FIC

Historias de Albert y Candy

De la Luna de Miel a la Guardería

Por Mayra Exitosa

OctoBert 2020

10 10 2020

Se había enamorado perdidamente, no había hombre más atractivo en la faz de la tierra. Su mirada y la de ella se encontraron para no dejar de verse jamás, el era todo lo que ella había anhelado en sus más locas fantasías. Serio, formal, caballero, amoroso, detallista, nada podía ensombrecer ese beso que la tenía soñando en su regreso. Como militares los hombres salían a constantes misiones, el hombre de su vida era sargento en un comando de las fuerzas espaciales armadas. ¿No pueden creerlo? Pues i, ella estaba más que feliz, no solo era un militar, era "El militar" Nadie se le podía acercar con facilidad, así que adiós chicas, ese hombre tiene dueña y quien se le acerque puede ser destituida por falta de respeto al Sargento Andrew. Candy sonreía enamorada, porque la suerte que tenía era haber conquistado al hombre más poderoso de los alrededores, era un hombre de alto rango, si, estatura, poder y sobre todo nivel de… si, eso. Era un hombre en todos los conceptos evaluado sutilmente por todos lados. Era el amor de su vida y le acababa de pedir matrimonio, su manera tan cortes de ser con ella, por haber tenido relaciones, le hacía que fueran a casarse de forma inmediata, no deseaba que nadie le ganara a la mujer de su vida y ella estaba en las nubes. Había formalizado apenas a unas semanas de conocerse, la habían pasado más que bien para la quinta cita ya era imposible detenerse, fueron cenas, bailes, paseos y muchas escapadas, pero esa ultima ya lo había aniquilado, el mismo lo había declarado, imposible de vivir sin ella.

El Sargento desde que la conoció no dejaba de visitar el hospital, por una cosa u otra si inventaba excusas para salir a buscarla, pues como no, sus hombres se la pasaban hablando de una y otra enfermera que se llevaban al campo o a los separos, el caso es que de solo imaginar que pensaran en robarle a su novia, lo tenía tenso. Candy era la mujer más bella de ese hospital en general, había dos que tres chicas hermosas, lo admitía no estaba ciego, pero su mujer era en todo la mejor, una sonrisa desarmadora de fusiles y metralletas, una mirada asesinato instantáneo de rivales, una caricia y estabas muerto. Ella debía ser esa chica a la que todos querían conquistar y cada que los sorprendía hablando de la rubia, solo deseaba ir por la suya y esconderla en su habitación a puerta cerrada y ya hablando de eso, quedarse con ella semanas enteras hasta quedar vacío y hueco porque todo se lo quedaba con ella. Y esa angustia no era del todo falsa, la habían estado pasando de maravillas, hasta que la ultima noche se le había olvidado colocarse el preservativo y juraba que la había impregnado hasta la medula, porque definitivamente lo había hecho con una potencia desesperada, por culpa de sus compañeros que se la pasaron en el maldito bar comentando todo lo que planeaban hacerle a la güerita de ojos bonitos que había en el hospital. Desde entonces, el ya había decidió sacarla de ese lugar y llevarla con él a todas las misiones como parte de su equipo necesario de trabajo, era una arma letal y lo desconcentraba a más no poder, nadie podía mencionar algo, sin que temiera que fuera su mujer de la que hablaban, todo porque, porque estaba en modelaje libre, pero ahora que estaba con el anillo puesto ya todo era un alivio, la dama en cuestión era intachable, ambiciosamente solo suya, era increíble a la hora de colocar inyecciones, parecía formar fila y darles a todos su merecido con una velocidad única, mientras miraba la fila de rostros por como ella se los había pinchado uno a uno con tanta genialidad, colocando la inyección de la vacuna en forma ordenada y concisa, eficiente a más no poder. Ahí estaba el mal nacido ese que había anunciado que pondría a revisar el suelo a la güerita del hospital, ahora con cara de momia recién encontrada después de una pinchada de su mujercita, quien al verlo lanzaba su arma fulminante numero uno, una sonrisa radiante de esas que solo ella podía hacer, porque al reírse otras solo podía decirse que era amabilidad, pero con ella, su sonrisa era todo su día, su semana y hasta su mes de no sacarla del pensamiento.

Y como marcando territorio, pasaba por ella dándole un beso directo y puntual, frente a todos los mal nacidos soldados que ella estaba vacunando en ese instante. Sabiendo que lo miraban el saludaba a su novia ya que se encontraba fuera del cuartel y libre para ir por su "prometida" que mientras besaba, levantaba su mano anunciándoles el diamante brillante que posaba en su mano, para darse cuenta que ella lo ayudaba a exhibirlo colocando su mano en su hombro para ajustarlo en ese beso que lo tenía atrapado, hasta que los mendigos envidiosos sin poder aguantar nada, comenzaban con chiflidos y vítores que la hacían cambiar de tonalidades varias y surtidas, desde un rosado suave, hasta un granate intenso, todo por lo que esos la habían descubierto en su debilidad y ella aprovechando que lo tenía al frente se ocultaba en su pecho para esconder sus delicados tonos solo para él.

- ¿Estás lista mi vida? - Si ya estaba terminando, solo que nos sorprendieron a mis compañeras y a mi que llegara un escuadrón completo para una vacuna que les habían ordenado inyectarse la de tétanos por si salían heridos en su próxima misión. Albert giraba a verlos, todos lo miraban con cierta envidia, nadie les había dado esa orden y lo sabía. Pero ellos deseaban ver si lograban ruborizarla quitándose las camisetas para una simple vacuna en el brazo. A lo que viendo que quien lo lograba era solo él. El sargento Andrew aprovechaba y comentaba, - Sería bueno que les inyectaran hierro, los hombres se ven un poco débiles, avísales a tus compañeras que ya estas de salida y que revisen a los soldados para ver su esquema y darles una vacuna de hierro para que se fortalezcan esos músculos.

La cara de espanto era increíble, el hierro era una de las inyecciones que más dolían a los ahí presentes al conocer todas las vacunas ya tomadas con tal de visitar y ver a las enfermeras de un color pálido a un verde azulino cambiaban los rostros de los buenos para conquistas presentes y que les tocara su mujer, fue la gota que derramaba el vaso, pues ahora había llegado a tiempos u prometido, para que no le robaran las hermosas sonrisas, las tiernas miradas y sobre todo los efectos especiales que tomaba su tono en el rostro por esos jóvenes que deseaban verla con tal de ganarse un poco de su atención, pero ya se les borraría la sonrisa de satisfacción que ponían en el bar anunciando sus técnicas de conquista, en menos de una semana su mujer saldría del mercado de accesibilidad al de Señora Andrew, en casa con horarios moderados, si por suerte y con la buena puntería que tenía, la había embarazado como pensaba, para cuando se diera cuenta, ya estaría en casa y en su luna de miel, un chiquillo en la casa era como un soldado nuevo al que le daba la orden de no dejar sola a su madre en lo que regresara de cualquier misión. Así que antes de que ella lo averiguara y sabiendo que no tomaba nada para cuidarse y solo se habían asegurado de usar preservativos de alta calidad para no tener accidentes innecesarios y gozar de una luna de miel larga y placentera, ahora ya podía estar tranquilo desde la próxima semana que le darían de descanso quince días para cuidar de manera eficiente y exclusiva a la mujer de su vida.

- ¿Lista para irnos, mi amor? - Si, mi cielo. Tenías razón, los chicos deben tomar la inyección de hierro que mencionaste y la jefa de guardia se las pondrá a todos. Gracias eres un ángel, la enfermera es la más precisa con las inyecciones de hierro, suelen ser las mas dolorosas y no quisiera lastimar a nadie. Decía ella con una tierna sonrisa por haberle salvado de ese dolor a poner a los soldados tan amables que se habían enfilado para que fueran atendidos de forma eficiente. Iba por el pasillo de salida y el grito de uno de los hombres parecía música en sus oídos, ahí estaban los listillos del bar, para ver a la rubia, eran mas de siete rubias, pero como imaginaba era a la suya la que deseaban ver y habían programado todo para que siendo ella la ultima en salir, fueran ellos los que en ese instante llegaban a pedir su vacuna de tétanos e impresionarla con el tema de que irían a una misión de alto riesgo donde cabía la posibilidad de tener alguna pelea y de salir heridos y causar cierta lastima en quien los escuchaba y en el caso de su mujer que era tan solidaria les daba preocupación y angustia de solo pensar a alguien lastimado. ¡idiotas! Ese truco ya lo había usado cuando la hizo su novia, como creían que les funcionaría si ahora era su prometida.

Orgulloso y ya sabiendo que les quedaba una semana de preparativos para luego recibir a todo el arsenal armamentístico familiar con toda la banda Andrew y el proliferado de los White que amenazaban con invadir Lakewood solo pro un fin de semana y que eso había provocado una bandada de preparativos para su alojamiento en masa dentro de la mansión de su familia, la cual estaba realizando con todos los honores el evento, al ser el militar de alto rango de la familia y orgullosa su Tía abuela pensaba echar la casa por la ventana invitando a todos los comandos a los que había pertenecido su brillante sobrino y ahora que por fin le había Dios escuchado sus oraciones lo casarían y podría tener menos misiones peligrosas y más trabajo de oficinas al ser enviado a Chicago en el cuadrante de milicia de preparación y no en el de fuerzas espaciales armadas en el cual había estado en constantes viajes de alta seguridad y discreción que habían dejado a su tía más canas de las que ella habría deseado, cuando se dio cuenta que le había propuesto matrimonio a su novia, casi quiso aventar a los santos de su capilla particular porque por fin le habían escuchado sus oraciones y ruegos. Sin saber que el tenía otra particular sospecha que le había llevado a adelantar todo lo que pudiera su boda antes de salir con un embarazo fuera del matrimonio frente a la familia más pudorosa y recatada de la historia de los Estados Unidos de América, y evitar ensuciar el apellido del que llevaban años presumiendo con honor y gloria.

- Amor, tuvieron que soltar el vestido un poco, creo que estoy subiendo de peso, debe ser por los nervios de la boda. - ¿En serio mi vida? Te veo muy delgada, tienes la cintura más pequeña que he visto en todo el cuartel. - Me ves con ojos de enamorado, y no fue de la cintura sino del busto donde tuvieron que soltar un poco, para que no salieran a flote en plena ceremonia este par de amigas egocéntricas que … - Que son preciosas y que están tan contentas porque esta noche estarán en mi boca. - ¡Albert! Candy se avergonzaba por lo que el mencionaba, pero ella también se moría de ganas de estar en sus brazos y el era todo un hombre detallista que la hacía volver loca tantas veces como pudiera antes de culminar en sus deseos personales, preocupándose siempre por ella y gozando ambos de las noches más largas y placenteras jamás soñadas. Pero así era su prometido, y ya pronto sería su marido, después de casarse había programado un cambio para quedarse por un tiempo en el cuartel de entrenamiento como instructor, solo que antes tenía que cumplir un par de misiones importantes que estaban en su cargo y finalizando estas sería cambiado a la tranquilidad del adiestramiento de soldados, para estar más tiempo con ella.

La boda que tanto habían esperado por fin llegaba, a velocidad luz y en menos de un mes ya se estaban casando, todo porque él no podía vivir sin ella. Se lo había declarado en sus votos matrimoniales y en su formal petición de matrimonio donde le había colocado el mejor anillo del mundo jamás visto y el cual lucía en su dedo anular como si fuera la octava maravilla pues sus amigas apenas se habían dado cuenta y estaban cotizando en el mercado la brillante piedra que resultaba ser un diamante de unos kilates increíble y que ella les había asegurado que era de la familia de su marido y lo había portado su madre, era único y exclusivo para ella. Con la leyenda dentro de su anillo grabada por él, nuestro amor para toda la vida y unidos por la eternidad.

La familia era todo un deleite, los White eran un surtido rico de todos sabores y colores, desde irlandeses hasta un mexicano habían asistido, tenían una variedad de chamacos de todos lados había un morenito como un rubio y era porque los White andaban de pica flor viajera y se habían casado y otros no, solo habían tenido regalos inesperados por todos lados, pero con valor habían registrado a todo el harén de los primos y tíos de su mujer. Mientras que la familia Andrew era todo lo contrario eran menos y más bien muy pocos pero todos cortados con un mínimo margen de error, si acaso por el mangazo de pelinegro que fungía como modelo de revista y si no lo era debería, y que usaba lentes, que más que una debilidad era para no arrollar a todas las mujeres a su paso, el joven poseía una sonrisa que sin que el supiera podía demoler a todas las chicas más inhóspitas de la familia. A las que tenía medio embobadas desde su arribo. El hermano que más que empresario parecía modelo de trajes Calvin Klein, porque lucía un espectacular corte y un atractivo paquete según comentaban las que lo habían revisado desde su llegada. Y ese hombre que era el doble de su marido rompía esquemas con una sonrisa que parecía no quebrar una taza y podía llevarse el juego y la vajilla, tenia a varias enmeladas desde que lo habían visto, y agradecía eternamente que estuviera ahí, para que le quitaran la mirada de borrega mal parida que tenían sus amigas cada que veían al novio y que aseguraban se estaba llevando al mejor semental del cuartel. Y si, en parte tenía razón, pero porque anunciarlo, si era exclusivo y de uso personal y privado, su Albert era solo suyo y no compartía ni por miradas a través de mail o correos de fantasías.

La luna de miel fue monumental, un viaje a las Maldivas, pasando por islas cicladas griegas del caribe, Bora Bora y finalizar en las islas vírgenes británicas. Lugares jamás visitados y con un lujo impresionante, más de un mes de luna de miel, por petición de su Tía, bendita ella que no sé porque lo había planeado así, pero se lo agradecía eternamente, si no había sido por ese ultimo día en el que se había pasado mareada y devolviendo parte del desayuno y la cena, todo hubiera sido perfecto. Pero el viaje se terminaba por una posible gripa o contagio en el transcurso del viaje el cual tenía nervioso y preocupado a su estrenado marido, cuando no debía siendo una enfermera sabía que existía una leve posibilidad de que se les haya pasado en alguna ocasión el preservativo, al no poder tomar medicamentos por sus reacciones incomodas y del cual cabía un posible embarazo.

Al regresar su casa era todo un paraíso arreglado y decorado por personal de la familia de su marido, quienes se habían esforzado tanto en poner habitaciones extra para visitantes, como si su marido fuera invitar a medio mundo cuando le encantaba estar a solas con ella. La llamada de sus ultimas consignas con el comando de fuerzas especiales los sacaba de su emoción, estaban esperando un bebe y ya se lo llevaban a una misión importante que por emergencia se había adelantado por una semana antes de lo que habían estimado. Candy estaba eufórica, pues ahora no solo estaba casada sino tenía la bendición de que sería madre y su marido lo había tomado con toda la felicidad que se podía, como si no le molestara que se finalizara su luna de miel fantástica, el solo había dicho que un pequeño bebe les daría solo satisfacciones a ambos. Y ella casi llora al tener que despedirlo sin saber a donde sería enviado y sin tener fecha de regreso.

La Tía de su marido la había acompañado a su visita al médico, después de asegurarse que su sobrino había anunciado un embarazo, la Tía estaba muy preocupada porque a ella no le faltara nada, como si fuera su madre, ahora se hacía cargo de cuidarla, pues su sobrino había sido enviado a una de sus ultimas misiones y estaba preocupado como siempre de que su hijo fuera a nacer y el no estuviera con su mujer si eso no finalizaba en buenos términos, la tía más que preocupada no soltaba a su sobrina y la protegía en todo instante poniéndole una joven de limpieza, una cocinera y hasta tenía un jardinero nuevo que desconocía, pero fungía como guardia encubierto.

El eco de su bebe fue sorprendente, la tía tuvo que ser llevada de forma inmediata porque se había desvanecido y llegaron los sobrinos de su marido preocupados y nerviosos porque no estaba su tío y ellos estaban a cargo del cuidado de la familia en falta suya. Era toda una ceremonia esa familia, contrario a la suya que aun ni estaban enterados de que ella se encontraba embarazada, porque mas que felicidad sería una agonía para reunirse con todos en la navidad y agregar un regalo extra a la pirámide de toda la familia numerosa a la que pertenecía.

Los modelos de chicos que habían engalanado la boda, ahora estaban ahí, asustados por desconocer que le había pasado a la tía al saber del bebe de su nueva tía Candy, ellos esperaban a salir y era Candy con una sonrisa quien los recibía comentándoles que fue solo la sorpresa del momento, pero que su tía estaba completamente bien, al ingresar a verla todavía temblaban las quijadas, incrédula anunciaba que había estado en el eco del bebe de su sobrino y que pronto tendrían mas miembros en la familia Andrew. A lo que Anthony emocionado miraba a Candy y preguntaba

- Tía ¿tendrás gemelos? - Bueno gemelos lo que se dice gemelos, pues no, pero ya ves la tía que no aguanta nada, y eso que conoció a mi familia en la boda, si somos un poco prolíferos, pero ni yo me esperaba una sorpresa de este tamaño, había que agradecer que hay mujeres que son de embarazos múltiples enormes y ella no aguanta nada. Stear moviendo sus lentes preguntaba

- ¿Entonces porque tendremos nuevos miembros en la familia, acaso tu bebe tiene mas de dos piernas y dos brazos? Archie le daba un zape a su hermano y argumentaba,

-¡Stear! Como crees que un Andrew podría compararse con Ben diez, deja ya de ver caricaturas. Ella tendrá un bebe y mira que la Tía esta emocionada y si, fueran dos pues sería un milagro, con los pocos que somos en esta familia. Candy avergonzada y un poco ruborizada comentaban,

- Ustedes saben cómo es su tío el siempre con tan buena puntería. A lo que la Tía Elroy se ahogaba en una tos intermitente que no la dejaba hablar por el comentario de Candy al ser atendida finalizaba Candy con su anuncio. - Son triates, tendremos tres chicos en la familia, y no son gemelares, son individuales, mi Tía Leonor en paz descanse tuvo cuatrillizos hace muchos años, de ahí solo sobrevivieron dos, pero es un legado sanguíneo. Al decir esto el pitido del aparato de la Tía alarmaba a los tres incautos con las quijadas sueltas, pues Candy estaba tan tranquila al saber que sería madre de tres bebe s independientes y complicados, a los que tenía antecedentes de que la madre podía morir y los bebes por igual.

CONTINUARA…


Reto: OctoBert del Diez de Octubre2020

Treinta y un Albert Aventuras ALSS

Historias de Albert y Candy

Deseando sea de su agrado, gracias por sus comentarios

no será muy larga y espero continuarla pronto,

Un abrazo a la distancia

Mayra Exitosa