Disclaimer: Los historia original de Ranma ½ , sus personajes y sus derechos pertenecen a la grandiosa Rumiko Takahashi, quien nunca nos complació con un beso real entre nuestros protagonistas, por lo que todos nos hemos visto obligados a hacer catarsis y canalizar nuestros deseos frustrados a través de estas historias. No pretendo hacerme millonaria ni lucrar de esto, simplemente entretener a los lectores y homenajear a la gran —aunque cruel— Rumiko.


A la derecha
Capítulo 1:
"Insinuación"

Akane se despertó aquella mañana con la sensación de que aquel sería un buen día. Había tenido una noche de sueño ininterrumpido y se sentía radiante. Salió a trotar, como solía hacer casi todas las mañanas, y disfrutó de un cielo azul espléndido y de una temperatura muy agradable. Al volver a casa, tomó una refrescante ducha y se deleitó con uno de los deliciosos desayunos que preparaba Yuka, su compañera de piso y una de sus mejores amigas.

De camino a la oficina, no tuvo problemas con el tráfico. El ascensor la estaba esperando en la planta baja cuando llegó, y al sentarse frente a su ordenador portátil, comprobó que solo tenía dos correos sin leer, ambos con buenas noticias. Sonrió. Sí, definitivamente aquel sería un maravilloso miércoles.

Solía ser una de las primeras personas en llegar a la oficina, pues le gustaba empezar a trabajar temprano y aprovechar su habitual energía matutina. Ryoga llegó tiempo después con un vaso de café y una sonrisa en el rostro. Su escritorio estaba frente al de Akane, así que la saludó y le preguntó cómo estaba. Poco a poco fue llegando el resto de sus compañeros, hasta que el departamento de Brand estuvo lleno.

Cerca de las diez de la mañana, Sayuri, del equipo digital, se acercó al escritorio de Ryoga y se sentó sobre él.

—¿Sabes si ya global envió el toolkit de…?

Sayuri interrumpió la pregunta de Ryoga haciéndole un gesto con la mano.

—¿Lo tienes en tu bandeja de entrada? —Le preguntó mirándolo con una ceja alzada. Cuando él negó con la cabeza, Sayuri volvió a hablar—. Entonces es porque no me lo han enviado aún. No vengo a hablar de trabajo, vengo porque creo que ya tengo la solución al problemita de Akane.

En ese momento, Akane alzó el rostro y se fijó en que sus dos amigos compartían una mirada cómplice. No le hizo falta ni siquiera preguntar a qué se refería, puesto a que solo había discutido un único «problemita» con ellos recientemente.

—Si tu solución incluye algo con baterías —comentó Akane bajando la voz e inclinándose hacia adelante para estar más cerca de ellos—, te informo que ya lo intenté y pues, no es igual.

Ryoga se cubrió el rostro e intentó aguantarse la risa. Sayuri se rió en voz baja y negó con la cabeza.

—Gracias por la información. Pero no, no te preocupes, no hablo de eso. Aunque la solución sí tiene que ver con tecnología. ¿Me dejas tu móvil?

Akane la miró con una ceja alzada y le entregó su teléfono ya desbloqueado. Sayuri pareció estar buscando algo. Cuando terminó, le extendió el móvil. Estaba en la App Store, específicamente en la página de una conocida aplicación de citas.

—¿Tinder?

Sayuri asintió con la cabeza y Ryoga pareció estar de acuerdo.

—Claro. Nos dijiste que sentías que te hacía falta sexo, pero que no…

—No dije eso —comentó Akane bajando la voz, mientras sentía que toda la sangre de cuerpo se acumulaba en su rostro—, dije que quería sexo porque hacía tiempo no lo tenía, no que me hacía falta.

Sayuri rodó los ojos y bufó. Se bajó del escritorio de Ryoga y caminó hasta el de Shizuka, la compañera que se sentaba junto a Akane y que ese día no había asistido porque estaba incapacitada.

—Si quieres tenerlo porque hace tiempo no lo tienes, es porque lo necesitas. ¡Y eso no tiene nada de malo! —Se apresuró a explicar—. El caso es que no es tu estilo ir de discoteca en discoteca para conocer hombres y tener un revolcón de una noche, así que se me ocurre que la mejor opción es Tinder. —Volvió a agarrar el móvil de Akane y descargó la aplicación—. ¿Estás conectada al Wi-Fi? Espero que los de IT no se den cuenta de esto.

—¿Por qué crees que Tinder funcione? —Inquirió Akane curiosa, sin quitarle la mirada a su amiga.

—Porque no tienes que salir de tu casa para ver todas las opciones disponibles. Puedes evaluar su físico, la información de su perfil, elegir qué tan cerca de ti quieres que estén. Y si haces match, pues simplemente hablas con ellos antes de concretar una cita. Si todo va bien, te encuentras con alguno. Puedes quedar para tomar un café, ir a comer, lo que sea… no tienes que quedar para tener sexo de una vez. —Explicó Sayuri—. Y, si en la cita todo sale bien y el tipo resulta ser decente y te gusta, entonces te acuestas con él.

Akane suspiró y asintió con la cabeza, sabiendo que la idea no era mala y que Sayuri solía tener razón en este tipo de temas. Ryoga, que normalmente era precavido y cuidadoso, no hizo ningún comentario al respecto.

Lo cierto es que a pesar de tener una vida bastante completa y llena en la mayoría de sus aspectos, Akane era consciente de que su vida amorosa/sexual había quedado en segundo plano a raíz de todo el tiempo y energía que le dedicaba a su trabajo. Trabajaba en adidas, en el departamento de Brand, por lo que muchas veces tenía proyectos o eventos a los que debía dedicar horas después del trabajo o durante los fines de semana. A ella no le molestaba porque amaba su trabajo, en especial porque le encantaba la empresa y todo lo relacionado a los deportes, lo que la hacía disfrutar doblemente de lo que hacía. Pero a su exnovio, Shinnosuke, sí que le había molestado. Y se lo reprochaba constantemente.

Akane le había dejado hacía poco más de un año, y aunque después de él se había acostado varias veces con dos personas diferentes, lo cierto es que las experiencias no habían sido nada del otro mundo. Y ya habían pasado varios meses desde la última.

Y su trabajo, a pesar de que le gustaba y podía ser divertido, demandaba mucha energía y en ocasiones se tornaba estresante. Salir con sus amigos, compartir con su familia y hacer ejercicio eran cosas que la ayudaban a relajarse y desestresarse, pero definitivamente, ninguna se comparaba con una buena sesión de sexo apasionado.

Un viernes en la tarde hacía un par de semanas, luego de la semana más larga y estresante que había vivido en meses, Akane salió con Sayuri y Ryoga a tomar unas cervezas. Después de la tercera, aprovechó la confianza que tenía con sus amigos y les confesó que se moría de ganas de tener sexo, pero que no tenía con quien. No por falta de pretendientes, sino por falta de alguien que de verdad le gustara.

—Está bien. —Dijo Akane—. Voy a hacerme un perfil.

Ryoga y Sayuri se miraron emocionados. El castaño se puso de pie y se sentó en el escritorio de Akane.

—¡Perfecto! Ahora solo tenemos que elegir buenas fotos que hagan suspirar a todos los hombres que vean tu perfil. —Comentó con interés y cogió el móvil de Akane.

Su amigo tenía buen ojo para ese tipo de cosas, así que lo dejó elegir las fotografías que consideraba más adecuadas para el perfil. Luego de diez minutos en los que él y Sayuri conversaban animadamente sobre cuáles fotos mostraban de mejor manera los atributos de Akane, Ryoga le devolvió el móvil.

—Ahora solo tienes que escribir una breve descripción y estarás lista para el ataque.

El ataque. Akane no pudo evitar reírse. Pensó durante varios segundos y luego escribió cuatro frases breves sobre sí misma. Luego se dispuso a ver las tres fotos que sus amigos habían elegido. En una de ellas incluso aparecía el mismo Ryoga. Sonrió. Le gustaron las fotos y se sintió satisfecha, así que activó su cuenta. Revisó su calendario y se fijó en que la llamada que tenía programada con las agencias de digital y comunicación, y a la que también asistiría Sayuri, no sería sino hasta dentro de diez minutos, así que aprovechó para comenzar a evaluar a los candidatos.

Había algunos tipos interesantes y bien parecidos, y otros que parecían sacados de una película de Tim Burton, pero ninguno que verdaderamente le quitara el aliento. El tiempo se le pasó volando y prácticamente tuvo que salir corriendo a la sala de reuniones para la llamada en conferencia. Marcó el número y pocos segundos después se conectaron las dos agencias. La llamada se fue desarrollando de forma aburrida y sin demasiadas preguntas dirigidas a la parte de comunicación, que era la que dirigía Akane, por lo que aprovechó para sacar su teléfono y continuar viendo perfiles. Fue entonces cuando uno en particular llamó su atención, pues resaltaba entre todos los que había visto.

Ranma, 27. Amante de los deportes, las actividades al aire libre y la buena comida. Dog person.

Al igual que Akane, Ranma tenía tres fotos en su perfil de Tinder. En la primera, un pelinegro vestido con ropa deportiva aparecía en cuclillas junto un perro labrador de color marrón, en lo que parecía ser una caminata por un sendero montañoso. Más que sonreír, parecía estar riendo, lo que le dio a Akane la impresión de que tal vez la foto no había sido posada, en especial porque no miraba a la cámara; sus ojos estaban puestos en el perro con la lengua afuera. Tenía el pelo revuelto y abundante, y lo que a Akane le parecieron unas cejas espectaculares. Los pantalones cortos de hacer ejercicio que tenía puestos dejaban ver unas piernas muy trabajadas, al igual que la camiseta mostraba unos brazos fuertes y un torso atlético.

En la segunda foto sí miraba a la cámara: vestía el jersey de visitante de la Selección de Japón, de color blanco. Estaba posando con los brazos cruzados de espaldas a la cancha. Como el sol le daba en la cara, Akane pudo ver que tenía los ojos azules. Esta vez, esbozaba una sonrisa sin mostrar los dientes, lo que le daba cierto aspecto arrogante pero muy sexy.

Y en la última, aparecía en un dojo haciendo lo que parecía ser una patada de kung fu. Los músculos de sus brazos podían apreciarse todavía más. Y a pesar de que estuviera utilizando una camiseta de tirantes, era evidente que tenía un pecho y unos abdominales deliciosos.

No tuvo que pensárselo dos veces ni siquiera. Deslizó a la derecha con la certeza de que no dejaría pasar la oportunidad de conocer —entre otras cosas— a ese espectacular pelinegro.


La vista de la ciudad era una de las cosas que más le gustaba de las oficinas de Kyo's, al punto de olvidarse de las casi inexistentes ganas de trabajar debido al cansancio y a las pocas horas de sueño que tenía aquel día. Pero era nada más llegar a las oficinas administrativas de la franquicia, ubicadas en un segundo piso, y sentirse en completa paz consigo mismo. Las oficinas estaban ubicadas en una zona alta de la ciudad, por lo que a pesar de estar solo en un segundo piso, podía disfrutar de una bonita vista.

Aquella mañana, había sido el último en llegar, aunque eso jamás representaba un problema para él en su trabajo. Probablemente se debía a una mezcla de varios elementos: el primero era su relación con Ukyo Kuonji, la propietaria de Kyo's, quien además era su mejor amiga; el segundo, el ambiente distendido y moderno del cual disfrutaban Ranma y sus compañeros. Ukyo era muy exigente con todos, pero no tenía problemas con que la gente llegara un poco después de la hora o se fuera más temprano, ya que comprendía que todos tenían una vida y que además se esforzaban muchísimo por hacer el mejor trabajo posible. No en vano Kyo's era la franquicia de comida rápida con mayor éxito y crecimiento de los últimos dos años.

Ranma saludó a todos y se dirigió a su puesto. Encendió el ordenador y fue hasta la cocina para servirse una taza de café. No solía tomarlo casi nunca, pero esa mañana era casi una necesidad. Al volver a su puesto, vio que tenía varios correos sin leer. Revisó su lista de pendientes y comprobó que la mayoría debían ser resueltos ese mismo día. Bufó. Aquella sería una jornada larga.

—Déjame adivinar.

La voz de Ryu lo hizo separar el rostro de su pantalla y mirarlo. Estaba recostado en el umbral de la puerta de su oficina. Ranma miró la hora en su ordenador. Llevaba ya media hora trabajando sin detenerse. Había respondido los correos y estaba confirmando que el nuevo proveedor de vegetales hubiera recibido el pedido a tiempo y fuera a tenerlo listo para la semana que viene, cuando iniciaba su contrato.

—Esa cara de trasnoche, tu hora de llegada y esa taza de café son porque tuviste éxito con una chica de Tinder.

Ranma no pudo evitar sonreír ante el comentario de su amigo, algo que Ryu interpretó como la antesala de una historia interesante. Se sentó en una de las dos sillas que Ranma tenía frente a su escritorio y lo miró con las cejas alzadas, esperando la explicación.

—Qué va, Ryu, hasta ahora no ha habido nada de nada. —Le explicó mientras revisaba el documento de Excel que le habían enviado—. Sabes que no es tan sencillo.

Ryu frunció el ceño—. Que yo sepa para ti no ha sido complicado, o al menos antes no. ¿Pero seguro que no tuviste acción anoche? Tienes unas ojeras terribles, hermano.

Ranma volvió a reírse. ¿Tan mal se veía?

—La única acción que he tenido últimamente ha sido con mi mano. —Comentó Ranma tras terminar de rellenar unas celdas la hoja de cálculo—. Y no es que sea complicado, pero sabes que cuando es para algo más serio, no es tan fácil y toma más tiempo.

Ranma nunca se había considerado un mujeriego ni tampoco un casanova empedernido. De hecho, había tenido un par de relaciones largas y estables en las que había sido feliz. También había disfrutado de su soltería, saliendo con algunas chicas y disfrutando de la compañía esporádica de otras, pero nada demasiado excesivo. Pero últimamente había estado pensando en que le gustaría sentar cabeza y volver a tener una relación seria con alguien. Sí que le había gustado picar en algunas flores de vez en cuando, pero lo cierto es que prefería las emociones y momentos de una relación estable.

Él ya había usado Tinder en el pasado, por lo que decidió reactivar su cuenta, actualizar sus fotos y empezar su búsqueda a través de aquella aplicación. No estaba desesperado ni tenía prisa; si se daba, estaría contento y agradecido; si no, simplemente continuaría con su vida hasta conocer a la indicada.

Ryu Kumon, que estaba a cargo de la parte financiera y comercial de Kyo's, era, junto a Ranma, la mano derecha de Ukyo. La cocinera y él se habían conocido en la universidad y habían congeniado muy pronto. Tiempo después, Ukyo le presentó a Ranma y también se hicieron amigos.

Él estaba al tanto de que Ranma se había cansado de los juegos y de las relaciones esporádicas. Por eso, cuando el pelinegro decidió volver a bajar Tinder, Ryu pensó que aquello era un error.

—Después de todo, muy poca gente entra a Tinder pensando a futuro.

Ranma le había dicho que tenía aquello muy claro, y que no pensaba en interrogar a cada mujer con la que hiciera match para ver si era la candidata perfecta. Simplemente, le parecía un buen lugar para empezar y conocer mujeres.

—Quién sabe —le había dicho a Ryu—, tal vez alguna chica que no haya entrado buscando un novio termine enamorada de mí.

Hasta ahora, había salido con un par de chicas. Una de ellas le había dejado muy claro en la segunda salida que, aunque Ranma le gustaba, no estaba interesada en algo a largo plazo, al menos no algo serio; en realidad, estaba buscando un amigo con derechos estable, alguien a quien llamar de vez en cuando para acostarse juntos, pero nada más. La otra chica sí que buscaba algo serio, pero iba demasiado rápido, y Ranma había aprendido que de aquello nunca salía nada bueno.

A la hora de comer, Ranma sacó su móvil y continuó con la búsqueda en Tinder. Ese día no había demasiados perfiles que le interesaran. De hecho, iba a darse por vencido cuando aparecieron ante él dos ojos marrones que lo hicieron olvidar sus intenciones de cerrar la aplicación. Aquellos ojitos cafés tan cautivadores iban acompañados de unos labios bastante atractivos, pintados de un color oscuro que Ranma no supo cómo se llamaba, pero le pareció una mezcla entre morado y rojo. Antes de continuar viendo las fotos, Ranma se fijó en la información de perfil de esa chica que le había parecido tan guapa: Akane, 27. Deportista de corazón. Artista marcial frustrada. Lectora empedernida. Cocinera nefasta.

No pudo evitar sonreír ante aquella descripción tan creativa y original. Le llamó la atención lo de artista marcial frustrada, le gustó lo de deportista de corazón, y le causó gracia lo de mala cocinera. Akane tenía el pelo oscuro y a la altura de los hombros. Era liso, pero con algunas ondas en las puntas, lo que probablemente indicaba que ella misma se las hacía para darle volumen a su pelo. En la primera foto, tenía los ojos delineados de negro (algo que Ranma adoraba) y estaba vestida del mismo color.

En la segunda foto, se le veía el pelo más largo; llevaba una cola de caballo que la hacía ver sexy, pero al mismo tiempo elegante, algo que siempre había llamado la atención de Ranma; las coletas eran peinados que podían ir de lo más informal a lo más elegante. Jamás había entendido cómo hacían las mujeres para conseguir eso. Pero lo cierto es que Akane se veía muy bien ya fuera con el pelo suelto o amarrado. En esa foto tenía puesta una sudadera adidas Originals de color verde y estaba sentada en en una mesa de picnic que Ranma reconoció de inmediato; era parte de un patio de comidas al aire libre en el que había varios food trucks. Tenía el codo sobre la mesa y el rostro apoyado en su mano mientras mostraba una sonrisa muy cálida y cercana, sin enseñar los dientes.

La tercera foto terminó por quitarle el aliento. Akane posaba en la playa junto a un chico musculoso que tenía un pañuelo amarillo en la cabeza. Ambos tenían los brazos alzados como si estuvieran mostrando sus bíceps, pero era evidente que solo posaban para la foto de forma divertida. Él tenía un bañador amarillo y una camiseta negra sin mangas. Akane tenía una camisa de botones sin mangas color azul pálido completamente abierta, debajo de la cual podía verse un bañador con un estampado azul. A pesar de que la camisa de botones que tenía puesta la tapaba parcialmente, era evidente que la chica tenía un cuerpo de muerte. Había muchas partes del cuerpo femenino que enloquecían a Ranma, pero siempre había tenido una debilidad por las piernas. Las de Akane eran largas y estaban completamente tonificadas. Se preguntó si serían tan suaves como se veían y, sin poder evitarlo, se imaginó rodeado por ellas.

Contento con lo que había visto en las fotos y con la información de perfil de Akane, Ranma deslizó a la derecha. En la pantalla apareció el conocido It's a match! acompañado de su foto y de la de Akane, lo que significaba que ella le había dado me gusta a su perfil, así que ahora podía escribirle un mensaje privado. Su cuerpo casi vibró de emoción mientras se sentía absolutamente halagado de que esa belleza le hubiera dado me gusta.

Aprovechó el momento para escribirle un mensaje y, tras enviarlo, rogó a los cielos porque Akane de verdad estuviera en Tinder con intenciones de conocer gente y salir. Ranma había aprendido que había personas —usualmente mujeres— que entraban a Tinder simplemente por diversión y para alimentar su ego. Acumulaban matches, pero no le escribían a nadie ni tampoco respondían ningún mensaje. Esperaba que éste no fuera el caso. Él ya había hecho lo propio, ahora solo quedaba esperar la respuesta de aquella preciosa chica.


Al salir de la oficina, Akane fue al supermercado a comprar varias cosas que hacían falta en casa. Estando allí, le escribió a Yuka para preguntarle si quería o necesitaba alguna cosa en particular, pero su amiga le indicó que no le hacía falta nada. Akane no tardó demasiado haciendo la compra, por lo que pronto estuvo en su apartamento. Al llegar dejó desempacó las bolsas y guardó todo lo que había comprado. Luego se dirigió a su habitación para desvestirse y darse una larga ducha con agua tibia, algo que siempre lograba relajar sus músculos y le ayudaba a liberar las tensiones del día.

Después se puso ropa cómoda y se dispuso a doblar una pila de toallas que había sacado de la secadora hacía un par de días pero que todavía no había doblado. Encendió la televisión y se puso a ver las noticias mientras doblaba las toallas. Al terminar, las guardó en el armario del pasillo y se acostó en su cama para descansar un rato. Desbloqueó su móvil y revisó las notificaciones de todas sus redes sociales y aplicaciones. Cuando terminó, entró a Tinder. Había desactivado las notificaciones para esa app en particular porque no quería ni por casualidad que algún compañero de trabajo o cliente viera las notificaciones. No es que le diera vergüenza, pero consideraba aquello algo muy privado.

Al entrar en Tinder, se fijó en que tenía varios matches y algunos mensajes. Los estuvo revisando con atención, evaluando cuál le gustaba más y a quién quería responderle o escribirle. De repente, todos los otros matches y mensajes que había recibido pasaron a segundo plano cuando Akane se dio cuenta de que Ranma, 27 no solo le había dado me gusta, sino que además le había escrito un mensaje privado.

«Nefasta es una palabra muy fuerte. ¿En serio cocinas tan mal?»

Akane no pudo evitar reírse. Bien, aparentemente Ranma tenía un buen sentido del humor. Eso, o estaba evaluándola, tomando en cuenta, el chico tenía amante de la buena comida escrito en su perfil. Lo cierto es que su mensaje le pareció original y simpático, así que decidió responderle de inmediato.

«En serio. Las cosas básicas sé prepararlas sin morir en el intento, pero ya está. Probar algún platillo hecho por mí es correr el riesgo de morir envenenado».

Para su suerte, la respuesta de Ranma no tardó en llegar.

«Jajaja vale, supongo que no se puede ser bueno en todo. ¿Tienes tiempo para charlar?»

Akane no pudo evitar sentirse emocionada ante el evidente interés de Ranma. Cogió el control remoto y le bajó el volumen al televisor.

«Sí, ¿y tú?»

«También. Veo en tu perfil que eres muy atlética, ¿qué deportes practicas o te gustan?»

Akane le contó que le gustaba salir a correr y los deportes de raqueta: tenis, pádel, ping-pong, bádminton. Había aprendido a apreciar y disfrutar el fútbol gracias a su trabajo y, aunque no lo practicaba, de vez en cuando lo veía. Pero lo que de verdad le apasionaba eran las artes marciales. Le explicó que aquello lo llevaba en la sangre, pues su familia tenía un dojo y su padre había sido artista marcial durante su juventud. Akane había heredado aquella pasión y la había practicado durante toda su infancia y adolescencia. De vez en cuando se pasaba por la casa de su padre para practicar.

«He visto que tienes una foto practicando en un dojo. ¿También a ti te gustan?»

Ranma no se podía creer aquello. No porque no creyera que las mujeres pudieran practicar artes marciales, sino porque no era algo usual. Le pareció una casualidad tremendamente fantástica que ella compartiera su pasión. Le hizo muchísima ilusión saber que había crecido con un dojo, algo que él siempre había anhelado desde niño.

«Me encantan, practico desde los dos años más o menos. Hace mucho tiempo que no compito, pero llegué a hacerlo semi profesionalmente».

Le habló sobre su etapa como atleta y lo importante que habían sido las artes marciales para él durante la adolescencia, ya que le habían servido para hacer muchos amigos, aprender cosas importantes y hasta ganarse una beca en la universidad.

Akane se quedó fascinada ante la historia de Ranma, que por momentos coincidía con la suya. Su padre también había sido artista marcial, y había sido él quien introdujo a Ranma a aquella disciplina. Pensó en que tal vez Soun conociera al padre de Ranma. Más adelante, cuando le tuviera más confianza, le preguntaría su apellido o el nombre de su padre, y averiguaría si su padre le conocía de algo.

Conversaron charlando durante un rato largo sobre temas variados. Ranma se sentía totalmente extasiado ante la conversación, pues estaba fluyendo con una naturalidad y una espontaneidad muy poco común. Akane era muy simpática y parecía ser una chica sensata y agradable. Le caía muy bien. Eso sin agregar que le gustaba mucho físicamente sin siquiera haberla visto en persona. De hecho, no podía decidir cuál de sus tres fotos le gustaba más: si esa en la que estaba vestida de negro y tenía los ojos delineados con aquel cat-eye que tanto le gustaba (Ukyo le había dicho cómo se llamaba esa técnica de maquillaje); o en la que tenía una sudadera verde y sonreía de aquella forma tan bonita; o tal vez su foto de la playa, en la que se podía apreciar el cuerpazo que tenía.

Akane, por su parte, no estaba por la labor de perder la oportunidad de conocer a aquel portento eventualmente. No todos los días conocía tipos simpáticos, guapos, que practicaran artes marciales y que encima no fueran unos lanzados de buenas a primeras. Algunos de los hombres con los que había hecho match ya le habían escrito comentarios subidos de tono o demasiado directos, algo que no le había gustado. No es que ella fuera una mojigata; de hecho, estaba en Tinder buscando sexo, pero no por eso pensaba que podía tratar a los tíos como objetos sexuales. No había nada de malo en conocerse así fuera un poquito antes de lanzarse al agua.

Lo que sí tenía claro es que Ranma era su candidato. Ni siquiera seguiría dándole Like a otros. Ya había encontrado un chico que le gustaba y continuaría charlando con él hasta que llegara el momento del ataque, como decía Ryoga.

«¿A qué te dedicas? Si no te molesta contestar».

«Trabajo como gerente de operaciones de una franquicia de alimentos, un restaurante. Kyo's, no sé si lo conoces».

Akane abrió los ojos sorprendida. Por supuesto que conocía Kyo's. Había empezado hacía unos años como un foodtruck que servía los que probablemente eran los mejores okonomiyakis de Tokio. Con el tiempo se mudaron a un local y poco a poco fueron creciendo hasta que abrieron dos o tres más. Uno estaba muy cerca de su trabajo.

«Sí, claro, ¡es delicioso! Mi okonomiyaki favorito es el de camarones».

«Buena elección. A mí me encanta el de salmón. ¿Y tú qué haces?».

A pesar de que Ranma le inspiraba confianza y le había dicho el nombre del lugar donde trabajaba, Akane no quiso revelar esa información. Todavía no le conocía casi, así que prefirió omitir los detalles y le dio una respuesta genérica.

«Trabajo en el departamento de mercadeo de una marca deportiva. Me encargo de la comunicación, los eventos con consumidores y medios, y esas cosas».

Ranma se sintió tentado a preguntarle cuál era la marca deportiva para la que trabajaba, pero no lo hizo. Si la chica no se lo había dicho, por algo sería. Su intención no era ser intenso ni invasivo; quería ganarse su confianza poco a poco y que fuera Akane quien decidiera compartir los detalles importantes de su vida.

«Suena divertido».

La conversación se prolongó hasta tarde. Fue Akane quien se despidió primero, pues estaba cansada y necesitaba una cantidad respetable de horas de sueño para despertarse con ganas y rendir al día siguiente. Ranma se despidió, le deseó dulces sueños y cerró Tinder. No deseaba seguir hablando con otras chicas. Estaba agotado por la mala noche que había tenido debido a un dolor en la espalda baja, y necesitaba descansar.

Y Akane le había quitado las ganas de flirtear con cualquiera que no fuera ella.

Los días pasaron y Akane continuaba conversando con Ranma a través de Tinder. Cada día descubría algo nuevo de su personalidad y aprendía cosas de él que le gustaban. Nunca se quedaban sin tema de conversación y Ranma siempre parecía muy entusiasmado de charlar con ella. Todavía no habían quedado para verse, pero Akane sintió que ya habían avanzado lo suficiente como para intercambiar números de teléfono y continuar con sus conversaciones en WhatsApp, de un modo más personal y cercano.

Cuando lo agregó, Akane se fijó en que Ranma tenía de foto de perfil la misma imagen de Tinder junto al labrador marrón, así que le preguntó si era suyo.

«No, es de Ryu, un amigo. Pero siempre que hacemos senderismo lo llevamos, es muy amistoso. Se llama Oni».

Ranma le envió algunas fotos de Oni que a Akane le parecieron realmente adorables. De hecho, le estaba respondiendo a un mensaje cuando una voz detrás de ella la hizo sobresaltarse.

—¿Entonces? —Ryoga apareció junto a ella y se recostó contra el estante—. ¿Le has mandado ya una foto tuya desnuda? ¿Has visto ya su pene? ¿De qué tamaño lo tiene?

Akane casi dejó caer el móvil del susto al escuchar su voz. Lo cogió a duras penas y agradeció al cielo que no hubiera nadie más allí que pudiera escuchar su conversación. Se encontraban en el depósito porque Akane había bajado a retirar unas cajas de zapatos y algo de ropa para entregarle a un nuevo asset de PR.

—¡Ryoga, por favor! —Exclamó totalmente avergonzada tras haberse guardado el móvil en el bolsillo trasero de sus jeans—. ¿Qué clase de pregunta es esa?

—No te hagas la modosita conmigo. Ambos sabemos que puedes llegar a ser una chica mala. —Se inclinó hacia adelante—. Solo cuéntamelo, ¡prometo no decirle a Sayuri!

Akane no pudo evitar reírse ante la insistencia de su amigo.

—¡Por supuesto que no le he enviado fotos desnuda, ni siquiera lo conozco!

Ryoga la miró alzando una ceja y se cruzó de brazos.

—No lo conoces, pero eso no te impide querer acostarte con él. ¿Son esas cajas de arriba?

Akane asintió con la cabeza—. Sí, las Deerupt y las P.O.D. Y lo de acostarme con él… es diferente; una cosa es que nos acostemos y no quede evidencia de ello, y otra es que tenga mis fotos desnuda. Además, él todavía no me ha dicho que quiere acostarse conmigo ni nada parecido.

Ryoga rodó los ojo mientras bajaba las cajas con sus fuertes brazos.

—¿Y quién no querría acostarse contigo?

De no haber sido porque era gay, Akane hubiera jurado que Ryoga estaba enamorado de ella. Después de todo, la trataba con muchísimo cariño, la cuidaba siempre y estaba muy pendiente de ella. Lo había conocido en su primer mes en adidas, pues ambos habían entrado el mismo día y habían hecho la inducción juntos. Más temprano que tarde, se hicieron muy cercanos, al punto en que Akane lo consideraba de sus mejores amigos. Ryoga le había demostrado ser un chico sumamente noble, sensible y leal. Era un poco despistado en algunas ocasiones y tenía un pésimo sentido de ubicación, pero lo compensaba con otras características como su humildad y su abnegación.

—Tal vez puedes provocarlo un poco. —Comentó Ryoga mientras bajaba las dos cajas de la estantería más alta. Las abrió y comprobó que era los modelo y las tallas que aparecían en las etiquetas de fuera—. Esta es la talla, ¿no? —Akane asintió con la cabeza—. Te decía, puedes enviarle una foto sugerente, sin mostrar nada en particular. Una parte de tus piernas, tus hombros descubiertos, algo así… no hay nada más excitante que una buena insinuación. Con eso te aseguro que no podrá resistirse.

Akane asintió con la cabeza mientras aquella frase se quedaba dando vueltas en su cabeza.

No hay nada más excitante que una buena insinuación.


—¿Estás seguro? —Preguntó Ryu mientras miraba a Ranma con el rabillo del ojo desde el asiento del conductor—. No olvides lo que pasó la última vez que te gustó una chica sexy de Tinder y te enrollaste con ella…

Estaban en el coche de Ryu, volviendo del gimnasio. Ranma estaba sentado en el asiento del copiloto y miró a su amigo pensando en lo que acababa de decirle.

Hacía alrededor de un año, la primera vez que Ranma había usado Tinder, conoció a una chica espectacular que le gustó mucho. Recordaba que le habían llamado la atención tres cosas de su perfil: su exótico nombre, su pelo pintado de azul, y lo bien que le quedaba el bikini morado de su segunda foto. Habían hecho match y pronto concretaron una cita. Se acostaron en la tercera salida y su encuentro fue todo lo que Ranma había imaginado. Shampoo, como se llamaba la chica, era muy buena en la cama y le gustaban las mismas cosas que a él; no se cohibía ni se echaba para atrás, si no todo lo contrario. Además, tenía un cuerpo que le quitaba el habla a cualquiera. Tanto así, que cada vez que lo hacían, Ranma se aseguraba de tener una visión despejada del espejo que tenía cerca de su cama, pues le encantaba verla en el reflejo mientras lo hacían.

Sí, en ese aspecto le había ido bien con Shampoo. Se habían acostado muchas veces, pues ninguno parecía tener suficiente del otro, pero no todo había sido perfecto.

Más temprano que tarde, Shampoo comenzó a mostrar una actitud celosa y posesiva. Ranma debió haber tomado aquello como una bandera roja para terminar las cosas, pero Shampoo le gustaba tanto que decidió simplemente advertirle que no le gustaban esas cosas. Shampoo pareció entenderlo y durante un par de semanas se comportó con total naturalidad, pero después volvió a mostrarse celosa y apresurada. Ranma sintió que para ella las cosas estaban yendo demasiado rápido, y que además se tomaba unas libertades que él no le había otorgado. Decidió terminar la relación, algo que ella no se tomó nada bien.

En ese momento, él tenía veintiséis años. Shampoo tenía veinte, por lo que Ranma le adjudicó parte de su actitud a la inmadurez propia de principios de la veintena. Pero una parte de él sabía que la edad no necesariamente influía en esas cosas. Él mismo había tenido veinte años y nunca había sido una persona posesiva.

—Sí, lo recuerdo. Pero Akane no parece ser así. —Explicó Ranma calmado—. Ni siquiera me ha dicho que nos encontremos. No me ha preguntado nada demasiado personal… parece una chica tranquila.

Ryu asintió con la cabeza y bajó la velocidad al entrar en la calle del edificio de Ranma.

—Está bien. Si dices que estás seguro de querer conocerla, confío en tu criterio.

Se despidieron al llegar a la entrada del edificio de Ranma. El pelinegro subió hasta su apartamento y se dio una ducha con agua fría antes de dirigirse a la cocina para cenar algo rápido. Mientras se servía un poco de cereal, le escribió a Akane para preguntarle cómo había ido su día y qué estaba haciendo.

Cuando Akane leyó los mensajes de Ranma, recordó las palabras que Ryoga le había dicho esa tarde en el depósito, sobre el poder de las insinuaciones. Decidió que un par de días hablando con Ranma sin haber concretado una cita eran demasiados. Activó la cámara frontal de su móvil, se tomó una foto y se la envió a Ranma como respuesta a su pregunta, acompañada de un breve mensaje:

«Ya en casa».

Ranma dejó el plato y la cuchara en el fregadero; ya los lavaría mañana. Se cepilló los dientes y al terminar, volvió a su habitación y vio que Akane le había enviado una foto suya acostada en la que apenas se veía una parte de su rostro, su hombro descubierto y el inicio de uno de sus pechos. Aunque la foto no mostraba demasiado, Akane parecía estar vistiendo un camisón negro muy sensual. Ranma se sintió como un adolescente hormonal al ver la piel descubierta de su hombro y parte de su clavícula. No era una foto explícita, pero aquello había bastado para imaginarse cómo se sentiría la suavidad de la piel de Akane bajo sus manos. La luz de su habitación era tenue, como si solo tuviera una lámpara encendida.

«Veo que estás muy cómoda… ¿Lista para dormir?».

Aquellos puntos suspensivos le confirmaron a Akane que Ranma había captado el flirteo, o al menos había encontrado provocativa la foto. Sonrió. No pasó por alto que su respuesta había sido escueta y comedida, así que decidió continuar con el juego.

«No todavía, estoy viendo un programa muy interesante».

«¿Cuál?»

Una imagen vale más que mil palabras, pensó Akane. Volvió a hacerse una foto y se la envió a Ranma, esta vez usando la cámara posterior.

Ranma miró la pantalla de su móvil embobado. Akane le había enviado una nueva foto en la que solo aparecían sus piernas y sus pies sobre el mullido y blanco edredón de su cama. De fondo podía verse un televisor en el que aparecía un grupo de leones en una sabana, el logo de NatGeo visible en una de las esquinas de la pantalla. Pero Ranma no le prestó atención a los leones o a lo bonita que era la habitación de Akane, sino a lo largas y estilizadas que tenía las piernas. La foto mostraba desde la mitad del muslo, lo que le sirvió a Ranma para comprobar que, efectivamente, Akane estaba usando un camisón negro corto y muy sexy. Se la imaginó acostada en su cama, sin nada debajo de aquel increíble pijama, con el pelo esparcido sobre la almohada y una mirada sensual y atrayente. Sus pensamientos evolucionaron y pronto la imagen de Akane tocándose surcó su mente. Y lo excitó.

«¿Es un programa sobre África?» Se atrevió a preguntar, pensando en cómo podía hacer para continuar con aquel juego que ella había empezado.

«Sí, Serengueti. ¿Y tú, qué haces?».

Eureka. La oportunidad perfecta.

«Yo estoy en modo Patricio Estrella».

Ranma se quitó la camiseta que llevaba puesta y se tomó una foto, también acostado boca arriba en la cama, sintiéndose orgulloso de su trabajado cuerpo, pensando en que a Akane seguramente le encantaría. Los ganchitos azules que indicaban que ella ya había leído su mensaje no se hicieron esperar. Y al ver que ella se tardaba en responder, Ranma comenzó a perder la seguridad que antes había sentido. Abrió la foto que le había mandado y pensó que, tal vez, había sido demasiado directo.

Akane, por su parte, no podía dejar de ver la foto de Ranma. Aparecía acostado boca arriba sobre la cama, con las piernas y los brazos extendidos, como una estrella de mar. Estaba sin camisa y podía apreciarse su cuerpo fuerte y trabajado. Lo único que tenía puesto eran unos calzoncillos negros, bajo los cuales se marcaba lo que a Akane le pareció un paquete delicioso. Y por si fuera poco, de su cara lo único que aparecía en la imagen eran sus labios, que se veían increíblemente atractivos y besables.

De repente le entraron unas ganas de estar allí y sentarse sobre él para disfrutar de su cuerpo y de su boca. Quería sentarse sobre él. Todo de Ranma le parecía irresistible. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan atraída a un hombre por su cuerpo, pero Ranma no era cualquier hombre; era un hombre con mayúsculas. Dios mío, pensó Akane mientras miraba la foto, necesito acostarme con él.

«Creo que eres la estrella de mar más sexy que he visto en mi vida».

Ranma se sintió aliviado al ver que a ella le había gustado la foto, por lo que sonrió satisfecho y orgulloso. Queriendo seguir con el juego y deseando ver mucho más de Akane, decidió lanzar un órdago. Todo o nada.

«Bueno, también podrías mandarme una foto así y decidimos si tú eres una estrella más sexy, ¿qué te parece?»

Akane se mordió el labio inferior. Las dos fotos que le había mandado antes eran discretas y apenas dejaban ver algunas cosas de ella. Enviarle una foto así implicaría que él viera más de lo que había planeado mostrarle en un principio. Aunque claro, siempre podía omitir su rostro y mandarle una foto solo de su cuerpo… pero si quería enloquecer a Ranma, definitivamente tenía que incluir sus labios. A ella le había encantado ese detalle en la foto que él le había enviado.

Acomodó la almohada y se acostó completamente sobre la cama, aunque ligeramente de lado, pues en esa posición su escote se veía mucho más provocativo y sexy, al igual que sus muslos y sus pantorillas. Se sacó la foto y se la mandó a Ranma. Sonrió. Cuando se lo proponía, iba a por todas.

Si antes se había excitado con las fotos de Akane, Ranma sintió que la temperatura de su cuerpo y el cariz de sus pensamientos se disparaban por los cielos. Allí estaba ella, en todo su esplendor, acostada en su cama con esas piernas larguísimas que habían comenzado a enloquecerlo, y con un escote exquisito en el que podía apreciarse la forma de sus pechos. Le hizo zoom a la fotografía y la recorrió de abajo hacia arriba, mientras sentía que su erección crecía dentro de sus calzoncillos. Había pasado mucho tiempo sin ningún tipo de contacto físico con el sexo opuesto, por lo que estos estímulos tenían un doble efecto en él. Pero sabía que su excitación no se debía únicamente a los meses de abstinencia, sino también a que Akane tenía algo que la hacía completamente irresistible.

Mientras miraba la foto, se paseó por sus piernas, por su torso cubierto apenas con aquel camisón negro, por sus pechos y su cuello, hasta que llegó a su boca. En la foto tan solo aparecían la parte inferior de su nariz y su boca. Akane se mordía el labio inferior de forma seductora. Ranma no pudo evitar sonreír, pues sabía que aquello había sido deliberado.

—Eres una coqueta. —Dijo en voz alta con picardía y emoción.

«Creo que esto no hay ni que ponerlo a votación. Ganas tú, por calle...», le escribió convencido mientras comenzaba a tocarse por encima de la ropa interior.

Akane sonrió satisfecha y se acostó boca abajo, acomodando la almohada debajo de su pecho.

«¿Seguro?»

«Pfff demasiado. Estás...»

—Como un tren. —Dijo Ranma, pero no lo escribió. No quería que ella se sintiera incómoda y no sabía si ese tipo de expresiones le desagradaban. En cambio, le envió varios emojis de fueguito. Agregó otros con corazones en los ojos y esperó su respuesta.

Akane se rió y se mordió el labio inferior. Estaba disfrutando mucho de las reacciones de Ranma, pero ella también deseaba ver más de él. Después de todo, ella le había enviado ya tres fotos y él solo una.

«Gracias. Si estás seguro, entonces ya no hace falta que deliberemos».

«Sí, estoy 100% seguro».

«Entonces, ¿no quieres ver más fotos? Supongo que si estás tan seguro, no hace falta...»

Ranma dejó de tocarse y se incorporó sobre la cama. ¿Podría ser…?

Hasta ahora, a él le estaba gustando el ritmo pausado que llevaba su «relación» con Akane. Le gustaba ir conociéndola antes de siquiera quedar, lo cual era una buena señal. Él no tenía intenciones de un aquí te pillo-aquí te mato, pues estaba buscando algo más formal. Pero tampoco se opondría a una buena sesión de sexting con una mujer tan espectacular como ella. Después de todo, una cosa no tenía necesariamente que ver con la otra. Podían mandarse fotos y vídeos picantes y luego salir en una cita seria.

«Me encantaría que me mostraras más».

Akane sonrió complacida.

«Pero con una condición: también tú tienes que mostrarme un poco más. Yo te he mandado tres fotos ya y tú solo una...»

Ranma se sintió como un adolescente emocionado ante aquel mensaje.

«Por supuesto», le respondió, no estando seguro de si con un poco más ella quería decir que deseaba ver más de su cuerpo (menos ropa) o simplemente otras fotos similares a la que ya le había enviado. Para no correr ningún riesgo que pudiera arruinar el momento, Ranma decidió enviarle una selfie recostado del cabezal de su cama, en la que aparecía su rostro y su torso completo, hasta el inicio del elástico de sus calzoncillos negros. Se los había bajado ligeramente para que Akane pudiera apreciar sus oblicuos. Estaba apretando los músculos del abdomen para que se le vieran más prominentes.

Akane recibió la foto de Ranma con una sonrisa al ver que había incluido su rostro en ella. Le llamaba la atención que tuviera los ojos de ese color azul tan oscuro. En la foto, Ranma le sonreía de medio lado de forma sexy, y Akane pensó en que era verdaderamente guapo. Además de sus bonitos ojos azules, le encantaban sus cejas gruesas y masculinas, y su pelo desordenado, que le llegaba por debajo de las orejas. Por supuesto que ese cuerpazo que tenía no se quedaba atrás. No podía decidir si le gustaban más sus abdominales, su pecho o sus brazos. Akane hizo zoom a la foto para deleitarse con los oblicuos de Ranma… le encantaba como su abdomen terminaba con aquellas dos líneas que parecían conducirla directamente hacia una parte de su cuerpo que todavía no había visto, pero que se moría por conocer.

«Mmm creo que el debate acaba de abrirse otra vez...»

Akane aprovechó que Ranma le hubiera enviado unas risas y algunos emojis de beso para volver a atacar. Aprovechando la posición en la que estaba, acostada boca abajo, se subió un poco el camisón hasta que el inicio de sus nalgas quedó apenas visible y se tomó una foto desde arriba.

—Madre mía… —Susurró Ranma mientras la veía—. Vas a matarme con estas fotitos, guapa…

Ranma sintió que su cuerpo entero entraba en ebullición al ver la nueva foto, en la que tenía una vista privilegiada de las piernas flexionadas de Akane, de su espalda y también de sus nalgas, porque incluso aunque apenas se viera el comienzo de las mismas, aquel delgado camisón de satén dejaba ver la forma esculpida de su cuerpo.

Aquello estaba siendo demasiado para él, pero al mismo tiempo, muy poco. Se puso de pie y se plantó frente al espejo de cuerpo entero que tenía en su habitación. Pensó algunos segundos en cómo posar antes de tomar la foto. Después de mandarla, volvió a la cama e introdujo la mano dentro de sus calzoncillos para tocarse. Akane lo había excitado muchísimo, ya no había vuelta atrás.

La foto de Ranma llegó acompañada de un mensaje.

«Espero que esta foto le haga justicia a la tuya. Eres MUY sexy... tienes un cuerpazo...»

Decir que la puso a mil era quedarse corta. Era una selfie en el espejo en la que salía todo su cuerpo, desde su cara hasta sus pies. Con una mano, Ranma sostenía su móvil. Con la otra, se agarraba el pene por encima de los calzoncillos. Akane le hizo zoom y comprobó que estaba erecto. No respondió de inmediato, pues se tomó su tiempo en disfrutar del cuerpo completo de ese muñecote que posaba para ella. Se sintió orgullosa de haberle excitado y decidió hacer alusión a su erección.

«Veo que te han gustado mis fotos...»

«Demasiado. Me tienes...», Ranma agregó varios emojis de fuego.

Akane sonrió. Ya tenía decidido que no iba a mostrarle mucho más. Aquellas fotos habían sido suficiente y estaban bien porque en ninguna mostraba su rostro ni tampoco eran demasiado explícitas. Y no es que a ella le molestara intercambiar fotos así; de hecho, lo había hecho con sus exnovios, pero Ranma seguía siendo un desconocido y no quería exponerse demasiado. Porque incluso aunque él no tuviera ningún derecho de compartir esas fotos con nadie más, que lo hiciera era una posibilidad y un riesgo que no estaba dispuesta a correr. Sin embargo, pensaba provocarlo un poco más, pues quería que Ranma se lo mostrara todo. Lo tenía ya a punto de caramelo, solo necesitaba un incentivo más. Se quitó la almohada de debajo del pecho y le escribió un mensaje antes de enviarle su siguiente foto.

«A mí también me han gustado las tuyas, guapo».

Antes de que Ranma pudiera responderle, le llegó una nueva foto de Akane. Seguía acostada boca abajo, pero esta vez era un selfie frontal. Akane se había bajado uno de los tirantes de su camisón y su escote se veía todavía más delicioso que antes, pues con el brazo con el que no tomaba la foto se juntaba los pechos para que se vieran un poco más grandes. Ranma contó todos los lunares que tenía en el cuello, en la clavícula y en los hombros. Saboreó sus pechos y se imaginó devorando esos labios que lo invitaban a sumergirse en ellos. Akane había dejado visible en la foto su boca entreabierta, algo que él tomó como una clara provocación.

«¿Esta te gusta?»

Ranma pensó en una forma de decirle me la has puesto muy dura sin sonar demasiado directo o vulgar. Era una frase que había dicho muchas veces en el pasado, pero siempre a mujeres con las que tenía una relación de mucha confianza, ya fuera formal o casual. Optó por ser expresivo, pero sin abandonar la sutileza.

«Dios mío… estás tremenda, Akane. No tienes idea de cómo me has puesto...»

«Pero puedo tenerla si me muestras...»

—Así que además de coqueta, eres muy traviesa...

Ranma volvió al espejo y esta vez decidió bajarse la ropa interior ligeramente. Cogió su miembro con su mano y se aseguró de que Akane pudiera ver que estaba duro mientras lo sacaba de sus calzoncillos. Decidió solo mostrarle una parte. Él también podía jugar a provocarla, y si ella quería ver más, quería que se lo pidiera directamente.

«Así me tienes, preciosa...»

Akane podía sentir cómo el calor entre sus piernas se hacía cada vez mayor. Ni siquiera hacía falta que se tocara para saber que estaba completamente húmeda. El cuerpo de Ranma era otra cosa. Parecía una estatua griega. Pero esta vez no era solo su cuerpo lo que la había excitado; verlo tocándose así frente al espejo era más de lo que podía soportar sin comenzar a tocarse ella misma. Volvió a acostarse boca arriba, se metió debajo del edredón y abrió sus piernas flexionadas. Pero justo cuando introducía su mano dentro de su ropa interior, un estruendo en la cocina la hizo sobresaltarse.

Akane se incorporó al escuchar la voz de Yuka maldecir. Salió de la habitación con paso apresurado y caminó hasta llegar a la cocina. Akane vio un par de bandejas metálicas en el suelo, junto con algunos frascos de vidrio rotos. Su amiga, que parecía haberse resbalado, se estaba levantando mientras se apoyaba de uno de los topes de la cocina.

—Yuka, ¿estás…? —De repente, Akane notó algo que no había visto antes—. ¡Estás sangrando!

Yuka se fijó en su mano, de la cual escurría un río de sangre. Sin decir nada, soltó una carcajada. Akane frunció el ceño, pero no se acercó. Estaba descalza y había vidrios por toda la cocina.

—Estás… ¿estás borracha?

—Sí, tomé mucha champaña. ¡Me ascendieron!

Yuka era sous-chef en un restaurante mediterráneo, por lo que no solía llegar temprano a casa, ya que entraba en la tarde y salía antes de la medianoche, con excepción de los miércoles, en los que solía salir temprano.

Akane abrió los ojos sorprendida y le sonrió a su amiga.

—Espérame aquí, ¡no te muevas!

Corrió hacia su habitación, se calzó sus Adilette y volvió a la cocina. Yuka ya había cogido la pala y la escoba y había comenzado a barrer.

—Deja eso, yo lo limpio. Pon la mano bajo el agua del grifo.

—Ugh, Akane. Odio esas chanclas.

Ella se miró los pies y sonrió.

—Lo sé, pero era esto o zapatillas. ¿Tienes vidrios en la mano?

El proceso de limpieza de la cocina y de extracción de vidrios y curación de Yuka le tomó alrededor de una hora. Mientras la curaba, Yuka le contó los pormenores de su ascenso. Giorgios, chef ejecutivo del restaurante y el jefe (y amante) de Yuka, había renunciado para irse a Santorini a trabajar en un hotel. Eso había abierto la vacante de chef principal del restaurante, por lo que Giorgios había recomendado a la que él consideraba era la mejor sustituta posible: su sous-chef, Yuka. Como era un tipo encantador y con una increíble habilidad de persuasión, el dueño del restaurante no tuvo que pensarlo mucho. Eligió a Yuka como su reemplazo y se lo anunció antes del segundo servicio.

—Y luego Giorgios y yo nos tomamos una botella de Dom juntos. Y tuvimo sexo en mi coche. Quién diría que los mejores afrodisíacos son la champaña y los ascensos laborales.

Akane se rió ante la ocurrencia de su amiga. La felicitó mientras le desinfectaba y vendaba la mano.

—Pero, ¿estás bien? Quiero decir, Giorgios se irá a Grecia…

Yuka asintió con la cabeza. Sí, debía admitir que extrañaría a ese hombre griego que le llevaba doce años; era un mentor excelente, un líder ejemplar y un amante inolvidable. Pero ella nunca se había hecho demasiadas ilusiones. Después de todo, era su jefe y Yuka sabía que siempre existía la posibilidad de que se fuera del país en cualquier momento (el tipo era un trotamundos), pero eso no le impedía disfrutar de una buena sesión de sexo después de discutir sobre la calidad de las trufas recién llegadas.

Cuando terminó de curarla, Yuka le dio las gracias, se despidió y se metió en su habitación. Akane también volvió a la suya. Fue nada más cerrar la puerta, ver su móvil sobre la cama y correr hacia ella.

—¡Mierda, Ranma!

Abrió la conversación de WhatsApp y se fijó en que él le había enviado varios mensajes. En los primeros le preguntaba si seguía allí o se había dormido. En el último se disculpaba con ella por si acaso la última foto le había parecido demasiado. Su última conexión había sido hacía media hora.

—Mierda, mierda.

«Ranma, discúlpame por dejarte colgado. Mi compañera de piso tuvo un pequeño accidente y corrí a ayudarla. ¿Ya te dormiste?»

Akane esperó durante diez minutos una respuesta que nunca llegó. Se mordió el labio inferior y suspiró. Allá iba el resto de su noche picante con Ranma. Apagó el televisor y la lámpara de su mesita de noche, pero antes de bloquear el móvil y ponerlo a cargar decidió volver a ver la última foto que le había enviado Ranma. Su cuerpo reaccionó casi de inmediato y las fantasías sexuales pronto invadieron su mente. No le tomó mucho tiempo alcanzar el orgasmo.

Dejó su móvil en la mesita de noche y se acomodó bajo el edredón. Solo esperaba que a Ranma le quedaran ganas de seguir jugando con ella, y que además no fuera una persona demasiado ocupada. Porque la próxima vez no lo provocaría a través del móvil.


La alarma lo despertó a la misma hora de todos los días. Ranma se desperezó sobre la cama y se puso de pie para dirigirse al baño. Desde la universidad había tomado el hábito de levantarse de la cama de inmediato, pues si no lo hacía y se quedaba dando vueltas, perdía mucho tiempo y hasta se quedaba dormido.

Cuando terminó en el baño, se dirigió a su armario y eligió la ropa para ese día. Una de las cosas que le gustaba de trabajar en Kyo's era que no necesitaba vestirse formal. Ukyo era una persona demasiado moderna y flexible y entendía perfectamente que el hábito no hacía al monje.

Cuando estuvo vestido, desconectó su móvil de la mesita de noche y se dirigió a la cocina para desayunar algo rápido. Se sirvió yogur griego en un bol, agregó un poco de granola y completó su desayuno con una pieza de fruta. Desbloqueó su móvil y al entrar en WhatsApp su corazón dio un vuelco. Akane le había escrito disculpándose por haberlo dejado hablando solo, apenas unos minutos después de quedarse dormido.

La noche anterior, después de enviarle aquella foto tan sugerente, Ranma volvió a la cama para continuar tocándose y charlando con ella. Pero la respuesta de Akane nunca llegó. Ranma la esperó durante un rato y al ver que no respondía, le preguntó si ya se había dormido o si quería seguir charlando. Pasaron varios minutos y una duda lo asaltó. ¿Y si la foto había sido demasiado? Después de todo, Akane no le había mostrado ninguna parte demasiado privada de su cuerpo, y no le había dicho explícitamente que deseaba ver su pene. ¿Y si se había ofendido? Le escribió un mensaje de disculpa y trató de calmarse pensando en que a ella le había gustado la foto anterior, y no era muy diferente a esa última. Seguramente se había quedado dormida.

Él, por su parte, seguía demasiado excitado como para dormirse. Decidió que terminaría el trabajo aún si Akane no aparecía. Se masturbó mirando sus fotos e imaginándola desnuda en su cama tocándose para él, y luego fantaseando con todas las cosas que quería hacerle, pensando cómo sería ella en la cama. Terminó poco tiempo después. Se limpió con la camiseta que se había quitado momentos antes y se quedó dormido esperando la respuesta de Akane.

Se sintió aliviado al ver que Akane no había dejado de responderle porque se hubiera ofendido por su foto, sino por otro motivo. Solo esperaba que su compañera de piso estuviera bien.

«Buenos días. No te preocupes, no pasa nada. ¿Cómo está tu amiga? ¿Todo bien?»

La respuesta de Akane llegó un par de horas más tarde, cuando él ya se encontraba en su oficina, sentado frente al ordenador.

«Hola, Ranma. Mi amiga está bien, gracias por preguntar».

Le contó lo que había sucedido y le explicó que le había tomado más de media hora extraer los pequeños vidrios que se le habían incrustado a Yuka en la palma de la mano. A Ranma le pareció una historia jocosa.

«Discúlpame de nuevo por dejarte así. La verdad es que estaba disfrutando nuestra conversación».

«No te preocupes, en serio. Me quedé dormido».

Omitió que se había dormido después de masturbarse pensando en ella. No le parecía apropiado tocar ese tema estando en la oficina, mucho menos considerando que ella misma podía estar en su lugar de trabajo. Pero no quería dejar pasar la oportunidad de decirle que él también había disfrutado muchísimo de aquel acercamiento.

«A mí también me gustó mucho nuestra conversación».

Akane esbozó una sonrisa y se mordió el labio inferior. Quiso seguir hablando con él, pero debía ponerse a trabajar.

«Bueno, te dejo que trabajes tranquilo. No quiero que te regañen por mi culpa».

Ranma sonrió y aprovechó para contarle que nadie lo regañaría. Tenía oficina propia así que aquello le daba un poco más de intimidad. Además, le contó que su jefa, la dueña de Kyo's, era su mejor amiga. Akane bromeó diciéndole que seguramente él hacía el control de calidad de los okonomiyakis, a lo que él contestó con unas risas y le dijo que de hecho Ukyo procuraba mantenerlo lejos de la cocina para evitar que se comiera todo, pero que sí gozaba de okonomiyakis ilimitados y gratuitos de vez en cuando.

«Ufff, menudo beneficio. Quién quiere seguro médico cuando puedes tener okonomiyakis».

Ranma sonrió. Akane siempre conseguía hacerlo reír o sacarle una sonrisa, indistintamente del tema del que estuvieran hablando. La chica tenía un buen sentido del humor. Identificó aquella como la oportunidad perfecta para quedar.

«Si quieres, también tú puedes disfrutar de este beneficio. Puedo invitarte un día y puedes comer todos los que quieras».

A Akane aquella invitación le pareció dulce. Como no respondió de inmediato, Ranma volvió a escribirle.

«O podemos ir a otro lado. Kyo's no es exactamente el sitio más romántico del mundo jaja».

Akane sonrió y aprovechó que él ya había mostrado su interés por quedar para dejarle claro que ella también quería verle. Aunque comer okonomiyakis no era exactamente lo que tenía en mente. Ella quería comerse otra cosa.

«¿Y qué te parece si hacemos las dos? Un día vamos a Kyo's y otro vamos a un sitio diferente».

Ranma sonrió emocionado.

«Me encanta la idea. ¿Te parece si nos vemos este fin de semana? Podría ser mañana o el sábado podría ser».

Akane bufó. Ya tenía planes para los tres días. El viernes, o sea mañana, iría al cine con Nabiki y un par de amigos de ella. El sábado iría al festival anual de cervezas artesanales con varios amigos, y el domingo había quedado de ir a comer con su familia.

«Me encantaría, pero mañana he quedado con mi hermana. Y el sábado voy al festival de la cerveza».

Ranma alzó las cejas. ¿El festival era este sábado? Frunció el ceño y alzó el teléfono que tenía sobre su escritorio. Marcó la extensión de Ukyo, cuya oficina estaba apenas a unos pasos de la suya, pero no le apetecía ponerse de pie.

—¿Sí?

—Hola, Ut-chan. ¿Compraste las entradas para el festival de cerveza?

Hubo una pausa al otro lado de la línea.

—¿En serio me estás llamando pa…? —Ukyo suspiró—. Sí, los compré.

—Y vamos a ir, ¿no?

—No, Ranma. Los compré pero no vamos a ir. Lo que pasa es que me sobra el dinero y me encanta desperdiciarlo. —Respondió su amiga con ironía—. ¡Por supuesto que vamos, Ran-chan!

—Vale, ¡gracias!

Cerró la llamada y se apresuró a responderle a Akane.

«No recordaba que el festival era este sábado. Yo también iré con varios amigos».

Ranma pensó en que tal vez Akane no estuviera interesada en que sus amigos conocieran a su ligue de Tinder, así que tal vez no quisiera encontrarse con él allí. Pero era una oportunidad demasiado buena para ser cierta, así que usó la carta que tenía bajo la manga.

«Seguramente mi amigo Ryu levará a Oni, por si quieres conocerlo», agregó el emoji del perrito y envió el mensaje.

Akane sonrió. ¡Oni era un perro precioso!

«Vale, te escribo y nos encontramos allí, ¿te parece?»

«Súper».

Se despidieron y Ranma se enfocó en el trabajo que debía hacer ese día. Las horas se le pasaron rápidamente mientras trabajaba. Recibió un par de llamadas de proveedores para confirmar fechas de entrega, así que verificó en su calendario lo que tenía programado. No pudo evitar sonreír al ´pensar en que faltaban apenas dos días para conocer a Akane.

De repente, el sábado se había convertido en la fecha más importante de su calendario.


Después de haber leído una historia de CardCaptors Sakura escrita por ValSmile (está en mis Favs por si quieren leerla), se me vino a la mente la idea de escribir un OneShot de Ranma y Akane conociéndose a través de Tinder. Pero a medida que escribía, me di cuenta de que un solo capítulo no sería suficiente, así que he decidido alargarlo. Pero ojo, la historia no será demasiado larga. Creo que como mucho tendrá unos tres o cuatro capítulos. Ya veremos.

Creo que no sobra decir que la historia es un universo alterno, que puede haber elementos OOC, y que nunca he estado en Japón, por lo que no se esperen una historia demasiado apegada a las costumbres japonesas porque no conozco demasiadas. Trataré de hacer lo mejor posible.

Con respecto al trabajo de Akane, les cuento: adidas cuenta con un departamento que se llama Brand, que es el que se encarga de todo lo que sea mercadeo (las campañas y colecciones, los productos, los eventos de cara al público, etc.). Y dentro de Brand, hay varios roles: está la persona que ve la publicidad, la que ve la parte digital, la que ve los eventos y el PR (public relations o relaciones públicas); específicamente allí es donde está Akane. Siempre me pareció una chica con un don de gentes muy natural, y si a eso le sumamos su amor por los deportes, creo que sería fantástica para ese trabajo.

¿Qué les parecieron las razones por las que cada uno entró a Tinder? El tierno de Ranma porque quiere conocer a alguna chica con quien tener una relación estable; la traviesa de Akane, porque quiere sexo rejuvenecedor y apasionado.

La escena del sexting me pareció muy necesaria para esta historia. Después de todo, es algo súper común y va muy de la mano con el tema Tinder, la tecnología, y cómo las relaciones (y el sexo) han evolucionado y se han adaptado a los tiempos modernos.. Creo que no cuenta como lemon porque realmente no hay una relación sexual como tal, es más bien una interacción, pero creo que al final me ha salido una escena muy sexy. Espero que puedan decirme lo que piensan.

Si llegaron hasta aquí: ¡muchísimas gracias por leer! Espero poder conocer sus comentarios y opiniones.

Nos leemos pronto.

Miss SF