Elegida

Sector Galáctico Desconocido

Una pequeña nave circulaba cerca de un planeta muerto, en un sistema alejado de cualquier civilización, con un cielo negro en una tormenta eterna por todo el planeta. La tripulación era un grupo de cazarecompensas, que habían escuchado rumores de que en ese mundo se escondía un tesoro tal, que haría tan ricos a sus descubridores, que ningún planeta podría rivalizar en riquezas. Era un rumor, si, pero bien sabían que, a veces, los rumores eran ciertos. Después de varias horas buscando, dieron con un pico de energía, dispuestos a seguirlo. Les llevó hasta un templo casi en ruinas, en medio de un valle. La nave tomó tierra cerca de la entrada y de esta salieron cuatro figuras equinas con cuatro alas cada una, plegadas en ese momento.

El templo, pese a lo pequeño que era por fuera, se internaba en la tierra profundamente por varios kilómetros. Tras varias horas de exploración, llegaron a una cámara protegida por unas puertas gigantescas cerradas con cadenas de color verde. Con un gesto del que iba más adelantado, dos miembros del grupo llevaron una serie de explosivos, juntándolos en las compuertas, alejándose hasta pasar a otro pasillo. Varios segundos después, una explosión gigantesca tuvo lugar, agrietando las cadenas pero sin romperlas. No obstante, un brillo amarillo empezó a filtrarse a través de la rendija y dentro de las ataduras, que empezaron a desvanecerse con un fulgor dorado espectral que se esfumó cuando hizo su trabajo. Esto, sin embargo, no fue visto por el pequeño grupo.

Tras la destrucción de las cadenas, las puertas se abrieron lentamente, llamando la atención de los cazarecompensas, que se internaron ansiosos en la sala. Está, que parecía un templo, tenía en su interior una piedra enorme de color verde, similar al ámbar fosilizado. No obstante, estaba llena de polvo y tenía varias grietas por las que se colaban varios retazos de luz amarilla. El líder se acerco, queriendo ver mucho mejor la gema, retrocediendo asustado al ver su interior. Ahí, congelado, estaba la cabeza gris de un ser humanoide, que abrió sus ojos dorados al notar presencia de vida. Se estrelló contra el cristal verde, que brillo con fuerza, tratando de retener a su prisionero, quien observo a los seres con una sonrisa siniestra.

- Pero mira que tenemos aquí, unos aventureros- dijo en un tono amenazante mientras los miraba uno a uno.

Los cazarecompensas empezaron a sentir uno de los sentimientos más primarios de todo ser vivo, el miedo. El ser, encantado, absorbió cada gota de este, saliendo en forma de humo amarillo de los cuatro seres, convirtiéndose, dentro de los trajes, en seres esqueléticos, con la carne aferrándose a sus huesos, cayendo al suelo debilitados. Con el suficiente poder, el prisionero rompió su prisión, lanzando una risa cruel que aterrorizaría a los más valientes. A parte de la cabeza, su cuerpo también era humanoide, pero se perdía en una maraña de humo negro con toques amarillos. Mirando a sus cuatro víctimas, liberó cuatro zarcillos en colores dorados y oscuros que se extendieron hasta sus cabezas, levantándose poco después, ahora como sirvientes a su amo.

- Es hora de hacer una visita a quien me encarcelo- dijo el ser.

Salio volando de la sala, destrozando el techo y surgiendo a la superficie, con sus cuatro soldados detrás. Su único objetivo en mente, aparte de vengarse, era hacerse más fuerte y esparcir el miedo a todo el universo.


El sol se encontraba saliendo e iluminando al mundo mientras un grupo de solados estaba por salir de Ponyville, en el que habían parado para rebastecerse antes de irse a la frontera este de Ecuestria, pues los Diamong Dogs la habían amenazado. Una pequeña Rarity se acerco corriendo al pelotón, ignorando los gritos de sus padres, y busco desesperadamente. Pronto encontró a quien buscaba, un general unicornio anciano que veía un mapa junto a otro general. El poni observo a la niña que se aferro a su pata derecha, y no estaba dispuesta a soltarlo.

- ¡No quiero que te vayas abuelo!

- Mi pequeña diamante- dijo el poni con una sonrisa, agachándose para abrazar a su nieta.- Tengo que hacerlo, soy un general a las órdenes de su alteza real.

- ¡Pero es peligroso!- dijo la niña asustada.- ¡Tengo miedo de que no vuelvas!

- Lo sé pequeña, pero yo también lo tengo, tengo miedo de no verte más. Pero, ¿sabes por qué voy igualmente?- la niña unicornio negó con su cabeza, mirando a su abuelo con algunas lágrimas.- Porque no puedo dejar que el miedo me consuma, o no podré proteger a quienes me importan. ¿Lo entiendes?

- Y... yo... yo... Si...- dijo rendida, agachando su cabeza.

- Eso es, recuérdalo, mi pequeña diamante. No debes sucumbir al miedo, debes superarlo.

Con un último abrazo, abuelo y nieta se despidieron, justo cuando los padres de la niña llegaron. Lo último que vio Rarity, fue a su abuelo entrar en un tren a vapor, dándole un saludo con su casco.


La unicornio de marfil despertó con ese último recuerdo, suspirando amargamente. Ecuestria ganó, pero hubieron muchas bajas, entre ellos su abuelo. Pese a todo, la yegua trato de seguir el último consejo de su abuelo, superar el miedo, aunque no era muy fácil. Aún recordaba cuando fue secuestrada por Diamond Dogs, estaba aterrorizada, pero recordando que la especie de esos idiotas le arrebato a su querido abuelo, decidió seguir el consejo del mismo. Y bien le había servido esos años, Nigthmare Moon, Discord, Sombra, Tirek... Se habia mantenido fiel a ese lema, superar sus miedos.

Levantándose con pesadez, fue a su cocina, lista para prepararse un desayuno antes de la llegada de Sweetie Belle y sus amigas. El día anterior se habían quedado en casa de Applejack, pero debido a un árbol caído en la casa, a causa de la tormenta creada por los pegasos, tendrían que ir con Rarity. Por mucho que no quisiera, estaba nerviosa por la visita de la poni granjera. Ya hacía un mes que no paraba de fijarse en ella a escondidas, y tanto Twilight como Rainbow Dash no habían dejado de molestarla por ello. "Venganza", proclamaban, y la unicornio no podía argumentar mucho a su favor.

Pero al contrario que sus amigas, ella estaba segura de que no conseguiría nada. Al fin y al cabo, Applejack pertenecía a los Apple, una familia conocida por ser... tradicional. Aunque no llegaban al punto de ser homofobicos, gracias a Celestia, y habían Apple homosexuales. Rarity negó con su cabeza, no era posible, Applejack no había mostrado ser lesbiana en ningún momento. Aunque viéndolo de cierta forma, Rarity tampoco, engañando a muchos ponis, cuando la verdad era que era bisexual. Bajo esa lógica, ¿quién decía qué Applejack no seguiría el mismo camino? Rarity suspiro, sacando ese pensamiento de su cabeza mientras se bebía su café.

- De todas formas, sólo me ve como amiga. ¿Para qué esforzarme?

Al terminar, la unicornio de marfil fue a su estudio, donde tenía algunos vestidos a medio hacer, y estaba dispuesta a acabarlos. Al pasar unas dos horas, tocaron a su puerta, haciendo que su corazón brincara ante la perspectiva de ver a Applejack. Rarity bajo las escaleras de su casa y fue a la puerta, localizada ahora al otro lado de la tienda, separando su casa de su boutique cada vez más grande. Y no era para menos, pues la Boutique Carrusel había crecido enormemente en esos años. Ahora tenía dos plantas, aunque la segunda era muy pequeña y era casi exclusivamente para su hogar, dos salas diferentes para la ropa y un gigantesco estudio, que Rarity sólo usaba para hacer diseños con las clientes como modelos, pues el resto lo hacia en su estudio personal. Al abrir la puerta, se topo con Twilight y las tres crusaders, decepcionándose un poco al no ver a la yegua rubia, pero disimulándolo bastante bien.

- Hola Rarity, ¿qué tal?- dijo la alicornio con una sonrisa.

- Estupenda, querida, pasa, te haré un café. En cuanto a vosotras ya sabéis las reglas, nada de...

- De entrar a la tienda- dijo Sweetie Belle cansada de oír lo mismo una y otra vez.- Lo sabemos, Rarity.

- Nunca está de más recordarlo.

Las niñas desaparecieron rápidamente escaleras arriba, rumbo a la habitación que la pequeña unicornio usaba cuando se quedaba allí, cosa muy frecuente por el trabajo de su padre. Era entrenador de un equipo profesional de hoofball y su madre lo acompañaba siempre que tenía que marcharse. Cosa que había pasado hace una semana y Rarity había tenido que cuidar a su hermana hasta que volvieran en dos días. La unicornio de marfil llevó a su amiga hacia su cocina, donde la instó a sentarse mientras preparaba dos tazas de café.

- ¿Dónde está Applejack? Pensé que sería ella quien vendría.

- ¿Decepcionada?- dijo Twilight sonriente, a lo que Rarity sólo rodó los ojos.- Tuvo que quedarse, los destrozos eran un poco más grandes de lo esperado. Con un poco de esfuerzo, lograrán terminar de reparar todo mañana por la noche.

- Tendré que tener a esas niñas aquí un día entero, no se si me apasiona. No te ofendas, Twilight, pero tu hija es muy... revoltosa a veces.

- ¿Me lo dices o me lo cuentas?- dijo Twilight con un suspiro, mitad agotamiento mitad alegría.- Esta llena de energía, y con su otra madre felicitándola por sus travesuras, aún peor.

- ¿Has pensado en apuntarla a alguna actividad? Para que queme energía.

- Ya quema bastante con sus salidas con las cutie mark crusaders y aún así sigue con energía. Starlight me ha dicho que no tiene pensado volver a cuidarla- dijo con una risa.

Cuando Twilight se marcho más tarde, Rarity se dispuso a terminar un vestido mientras esperaba para hacer la comida. Antes de ir a su estudio, pego la oreja a la puerta de su hermana, decorada con la insignia de un murciélago y su nombre dentro, quien tenía una discusión con sus amigas sobre quien era mejor héroe, si Batponi o Supermare, estando Sweetie Belle del lado del caballero oscuro. Rarity suspiro mientras seguía su camino. "Jamás pensé que echaría de menos los días en los que yo era su heroína", pensó con un poco de tristeza antes de negar con la cabeza, centrándose en sus proyectos.


Sector Galáctico 2814

Una nave bastante grande recorría el espacio en completo silencio. En ese momento sólo había un ocupante, un ser equino carente de pelaje, piel rosa, ojos verdes y cuatro dedos en sus cascos delanteros. Poseía un anillo y traje de color verde esmeralda, con una insignia consistente en un círculo con dos líneas horizontales en las partes inferior y superior, teniendo un parecido con una linterna típica de las minas, sobre un fondo blanco. El ser, llamado Abin Sur, camino por la sala de mando, observando las pantallas de vez en cuando. Pronto, su anillo brillo intensamente, advirtiendo de un peligro potencial.

Confuso, Abin Sur estuvo por pedir información, antes de que una explosión recorriera toda la nave. Esta, según las pantallas de control, tuvo lugar en la zona de aparque, donde las naves más pequeñas podían entrar o salir de la más grande. A través de las cámaras, el ser vio cuatro criaturas, que reconoció como batrionics, avanzar por la estancia, destrozando todo a su paso a través de explosiones de luz amarilla expulsadas por sus bocas, partidas en cuatro zonas. "No es posible", pensó Abin al ver el color de la misma. Frunciendo el ceño, se interno en su nave para combatir a los intrusos, tratando de convencerse de que el color era una coincidencia.

Llegando al fondo de un pasillo, observo la puerta que llevaba a la zona de aparque, que estaba empezando a ceder. Cuando la puerta se rompió por completo y los batrionics aparecieron, Abin Sur empezó a flotar envuelto en un aura verde, extendiendo su casco derecho, en el que tenía su anillo, con el mismo símbolo que en su pecho, y creo un cañón de plasma verde que disparo contra sus atacantes. Estos esquivaron con gran habilidad los proyectiles, extendiendo sus cuatro alas similares a la de los murciélagos y volaron por la estancia. Mientras Abin trataba de dar a los intrusos, una amalgama de color negro con trozos amarillos y con una cabeza gris de ojos dorados observo al vestido de verde desde una esquina del techo, por el que había llegado reptando sin que Abin Sur se diera cuenta.

Con un rugido, expulsó un zarcillo amarillo que atravesó el hombro derecho y parte del pecho de Abin Sur, que grito de dolor. Antes de que la bestia lo llevara ante el, creo una cuchilla que corto el zarcillo, creando un escudo después y saliendo rápidamente de allí, tratando de cubrir su herida, que sangraba un líquido violeta. Trato de llegar a la sala de mando, pero para su horror, el monstruo se movía con mucha rapidez. A la par de esto, vio que extraía varias partes de sí mismo que se internaban en la nave, para poco después escuchar las alarmas. Sabiendo que ese lugar estaba perdido, llegó a una sala con varias cápsulas de emergencia, entrando en una. Iluminando su anillo, a un lado de su asiento apareció una linterna de color verde y con un fuego del mismo color en su interior. Activando la nave, fue expulsado de allí enseguida.

Dándose la vuelta, vio como la nave explotaba, y de la explosión resultante, surgía el mismo monstruo. Volviendo su vista al frente, Abin Sur se centro en su herida.

- Estado.

- Herida grave, veneno letal insertado en su sistema. Posibilidades de sobrevivir, 0 %, un día máximo de vida- dijo una voz desde el anillo.

Maldiciendo su mala suerte, Abin Sur preparo la nave para llevarlo al planeta habitable más cercano. Un minuto después, lo encontró, un pequeño planeta con un sistema geocéntrico al que los nativos llamaban Equs. Estaba catalogada como "en desarrollo", por lo que no estaba dentro del consejo galáctico ni tenían conocimiento de vida más allá de su planeta. No obstante, era su última esperanza, por lo que preparo el rumbo y activo el piloto automático. Poco después, encendió la radio para enviar un mensaje a Oa lo más pronto posible.

- Atención a todos los Green Lanterns, aquí Abin Sur del sector 2814. Acabo de ser asaltado por cuatro batrionics poseídos por Parallax, repito, he sido asaltado por cuatro batrionics poseídos por Parallax. Parallax también ha estado aquí, por lo que se ha escapada de su ultima prisión. He sido herido de gravedad, en este momento me desplazo hasta un planeta llamado Equs para elegir un sucesor. Cambio y corto.

Abin Sur apago la radio y envío el mensaje, para luego activar el salto. Sabía que en su estado era muy peligroso, pero si quería llegar antes de morir, tendría que hacerlo. La nave entró en un túnel de luz mientras entraba en turbulencias, pues la cápsula no estaba preparada para soportar estas, y menos de viajes tan largos, por lo que sufrió varios daños que por poco lo matan ahí mismo. Cuando salió, vio el planeta, por lo que marcó el rumbo hacia uno de los continentes del mismo. Atravesando la atmósfera, cayó en un inmenso bosque cercano a una gran ciudad, iluminada por los últimos rayos de luz. Debido a los destrozos, tuvo que realizar un aterrizaje forzoso, estrellándose y moviéndose unos cuantos metros antes de detenerse por completo. Cuando la cápsula se hubo detenido por completo, Abin Sur abrió la escotilla y observo a su anillo, del que salió una pequeña esfera.

- Elige bien- dijo Abin Sur débilmente.

La esfera se impulso al cielo y desapareció, dispuesta a encontrar a alguien digno.


Rarity terminó su trabajo con un suspiro, miró al reloj y fue a ver como estaban las niñas. Después de la cena, se encerraron en su habitación nuevamente y no habían salido de allí. Al asomarse, vio que, pese a que la luz estaba encendida, las potras estaban dormidas sobre sus sacos de dormir. Con una sonrisa, metió a las pequeñas en sus respectivos sacos, siendo Sweetie Belle la última. Como fanática que se había vuelto, su saco en específico había sido hecho por Rarity para que tuviera una temática de murciélagos. A pesar de que no le gustara mucho ese héroe en concreto, si que le debía una muy gorda al salvar a su hermanita, y si el precio era que se volviera una fanática de Batponi, que así sea.

Tras arropar a su pequeña hermana, volvió a su habitación, dispuesta a dormir. Miró la noche por su ventana, admirando la belleza de las estrellas, pero había algo extraño. Un brillo verde se mostró en el cielo, pareciendo acercarse cada vez más, aunque Rarity lo achacó a el cansancio. No obstante, cuando se dio la vuelta, se vio envuelta en una burbuja verde, y por mucho que grito, nadie pareció darse cuenta de sus gritos. La esfera salió volando por la ventana y se lanzó a los cielos. Cuando la unicornio de marfil vio a donde se dirigía, trato de salir de allí, pues el objetivo final de la esfera era el bosque Everfree.

Aterrizando sobre un pequeño terreno de tierra, la esfera la dejó caer, haciendo que Rarity se levantara y mirara con asco como se había manchado de barro. No obstante, esto desapareció al ver el objeto caído cerca, una nave. Su primer impulso fue huir, pues la experiencia que tuvo con naves extraterrestres no fue precisamente buena. Sin embargo, cuando escucho un débil quejido, esos miedos desaparecieron, acercándose rápidamente. Allí, sobre un asiento negro, estaba un ser parecido a un poni, pero diferente en muchos aspectos, vestido con lo que parecía un uniforme verde. Pero lo impactante era la herida en su hombro derecho, surcando parte de su pecho. Rarity se acerco y colocó un casco sobre el casco derecho del poni, asombrándose un poco al ver los cuatro dedos, pero calmándose enseguida.

- ¡Por Celestia, querido! ¡Necesitas ayuda de inmediato!

- No... yo... estoy a punto de morir. ¿Quién eres?

- R... Rarity Belle, querido. Y no pienso aceptar que vas a...

- Rarity Belle... Yo soy Abin Sur, protector de este sector del universo. E... el anillo te ha escogido, cógelo, coge el anillo y la linterna, pronuncia el juramento frente a ella. Yo te nombro mi sucesora, Rarity Belle, del planeta Equs.

Abin Sur se quito el anillo, colocándolo en su palma, ignorando que su traje parecía desaparecer. Rarity se quedó un poco impactada, pero al ver como el extraño alienígena decía unas palabras en un idioma extraño, alzando más el anillo, decidió hacerle caso, agarrando también la linterna a un lado de su asiento. Pronto, el llamado Abin Sur murió, dejando a la unicornio de marfil sin saber que hacer. No quería dejar el cuerpo ahí, pero tampoco sabía que hacer, por lo que se decidió a volver a su casa, dispuesta a avisar a Twilight a primera hora de la mañana. Girándose hacia el bosque, pensó en como diablos saldría de allí. Con un suspiro, se interno entre los árboles, rezando para llegar a Ponyville a salvo.

A pocas horas del amanecer, Rarity llegó a la linde del bosque, viendo la ciudad a lo lejos. Maldiciendo su suerte, empezó a caminar hacia allí. Por suerte, había salido cerca de la zona centro, y habían pocos transeúntes que pudieran ver su horrible estado. Al llegar a su casa, dejó la linterna y el anillo sobre un escritorio en su habitación antes de ir al baño. Después de una ducha refrescante, se dispuso a dormir, pero al ver la hora, suspiro. Tenía que ir a casa de Twilight en seguida, pero sabía que no podía ir a esas horas. Primero, estaría durmiendo, segundo, se suponía que tenía que cuidar a las crusaders, entre ellas Scootaloo, y si su amiga alicornio la veía en su castillo, sin su hija, y con esta en casa de la unicornio blanca, una nave extraterrestre y ser la supuesta sucesora de un alienígena sería el menor de sus problemas. Por lo tanto, decidió dormir un poco, prometiéndose despertarse temprano para ir junto a las niñas hasta el castillo de la amistad.