan de ser alguien inocente, durante esos dos años de separación había cambiado más de lo que pensaban todos, y no solo físicamente. Seguía siendo el mismo, por supuesto, pero mucho menos idiota. Rayleigh le había enseñado sobre la vida, las personas y los sentimientos.

- No estoy interesado en esas cosas. - recordó haberle dicho.

No lo estaba, no hasta que empezó a sentir todo aquello de lo que el hombre le había hablado.

El chico maldijo en voz baja. Estaba celoso, y aunque supiera el motivo exacto de por qué, seguía sin entenderlo. Ella solía hacer ese tipo de cosas, y nunca se había sentido mal como en aquel momento, o al menos no tanto.

En ese momento se arrepintió de haberla acompañado.

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Hacía unas horas que los Mugiwaras habían desembarcado en una isla del Nuevo Mundo. Como siempre, cada uno decidió irse por un lado u otro a hacer sus obligaciones, o simplemente a explorar.

Chopper y Usopp, acompañados por la preciosa arqueóloga, fueron a buscar algún lugar donde vendieran plantas medicinales, para, seguidamente ir a alguna biblioteca. Franky obligó amablemente a Zoro a que lo acompañara a buscar materiales para arreglar el barco si algún día lo necesitaban. Sanji había desaparecido unos minutos antes ya que al parecer a una hermosa muchacha se le había caído algo del bolsillo. Brook decidió quedarse en el barco. En cuanto a Nami y a él…

- ¿Te apetece acompañarme? - le preguntó la chica.

- ¿A comprar? Es aburrido… - se quejó sin negarse.

- Luego te invito a comer.

Aceptó de inmediato. Debía estar loco para no hacerlo.

Tras despedirse del resto, ambos compañeros, capitán y navegante comenzaron a andar hacía el centro.

- Allí debería de haber buenas tiendas.

- Yo espero que haya buenos restaurantes. - contestó Luffy babeando.

- Solo piensas en comer. - dijo la chica negando con la cabeza pero sin quitar la sonrisa de su rostro.

Durante unos largos veinte minutos, los dos amigos observaban todo lo que les rodeaba mientras reían y comentaban sobre ello. Cada isla y ciudad que visitaban era distinta al resto, es por ello por lo que se sorprendían al encontrar cosas que nunca habían esperado ver.

Luffy notó como algunas personas, mayoritariamente hombres, se giraban a verlos. Pensó que tal vez sus carteles de "Se Busca" estuvieran rondando por la ciudad, pero tras observar que en ningún momento sus ojos se toparon con los de alguien, dedujo que se trataba de Nami. Miraban a su navegante.

Su vista se posó en ella. La joven llevaba un hermoso vestido de volantes color rosa pastel a juego con unas sandalias del mismo color sujetadas del tobillo. Su pelirrojo cabello se encontraba recogido en dos trenzas bajas, uno a cada lado de su cabeza. En ese momento, por la mente del chico pasó una palabra que la describía perfectamente: Preciosa.

A través de los cristales de una tienda, Nami vio ropas y accesorios que podrían interesarle, por lo que entró sin más. Luffy por su parte se acercó a un banco cercano sentándose con una gran sonrisa al ver el rostro de emoción de la muchacha por todas esas prendas. Parecía una niña. Observó a su alrededor a cada persona que pasaba por su lado, y a los que iban entrando y saliendo de aquella tienda.

- Mira, mira. - escuchó a alguien decir.

Rápidamente buscó con la mirada al propietario de la voz encontrándolo frente a la puerta. Era un chico adolescente que se encontraba junto con otros dos.

- Está buena. - dijo uno de ellos.

¿Buena?

El pelinegro se levantó del asiento y acercándose a ellos, dirigió la mirada hacia donde estaban mirando. Sus ojos se ensombrecieron al verlo.

Nami se encontraba con los codos apoyados en el mostrador dejando ver el escote del vestido, y con una sonrisa bastante tierna dirigida al vendedor. Este miraba con descaro y una boba sonrisa los pechos de su navegante.

Allí fue donde Luffy explotó.

Rápidamente se acercó hacia ellos y le dio una mirada asesina a aquel hombre sorprendiendo a Nami

- ¿Qué ocurre, Luffy? - preguntó con inocencia.

- Nos vamos. - respondió él secamente y ocultando su mirada bajo el sombrero.

Sin dejar que la chica respondiera, el pelinegro salió de la tienda echando otra rápida mirada al grupo de muchachos que seguían en la puerta.

No podía creerlo. ¿Le había preguntado "Qué ocurre"? La respuesta era obvia, ¿verdad?

El chico oyó como su amiga corría detrás de él mientras gritaba su nombre para que se detuviera. Suavizó un poco el paso para dejar que lo alcanzara aún sin mirarla.

- Que piernas. - susurró alguien.

- ¿Y ese cuerpo? Está tremendo. - siguió otro.

- Ojalá pudiera entrarle, le haría de todo.

- Yo si que quisiera entrarle, pero dentro de ella.

Eso era lo que escuchaba el chico cada vez que pasaban por al lado de un grupo de hombres.

Malditos asquerosos…

Luffy agarró fuertemente la muñeca de Nami y sin avisar, volvió a acelerar el paso como si estuviera huyendo de algo, aunque realmente así era. Huía de las miradas que los hombres le lanzaban a su navegante.

- Luffy. - la oyó llamarle. - Por favor, suéltame. - suplicó. - Me haces daño.

La ignoró, y para colmó apretó aún más su muñeca haciendo que la muchacha soltara un pequeño quejido.

Al llegar al barco todos sus compañeros estaban esperando su llegada con una gran sonrisa. Rápidamente la quitaron al ver como su capitán soltaba bruscamente el agarre de la peli-naranja.

- ¡Oye, imbécil! - habló Sanji. - ¡¿Qué crees que le estás haciendo a mi Nami-swan?! - preguntó enfurecido.

¿Su Nami?

Aún sabiendo que era su fiel y querido compañero, y que lo que hacía no estaba bien, el pelinegro le lanzó una mirada cargada de odio. El rubio se encogió un poco de miedo.

- Luffy… - susurró Nami. - ¿Qué te pasa? - se atrevió a preguntar de nuevo.

- No me llaméis para nada. - habló, y sin responder ni una sola pregunta más, estiró sus brazos hacia la parte más alta del barco perdiéndose de la vista de todos sus camaradas.

Quería estar solo, pensar en lo que sentía y sobre todo calmar esa ira que había acumulado en su ser.

Por desgracia, al parecer alguien no había acabado de entender lo de ''no me llaméis para nada'' ya que no mucho tiempo después alguien se sentó junto a él. Aún con su sombrero ocultándole los ojos, no le hizo falta levantarlo para saber de quien se trataba.

- Explícame qué coño te ha pasado con Nami. - exigió.

- Quiero estar solo, Zoro. - contestó. - Así que vete.

No lo hizo.

- ¿Le has visto la muñeca? - preguntó aún sabiendo la respuesta. No. - La tiene quemada, Luffy. Activaste tu poder y heriste a Nami. A Nami. - recalcó. - Sé que cuando estás enfadado eres capaz de golpear a cualquiera que se cruce en tu camino en ese momento, incluidos a nosotros, pero jamás le pondrías un solo dedo encima a Nami.

Y así era. No le importaba golpear a quien fuera, pero con ella era distinto.

- Nami nos ha contado lo que pasó en la tienda. - prosiguió al ver como no contestaba. - No sabía que eras celoso. - dijo riendo. - No sabía ni que te interesaban las mujeres, fíjate.

¿Qué pretendía el peliverde? ¿Animarlo o deprimirlo aún más?

Estúpido Zoro…

- Está bien, si no quieres contarme nada no lo hagas. - habló mientras se levantaba para irse. - Pero deberías hablar con Nami. - concluyó.

- No me digas lo que tengo que hacer. - contestó cerrando los ojos.

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El tiempo pasó y Luffy abrió los ojos. Miró hacia el cielo y vio la luna brillar. Era de noche. Sin quererlo, se había dormido y las horas habían pasado tal y como quiso desde un principio, sin que nadie lo molestara.

Tras desperezarse un poco, el chico pegó un salto cayendo directamente al suelo de cubierta. Por esas pequeñas cosas le gustaba ser de goma. Caminó hacia la cocina en busca de algo de comer cuando de repente la escuchó. Alguien estaba llorando. Giró su cuerpo en busca de aquel sollozo y lo encontró. Salía del cuarto de las chicas. Nami…

Abrió la puerta con cautela y se encontró a la chica en una esquina sobre su cama abrazando sus delgadas piernas. A Robin le tocaba guardia aquella noche, por lo que la chica estaba sufriendo sola.

Luffy tragó saliva sabiendo lo que le esperaba ahora. Él era el culpable de aquellas lágrimas y tenía que enfrentarlas para ponerle fin. Cerrando la puerta tras de sí, se acercó lentamente hacia la chica llamándola en un susurro.

- Vete. - contestó ella sin mirarle.

- Deberíamos hablar.

- Así que ahora quieres hablar, ¿eh? - dijo levantándose lentamente de la cama y con el flequillo tapándole los ojos. - ¿Después de evitarme durante toda la tarde?

- Estaba enfadado. - se excusó él.

- No es mi problema. No quiero verte, Luffy. Vete. - pidió.

- Quiero arreglarlo.

- ¿Arreglarlo? - preguntó cerrando fuertemente los puños. Luffy la vio temblar. - ¡¿Qué demonios te pasa?!

Finalmente la chica alzó su rostro mostrando el dolor y decepción en su mirada. Sus ojos, empapados por las recientes lágrimas, intentaban no pestañear para no dejar caer ni una sola gota más.

El corazón del pelinegro dio un horrible vuelco. Prometió proteger su sonrisa de cualquiera que intentara quitársela. Lo que nunca pensó fue que sería él quien lo haría.

- Estaba enfadado. - repitió.

- ¡Ya, ya se que estabas enfadado! - contestó al mismo tiempo que alzaba su mano. - ¡He tenido que sufrir las consecuencias!

Allí estaba. Luffy se quedó observando la quemadura que tenía en la muñeca, tal y como le había dicho Zoro. Con algo de duda, alargó su mano y se la cogió esta vez con mucha suavidad y delicadeza. Nami se dejó hacer aún con el ceño fruncido.

- No quería hacerlo. - habló él con la voz rota. - Sabes que jamás te haría nada malo, Nami. No a ti.

- Pero lo has hecho. - contestó soltándose de su agarre. - Y lo peor es que no sé por qué.

- Yo tampoco. - mintió.

Nami lo notó. Luffy era una persona fuerte en cuanto a peleas se refería, y tenía un gran corazón, pero como todo el mundo tenía defectos, y al ser un chico tan puro e inocente en algunas circunstancias se notaba de lejos lo que se le daba mal, y una de esas cosas era mentir.

La chica suspiró. Sabía de sobras que él, como bien había dicho, jamás le haría daño, o al menos no conscientemente, por eso estaba preocupada. Algo había hecho que su capitán actuara de esa manera, y necesitaba saberlo, quería ayudarlo a pesar de seguir enfadada con él.

Se acercó a él y sin titubear, posó ambas manos sobre el rostro del moreno sorprendiéndolo ligeramente. Luffy sintió el calor de la chica recorrerle el cuerpo.

- ¿Qué ha pasado, Luffy? - preguntó mirándole fijamente.

El chico se mordió el labio recordando lo sucedido aquella mañana. La ira estaba volviendo en él, por ese motivo, se apartó rápidamente de ella dándole la espalda.

- Estaba enfadado. - dijo de nuevo. - Al igual que ahora.

- ¿Por qué? - preguntó ella intentando acercársele.

- Por ti. - respondió al fin.

Nami parpadeó un par de veces creyendo no haber escuchado bien.

- ¿Has dicho por mí? - preguntó.

- Sí. - afirmó él dándose la vuelta quedando frente a ella. - Por ti y por todas esas babosas miradas.

- ¿Babosas miradas? ¿De qué estás hablando?

- Esos hombres… - cerró sus puños con fuerza. - Esas palabras… ¡Las odio! - gritó sobresaltando a la peli naranja.

- Luffy…

- Siento haberte hecho daño, Nami, pero tú también lo haces. - replicó.

- ¿Qué? - preguntó sin entender.

Vio como el chico iba acercándose a ella con el rostro sumamente serio, y en un acto involuntario sus pies avanzaron hacia atrás.

- Que buena está. - dijo él sin detener su paso.

- ¿L-Luffy?

- Menudas piernas.

Nami siguió alejándose de él. Sabía que en cualquier momento estarían lo suficientemente cerca como para no poder escapar.

- No se de qué estás hablando, Luffy.

- Le haría de todo.

El rostro de la chica palideció al notar la pared tras su espalda. Cerró los ojos sobresaltada al ver y oír como el chico había estampado la mano a su lado medio acorralándola.

- L-Lu…

- Tengo que soportar todos esos comentarios sobre ti cada vez que salimos. - la interrumpió. - Y para colmo en cuanto me despisto un momento andas seduciéndole al tío de la tienda para tus propios beneficios. ¿A qué estás jugando, Nami? - preguntó con la voz ronca.

Sin saber por qué, el rostro de la chica adquirió un leve sonrojo al ver lo cerca que se encontraban. Podía notar como el aroma del chico entraba suavemente por sus fosas nasales. Mar. Luffy olía a mar, y le gustaba, pero ese no era el caso.

- N-No estoy jugando a nada. - respondió con algo de valentía. - No se que demonios te pasa pero termina ya con esto.

Nami posó una mano en el pecho del chico para empujarlo y así poder alejarse, pero en vez de eso, él se acercó más a su cuerpo.

- Mi paciencia tiene un límite, ¿sabes? - le susurró cerca de su oído haciéndola estremecer. - Y está a punto de llegar al tope.

- E-Eso no tiene nada que ver conmigo. ¡Y haz el favor de alejarte un poco! - le rogó queriendo empujarle. No sirvió de nada.

Luffy se acercó un poco más y aun acorralándola, posó su cabeza sobre el hombro de la chica.

- Me molesta que hablen de ti y te vean solo como una mujer. - declaró.

- Soy una mujer, ¿sabes?

- Lo sé, pero eres más que un cuerpo bonito.

Nami abrió los ojos ante esas palabras. Nunca pensó que él fuera a decir algo como eso.

- ¿Te molesta cuando la gente me mira? - preguntó.

- Sí.

- ¿También cuando hablan sobre mi cuerpo o lo que quieren hacer con él?

- Sobre todo eso. Es asqueroso.

Nami sonrió un poco. Sí que era asqueroso, pero siempre había sido así. Estaba acostumbrada.

- ¿Y cuando seduzco a alguien para conseguir lo que quiero?

- No me gusta admitirlo, pero sí.

La chica pasó lentamente las manos por el cuerpo de Luffy hasta terminar abrazándolo aún con su cabeza en su hombro. En esos momentos se sentía ansiosa.

- Estás celoso. - dedujo.

Era raro que fuera así. Todos pensaban y decían saber lo asexual e inocente que era su capitán, pero en ese último tiempo, después del rencuentro, ella se había dado cuenta de que no era así, o al menos no tanto como lo describían.

- Terriblemente. - admitió él alzando un poco la cabeza para mirarla. - Y es tú culpa.

- No lo es.

- Claro que sí. Es tu culpa que quiera golpear a todos esos cerdos.

- ¿Mi culpa por qué?

- Por la ropa que llevas.

- Quiero que te quede algo claro, Luffy. Se que no sabes mucho de mujeres y que lo que estas sintiendo y diciendo es algo nuevo para ti, por eso me veo en la obligación de explicarte un par de cosas que te harán pensar de forma distinta. - habló. Luffy no dijo nada. Se mantuvo en silencio esperando a que continuara. Se la veía muy seria, por lo que pensó que era algo importante. Y así era. - Nunca, jamás de los jamases, será culpa nuestra que los hombres nos acosen. Si ellos nos miran y comentan cosas sobre nosotras o sobre nuestro cuerpo, no es ni culpa nuestra ni de la ropa que llevamos, es simplemente de ellos. Nosotras no nos vestimos para impresionar a nadie, y eso es algo que muchos ignoran. Si nosotras nos ponemos un vestido o una falda corta, lo hacemos porque nos gusta, porque nos sentimos bonitas y estamos cómodas, y no para obtener comentarios de hombres maleducados. - dijo. - Así que no, no es culpa ni de la ropa ni mía.

El chico tardó un rato en memorizar esas palabras. Parecía complicado, pero realmente no lo era. Nami le dio el tiempo necesario para que se lo grabara.

- Entonces… ¿De quien es la culpa de que me sienta de este modo? - preguntó.

- Eso es algo más complicado, Luffy. Es por mi que sientes eso, pero no es culpa mía. - declaró con un pequeño sonrojo en sus mejillas. Estaba empezando a enlazar un par de cosas. - Tampoco es tuya ya que no es algo que puedas controlar, te sale solo, y es algo natural en las personas. Así que, no lo sé.

Luffy volvió a estar unos segundos sin hablar. Todo eso era complicado, y tal y como había dicho Nami, era algo nuevo para él, y aún había muchas más cosas que tenía que entender.

Apartando el brazo en la pared en la que llevaba apoyado todo el rato, el pelinegro rodeó la cintura de su navegante en un abrazo, y volvió a posar la cabeza en su hombro, esta vez más cerca de su cuello.

- Dices que es algo que no se puede controlar, ¿no? - preguntó. Ella asintió. - ¿No habría alguna manera de hacerlo? No me gusta sentir esto.

- No puedes controlar lo que sientes, pero si lo que hagas con ello.

- ¿A qué te refieres?

- A que no puedes evitar sentirte celoso, pero si que puedes evitar montar una escena como la de esta mañana. - le dijo medio regañándole por ello.

- ¿Y si no puedo? ¿Y si por ello vuelvo a hacerte daño?

Nami notó como la mano del chico bajaba suavemente hacia la suya, la que había herido, y la entrelazaba entre sus dedos acariciándola.

- Entonces habla conmigo, o con la que te sientas así. - dijo con duda.

Sabía que Luffy estaba celoso por ella, pero no sabía si lo estaba con alguien más. Quizás estaba experimentando.

- ¿Crees que siento esto por otras? - preguntó él con la ceja levantada. Ella no respondió. - Eres la única, Nami. Siempre lo has sido.

El rostro de la chica enrojeció, y su corazón comenzó a latir con más fuerza. Ahora todo estaba mucho más enlazado. Luffy estaba celoso por ella, lo había admitido. No le gustaba que otros hombres la miraran, ni que ella sedujera a otros. Y ahora decía que ella era la única para él, que siempre lo había sido. Estaba claro. Era amor. Estaba enamorado, o más bien, estaban, porque ella aunque no dijera nada había descubierto desde hacía tiempo lo que sentía por su alocado capitán. Era algo mutuo.

- Luffy… - susurró su nombre.

Éste la apretó más a él y fue su turno de aspirar su aroma. Mandarinas. Nami olía a mandarinas.

- Siento lo de esta mañana. - se disculpó por primera vez.

- Tranquilo, no lo pienses más. - contestó ella con una pequeña sonrisa.

- Quiero hacer algo, Nami. - dijo él levantando el rostro para mirarla.

- Si es ir a golpear a esos hombres que dijeron algo de mí hoy, mejor que no. - contestó ella anticipándose a lo que Luffy realmente quería decir.

- No era eso, pero ya que lo mencionas…

- No.

- Pero Nami… - se quejó él.

- Se que es difícil, pero no puedes enfadarte cada vez que alguien me mire o comente algo. Tendrás que acostumbrarte. - dijo suspirando.

- ¿No puedo darles unos cuantos golpes?

- No es que no puedas, es que no deberías. - respondió.

Realmente quería ver a su capitán defendiéndola de los babosos, pero si debía hacerlo cada vez que alguien dijera algo… Era mejor que se quedara quieto y ya.

- ¿Entonces que hago para calmarme? - preguntó.

- Te lo he dicho, hablar conmigo.

- Dudo mucho que hablar me vaya a ayudar.

- Entonces pensaré en algo para distraerte.

- ¿Cómo qué?

- No lo sé. Cuando suceda, ya lo pensaré. - contestó.

- Está sucediendo. - dijo él. Nami parpadeó un par de veces y ladeó la cabeza sin entender. - Sigo furioso.

- Pero no tanto.

- Pero quiero ir a golpear a esos tipos.

- No lo hagas.

- Entonces distráeme.

Nami vio como la seria mirada del chico no dejaba de observarla. Estaba esperando una respuesta que no tenía. ¿Con qué podía distraerle? ¿Cómo podía hacer que alguien dejase de estar enfadado, o impedir que golpeara a alguien? No, peor. ¿Cómo podía hacer eso con Luffy? ¿Con que se distraía él? Tras unos momentos pensando, Nami creyó dar en el clavo. Comida. Cuando el chico veía carne no pensaba en nada que no fuera eso. Invitarle a comer cada vez que se pusiera celoso era una opción, pero no económica. Probablemente si se enterara, fingiría enfadarse con tal de obtener comida gratis, y no estaba dispuesta a ello, por lo que tenía que descartarlo.

- ¿Nami? - la llamó al ver que tardaba en responder.

La chica alzó la cabeza con un gran sonrojo. Había pensado en otra cosa, pero… No era fácil de efectuar. Quería hacerlo, para distraerle a él, y porque ella sentía que tenía ganas desde hacía tiempo.

- C-Creo que se como distraerte. - dijo con la voz temblorosa.

- ¿Cómo?

- No se como vas a reaccionar, ¿vale? Así que si en algún momento ves que te sientes incomodo o que no te gusta lo que esta pasando, puedes detenerme, y buscaré otra manera.

- Habrá que intentarlo al menos ¿no? - dijo él seriamente.

Nami tragó. Tenía razón. Para saber si algo funciona hay que intentarlo, pero aun así… estaba nerviosa.

- C-Cierra los ojos. - pidió.

Luffy hizo caso de inmediato. Confiaba en su navegante más que en cualquiera, así que no le supuso ningún problema obedecer.

La chica tomó aire y observó al pelinegro cerrar los ojos.

Estaba preparada. Era la hora. Estaba preparada. Era la hora. Se repetía.

Tomando el poco valor que había acumulado, y sabiendo que si lo pensaba más se acobardaría, la peli naranja acercó su rostro al del chico, y cerrando también los ojos, unió sus labios con los de él.

Tras unos pocos segundos se separó.

Había sido corto, pero muy cálido.

Ambos abrieron los ojos y se miraron mutuamente. Ella tenía el rostro casi del mismo color que su cabello, mientras que él seguía manteniendo la misma mirada, pero un poco menos serio. ¿Se había inmutado o no?

En ese instante a Nami le entró el pánico y quiso salir corriendo a pesar de que se encontraban en su habitación. Se apartó un poco más de él y comenzó a caminar rápidamente hacia la puerta. ¿Dónde iría? ¿La biblioteca? ¿Tal vez el acuario? ¿A llorarle y quejarse a su pelinegra amiga? A ninguno, porque en ese momento, antes de poder tocar el pomo, Luffy la detuvo agarrándola de la mano y haciéndola girar de golpe.

- ¿A dónde vas? - preguntó él.

- ¡N-No lo sé! ¡Solo déjame ir! - contestó intentando zafarse.

- Pero aún no has acabado de distraerme. - dijo. - Sigo enfadado.

- ¡Y-Ya buscaré otra manera, pero ahora mismo necesito irme!

- ¿Otra manera? ¿Por qué? Esta ha servido.

¿Había funcionado? ¿Había distraído a su capitán con un beso? Si ese era el caso… ¡¿Cómo demonios podría volver a hacerlo?! ¡Qué vergüenza!

- B-Bueno, es que… - intentó decir.

- Hazlo de nuevo. - pidió el chico agarrándola de la cintura y acercándola a él.

- ¡¿P-Pero que dices, idiota?!

- Entonces lo haré yo.

Y sin dejar que Nami le respondiera le agarró del mentón y la beso de nuevo. Nami abrió los ojos de par en par por el repentino acto, pero unos momentos después, rodeo con sus brazos el cuello del chico correspondiendo y profundizando más el contacto.

Con lentitud movieron sus labios sobre el del otro saboreándose mutuamente. Nami quiso separarse por falta de aire, y lo hizo, pero segundos después Luffy volvió a atacarla salvajemente.

- L-Luffy… - susurró su nombre entre besos. - P-Para…

No quería. Necesitaba distraerse, saber que ella estaba allí y que nadie más que él la estaba mirando. Y sinceramente, ese modo de evasión era el mejor.

Minutos después, con la respiración entrecortada y las mejillas sonrojadas, ambos se separaron.

- No pienses en otra distracción que no sea esta, ¿me entiendes? - pidió agarrándole el rostro con las dos manos para apreciarla bien. Tenia los ojos brillantes, húmedos y los labios rojos e hinchados.

- N-No sabes lo que dices. No puedo besarte así porque sí. - contestó ella mirándole fijamente a los ojos. - Eso solo se hace con la persona con la que estás.

- Ahora estás conmigo, Nami. - dijo él.

- No. No lo entiendes. Estar con alguien significa salir con ella, y no como seguramente estas pensando. No como amigos, como algo más, pero seguro que…

- La que no lo entiende eres tú. - la interrumpió. Con la yema de los dedos le acarició el rostro y le sonrió dulcemente. - Quiero que estés conmigo cómo más que amigos.

Silencio.

- ¿Q-Qué? - preguntó Nami sin haber entendido. - Te refieres a… ¿mejores amigos?

- Sabes a lo que me refiero, Nami.

- E-Es que no pensaba que tú quisieras a alguien… de esa manera.

- Lo hago. - contestó. - Y es a ti.

Nami calló durante unos minutos. Dudaba de lo que el chico decía. Estaba casi segura de que no sabía lo que era tener una relación y todas las bases que implicaba.

- Luffy… No creo que sepas lo que dices. Apenas nos hemos besado dos veces y…

- Y lo haría todas las veces que pudiera sin necesidad de estar celoso o enfadado. - la cortó de nuevo. La chica parpadeó un par de veces. ¿Quería besarla de nuevo? ¿De verdad estaba pasando eso? - Y si eso no te convence puedo decírtelo de otra manera… - Luffy le agarró de las manos suavemente y fijó su vista en ella. - Quiero que seas la futura reina pirata. - declaró.

Pues sí, sí que estaba pasando.

- ¿Estás seguro de lo que dices? - preguntó ella dando un paso hacia él aún sin estar convencida.

- Tan seguro como que yo seré el futuro rey de los piratas. ¿Qué opinas?

Nami le miró con ojos brillantes y finalmente sonrió.

- Que eres un idiota. - contestó.

Luffy quiso reprocharle aquello, pero no le dio tiempo. Nami había saltado sobre él besándolo en el acto formalizando así la nueva relación. El chico agarró la cintura de la peli naranja y correspondió con la misma dulzura con la que alguien trataría a una reina, o en este caso a una reina pirata. Su reina pirata.

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¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Espero que sí.

Dejadme algún comentario tanto si es positivo como negativo. Me gusta leer lo que realmente pensáis de mis historias.

¡Nos leemos!

¡Adiós! ¡Adiós!

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