Te mueves, y te mato.

Tanto Yuuji como Megumi torcieron el gesto al oír la amenaza directa de Ryomen hacia el primero; los tres se habían quedado inmóviles cada uno en su posición dentro de la morada que compartían su hermano y Megumi, midiéndose con la mirada. Finalmente, Yuuji bufó fastidiado y se recostó plácidamente entre las pieles que ocupaban lo que ahora parecía ser su nido en forma permanente, desviando la mirada de Ryomen y mordiéndose la lengua para no discutir.

— Así me gusta. Y tú, no dejes que se levante.— Ryomen señaló a Megumi de manera acusadora. Yuuji oyó un jadeo brusco, un chasquido de lengua y luego un gruñido.

No me des órdenes.

— No te lo estoy ordenando, te lo estoy pidiendo.

— Vaya manera que tienes de pedir las cosas.

— Pero tú…

— ¿Pueden dejar de discutir un momento?

Yuuji se cubrió con las pieles prácticamente hasta la cabeza mientras los observaba a ambos con cierto rencor; en el silencio que siguió a sus palabras, Megumi había aflojado la expresión contrariada pero su hermano se había puesto peor.

— Encima que tengo que cuidarte se te ocurre decirme lo que tengo que hacer.

— Ryomen, eres insoportable.

— Mira quién habla. ...no, no me interrumpas.

Ryomen estiró un brazo en dirección a Megumi deteniendo su intento por interrumpirlo mientras se acercaba al lecho de Yuuji de forma amenazante, su torso desnudo inclinándose hacia el Omega mientras éste entrecerraba los ojos, receloso. Si no hubiese sido su hermano y no lo conociese lo suficiente como para saber que hasta él tenía un límite para su violencia, Yuuji realmente se habría sentido amenazado por el semblante, la postura y el aroma tóxico de Ryomen prácticamente sobre él.

Realmente daba miedo.

— Lo que pasó hoy es tu culpa. Megumi, cállate.— Ryomen desvió la mirada solo unos segundos hacia su pareja, advirtiéndole tácitamente que guardara silencio.— Esos dos imbéciles se van a terminar matando entre ellos por ti.

— ¿Ahora eso te importa?

— No, en lo más mínimo. Si puedo romperles la cabeza yo mismo lo voy a hacer, pero ese no es el punto.

De repente, Ryomen distendió la postura amenazante sobre Yuuji cuando vio su ceño fruncido más de lo normal. La tensión en el ambiente era tan clara y patente que incluso les costaba respirar, el aire pesado y denso. Los ojos carmesí del Alfa se desviaron del rostro de Yuuji hacia su vientre cubierto por las pieles.

— ¿Te duele?.— Megumi ladeó el rostro en su dirección al oír la pregunta y el tono inseguro en la voz del Alfa.

— ¿Yuuji?¿Te sientes bien?

— No, no me duele.

— Y una mierda.

Megumi terminó sentándose cerca de Yuuji mientras su mirada gélida lanzaba dagas invisibles hacia Ryomen; su hermano repentinamente parecía incómodo y más furioso de lo habitual. Había gruñido algo, resoplado y cruzado de brazos observándolos a los dos alternativamente.

Yuuji también suspiró, cansado. Hacía ya un par de semanas que su gestación había alcanzado cierto nivel de alarma. Ya con casi 7 meses de embarazo, las cosas se habían complicado un poco más, si aquello era posible. Yuuji había decidido finalmente cortar las cosas por lo sano con Nanami; había hablado con el Alfa y hubiese preferido que el otro al menos le reclamara o le gritara, como mínimo. Lejos de eso, Nanami se había mostrado incluso hasta comprensivo y el hecho de que Yuuji se hubiese acercado a él en primera instancia parecía haber calmado sus ínfulas de guerra, al menos temporalmente.

Temporalmente, porque la paz le había durado poco.

No podía culpar a Satoru por ello tampoco; el líder se había mantenido cautelosamente apartado de la situación con Nanami y por varias semanas que se transformaron en meses habían mantenido cierta paz entre ellos. Yuuji había esperado el momento oportuno para dar el gran paso y comenzar a convivir con Satoru…

...y cuando finalmente lo había dado y se había convencido a sí mismo que aquello era lo mejor, había venido la desgracia.

Un día como cualquier otro, el Omega se había levantado sólo para visualizar con horror una mancha de sangre sobre su lecho. Histérico y poniendo de los pelos tanto a su hermano como a Megumi, habían terminado prácticamente obligando a Shoko a ingresar en el hogar de su hermano para que lo revisara y finalmente dar el dictamen de una pérdida pequeña de sangre que no había afectado al bebé.

"Por ahora", había dicho Shoko. Si Yuuji no hacía reposo y las situaciones de estrés se continuaban dando, el "por ahora" se iba a transformar en una catástrofe. Por supuesto, la noticia de su percance se había regado como pólvora; a pesar de que Yuuji no estaba vinculado a Satoru llevaba a su primer hijo en su interior, lo cual complicaba un poco más las cosas. Era menester que el primogénito del líder naciera sin ningún problema y aquello había terminado de condenar a Yuuji.

Porque Satoru había conectado las ideas y había llegado a la conclusión de que lo más sano para Yuuji era irse finalmente con él...idea con la que su hermano Ryomen no había estado del todo de acuerdo. El Omega aún recordaba el momento de tensión en el ingreso al hogar cuando su hermano se había negado rotundamente a dejar entrar a Satoru, menos para sacar a Yuuji de allí.

No se habían destruido a golpes de puño porque Megumi había logrado refrenar a Ryomen a tiempo y Satoru había hecho alarde de la extraña paciencia que siempre lo había caracterizado. Sin esperar siquiera a la opinión que Yuuji tenía para dar sobre el tema, Ryomen le había prohibido la entrada directamente a cualquier sujeto del clan que no fuese él mismo o Megumi y Satoru se había retirado pacíficamente aguardando noticias sobre su estado de salud.

Por supuesto, como la templanza de Nanami tenía un límite, la paciencia de Satoru también. Finalmente ambos habían terminado enfrentándose en varias ocasiones siempre sin consecuencias; como las disputas solían ser en su mayoría de carácter verbal, la manada había terminado dividiéndose entre uno u otro y la tensión no había hecho más que crecer durante semanas hasta que la cosa había terminado estallando aquel mismo día, más temprano. Yuuji no sabía exactamente qué había sucedido porque aún seguía guardando reposo relativo y Ryomen no le permitía asomar ni la nariz por la puerta, pero sí había oído los gritos, los gruñidos y los golpes.

Lo único que sabía a ciencia cierta era que los dos estaban vivos y que Nanami se había llevado la peor parte. Sabía que en el fondo ambos tenían buenas intenciones y se preocupaban por su bienestar y el del bebé, pero…¿aquello era necesario?

— ¿De verdad no te duele?.— insistió Megumi acercando una mano al rostro de Yuuji.

— No, de verdad.

— Estás…¿tienes fiebre?.— la pregunta había surgido en un susurro preocupado cuando la palma de Megumi se había apoyado en la frente de Yuuji. Éste, como toda respuesta se había sumergido un poco más entre las pieles.— Tienes fiebre.

¿Qué? ¿Qué significa eso?

La voz de Ryomen se había vuelto un poco más aguda y agresiva probablemente a causa de los nervios. Yuuji se removió intranquilo entre las pieles mientras Megumi intentaba retirarlas para revisarlo. De hecho, en efecto, no se sentía mal...sólo un poco desganado y con escalofríos, pero…

— No te entiendo.— resopló Megumi, luchando contra las manos de Yuuji e intentando descubrir su vientre.— No entiendo por qué no me dijiste que te sentías mal.

— No me siento mal.

— Tienes fiebre, estás hirviendo. ¿Cuánto hace que estás así?

— N-No...no lo sé.

¿No lo sabes? ¿Qué carajo tienes en la cabeza que no te enteras de las cosas?

— Ryomen, basta. No es momento.

El tono terminante y la mirada cargada de veneno de Megumi fueron suficientes para hacer retroceder a Ryomen. Luego de varios segundos de silencio, su hermano terminó bufando y abandonando la habitación, insultos por lo bajo.

— ¿Yuuji? Dios, realmente te duele, ¿verdad?

— No. No me duele.

Yuuji había procurado disimular la marea ascendiendo desde su pecho hasta su garganta, nariz y ojos pero había sido imposible; fingir bienestar en momentos como aquellos se había vuelto una tarea titánica en las últimas semanas y Yuuji ya no sentía la fortaleza para lograr su cometido. El tono de voz se había quebrado en las últimas palabras y sabía muy bien que Megumi se había percatado aunque Yuuji hubiese desviado la mirada hacia otro lado. Presionando sus labios firmemente y parpadeando en forma repetitiva, aún así…

— Lo siento. No debí acusarte…

— No, está bien. Ryomen tiene razón, es mi culpa. Todo.

Con cierta violencia, Yuuji limpió las lágrimas que ya mojaban sus mejillas; hablar e intentar detener la catarata de angustia que se desarrollaba en su mente no estaban dando el efecto deseado, al contrario; Yuuji sentía que cada vez se angustiaba más, que cada segundo que pasaba su llanto se convertía en un gemido lastimero y ridículo, sobre todo cuando sintió los brazos de Megumi rodeándolo suavemente, su barbilla apoyada en uno de sus hombros.

— No estás vinculado a ninguno de ellos e hiciste la elección que tus sentimientos y tu instinto te indicó. Lo que suceda ahí afuera ya no es problema tuyo.

— Sí, sí lo es.— Yuuji intentó no sonar agresivo pero fracasó en el proceso.— Lo que le suceda a Nanami sí es mi culpa.

— Yuuji…¿acaso tú le has dicho que enfrente a Gojo directamente? ¿Le has pedido que te defienda de algo que no exista, que luche por ti, que te reclame?

— B-Bueno, no, pero…

— Pero nada.— con fastidio, Megumi bufó y repentinamente parecía molesto.— Los Alfas son irracionales. Actúan por estúpido instinto y por orgullo. Por mucho que hubieses intentado que no llegara a estas instancias iba a suceder igual, porque Nanami no se hace a la idea de soltarte y Gojo no va a permitir ningún otro acercamiento más. Métetelo en la cabeza, Yuuji. No puedes hacer nada.

La tensión en el ambiente pareció disiparse paulatinamente mientras Yuuji intentaba procesar las palabras de Megumi; finalmente, éste se incorporó del camastro aún bufando mientras acomodaba algunas pieles que habían caído del lecho.

— ¿Recuerdas cuando…? Bueno, cuando me vinculé a tu hermano.

— Sí.

— Antes de que sucediera, ¿te acuerdas de lo que pasó?

— No.

Luego de varios segundos de silencio, Megumi prosiguió.

— Le rogué que no hiciera un escándalo, que aquel Alfa estúpido con el que yo tonteaba en esa época no iba a entrometerse, que no lo lastimara. ¿Te acuerdas lo que Ryomen hizo en ese momento?

— No, Megumi. No me acuerdo.

Por mucho que Yuuji intentara recordar no podía hacerlo; en la época en la que su hermano se había vinculado a Ryomen ambos vivían en otro asentamiento y cuando se había enterado ya estaban conviviendo, por lo que...

— Ryomen cedió. Me dijo que no iba a enfrentarse a él siempre y cuando yo no lo provocase.

— Qué raro.

— ¿Piensas que cumplió su palabra?

Con inseguridad y espanto, Yuuji miró a Megumi sin responder.

— Pues no, no cumplió su palabra. Ambos terminaron enfrentándose y Ryomen lo asesinó.

Qué.

— Lo que oyes. ¿Y quieres saber qué hizo Gojo en ese momento?

No quiero saberlo.

— Pues bueno, vas a saberlo igual. No sólo no lo detuvo ni se molestó cuando sucedió. Gojo se rió. Le causó gracia la actitud de tu hermano. Parece que asesinar a alguien es divertido. Así que…

Ambos resoplaron, fastidiados pero al mismo tiempo resignados. Los Alfas parecían ser seres pensantes y racionales siempre y cuando no sintieran amenazado lo que ellos consideraban de su propiedad, y si a eso se le sumaba que esa propiedad se trataba de un Omega...bueno. El relato de Megumi en realidad no había sorprendido a Yuuji porque desde pequeños, Ryomen siempre había sido demasiado violento y confrontativo incluso entre su grupo de pares...no iba a esperar una reacción más pacífica de su parte al saber que Megumi era frecuentado por algún otro Alfa que había tenido la desgracia de fijarse en el mismo Omega que su hermano.

Es más: se hubiese sorprendido si Megumi le hubiese relatado que Ryomen había dejado al otro Alfa en una sola pieza y respirando.

La postura de Satoru tampoco le sorprendió demasiado. Los Alfas no solían tenerse demasiada compasión entre ellos y Yuuji ya había visto demasiadas demostraciones de salvajismo como para preocuparse por aquello. Sin embargo, había tenido un ápice de esperanza en que Nanami no iba a reaccionar de la misma manera, pero parecían todos cortados por el mismo cuchillo.

— Voy a buscar algo de jengibre o tomillo a ver si te baja la fiebre. No, no le diré a Ieiri. Por ahora.— advirtió Megumi señalando a Yuuji con el dedo de forma acusadora.— Mientras yo no esté, no te muevas o…

— O me matas, ya lo sé. Ya oí a mi hermano.

— Pero…—Yuuji rió ante la expresión consternada de Megumi.

— Fue una broma. No lo haré. Gracias.

Sin los gritos de Ryomen y ante la ausencia de Megumi, la morada levantada a base de madera y pieles se oía muy silenciosa; afuera, el murmullo de algunas voces entretuvieron a Yuuji mientras sus párpados comenzaban a pesar, el sueño a invadir cada fibra de su piel…

Frunció el ceño, repentinamente fastidiado. En algún momento que no había registrado se había quedado dormido y el niño en su interior lo había pateado con tal fuerza que había logrado despertarlo. Se removió en el lecho cubriéndose hasta la cabeza con las pieles, intentando volver a descansar…

Algo no estaba bien, o mejor dicho…

Yuuji asomó solo el rostro fuera del abrigo para olfatear el aire. Sí, ese olor…

Bruscamente se descubrió y volteó sobre la cama. Satoru lo observaba con una sonrisa divertida que le hacía brillar los ojos, sentado a un lado con las piernas cruzadas en una posición completamente despreocupada. Yuuji parpadeó varias veces intentando discernir si ya había comenzado a alucinar, pero creía que la fiebre ya había cedido un poco…

— ¿Te asusté?

— N-No…¿qué haces aquí?¿Cómo entraste?

La fuerza en su voz fue descendiendo desde el momento en el que Satoru se incorporó y se subió a la cama; ansioso, Yuuji buscó sus labios cuando el Alfa se cirnió sobre él, el aire impregnado con su olor.

— ¿Acaso no puedo ver a mi Omega y saber cómo está mi bebé?.— el susurro de sus palabras fue acompañado por una caricia sobre el vientre abultado de Yuuji, relajándolo.— Y entré por la puerta, Yuuji. No atravesé la pared.

— Claro que sí. Los dos estamos muy bien.

— ¿Seguro? ¿Cómo está esa hemorragia que…?

— Shh.

Yuuji volvió a buscar sus labios mientras tomaba la muñeca de Satoru y apoyaba su mano en una parte específica de su vientre donde su hijo estaba intentando salirse a fuerza de patadas; cuando el Alfa percibió el movimiento, el ambiente se tornó realmente insoportable, sus feromonas marcándolo todo.

— Sabe que eres tú.— susurró Yuuji contra su rostro, olfateando su piel.

— ¿Sí?¿Sabe que soy su papá?

— Ajá.— sin esperar respuesta, el Omega prácticamente se colgó del cuello de Satoru atrayéndolo con ambos brazos. El Alfa lo atrajo por la cintura aferrándose a él firmemente.

— Yuuji.

— ¿Sí?

— Nos vamos de aquí.— el Omega frunció el ceño, confundido.

— ¿Del hogar de mi hermano?

Satoru llevaba el semblante tranquilo pero una expresión de seriedad insondable, casi de concentración que Yuuji interpretó como que aquello no era un juego ni una broma; su corazón se aceleró pensando en las consecuencias de aquello, en la reacción desenfrenada de su hermano y...pero por otro lado, ansiaba estar con él, llegar al término de su gestación en un nido donde el Alfa pudiese estar presente y cómodo junto a ellos…

— Así es. No puedo soportar por más tiempo no tenerte conmigo.

— Es lo correcto, ¿verdad?

El Alfa no contestó su pregunta; en cambio, lo alzó delicadamente en sus brazos tal y como si Yuuji y el bebé no pesaran nada.

— No importa si es correcto o no, Yuuji. Soy el líder, así que hago lo que quiero. Y te quiero a ti, ahora.


Esto se llama: se va a re pudrir.

Nos leemos!