Yu-Gi-Oh! NO me pertenece ni sus personajes; es de la propiedad de Kazuki Takahashi. La ideología de esta historia SI me pertenece.
Capítulo I: El baile
Estaba en uno de los pasillos del instituto cuando la transformación se llevó a cabo. Los graves de la música que residía en el gimnasio, resonaban como un murmullo amenazante sobre las paredes, sacudiendo casi imperceptiblemente el cristal de las ventanas. Para Yami, el traspaso desde el interior del rompecabezas del milenio hasta el mundo de los vivos fue abrumador en esa ocasión: el ruido era impresionante, el pulso de su cuerpo prestado se mantenía eufórico, y sus sentidos parecieron despertarse de un largo letargo, detallando cada una de sus sensaciones.
Carraspeó un poco, contemplando su reflejo estampado en la vitrina de los trofeos con cierta incomodidad.
―Así que... Halloween. ―murmuró el faraón, casi que saboreando la última y nueva palabra aprendida. Sonrió un poco, pues el pelo de Yugi le hacía la guerra dignamente al sombrero del Mago Oscuro que había escogido el menor como su disfraz para la fiesta de su secundaria.
―Tranquilo, será solo un momento. ―aseguró la voz del más joven desde el interior de su cabeza, infundiéndole ánimos ―Está bien si te diviertes tú también.
Yami siguió con sus ojos sobre su silueta reflejada, sin realmente mirarla: ya habían pasado tres horas desde el inicio de la festividad, y Yugi le había insistido para que fuese él de los dos quien disfrutase de la última hora del baile.
El faraón contempló toda la reunión a través de los ojos de su compañero desde el principio, reconociendo no comprender por qué los adolescentes se alborotaban tanto con un poco de música estridente y ponche. Había visto a Jounouchi, Honda y Anzu también disfrazados, riendo, charlando, bailando y cantando a coro de las distintas canciones junto a Yugi.
―Sabes bien que no se me dan estas cosas. ―rebatió Yami, frunciendo un poco el ceño al notar lo justa que era la parte de arriba del disfraz; levantar los brazos se le dificultaba un poco. Suspiró, inclinando su cabeza hacia las puertas de donde provenían las voces y el alboroto: bueno, sólo sería una hora... lo haría por Yugi.
Sus pasos resonaban en la soledad del pasillo, apagándose ante la proximidad de la fiesta. No llegó a empujar la hoja de madera cuando de sopetón fue abierta desde el otro lado, arrancándole el pestillo de la mano. Fue tal el ruido de la música que lo golpeó de lleno, que entrecerró sus párpados en un gesto autoprotector, aunque nada tuviera que ver con sus oídos.
Un Honda disfrazado de vampiro se le quedó viendo con gesto interrogante, y tras el paso de cinco segundos, sonrió tremendamente luego de reconocerlo.
―¡Yami! ¡Con que te animaste a venir! ―gritó él, tomándolo del brazo ―¡Apresúrate, es hora del baile!
Yami se tragó una negativa cuando el muchacho tiró de él, arrastrándolo hacia la muchedumbre sin esperar respuesta alguna de su parte. Era tal la cantidad de personas, que el faraón se sintió escandalizado por la falta de pudor de todos, a quienes no les importaba bailar tan pegados como si fueran ganado por culpa de la falta de espacio. Se sonrojó un poco, pues no estaba nada acostumbrado a rozarse accidentalmente con tantos cuerpos desconocidos, por más inocente que fuera dicho contacto.
―¿Lo ves? ¡Sólo diviértete! ―escuchó la voz de Yugi desde su cabeza, entre risas divertidas.
―¡Esto... es...! ―iba a decir que la manera de divertirse para los jóvenes de su nueva era, era una completa locura, cuando de pronto Honda dejó de tirar de él.
―¡Miren quién se dignó a venir!
Yami olvidó lo que iba a decir en cuanto Jounouchi le pasó un vaso de ponche sin parar de bailar al igual que todos los estudiantes. Contempló el contenido del pocillo de cartón rojo, decidiendo que era mejor no beber nada en esa ocasión... no si no quería terminar con medio vaso derramado sobre sí mismo: la gente constantemente lo empujaba al saltar y dar pasos.
―Yugi insistió. ―respondió él a su amigo disfrazado de Espadachín de la Llama. Se estremeció un poco: verle vestido así le recordó a aquella vez en la que tuvo que enfrentar al ente maligno de Bakura, usando a los espíritus de sus amigos como si fueran sus propias cartas.
―¡¿Qué has dicho? ―inquirió Honda, sacándole el vaso de la mano para empezar a beberlo él mientras que también bailaba. El único de pie allí era Yami, que estaba tan rígido como una vara de acero; cada nueva cosa que descubría lo avergonzaba más que la anterior.
―¡Que Yugi insistió! ―Casi que ni siquiera oía su propia voz entre el bullicio de risas, cánticos y la música propia. No podía sentirse más fuera de lugar, absolutamente incapaz de actuar como los demás. Es decir, él... ¿bailando?
―¡Oye Jounouchi! ¡¿En dónde está Anzu? ―quiso saber en un grito el vampiro. Yami fue empujado hacia un lado por otra persona, lo que lo llevó a arrugar el entrecejo con cierto disgusto.
―¡Creo que fue a...! ¡Espera, ahí viene!
El faraón intentó girar su rostro en dirección a donde miraban ambos muchachos, sin éxito.
«¿Cómo hiciste para moverte con esto puesto durante tres horas, Yugi?» preguntó interiormente él, a punto de chasquear la lengua.
―¡Yugi, vamos a bailar!
Yami no estaba preparado para ser tomado por el antebrazo y arrastrado nuevamente entre todos. Antes de perder de vista a Jounouchi y a Honda, pudo apreciar un gesto de completa satisfacción en sus rostros. No caminó mucho hasta terminar a nueva cuenta de pie en alguna parte del abarrotado lugar, y en cuanto se giró a la fémina que lo había confundido con su mejor amigo -con el objetivo de esclarecer su error-, todo pareció caer en el más grande silencio para él.
La música, las luces de colores y parpadeantes, las personas pechándolo, las voces perdidas... todo desapareció.
Él ya había visto el disfraz de todos a través de los ojos de Yugi anteriormente... pero nada era igual allí, dentro del rompecabezas del milenio, que en carne propia. Yami en el mundo real podía obtener detalles, reconocer aromas, sentir sus propias emociones... allí tenía un cuerpo vivo, con sangre corriéndole por las venas, que respiraba y sufría los cambios de temperatura como alguna vez lo hizo su cuerpo propio, cinco mil años atrás.
Tragó saliva, con tanta dificultad que su respiración se hizo profunda. Anzu ahora bailaba, sonriendo tanto que sus párpados casi se tocaban, viéndolo sin mirarlo. Las luces en la oscuridad seguían el ritmo de alguna melodía rápida, dificultando la visión de todos los que se estaban divirtiendo.
No... definitivamente no era lo mismo ver a través de los ojos de Yugi, que ver él mismo.
Ella vestía de dorado. Un top con delgados tirantes cubrían su pecho, encaminándose hacia la parte posterior de su cuello para acabar en un broche elegante, rozando la piel de sus expuestas clavículas y su desnudo cuello marfil. Desde el top, nacía un trozo de tul dorado y translúcido que se extendía hasta cubrir su abdomen y ombligo, los cuales de igual manera se podían ver gracias al tipo de tela. El nacimiento de sus caderas era interrumpido por la aparición de un short de brillantes del mismo color, de no mucha longitud, tapado también por más tul llegaba a acariciar sus descubiertos tobillos.
Los labios de Yami se entreabrieron, sufriendo el vago recuerdo de una de las fiestas del antiguo Egipto. Música lenta y relajante... frutas recién cosechadas servidas de la manera más elegante... mujeres con el rostro cubierto, vestidas de dorado, bailando suavemente...
Sintió el rubor comenzando a extenderse desde su cuello hasta la punta de sus orejas, agradeciendo a lo que fuera por la poca luz allí: se sentía turbado. Porque si bien era un espíritu de más de cinco mil años, que luchaba contra lo que sea que se atreviera a meterse con sus amigos o incluso el transcurso de la vida del mundo entero, Yami no dejaba de ser ese adolescente casi adulto que entregó su alma por el bien; ese adolescente que antes de jurar proteger a la humanidad, no era más que un muchacho como cualquier otro.
Una de las manos de su amiga subió hacia la unión de su cuello con su hombro, pasando sus delicados dedos por el contorno de su clavícula y levantando uno de los tirantes, en un intento por alivianar la irritación de su piel contra su disfraz por culpa del sudor. El faraón soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo en un jadeo sutil y casi inexistente, aumentando así la intensidad de su sonrojo.
Oh, Ra... que los dioses le ayudaran... era la primera vez que se sentía así de débil y febril frente a los encantos de una mujer. Y lo que más le avergonzaba, era que no era cualquier mujer -como las del antiguo Egipto-, sino que era nadie más ni nadie menos que la mismísima Anzu Mazaki, la mejor amiga de Yugi y su propia amiga. Tenía que cortar con el camino que habían elegido transitar sus oscuros pensamientos, ya.
Sacudió levemente su cabeza, y a punto estuvo de modular el nombre de su compañera, cuando de golpe la misma fue empujada por uno de los estudiantes que saltaba a sus espaldas, impulsándola hacia adelante de un brusco movimiento. Instintivamente, Yami la atrapó en sus brazos antes de que ambos chocaran y cayeran patéticamente al suelo.
Si antes se sentía avergonzado, ahora quería morirse allí mismo. Un perfume dulce pero suave se metió por sus fosas nasales, embotando sus sentidos e hipersensibilizando su tacto. Sus dedos estaban envolviendo en un débil agarre la suave piel de sus hombros descubiertos, y ella se había aferrado a él desesperadamente antes de caer, poniendo sus dos brazos alrededor de su torso en un torpe abrazo sin intención.
Pum... pum... pum... pum... pum...
Sus pechos escondidos detrás de su top estaban apresados contra su tórax de la manera más descarada, y él juró que sentía su corazón latiendo en sus oídos. Era un escándalo, pero sería mentirse a sí mismo si negaba el hecho de que sus instintos primitivos estaban siendo tentados... y le gustaba.
―¡Lo siento mucho, Yugi! ―gritó ella entonces, atrayéndolo a la realidad estruendosa. Quitó su peso de él, y a punto estuvo de retroceder hasta donde estaba...
Pero entonces sus ojos conectaron por primera vez.
Anzu tenía la costumbre de avergonzarse por casi todo... mas Yami jamás la había visto ponerse tan roja como en ese momento. Se le antojó de lo más hermoso.
―F-Faraón...
Algo dentro de él se removió con júbilo, erizando la piel de su nuca y estremeciendo su espina dorsal en cuanto aquel sustantivo zigzagueó entre los labios de la muchacha. Supo entonces que si de él dependiera, buscaría cada ocasión para que ella le llamase así, con aquel tono anhelante y distorsionado por la sorpresa.
―Hola, Anzu.
Colocó su mejor cara de póker, divertido con el valor que estaba presentando ella al negarse a bajar los ojos, por más de que en aquel instante sus mejillas ardieran como nunca. Ahora él no era el único quieto de pie en aquel festejo de Halloween, sino que ella le acompañaba en quietud también. La observó esbozar una sonrisa con esfuerzo, luchando contra su propia timidez.
―¡¿Te estás divirtiendo? ―le preguntó, gritando por encima de la música. Yami curvó sus comisuras en una sonrisa torcida, asintiendo con más seguridad que antes; ella juntó sus manos con inocencia, inclinándose hacia adelante a la espera de su respuesta.
Entonces, atraído como un imán a su aroma a flores, fue su turno para acercarse a su anatomía hasta estar a una distancia bastante corta de su oreja. Antes de hablar, respiró hondo por la nariz aquella fragancia, deleitándose.
―Te ves muy bonita hoy.
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Buenas tardes, queridos lectores, oficialmente me presento: mi nombre es Mayqui, y el día de hoy hago mi primera publicación en el fandom de Yu-Gi-Oh!, nada más ni nada menos que con un AnzuxAtem. Antes que nada, me veo obligada a esclarecer varios puntos que seguramente ustedes se deben haber preguntado (o quizás no, quien sabe...):
1: No hay línea temporal definida... o en otras palabras, si bien nuestro querido faraón no sabe su verdadero nombre, sí tiene algún que otro recuerdo respecto a su antigua vida. Van a haber escenas y momentos ubicados en "x" momentos del anime, y no me detendré muchas veces en explicar en dónde... se trata de ideas que solo surgieron en mi cabeza. Esto lo quise plantear así para hacer una lectura más ligera y digerible, lo que me lleva al punto número 2.
2: No será una historia con "final" de ensueño, están avisados; me limitaré con este fic a expresar la parte más pasional de ambos personajes, aunque reconozco que me cuesta ya que lo que realmente me atrapa de ellos es su amor imposible. Pero para ese último tema, ya tengo un plan que supongo que en un futuro no muy lejano publicaré ;).
3: A medida que vayan avanzando los capítulos, el nivel de intensidad irá subiendo. Me parece importante dejar constancia de esto porque no a todos les gusta este tipo de relacionamiento entre Anzu y Yami. Igualmente, al inicio de cada capítulo me molestaré en dejar un aviso de advertencia.
Espero honestamente que disfruten de este proyecto, y que lo reciban de buena manera :) no olviden que el motor de un escritor son sus lectores, y me encantaría leer algún que otro review expresándome su opinión al respecto. Eso es todo por hoy.
Mayqui, ¡cambio y fuera!
