Como si me amaras
Capítulo 1
6 de la mañana, día lunes.
Cualquiera que conociera a Tomoyo Daidouji diría que ella era una chica agradable, tierna y extremadamente perspicaz. Con un talento especial para el canto y el diseño de vestuario, la heredera de los Juguetes Daidouji era una joven amigable y humilde, pese a su fortuna familiar. Todos en Tomoeda sabían que esa pequeña dama sería algún día una exitosa mujer en el futuro, sea en lo que sea que ella decida hacer.
Por lo que la imagen de la amatista con su cabello desordenado, maquillaje corrido y ropa en tiras no era algo con lo que a ella se le fuera a asociar. Y sin olvidar que estaba estrenando ese look por las calles de Tomoeda un lunes a las 6 de la mañana.
No, para nada.
Tomoyo supuso que, con la mejor de las suertes, si alguien la llegaba a ver en ese estado pensaría que fue asaltada o algo así. Pero ella sabía mucho mejor. Y esta "caminata de la vergüenza" se lo tenía bien merecido. De todas las mayores estupideces que pudo haber hecho en su vida, de todos los más grandes errores que pudo haber cometido, el que había realizado anoche se llevaba el mayor premio de todos.
¿Por qué demonios le quedaba aún tanto para llegar a la casa de Sakura? La chica sentía que había caminado horas, aunque su racionalidad le decía que probablemente habían pasado sólo unos 20 minutos. Debió haber pedido un taxi, esos conductores de seguro habían visto a chicas en estados mil veces más penosos que el de ella en esos instantes. Y ya se sentía suficientemente adolorida como para agregar a la lista dolor de pies.
Cuando llegó al parque del Rey Pingüino, Tomoyo sintió las fuerzas de nuevo. Sabía que ahora sólo estaba a unas cuadras de su destino. Iba casi a doblar en la calle principal del parque cuando sintió que alguien venía por ese camino. Con una velocidad que ni ella misma sabía que poseía, se tiró entre los arbustos y dejó de respirar. En un comienzo se había dicho que no le importaba que alguien la viera en ese estado, pero en ese momento supo que, en realidad, sí le importaba. Le importaba muchísimo. ¿No había pasado ya por suficientes vergüenzas ese día?
Sólo cuando Tomoyo sintió que volvía a estar sola se atrevió a levantar la cabeza. Había pasado un chico trotando. ¿Quién demonios trotaba a esas horas un lunes? Aunque el estar en forma era cada vez más popular entre los chicos de su edad. Es más, mejor se apuraba. En poco tiempo las calles estarían llenas de personas a las que quería evitar.
Cuando por fin la amatista vio la casa de Sakura, casi corre. Quería salir desesperadamente de las calles y, más que todo, quería ver a su amiga. Necesitaba estar con alguien que la quisiera incondicionalmente en esos momentos. Y aunque su mamá tenía el primer puesto en esa categoría, existían cosas que ninguna madre debía saber de sus hijas.
Como, por ejemplo, lo que hizo anoche.
Con cuidado, Tomoyo abrió el portón haciendo el menor ruido posible. No estaba segura de si el papá de Sakura estaba en casa o, incluso, Touya, por lo que debía ser precavida. Y como no tenía su celular a mano para avisarle a su amiga que le abriera la puerta, pues la amatista no tenía más opción que entrar a esa casa sin invitación.
Ese plan no tenía ninguna señal de que saliera bien. Pero a Tomoyo no se le ocurría nada mejor.
Rezando por que la llave de repuesto siguiera en el macetero que ella recordaba, la chica buscó entre las flores del jardín el pote correcto. Y, para su infinito agradecimiento, la llave se encontraba ahí. Después de todo, no todo podía salir tan mal ese día, ¿No?
Con cuidado, Tomoyo abrió y cerró la puerta principal. Se sacó sus zapatos (Aunque los dejó escondidos) y se adentró a la casa. La amatista sentía que en cualquier instante el señor Kinomoto se levantaría y cocinaría el desayuno, por lo que debía apurarse en llegar a la pieza de Sakura. Necesitaba moverse rápido.
El reloj de la pared indicaba las 6:20 de la mañana. En un poco más de dos horas Tomoyo tenía que entrar a clases. Gracias a todos los ángeles que se le ocurrió echar en su bolso su uniforme. Porque definitivamente ella no iba a presentarse a su casa en las condiciones que estaba. De ningún modo.
Evitando hacer cualquier ruido innecesario, la amatista subió las escaleras. Casi sin respirar se movió por el pasillo, y con aún más delicadeza giró la manilla de la puerta de la pieza de Sakura. Para cuando entró y cerró con extremo cuidado esa bendita puerta, sólo entonces Tomoyo volvió a respirar con normalidad. Ya había logrado lo más difícil de su misión.
Sakura dormía tranquilamente en su cama, aunque Tomoyo pudo notar que de alguna forma la esmeralda sabía que había alguien más ahí con ella. Su respiración cambió un poco y se movió ligeramente. Pero para la amatista eso no era ningún problema. Todo bien, mientras no fuera a gritar y, de pasada, despertara a toda la cuadra.
Tomoyo dejó su bolso a un lado y se acercó a su amiga. Tenía que despertarla con precaución, de otro modo le iría a dar el susto de su vida.
- Saku… Sakura – Susurró la chica.
La amatista la movió un poco, sentándose en la cama.
- Sakura… Despierta – Volvió a decir Tomoyo, sólo que ahora un poco más fuerte.
La respiración de Sakura se hizo más fuerte y en su rostro se pudo ver su lucha para volver a sus sueños.
- Sakura, vamos – Insistió la amatista.
Finalmente, los ojos de la esmeralda comenzaron a moverse. De a poco sus párpados se abrieron y, con ello, su mirada comenzó a enfocarse. Cuando se centraron en Tomoyo, la amatista le sonrió.
- ¿Ah? – Exclamó Sakura inhalando hondamente - ¿Tomoyo?
- Tan sólo no grites, no vengo a matarte – Le pidió la chica.
Sakura volvió a cerrar los ojos y se estiró en su cama. Después, de a poco comenzó a parpadear y frunció un poco el ceño al percatarse que apenas estaba aclarando afuera.
- ¿Qué hora es? – Preguntó la chica con voz ronca.
- Las 6:30 – Contestó Tomoyo viendo el reloj de alarma.
- Entonces aún me queda media hora más de sueño – Dijo Sakura, para darse vuelta y acurrucarse en sus mantas.
- ¡Sakura, es en serio! ¡Despierta! – Exclamó la amatista con energía ahora, tirando de las sábanas.
Tras ese grito, Sakura finalmente despertó. Con resignación, se dio la vuelta y se acomodó mejor entre sus almohadas. Y, por tanto, pudo ver mejor a su amiga en su desastroso estado.
- Parece que la pasaron bien en la fiesta, ¿Eh? – Se burló la esmeralda.
Tomoyo iba a replicarle con algún comentario mordaz pero, de repente, todos los recuerdos volvieron a su mente. Y por primera vez desde que se había despertado ese día sintió toda su angustia salir. Recién ahora podía bajar la guardia y ser vulnerable. Las lágrimas se acoplaron en sus ojos.
- Oh, Dios Santo, ¿Qué pasó? – Preguntó Sakura con preocupación al ver la expresión de su amiga.
Como respuesta, Tomoyo se lanzó a sus brazos y dejó las lágrimas y el desazón caer.
5 de la mañana de ese mismo día lunes.
Había demasiado ruido. Alguien había dejado la música encendida y no había tenido piedad por todos los que estaban dormidos sufriendo resaca. Tomoyo sentía que su cabeza se iba a partir en mil pedazos, además de tener muchísimas ganas de vomitar todo lo que había ingerido horas atrás. Lo que, en realidad, no parecía ser mala idea.
Casi como si fuera una tortura, la chica abrió los ojos en busca de reconocimiento alguno. ¿Dónde estaba? Hasta donde ella recordaba, todo su curso había ido a la casa de Nagata a celebrar el triunfo de Shaoran Li en la maratón de ese día. Por fin, aleluya sea el Señor, después de tantos años Li ganaba durante la semana del deporte de Tomoeda.
Sin embargo, para broma de todos, Shaoran tuvo que viajar a Hong Kong horas después de su victoria, por lo que la fiesta prescindió de su invitado de honor. Por supuesto, personas normales habrían post puesto la celebración para otra ocasión pero, oh no, ellos no. Se haría una fiesta ese día sí o sí. Así que aquí estaba Tomoyo, en una cama desconocida sintiéndose de lo peor. No iba a beber más tequila en su vida, ¡Lo juraba!
De a poco, la chica comenzó a moverse. No sabía qué hora era, pero ese día tenía clases. Quizás, si no era muy tarde, alcanzaba a ir a su casa a arreglarse. Pero también lo podía hacer ahí. Casi todos habían traído consigo precavidamente su uniforme. Aunque ella no sabía cómo demonios tantas personas irían a compartir los dos únicos baños de la casa. Y Tomoyo quería, no, necesitaba ducharse. Mejor se iba a su casa.
Se estiró un poco y trató de aclarar su mente. ¿Cómo había llegado a esa cama siquiera? Sabía que había alguien más con ella, de seguro Naoko, por lo que estiró su brazo y la buscó. Ciertamente ella igual querría arreglarse en su casa.
Cuando su mano por fin encontró algo, frunció el ceño. No podía ver mucho en la oscuridad y su cerebro no estaba en su mejor capacidad. ¿Era esa una espalda? ¿Sin ropa? ¿Por qué Naoko se iría a sacar su ropa? Y sólo en ese instante Tomoyo se percató de un detalle muy curioso. Levantó las mantas y se dio cuenta de que ella tampoco llevaba ropa, a excepción de sus medias rotas. Su cabeza comenzó a dar vueltas y el dolor se acentuó más. ¿Qué había pasado anoche?
Y, con infinito horror, al darse vuelta no fue el cabello castaño de Naoko lo que Tomoyo vio. Ni siquiera era una mujer lo que estaba a su lado. Y al estirarse un poco más, su mundo entero se paralizó. Sus ojos se abrieron como platos, para después comenzar a hiperventilar.
Eriol jodido Hiragizawa.
Oh, Santo cielo. ¿Qué es lo que había hecho?
Cuando pasó la parálisis, Tomoyo casi saltó de la cama. Con desesperación buscó su ropa pues sin ella se sentía demasiado expuesta, incluso para pensar. Su ropa interior estaba en un lado, su vestido en otro. Sin molestarse por el ruido, se movió alrededor de la pieza hasta que, cuando por fin su vestido la cubrió, se sentó en el suelo y tapó su boca para reprimir un grito.
Dios, ¿Por qué, por qué, por qué? De todas las personas, ¿Por qué debía ser él?
Estaba tan choqueada que ni siquiera podía pensar bien. Y en ese momento se dio cuenta que no sólo le dolía su cabeza, sino que le dolía su espalda, sus brazos, sus muslos… Y un poco más allá también. Tomoyo se registró bajo el vestido y vio lo que temía.
Sangre.
Ah, mierda, ¿Cómo siquiera iría a solucionar esto?
La chica miró a su alrededor y vio la puerta del baño semi abierta. Estaban en la habitación principal. Se sentía sumamente avergonzada por, primero, haberse acostado en la cama de los papás de Nagata y, segundo, por todo ese desastre. ¿Y si había manchado las sábanas? Con rapidez, Tomoyo se levantó de donde estaba y fue a inspeccionar. Maldita sea, sí había sangre ahí. Debía cambiarlas.
Aunque, primero, quería limpiarse a sí misma. O al menos sacar la sangre de sus muslos. Por lo que se dirigió al baño y se limpió. Menos mal que había un baño ahí y no debía cruzarse con alguno de sus compañeros para ir a otro. Eso hubiera sido horrible.
Cuando volvió a la habitación, el grandísimo idiota se estaba moviendo en la cama. El único consuelo para Tomoyo era que no parecía estar en mejor estado que ella. Había algo de justicia en eso.
La chica se dirigió hacia una cómoda y buscó sábanas limpias. Sólo esperaba que la mamá de Nagata las deje por ahí y no en otra pieza. Porque eso significaría un muy grave problema.
- ¿Tomoyo? – Se escuchó de repente - Oh, tequila. Odio el tequila.
La amatista ni siquiera se molestó en darse vuelta. Honestamente, más le preocupaba encontrar sábanas. Y, cuando por fin las encontró, sólo en ese instante le prestó atención a la cama. Y al ser que estaba en ella.
Eriol estaba sentado en el lecho, mientras cubría con ambas manos su rostro. Parecía estar adolorido, como si estuviera sufriendo la peor de las jaquecas. Si estas fueran otras circunstancias, Tomoyo incluso sonreiría. Pero, la verdad, ahora sentía que no iría a sonreír en ningún futuro cercano.
- Vamos, levántate – Demandó la amatista – Debes salir de la cama.
Eriol se quejó en voz alta, más por el ruido que por la orden. Cuando por fin abrió sus ojos y los fijó en Tomoyo, frunció el ceño. Parecía que él estaba igual de confundido a como cuando la chica despertó. Además de que no podía estar viendo muy bien, pues no llevaba sus lentes.
- ¿Qué pasó? ¿Qué haces aquí? – Preguntó el chico extrañado.
- Eso es algo que también me encantaría saber - Replicó la amatista, para después acercarse a la cama y levantar las mantas.
Con una nueva queja, Eriol levantó los brazos y los llevó a su cabeza. Sin embargo, su mirada se quedó más en su ahora cuerpo descubierto, el que estaba desnudo. Cada vez más extrañado, se miró a sí mismo, para después observar su alrededor. Y, curiosamente, nada le llamó más su atención que la mancha de sangre que se encontraba en las sábanas.
Quizás, si hubiera sido cualquier otro chico, Tomoyo se hubiera sentido abochornada. Pero como era Eriol del que estábamos hablando, no le podía importar menos. Es más, mucho mejor si Eriol podía usar su cerebro y sacar sus propias conclusiones. Así ella se ahorraba de explicar lo que no podía.
El ceño de Eriol se profundizó más y más. De seguro su cabeza estaba atando todos los cabos sueltos. Y, para cuando por fin logró concluir que había y estaba pasando, sus ojos se abrieron dejando de lado toda confusión. Su mirada se quedó fija en Tomoyo, e incluso palideció.
- ¿Tuvimos sexo? ¿Nos acostamos? – Exclamó Eriol con espanto.
En serio, si no estuviera tan adolorida físicamente, ni tan preocupada, Tomoyo incluso reiría. Eriol parecía estar más choqueado de lo que ella estaba. Interesante.
- Sal de la cama ahora, no lo volveré a repetir – Dijo la amatista de nuevo, aunque algo más tranquila.
Definitivamente más por el estado de shock que por buena voluntad, Eriol finalmente le hizo caso a la chica. Ni siquiera se molestó por su desnudes. Aunque, si Tomoyo debía ser honesta, ese chico no necesitaba cubrirse nada. Su cuerpo estaba en muy buena forma, y el desgraciado ni siquiera era deportista.
Tomoyo quitó todas las mantas de la cama y los cojines para poder sacar las sábanas sin esperar ayuda alguna. Sólo en ese instante Eriol se dio cuenta de lo que estaba haciendo.
- ¿Vas a cambiar las sábanas? – Preguntó Eriol. Tomoyo lo miró desafiándolo a detenerla - Ah, mierda, eres adorable.
- Tan sólo cállate y ayúdame.
Eriol lo dudó por un instante, pero después prefirió seguir las órdenes de la amatista. No estaba en posición de alegar por nada, la verdad.
- Esto no debió haber sucedido en la cama de los padres de Nagata – Murmuró el chico con fastidio mientras estiraban las mantas de nuevo.
- Esto nunca debió haber sucedido – Replicó la amatista mientras ordenaba los cojines.
Cuando terminaron, Tomoyo se sentó en la cama, volviendo a entrar en estado de angustia, mientras que Eriol se puso sus pantalones y sus lentes. Sólo hubo silencio.
- No puedo creer que me haya acostado contigo y que no lo recuerde – Dijo finalmente Eriol apoyando sus manos en sus caderas.
Tomoyo sólo se mordió la lengua para no gritarle y explotar en su presencia.
- Dime que usamos condón, al menos dame esa paz mental –Pidió la amatista en cambio.
- ¿No tomas anticonceptivos, acaso? – Preguntó el chico con burla.
- ¿Te parece que los necesitaba? – Replicó la chica apuntando las sábanas sangradas.
Eriol guardó de inmediato silencio. No estaba en posición de bromear con eso, ese comentario era injusto para Tomoyo. Él miró a su alrededor.
- Por lo condones que veo, creo que sí los usamos.
- ¿Condones? ¿Cuántas veces tuvimos sexo anoche? – Exclamó la chica con horror.
- De aquí veo dos – Contestó Eriol, mientras se acercaba a ellos y los tomaba. Después se dirigió al baño y se deshizo de ellos.
Tomoyo ahora estaba asombrada. ¿Había tenido relaciones sexuales con Eriol al menos dos veces? ¿Cuánto tequila, entre otras cosas más, había bebido ayer como para no recordar nada de nada? Sin contar que su cabeza aún le palpitaba en dolor y no parecía querer hacer ningún esfuerzo por recuperar su memoria.
- ¿Estás bien? – Preguntó Eriol desde la puerta del baño.
- ¿Luzco bien? – Replicó la chica furiosa - ¿Cómo mierda terminé aquí contigo?
- Te juro que no lo recuerdo – Respondió el chico – Nunca te he mentido, incluso en los peores momentos. No lo haría ahora con algo tan serio.
La chica no podía rebatir ese argumento. Si de algo podía estar segura es que Eriol Hiragizawa no mentía. No se arrepentía de nada, por lo que nunca tenía nada que esconder.
- Tienes un moretón en el brazo – Dijo el chico, acercándose.
Tomoyo miró su brazo derecho y ahí estaba. Ahora era ligero, pero de seguro ese moretón se volvería más obscuro con el pasar de las horas.
- ¿Te lastimé mucho? – Inquirió Eriol, el que estaba de pie en frente de ella. En sus ojos se veían genuina preocupación.
- Un poco. Me duele todo el cuerpo – Reveló la chica evitando su mirada.
Eriol sonrió un poco.
- Yo estoy molido. No recuerdo nada de anoche, pero me has matado.
Tomoyo no pudo evitar sonrojarse. Era verdad que hasta hace unas horas atrás había sido virgen, pero no era ingenua. Ella sabía exactamente a lo que él se refería con ese comentario.
- Debo irme – Dijo de repente la chica, levantándose de la cama. Debía huir de ahí.
Fue a buscar sus zapatos, unas converse, y se las puso. ¿Dónde demonios iría? No a su casa, de seguro. Y debía salir de ahí pronto, antes que sus demás compañeros despertaran. Tan sólo le quedaba una opción; Sakura. Ella no había querido ir a la fiesta porque estaba cansada, aunque Tomoyo sospechaba que fue más porque Shaoran no iba a estar ahí. Y eso que normalmente su amiga salía sin su novio bastante seguido.
Y menos mal que no vino. Ahora Sakura la iba a salvar de una grande.
Cuando Tomoyo iba a tomar las sábanas para llevárselas, Eriol la detuvo.
- Yo me encargo de eso – Dijo el chico – Las pondré en la lavadora.
La amatista frunció el ceño con sospecha.
- ¿Ah, sí? ¿Y qué le dirás a Nagata? ¿Qué tú sangraste en ellas? – Se burló la chica.
- Le diré que vomité en ella, si quieres. Es más, le compraré otras. No te preocupes por eso.
Tomoyo no le creía ni la más mínima palabra. Sólo iría a estar más tranquila si ella misma se encargaba de esas sábanas.
- Confía en mí – Insistió el chico – Además, si hay alguien más ahí afuera despierto, le va a llamar la atención que salgas con una sábanas en tus manos.
¿La verdad? Tomoyo estaba segura de que lo último que a cualquiera de sus compañeros le importaría sería un juego de sábanas sucio. Pero si alguien se percataba de que había dormido con Eriol…
- Si alguien piensa que tuvimos sexo anoche, lo negaré hasta la muerte – Dijo el chico como si estuviera leyendo su mente - Mentiré por ti, si así lo quieres. Te puedo dar eso.
Tomoyo no quería confiar él. No podía. Había perdido toda confianza en él hace años y ahora, en ese momento tan serio y grave, era demasiado difícil hacerlo. Sin embargo, ¿Qué otra opción le quedaba? Estaba demasiado confundida, angustiada, preocupada y adolorida como para pensar bien. Y Eriol le estaba proporcionando un salvoconducto para escapar.
- No te preocupes, sé que quieres huir de mí – Agregó el chico al ver sus dudas - Yo me encargo cubrir todo lo demás.
La amatista respiró profundamente y asintió. Se iba a arriesgar. Después de todo, ya había arriesgado cosas peores en lo que respectaba a él.
- Pero no te confundas – Advirtió Eriol antes de que Tomoyo abriera la puerta de la pieza - Esto es tan sólo una pequeña tregua. Porque los dos vamos a comenzar a recordar lo de anoche. Y vamos a tener que hablar al respecto.
Tomoyo asintió de nuevo. La chica sabía que debía agradecerle a Eriol por lo que estaba haciendo, pero no podía. En cambio, se dio la vuelta y salió de la habitación. Un Eriol burlista y sardónico era algo que podía controlar. Sin embargo, un Eriol considerado y comprensivo era más de lo que podía soportar. Y eso lo convertía en un peligro. Por lo que debía huir de ahí lo más pronto posible, en especial antes de hacer algo aún más estúpido de lo que ya había hecho.
Aún estaba obscuro afuera, lo que jugaba a su favor. Podría caminar hacia la casa de Sakura sin que nadie la viera. Caminó con cuidado por el pasillo y se adentró en la casa evitando despertar a alguien. Vio a Chiharu y Yamazaki en el sofá abrazados, a Matsumoto con una botella en la mano en el suelo, a Aizawa y Naoko apoyadas en la pared cubiertas por una manta.
Sin duda había sido una buena fiesta la de anoche, y menos mal que los padres de Nagata llegaban en una semana más, porque tendrían que hacer una limpieza profunda a ese lugar antes de su llegada.
Su bolso estaba en la entrada de la casa, colgando de un perchero. Buscó su celular en su bolso, pero no lo encontró. Mierda, debió haberlo dejado en su casa. Por lo que buscó algún reloj en los alrededores, encontrando uno en la pared del living. Eran las 5:37 de la mañana. Necesitaba apurarse. Y necesitaba a Sakura antes de caerse a pedazos.
7:30 de la mañana de ese mismo día lunes.
Tomoyo estaba tomando desayuno. O, para ser más gráficos, le daba vueltas a la comida con sus palillos.
Al final, tanta precaución al entrar a la casa de Sakura no había sido necesaria. Touya estaba en Tokio y el señor Kinomoto había viajado en la noche a Osaka para participar en un seminario. Así que no era necesario esconderse de nadie, lo que era un verdadero alivio.
Tras desahogarse en los brazos de Sakura y contarle todo lo que había pasado, o lo que recordaba al menos, la amatista se dio una larga ducha. Sus músculos estaban maltratados y necesitaba un momento para ella sola. Necesitaba reflexionar. Estaba francamente asombrada de que la pérdida de su virginidad, momento que recordaba borrosamente, no le afectara tanto. Sí, por supuesto, era una pena que no haya sido en mejores circunstancias, pero no se sentía ni ultrajada ni arrepentida. Era como si no hubiera sido de mayor importancia. Y eso la intrigaba profundamente.
¿Era porque había sido con Eriol? Pues, la verdad, más le preocupaba haber tenido sexo con Eriol que haber tenido sexo en sí. Ese estúpido inglés siempre le producía conflictos y esta situación era extremadamente engorrosa para su psiquis.
Aunque debía ver la ironía de todo esto. Tener relaciones sexuales con Eriol sin ser su novia era un verdadero chiste. En especial cuando ella jamás lo permitió durante su relación oficial.
- No le des vueltas a la comida y come – La regañó Sakura cuando entró a la cocina. Se había terminado de arreglar.
- No tengo mucha hambre – Replicó la amatista.
- Tan sólo has un esfuerzo. Sé que tienes algo de resaca, pero tener tu estómago vacío no es bueno.
Obviamente, Sakura nunca había estado con resaca en su vida. Cuando Tomoyo estaba así, con suerte era capaz de beber agua. Vio a su amiga ir a buscar más pan y unas frutas cuando, de repente, se acordó de algo.
- ¿Por qué no gritaste o te asustaste más al verme en la mañana? – Inquirió la amatista con curiosidad – No es como si eso hubiera sido lo más normal del mundo.
La esmeralda de inmediato detuvo lo que estaba haciendo. Miró a Tomoyo con duda, como si no supiera bien que decir al respecto. O quizás no quería decir nada al respecto. Tomoyo estaba verdaderamente intrigada ante la actitud de su amiga. En su lugar, ella hubiera tenido al menos un mini ataque al corazón.
- Supongo que estoy acostumbrada, creo – Respondió finalmente Sakura, casi en un murmuro.
- ¿Acostumbrada a que entren sin previo aviso a tu pieza?
- Más o menos – Confirmó la chica sonrojándose.
- ¿Shaoran Li entra a tu pieza por las noches? – Exclamó Tomoyo impactada, sacando rápidas conclusiones.
- No es algo que apoye, la verdad. Y tampoco sucede todas las noches – Se defendió Sakura, aunque sin mucha convicción - Escala por el árbol que da a mi ventana y sabe como quitarle el seguro. Lo he regañado varias veces, pero…
- Pero a ti te gusta que venga a visitarte, ¿No? – Terminó de decir la amatista.
Sakura sólo bajó la cabeza, sonrojándose aún más. Tomoyo sonrió por primera vez en lo que iba del día. Debía alabar la audacia de Li. En especial si alguna noche visitó la pieza de Sakura estando Touya en casa. Eso sí que era tener cojones.
La esmeralda terminó de picar una manzana, la puso en una bandeja junto al pan y algo de uva, y después se fue a sentar a la mesa. Ahí, volvió su preocupación respecto a su amiga.
- ¿Estás segura que no quieres que vayamos a buscar las pastilla del día después?
Tomoyo la miró y negó con la cabeza.
- No, usamos preservativo – Contestó la chica - O eso creo. Además, no estoy en mi período fértil.
- Admito que estoy asombrada de que Eriol haya recordado usarlo, pese a la embriagues – Comentó Sakura.
- Bueno, tiene práctica en eso. Si no fuera precavido, ya tendría unos 100 hijos repartidos por todo Tomoeda en estos momentos – Replicó Tomoyo con una falsa sonrisa.
- Tomoyo, ¿Estás segura de que estás bien? – Inquirió ahora la esmeralda más seria – Digo… fue tu primera vez. Yo estaría histérica en tus zapatos.
- ¿La verdad? Eso de la virginidad es algo que está sobreestimado – Argumentó evasiva la chica.
- No es así. Te conozco – Contradijo Sakura - Si no te importara, no te hubieras mantenido virgen incluso durante tu relación con Eriol
- Uno – Comenzó a aclarar Tomoyo - si no me acosté con Eriol antes fue porque no confiaba en él. Y con justa razón. Y dos, ¿De verdad crees que quería perder mi virginidad con el infiel de mi ex novio? ¿En serio crees que quería eso para mí?
Sakura sólo la observó triste.
- Discúlpame. No lo decía para lastimarte – Musitó la chica.
- Lo sé - Repuso la amatista con comprensión - Es sólo que, créeme cuando lo digo, no me afecta el haber tenido sexo, ni en lo más mínimo. A mí igual me asombra, pero es la verdad. Lo que me está matando en estos momentos es que fue con Eriol. De todos los hombres en el mundo, ¿Por qué tenía que ser con él?
- ¿Hubieras preferido que haya sido otro? – Preguntó Sakura.
- Hubiera preferido que no haya sido con nadie – Contestó Tomoyo bajando la mirada.
Sakura sólo guardó silencio.
Lo que quedó del desayuno lo comieron sin más comentarios. Ambas estaban pensativas, aunque Tomoyo no podía descifrar qué es lo que pasaba por la cabeza de su amiga. Cuando ya fueron alrededor de las 8 de la mañana, se prepararon para salir. Tomoyo no llevaba cuadernos ni lápices consigo, pero Sakura le prestó algunos. La amatista no quería ni saber cómo lo estaban haciendo sus demás compañeros y sus amigas en la casa de Nagata. Estaba segura que una buena cantidad de ellos no se iría a presentar a clases ese día.
¿Y Eriol? ¿Qué habría hecho Eriol después de que se fue? ¿Se habría ido a su hogar?
- ¿Sabes? – Dijo de repente Sakura cuando salieron de su casa – Creo que sé que es lo que de verdad está pasando contigo.
Tomoyo sólo levantó una ceja al escuchar eso. ¿En serio Sakura sabía? Porque ni ella misma podía entenderse muy bien en esos instantes.
- Tú no eres alguien calculadora o fría – Prosiguió la esmeralda - Eres sentimental y romántica. Y, aunque te enojes conmigo por decir esto, creo que una parte de ti quería estar con Eriol. Porque ni completamente borracha hubieras permitido que él se metiera bajo tu vestido si no fuera así. Y creo que es eso lo que te está matando. Que pueda haber alguna posibilidad de que aún lo sigas queriendo. En especial porque has luchado por años para superarlo y olvidarlo.
Tomoyo ya se había detenido cuando Sakura dijo lo de 'querías estar con Eriol', por lo que lo demás sólo terminó de paralizarla. Sakura se dio vuelta y la observó, esperando enfrentar el regaño de su amiga. Pero la amatista estaba tan choqueada que no era capaz de decir nada. No tenía palabras.
Y fue en ese instante cuando tuvo su primera memoria vívida de la noche anterior. Eriol la estaba besando y el cuerpo de Tomoyo parecía no poder estar más pegado al de él. Ella quería más.
- Te vas a arrepentir de esto mañana – Le dijo de repente Eriol con una sonrisa burlona.
- No lo haré – Respondió la chica, volviendo a pegar sus labios con los de él.
Pero, oh, sí que se estaba arrepintiendo ahora.
Notas de la autora:
Me llegó un review ayer a 'Parece que le gustas' pidiendo este "one-shot". Honestamente, me han llegado MUCHOS reviews pidiendo esta historia en los últimos años. Sí, sí, lo sé, soy lo peor. Pero es que, como se darán cuenta, no es un one-shot. Es una historia con al menos seis a siete capítulos y mi idea original era terminar la historia y de ahí publicarla. El problema es que nunca la terminé... Llegué hasta la mitad del capítulo 6. Y de ahí comenzaron a pasar los años y la vida y esta historia quedó guardada en alguna carpeta.
Sin embargo, me dije ayer "mejor la publico y, quizás, la inspiración al fin me llega". Así que probaré eso. De todas formas, está historia está casi terminada. Sólo necesito ese último empujoncito que me ayude a llegar a la meta.
Y también creo que debo publicarla porque ¿Cuántas veces he quedado totalmente intrigada por una historia y nunca se terminó? ¿Y puse alerta y jamás llegó nada? Como he estado en sus zapatos, y sé lo horrible que es, creo que debo cumplir.
Sólo espero ahora que no demore 10 años en terminar esta historia.
¡Nos vemos pronto!
Una más vieja y sabia Piwy.
PD: No tienen idea de lo que fue meterse a la página, desempolvar la contraseña, re-recordar como funcionaba todo... ¡Estoy oxidada!
