«Izuku soñaba con ser el héroe que arreglase un rostro alicaído, dibujara en éste una gran sonrisa y dijera que todo estaría bien. Ahora, sin embargo, recuerda que quería algo más.»


Tres meses después del último capítulo, aproximadamente. 15 de julio.


Después de reencontrarse en la UA, Izuku comenzó a frecuentar salir con sus amigos. A Tenko le causaba un poco de recelo el que se tratara de las mismas personas que una vez le hicieron daño directa o indirectamente, pero no le prestaba mucha atención a ese primer instinto. Desde aquella celebración que le hicieron los Midoriya por su "aniversario", Shimura decidió llevar un balance entre sus impulsos y su cordura. Izuku estaría bien, ya no era el niño frágil e indeciso que conoció, así que le daría el beneficio de la duda. Le daría su primer voto de confianza.

De todas formas, no era como si pudiera hacer algo al respecto; no iba a armar un jodido drama o morderse las uñas de la preocupación, como solía hacer Inko cada vez que se repetía este evento. Otra cosa que cambió en los últimos meses fue la apertura paulatina del albino respecto a sus memorias. Al inicio le costó mucho adaptarse, las emociones que acompañaban cada imagen mental eran intensas, casi como si las viviera por primera vez.

Poco a poco llegaban nuevos recuerdos, no solo negativos, sino también de experiencias agradables que despertaban una sensación de anhelo mezclado con desolación. Se sentía como revivir el pasado y al mismo tiempo saber que eran situaciones lejanas que no volverían. Aun así, el mero hecho de tener recuerdos cronológicos lo hacía sentir diferente. Lo hacía parecer alguien con una historia que contar, como el resto del mundo.

Si bien ahora dominaba ese primer impulso de alejarse, ese rechazo natural hacia el sentido común por instinto de conservación, todavía le quedaba mucho que aprender. Por ejemplo: aún no comprendía la razón de que Inko se pusiera tan nerviosa respecto a Izuku. Vaya que conocía sobre el poder del miedo, pero ¿a qué se suponía que le temía la mujer, exactamente? Era estúpido estar tan paranoica por una salida, su hijo ya no tenía diez años. Lo peor era su patética forma de disimular.

"Tenko, ¿te gustaría ayudarme?"

Le temblaban las manos al hablar, pero la mujer le sonrió. Tenko sabía que había cosas en su propia personalidad que no eran perfectas y debía mejorar, pero su intuición no era una de ellas. No había manera en la que cambiara su impresión sobre Inko mientras ella siguiese actuando igual.

"Deja de hacer eso"

"No creo que sea buena idea. Izuku llegará en unas horas y debo tener listo todo antes de..."

"Basta, sabes a qué me refiero"

Shimura apretó los puños alrededor de sus propios brazos, intentando no enloquecer. Llevaban más de un año viviendo en la misma casa, pero no parecían haber entendido en lo más mínimo la forma de ser del otro. A los ojos de Shimura, la madre de Izuku era incluso más densa que él. Hasta ahora, el muchacho pecoso había sido la única razón por la que Tenko se tragaba sus comentarios mordaces, pero ahora él había salido.

"No estoy segura de si lo sé. De cualquier modo, no estoy mintiendo: en verdad debo darme prisa o Izuku se dará cuenta."

"Él no necesita nada de esto, si es falso"

"¡Eso no es cierto! Realmente quiero hacer algo por él. Quiero hacerlo feliz."

"¿De verdad crees que una estúpida celebración, igual a la que seguramente le haces cada año, es lo que necesita?"

"Yo… No sé qué más podría hacer por él. Ni siquiera sé si aún espera algo de mí."

"Joder, para la ola de autocompasión, es asquerosa. Con razón Izuku era tan dramático cuando nos conocimos; eres mucho peor que él."

Inko miró al adolescente con una expresión conmocionada, como si Tenko acabara de tocar un punto sensible. Shimura guardó silencio y se dedicó a observar las transiciones emocionales en los gestos de Midoriya; entre el océano de inestabilidad, descubrió un ancla fija, un sentimiento constante. Dolor. La mujer giró el rostro, evitando el contacto visual, y Shimura continuó:

"Eres mucho más sumisa que Izuku cuando lo enfrenté después de clases. Todavía lo recuerdo: le grité que algo estaba mal con él, que era demasiado denso y me tenía harto. Tuvo un ataque de pánico, ¿lo sabes? No, claro que no; tú nunca te enteras de nada. Además, no fue nada parecido a lo que has presenciado: esa vez le temblaban las piernas, cerró los ojos y lloró. Se congeló en la espera de un puñetazo que yo no iba a darle. Supongo que los viejos hábitos tardan en morir; debía hacer eso cada vez que Katsuki…"

"¡Suficiente!"

Bingo. De la misma manera que Izuku aquel segundo día en la UA, Inko explotó. Fue más complicado averiguar su punto débil que con su hijo, pero, siendo su madre, no debía diferir demasiado: a ambos los dominaba el dolor cuando se trataba de alguien querido, ya fuera este último el sujeto paciente o el agente causal de dicha pena. En el fondo, muy pero muy profundo, Inko también tenía el instinto de atacar; como un animal domesticado, pero herido. Tomura sonrió.

"Sé que no he sido la madre que Izuku necesita, pero no tienes derecho a hablar a la ligera sobre ese asunto."

"¿'Ese asunto'? ¿Así lo vas a llamar?"

"Sí, Tenko. Es algo que solo nos incumbe a mí e Izuku."

"¿Y me lo dices tú, que nunca te involucraste?"

Otro golpe directo. La mujer de cabellos verdes volvió a componer la misma mirada de hacía un instante, solo que esta vez, ninguno volvió a hablar. Shimura aceptó la tregua por la única razón de ser un día importante para Izuku, pero en otra ocasión, estando ausente el pecoso, habría destrozado a Inko con nada más que palabras. Giró para retirarse de la sala y, cuando estaba por cruzar el pasillo que conducía a su habitación, la voz de su única acompañante lo detuvo.

"¿Qué sugieres que haga?"

"¿Para qué me preguntas? Si luego dirás que no tengo derecho a meterme. "Ese asunto" es de familia, después de todo."

"Te incumbe. Eres parte de ella."

Hace un tiempo, al conocer a Izuku, Shimura pensó que la única persona capaz de provocarle náuseas y hacerle notar los latidos de su propio corazón sería él. Ahora, sin embargo, Inko provocó lo segundo ahogándolo en su océano de inestabilidad y prestándole su única ancla. Antes de darse cuenta, había movido una mano hacia el centro de su pecho; fue un reflejo ante el dolor. Se sintió extraño, pero familiar. Dejó salir una leve carcajada.

"Estás bromeando, qué sorpresa. Pensé que no tenías sentido del humor. Sabes que no te veo como a una tía."

"Lo sé, yo tampoco puedo hacerme a la idea de que eres como mi sobrino. No me estaba refiriendo a esa clase de vínculo, perdí el interés por la sangre desde que el padre de Izuku nos dejó."

Tenko dio media vuelta en un solo movimiento y observó el semblante de Inko. Lucía extremadamente insegura y débil, pero no había sonrisas. Parecía tentada a desviar los ojos, pero no lo hizo: vio directamente a Shimura incluso cuando éste la escudriñó, inmodesto. Al albino le dieron ganas de vomitar.

"Está bien si no confías en mí ahora, pero, en realidad, te entiendo. Si su padre volviera, también me costaría creerle y no sé si lo conseguiría. Ni Izuku ni yo podríamos llamar familia' a alguien que nunca estuvo cuando lo necesitamos."

"Le dijiste que se fue al extranjero, ¿verdad?"

"Fue lo único que se me ocurrió"

"Es lo único que se le ocurre a todo el mundo. Disfrazan las cosas, mienten, fingen que nada está mal. Mi padre nunca hizo eso, ¿sabes? Él siempre me dijo la verdad. Cuando tenía diez, me dijo que tanto la abuela como mi tía lo habían dejado por otros. Como sea, no era necesario que usaras los mismos métodos que él, pero la vida de Izuku habría sido menos miserable si no le hubieras mentido, si le hubieses explicado lo que incluso las personas más cercanas a ti son capaces de hacer. Izuku tuvo que descubrirlo solo, creyendo que debía soportar la mierda de quienes consideraba sus amigos."

La mujer tragó saliva de tal manera que hasta a Tenko le resultó doloroso. Se notaba que hacía un enorme esfuerzo por continuar sin ahogarse con sus propias palabras.

"Lo dices por Katsuki, ¿cierto?"

"Por fin hablamos en el mismo idioma"

Inko llegó a su límite. Estrujó el borde de su blusa con los dedos y apretó los labios. Un par de lágrimas se asomaron al borde de sus ojos, pero no salieron.

"Izuku nunca me lo dijo, pero lo sabía. He pensado mucho en eso, era imposible que no me diera cuenta, ¿verdad? Demoré bastante en encajar las piezas, pero ¿por qué otra razón Izuku llegaría cabizbajo las pocas veces que estuve en casa para recibirlo? ¿Por qué se encerraría en el cuarto a leer montones de historietas y hablar solo todo el día, a veces sin comer? Y aun sabiéndolo, no hice nada. Soy una tonta, ¿no es así?"

Finalmente cayeron las lágrimas. Inko ocultó la cara entre sus manos, entonces, Shigaraki se exasperó. Dio apenas un par de pasos para cortar la distancia, tomó las muñecas de Midoriya, las hizo a un lado y golpeó cada mejilla de la mujer con sus propias palmas con la fuerza suficiente para distraerla de su llanto y enfocar su atención en él.

"Me gustaría tener el tiempo para ver cuánto puedes llorar en un día, pero no lo tengo, ni tú tampoco. Estabas por festejar el cumpleaños de tu hijo, ¿recuerdas?"

"Pero…"

"Sí, eres una tonta y lo has sido siempre, ¿y qué? ¿No me dijiste hace unos meses que hablaste con el malnacido de tu medio hermano para que no incitara a hacer locuras a tu hijo, que ya de por sí era idealista, denso y estúpido? ¿Qué sigue ahora?"

Perdió por un momento el control de su paciencia, del volumen de su voz y de las palabras que eligió usar, sin embargo, una chispa de frenesí se encendió en su sistema. Lo logró: como si fuera magia, Inko dejó de llorar, separó considerablemente los párpados y se concentró. Tomura había conseguido que la madre del locuaz diccionario se callara.

"Bueno, desde antes que Izuku te trajera a la casa, le había escrito algo, mas no me atreví a dárselo. Supongo que fue porque tenía la esperanza de estarme equivocando, de que él no hubiera pasado por lo que sospeché en aquel entonces, pero veo que yo también me volví muy idealista para engañarme y no tener que afrontar mi error."

"¿Vas a dársela ahora? Eso tiene más de un año."

Inko dibujó una ínfima sonrisa y Tenko pensó que al menos eso estaba mejor que sus lamentos sin fin y las resplandecientes sonrisas falsas. De todas formas, aún no conseguía mantener el contacto visual ni con una persona considerablemente menor que ella, lo que hizo a Shimura preguntarse qué demonios le había pasado como para que su voluntad estuviera aún más rota que la de su hijo.

"Sí, se la daré. Aunque tienes razón: es algo muy viejo y yo he cambiado de idea. Ahora pienso distinto de aquel entonces."

Tomura levantó una ceja sin creer del todo las palabras de la mujer. Él no veía mucha diferencia entre cómo era ella hace un año respecto a ahora, en realidad. Por un momento, Inko miró su ceja levantada con curiosidad; le recordó a Izuku.

"Me gustaría hablar con mi hijo y que tú estés allí"

Nuevamente, Inko lo sorprendió. ¿Por qué Tenko tendría que estar allí? No solo eran asuntos familiares, sino entre madre e hijo. Él no quería meterse más en eso.

"Paso"

"Por favor. Has hecho a Izuku cambiar, quizás las cosas salgan bien si permaneces a su lado. Contigo, él parece más seguro: tal vez por fin pueda contarme lo que vivió todo este tiempo."

Quería responder que no insistiera, pero Tenko no pudo evitar sentirse extraño: la mamá de Izuku acababa de decirle que él era importante para su hijo. Que, de alguna forma, le daba valor. Se sintió como si estuviera cerrando un gran negocio: si él aceptaba la propuesta de la mujer, ella le ofrecería un lugar importante en su familia. Uno en el que era necesitado por alguien para algo más que un plan; Tenko se convertiría en la pieza faltante en la vida de Izuku. Sería apreciado, valioso y correspondido.

"No voy a leer tus cartas"

Las pupilas de Inko se iluminaron; Tenko vio en ellas esperanza.

"¡No es necesario! Prometo que no te causaré más problemas."

Shimura no dijo nada más, simplemente retomó su camino hacia su habitación compartida y, unos minutos más tarde, volvió a la sala, ayudó a limpiar un poco y preguntó a Inko qué quedaba por hacer. Ella le dijo que lo único que necesitaba era ir a su habitación a buscar la dichosa carta, en cuanto el pastel quedara listo, por supuesto.

Mientras tanto, Tenko se sentó en una de las sillas del comedor, el cual Inko ya había preparado para el festejo, y se dedicó a jugar con su consola. Antes de que la mujer regresara, el muchacho pecoso entró por la puerta principal. Por instinto, Tenko miró de reojo hacia donde quedaba la habitación de la mujer, pero ella no daba indicios de haber terminado con su búsqueda, por lo que el pastel tampoco estaba del todo listo para que Izuku lo viera.

"¡Mamá, ya volví! Perdona que no te avisara antes, el tiempo se me fue y creí que ya no tenía sentido llamarte si podía darme prisa en llegar."

El pecoso caminó hacia la cocina al no obtener respuesta de su madre. Tenko resopló; Inko le debía un favor más.

"No está allí, si es lo que quieres averiguar"

Izuku detuvo su andar y lo miró fijamente por un instante, pero pronto volvió en sí, lo saludó con un movimiento de su mano y una modesta sonrisa, y recordó a quién estaba buscando, por lo que preguntó:

"¿Está en casa?"

"Sí, fue a su cuarto a revisar unas cosas"

"¿Cosas?"

Tenko devolvió su atención a la pantalla de la consola esperando que el muchacho de cabellos verdes comprendiera el mensaje y no hiciera más preguntas, pero, como siempre, Izuku era un investigador nato, así que no tardó mucho en decidir ir a la habitación de Inko.

"¿Cómo te fue?"

Al mismo tiempo en que Izuku detuvo sus pasos a mitad de la sala y casi se rompía el cuello al voltear en su dirección, Tenko clavó sus ojos en la mesa enfrente suyo, intentando reprimir las ganas de correr al baño y vomitar. Inko tendrían que subir la apuesta de lo que le ofrecería a Shimura en su siguiente negociación.

"¡Estuvo increíble! Hace tiempo no me divertía tanto, supongo que porque nunca tuve muchos amigos a la vez, pero hoy los chicos me organizaron una fiesta llena de gente y ruido y…"

¿Por qué no mejor me explotan los oídos? Pensó Shimura, a punto de azotar su frente contra la mesa. Al menos había logrado su objetivo de distraer a Izuku; eso hasta que su madre entró a la estancia con un arrebato de locuacidad que bien podría superar el suyo.

"¡Izuku! Qué sorpresa, ya estás aquí, creía que ibas a demorar un poco más, pudiste haberme llamado… ¿No fuiste a buscarme en la cocina, ¿verdad?"

"No, pero estaba por hacerlo. ¿Por qué?"

"Oh, no es nada. Yo…"

"Ella tiene algo qué decirte"

Tenko podría haberse rasgado la cara por pura frustración. ¿Por qué carajo la mujer lo veía con el mismo desconcierto que su amigo? Si acababa de hablar con ella del asunto hacía menos de dos horas.

"Tenko tiene razón, yo quería cambiar la dinámica de cada año, hijo. Está vez, quiero preguntarte algo antes que nada."

"¿Y qué es, mamá?"

"Yo… quiero preguntarte si confías en mí"

"Claro que sí, eres mi madre"

"Si es así, entonces… ¿quieres sentarte y contar lo que ha pasado con Katsuki desde que lo conociste?"

Tenko vio cómo Izuku se puso rígido y trató de disimular. Hizo lo que su madre le dijo, tomó asiento e intentó relajarse.

"Claro, aunque no sé qué es exactamente lo que quieres que te diga ni por qué quieres hablar de él ahora"

"¿Él estuvo en la fiesta?"

"¿Sí? Bueno, él llegó muy temprano y se fue antes que los demás, como acostumbra. ¿Esto tiene algo qué ver?"

"¿Te insultó o algo parecido?"

"¿Qué? No, claro que no. Apenas me dirigió la palabra."

El muchacho de cabellos níveos notó a Inko más tranquila luego de la última respuesta de Izuku, pero en sus iris aún había un destello de desconfianza. Ahí entendió lo que estaba mal con ella; se parecía bastante al mismo Tomura.

"No le crees"

"Tenko…"

"Si quieres que él te diga la verdad, sé directa. No confías en tu hijo."

"¡Eso no es…!"

"Claro que es cierto, por eso estabas tan malditamente paranoica. Conoces muy bien a tu hijo y, a la vez, no sabes nada: temías que fuera una especie de trampa, que Katsuki o alguien más pudiera jugarle una broma de mal gusto o que siguieran tratándolo como a un tonto e Izuku no marcara límites. Sabes que tu hijo no confía en ti ni tú en él; él no te diría si tiene un problema, al igual que no te lo dijo antes. Por eso te preocupas y lo asfixias tanto."

Por eso él era igual. Se preocupaba mucho por los otros, a veces demasiado. Cuando lo conocí, parecía un bicho raro insistiendo en meterse en asuntos ajenos. Era fastidioso.

"¡Basta, Tenko! Yo confío en mi mamá."

"¡Entonces, cuéntale! Dile que te molían a golpes en secundaria y que no fue solo Katsuki, sino que también peleaste con Todoroki y discutiste con Iida; que te distanciaste de Uraraka y que incluso tu madre te hizo sentir como mierda porque tu estúpido tío fue el único que creyó que podías entrar a la UA. Ella no creyó en ti, ¿seguro que tú confías en ella?"

La postura de ambos Midoriya se volvió tensa, ahora todos estaban de pie. Aunque fue el albino quien acababa de hablar, madre e hijo no lo veían a él, sino entre ellos dos, uno al otro. Probablemente era la forma más cruda en que alguien les había dicho la verdad. Tenko suspiró.

"Dale la carta si quieres que confíe en ti"

Shimura volvió a sentarse y le sostuvo la mirada a Inko, quien al comienzo no hizo otra cosa que observarlo en espera de que dijese algo más. Tal vez pensó que el muchacho de ojos carmín de pronto se reiría y declarara que estaba jugando, que no iba en serio y se echase la culpa por incomodar, como acostumbraban a hacer los Midoriya cuando no soportaban la presión del ambiente. Pero Shigaraki era distinto: la opinión ajena respecto a su persona lo tenía sin cuidado.

Inko suspiró, resignada al comprender que Tomura no cedería, e hizo lo que él le había indicado: sacó el sobre escondido debajo de su suéter y se lo extendió a Izuku, explicando que lo había escrito hacía un tiempo y pidiéndole que lo leyera antes de responder cualquier cosa. El pecoso abrió el sobre y leyó, ligeramente sorprendido, la carta.


Izuku:

Como madre, no he hecho un buen trabajo contigo, ¿cierto? Te molestaban cuando tenías 8 y nunca me enteré. De hecho, aún no tengo la certeza, pero tu actitud me lo decía.

Estuve esperando a que un día me lo dijeras, tal vez ese fue mi error. Sabía que no ibas a quejarte, eres tan buen hijo. Soy demasiado joven y frágil para ti, ¿no?

No he sabido actuar correctamente, estoy demasiado temerosa para acercarme a hablar contigo y darte un consejo; ¿cómo es que las palabras de apoyo siempre me las brindas tú?

Hago todo lo que puedo, pero nunca parece bastar, nunca parezco estar a la altura de lo que debe ser una madre.

Desde la secundaria, siempre pareces solitario, y estoy segura de que así es como te sientes incluso ahora. Izuku… ¿Cómo te hago entender que no necesitas cargar con el mundo tú solo?

Eres lo que más quiero en este mundo. ¿Cómo puedo ser una buena madre para ti? ¿Cómo puedo protegerte sin estorbar, sin que me odies?

No quiero que crezcas y te alejes de mí, y sin embargo… quiero que crezcas. Quiero que seas feliz mientras haces amigos y persigues tus sueños. Pero entiende, hijo: no puedes desquebrajarte así, no puedes regalarte siempre a los demás…

¡Quiérete un poco!

Mírame a mí, Izuku; mira todas estas arrugas y las ojeras de agotamiento bajo mis párpados. Mira los kilos de más por abandono. Cuídate a ti mismo, no eres invencible. Eres humano.

No tienes más obligaciones con el resto del mundo que contigo, eres igual de valioso que los demás. No te castigues, no te odies a ti mismo; no termines como yo.

Izuku, no fui la mejor madre, ni persona, ni mujer. Conozco mis carencias, y es por ello que voy a ser firme ahora. Voy a protegerte, porque nunca te pude enseñar a hacerlo por ti mismo.

En el proceso, puede que también aprendas a odiarme, pero está bien. Tal vez así tomes el coraje que nunca te di para levantar la voz. Voy a ser la madre que no quisieras, pero que necesitas tener.

Te amo, Izuku.

Atte: Inko


El pecoso tardó un rato en procesar lo que acababa de leer. Sus ojos viajaban a través de la hoja, sin rumbo; subían y bajaban como si tuviesen que mirar las letras una vez tras otra para creer lo que allí vieron escrito. Tenko hizo una cuenta regresiva, esperando el momento en que las lágrimas cayeran, pero al llegar al número uno, éstas no fueron precisamente lo que Izuku dejó escapar.

"¿Por qué, mamá? ¿Por qué me das esto ahora?"

Su voz se oía ahogada, contenida y, si las otras personas presentes en la sala no conocieran bien al muchacho de ojos verdes, podrían decir que, incluso, calmada. La mano derecha de Izuku arrugando el papel, no concordaba con eso último, sin embargo.

"¡¿Por qué no me la diste en ese entonces, cuando más lo necesitaba?!

"Hijo, yo…"

"¡Todo este tiempo creí que no sabías nada! Pensé que debía simplemente resignarme y callar, ser un buen hijo y no preocuparte. Yo… ¡quise contarte tantas cosas!, pero no estabas en casa o estabas ocupada, y porque te amaba, jamás se me ocurrió dudar de ti.

» Creí que yo estaba mal al desear tenerte más tiempo conmigo mientras tú lo dabas todo en el trabajo para mantenerme. Creí que eras una excelente mamá porque nunca tuvimos problemas económicos ni escándalos o cosas por el estilo, como Uraraka o Todoroki.

» Pensaba que ir a casa de Katsuki todos los días era un pequeño inconveniente, pero incluso lo empecé a disfrutar: solo tenía que reír cuando él me golpeaba y decía que era una broma cada vez que intentaba delatarlo con su madre. Solo tenía que dejar de ser un llorón quejándose por todo. Creí de verdad que todo estaba bien, ni siquiera necesitaba un padre, ¡solo te necesitaba a ti!

» Traté de ignorar que, aparte de llevarme la comida, dejaste de buscarme cuando me encerraba en mi cuarto, que ya nunca hablábamos de la escuela, que a cada rato preguntabas cómo me iba en casa de Katsuki, pero seguías llevándome aunque él no te cayera bien.

» Quise entenderte porque no creo que hacer lo que haces tú sea fácil, pero… ¿por qué todo estaba yendo cuesta abajo? ¿Por qué me costaba tanto hacer amigos, hablar sin ponerme nervioso y ser como los demás? Decidí atribuírmelo todo y no dar más vueltas, quizá Katsuki tenía razón: yo solo era patético e inútil.

» Yo… hice todo esto pensando en ti. Nunca me quejé para no darte problemas. Pero después llegó Tenko y me dijo que lo estaba haciendo mal, que era patético por actuar como actuaba y no por naturaleza. Me dijo que me enfocara en mí, pero yo no sabía cómo hacer eso.

» ¿Recuerdas, mamá? Luego de que mi padre se fuera, me volví demasiado activo y tú ya no podías seguime el juego. Solo quería jugar a los héroes, así que en lugar de rescatarme, eras tú quien se escondía. El héroe tiene que buscar y ver por el resto, así que ¿cómo podría poner excusas y escudarme en los demás? Eso es totalmente antiheróico.

» Yo quería ser como tú, mamá. Cómo tú y el tío Toshinori. Quería destrozarme el alma si era necesario para proteger a quienes quiero, quería luchar por poner una sonrisa alegre en los otros. Y ahora no solo Tenko, sino tú también me dices que no debo, que está mal y que lo has sabido desde mucho antes de escribir esta carta.

» ¿Para qué rayos me la das? ¿De qué me sirve ahora? Si me dejaste crecer equivocado. Todo lo que me esforcé en construir, en hacer por ti… estaba equivocado. ¿Qué sentido tuvo permitir que me pasaran todas esas cosas? Si tú nunca estuviste de acuerdo.

» Tenías que haberme dicho que no querías que fuera como tú. Ahora, ya me di cuenta de cómo son las cosas, pero no fuiste tú quien me lo dijo. Incluso si no me crees, si no confías en mí, yo estaré bien, mamá: ya no necesito que me protejas."

La voz de Izuku se deshizo como cuando lloraba, pero en en esta ocasión, solamente había gritado, y mucho. Tenko nunca lo había visto tan molesto, e intuía que Inko tampoco, a juzgar por su rostro incrédulo. Hasta Shimura estaba impresionado: no esperaba que la ira acumulada de su amigo fuera tan grande ni que explora tan pronto.

Cuando la mujer por fin reaccionó, Izuku ya se había tranquilizado lo suficiente como para escucharla. Ella compuso un gesto que, a consideración de Shimura, estaba fuera de lugar: tenía el entrecejo apretado, como si en vez de que la tristeza relajase sus facciones hasta hacerla llorar, se hubiera contagiado del enojo de Izuku.

"Es verdad, ya no necesitas mi protección. Me di cuenta casi desde que escribí esa carta; lamento no habértela entregado antes."

Bueno, bueno, Tenko estaba francamente interesado ahora. Ninguno de los Midoriya reaccionó llorando, como él esperaba, sino que se habían enojado, de entre todas las cosas. A pesar de que Inko mencionó de forma textual que lo lamentaba, era la única ocasión en que a Shimura no le pareció así: la mujer dijo aquello con tal firmeza, que daba la impresión de haber comprendido que no arreglaría nada con lamentarse. De cualquier manera, ella no se veía molesta con su hijo, entonces, ¿con quién lo estaba? ¿Con Tenko?

"Tienes razón, hijo. También me enfadaría si mi propia familia me hiciera tropezar, ¿sabes? Hasta ahora, no creo haber sido una madre para ti del todo, por eso creo que lo mejor sería hacer lo contrario de lo que tenía en mente cuando te escribí: no voy a presionarte."

Tanto Izuku como Tenko parecieron olvidar sus emociones por un instante para prestar total atención a lo que Inko iba a decir, puesto que no habían comprendido hacia dónde irían las cosas. Ella sonrío de forma leve y absurda, pero sincera.

"No trataré de recuperar el tiempo perdido, no sería justo para ti. La mayor parte de tus logros los forjaste sin mi ayuda, así que no moldearé tu vida a mi voluntad solo porque me compartiste una parte de tu sentir. De cualquier modo, incluso si es tarde, no imaginas lo aliviada que me deja conocerte de verdad. También he notado tu crecimiento y estoy orgullosa, Izuku; no te impediré cruzar la puerta que tú mismo abriste. Pondré mi fe en ti, porque ya no eres un niño y porque te amo."

Pese a que Inko hablaba en serio y dejó la falsedad de lado, Tenko se dio cuenta de que lo único que sostenía a la mujer en pie, era la rabia. Lo vio en su cara inexpresiva para lo que solía ser normalmente, en su voz neutral y en los puños que permanecieron ciñéndose sobre sí mismos hasta decir aquello último. Por fin se portaba como un adulto con capacidad de autocontrol, decisión y acción.

"¿Lo dices en serio?"

"Por supuesto, Izuku. Siempre te he amado…"

"¡No, hablo de lo otro! Dijiste que estás orgullosa de mí y que..."

Mejor tarde que nunca, pensó Tenko sin ocultar su sonrisa al ver a su amigo aferrarse a su madre en un abrazo. Los Midoriya eran dramáticos por defecto; no alcanzaba a ver, pero apostaba a que ya estaban llorando. Se levantó de su lugar rumbo a la cocina: Inko le había preparado un postre a su gusto. Tenko no dejaría que se desperdiciara, como lo haría seguramente el pastel de cumpleaños, pues era obvio que madre e hijo tenían aún cuentas por saldar.

En su viaje a la cocina, no supo si se había dicho algo más en la sala, pero no necesitaba quedarse allí a averiguarlo: su trabajo estaba hecho. En realidad, hizo más de lo que le tocaba, pero no iba a admitir que eso correría por su cuenta como un favor personal. Un regalo de cumpleaños.

Le costó mucho aceptarlo, pero Izuku se convirtió en el ser más valioso e importante para él; Tenko lo quería feliz. Para eso, Midoriya debía reconciliarse con la única persona capaz de cumplir su sueño a plenitud.

«Mamá, en ese momento, lo único que quería que dijeras… las palabras que quería escuchar...»

"Creo en ti, hijo. Tú puedes conseguir lo que te propongas: lo has mostrado muchas veces."