PROLOGO

Castillo de Dunscaith, isla de Skye, 1599

El suelo retumbaba con el fuerte golpeteo de los cascos de los caballos cuando la veintena de guerreros se acercaban al castillo. Su cabecilla, Albert MacAndrew, jefe de los MacAndrew, espoleaba a su montura, lanzándola a través del terreno rocoso como alma que lleva el diablo. Tenia que llegar hasta ella antes de que..

Justo en ese momento, un enorme clamor se elevo por encima del atronar de los caballos, y con el, sus esperanzas se hicieron pedazos. Albert soltó una maldición, sabiendo que los gritos jubilosos de la multitud solo podían significar una cosa: el aviso había llegado demasiado tarde.

Negándose a aceptar lo que ya sabia, Albert obligo al poderoso caballo de guerra a avanzar mas rápido, a ascender mas veloz por el empinado sendero. Finalmente, caballo y jinete llegaron a la cresta de la montaña, desde lo que se veía, por fin, el cruel espectáculo orquestado por el enemigo mas despreciado de Albert.

Apenas a doscientos metros por debajo de ellos, la hermana de Albert, montada en un caballo, recorría lentamente el camino entre una multitud de lugareños que se mofaban de ella. Parecía diminuta, dolorosamente sola entre la enloquecedora muchedumbre. Su cabello, un espléndido halo espeso de rizos, brillaba como oro blanco bajo el sol del verano. Pero ni la magnificencia de su cabellera ni los restos de su feerica belleza hacia olvidar a los lugareños el visible parche negro que le tapaba un ojo.

Incluso desde lejos, Albert veía el dolor de Pauna. La rigida linea de su columna, el casi imperceptible temblor de sus manos al aferrar las riendas de su caballo lisiado, el ligero estremecimiento cuando las burlas acribillaban su pétreo orgullo.

A Albert solo le llegaban retazos de sus odiosas palabras. Cara.. horrenda… tuerta… marca del diablo..

Albert siguió adelante, deprisa, aunque el daño ya estaba hecho.

Nadie salvo el MacDonald de Sleat era capaz de repudiarla con una procesión tan monstruosa. Sleat no había escatimado esfuerzos para avergonzar a su hermana, burlándose de su desgracia con una crueldad abominable. Porque Pauna, que solo pocos meses después de llegar a Dunscaith y mientras montaba a caballo había sufrido un terrible accidente que le había causado una grave herida de un ojo, cabalgaba un caballo tuerto. Un caballo conducido por un hombre tuerto y seguido por un perro tuerto.

No era suficiente que Sleat hubiera decidido disolver el matrimonio concertado y enviar a Pauna devuelta con su familia. Lo hacia de una manera ideada con un único propósito: herir el orgullo de los MacAndrew directamente en el corazón, de tal manera que exigiera represalias.

Maldito sea Sleat, engendro del diablo, por meter a una mujer inocente en una disputa familiar entre hombres.

El corazón de Albert se encogió al ver como una pequeña lagrima rodaba por la salida mejilla de Pauna desde detrás del negro parche. La joven se tambaleo, como para reunir fuerzas. Al no encontrarlas, hundió la barbilla todavía mas en el pecho.

La sangre se agolpaba en los oídos de Albert, y su cólera acallo finalmente las crueles voces de los hombres del clan MacDonald. Un penetrante grito de batalla le desgarro los pulmones mientras levantaba su espada de doble filo para reunir a los hombres de su clan.

¡Manteneos firmes! - rugió, pronunciando el lema del clan - . ¡Por los MacAndrew!

Sleat lamentaría lo que había hecho. Los MacAndrews serian vengados.

Hola chicas, la verdad me anime a subir esta historia porque necesitaba con urgencia algo para mis rubios. Soy 100% Albert Fan así que todas mis historias son para el, esta es una adaptacion que encontre y aun sigo leyendo. Espero les guste. Abrazos.