¡Hola de nuevo!, bueno les traigo una historia nueva, aquí el protagonista es Dohko de Libra, de The Lost Canvas, y una OC ese sitúa aproximadamente después de 168 años de la guerra santa en los albores del siglo XIX, en el fic hay situaciones sexuales, así que es un lemon, mi genero favorito, espero les guste!
Los personajes no me pertenecen sino a y a S. Teshirogi
¡ADVERTENCIA! Lenguaje y situaciones sexuales se describen en este fic
Glosario: *gramófono, aparato de principios del siglo XIX que constaba de una caja donde se colocaba un disco encima y una bocina en forma de "cuerno" por así decir
EL MISTERIOSO OBJETO DE ROZAN
Día 1
El extraño objeto cortaba el cielo envuelto en fuego iluminando la oscuridad de la noche volando por encima de los cinco picos de Rozan, captó la atención del atento guardián que permanecía como hace 168 años, en la misma posición y en la mismo sitio. Al principio como era natural, se inquietó y luego de percatarse de que no se trataba de ninguna amenaza que a él pudiera importarle continuo su vigilia. Veinte minutos pasaron, y una fuerte explosión volvió a interrumpirlo, venia del lugar donde cayó el objeto -Ah…- suspiró, quizá moverse un momento no sería gran cosa ¿no? Después de todo… ¿Cuánto podría demorarse?, además, podría estar equivocado y resultar en alguna amenaza, algún espectro… quizá… con la agilidad de un perezoso, se levantó, él hubiera querido hacerlo más rápido, pero el entumecimiento de estar sentado tanto tiempo no se lo permitió, una vez en pie, elevo su cosmos para ganar energía y poder moverse más fluidamente.
Después de haber recorrido algunos kilómetros encontró una enorme columna de fuego que se alzaba en medio de un claro, alrededor dos cuerpos humanos calcinados o quizá tres, no estaba seguro de ese último bulto a su derecha, rodeo el fuego y noto que el objeto estaba partido a la mitad y podía ver en su interior -¿Sera esto lo que llaman avión?-, echo un leve vistazo y al fondo pudo notar lo que parecían dos piernas humanas, o al menos eso quería creer, rápidamente se introdujo y saco el cuerpo, sí, era un cuerpo, lo llevo lejos del incendio, traía puesta una especie de máscara que le cubría la cara y la cabeza completamente, sin más se la arranco y, al momento de ser retirada de esta brotaron larguísimos y enredados mechones rubios, y debajo de ellos un rostro de porcelana, una pequeña nariz, unos labios carnosos y unos ojos alargados cerrados por unos parpados coronados con unas también larguísimas y rubias pestañas -¡Una mujer!- se apresuró a reanimarla, la mujer tocio, -¡está viva!- la cargo en su hombro, y emprendió el regreso a su puesto de todos los días, dejando atrás lo que quedaba del avión y sus demás tripulantes.
-O-
La mañana se levantaba fresca, la brisa que salpicaba las cascadas de los cinco picos alcanzaron a la mujer que yacía a unos metros del hombre que la rescato, la había puesto ahí para poder verla, esperaba que despertara pronto, asegurarse de que se encontraba bien, y entonces resolver de qué manera regresarla por donde vino encaminarla a donde quiera que se dirigiera, en el fondo sabía que tal empresa no sería fácil, porque ya de por si llegar a los cinco picos era difícil, solo los descendientes de aquel viejo amigo que solía llevarle provisiones para su supervivencia, y que habían continuado con ese invaluable favor conocían los caminos para llegar o salir
–Ya pensare en algo- fue lo único que se le ocurrió, mientras continuaba inspeccionando a la inesperada huésped; definitivamente era extranjera, lo sabía no solo por sus rasgos faciales, sino también por sus largas piernas, los locales no son tal altos, los brazos igual largos, era probablemente más alta que él. Pasada la mañana cuando el sol estaba sobre su cabeza indicando el medio día, la mujer despertó, se acomodó primero sobre su costado como para tomar fuerza para levantarse, luego lo miro, con sus ojos grises, como si todo lo demás no fuera suficiente para volverla perturbantemente hermosa, pero eso no era relevante en ese momento, ahora la mujer tenía una expresión de desconcierto y desorientación, totalmente lógica por supuesto, no sabía dónde estaba, ni como terminó ahí, empezó a pronunciar con desesperación palabras en un idioma que él no podía entender, más adelante sabría que el extraño lenguaje era ruso; Ella empezó a caminar por todos lados, se asomó a la ladera para mirar al vacío donde chocaba el agua que caía de las cascadas, después camino hacia el otro lado, pero como si entendiera que no tenía salida se dirigió a él suplicante, lo empujaba, se tomaba el rostro con las manos, aún cubiertas con unos guantes de piel, lloraba, se agachaba, se levantaba, estaba desesperada, a él no le quedo de otra que volver a ponerse de pie, parecía que esto va a durar más de lo que esperaba y parecía que muy a su pesar iba a tener que faltar a su misión de mantenerse estático y tener toda su atención hacia el mismo sitio de siempre
-Señorita, cálmese por favor, voy a tratar de ayudarla, pero cálmese- le repetía constantemente, en chino, mientras ella manoteaba y trataba de hacerse entender con todas sus fuerzas, Dhoko ya no sabía que más hacer ¿cómo podía hablarle? De repente se le ocurrió hablarle en griego, la mujer guardo silencio y se quedó quieta, parecía que por fin lo había entendido
-Usted… ¿habla usted griego? Le contesto con una voz ronca, pero de mujer, y con un marcado acento extranjero
-¡Sí, sí!, hablo griego señorita ¿está usted mejor?, no se apresure a moverse no creo que sea prudente-
La mujer guardo silencio, entre sorprendida y entre pensado en su estado, él hombre frente a ella hablaba griego, pero antiguo, que afortunadamente ella había aprendido gracias a su pasión por las culturas clásicas, otro pensamiento la interrumpió
-¡Mis compañeros!, ¡el avión!, dígame, ¿Dónde estamos?, ¿Dónde está mi avión?, ¿Quién es usted?-
-¡Tranquilícese!- le dijo enérgicamente - No hay nadie más que usted, no hay nadie vivo, lo siento mucho- lagrimas cayeron de sus ojos grises, lentamente se sentó en el suelo, puso las rodillas contra su pecho y hundió su cabeza en ellas, ahora parecía un pequeño montículo de cabellos rubios, él la contemplaba de lejos,
- Estamos en el monte Hua, en los cinco picos de Rozan, en China, señorita, ¿A dónde se dirigían?, ¿perdió a alguien cercano en el accidente?-
-Yo… yo… bueno, nosotros íbamos a Beijing, pero, no sé, ¡no sé qué salió mal!, en el avión iban compañeros, el capitán de la nave y otros dos asistentes de mi equipo, tenían trabajando con nosotros ya años… Yo, necesito salir de aquí ¿Dónde quedo el avión, cual es la ubicación? ¿Podría usted indicarme dónde está? Necesito la radio, tengo que avisarle a alguien, a él…-
-Señorita, dudo que encuentre algo ahí, todo estaba consumido por el fuego, además…-
-¡NO!, usted no me entiende, tengo que salir de aquí tengo que avisarle a él-
-¿A "él", bueno señorita creo que "él" va a buscarla, cuando se dé cuenta que no ha llegado a su destino no cree? ¿Quién es esa persona que tiene usted tanta urgencia de avisar? o…-
-Bogdanov, mi marido-
La mujer tenía marido, -hubiera sido demasiado perfecto que no lo tuviera y que se encontrase aquí sola- pensó, pero también pensó que ese tipo de cosas no debían tener la más mínima importancia, si la dama en cuestión era soltera o no a él que, ahora lo importante era resolver que hacer con ella, perturbaba su paz y no lo dejaba concentrarse en su tarea.
-Dígame, hacía que dirección debo caminar, donde se encuentran los restos del avión-
Dohko la ignoro y volvió a su posición –Señora, ya pasa del medio día, no le recomiendo que camine sola, no le garantizo su seguridad, estamos en medio de laderas y montañas, para cuando llegue al lugar ya será de noche y no creo que pueda hacer nada si no puede ver, además, los cadáveres seguramente atraerán depredadores, le recomiendo que guarde la calma le ayudare a pensar cómo llegar a Beiing, aunque está bastante lejos… Después de dar vueltas alrededor la mujer llego a la conclusión de que el hombre de la montaña tenía razón, un fuerte ruido estomacal interrumpió su introspección, él la miro y soltó una leve risa
-Tiene hambre, vaya, ese es otro problema- y realmente lo era, como él no comía nada, más que cuando le llevaban alimentos y aunque era cuestión de semanas para que eso pasara, no creía que la dama frente a él pudiera soportar las mismas circunstancias
-¿Puede ver aquella cabaña, allá atrás?, ahí quizá encontrara alguna cosa que pueda comer-
La dama se dio la vuelta y se echó a correr, llego a la cabaña, quince minutos le bastaron para recorrer la pequeña construcción, no tenía más que una fea cama empolvada, con un colchón que seguramente era más incómodo que una roca deforme, una mesa, una silla, algunas gavetas con puertas caídas, telarañas y más, nada de comida, por ningún lado, abrió la última puerta de una última gaveta y encontró una lata, la abrió y varias polillas le saltaron a la cara emprendiendo el vuelo, una vez despejada de insectos la lata mostraba su tesoro, arroz… viejo, pero arroz, ya que tampoco había con que cocinarla la llevo completa y se acercó al hombre de la montaña otra vez
-Todo lo que tiene es esa lata de arroz, no es mucho pero servirá para hoy, voy a cocinarla, voy a bajar un par de metros para llenarla de agua, consiga fuego…- ordenó, Dohko la miro con gracia, una mujer atrevida que le daba órdenes, que más podía pedir para salir del aburrimiento, aprovechando que no estaba presente, encendió un pequeño fuego, con su cosmo por supuesto, de que otro modo lo iba lograr en esas circunstancias y para cuando la dama estuvo de vuelta, unas cálidas flamas se encontraban ardiendo alimentadas por unas cuantas ramas, no había ignorado el detalle que él seguía sentado y que las ramas se habían encendido misteriosamente rápido, pero ya habría tiempo de descubrir el secreto, se acercó a las brasas y acomodo la lata luego se sentó al lado del fuego
– ¿Cuál es su nombre?- pregunto con su voz ronca
–Dohko- fue la respuesta – ¿y usted?-
-Yekaterina Bogdanova-
Un hermoso nombre para una hermosa mujer pensó mientras se sostenían la mirada, fueron interrumpidos por el arroz hirviendo, derramándose sobre las incipientes ramas, Yeka, corrió para tratar de salvar la poca comida que tenían, no puso cuidado en que al derramarse el agua se avivaban las llamas, y una le alcanzo la mano, logro sacar la lata y luego se retiró los guantes de piel, la mano le ardía seguramente se le haría una ampolla
-Déjeme verla- le dijo Dohko extendiendo su brazo, ella le dio la mano, y se acercó a él agachándose para estar a la misma altura, tomo la mano, y la observo a la altura de sus ojos, tenía unos dedos largos y delgados, la boca casi se le iba sola dispuesta a besarle esos deliciosos dedos, -que más podrían hacer esos lindos dedos- fue lo que cruzo por su mente, sintió que no solo su mente había volado libidinosamente, sino también las partes de su cuerpo que están por debajo de su cintura, tuvo que respirar profundo varias veces para poder disimular la penosa reacción
-Vaya a aquella roca y corte un poco de musgo y póngaselo en la mano hasta que se le seque-
Yeka le dedico una sonrisa pícara, se dio la vuelta y caminó a donde le habían indicado, aunque no pudo ver aquella protuberante parte, pudo ver en las mejillas rojas de Dohko que su mano lo había conquistado, una vez que regreso, se dio cuenta que la mitad del arroz se había tirado
-Oh perdimos media porción, tendremos que comer menos-
-No señorita no se preocupe, yo puedo aguantar no comer, cómalo usted por favor-
-No, por favor no, acompáñeme Dohko, no me gusta comer sola-
Dohko no tuvo más que aceptar, ella se sentó a su lado, y metió la mano a la lata… lo que le faltaba, sin utensilios para comer utilizaba sus exquisitos dedos largos como cuchara, los metía en su boca llenos de arroz y los sacaba limpios, los lamia con tal gracia que… difícilmente iba a poder recuperar el estado natural de su miembro, ella le paso la lata y el hizo lo mismo, ahora era ella la que miraba, termino lo más rápido que pudo y nuevamente le regreso la lata, así repitieron la misma acción hasta que el arroz se termino
-Parece que la noche está a punto de caer señor Dohko, y aún hay muchas cosas que necesito saber, pero a pesar que he dormido bastante, tengo un sueño terrible y mis parpados casi se cierran, por lo visto, aquella cabaña es el púnico lugar donde descansar ¿cierto? ¿me permitiría usarla, por favor?
Dohko cerró los ojos y asintió con la cabeza
-Usted parece no moverse mucho, espero no incomodarlo- Se puso de pie, y tomo el camino a la cabaña, cuando estuvo ahí se acostó en el viejo colchón y se quedó profundamente dormida.
Día 2
El calor la hizo despertar, estaba mojada de sudor, se quilo la chamarra de lana y las botas, se desfajo la camisa y se desabotono los primeros 3 botones, luego recogió su pelo en un rodete y lo amarro con un mechón que colgaba aparte, se asomó por la ventana, él seguía en el mismo sitio.
Salió de la cabaña hasta donde estaba Dohko
-Buen día, dígame que son días, ayer perdí la mitad del día dormida-
-Buenos días Señora Bogdano… ¿Cómo me dijo que era su nombre?-
-Yekaterina… Bogdanova, pero si le causa mucho conflicto, llámeme Katya, es otra forma de decir mi nombre-
-bueno yo había pensado en llamarla Yeka, si no le molesta…-
-Yeka -sonrío– muy bien llámeme Yeka si le resulta más simple, se lo voy a permitir porqué solo estamos usted y yo, solos-
-Veo que se puso más cómoda-
Una curiosa sonrisa se dibujó en su rostro – Disculpe usted mi apariencia, pero hace un calor infernal y bueno, ya no hay más arroz, y si usted no lo hace, yo si tengo que comer- bajo por lo que parecía un camino llego al fondo de la cascada y entro al agua, los peces se paseaban por sus pantorrillas, esto le dio una idea, se quitó la camisa y la acomodo entre sus piernas como si fuera una red y espero a que los peces repitieran la misma acción de hace un momento, pasaron los minutos, y nada, luego una hora y ya estaba de cuclillas en el agua, estaba a punto de largarse del agua cuando un miserable y pequeño pez se atoro en la camisa, rápidamente lo envolvió en ella, luego subió corriendo
-¡Lo hice!, ¡Lo hice Dohko pesque algo!- se dio cuenta luego, que solamente su fino corpiño de satén y encaje cubría sus senos, le tiro la camisa con el pescado envuelto a las manos, y corrió a la cabaña cubriéndose el pecho con los brazos
-¡Oiga, Yeka! ¡Regrese!- por supuesto que no regreso de inmediato, desde la cabaña le respondió
-¡No puedo salir así!, no quiero que me vea, soy una mujer casada…-
Dohko guardo silencio y agacho la cabeza, una sonrisa se dibujó en sus labios, el pudor de la dama de causaba gracia, saco el pescadillo de la camisa y luego lanzo la prenda por encima de su cabeza, cayendo tras de él
-Venga ya, ahí está su ropa, ¿No piensa comer?-
La mujer salió de la cabaña, caminando lento tomo la prenda y se la puso, mojada, posiblemente traerla puesta o no acarrearía el mismo resultado, resaltar sus pechos, unos pechos redondos, firmes, no muy grandes, pero no pequeños, unos pezones pequeños, que se notaban porque con lo mojado de la camisa su piel se había erizado, ella corto el silencio
-Bueno y ahora, ¿Cómo cocino esto?-
-Se lo va a tener que comer crudo- Yeka le dirigió una mirada de sorpresa y desagrado
-¿Cómo ha dicho?, no puedo comerlo crudo, ¿cómo encendió el fuego ayer?-
-Bueno pues, tenía cerca de mi algunas cosas con las que encender el fuego, pero ahora no, así que tendrá que hacerlo de esa forma- Tomo el pescado y con un rápido movimiento le arranco la piel
-¿Cómo ha hecho eso'?-
-¿Qué cosa, limpiarlo?, es una técnica milenaria, es lo más normal por esta zona- una mentirilla burlona para justificar el rápido movimiento, luego se lo dio en las manos, y la mujer empezó a devorarlo, sin quitarle la vista al guardián del sello de Athena, expectante de que realizara cualquier otro truco, y no es que Dohko no pudiera explicarle las cosas, pero no quería hacerlo, tener que contarle todo era demasiado complejo, decirle quien era y que hacía, además no era de su incumbencia, la mujer termino de comer
-¿Qué es lo que hace aquí día y noche Dohko?-
Pero, parecía que no se iba poder escapar a dar una explicación, ni hablar, habrá que decir la verdad o inventar una buena historia
-¿Mira usted esa cascada?-
-Si claro-
-Atrás de ella están encerrado el ejercito del Dios Hades, yo tengo que vigilar que no se rompa el sello que la diosa Athena les puso para que no se liberen sino hasta que se cumplan 243 años, y llevo 168—
Ella soltó una carcajada, pero Dohko más allá de ofenderse sintió que su cuerpo se disolvía al trinar de esa risa ronca
-¿Y porque es qué hace usted tal cosa?- le pregunto entre risas
-Soy un guerrero de Athena, un santo, dorado, y esta es mi misión- Dohko nunca pudo decir mentiras-
Ella siguió riéndose, ahora estaba en el suelo roja, y le faltaba la respiración de repente, a Dohko le parecía graciosísima la reacción de ella, la perdonaba porque era bella, y aunque eso no era nada ético, tenía que aceptar que la hermosura de esa mujer era difícil de pasar por alto, simplemente lo volvía sumiso
-¿Por qué le causa tanta risa?, dígame ahora usted, que es lo que iba a hacer a Beijing-
-Bueno yo, nosotros, tenemos un equipo de exploración, buscamos curiosidades del mundo, misterios, cuestiones metafísicas, y el viaje a Beijing era para intentar entrar a la ciudad prohibida.
Ahora Dohko se reía, hacia años, literalmente años, que no se reía de esa forma
-¿Es en serio?, y de eso se puede vivir?-
Por el contrarío de él, ella si se ofendió con el comentario, se levantó y se fue a la cabaña, no salió de ahí hasta la noche, llego caminando hasta Dohko silenciosamente, luego se acostó a su lado
-No vivimos de eso, mi esposo es soldado, sirve al Zar, es uno de sus mejores generales, y él tiene por pasatiempo la búsqueda de curiosidades, esas cosas de apasionan, no tenemos hijos, así que todo lo que gana es para estas exploraciones, teníamos un equipo, todos los que iban en el avión trabajan para nosotros-
-¿Cuánto tiempo lleva casada?- La mujer por fin deja el berrinche, le empieza a soltar la sopa, y Dohko solo puede entregarse a la imprudencia y la infinita curiosidad que le causa la señora Bogdanova y ella lo nota
-Que pregunta… pero lo disculpo porque estamos solos, tengo treinta y cuatro años, me case a los veinte años, tengo catorce años de matrimonio-
"¡Catorce años!, y no ha tenido hijos, su marido debe ser estéril o le gustan los hombres y por eso no le hace el amor… resolvió Dohko, si yo fuera su marido ya le hubiera hecho unos diez hijos en ese tiempo" , y como si ella le leyera la mente volvió a tomar la palabra
-Ya se lo que está pensando, y no se responder esa incógnita, no sé porque Dios no me ha dado ningún hijo, pero hemos viajado mucho, con hijos eso no se puede-
-Y su marido… ¿No la toca?, disculpe mis palabras, pero usted es una mujer muy bella, yo no podría resistirme…-
-No se preocupe no me ofende, se lo perdono porque estamos solos- Esta frase seria la constante en el vocabulario de la rubia durante su estancia en los cinco picos –Para ser sinceros, entre Bogdanov y yo lo más importante no es la cantidad sino la calidad, he tenido el placer de conocer y aprender las formas más extravagantes del sexo, a Bogdanov le gustan las cosas raras… a quien quiero engañar, si bien he aprendido todo eso siempre terminamos en la misma posición, yo amo a mi marido pero… no sé porque le cuento esto ,¿Puedo recargar mi cabeza en su pierna Dohko? Sin esperar la respuesta se recargo en la pierna, de él, Dohko estaba simplemente demasiado impactado para responder algo, una confesión así en tan poco tiempo y después de años de no oír nada, de ese tipo de temas, le resultaba adorablemente morboso, mientras la señora Bogdanova lloraba en su regazo, Dohko rodaba sus ojos por su cuerpo, tratando de repasar cada detalle,
lentamente y con disimulo acerco sus dedos a los cabellos hasta tener su mano repleta de ellos, acariciándolos, esos hilos dorados eran tan suaves, se le escurrían en los dedos, una vez más su cuerpo lo traicionaba sintió como si el pantalón fuera a rompérsele, luego ella lentamente se levantó, lo miro de cerca, y le beso el cuello, luego le dedico una mirada suplicante y después le beso en los labios, despacio, sensual, su lengua se paseaba bailando con la de él, luego ella le puso una mano en la entrepierna y sin decir nada comenzó a acariciarlo, luego, lentamente fue bajando su rostro y cuando Dohko pensó que la cosa se iba a poner mejor, Yeka acomodo su cabeza y se quedó dormida.
-o-
Día 3
¡Oiga Yeka!, ¡Katya!, despierte creo que necesita revisar algo, cuando despertó, él le señalo las piernas, estaba manchada de sangre, inmediatamente se levantó, corrió al fondo de la cascada y se metió al agua, ahí se quedó todo el día, luego de quitarse la ropa la lavo como pudo y corto su camisa para hacer unos paños, subió de nuevo y con la cabeza baja le habló
-No sé qué decirle, discúlpeme, ahora si necesito que me diga dónde está el avión quizá pueda encontrar algo de ropa-
-No es necesario que me pida disculpas, sé que es algo normal, el avión esta unos kilómetros al fondo en esa dirección, es temprano, tiene tiempo de ir y regresar, yo no puedo moverme, pero estaré pendiente de usted, por favor, tenga cuidado-
Yeka camino por donde le habían indicado, para la tarde aún no regresaba, y justo cuando Dohko empezaba a preocuparse y a asumir que nuevamente se pondría de pie, la silueta de la rubia se vio a lo lejos, venía arrastrando una enrome placa del avión llena de cosas, con una sonrisa en el rostro lo saludo
-Encontré el avión, me tarde tratando de recolectar las piezas del radio, pero fue imposible todo esta calcinado, he traído una sorpresa para usted, pero se la daré mañana, ahora estoy muerta, voy a dormir-
Sin más lo dejo, Dohko inmutable, se sintió tranquilo con él regreso de Yeka, tranquilo y contento.
-o-
Día 4
Yeka salió de la cabaña arrastrando una enorme tina, la llevo hasta donde estaba Dohko, luego con una vasija que encontró empezó a acarrear agua de la cascada hasta que la lleno, después de entre las cosas que rescato del avión trajo una maleta, de ella saco una botella de vino, un *Gramofono, y un traje de hombre
-Pude rescatar todo esto, estaban hasta el fondo del avión, el fuego no llego hasta allá, báñese traje la tina hasta aquí para que no tenga que moverse, luego se pone esta ropa, yo voy a la cabaña y regreso en un par de horas, tengo algo que mostrarle-
Una vez más le estaba ordenando, a Dohko no le importo, tenía más curiosidad por lo que dijo que iba a mostrarle que cualquier sentimiento de molestia; sin siquiera ser consciente de lo que estaba haciendo, se puso de pie, se desnudó y se metió a la tina.
Yeka como pudo se arregló, sin un espejo era difícil saber cómo quedaba el peinado, se puso la única prenda de mujer que pudo rescatar, un corsé y un fondo
-¿Ya está listo Dohko?- le pregunto a gritos
-Pues, creo que si-
Ella camino y llego hasta donde estaba él, al verlo le regalo una sonrisa sátira, libidinosa, tanto que lo intimido, si a él, uno de los únicos dos sobrevivientes de la guerra santa, el poderoso Dohko de Libra, y… es que ver a una muñeca rusa en ropa interior era como una fantasía hecha realidad. Antes de llegar junto a él, prendió el gramófono, una canción de tonada romántica se reprodujo en el curioso objeto
-¿Bailamos Dohko?-
-No se bailar-
-Déjese llevar, yo lo conduciré- Así Yeka bailoteaba con Dohko, muchas veces sus innumerables conquistas en el Santuario le habían pedido bailar pero esas peticiones nunca fueron complacidas, Dohko podía follarselas, pero no bailaría jamás con ellas, porque él no bailaba, porque no sabía hacerlo en realidad y ahora lo hacía con ella, y le encantaba, se dejó guiar, como le había ordenado y al ritmo de una canción con una voz melosa que cantaba en francés la estrujo fuerte, para sentir sus pechos rozarse contra el suyo, le tomo la cintura y recorrió su espalda baja, la respiración de la dama era cada vez más y más fuerte, Dohko hundió su cabeza en el blanco cuello, de repente lo interrumpió, Yeka tomo la botella
-Olvide que tenemos que abrirla con un sacacorchos… pero eso no va a detenerme hoy brindaremos a como dé lugar- Tomo la botella y estrello la boquilla contra una roca, abriéndola, y desperdiciándola al instante, con la boquilla rota no se podía beber de ella así que vacio el contenido sobre sus pechos, el líquido rojo, mancho la finísima lencería que llevaba puesta, él volvió a tomarla por la cintura y se dedicó a lamer el vino desesperadamente, cuando le estorbo el corpiño, se lo arranco, y cuando brotaron los bellísimos senos de Yeka, los devoro como si del mas delicioso postre se tratara, como si quisiera acabárselos, hacia tanto que no probaba unos
-Deténgase- la ronca voz de Yeka le ordenaba con notable agitación, sin embargo fue ignorada, Dohko continuo tocando y lamiendo, si se separo fue solamente para cargarla en su hombro, y así faltar por tercera vez con su misión
-¿Qué hace?, bájeme ahora mismo- de nuevo la orden no fue obedecida, Dohko entro a la cabaña y la dejo caer en la cama, y termino de quitar toda la ropa que le faltaba, cuando la tuvo desnuda, la recorrió con sus dedos pacientemente, su entrepierna rosada le llamaba hipnóticamente, así que se acercó a la suplicante parte y con su lengua la recorrió desde arriba hasta donde su cabeza pudo, Yeka soltó un gemido dulce, muy diferente a su ronca voz, era la luz verde que indicaba que estaba haciendo bien su labor en la zona, de arriba a abajo, con movimientos rápidos, otros lentos, consiguió que la mujer se convirtiera en esa cascada que tenía que cuidar, puso dos dedos en su interior y otro gemido salió de su garganta , haciendo gala de sus habilidades con las manos y la lengua Dohko se esmeraba en hacerla disfrutar, y casi cuando llegaba al clímax, se detuvo, hasta entonces se quitó el horrible traje de hombre que además le quedaba enorme, y entonces se colocó sobre ella
*Continuara…*
