El fuego del cambio
Era el inicio de sus vacaciones y por supuesto estaban más que felices por irse de viaje. Salir de la aburrida tediosa rutina y disfrutar de todas las aventuras que podían venir en su camino la imaginación de ambos creando los más emocionantes escenarios, que probablemente terminarían por decepcionarlos después de todo no eran personajes de un mundo de fantasía ni nada por el estilo. Dicha felicidad se veía acentuada la persona con la que se encontraban viajando alguien al que casi nunca veían y jamás podían aburrirse de él, su abuelo Max Tennyson. Durante las primeras etapas de sus infancias cada alegre memoria que tenían podían visualizar al hombre de alguna u otra forma por lo que unas vacaciones dirigidas por él tenían que significar una gran diversión.
Los primos no se agradaban mucho y les gustaba burlarse del otro cuando pudieran, era algo que siempre hacían y jamás se cuestionaban. Lo hacían porque les entretenía además de saber que nunca el otro se marcharía. Al mismo tiempo, por muy paradójico que fuera, se preocupaban enormement del otro. Si es que uno de ellos llegaba a meterse en problemas el otro acudiría de inmediato y una vez que la crisis haya pasado volverían a molestarse mutuamente. Cada vez que se daban cuenta de que inadvertidamente hirieron al otro buscaban el perdón, herirse era algo que repudiaban con todo su ser. Al final su relación era más de hermanos.
Su período de libertad del extenuante y depresivo colegio era de dos meses y medio lo que les daba mucho tiempo para probar un gran gama de cosas. Por supuesto no podían pasar todo el tiempo en casa por lo que sus padres les planearon un viaje con su abuelo por todo el país en su casa rodante lo que al principio parecía entretenido, excitante ¿Cómo conocer el país con alguien amado como tu abuelo podría terminar siendo aburrido? Se veía muy bien papel para todos los involucrados. Lamentablemente los chicos eran eso, niños. Después de los primeros minutos de viaje se aburrieron de inmediato sin ninguna cura aparente solo les interesaba llegar a un lugar y jugar, el viaje todavía no entraba en su concepción de entretención. Admirar el paisaje era un gusto que todavía no habían desarrollado por lo que la belleza, tanto natural como artificial, pasaba al rededor de ellos y en ningún momento fueron capaces de admirarla. La conversación no era una actividad que encontraran en sí entretenida o como una forma para pasar el tiempo, para ellos era una actividad que orbitaba en segundo plano a las actividades que encontraban más importantes como jugar. Se abuelo no podía evitar reírse silenciosamente al ver lo aburridos que estaban, les recordaba que tenían la misma actitud que sus padres cuando ellos eran chicos. Eran buenos tiempos e iba a poner todo su empeño para crearlos con ellos. Ben y Gwen, tratando de distraerse, terminaron por moverse ruidosamente en sus asientos o caminar de un lado a otro y cuando ambos tuvieron dicha idea una discusión siguió casi de inmediato. Si bien terminó con rapidez el aire de molestia e incomodidad que irradiaban se volvió bastante denso.
- hey quieren relajarse no es como que esto sea una tortura- comentó en voz alta el anciano- pronto vamos a llegar al campamento cerca del lago y ahí vamos a poder armar la tienda, armar una fogata, asar malvaviscos para luego comerlos y mhhh, deliciosos- se chupeteó los dedos mientras comía dichos malvaviscos imaginarios. Los primos suspiraron al mismo tiempo a la vez que hacían la misma mueca.
- eso lo dices porque a ti te gusta- se quejó Ben- no tienes ni idea de lo que nos gusta o sino no estaríamos en este eterno viaje a... acampar- dijo con una expresión de asco semejante a la que podría con la idea de oler un huevo podrido.
- es verdad- se unió Gwen- no deberíamos ir a lugares que no nos gustan, si tan solo pudiéramos ir a un parque acuático o a una feria- gimió con desgano. El abuelo se llevó su mano derecha a la barbilla mientras ponía una cara de reflexión.
- a ver... como yo soy el que los está llevando en una casa rodante donde pueden dormir y comer siendo que además yo soy el que pagaré por todos sus gastos- explicaba mientras hacia gestos en el aire- me parece justo que ustedes decidan- dijo al final con una sonrisa junto con un ligero y breve aplauso. Como los primos estaban tan aburridos ellos fallaron en notar el sarcasmo contenido en sus palabras, sus expresiones se iluminaron al instante.
- ¡en serio!- gritaron felices. Su abuelo seguía sonriendo de oreja a oreja.
- NO- dijo cambiando drásticamente su expresión- como yo estoy a cargo yo decidiré a donde ir y a donde vamos a divertirnos, así que será mejor que aprendan a divertirse a los lugares que vallamos ¿me entendieron?- terminó con un tono autoritario. Los primos se miraron nerviosos, definitivamente no se esperaban una reacción así por parte de su abuelo. Los dos suspiraron rendidos.
- si abuelo- cedieron rendidos, cualquier queja olvidada en sus mentes. Su abuelo no dijo nada, solo sonrió y volvió a concentrarse en el camino. Ben quién estaba demasiado aburrido decidió apoyar la cabeza entre la ventana y el asiento, cerró los ojos con la esperanza de dormirse. No funcionó, gracias a todo el movimiento del vehículo. Gwen al cerrar los ojos quiso imitar la idea, pero luego de tratar por diez minutos y notar que no había diferencia se rindió y optó por mirar perdidamente el camino mientras que su mente se mantenía en blanco.
El sol se estaba colocando y los Tennyson se encontraban montando campamento. Los primos no se encontraban tan aburridos ahora que tenían algo que hacer en vez de estar sentados en los asientos de la casa rodante sin poder hacer nada más que mirar por la ventana con desgano sin siquiera tratar de imaginarse cosas que los entretuvieran. Max estaba preparando la fogata al reunir troncos, piedras y rocas donde los tres podrían sentarse a disfrutar de los malvaviscos mirando las estrellas y tal vez contar historias de sus propios viajes, un poco exagerados para engancharlos un poco. Puede que ahora no lo apreciaran, sus padres no lo hicieron de inmediato y él tampoco en su propia niñez, pero estaba seguro de que en algún momento de sus vidas, y ojala dentro del mismo viaje, lo fueran a disfrutar y recordarían lo genial que fue o pudo haber sido y lo tontos que fueron al no aprovechar la oportunidad que tenían frente a sus ojos. Después de todo estaba planeando hacer un viaje similar el próximo año, tal vez tener la osadía de ir a explorar Canadá por unos cuantos días o incluso semanas. Sonrió para sí mismo, ya podía ver lo genial y entretenidos que iban a ser esos viajes.
Cuando el sol ya se había escondido definitivamente, el oscuro cielo cubriendo la tierra y las estrellas se iluminaron en su eterno telar negro, todo el campamento ya estaba terminado. Los tres se sentaron a tostar malvaviscos en silencio preguntándose qué hacer o cómo rellenar el silencio. Ben estaba distraído y aburrido a pesar de que quería comer los malvaviscos, pero no lo hacía para no atraer atención y verse forzado a conversar de algo que definitivamente no quería. Gwen, por su parte, no estaba atacando los malvaviscos no porque no quería hablar, sino por la simple razón de porque no tenía ganas. Max estaba absorbido por el pasado mientras ignoraba el presente, contento con lo que la imaginación le estaba mostrando por el momento. Finalmente, después de varios minutos en que nada sucedía y de escuchar los murmullos de su abuelo quien parecía tener problemas para recordar algo, el chico no soportó más lo pasivo que era toda esta actividad. Él quería algo con que entretenerse o al menos moverse, actividad física que desafiara sus músculos, sentir el cansancio de una intensa sesión de juegos y cosas por ese estilo, no sentarse y mirar el fuego. Agarró un puñado de malvaviscos y se los echo al bolsillo.
- hey qué crees que estás haciendo- comentó Gwen enojada al ver la acción de Ben a la vez que estaba agradecida por la interrupción. Él se levantó y miró a los dos con una expresión de enojo y aburrimiento, suspiró del cansancio.
- me voy a explorar, no me esperen- dijo cortantemente. Se dio media vuelta y empezó a adentrarse en el oscuro bosque que apenas era alumbrado por la tenue luz de la luna. Gwen quiso comentar algo, pero fue detenida por su abuelo quien meneaba la cabeza.
- déjalo ir, estos bosques son seguros así que no hay forma en las que él se meta en problemas- dijo con un tono bastante relajado mientras su sonrisa nunca se alteró. Gwen se sentó y se concentró en su malvavisco que, para su horror, estaba quedando negro. Por otro lado Max estaba disfrutando los suyos que estaban bien cocinados, frutos de años de experiencia. Conocía este lugar y estaba confiado de que su nieto estaba seguro después de todo ¿qué era lo peor que podía ocurrir?
Caminó por varios minutos sin objetivo alguno, sin meta que cumplir o destino que llegar, solo quería caminar para ocupar su mente. Quería sentir los músculos de su pierna tensarse, sentir la áspera textura de los árboles bajo sus palmas, deslizar la punta de los dedos en las hojas que le llamaran la atención. Su paseo pudo haber resultado mucho más relajante si no fuera porque cada cierto rato se tropezaba o chocaba con alguna rama que estaba escondida en la oscuridad, menos mal que la luna alumbraba un poco o no podría haber llegado tan lejos y lo más seguro es que se hubiera estrellado de cara contra el suelo. También era bien probable que se hubiera frustrado lo suficiente como para que se hubiera echado en el piso a mirar las estrellas a calmarse, en realidad lo que sintiera en vez de su estado actual sería mejor. Tomando en cuenta su mala suerte tal vez terminaría de cara en el suelo y se quedaría ahí rendido y frustrado.
De vez en cuando mientras caminaba miraba hacia el cielo y admiraba las estrellas. Esas eternas luces del cielo eran magnificas a su parecer, era el único paisaje que realmente disfrutaba. Las encontraba intrigantes y el hecho de que estuvieran tan lejos le fascinaba, al menos eso significaba que jamás tendría que lidiar con ellas y que jamás le aburrirían con la depresiva realidad de las cosas, como su condenado viaje que resultó ser bastante decepcionante. Mientras observaba en silencio el cielo se dio cuenta de algo muy brillante se movía a través del cielo dejando una hermosa estela. Como un rayo que golpeó su mente él recordó el nombre de eso que estaba viendo, estrella fugaz. Al verla la estrella fugaz por un par de segundos más se dio cuenta de que iba demasiado lento como para ser estrella fugaz, más bien era un meteorito cayendo en la atmósfera envuelto en llamas, por un momento pensó que ambos términos podrían ser el mismo y se confundió. Volviendo al presente, dándose cuenta de que era poco irrelevante, esa idea del meteorito le dio un poco de terror debido a lo que había visto en la tele que fue un meteorito lo que terminó con la vida de los dinosaurios en la tierra. Después de observar por otros segundos más se dio cuenta de que la trayectoria no apuntaba hacia su dirección además de que no parecía ser gigante por lo que se relajó y siguió observando, admirando el tan único evento que estaba presenciando, tal vez este viaje no fue tan malo después de todo. De pronto se le helo la sangre, fue tan repentino, pero solo pudo hacer una cosa, agacharse. En el momento que lo hizo un sonido ensordecedor junto a un flujo de aire muy fuerte y caliente cruzó sobre él, amenazándolo con quemarlo. Casi al instante un temblor extremadamente fuerte sacudió la tierra que lo tumbó en el piso.
Todos los campistas del área notaron como un meteorito se había estrellado en el bosque ¿Cómo no notarlo? La tierra se sacudió como si hubiese sido un terremoto no menor. Varios estaban preocupados debido a que más de alguno tenía un amigo o familiar explorando el bosque y la posibilidad de que la roca especial haya golpeado o herido de manera indirecta a una persona era bastante real. De todo la población de campistas una niña con su abuelo se encontraban bastante preocupados.
- ¿crees que Ben este bien?- preguntó Gwen mientras se mordía ligeramente el labio. Era más que evidente que la chica estaba atemorizada después de todo no era ignorante al daño que podían causar los meteoritos, la imagen de reptiles siendo desintegrados en una bola de fuego bien presente en su mente. El abuelo la miró de vuelta con una expresión muy sería y al notar lo ansiosa que estaba decidió cambiar su expresión a una mucho más amigable, lo último que necesita era que se pusiera más nerviosa.
- no te preocupes- dijo con suave tono que buscaba ser confortante- nadie ha salido lastimado por un meteorito en la historia de la humanidad, créeme él está bien, ese roca no le dio ni por si acaso- agregó. Esas palabras calmaron un poco a Gwen, pero no le quitaron la preocupación de encima debido a que según lo que recordaba Ben era extremadamente bueno en atrayendo problemas, su suerte no era la mejor de todas.
- ¿no crees que sería mejor ir detrás de él?- ofreció mientras se mordía su uña a la vez que se movía de un lugar a otro.
- conociéndolo el vendrá a gritarnos encima lo que pasó, no te preocupes él está bien- respondió con una sonrisa mientras le colocaba una mano en su hombro. La verdad es que él estaba preocupado porque eso había estado extremadamente cerca, pero lo que más le molestaba era la trayectoria que había tomado la roca de repente cayendo sobre el bosque, no había nada natural en cambios repentinos como ese y podría significar problemas, se prepararía en caso de que fuera algo fuera de lo común. Suspiró con cansancio, no quería volver a lidiar con cosas como en sus días de plomero.
Ben se acercó hacia donde supuestamente había caído el meteorito ¿Por qué? La respuesta era muy sencilla, no era todos los días en que estabas frente a un meteorito reciente del espacio y lo suficientemente aislado como para analizarlo con calma, lo iba a disfrutar bastante de eso estaba seguro. Caminó por un minuto hasta que logró ver el cráter que se había formado. Él no sabía mucho sobre fuerzas de impacto, pero encontró muy extraño que el cráter era muy chico para el tamaño del meteorito. Se acercó más al cráter para ver el misterioso meteorito y cuando estuvo encima logró ver una esfera de metal perfecta. Su mente estaba tan absorbida por el hecho de que se había encontrado de cara con su objetivo que ignoró por completo que esferas metálicas perfectas no caían naturalmente del espacio exterior.
Por un momento le dio el enorme impulso de tocarlo, o sea quién desperdiciaría una oportunidad como esta, ignorando por completo que todavía estaba ardiendo con un calor de gran intensidad. En el momento que acercó la mano, soportando el calor que emanaba, la esfera se abrió rebelando un extraño objeto que tenía una forma similar a la de un reloj. Ahí en ese momento el impacto que genero el extraño artefacto le ganó a cualquier otro impulso o noción que tuviera en sí en ese momento y decidió tirar cualquier tipo de precaución por la borda sobre el simple hecho de que acababa de caer un artefacto extraño del cielo, estando seguro que tenía que ser de alguna manera alienígena, con un reloj en su interior. Siguió acercando su mano entonces algo totalmente fuera de su expectativa ocurrió. El extraño reloj saltó hacia su muñeca izquierda y se adhirió fuertemente. Ben se vio presa del pánico y empezó a gritar mientras sacudía su brazo para sacarse el extraño objeto. Al darse cuenta de que agitar el brazo no servía de nada empezó a golpearlo contra todo lo que podía encontrar y, lamentablemente, tampoco surtió efecto. En la desesperación trató de hacer algo que claramente no podía funcionar, trato de sacárselo con la ayuda de su mano libre y en ese instante el extraño reloj hizo que algo se desprendiera parcialmente y proyectara un holograma de una extraña figura. Ahí su curiosidad superó por poco su miedo, lo suficiente para dejar de lado su errático comportamiento, además de que pensó que tal vez si seguía experimentando con eso tal vez, solo tal vez, podría sacárselo de encima. Empezó a manipular el pedazo que estaba proyectando el holograma y a medida que lo hacía girar el holograma cambiaba. Se preguntó que sucedería si lo presionaba y lo hizo cuando el holograma proyectaba una figura humanoide.
Tan repentino como un rayo sintió que cada músculo de su cuerpo se desgarraba y regeneraba constantemente a una rapidez de vértigo, fue algo muy doloroso que su joven mente no había estado ni cerca de experimentar y lo único que quería era que se terminara, que se desmayara o algo parecido y que el dolor cesara. El intenso y agudo dolor solo duro media fracción de segundo, pero para él se sintió como una eternidad. Cuando abrió los ojos notó que todo estaba igual, cuando trató de pensar la cabeza le dolió enormemente, una clara señal de que estaba desarrollando una migraña, y se llevó la mano a la cabeza.
Se detuvo en seco al notar algo que estaba muy mal ¡Su mano estaba en llamas! De nuevo comenzó a entrar en pánico, trató de apagar su brazo solo para darse cuenta rápidamente de que su brazo derecho no era lo único que estaba en llamas, sino que su brazo izquierdo también y fracciones de segundo más tarde notó que todo su cuerpo aparentemente estaba envuelto en llamas, consumiéndolo, desesperándose aún más. Chillando del horror se tiró al piso y rodó con todas sus fuerzas haciendo todo lo posible para apagarse, pero era inútil. Lo peor no fue la falta de éxito que tuvo con apagarse. Mientras trataba de ahogar las llamas accidentalmente encendió un par árboles y ramas cecas que estaban en el piso. Al ver como los árboles se empezaron a quemarse, verse como rápidamente se consumían bajo las abrazadoras llamas, desató un terrible sentimiento de culpabilidad junto con otros terribles que no sabía identificar que se sumaron a azotarlo con fuerza. Al mismo tiempo que su corazón se contraía sin piedad se dio cuenta de algo muy importante que lo llevó a calmarse bastante, dentro de lo que podía en una situación como esta. Llevaba quemándose por un buen rato y no sentía dolor, de hecho, se sentía completamente normal y las llamas de alrededor le daban una sensación de alivio, como si fuese correcto estar rodeado fuego. En ese entonces miró lo que podía verse de su cuerpo y notó que su forma corporal había cambiado de maneras extremas, aparte de estar eternamente cubierto en llamas parecía tener pedazos de roca incrustado en su cuerpo que le recordaban al magma de los volcanes cuando veía la televisión. El ruido de un árbol quebrándose y sucumbiendo bajo el incesante ataque de las llamas trajo al niño de vuelta a la realidad. Entró nuevamente en pánico al ver como todo estaba siendo devorado ante las poderosas llamas y lo rápido que ellas se estaban esparciendo a través de toda la vegetación del bosque. Tenía miedo, estaba aterrado y quería a su abuelo. Llegando a su límite comenzó a gritar a todo pulmón.
Fuera del bosque en el campamento una niña se encontraba caminando de un lado hacia el otro sin cesar. Su mente se encontraba consumida por las palabras que dijo Max. Él había afirmado que Ben rápidamente habría vuelta para comentarles sobre lo que acababa de ver. Ella ya deseaba con fuerzas que estaba en camino y simplemente se había distraído momentáneamente o que se hubiese perdido, no era la persona más brillante del planeta, en vez de que algo le hubiese ocurrido. Optó por tratar de calmarse al mirar el cielo acompañado por la brillante luna y las eternas estrellas que llevaban brillando desde miles de millones de años, buscaba consolación en la aparente paz del espacio. Mientras miraba el cielo se dio cuenta de que había un pequeño tono naranjo tiñendo el silencio, señal de que el sol se estaba alzando lo que la descolocó un poco ¿Tanto rato había pasado desde que cayó el meteorito o pasaron más tiempo de lo que creía asando malvaviscos con sus dos acompañantes?
- abuelo cuánto rato llevamos acá afuera, ya puedo ver los rayos del sol en el cielo- comentó Gwen extrañada. El abuelo frunció el ceño y miró hacia el cielo. Tal como su nieta lo hizo él también notó el tono naranjo del cielo que había adquirido, pero eso le trajo una inmensa duda. Miro a sus alrededores tratando de recordar por dónde había visto el sol irse hasta que notó que la fuente venía del bosque.
- no es el sol sino un incendio que está sucediendo dentro del bosque- comentó alarmado, pero manteniendo su compostura para no preocupar más a la niña. Gwen de todas maneras se sintió un poco asustada al escuchar que un incendio se había iniciado en un bosque que no estaba tan lejos de ellos, tenía muy claro lo devastadores que podían ser.
- debió de haber sido un campista un poco idiota que se descuidó lo suficiente para armar ese escándalo... En ese momento se dio cuenta de un pequeño, pero muy importante detalle y no fue el único.
- ¡Ben!- exclamaron con horror los dos al mismo tiempo.
Estaba aterrorizado, trataba de apagar las llamas, pero lo único que podía hacer era empeorar la situación. Se sentía inútil, no podía hacer nada para ayudar, solo podía empeorar las cosas y eso le traía demasiada angustia. Él ya no tenía miedo sino que ahora era presa del horror y el pánico. Las llamas se alzaban por sus alrededores sin piedad. En un momento le llegó el horrible olor de carne quemada que al revisar de dónde venía notó que eran un par de ardillas que no fueron lo suficientemente rápidas para lograr escapar de la insaciable bestia.
Su garganta le dolía, había llevado gritando incoherentemente por un buen rato. Al final decidió parar, después de todo no cambiaba nada. Seguía sintiéndose igual de impotente y aterrado. Eso no significaba que hubiese decidido quedarse en el mismo lugar, cosa que habría sido el mejor curso de acción que lamentablemente era incapaz de ver en el momento. En su mente tenía la necesidad de volver con su abuelo, estaba convencido de que alguien como él podría ponerle fin a todo este horroroso episodio. Anhelaba poder volver a sentirse tranquilo y, sobre todo, seguro.
- ¡BEN!- gritó alguien. Su mente como su cuerpo se detuvieron en seco. Al escuchar como una familiar voz femenina gritaba su nombre su cerebro hizo un *click* dándose cuenta de algo muy importante y aterrador. Su propia prima estaba buscándolo a él mientras el bosque estaba colapsando con el horrible fuego. No sabía qué pensar. Ella buscándolo desesperadamente mientras arriesgaba su vida entremedio del desastre que él mismo había causado, su estómago se contrajo con fuerza hasta el punto que podía sentir el vómito en su garganta. Ella tenía un extintor que utilizaba para apagar las llamas que estuvieran más cercanas mientras se adentraba en el busca a la vez que gritaba su nombre con la esperanza de que pronto se encontrara con su desaparecido primo, su corazón latiendo con una fuerza que no sabía que era capaz. Lamentablemente ella no era una bombero profesional por lo que uno podía imaginarse que ni siquiera había tomado precauciones básicas siendo una de ellos tener alguna especie de máscara para evitar la entrada de humo a los pulmones y consiguientemente perder la consciencia. La tos que había estado tratando de combatir fue progresivamente creciendo hasta que ya le era imposible avanzara o retroceder. Se vio forzada a arrodillarse mientras buscaba desesperadamente tratar de respirar, la desesperación evidente en sus ojos. Cuando se dio cuenta de que ya no había vuelta atrás se dio cuenta de una horrible realidad, ella iba a morir de todas maneras ya sea por asfixia o calcinada.
Mientras tanto él estaba paralizado observando como la vida de Gwen se esfumaba por sus ojos. En el instante en que dejó de luchar para solo toser cada vez con más suavidad, tumbada en el suelo, saltó a la acción. Sabía que con su forma actual no tenía manera de poder ayudarla, que solo terminaría causando más daño, pero dichos pensamientos fueron abandonados frente a la muy real posibilidad de que su prima muriese allí mismo en frente de él. Con una energía que no sabía que poseía corrió hasta su postrada forma, la tomó del antebrazo y trató de levantarla. Para su suerte parecía que tenía todavía un poco de pelea dentro de ella porque comenzó a tratar de cooperar. Cuando la logró levantar cruzó su brazo por sobre sus hombros y con el brazo izquierdo la sostuvo de su cintura. Desde ahí trató de correr hasta los bordes del bosque. Más rápido de lo que pudo haber imaginado llegó hasta los bordes de una área del bosque que todavía no se encontraba en llamas. A lo lejos podía escuchar los gritos de algunos campistas aterrorizados. En ese instante supo qué hacer.
- ¡AYUDA!- gritó entre sollozos. Con un par de gritos más logró captar la atención de algunos de los campistas lo suficiente como para que los más temerarios decidieran ir a investigar y ver en qué podían ayudar. Analizó por un par de segundos la figura de su prima. Tenía quemaduras, era más que evidente, sobre todo en las áreas en que él la había estado sosteniendo. El pánico volvió a apoderarse de él solo que este tenía un nuevo tinte emocional. Era un ser de fuego, literalmente irradiaba poderosas llamas, que había causado un incendio que podía herir a muchas personas y tal vez matarlas con tan solo existir, el olor a carne de quemada de varios animales era un horrendo recordatorio. No quería imaginarse de que otras era capaz de hacer ahora que era así, sabía que habían lugares que estaban peor preparados que este campamento de reputación, según lo que había comentado su abuelo. Luego se preguntó qué pasaría más adelante seguía siendo ese mismo ser de fuego, cuántos accidentes podría causar tomándolo como ciencia cierta que los iba a causar, a cuántas personas podría herir y si alguna vez les causaría el mismo daño a su familia. Su mente se congeló. Su familia, ya había herido a su familia la memoria de la impotente figura de Gwen echada en el suelo causándole un dolor que nunca había conocido, peor que cualquier otro.
El extraño reloj había mostrado más figuras que probablemente eran otras extrañas bestias seguramente con características más aberrantes y peligrosas que, sin control, podrían trasformar su cuerpo exponiendo al resto a esos peligros. Como carecía cualquier tipo de control sobre el artefacto a la vez de que no tenía ninguna idea de su funcionamiento, con la única excepción que al presionarlo tu cuerpo sufría una horrible transformación, se dio cuenta de que él era básicamente una catastrófica bomba de tiempo que podía detonar en cualquier segundo, tal como había visto en sus cómics y series favoritas. Los gritos de unos campistas gritando por ayuda quienes ya habían encontrado a su prima lo trajeron de vuelta al presente. Se escondió detrás de un arbusto que ardía en llamas y miró en la dirección de Gwen. Al verla en una forma tan frágil y dañada sintió el gigantesco agujero en su estómago crecer aún más. Su mente repasó el escenario cuando ella apareció. Podía haber hecho tantas cosas para mandarla de vuelta por donde vino evitando el desastre frente a sus ojos, pero no. Al final se quedó petrificado. Volviendo al presente se dio cuenta de que ahora tenía que tomar otra decisión y que si se demoraba en hacerla podría terminar haciendo más daño aún. Terminó escogiendo la opción que lo afectaría para siempre, por el resto de su vida. Una lágrima que parecía ser una gota de lava cayó de su ojo derecho y cayó en la tierra que empezó a ser consumida. Se dio media vuelta y se echó a correr lo más lejos que pudo, sin mirar atrás, dejando que el agujero en su interior creciera y sintiendo como su cerebro volvía más frío.
Los bomberos habían trabajado arduamente por horas para acabar con las llamas del incendio que arrasaban con todo como condenadas bestias directas del infierno. Una vez que las llamas se apagaron procedieron a bañar a todo el bosque para reducir las posibilidades de que alguna otra rama seca o arbusto pudiera prenderse en fuego y reiniciar todo el caos. Los campistas estaban todos reunidos en la zona de camping donde habían un par de ambulancias atendiendo a un par que fueron víctimas del fuego, afortunadamente ninguna lesión que hayan sufrido fueron lo suficientemente graves para causar mayor preocupación, así como ir directo al hospital por riesgo de vida o muerte. De todos los campistas había uno que se encontraba con un nudo en su corazón. Max se encontraba frente a la figura de su nieta quien estaba inconsciente mientras un par de paramédicos la estaban preparando para llevársela al hospital. Había sufrido quemaduras a la vez que había inhalado preocupantes cantidades de humo. Lo peor no era el pobre estado de ella. Lo peor era que su nieto, Ben, estaba desaparecido y en situaciones como estas solo habían un par de posibilidades siendo la más realistas la más que lo atormentaba. El anciano redobló sus esfuerzos para convencer a los bomberos en unirse a la búsqueda para encontrar al pequeño, presionando para que le dieran algún tipo de pista o algo que ayudara a calmarlo, que serían noticias sobre el chico. A veces odiaba su previa profesión porque más de alguna vez se encontró en situaciones que terminaron en un desastre acabando con la vida de algún compañero, en algunas ocasiones grupos enteros porque dentro de él, con cada minuto que pasaba en el que no había noticias de él, sabía que la posibilidad de lo peor fuese ya ser una cruda realidad.
Cuando despertó en el hospital ni siquiera se dio cuenta de ello, su mente muy agotada como para procesar todo eso. En algún momento del día un enfermero entró y notó el estado de ella. Cuando terminaron los exámenes rutinarios dejaron a entrar a su familia, quienes trataron de envolverla en un abrazo, pero se detuvieron debido a sus heridas, procedieron a contarlo lo ocurrido. Sus tíos se encontraban ausente, sufriendo en privado la pérdida de Ben. Ella por su lado no daba ninguna reacción aparente, su expresión no cedía nada. Los días pasaron y ella parecía estar en un estado semejante al catatónico, siguiendo las instrucciones de los médicos, pero nada más allá que eso. En una noche en particular cuando el dolor de las quemaduras no era tanto tomó la decisión de ir al baño.
Frente al espejo se observó. Los minutos pasaron y ella no parecía reaccionar. En el reflejo veía una niña agotada y miserable. Bolsas negras debajo de los ojos que revelaban que apenas había dormido, o descansado en realidad. Ligeros cortes y quemaduras en su rostro que no merecían la pena de ponerles atención a pesar de que sí aportaban a su imagen de miseria general. Su visión se dirigió a su brazo derecho. No podía ver las heridas puesto que estaba vendada y solo podía suponer del daño que se encontraba debajo. Había un par de parches en otras áreas de su cuerpo que no las podía ver con la bata que tenía en ese instante, pero eso no quitaba que sabía que estaban allí. Poco a poco su respiración comenzó a acelerarse, poco a poco el dolor físico comenzó a ser ignorado frente al abismal vacío que se estaba formando dentro de ella. Podía sentir la bilis subiendo por su garganta a la vez de que esta misma se estaba apretando. El pecho contrayéndose con fuerza y sin piedad por la chica. Gwen observó su figura, la imagen que daba. Esa imagen era la de fracaso.
Lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas. Una pequeña parte de su mente se dirigía al tema que tanto se había referido de manera indirecta y nunca tratado de frente. Benjamin, su primo. Si ella había quedado así solo podía imaginarse cómo quedó él. Apenas ese pensamiento surgió le fue imposible contener el vómito que descargó en el lavamanos. Una vez que terminó de vomitar comenzó a llorar con más fuerza, el dolor ya siendo imposible de contener. De ese dolor una incontenible rabia surgió. Se miró al espejo sus ojos observando con gran intensidad el fracaso con el se encontraban. Le dio asco lo patética que era. En vez de ayudar terminó por desmayarse en la mitad del incendio necesitando un oportuno rescate de unos campistas. Esa rabia creció hasta el punto en que no podía soportar verse y lanzó un puñetazo al vidrio. El espejo se quebró con un gran estruendo. El dolor que se disparó en sus frágiles dedos no pudo conmoverla lo suficiente para detener la descarga de puñetazos que iban a seguir. Con gritos y llantos golpeó con fuerza el vidrio roto que además cortaba y se incrustaba en su quemada piel. De forma repentina tal cual como había comenzado a atacar el espejo dejó de lanzar golpes para caer rendida con los nudillos ensangrentados en el piso mientras se abrazaba las piernas contra su pecho para seguir llorando desconsoladamente. Una enfermera llegó rápidamente y la imagen que se encontró la horrorizó de inmediato. Trató de calmar a la niña, pero no había caso, su mente no estaba allí. Eran primos y a pesar de que se molestaban muy seguidos ellos dos se querían demasiado, eran como hermanos o tal vez mejor que eso, pero ahora solo serían recuerdos distantes y eso la destruía por dentro de una manera que jamás se habría imaginado.
Edición seria: 9/1/21.
Decidí releer la historia que comencé hace más de un año con la esperanza de poder corregir errores y mejorar la narrativa con la experiencia que he ido adquiriendo a lo largo del año más los conocimientos que he adquirido con mis estudios universitarios. Al pensarlo me di cuenta que tal vez este capítulo no eran tan impactante como quería hacerlo y a veces no hacía mucho sentido, se tenían que asumir un par de cosas que no calzaban con la narrativa para hacerla funcionar, por lo que terminé reescribiendo el capítulo en lo que espero que sea una mejor versión de ella.
Espero que les haya gustado el inicio, por favor dejen sus comentarios sobre qué les gusto y que les desagradó. Nota aparte, yo no soy médico y tampoco estoy estudiando eso por lo que mis conocimientos son vienen de lo que me quedó del colegio, de un par de charlas en la universidad, algún comentario de algún amigo que está estudiando medicina por lo que no sé que tan fiable es lo que sucede en el hospital y la progresión a la que se alude. La experiencia más cercana es mi papá reventándose el hombro en bicicleta y pasar una semana y media en el hospital hecho mierda (que ocurrió hace un par de meses y ahora está bastante mejor).
Planeó hacer revisiones similares con los otros capítulos de la historia para que tengan menos dudas cuando vean que hice una modificación o actualización, si es que el sitio las avisa.
Como sea, que tengan un buen día o noche, cuando sea que esto los encuentre, y hasta la próxima si es que la hay (va haber).
