¡Hola a todo/as!
Wow, creo que hace demasiados años que no me paso por , pero en esta cuarentena me he visto snk y me quedé fascinada ante esta gran obra maestra de los dioses así que necesitaba escribir un bonito fic sobre mi pareja favoritisima (ojalá acabasen juntos aunque no va a suceder T-T). Espero que os guste ^^ creo que serán en total unos 10/12 capítulos si no calculo mal ^^. Es necesario haber visto todos los episodios de anime, si no tal vez pueda contener algún spoiler.
UN AÑO DESPUÉS
Mikasa pasaba perezosamente las páginas de aquel libro que había leído al menos cinco veces en los últimos meses. Desde que se habían instalado en el refugio, era excesivamente complicado encontrar formas de distracción, pero ella lo intentaba. Recordaba que siempre solía disfrutar de un buen libro, y aquel lugar tenía muy pocos ejemplares para una ávida lectora como ella, pero no le importaba, por primera vez en mucho tiempo, tenía demasiadas cosas en las que pensar, así que simplemente deslizaba las páginas fingiendo leer, y esto le proporcionaba la capacidad de mostrar una fachada serena e imperturbable a pesar de sentirse de una forma totalmente opuesta, pero al menos, si alguno de los chicos la encontraba, podría fingir que todo estaba bien en ella aunque no fuese así.
¿Tenía acaso motivos para estar nerviosa? Habían dedicado demasiado esfuerzo en el plan como para que ahora ella lo arruinase por sentimentalismos que luchaban en su pecho por salir. Se encontraban en una situación en la que había demandas demasiado importantes y turbulentas como para que ella no diese lo mejor de sí, tenían que terminar de una vez por todas con la amenaza que suponían los titanes para el pueblo de Elidia, y ellos sabían, o al menos intuían, la forma de conseguirlo. Pero no iba a ser sencillo, estaba lejos de ser sencillo.
Mikasa se tocó inconscientemente la frente, sentía un poco de fiebre, probablemente provocada por la cantidad de pensamientos y conjeturas que no paraban de pasar por su mente ¿Cómo reaccionarían al verla? ¿Se alegrarían? ¿Se enfadarían? ¿Correrían a sus brazos? Ella esperaba desde el fondo de su ser que Armin y Eren comprendiesen porque lo había hecho, porque había fingido ser un cadáver más de entre tantos que desaparecen en la guerra y que nadie terminaba recordando. Ella realmente tenía una razón, una razón muy buena que exigía tal sacrificio, y sabía que al menos Armin terminaría entendiéndolo ¿Pero Eren? Él era demasiado explosivo, y Mikasa no sabía hasta qué punto era capaz de soportar aquello, había pasado por demasiado para llegar a este punto.
Aún podía recordar el día de la batalla contra el titán hembra, como horas antes había tenido una pequeña reunión con Annie, ella era más que consciente de que había sido descubierta, y no parecía en absoluto preocupada por tal hazaña, incluso parecía que ella misma lo había provocado.
—Realmente ya no quiero esto ¿Sabes? —Le había dicho, Mikasa enseguida notó la pequeña vibración en su voz fruto del nerviosismo. Annie jamás se ponía nerviosa, no de esa manera. —He estado esperando este momento toda mi vida ¿Por qué ahora, cuando estoy a punto de ganar, me siento así?
—No sé de qué me estás hablando —Le había contestado, mientras acercaba lentamente la mano hacia las cuchillas, preparada para lo peor.
—No voy a atacarte Mikasa, solo quería hablar contigo —Le confesó. —Realmente has sido una amenaza todo este tiempo, el plan ha estado a punto de estropearse por tu culpa y no podíamos permitir que esta vez fueses un problema para nosotros.
Mikasa no entendía absolutamente nada de aquellas palabras, pero en aquella época, no tenía demasiada paciencia para escuchar palabrerías, asique, con la agilidad digna de una soldado como ella, enseguida acorraló a Annie contra la pared.
—La policía militar está detrás de ti, dispuesta a capturarte —Continuó hablando, indiferente a la situación de desventaja en la que se encontraba. —Filtré unos informes falsos con pruebas en las que te inculpaban directamente a ti de confabular con el enemigo y con los titanes. Al parecer, son demasiado tontos y tienen demasiada rabia acumulada hacia el cuerpo de exploración como para siquiera pensar que podía ser una trampa, estaban deseando algo como esto.
Entonces, unos pasos y gritos empezaron a escucharse en los pasillos, peligrosamente cerca de donde ella estaba.
—¿Vas a dejar que te atrapen? —Finalizó, con una sonrisa triste en la cara, una sonrisa que conmovió ligeramente a Mikasa, pero no tenía tiempo de averiguar el porqué, debía huir, debía hacerlo cuanto antes.
Gracias a sus grandes capacidades, Mikasa fue capaz de esconderse en el bosque, de la forma más sigilosa, esperó pacientemente a que el plan que tenían preparado diese comienzo, aun sabiendo que probablemente Annie iba un paso por delante. Ojalá hubiese podido avisarles, ojalá hubiese sabido como, de haber podido, nada de aquello hubiese sucedido como sucedió ¿Pero podía acaso haberlo conseguido? Cada día, desde aquel momento, se torturaba a sí misma buscando otra manera de haber actuado que les hubiese otorgado la victoria, pero nunca encontraba nada, tal vez estaba escrito en piedra desde el principio.
Mikasa tuvo que esperar, esperar durante las tres horas más tortuosas de su vida, sin saber que estaba pasando, sin saber el estado en el que se encontraban sus seres queridos, y fue entonces que lo escuchó, un grito que le provocó verdaderos escalofríos. Corrió con toda la rapidez que le proporcionaba su equipo de maniobras tridimensionales hacia el lugar del que provenía el sonido, pero no tardó en visualizar la cantidad de titanes que, al igual que ella, habían acudido al llamado. A partir de ahí todo era un caos inconexo en su cerebro, recordaba haber visto a Armin a punto de ser devorado por un titán anormal, y recordaba como ella había salido disparada en su ayuda y como la pérdida de equilibrio al tomarlo en brazos provocó una gran caída, había sido un terrible error de novata que ella no solía cometer. Desde ese momento, el dolor de cabeza tan fuerte que le provocó causó verdaderos estragos en su mente, recordaba la voz alarmada pero aliviada de Armin a su lado, como intentaba sin éxito ayudarle a ponerse en pie. Ese fue el último contacto que tuvo con él, y por ello, Mikasa se esforzaba mucho en recordar los diferentes tonos de su voz, pero con el tiempo, ese recuerdo poco a poco había empezado a borrarse.
Cuando despertó, probablemente horas más tarde, se había dado cuenta de que estaba en movimiento, sobre un caballo, y no tardó en reconocer las figuras de Reiner, el cual la llevaba atada contra él, junto a Bertholdt y Annie, los cuales cabalgaban a su lado. Al principio pensaba que la habían secuestrado, y enumeró múltiples formas de liberarse, intentando no dejarse llevar por la traición y dolor que ardía en su pecho al darse cuenta de cómo los habían engañado durante tanto tiempo. Ella les había entregado toda su confianza y ellos la habían tirado por la borda, pero no era momento para sentimentalismos, una vez más, ella tenía que ser fría y actuar en consecuencia.
—¿Qué haremos cuando se despierte? Ella ni siquiera va a dejar que nos expliquemos —Dijo entonces Reiner, haciendo que Mikasa interrumpiese sus planes por un momento. —Me da exactamente igual que esos apestosos militares le quieran caza Annie, prefiero que ellos le den caza a ella antes de que ella intente cortarme el cuello.
—Ella acabará entendiéndolo —Le contestó. Annie no parecía en absoluto preocupada. —No podía quedarse allí, si no nos la llevábamos, no tendría posibilidades de sobrevivir.
Aun así, Mikasa lo intentó. Luchó con uñas y dientes, clavándoselas una y otra vez a Reiner para escapar de él. Cayó rodando por el suelo, pero Bertholdt estuvo más rápido y la atrapó enseguida, tapándole la boca con la mano.
—Aquí no Mikasa, tenemos que llegar al refugio, ahí te lo explicaremos todo.
Tal vez fue el tono que él utilizó, tan tranquilo y sereno, o sus ojos, los cuales parecían dos esferas sinceras, llenas de verdad, pero Mikasa relajó los brazos y dejó de intentar forcejear con él.
—¿Explicarme como os desharéis de mí, igual que lo hicisteis con Marco? —Ella sabía mejor que nadie como herir con las palabras, o al menos eso pudo leer en la mirada de Bertholdt. Mikasa comenzaba a entenderlo todo, y cuanto más comprendía, más se horrorizaba.
—Si quisiéramos eso ya no estarías aquí, hablando con nosotros —Le aseguró Annie. Ella frunció el ceño, pero decidió no contestar.
Mikasa recordaba que había sido muy terca y les había puesto las cosas realmente difíciles a los tres para completar el camino hacia el refugio, pero aun así lo consiguieron. También recordaba lo difícil que había sido para ella comprender, aceptar y ceder. Su rencor la había dominado durante los primeros meses en aquella especie de mansión antigua abandonada, donde al parecer, ellos habían sobrevivido los primeros meses de su misión, años antes de conocerse.
La primera cosa que entendió, a las pocas semanas, es que jamás podría volver a ver a sus seres queridos, nunca más, no cuando Annie había denigrado su nombre, acusándola de algo que nunca había hecho. La segunda cosa que muy a su pesar comprendió, fue que había demasiadas cosas que ella y sus camaradas no sabían sobre los titanes, pero Reiner, Annie y Bertholdt sí. La información que ellos le contaron consiguió poco a poco abrir las capas que ella se había autoimpuesto, permitiendo que se reuniesen todas las noches y hablasen hasta la madrugada. Fue la tercera cosa, con toda seguridad, la más complicada de aceptar para Mikasa, ella era de naturaleza desconfiada y totalmente obstinada, y no había ninguna cosa que pudiesen hacer o decir para que ella aceptase que ellos se arrepentían de todos sus actos, pero ellos realmente lo hacían, ellos lloraron la muerte de Marco, ellos no podían dormir por las noches debido a las pesadillas y a las mentiras que habían creído durante toda su vida, las mismas mentiras que les llevaron a tirar el muro de Shiganshina hace exactamente 6 años, desembocando la cruel realidad en la que vivían ahora.
Mikasa lanzó un largo y lento suspiro mientras cerraba con pesadez el libro, se había cansado de fingir que leía. Decidió que la mejor idea era reposar la cabeza sobre la mesa y cerrar los ojos, tal vez así se le aclararían las ideas de una buena vez, pero no podía, no existía ninguna manera en la que ella pudiese hacerlo, porque ella se había dedicado durante un año a convencerse de que jamás volvería a ver los ojos brillantes de Eren o a escuchar la risa inocente de Armin, o tal vez, de volver a ver la mirada enigmática del capitán Levi.
Mikasa se reincorporó de inmediato en la silla, maldiciéndose como solía hacer siempre que sus pensamientos sobrepasaban ese límite. Ella no quería pensar en el capitán Levi, ni en sus sesiones de entrenamiento, ni en cómo se compenetraban a la perfección en el campo de batalla, al 98,7% como solía decir Hange. Detestaba recordar lo maravillosamente bien que le hacía sentir cuando luchaban en equipo, cuando juntaban sus brazos para darle impulso al giro en el aire y terminar con la vida de dos titanes a la vez, cuando él le lanzaba una de esas miradas que decían que todo iba a estar bien mientras ejecutaban una actuación perfecta y letal. Todo aquello le dolía demasiado como para admitirlo, y ella sabía que jamás lo haría, pero muy a su pesar, eran sus recuerdos con él los que más atesoraba, y los que más rememoraba una y otra vez en su cabeza.
Recordaba a la perfección la frase exacta que había iniciado todo aquello, la frase que comenzó aquel camino sin retorno. Era verano, y se encontraban como cada miércoles en una de sus sesiones rutinarias de entrenamiento en un campo especial que Hange había habilitado para potenciar sus cualidades. Estaban luchando con las cuchillas, perfeccionando la agilidad de ella, cuando, sin querer, rasgó con una de ellas la camiseta blanca que el capitán llevaba aquel día. Su primera reacción, por supuesto, fue detener de inmediato la pelea y ofrecerle sus disculpas, ella le respetaba, al fin y al cabo, y no quería en absoluto su enfado a pesar de las pequeñas diferencias que habían tenido al principio.
—No seas tonta, solo es ropa —Había dicho, mientras se quitaba con rapidez la camiseta rota, ahora inservible. Fue entonces, cuando el capitán Levi se quedó con el torso al descubierto, que Mikasa notó que estaba muy en forma a pesar de su estatura, y un leve sonrojo apareció tímidamente en sus mejillas.
Ella bajó la vista y cogió de nuevo sus cuchillas, pero Levi, por desgracia, era demasiado perceptivo, así que fue consciente enseguida del motivo por el cual ella se sonrojaba.
—¿Nunca has visto un hombre sin camiseta o que? —Le había dicho entonces, mientras se reía levemente. —Eres una mocosa inexperta, eso es todo.
Esa maldita frase seguía persiguiendo a Mikasa incluso a día de hoy, sentada en aquella biblioteca en ruinas y muy lejos de él, seguía provocándole demasiado malestar. Y aunque en aquel momento ella no sabía el porqué, ahora comprendía que el hecho de remarcar esa realidad en voz alta había dejado muy claro cuán separados estaban el uno del otro, como ella nunca podría ser objeto de deseo o amor para él, porque ella era más joven, había vivido menos, y la consideraba una mocosa inexperta. Aquello simplemente despertaba su furia.
Aquella Mikasa del pasado tampoco sabía que su primer beso había sido provocado por esa maldita frase, pero ahora lo sabía muy bien. Solo habían pasado dos semanas de aquel fatídico encuentro cuando le asignaron la tarea de cepillar y dar de comer a los caballos junto a Jean, solían cambiar cada semana sus tareas, así que aquella simple casualidad no fue para Mikasa realmente el problema, el rompecabezas empezó a formarse por aquella simple acción de Jean.
—Mikasa, últimamente te esfuerzas demasiado —Le había dicho, mientras peinaba distraídamente la crin de uno de los caballos —. Entrenas con nosotros y después con el capitán Levi, y todo ello sin descansar de tus tareas diarias, creo seriamente que deberías tomar un descanso.
—Realmente tampoco tenemos muchas distracciones —Le había contestado, esbozando una leve sonrisa. La biblioteca del castillo no tenía demasiados ejemplares para su gusto.
—Podrías tener todas las distracciones del mundo —Respondió él, casi sin ser consciente de lo que estaba diciendo. Aquello provocó un enorme sonrojo que le cubrió toda la cara en cuestión de segundos. —No, es decir...
—No te preocupes —Mikasa había entendido el punto de su compañero, y aunque se lo agradecía, ella sabía que no era del todo así, no cuando eres una mocosa inexperta. —No sé mucho sobre esos temas realmente.
Pero el rubor de Jean no disminuyó a pesar de las palabras tranquilizadoras de Mikasa, él decidió avanzar un par de pasos hacia ella.
—Yo tampoco, pero no creo que sea un problema ni algo de lo que debamos avergonzarnos —Aseguró, parecía haber recuperado un poco su compostura normal. —Cualquier hombre te consideraría la mejor distracción Mikasa.
Esta vez fue la joven pelinegra la que sintió un leve ardor recorrer sus mejillas. Apretó levemente los labios y desvió la mirada. Nada la había preparado realmente para aquel momento, estaba segura de que nunca tendría la oportunidad de algo así, y su primera intención fue frenar del todo cualquier cosa que Jean quisiera intentar con ella ¿Pero por qué iba a hacerlo? ¿No se merecía ella algo así? ¿Alguien que la mirase como él la miraba? Por un instante vino a su mente el torso desnudo del capitán Levi, pero se negó en rotundo a dejar que ese enano irrumpiera sus pensamientos en un momento como este. Alzó la vista y se encontró con el rostro de Jean a escasos centímetros de ella. Mikasa pensó que realmente él era un joven atractivo, sabía que alguna recluta novata había intentado sin éxito acercarse a él, pero Jean siempre la miraba a ella.
Entonces, con un movimiento muy sencillo, ella avanzó los escasos centímetros que quedaban entre ellos y lo besó tímidamente. Fue un beso bonito, incluso tierno en cierta manera, ninguno de los dos se excedió demasiado, simplemente disfrutaron del contacto suave de los labios del otro durante unos preciados segundos. Cuando se separaron, Mikasa no pudo evitar sonreír, la primera sonrisa sincera que había mostrado en mucho tiempo, y Jean la recompensó con una sonrisa el triple de grande que provocó una pequeña chispita de emoción en su pecho.
Jean podría haber sido el compañero de vida perfecto, era atento, amable en su justa medida, sabía tomar decisiones en el momento correcto y nunca menospreciaba sus habilidades. Podrían haberlo sido todo para el otro, y Mikasa sabía que tal vez, en otra vida, aquello podría funcionar, pero ahora solo podía recordar aquel gesto con vergüenza, porque sabía que había besado a Jean por despecho, por inexperiencia, porque ella realmente quería probar los labios de otra persona.
Tal vez las circunstancias y el destino la empujaron a aquello, tal vez también estaba escrito en piedra desde el principio, igual que su muerte fingida, igual que la aparición de Levi en el establo dos días después, al mismo tiempo que Jean, tímidamente, rozaba sus labios de nuevo, anticipando el beso que con toda seguridad se hubiesen dado si el capitán no hubiese interrumpido.
—Veo que hace un buen día para desatender vuestras obligaciones y comportaros como niños con las hormonas revolucionadas —Mikasa recordaba a la perfección como aquella voz fría se había colado en su cabeza mientras tenía la guardia baja, el escalofrío que la recorrió en aquel entonces no tenía nada de satisfactorio.
—Capitán… —Jean se había apartado rápidamente, manteniendo una distancia prudente. —Casi habíamos terminado, lo siento mucho.
—¿Llamas terminado a esto? —Dijo con desprecio, dirigiendo su mirada hacia las enredadas crines del caballo que se situaba más cerca de él. —Mas os vale terminar esto cuanto antes si no queréis recibir un castigo.
—Ahora mismo señor —Jean casi corrió hacia el caballo al que estaba cambiandole el agua antes de caer en la tentación de los labios de Mikasa.
—Y sin distracciones —Les recordó, lanzándole una mirada indescifrable a Mikasa, la cual había permanecido estática todo el tiempo, incapaz de mediar palabra. Levantó la vista e hizo frente a su mirada, a simple vista, seguía mostrando la misma expresión estoica y desanimada que de costumbre, parecía sumamente aburrido con la situación que se había encontrado, y aun así, no dejaba de mirarla.
Cuando el capitán finalmente desapareció en la penumbra, Mikasa decidió continuar con sus tareas mientras Jean le pedía perdón de todas las formas posibles, pero ella ya no le hacía realmente caso, todo en lo que podía pensar era en la cara que había puesto Levi al pillarlos infraganti, y en vez de avergonzarse, se sentía en parte orgullosa. Le había demostrado que no era tan inexperta como él se creía, que ya no era una jovencita detrás de su hermano adoptivo el cual no le hacía ningún caso, ahora había alguien que si la quería, al fín podía sentirse correspondida.
Cuando terminaron sus tareas, se dieron un pequeño beso de despedida, robandole una pequeña sonrisa. Jean le pidió aquella noche una cita en el lago en su día libre, y ella naturalmente aceptó, aunque aquella cita jamás llegó a suceder, había cosas que no estaban destinadas a suceder.
Mikasa decidió finalmente levantarse de aquel incómodo sillón, el único que había que todavía se podía utilizar de aquella biblioteca ruinosa, y salió de allí para dirigirse a su habitación. Después de todo, era primordial descansar y prepararse para lo que se avecinaba a partir de mañana, y ello requería de toda su estabilidad y capacidad mental para abordarlo. Decidió meterse en la cama directamente y taparse con la única manta de la que disponía, a pesar de ser solo una, era bastante gruesa y la había ayudado a soportar el invierno, así que estaba agradecida. La subió hasta la nariz y la olfateó mientras en su estómago se formaba una sensación nostálgica, en el fondo sabía que iba a echar de menos aquel lugar en el que tan infeliz había sido, porque a pesar de todo había encontrado la manera de equilibrar la tristeza y encontrar una forma de liberarse, aprender sobre sí misma y sus sentimientos, y sus sentimientos habían sido demasiado turbulentos e inestables como para comprenderlos, pero ella lo había conseguido y se sentía orgullosa de ello.
Finalmente cerró los ojos, y permitió que un último recuerdo se filtrase en su mente para ayudarle a dormir. Mikasa consideraba que, probablemente, ese era uno de los recuerdos más felices, y aquello le agradaba casi tanto como le perturbaba, por que no debería importarle tanto, pero le importaba.
Era miércoles de nuevo, y ella se había dirigido como todos los días después del desayuno hacia la zona de entrenamiento especial que Hange había diseñado para ellos. Mentiría si dijese que no estaba nerviosa, pero sabía bien que no podía dejar que esos nervios se externalizasen, sí lo hacían, Levi volvería a reírse de ella y a llamarla mocosa inexperta. No volvería a permitir que eso sucediese.
Mikasa estaba tan concentrada en fingir indiferencia que no notó como su capitán se había acercado por detrás sigilosamente, aprovechando su distracción, le hizo una llave con toda la rapidez que le caracterizaba, tumbandola al suelo.
—No bajes nunca la guardia Ackerman, nunca sabes cuando puede estar cerca el enemigo —Le dijo. Mikasa fue capaz de notar cierta furia en su voz, un matiz más alto que de costumbre. —Por otra parte tampoco me sorprende, si te distraes con tanta facilidad útilmente.
Mikasa ignoró su comentario y utilizó toda su fuerza para zafarse del agarre. Ella no se iba a dar por vencida tan fácilmente, y menos cuando el capitán estaba de mal humor. Alzó su pierna y decidió atacarle por la izquierda, pero él fue más rápido, sujetándola con su mano y ejerciendo fuerza hacia abajo, volviendo a tirarla al suelo.
—¿Qué acabo de decir? —Insistió. —Ni siquiera eres capaz de tomar el control
—Hoy está demasiado exigente Capitán —Replicó Mikasa, mientras utilizaba todas sus fuerzas para intentar levantarse, pero él no se lo permitía, aún no. —Más que de costumbre, quiero decir.
—Es mi deber incrementar la dificultad si veo que mi subordinada no presta atención como es debido, tal vez pueda deberse a que no la he estado entrenando convenientemente —Respondió. Esta vez sí fue del todo consciente de su ira contenida.
—Lamento lo del otro día, pero eso no tiene nada que ver con que yo no cumpla con mi trabajo —Mikasa no iba a permitir que la utilizase como foco de desahogo solo porque por algún motivo no estaba teniendo un buen día. —De todas formas, no era algo tan fuera de lo común, aunque usted crea que solo soy una mocosa inexperta.
Entonces el se rio abiertamente, cosa tan inusual como irritante, y el cabreo de Mikasa incrementó.
—No me hagas reir Ackermann, un par de besos con un mocoso tan inepto como tu no cambia nada.
Mikasa apretó con fuerza hacia arriba, desestabilizando durante un segundo a Levi, lo suficiente para tomar la iniciativa. Le propinó un puñetazo que el capitán casi es incapaz de esquivar, pero lo logró en el último momento.
—No tiene ni idea de cuántos besos han sido capitán —Replicó ella. Notaba como la furia se incrementaba por sus extremidades hasta consumirla, ni siquiera le importaba guardarle el respeto debido a su posición.
Corrió hacia él con todas sus fuerzas, dispuesta a demostrarle todo su potencial. Mikasa pensaba ganar esa pelea fuese como fuese, pero Levi tenía otros planes. Tomó sus hombros con ambas manos y la frenó. La sorpresa la hizo parar su ataque ¿Qué demonios pretendía ahora? Se había quedado allí, tan quieto, mirándola como si estuviese analizando en su cabeza millones de opciones mientras Mikasa deseaba gritarle para que despertase de una vez, y entonces lo hizo.
El capitán Levi la besó con firmeza, casi estampando sus labios contra los de la joven asiática, pero no fue doloroso, ni molesto, ni siquiera desagradable, fue realmente suave, delicado y perfecto. Mikasa no sintió el deseo de apartarse, ni siquiera su capacidad de razonar parecía funcionar correctamente, tal vez se debía a esa sensación agradable y a la vez peligrosa de deseo que se instaló en su estómago y que no desapareció desde aquel momento. Soltó un leve suspiro que Levi decidió aprovechar, adentrándose en su boca, juntando sus lenguas, acariciando sus labios. Se sentía incapaz de tener siquiera un pensamiento coherente en aquel punto, y entonces, temblorosamente, rodeó su cuello y se apretó contra él, pero Levi tembló ante su tacto y la apartó rápidamente.
—Esto es un beso de verdad, Ackerman —Susurró, apartándose de ella ante tal intimo contacto. Levi parecía tener muy claros los límites y Mikasa se había dejado llevar demasiado, por lo que no supo qué contestar. En ese momento, Levi parecía avergonzado. —Dejemos la clase aquí por hoy.
Mikasa recordaba que se fue demasiado rápido, sin darle tiempo siquiera a despedirse. En aquel momento, ella pensó que huía porque recaía en él la responsabilidad de lo que acababa de suceder, pero ahora, sabía que probablemente él huía avergonzado por haber besado a su subordinada dejándose llevar por la situación y se arrepentía de ello. Aquello le provocaba pinchazos en el pecho y la entristecía, pero cuanto antes aceptase la realidad, antes dejaría de fantasear cada noche con volver a probar sus labios, sobretodo cuando estaba apunto de volver a verlo.
Mikasa cerró los ojos con fuerza y apretó la cara contra la almohada para apartar todos los pensamientos sobre el que era su capitán. Tenía que ser fuerte y alejar las ideas de niña encaprichada, había algo más serio y mucho más importante que lo que Levi pensase sobre ella, pero cuando finalmente Mikasa consiguió dormir y relajar sus músculos, no fueron los titanes, ni los numerosas técnicas de lucha que había aprendido, ni su agilidad con las cuchillas lo que calmó su mente y sus nervios, si no la misma mirada enigmática que la visitaba todas las noches.
