Nota: Antes de que acabe el año, voy a meter la nariz en una historia que bosquejé (y abandoné) hace mucho. Para el pasado San Valentín armamos una convocatoria de fics y fanarts en la página Slam Dunk Yaoi en fb (aprovecho de avisar que dicha página fue cerrada -auch- y ahora tenemos un grupo llamado El Rincón Yaoi de Slam Dunk). Quería escribir algo de Mitchy y Ru porque son la ship que más me gusta, pero el asunto terminó alargándose y al final hice otra cosa más cortita con el mismo prompt. Eeen fin, no quería perder la idea así que hoy decidí sacarle el polvo y ordenarla. Tengo la escena final lista así que no debería irme a hiatus, jaja.

Si han visto El día de la boda notarán la obvia inspiración en esa película. Por otro lado, Dermot Mulroney es uno de mis amores de adolescencia, igual que Mitchy(?).

Disclaimer: Slam Dunk y sus personajes son obra del genio talentoso Takehiko Inoue. Esto es un AU donde mi cerebro decidió envolver a Mitsui y Rukawa en un interés amoroso mutuo porque sigo pensando que se ven bien juntos y necesito echar a volar mis ideas homo inexistentes en el canon. Los errores y horrores de narración y OoC existentes son todos míos y me disculpo por ellos, ¡gracias por leer! :)


Prólogo

Febrero se viste de blanco en Tokio.

Akio Fujioka, heredero de la revista ZASU, y su prometida Hiromi Hayashi han decidido celebrar su boda este 14 de febrero en el reconocido hotel Aiaigasa, el centro de eventos más cotizado para San Valentín.

El evento, de carácter privado, constará con un total de doscientos invitados, incluyendo gran parte del cuerpo de trabajo de la revista y otras figuras destacadas del medio. Las fuentes informan que el hotel ha sido reservado por tres días consecutivos, siendo este último el día en que finalmente la pareja de el sí frente al altar.

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Kaede Rukawa, veintiocho años. Columnista estrella de la sección de deportes de ZASU, la revista número 1 de Tokio. Lleva una vida tranquila con un trabajo estable en el que destaca y disfruta. Comparte departamento con un gato negro llamado Roma; cocinero aficionado, jugador de básquetbol los fines de semana y una acotada vida social. Soltero, sin relaciones estables desde hace dos años.

Ahora mismo se encuentra en la encrucijada de su vida: presentar una excusa creíble que lo desligue de la obligación de presentarse a la boda de su jefe —excusa que posiblemente lo lleve al despido— o encontrar, sabe dios cómo, un acompañante que finja ser su pareja durante esos tres días infernales.

Definitivamente, San Valentín es una fecha asquerosa.

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Capítulo I

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La lluvia arreció y Rukawa maldijo por lo bajo, obligado a dar media vuelta e interrumpir su carrera nocturna debido al mal clima. Mientras sus tenis golpeaban los charcos, su mente no dejaba de pensar que había hecho algo realmente estúpido. Muy, muy estúpido. Algo que ni siquiera el idiota de su amigo pelirrojo hubiera hecho: contratar un falso Valentín en una página de acompañantes de internet.

Las razones eran aun más estúpidas. En primer lugar, no quería perder su bien remunerado trabajo por no asistir al "evento del año", y seguido a eso no quería que el bastardo arrogante de su ex novio tuviera el descaro de decirle «te lo dije» al verlo solo. Puede que en esos dos años desde su abrupto rompimiento él no hubiese conseguido mantener una relación estable, pero Akira Sendoh no tenía por qué enterarse.

Prefería morder sus zapatos antes de darle esa satisfacción.

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La pantalla del celular se oscureció y el reflejo devolvió una mirada cansada. Rukawa frunció el ceño, y el pensamiento de que la expresión se le quedaría permanentemente grabada pasó por su cabeza antes de desbloquearlo. El diseño atractivo de la página de citas le dio la bienvenida, con un eslogan que atraía e intimidaba a partes iguales «Compañía para todos los gustos. Discreta y profesional». Era exactamente lo que necesitaba, pero el hecho de contratar los servicios de un desconocido a través de internet no dejaba de tener un resabio de mal gusto, casi como si visitara un prostíbulo.

Resopló, repasando mentalmente sus razones por enésima vez; si no lo hacía, podía ir despidiéndose de su trabajo y —lo que era aún peor— tendría que tragarse una humillante derrota ante la persona que menos quería: Akira Sendoh, su ex pareja. Armándose de valor tecleó los últimos datos necesarios para crearse una cuenta en el sitio.

Al instante se abrió un formulario que le pedía ingresar las preferencias buscadas. Se detuvo a pensar unos segundos, realmente no había considerado esa parte. Él solo necesitaba un tipo que se hiciera pasar por su pareja, no importaba cómo se veía. Pero ahora que lo pensaba, no estaba de más escoger a alguien que fuera realmente acorde a sus gustos y hobbies. Eso evitaría que la situación fuese aun más incómoda.

Hombre. Entre veintiséis y treinta y tres años. Fuera de Tokio. Conocimientos de deportes. Facilidad de comunicación y buen desenvolvimiento social. Persona discreta y profesional.

Agregó lo último como una obviedad, solo para estar más seguro. Miró su formulario por segunda vez, inseguro de si estaba correcto o no, luego lo envió. Al minuto, la página respondió con un mensaje personalizado dándole la bienvenida y anexando una lista con los posibles candidatos que cabían dentro de sus requerimientos. Alrededor de una veintena de perfiles aparecieron en pantalla, todos diseminados entre los estados adyacentes. Jamás en la vida habría cometido el error de buscar a alguien dentro de la misma ciudad.

Comenzó a revisar los perfiles antes de que decidiera retractarse.

Había tipos que practicaban kárate, fútbol, tenis, varios atletas y cinco que hablaban de básquet. Decidió filtrar estos de inmediato, al menos con ellos habría un tema en común. El primero era casi un niñato, aunque su ficha mostraba veintiséis. Lo estudió con ojo crítico. Era atractivo, pero se veía demasiado joven. No quería dar una impresión errónea llevando a alguien como él a la maldita fiesta. Pasó al segundo, también de veintiséis: un chico de cabello ondulado con una brillante sonrisa que se le hizo demasiado bonito para su gusto. Además, apenas alcanzaba el metro setenta…negó con la cabeza, pensando en la obvia diferencia de altura, y siguió mirando. El tercer candidato tenía su edad; alto y delgado, con lindas pestañas oscuras en un rostro agradable. Jugador de básquet en la secundaria. Era alguien a quien inevitablemente catalogaría como lindo, quizás un poco demasiado suave para su gusto personal, otra vez, pero era la mejor opción hasta ahora. Lo archivó mentalmente antes de pasar al siguiente.

El cuarto candidato tenía veintinueve, y la primera fotografía demostró que no era como los tres anteriores. Bonito o lindo no eran los primeros calificativos que él utilizaría al verlo, atractivo e interesante podría ser. Oriundo de Kanagawa, más o menos de su misma altura, cabello oscuro y ojos azules —otro punto en común, mentalizó—, una sonrisa confiada adornaba su cara, unida a una cicatriz visible en la barbilla. Desplegó las otras tres fotografías restantes para estudiarlo con atención: traje de vestir, ropa casual y la última solo con pantalones cortos, dejando a la vista un cuerpo atlético levemente bronceado. Parecía de esas personas que se desenvuelven con facilidad en medio de una fiesta social, algo que él mismo no podía, pero era justo lo que buscaba; y esa cicatriz en su barbilla era algo que llamaba la atención de una manera correcta. Definitivamente era alguien a quien él miraría más de una vez. Una parte de su cerebro se preguntó qué hacía un tipo como él en una página de acompañantes, no parecía encajar con los perfiles vistos hasta el momento, pero desechó la pregunta dado a su nulo conocimiento sobre el tema. Dándole una última mirada, cerró su perfil para revisar el último candidato antes de tomar una decisión.

El quinto personaje era un hombre de treinta y dos. Moreno, con el cabello amarrado en una coleta y un cuerpo de musculatura desarrollada. Le dio la impresión de estar mirando un sugar daddy. Lo desechó de inmediato, inseguro de congeniar con una persona así.

Su decisión estaba lista. Volvió al cuarto perfil, pinchando el botón de mensajería interna.

Veinte minutos más tarde y un sinfín de maldiciones y arrepentimientos de por medio, Kaede Rukawa tenía un nuevo correo. Su elección había aceptado. Lo conocería en una semana.

Dejó el móvil sobre la cama y miró a través de la ventana, fijando su vista en el horizonte brumoso más allá del cristal. Se estaba arrepintiendo casi en el mismo instante, pero no había vuelta atrás.

Él tenía que poder con eso.

Inhaló aire con fuerza antes de levantarse del colchón. Necesitaba con urgencia salir a correr.