The Legend of Zelda y sus personajes no me pertenecen.


Prólogo


Muchas historias se pueden contar sobre este mundo; desde las insólitas montañas nevadas de Hebra hasta las ardientes arenas del desierto Gerudo. Por supuesto, si se ha de contar una historia, es mejor comenzar desde el origen.

Nuestras tierras no fueron solo el producto de una erosión volcánica, de un gran terremoto o del impacto de un meteorito. Nuestras tierras fueron creadas. Creadas por tres diosas. Las regiones en nuestro continente se nombran en honor a ellas. Al noreste, Eldin, en honor a Din, diosa que creó la superficie. Al norte y centro, Lanayru, en honor a Nayru, diosa que creó las leyes y el orden. Al sur, Farone, en honor a Farore, diosa que creó la vida. Al suroeste… Gerudo, una región que no nombra a ninguna diosa; la profanación de pureza, el desierto de los infames, los ladrones, el que ha sido la desgracia de nuestro reino desde hacía milenios, ya que, bien era conocido por todos que en él nacía la reencarnación del Rey Demonio que una vez hacía miles de años atrás maldijo nuestra raza. Aún nos es desconocida las razones por las que crearon estas tierras y a nosotros, pero vivimos eternamente agradecidos. Al partir, dejaron atrás tres triángulos dorados cuales hoy conocemos como la Trifuerza. Muchas guerras se desataron para conseguir esos triángulos, que se decía, podían conceder cualquier deseo. Con el objetivo de obtener paz, una serie de hylianos, provenientes de una deidad llamada Hylia, custodiaron la Trifuerza y la encerraron en una dimensión a la que nadie podría llegar. Dicha dimensión fue llamada el Reino Sagrado, y esos hylianos se convirtieron en la familia real de un reino que adoptó el nombre de Hyrule, en honor a la deidad Hylia.

Puedo contar muchas historias de nuestras tierras. Desde el Héroe que elevó a los cielos los supervivientes de la guerra contra el Rey Demonio Demise en la Era de la Creación, o el Rey que detuvo las bramas de la guerra unificando todas las regiones y reinos bajo su mandato, o su padre, el mismo que inició la guerra contra las otras razas para obtener la Trifuerza que luego su hijo deshizo. Pero, si se ha de contar una historia, que sea esta.

Había una vez, en un reino muy lejano llamado Hyrule, vivía una dulce y hermosa princesa en su castillo. Su nombre era Zelda, apodo que desde hacía siglos los reyes de Hyrule habían acostumbrado a llamar a sus hijas en referencia a una antigua leyenda sobre una princesa con el mismo nombre que había sido maldecida por más de cien años a dormir, para luego ser rescatada por un Héroe de ropajes verdes. Bueno, esta Zelda, esperaba y esperaba a que apareciese su príncipe azul, o más bien verde. Disfrutaba leer todas las historias que tratasen sobre el Héroe que rescató Hyrule, el Héroe de los Cielos, el Héroe del Tiempo, y el Héroe de los Vientos; porque no sólo había sido una hazaña, sino que, siempre que el reino se hallase en peligro, aparecía un misterioso chico con gorro y una espada morada y brillante que aplacaba el mal. Si bien la tragedia de la Princesa Zelda I se convirtió en uno de las leyendas más contadas, la tragedia de la Princesa Zelda VII no tuvo competencia. ¿Y qué sucedió con esta princesa, que esperaba tranquila y llena de paz a que llegase su héroe, que llegó a ser la más conocida de todas las demás? Su héroe llegó, es verdad, en forma de uno de los caballeros que servían a la guardia real. Su nombre era Link, un joven dedicado a empuñar su espada ante cualquier sacrificio con tal de proteger a su princesa. El amor que existió entre ellos fue bien conocido, no era un secreto para nadie; y el rey, vivía orgulloso de esta relación, porque si bien el joven tan solo era el hijo mayor de unos pastores, el rey era tan padre como rey, y si su hija lo amaba, él lo aceptaba. Sin embargo, esta felicidad no duró por mucho tiempo, porque el joven de verde, esta vez falló en su encomienda, y fue asesinado por un hombre del desierto.

Para entender quién es ese hombre del desierto, debemos trasladarnos de historia. El desierto es hogar de muchas historias y mitos, que se han transmitido a lo largo de los años. Cuenta la leyenda sobre un joven, destinado a ser el elegido por las arenas, y tales fueron sus ansias por poder que decidió hacer un pacto con las diosas del fuego y el hielo. Las diosas le otorgaron todo lo que él deseaba, a cambio de una maldición que lanzarían él mismo: El joven moriría si su corazón llegase a amar. El joven era ahora un poderoso hechicero capaz de realizar milagrosas magias, que tanto le confirieron poder, como riquezas, respeto e incluso la inmortalidad; al menos el tipo de inmortalidad que solo es afectada por el tiempo. Por varios años el joven, ahora todo un hombre, gobernó el desierto con astucia. Tal fue su gloria que los otros reinos se apresuraron en firmar contrato para establecer buenas relaciones con el desierto, que en un pasado, había tenido muy mala fama. En uno de estos acuerdos, el joven conoció a la princesa de un reino lejano, una princesa hyliana, tan hermosa que era imposible dejar de observarla. El hombre cayó ante tal belleza, y se enamoró perdidamente de ella. Sin embargo, la princesa no correspondía su agrado y es que, estaba prendada de otro joven, cual ya conocéis. Lleno de odio, el hombre del desierto se las arregló para asesinar al joven con una estocada en la espalda, una muerte insana, impura, y a toda su familia. Pero, aun así, la princesa no lo amaba. La encerró en su palacio y la obligó a casarse con él; y en la noche, la princesa tomó un cuchillo y manchó de sangre las sábanas. Se había matado a sí misma; ella prefirió la muerte antes que vivir al lado del joven del desierto. Al ver la sangre de su amada y su cuerpo tendido a lo largo de la cama, el joven condenó a los hylianos una vez más y díjose a su amada: Seguiré tus pasos a donde quiere que vayas, seré tu sombra, la maldición que perseguirá a tus descendientes. Y solo dejaré en paz a tu raza cuando correspondas mi amor por ti. Después de su última palabra, perdió sus poderes y murió al lado del cuerpo de su amada.

Esta historia, por supuesto, tiene muchas versiones; pero en todas, el final es el mismo. El elegido a ser líder del desierto siempre tendrá la maldición de aquel joven, su inevitable amor hacia la princesa hyliana, y la princesa hyliana, junto a su raza, se verá perseguida por el alma de las arenas; si bien esto ya se había repetido con anterioridad, lo que causó el gran estrago de la tragedia fue que, ahora, sin falta, todos los líderes gerudo atacaban bajo su mandato, es decir, cada cien años, y todos se tildaban del mismo nombre, así mismo como Zelda era Zelda, ahora el joven siempre era Ganondorf. Claro está que, es solo un cuento, uno entre todos los demás. El reino de Hyrule se vio durante siglos y siglos en una especie de ciclo que se repetía una y otra vez. La princesa y su reino eran atacados por el líder del desierto, cual mantenía los recuerdos de su ancestro y buscaba venganza y la correspondencia de su amor; que, para suerte del reino, el héroe que renacía no volvió a tener el mismo mal destino, y se las arreglaba para vencer al malvado; pero, aun así, las secuelas que estas continuas guerras dejaron comenzaron a ser evidentes: hambruna, pobreza, epidemias. Se preguntarán… ¿por qué la princesa no va con él y ya? Sería lo mejor para su pueblo. Bueno, varias lo intentaron, pero fallaron. Hay cierta diferencia entre vivir al lado de alguien y amar ese alguien. Ninguna de las princesas lo amó… a excepción de una. Yo. ¿Pero, qué tengo yo de diferente a las otras Zeldas?

Bueno, esta es mi historia.


Aquí lo dejo, espero que les guste. Estaré subiendo esta historia en inglés también, así que es probable que me demore un poquito en actualizar.

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