¿Acaso este es mi final?
¿Acaso estoy pagando el precio de mis pecados?
¿Fue mala idea haber seguido a mi corazón y dejarme llevar por mis sentimientos?
Bueno, quizás sí. Porque yo sabía lo que estaba haciendo y estaba jugando con fuego. Pero al ver sus ojos grises... mi mundo se fue al demonio al ver sus hermosos ojos grises.
Sabía que ella era mucho más de lo que había deseado, pero, ¿Había hecho mal en haberla seducido?
Era un juego inocente. Al principio al menos lo fue.
Lo último que hubiera deseado hacer es lastimarla.
Pero ahora... ella... ella...
No puedo ni siquiera decirlo. Es demasiado doloroso.
Es igual de doloroso estar aquí sobre el frío lodo, esperando. Sólo viendo cómo el cielo se oscurece más y más sin ninguna estrella que brille para darme esperanza.
Sabía que el mundo podía ser cruel pero jamás de esta forma.
¿Por qué prolongaba tanto mi suplicio? ¿No había sido suficiente torturarme con ver cómo dañaba a la persona que más amaba? ¿Acaso quería seguirme humillando hasta verme rogar por mi muerte?
Si ese era su juego, no estaba dispuesto a darle el placer de arrebatarme lo último que queda de mí, del chico alegre y bromista que ella conoció.
No me arrepiento de lo que hice.
Incluso, me sentía un poco orgulloso. Le había robado a alguien más poderoso que yo algo valioso. Y no importaba que quisiera humillarme ahora, yo estaba a muchos pasos adelante de él.
Podía irse al diablo.
Yo estaría bien y era cuestión de tiempo para encontrarnos. Como en aquel día.
Un simple mensajero como yo tuvo la suerte de encontrarse con una hermosa dama como ella en una mañana de domingo. Recuerdo aún que iba con un vestido largo de color salmón que hacía resaltar mucho sus curvas y su cabello rebelde estaba muy bien arreglado en un moño. Al lado de ella venía esta chica, Sakura, la cual había conocido desde hace unos meses atrás cuando recibía la correspondencia. Me había dicho que trabajaba en esa gran casa y vaya que su jefa era una gran señora.
Verla te hacía sentir afortunado pero también inferior. Indigno de ver tan hermoso panorama.
—Bu-buenos días —les había saludado tímidamente—. Madame, señorita Sakura.
Sakura sonrió tímidamente.
—Buenos días, joven Qiang.
—Así que tú eres el mensajero, ¿Eh? —dijo ella divertida. Verla sonreír aquel día me hizo sentir intimidado. Nunca había sido tímido con las mujeres, siempre había podido con ellas y había salido victorioso. Tampoco significa que me gustaba jugar con la primera que se me cruzaba en el camino, en absoluto. Sólo que ver la sonrisa de una mujer era un regalo que me complacía recibir. En todos mis años como mensajero había visto cómo mujeres lloraban por culpa de sus prometidos o maridos y pensar en qué tan crueles podían ser los hombres con sus mujeres hacía que mi sangre hirviera. Quizás porque eso lo aprendí de mi padre.
Jamás se vio como el superior de mi madre y eso los juntó durante toda su vida hasta el final de la misma, cuando desgraciadamente murieron al ser víctimas de un tifón. Yo para ese entonces había viajado a Estados Unidos de vacaciones con unos parientes lejanos y había llorado terriblemente su pérdida.
Pensando en eso... mamá, papá, ¿Acaso estarán desilusionados de mí?
Lo lamento mucho si así es, pero, al escuchar cómo ella me habló ese primer día hizo que me estremeciera de una forma única. Jamás me había pasado antes con otra mujer.
—Veo que haces el trabajo muy bien, estás por terminar.
—S-s-sí... así es señora... señorita... yo... eh...
—Soy Aria Schmidt, la señora de esta casa.
—Yo... eh, me llamo Lan... Lan Lianhua Qiang.
—Qué extraño, un chino en Inglaterra.
—He vivido en muchos países diferentes, mi señora. No tengo familia en mi natal Hong Kong, así que un amigo cercano y yo decidimos probar suerte acá.
Ella sólo alzó una ceja, bastante divertida.
—¿Y la suerte te ha hecho favores hasta ahora?
—Puede que no tenga riquezas e incluso puede que no tenga un trabajo muy ostentoso, pero al menos vivo bien y tengo lo que necesito.
Que ella me haya visto despectivamente en aquel momento fue lo de menos. Sakura sin embargo pareció apenada con la actitud de su señora.
—Lo lamento mucho, joven Qiang. Mi señora puede ser un poco... especial cuando se lo propone —me había dicho después que su señora pasara de largo sin decirme nada más, con la cabeza en alto. Mis palabras definitivamente la habían tocado.
—Descuide, señorita Sakura. Estoy acostumbrado a esto con las grandes casas. No es la primera ni la última vez que me sucederá.
—¿Está seguro? —los ojos de Sakura estaban llenos de un color esmeralda que me daban tranquilidad. Aunque, esos ojos estaban llenos de un algo que hasta la fecha no logro reconocer, siguen siendo un misterio. Pero, quizás vaya mucho más allá de sus secretos, de las emociones de las que ella es prisionera. Ah, Sakura...
—Descuida, bella señorita. Es mejor que vayas con tú señora antes de que se enoje. Yo estoy bien.
Sakura se había sonrojado tanto que parecía un tomate. Había salido huyendo literalmente que quizás no me había escuchado decirle "nos vemos mañana." Sakura es lo que yo imaginaba como una hermana menor, quizás porque su figura era demasiado frágil y toda su imagen me daba una gran impresión de inocencia más allá de lo que guardaban sus ojos. La aflicción en ellos la hacía ver como una mártir, una santa sufriendo por la maldad del mundo con lágrimas en sus ojos. Y tal vez, después de lo de hoy, no me sorprendería que ella también sea una víctima de las circunstancias.
El día siguiente a nuestro primer encuentro, pude ver que estaba tomando el té fuera de la entrada de su casa. La gran mansión detrás de ella me había dejado anonadado. Podría haber soñado con tener una y deprimirme de saber que seguiría soñando hasta que tuviera noventa años...
Escúchate a ti mismo, Lan. ¿Noventa años? ¡Ni siquiera vas a lograr llegar a los 26!
Aria usaba un hermoso vestido corto que dejaba ver sus hermosas piernas bien formadas. Apostaba a que ella practicaba equitación. Lo había visto en otras señoras jóvenes que gozaban de una buena condición física. Y sólo pensaba en que los ricos tenían mucho tiempo libre.
Ella me vio seguramente con cara de idiota viéndola, que no dudó ni un segundo en llamarme.
Yo me acerqué como todo buen idiota, casi cayéndome sobre mis rodillas.
—Buenos días, señora Schmidt.
—¿Puedo saber a qué se debe su indiscreción, joven?
—¿In-indiscreción, mi señora?
Ella sabía cómo hacerme temblar de diversas formas. Esa vez estaba en verdad aterrado de pensar en que ella iba a castigarme por ver descaradamente sus piernas. Pero, se veía muy divertida. Me sorprendió que estaba sola, quién sabe adónde se encontraba Sakura.
—Te vi. Y eso es una descortesía total.
—¡Mi señora! ¡Yo...!
—Es una descortesía que no seas honesto y te guardes para ti solo qué te ha parecido el panorama.
Nunca se anduvo con rodeos y eso me gustaba de ella.
—¿Perdóneme?
—Te me has quedado viendo sin pudor alguno y me da curiosidad saber qué te ha parecido lo que has visto.
Lo había dicho con un rostro tan serio que ahora era yo el que tenía el rostro tan rojo como un tomate.
—¡Señora! ¡Mis disculpas! ¡No...! ¡No ha sido mí intención verla de esa forma! ¡Yo... yo simplemente...!
Aria tenía una risa angelical, ella era un ángel en la tierra. No sabía cómo fui tan afortunado de tenerla tan cerca y conocerla mejor de lo que hubiera soñado.
Sus ojos me miraron divertidos, casi incrédulos por mis palabras.
—¿Eso significa que no vas a responder a mí pregunta?
—Pero... mi señora, si yo respondo a esa pregunta... sería una descortesía.
—En realidad sería una descortesía el que no respondas a lo que una dama te pregunta.
—De acuerdo. Tal vez no sería una descortesía, sino más bien una falta de respeto hacia usted.
Aria volvió a reír, ahora poniéndose de pie. La forma en la que me vio ése día hizo que mi corazón diera un vuelco. Sus ojos grises atraparon los míos e hizo que mis piernas se sintieran débiles, estaba seguro de que caería rendido ante ella tarde o temprano.
—Me gustas. Eres demasiado amable para tú bien.
—¿Perdón?
¿Yo gustarle a una fina dama como ella? ¡Era imposible! ¡De locos! Pero ella me veía de una forma desconocida, o al menos en aquel momento no logré reconocer qué quería decirme su mirada.
—Descuida joven Qiang. Nadie va a comerte el día de hoy —había respondido con una sonrisa—. Es sólo que... había olvidado qué es ser vista por un caballero de la forma en que lo hiciste. Eso me hace sentir que he llegado a una edad triste, supongo que sabía que sería inevitable pero, es decepcionante sentirse... tan vacía. Como si lo que antes hubiera sido maravilloso haya perdido su valor.
Esa mirada profunda y llena de dolor me movió al punto de romper mis propios límites, sabiendo que podía arrepentirme después por ello.
—Mi señora, con todo respeto, ¿De qué está hablando? Usted es hermosa. Muchísimo mejor que cualquier otra chiquilla que ronde por allí. No me mal entienda, todas las mujeres son hermosas, sin importar su edad. Pero, usted tiene algo especial, algo que agita a todo el que la ve. Es algo más allá de lo físico, usted tiene un carisma difícil de ignorar y eso junto con su belleza es algo terriblemente peligroso. No dudo en que su esposo se enorgullezca en lo afortunado que es por tener a alguien como usted.
Los hermosos ojos de ella se abrieron de par en par. Mis palabras habían llegado a ella. Pero no daría su brazo a torcer con facilidad.
—¡Qué idioteces las que dices! ¿Acaso eso te ha funcionado con otras ricachonas?
—¿Acaso mi señora cree que yo soy de esa clase? ¿Por qué entonces quiere que le responda qué pienso de usted?
—¡No te lo pedí...!
—¿Acaso la señora tiene problemas de cama con el señor y por eso busca que le den validación para saber si ella no es el problema aquí?
—¡Chiquillo insolente! ¡¿Quién te crees que eres...?!
—Joven Qiang, es una sorpresa verlo acá —me había dicho Sakura. Aún recuerdo divertido su rostro de sorpresa y preocupación genuina. Estaba segura de que su señora me iba a matar, pero al ver que me había marchado no había dicho más. Llegar a Aria fue lo más difícil. Me fue fácil fingir que no me importaban sus miradas frías cada vez que me acercaba a la mansión Schmidt y de no haber sido por ese día lluvioso, quizás nada de esto hubiera sucedido.
Estaba cerca de ella cuando el aguacero me impidió seguir más. Así que con la excusa de ir a dejar la última correspondencia, decidí tomar refugio en la bodega. Sabía que nadie se molestaría porque no podrían verme, apenas y lograba distinguir con dificultad la muy vieja estructura. Habiéndome encerrado, me senté para limpiarme la cara y las mangas de la camisa que escurrían agua y lodo. La mirada de un par de ojos grises me sacó de mis casillas cuando la vi con una expresión de desprecio.
—¡¿Pero qué clase de atrevimiento es este?! ¡¿Cómo se te ocurre entrar así?!
Al parecer no era el único mojado allí.
—Señora... ¿Usted no debería estar allá adentro...?
—Envié a Sakura al mercado por unas cosas. Jamás esperé tanta lluvia y no había nadie que viniera por mí, así que decidí esconderme acá. Mis pobres flores seguramente se han estropeado, ¡Maldita sea! ¡Pero esta lluvia que ha caído no es normal!
—Pero, no lo entiendo. ¿Por qué vino acá y no fue a su casa?
—¿Que no tienes sentido común? ¡Era rebajarme y protegerme aquí o caerme en el fandango y ser objeto de burla de la muchedumbre!
—Por favor, no sea tan altanera. Ni que fuera la primera mujer en caerse.
—No estoy dispuesta a ser vista de esa forma. Me niego rotundamente.
Las palabras de ella me hicieron reír. Se veía guapa, aún mojada. El cabello rebelde le caía por los hombros, parecía mucho más largo que cuando lo llevaba entre gruesos rizos. La ropa ceñía sus senos y mostraban que eran víctimas del frío. Ver aquella escena me ponía en desventaja, si yo dejaba volar a mi imaginación, terminaría siendo golpeado.
—No creo que valga la pena enfermarse por una vergüenza. Con este tremendo frío, la señora podría terminar en cama.
—No pretendas que te importa. Si llego a morir, a todos les valdría un bledo.
—¿Es eso lo que pone a la señora de mal humor? ¿Creer que no tiene a nadie con quien contar?
Aria se había cruzado de brazos y me daba la espalda. No podía seguir viéndola, iba a terminar arrepintiéndome. Pero lo hice, no podía dejar de ver su espalda, bajando hasta la parte baja. Estaba tomando miradas largas y aún con el frío infernal, yo me sentía cálido. Cada mirada era una extraña sensación de fuego recorriéndome, llenándome. Ese fuego me cubrió de rojo las mejillas y me pregunté de qué se trataba. Ahora lo comprendo bien, pero en aquel momento, no sabía qué sucedía conmigo y por qué lo sentía.
—Quizás la señora se sienta sola —continué, intentando calmarme—. Quizás sólo sea cuestión de perspectiva. Quizás no esté sola. Quizás... sólo quizás... la señora no ha encontrado a alguien que la haga sentir segura. Alguien que le brinde honestidad pura.
Aria levantó el rostro, aún sin volverse a mí. Parece que había dado en el blanco.
—Es difícil abrirse al mundo, pero, no hay que limitarse cuando hay nuevos horizontes por explorar. Si este lugar le hace sentir que no tiene pertenencia, entonces hay que buscar el lugar ideal donde sí pueda sentirse plena y especial. Con las personas indicadas. Con alguien que de verdad cuide de usted y que esté interesado en usted porque sus sentimientos hacia usted son honestos.
Quería decirle ese día que no quería verla triste jamás, pero, mis palabras no dichas se convirtieron en un deseo vuelto realidad en ese momento. Ella se giró para mirarme y sonreírme de forma pícara.
—Eres un mocoso insistente, ¿No es así?
—No lo soy, sólo digo lo que pienso.
—Y entonces, ¿Puedo decirte lo que pienso?
—Por favor.
—Me molestas. Pero, me sigues gustando. Y eso no es justo, Lan.
—¿Perdón?
—¿Qué? ¿No puedo llamarte por tú nombre?
—Desde luego que sí, mi señora.
—No me digas señora. Quiero que desde hoy me llames por mi nombre.
—Pero...
—No quiero que digas nada. No quiero que pienses en lo que es correcto ni en que yo soy una gran señora adinerada ni que me debes más respeto por ser tú superior. Sólo quiero que me trates como una persona más. Como todo lo que tú mismo dijiste.
—Pero...
—Basta. No seas tan correcto. Hace que me sienta mal por haberte tratado mal tantas veces.
Aria se había acercado a mí y se había sentado junto a mí. Me sentí mal por no tener nada con qué cubrirla, pero, no había nada para hacerlo. Ella sólo comenzó a reírse, como si me hubiera leído la mente.
—La única forma de que pudiera conseguir sábanas es que esta maldita lluvia cesara o que me desnude para que la ropa mojada no me siga quitando el poco calor que me queda.
—¡Aria! —grité asustado. Ella comenzó a reír, mirándome con una ceja alzada.
—¡Es verdad! Y me alegra mucho haberte escuchado llamarme por mi nombre. Así quiero que sea a partir de hoy.
—¿Por qué? —pregunté con las mejillas rojas.
—Porque eres lindo y me gustas.
No respondí más, sólo escuché cómo las gotas de lluvia golpeaban la madera. Aquello sonaba como golpes desesperados contra la puerta. Hacía mucho que no había un gran aguacero aquí, seguramente no habrá otro en unos buenos meses. Pero, ese ya no podré verlo más. Ni ella.
Después de varios minutos de escuchar sólo el sonido de la lluvia, ella se levantó, quitándose sin pudor la ropa frente a mí.
—¡¿Qué haces?!
—No soporto más el frío. Así que tendré que quedarme en paños menores. Deberías hacer lo mismo o terminarás con fiebre. Si no es que ya la tienes —dijo, señalando mi cara. Estaba enrojecido por ver su cuerpo tan expuesto, porque jamás había visto a una mujer desnuda antes en mi vida. Y no vería a otra mujer más que a ella, eso me hacía feliz—. Anda, hazlo también. No voy a verte.
Cuando terminó con su vestido, se subió el fustán para cubrirse parcialmente las partes privadas. Se sentó para darme la espalda, como si fuera señal para indicarme que me tocaba desnudarme. Dudoso lo hice, dándole la espalda al terminar.
—Caliente —dijo ella.
—¿Eh?
—Caliente. Tú estás caliente.
—A-Aria...
—No te preocupes, no voy a verte. Pero, estoy segura de que si me compartieras un poco más de ese calor, no estaría titiritando en estos momentos.
Aquello seguía siendo una invitación. Todo el panorama fue perfecto. No había forma de que algo se interpusiera o que fuéramos descubiertos. El único límite era yo, pero, fue mucho más fuerte el calor en mi interior. Esa calidez tan extraña y maravillosa que ella me traía.
Mis brazos la rodearon de la espalda, intentando transmitirle mi calor. Ella se rio, mirándome con una ceja alzada.
—Lan, si me abrazas así, seguiré congelándome. Tengo que darme vuelta, ¿Sabes?
—Pero... pero, si lo haces...
—No te preocupes. Considéralo un salto de fe contigo.
En un abrir y cerrar de ojos, estaba abrazando el cuerpo completamente desnudo de ella. Se había desecho del fustán y me cubría con sus brazos y piernas. En verdad se sentía mucho más cálido estar así, estaba en un nuevo mundo maravilloso y desconocido del cual no quería salir. Sentir la piel de otro humano era un fenómeno extraordinario, era diferente al roce con mis manos o rostro. La piel suave de otro humano, su calor, su olor... era como si pudiera tocar el mismo cielo. Yo era todo un niño curioso y no sabía en realidad cómo debía describir esa sensación.
—Lan...
—Dime.
—¿Es extraño estar desnudo con una vieja como yo?
—¿De qué hablas?
—Seguramente debe sentirse repulsivo, estar abrazado con una vieja arrugada.
—¡Estás de broma! ¿Tienes idea de lo hermoso que es estar contigo así? Tú, mi querida, eres una obra maestra que tengo la suerte de explorar ahora. Perdóname si sueno atrevido, pero, sentir todo esto... yo... yo jamás había experimentado algo así. Eres perfecta, Aria. Toda tú, toda tú piel, todo tú aroma... no sé qué es, pero, es algo especial. Quizás porque jamás había estado tan cerca de otro cuerpo, pero, es interesante. Quizás sólo soy un cerdo muy afortunado.
Ella comenzó a reírse, mirándome directo a los ojos. Su mano cayó suavemente sobre mi mejilla, tocándome durante unos buenos segundos hasta que sus labios tocaron los míos. Aquello definitivamente me había hecho recuperar el calor y olvidarme del frío. Y no reparé en que estaba haciendo algo imperdonable. Me sentía en una nube de éxtasis de la cual no quería despertar. Sus besos se volvieron mucho más profundos y me tomó un tiempo seguirle el ritmo, pero, al cabo de un rato, ambos nos habíamos fusionado bien, como si fuéramos uno mismo. Las manos de ella me recorrían el cuerpo y sentía cómo electricidad me avivaba en el interior. Quise transmitirle lo mismo y comencé a tocar cada parte de su lienzo y me dejé llevar. Para cuando llegamos al punto sin retorno, me mostré muy intimidado.
—Yo... yo jamás... yo no debería...
—¿Qué sucede?
—Yo jamás he estado antes con alguien —admití avergonzado. Ella me sonrió, aún besándome dulcemente—. No me mires así, como si fuera un niño mocoso que quiere ser adulto.
—No te estoy viendo así, Lan. Es sólo que esto me está haciendo sentir culpable. ¿En verdad quieres seguir? No me gustaría que tomes una decisión de la que te arrepientas.
Pero yo no pensaba en claro en aquellos momentos. Sólo quería ser llevado por la corriente y perderme. La besé profundamente, tocándole el pecho y sonriéndole.
—Por favor, sé amable conmigo.
Y fue entonces cuando yo fui suyo y ella mía. Sus gritos fueron la parte más graciosa, me había acusado de mentiroso porque, según ella, era demasiado buen amante para haber sido mi primera vez. Yo simplemente me había dejado ir y escucharla gritar me producía esta corriente que aumentaba a medida yo seguía. Más y más fuerte, con renovada energía. La lluvia había reducido para cuando terminamos, pero ella y yo seguíamos abrazados, yo recostado sobre ella, mirándola como si de una piedra preciosa se tratara. Tenía el rostro enrojecido, estaba apenada por haber gritado tanto pero estaba agradecida por la lluvia. Yo estaba agradecido por sentir su calor y sus labios. No quería irme de allí y quería que la lluvia durara mucho más para volver a ser de ella.
Pero aquello tenía que terminar allí.
Aunque la lluvia había cesado, ella dejó ir uno que otro grito cuando no quise despedirme y la tomé de nuevo. No puso objeción y eso me hizo feliz. Pero, la sensatez me decía que pronto alguien se acercaría a ver el escándalo y terminaríamos crucificados por haber cometido un pecado muy delicado. Me recordé entonces que lo que yo había hecho estaba muy mal y que no podía remediarlo porque no podía simplemente disculparme y fingir que no había pasado. Pero ella estaba tan olvidadiza de todo que no pude evitar disfrutar el momento. Sólo pensé en callar sus gritos con mis labios, aunque era difícil cuando mis propios gemidos me delataban.
—No quiero que te vayas —me había dicho.
—Yo no quiero irme tampoco, pero, ¿Te das cuenta que hemos hecho una estupidez que nos puede costar caro?
—¿Te arrepientes?
—No. Esto fue mi decisión y estoy feliz. Pero, yo soy un hombre libre. Tú sin embargo, tienes a alguien esperando en esa casa por ti y no me perdonaría jamás si algo te sucede por mi culpa.
—Tranquilo, no hay nadie que me espere. Pero, creo que debo darle razón a tú sensatez. Pero, no saldré de aquí sin que antes me digas que esto no terminará aquí. No puedo dejarte ir después de hoy, Lan. Te necesito. Yo no podría fingir más que no siento algo por ti y estoy desesperada de saber que una vez salga de aquí, tendré que regresar a ser la señora Schmidt, no Aria. No la Aria que conociste aquí, la Aria que sólo quiere ser una loca salvaje sin que a nadie le importe lo que haga porque no es nadie.
—Eres una hermosa loca salvaje —dije riendo. Ella me dio una mirada de pocos amigos, pero comenzó a reír, terminando de ajustarse el vestido ajado y aún húmedo.
—Lan, por favor. No me abandones. No ahora. En verdad, te necesito. Te deseo. Estoy totalmente y locamente enamorada de ti.
La mirada intensa que me dio me hizo decirle que jamás la abandonaría porque yo sentía lo mismo que ella. Lo único que quería hacer en esos instantes era quitarle la ropa y sentirla junto a mí, sin necesidad de hacerla mía. Sólo la quería libre y desnuda, sin ataduras. La quería siendo ella misma.
Un beso fue lo único que recibí cuando ella salió de la bodega. Esperé a que pasaran unos minutos para irme como un ladrón furtivo, consciente de que si alguien me veía iba a ser mi fin.
Pensándolo bien, quizás esto estaba destinado aún con todo y tragedia.
Nunca nadie me vio durante mis visitas a la bodega, donde ambos hicimos el amor varias veces. Me había deshecho de mi trabajo como mensajero y decidí dedicarme al comercio de joyas, para poder conseguir más para ella. Eso también era una medida de precaución, no podía verla sin que se notara en mi rostro cuánto la deseaba. Y la que más me preocupaba era Sakura.
Aria dejó de ser precavida en su presencia y eso me daba miedo, pero, Sakura parecía ser nuestra cómplice. Siempre nos dejaba solos cuando veía que llegaba y siempre la ponía en sobre aviso cuando el señor Schmidt rondaba por la mansión. Estaba agradecido con ella, por permitirle a un don nadie como yo vivir el mejor romance de su vida. Aún si eso la ponía en riesgo.
Además de Sakura, mi secreto no permaneció tan secreto con mi mejor amigo. Mi expresión de idiota enamorado me había delatado y él siendo detective, había descubierto en poco tiempo de que yo estaba así por una mujer.
—¿Cuándo vas a presentarme a la mujer misteriosa, Lan? ¡Llevan meses saliendo y no sé nada de ella! ¡Has cubierto bien cada detalle porque no puedo averiguar quién es!
—Es mejor así. El misterio le da sabor.
—¿Por qué no me quieres decir? ¿Se trata de alguien que yo conozco?
—No la conoces.
—¿Entonces? ¡Vamos, hombre! ¡Dime!
—La curiosidad mató al gato... aunque en este caso, sería al lobito. Así que mejor no preguntes, eh, Shaoran. Y deja de acosarme como esposa celosa que terminaré nuestra amistad entonces. No me mal entiendas, amo que te comportes así porque eso sólo prueba de que me amas mucho, pero, tampoco debes exagerar.
—Eres un imbécil.
—Yo también te amo.
Shaoran sin embargo tuvo la perspicacia de ponerme una trampa. Y esa fue mi desventaja. Porque yo sabía que estaba haciendo las cosas mal, no quería ser descubierto. Estaba avergonzado de haber mandado al carajo cada uno de los valores y principios bajo los que fui instruido, pero, era un hombre cegado por el amor. Y yo no quería dejar ir a la única mujer que amé en vida.
—¡¿Una mujer casada?! ¡¿Qué diablos sucede contigo?! ¡¿Tienes idea de lo que va a pasar si el marido se entera?! ¡Lan, por un demonio! ¡¿Por qué no pudo ser una chica del montón?! ¡Alguien soltera, sin compromisos! ¡¿Por qué justamente una casada?!
—¡Oye, basta con el sermón! ¡Tú estás sacando conclusiones por algo que viste! ¡La señora Schmidt sólo fue amable conmigo porque yo fui mensajero de su familia durante muchos años! ¡Hacía mucho que no la veía y la acompañé a esperar a su dama! ¡Eso es todo! ¡Deja de ver cosas donde no las hay!
—¡Vamos! ¿Pretendes negarme que la mujer y tú se estaban comiendo con la mirada?
—¡No conoces a las ricachonas! ¡Mueren por un joven buenmozo que las haga sentir jóvenes de nuevo! ¡Hay muchas mujeres cuarentonas que se me han insinuado y les he dicho que no! ¡Además! ¡Yo estoy muy enamorado de esa persona especial! ¡No la engañaría con nadie más!
—Vaya, se nota que no la estás engañando para nada...
—Oye, deja de comportarte como mi padre o como mujer celosa, Shaoran. Yo también tengo capacidad de pensar y saber qué demonios estoy haciendo con mi maldita vida. Deja de hacer tanto drama por suposiciones ridículas.
Shao... cuánto lamento haberte ignorado en ese momento.
Me pregunto si lograrás hacer que el maldito de Adalius Schmidt termine en la cárcel, o mejor aún, en una maldita silla eléctrica, retorciéndose en su muerte.
La luna estaba cubierta parcialmente por las nubes, haciendo que mi única luz fuera tenue. Me estaba sintiendo débil, pusilánime. Quizás por la hemorragia de las balas. No lograría salir vivo de esta, estoy consciente de que este es el pago por mis errores. Pero, lo único que lamento es no haberme ido esta noche a casa temprano como había dicho que lo haría. Si tan sólo... si... si yo tan sólo...
No puedo ni pensarlo, ni decir palabra. Mis sollozos son tan patéticos que hasta yo tengo vergüenza de mí mismo por ser débil y estúpido. Ella había asegurado que su esposo estaría perdido en una fiesta de quién sabe qué clase y quería que pasáramos juntos la noche. Le había mentido a él para no ir, porque estaría esperándome.
Yo debí haber dicho que no.
Yo...
Yo...
No puedo más. No puedo con la culpa. No importa si lloro y drene toda mi energía en esto. Debo llorar mis penas, guardar mi luto.
Sin importar lo patético que sea.
—Así que supongo que estás disfrutando esto —la potente voz de Adalius me sacó de mis pensamientos, haciendo que me volviera hacia él.
—¿No eres tú el que está disfrutando esto?
—En absoluto. Esto después de un tiempo se vuelve rutina. Aunque contigo apliqué algo nuevo e inesperado. Mira que no tenía planeado matarte a ti, pero, tuviste la más maldita de las suertes. La única que tenía que irse hoy era la perra esa, pero, tú estabas allí con ella... espero que entiendas que esto no es nada personal. Pero, viendo lo cegado que estás por ella, es de lógica común no dejarte ir. No pretendo pasar el resto de mis días en una cárcel y me he cuidado tan bien hasta hoy que no voy a dejar que un pequeño insecto como tú logre eso.
—Eres un bastardo. ¿Por qué tenías que hacerle eso a ella?
—Es simple y sencillo. La maldita me traicionó y eso se paga con sangre. Y no sé si estabas enterado de esto, pero, ella lo sabía. Sabía perfectamente que me pagaría con su propia vida cualquier estupidez que llegara a cometer. Si ella se hizo la ciega, supongo que no tenía más remedio que terminar con esto antes de que a ella se le ocurriera pensar en ideas brillantes para hundirme. La maldita zorra era tan calculadora que eso fue lo que me atrajo de ella y por eso terminé enredado con ella. Pero estoy seguro que lo que menos quieres escuchar es cómo follamos y lo que vino después.
—¡Eres un maldito bastardo! ¡Deja de hablar de ella! —grité, casi atragantándome con mi saliva. Estar acostado sobre mi espalda no era lo mejor, pero, ya no podía levantarme. Mis piernas estaban perdidas. No tenía brazos que me ayudaran a impulsarme y quedarme sentado, era un maldito pedazo de carne viviente que se quedaría sin vida pronto.
—¿Sabes? —dijo, dando vueltas a mi alrededor—. Hay una cosa que me es muy curiosa y es tú mala suerte. Tienes la mala suerte de haber caído tan bien en su trampa que hasta siento pena por ti. En verdad supo enredarte y hacerte perder el sentido común. Digo, perfectamente pudiste haberla usado e irte, tal y como se hace con las prostitutas de su clase. Pero, decidiste quedarte con ella como un perfecto amante que también te trajo hasta aquí. Lo que está por pasarte es culpa de ella y ni siquiera pareces reflexionar en el hecho de que lo que estás sufriendo fue en vano. Porque, ¡Vamos! ¡Puedes cogerte a cualquiera! Eso no lo dudes. Pero, ¿Enamorarte en vano de alguien que sólo te usaba para sentirse mujer de nuevo? O peor aún, ¿Ser torturado a muerte por una mujer que nunca correspondió a tus sentimientos?
—¡Tú no lo sabes! ¡No sabes lo que ella sentía por mí!
—Claro que lo sé. Te hizo sentir especial, único. Que contigo podía ser ella. Eso lo conozco tan bien, cada argumento de ella porque los usó tantas veces antes, pero, tú fuiste sin duda el más estúpido y desafortunado en esto. Piénsalo bien, de haberte amado en realidad, ¿Por qué rayos te expuso a esto? Aria sabía perfectamente que si yo conocía de ti, no iba a permitirte vivir. Se iba a lamentar unos días por no tener un juguete nuevo, pero, al final siempre encontraría uno. Si tanto te amaba, ¿Por qué entonces no decidió arriesgarse y huir contigo? ¿Por qué no te dejó ir? ¿Por qué te sedujo? Si lo piensas bien, tú no fuiste más que un juego. Y de alguna forma me debes agradecer que te permití ver cómo le quitaba la vida a la maldita. Eso debería aliviar tú pena. Aunque, seguramente con lo cegado de amor que estás, no vas a comprenderlo.
Odiaba admitirlo, pero, él tenía razón. ¿Por qué había sido elegido yo? Él me dijo las mismas cosas que ella ese día en la bodega. Pero, lo que yo sentía... sí, ciertamente, eran sentimientos que yo sentía, no ella. Eran mis palabras, no las de ella. No estaba seguro de si ella me amaba en realidad. Pero, yo era tan especial... yo... no. No puedo dudar.
—Ella me amó. A su manera, pero me amó. Y eso es suficiente para mí.
Adalius hizo una cara de incredulidad, parecía demasiado divertido con el asunto.
—Bueno, como sea. Sabía que no podría abrirte los ojos, pero al menos lo intenté. Pero, eso no va a salvarte de lo que va a suceder. Ya sabes lo que dicen, tres pueden guardar un secreto si dos de ellos están muertos. Aunque... bueno, puedo arreglármelas. Lamento mucho que hayas sido muy idiota. Como dije, no es nada personal.
—Matarme no va a traerte paz.
—Pero sí felicidad. Eso es suficiente para mí, niño. Aunque, sí tendré paz sin la maldita de Aria rondando por allí. Eso debería ser más que suficiente. En fin, si me disculpas, tengo que regresar a una fiesta donde aún me creen allí. No quiero terminar en la cárcel por un mequetrefe como tú, así que, au revoir, imbécile jeune! No sé decir adiós en tú idioma.
Imbécil. Lo odio. Lo odio porque no puedo dejar de darle la razón. Su mirada de diversión me hizo recordar el rostro de ella cuando se reía. ¿Acaso yo era un simple juguete? Pero, lo que yo sentía era genuino, lo ha sido desde aquel día en que la vi por primera vez. ¿Tan poca cosa fui para ella? ¿Acaso no me merecía felicidad genuina también?
Sh... Shaoran...
Encuéntrame. Sálvame. No quiero morir.
Quiero vivir. Hoy más que nunca.
Shaoran... no siento más mis miembros. Mi cuerpo está adormitado y frío. Yo me siento adormitado.
La luz de la luna gira y gira hasta que ya no puedo verla. Mi cuerpo se siente pesado, un poco adolorido, pero sigue adormitado y frío. Es como si me hubiesen dado un buen golpe pero por la anestesia no lo he sentido. Ojalá y mi cuerpo estuviera anestesiado y así ya no se prolongara más mi suplicio. Estoy tan débil que ahora veo borroso y no puedo frotarme los ojos para esclarecer lo que hay frente a mí. Hay algo extraño cayendo en mi espalda, es suave pero húmedo.
Cierro los ojos, confiando en un milagro.
Pero es en vano.
Yo... yo... ¿Aria? ¿Vas a esperarme?
A-Aria...
Todo lo que vivimos pasa frente a mis ojos y no puedo evitar soltar débiles lágrimas. Sí, ciertamente he sido un imbécil. Mi voluntad ha sido expuesta y yo no he podido superar la prueba con éxito. Pero, sólo me queda una cosa más en la cual puedo confiar y que espero me traiga un poco de paz.
Padre, madre, por favor, recíbanme aunque no sea el hijo más ejemplar. Aria, donde sea que estés, espero que tú amor haya sido tan real como el mío y me rec
Notas de Glasses-chan:
Buenas :eyes: Creo que ha pasado un buen tiempo desde que publico algo por estos lares. Y curiosamente, es algo que tiene que ver con CCS y a la vez no directamente xD Si conocen el trabajo de las talentosas señoritas mel_kari (en Wattpad) y Sahure con su historia "Los Poderes de la Oscuridad" y su secuela y precuela, seguramente conocerán a los protagonistas de esta historia. Este AU es completamente diferente al mundo escrito por ambas y sigo con pena con ellas por tergiversar a Adalius de esta forma xD Y como dice el título, la historia tiene tres partes y un intermedio por allí... así que estaré compartiéndolo en los próximos días porque creo esta primera parte es demasiado larga (todas en realidad). Gracias de verdad si siguen leyendo esta nota xD
Sin más que decir, espero disfruten la historia. No me maten :'v
P.D: Si aún no leen/siguen la historia de Los Poderes, se las recomiendo muchísimo. Pueden encontrarla en Wattpad en el perfil de mel_kari y en Fanfiction en el perfil de Sahure ;)
P.D 2: De nuevo, no me maten por dañar a Lan y Adalius (?) *comienza a huir*
