Esta es una colección de one-shots inconexos escritos con los prompts de la Todobaku AU Week. Es un evento en inglés, así que esto es más bien una participación muy tangencial (porque yo soy firme creyente de hacer el fandom en español). Cada one-shot es un AU. No son muy largos porque tenía ideas para varios y quería tener tiempo de escribirlos.
La imagen de portada es de onesmolhurt (en instagram, tuiter y pillowfort).
Resumen: Lo de ser barista es una tapadera, al igual que lo de la universidad. Ni siquiera le interesa ese grado en química. Pero resulta que cuando te expulsan de la UA tu récord queda manchado para siempre y no puedes convertirte en un héroe.
Prompt: Coffee Shop AU (+ vigilante!Bakugo y pro-hero!Todoroki). Día uno.
Zero
White shirt now red, my bloody nose
Sleeping, you're on your tippy toes
Creeping around like no one knows
Think you're so criminal
bad guy, billie eilish
Es la primera vez que le toca atenderlo, aunque lo ha visto varias veces en la maldita cafetería. La verdad es que lo evita. Siempre logra que Deku —«Midoriya», se corrige para sí, se supone que ya no lo llamaba por ese apodo hiriente que le había puesto una vez— sea el que lo atienda. Katsuki se aprovecha de que es fan de los héroes y nunca deja pasar la oportunidad de atender a uno de ellos —y mucho menos de pedirle su autógrafo—. Pero hoy Deku —«Midoriya», vuelve a corregirse; hay hábitos muy difíciles de romper— está fuera cuando llega.
Y tiene que atenderlo él.
Nunca ha sido buen barista pero es eficiente. Prepara las cosas bien. Nadie puede quejarse de que se le olvidó algo en la orden. Ni siquiera las señoras que cambian todo y quieren una leche especial traída de la punta del Himalaya.
—¿Cuál va a ser tu orden?
Silencio.
Baraja el volverle a preguntar mientras mira directamente a la computadora que tiene enfrente. Luego sube la vista y se encuentra con los ojos de dos colores, parte del traje azul todavía puesto y el reconocimiento. Lo último es lo peor. El reconocimiento.
—¿… Bakugo?
—¿Qué vas a querer, carajo?
—Capucchino, simple —pide Todoroki. Héroe profesional. Katsuki estudió con él. Katsuki pudo haberse convertido en un profesional con él. Si no lo hubiera arruinado todo—. Por favor. —Carraspea—. No estaba seguro de si eras tú, ya te había visto…
—Cállate. —Bakugo le toma la orden y le pone el ticket en la mano—. Allá —señala al final de la barra— te entrego tu orden.
Clave para «déjame en paz y lárgate».
No hay nadie más así que le preparar el maldito capuchino rogando porque De… Midoriya regrese y pueda volver a no atender jamás a Shouto Todoroki porque no quiere saber nada de él.
No lo culpa.
Pero casi.
Resulta que el hecho de que te expulsen de la UA macha para siempre tu récord escolar y nadie te quiere. Especialmente después del primer festival deportivo. A Katsuki le gustaría darle la razón a la gente y decirle que sí, que esa fue la causa de su expulsión, pero nada estaría más lejos de la verdad. El festival deportivo y su pelea con Todoroki sólo fueron la gota que derramó el vaso y, desde ahí, el agua no dejó de caer.
Lo provocó demasiado, tiene que reconocerlo. Lo provocó hasta que Todoroki le habló de los matrimonios por singularidad, lo provocó hasta hacerlo jurar que no usaría su fuego y aun así lo derrotaría y lo hizo rabiar, porque para Katsuki no tenía sentido ganarle a alguien que sólo estaba usando la mitad de su potencial. A pesar de todo, Todoroki no usó su maldito fuego y Katsuki prácticamente lo noqueó incluso cuando ya había ganado.
Eso no le gustó a nadie, especialmente no a sus maestros.
Le advirtieron sobre su temperamento. Y luego ocurrió lo del asesino de héroes. Fue entonces cuando le dieron la razón a los villanos —y Katsuki nunca los perdonó por ello— y creyeron que lo mejor sería apartarlo del camino de los héroes. «Por tu propio bien», dijeron. Nunca se los perdonó. Ahora, con algo de perspectiva, los entiende, aunque el resentimiento todavía se anide en su corazón.
Ni siquiera recuerda con claridad la pelea con Stain. Midoriya ha intentado que se la cuente unas doscientas veces, pero se supone que es un secreto y que ni él ni Shouto Todoroki ni Tenya Iida tuvieron nada que ver. Recuerda al inútil cuatro ojos en el suelo, recuerda la terquedad de Todoroki, recuerda su fuego.
Fue la primera vez que lo vio usarlo en vivo. Y la última.
Dejó de ser estudiante de la UA poco después.
—¿Otra vez? —le dirige un gruñido. No está Deku, pero si lo oyera, probablemente le diría algo como «esa no es manera de tratar a los clientes, Kacchan». Jodido Deku. Maldito. Va a estar más cerca de los héroes profesionales de lo que él lo estará nunca sólo porque quemó todas las naves—. ¿Qué quieres?
—Capuchino, por favor.
—Leche entera, asumo.
—Sí. —Todoroki vuelve a carraspear—. Bakugo, sólo quería decirte que no creo que…
—No-digas-nada. —Alza la mirada, está seguro de que sus ojos tienen chispas amenazantes. Imprime el ticket, se lo pone en la mano—. Tu capuchino se entrega allá. —Y le señala el final de la barra.
Shouto Todoroki se rinde, una vez más.
Reconstruir tu vida no es tan fácil cuando tu único sueño en la vida se hizo pedazos. A Katsuki le costó trabajo. No lo admitieron en ningún programa que tuviera que ver con el trabajo con héroes. Su expulsión de la UA lo hizo quedar como un paria. Durante mucho tiempo su mente estuvo aferrada a que no se merecía esa expulsión. Recordaba a Aizawa advirtiéndole, una y otra vez, que tranquilizara su temperamento, y también lo recordaba hablando en su favor —lo más en su favor que podía, considerando que Katsuki era incapaz de controlar lo que salía de su boca—. Pero nada más. Incluso All-Might había acabado acorralado para aceptar aquella decisión.
Así que había acabado estudiando química. No era tan malo, pero no era lo que quería. La universidad lo frustra. El hecho de que Deku le haya encontrado ese trabajo también. Está aprendiendo a soportarlo y a decirle Midoriya, porque al menos él logró entrar al programa de soporte de Shiketsu y ahora está profundizando en sus estudios universitarios para diseñar toda clase de gadgets extraños para héroes. Maldito nerd. Pero apenas si puede soportarlo, porque no puede evitar verlo a la cara y pensar en su propio fracaso; además que la condición que puso el dueño del local para dejarlo trabajar allí es que comparta todos sus turnos con Deku —parece que no puede quitárselo de encima— y sólo se queda sólo cuando el otro va a la bodega.
Le pone el capuchino en la mano a Todoroki.
—Que lo disfrutes —le dice, en un tono que parece decir «que te ahogues con él, idiota».
Shouto Todoroki tiene el descaro de sonreírle.
La cafetería es sólo una tapadera. La universidad es sólo una tapadera, todo específicamente diseñado para no tener que vivir con sus padres y no tener que vivir bajo las reglas y la vigilancia de Mitsuki, que es lo más similar a él que puede ser cualquier persona en el mundo.
Es todo una fachada que le permite ponerse una sudadera negra todas las noches, cubrirse lo mejor que puede la cara y aventar a criminales menores a las puertas de las estaciones de policías. Siempre los deja con la misma nota.
«El trabajo que los héroes no hacen. Zero».
Ha visto notas en el periódico local sobre él. Todo el mundo se pregunta quién es. Tiene algunos detractores, pero también algunos columnistas lo apoyan.
Sabe que su trabajo es ilegal, de todos modos. Un día podría terminar él mismo en el cuarto de interrogación de una de las estaciones de policía donde deja a los maleantes, con esposas sobre sus muñecas. El vigilantismo está prohibido, el trabajo de héroe es un monopolio que sólo pueden permitirse aquellos que sobreviven a los programas escolares.
Katsuki no pensó que habían monopolizado la bondad hasta que lo expulsaron, entonces se dio cuenta.
—Carajo.
Corre tan rápido como puede. Intenta ayudarse de su singularidad, pero no debe llamar demasiado la atención. Se supone que no puede usar libremente su singularidad porque no es un héroe. Y la nitroglicerina es muy llamativa cuando explota, así que se contiene. Sin embargo, no alcanza a huir.
Antes de que pueda darse cuenta, tiene los pies congelados al piso y, cuando va a liberarse del hielo, algo congela también sus manos.
Tiene que ser él. Carajo.
Todoroki se acerca con cuidado, sin liberarlo del hielo. Ignorando el forcejeo de Katsuki por soltarse. Todavía con precaución, le baja la capucha. No parece demasiado sorprendido de encontrar su rostro bajo ella, sus ojos rojos, furiosos por estar atrapados en el frío, sus dientes apretados.
—Debería entregarte —le dice. Katsuki sabe que no es una amenaza vacía, Shouto Todoroki no se las ha arreglado para llevar al top 20 a dos años de haber salido de la UA sólo por su bonita cara.
—¿Y no vas a hacerlo?
—Con una condición.
Katsuki está contra la espada y la pared. Sólo tiene una opción.
—Ponla.
—Hablas conmigo. Bien. Una conversación. Sincera —pide Shouto—. Es lo único que intento pidiéndote capuchino.
Katsuki suelta una risita. Parece demasiado fácil, pero algo dentro de él le dice que no lo es. Tampoco es como que conozca a Shouto Todoroki demasiado bien. Pero es su única opción.
—Bien —acepta.
Le parece que Todoroki sonríe y luego usa su fuego para liberarlo del hielo. Lo deja sólo, a su mercer. Katsuki acaba yéndose temprano a casa, un departamento mugriento de estudiantes que comparte con otros tres idiotas de los que nunca se ha aprendido el nombre y donde nadie cuestiona sus hábitos de lechuza. Apenas si duerme. No es como antes. Está cansado todo el tiempo.
Pero la única forma de sentirse vivo es de noche, cuando puede perseguir criminales lejos de la mirada de los héroes.
Sólo así puede sentir que su sueño sigue vivo.
Shouto lo obliga a cumplir su parte del trato la siguiente vez que va a la cafetería, casi a la hora de cerrar. Deku está allí, así que Katsuki no tiene que tomarle la orden. Pero sí le hace el café y se lo entrega.
—¿Tardan en cerrar? —pregunta Shouto Todoroki.
—Veinte minutos —espeta Katsuki—. Hay que limpiar.
—Te espero.
Lo cumple.
Cuando sale le pregunta a dónde va y Katsuki le responde que a su maldito departamento. Shouto se le pega como lapa. Va vestido de civil, pero aun así algunas personas lo reconocen. Katsuki se sube la capucha de la sudadera que tiene puesta sólo para ocultar sus facciones. No quiere que nadie lo vea en compañía de Todoroki.
—Nunca creí que alguien te dejaría trabajar en algo de cara al público —comenta Todoroki.
—Deku… Midoriya suplicó porque me dejaran —espeta Bakugo—. Tengo que cumplir todos mis turnos con él. —Se encoge de hombros. Podría ser peor.
—¿Midoriya?
—El otro. Cabello verde. Pecas. Siempre te pregunta sobre tu trabajo.
—Ah —dice Shouto.
—Es una molestia, pero me consiguió el trabajo. Da dinero. Puedo pagar la renta. Comida, esas cosas. —Katsuki mete las manos en las bolsas del pantalón—. Vivo sólo. Bueno, comparto con otros estudiantes.
—¿Estudias?
—Química —dice Katsuki—. Siempre se me dio bien.
—Ah.
Shouto Todoroki parece no tener muchas cosas que decir. Katsuki no intenta iniciar él ninguna conversación porque no quiere saber nada de la vida de ese idiota que sí pudo cumplir el sueño que él no. Lo deja seguir caminando a su lado, tomándose el capuchino que él mismo le preparó.
Caminan casi dos cuadras enteras hasta que vuelve a abrir la boca.
—Bakugo, la verdad es que siempre quise darte las gracias —dice Todoroki—. No es como si haya tenido una oportunidad.
—¡¿Eh?!
Su cara debe ser confusión pura. ¿Por qué chingados quiere darle a Katsuki las gracias? ¿Para qué? Hace años que no se ven cara a cara. Ni siquiera sabe por qué están teniendo esa conversación, fingiendo que nada pasó. Katsuki casi lo había noqueado la primera vez que habían peleado. No se había detenido al ganar. Y luego había provocado el accidente con Stain, que lo había empujado fuera del programa de héroes de la UA.
—Cuando me gritaste que nunca lograría nada usando sólo la mitad de mi potencial —dice Todoroki—. Creí que no saldríamos vivos de…
—Me expulsaron por eso —espeta Katsuki—, por el maldito accidente.
—Lo sé, pero…
—Dijeron que te había provocado, que el cuatro ojos podría haber salido más herido de lo que salió —sigue Katsuki—. Puede que para ti haya sido revelador usar tu maldito fuego que no podías controlar tan bien como el hielo, pero a mí me ganó una expulsión porque fue una explosión de mis palmas la que provocó el accidente, con ti fuego, pero… Así que guárdate tus malditos agradecimientos donde te quepan.
Acelera el paso, intentando dejarlo atrás.
Shouto Todoroki no lo sigue.
Pero eso no significa que se haya rendido.
Intenta hablar con él cuando va por el mismo capuchino de todos los días, pero Katsuki en general lo ignora. Cuando es más insistente, un «estoy trabajando» suele mandarlo por donde vino. Al cabo de una semana, intenta encontrarlo por la noche, lo que acaba arruinándole un par de persecuciones. Los criminales que encuentra disminuyen. Incluso en una revista de poco tiraje se preguntan qué ocurrió con Zero —insinuando que podrían haberlo arrestado en secreto o que podía haberse rendido—. Katsuki hace pedazos la página cuando la lee. Y sigue evitando a Todoroki hasta que lo encuentra un día esperándolo a su hora de salida.
—Bakugo.
—Creí que había quedado claro que no quería hablar contigo en realidad.
—Vine a disculparme —dice Todoroki—. Por lo de la otra vez. Sabía que tu expulsión había tenido que ver pero…
—No todo es culpa del accidente —se fuerza a decir, sólo porque de repente le da pena la mirada de Todoroki—. También mi maldito temperamento tuvo que ver. —Se encoge de hombros—. ¿Qué quieres?
—Eso, disculpas.
Katsuki suspira.
—Aceptadas, si eso te deja dormir por la noche y dejar de molestarme.
Empieza a caminar en dirección al departamento mugriento en el que vive. Espera que, por alguna clase de milagro, Todoroki no lo siga. Pero por supuesto que no. Claro que no. Eso no va a pasar. Siente como lo sigue y hace el mejor trabajo por ignorarlo.
—Habrías sido un buen héroe, creo.
Entierra sus puños en la bolsa de la sudadera, sólo para no pegarle un puñetazo. Está seguro de que agredir a un héroe profesional es ilegal, por mucho que la cara de dicho héroe lo esté pidiendo.
—Pero no lo soy.
—Lo siento, eso sonó insensible.
—Algo.
Estaba hablando de su sueño de toda la vida. Destrozado. Katsuki lo había visto morir en cámara lenta, lanzarse de un séptimo piso, estrellarse en el pavimento y sólo había podido culparse a sí mismo. Le había costado demasiado que su vida volviera a tomar rumbo —aunque fuera uno tan torcido como el que estaba siguiendo— para que regresara el pasado a removerlo todo.
—Lo siento —se vuelve a disculpar Todoroki.
—¿Eres adicto a decir eso o algo? —pregunta Katsuki—. Disculpas aceptadas. O algo. —Sigue caminando—. No habría sido sólo un buen héroe, idiota —le dice—. Habría sido el mejor.
—Después de mí —dice Todoroki.
—Para nada. Te habría ganado. Incluso con fuego y todo. —Katsuki se había dado cuenta, aunque de lejos, ya como simple civil, que había empezado a usar su singularidad con todo su potencial—. Te arrastré en ese festival deportivo.
Todoroki no dice nada.
—Hubiera sido el número uno, maldita sea.
—¿Por eso eres «Zero»? —pregunta, finalmente.
—Sí. —Se queda callado, sigue caminando—. El cero técnicamente no es un número, es un concepto. Considerarlo uno obligaría a los matemáticos a hacer toda clase de consideraciones. Pero si por un momento piensas que es un número y no la nada… es mayor al uno, ¿no? —Sacude la cabeza, es una tontería. Pero como nadie sabe que él es «Zero», nunca se la había dicho a nadie.
—Supongo que tiene sentido. —Hay un gesto escéptico en el rostro de Todoroki.
—Es una tontería.
—No —dice Todoroki—. No lo es.
Katsuki siente la tentación de sonreírle.
La rutina sigue. Todoroki llega poco antes de la hora de cerrar, le pide un capuchino al que esté en la caja —usualmente Midoriya— y espera a que el otro —usualmente Katsuki— le entregue su capuchino. Luego lo espera hasta su hora de salida y lo acompaña caminando un tramo. Katsuki siempre se sube la capucha, evitando ser visto con Shouto Todoroki. No quiere que sus fans lo persigan.
Podría decirse que lo soporta. No se atrevería a decir que es su amigo, porque no tiene amigos. Dinamitó todos esos puentes después de su expulsión. Ni siquiera se atrevió a seguir en contacto con Kirishima, que lo había soportado el tiempo que había estudiado en UA. Y tampoco llamaría a Midoriya su amigo —por más que él insistiera—: en la secundaria le había dicho que se tirara del último piso. Estaba seguro —todos esos años después— que eso no era lo que hacían los amigos.
Por eso no puede culpar a otra persona de su fracaso, sólo a él mismo.
Se cayó de bruces y tuvo que rehacerse entero.
Todo eso lo piensa mientras está sentado en una escaleras de incendios en un edificio viejo tomando la cena —un sándwich horrible que no sabe cómo se atrevió a comprar, él podría cocinar cualquier cosa mejor—, vigilando el panorama. No se mueve si no me un altercado directo cuando no hay héroes cerca. No quiere problemas.
Pero ese día ve algo diferente.
Fuego y hielo.
Entorna los ojos.
Parece que Todoroki tiene problemas. Se queda dónde está un par de minutos más, hasta que es demasiado obvio que está a punto de perder una pelea, hasta que es obvio que Katsuki podría acabar con eso con una sola explosión de la palma de una de sus manos. Entonces, sale corriendo.
No le cuesta trabajo, el villano no lo ve venir. Lo derriba con una sola explosión a sus pies.
Todoroki, unos metros más lejos, ya magullado, lo ve con sorpresa.
—Me debes una —espeta Katsuki.
Y sale corriendo de nuevo. No quiere problemas.
Al día siguiente, cuando le entrega su capuchino, los dedos de Todoroki buscan los suyos. Katsuki se siente tentado a apartarse, pero el tacto de su mano izquierda es cálido y los deja allí.
—Gracias —le dice—. Por lo de anoche.
Katsuki se encoge de hombros.
—¿Qué dices? Anoche yo estaba durmiendo.
Shouto sonríe. Katsuki no tiene más remedio que contestarle la sonrisa.
Hasta Izuku Midoriya nota que su humor es un poco menos arisco cuando aparece Shouto Todoroki.
—¿Pasa algo entre ustedes dos?
—¡No!
Aunque igual y desearía que sí. Pero no. No. No. Ni siquiera lo piensa. ¿Cómo pensarlo? ¿Cómo sobrevivir a esa idea? Midoriya no deja de mirarlo. Katsuki gruñe.
—¡Piérdete! —le dice.
Antes de irse, Deku —Midoriya, se corrige en su cabeza, muy a regañadientes— le dirige una sonrisa que a Katsuki no le gusta en lo más absoluto. Como si supiera más cosas que él no.
Shouto Todoroki no lo delata. Poco a poco, Katsuki se da cuenta de que hasta confía en él. No le deja inmiscuirse en asuntos oficiales, pero tampoco lo detiene cuando va a salvarlo. Oye lo que sabe, cuando a Katsuki le da la gana contárselo. Un vigilante oye cosas, sabe cosas. El anonimato les proporciona toda clase de ventajas.
Sigue yendo antes de la hora de salida de Katsuki, suele acompañarlo un tramo del camino antes de marcharse. Nunca le pregunta en qué está metido y Katsuki se lo agradece.
Midoriya los mira disimuladamente, pero no dice absolutamente nada.
(Katsuki se lo agradece: no quiere discutir con él después de que le consiguió ese trabajo).
Hay días que Katsuki se sorprende pensando en todo el potencial que podrían tener Todoroki y él si hubieran tenido la oportunidad de ser héroes profesionales ambos. Se pelearían todo el tiempo —o más bien, Katsuki discutiría todo el tiempo y Todoroki lo soportaría—, pero sus poderes se combinan bien. Aleja esos pensamientos siempre que puede, porque lo que sigue es meterse en una espiral que siempre lo pone furioso. Si no lo hubieran expulsado no estaría allí, estudiando química, alejado para siempre de cualquier pretensión de trabajar con los héroes profesionales, siguiendo cafés en una cafetería del centro, siendo un barista que atendía a todo el mundo con el ceño fruncido —lo habían dejado un par de veces en el buzón de comentarios junto a un «pero es el que mejor prepara el café»— y sintiendo que toda su vida estaba perdiendo el sentido.
Ser vigilante ayudaba.
Pero no podía evitar sentir que en algún momento lo iban a descubrir y se le iba a acabar esa vida.
Midoriya está limpiando la barra cuando entra Todoroki. Casi siempre es el último cliente del día.
—Capuchino, por favor —le pide a Katsuki.
—No te mataría probar otra cosa, ¿sabes? ¿Al menos sabes algo de café?
—¿Sabes tú?
—Trabajo aquí. —Katsuki se encoge de hombros. Casi nunca lo toma porque no le hace gracia la cafeína, pero sabe prepararlo—. ¿Tú qué crees?
—¿Qué recomiendas?
—Latte. Con caramelo, si te gusta lo dulce —comenta—. Midoriya —señala con la cabeza a su compañero— dice que es la especialidad.
—Bueno —asiente Todoroki.
Katsuki se lo prepara y se lo entrega. Shouto se queda en una de las mesas en lo que cierran y limpian. Midoriya parece a punto de decir algo, pero Katsuki lo fulmina con la mirada y cierra la boca. Acaba preguntándose a Todoroki por su trabajo y hablando de una pelea que pasaron en las noticias hace unos días. Sí que sabe ser fanboy cuando quiere.
Finalmente cierra, Midoriya se queda con las llaves —porque con el expediente que tiene nadie se las confiaría a Katsuki— y sale. Shouto ya está esperándolo afuera.
—¿Te gustó? —le pregunta, señalando el café.
—Está bien.
—¡¿Sólo bien?!
—Nunca lo había probado, no sé a qué debe saber —admite Todoroki—. Pero está muy bien. Me gusta.
Katsuki sonríe con suficiencia.
(A eso se ha reducido su vida, a ser el mejor barista de esa cafetería de mierda).
Caminan juntos, como siempre. Es la rutina.
Suena el celular cuando está sentado en una escalera de incendios, vigilando el panorama. Lo deja sonar cuatro o cinco veces antes de contestar.
—¿Qué?
—Esperaba una contestación más amable, ¿sabes?
—Ah, eres tú.
Eijiro Kirishima. La única persona con la que mantiene contacto de UA y eso porque Kirishima insistió. De no haber sido por él, Katsuki ni siquiera le hablaría. (Lo cual probablemente diga que es un amigo de mierda).
—No hablamos desde tu cumpleaños, te mandé mensajes —dice Kirishima.
—Los ignoré.
—Pude notarlo. —Oye un suspiro del otro lado de la línea. Quizá Kirishima a veces también se pregunta por qué insiste en hablarle. Pero Katsuki está intentando mejorar. Al menos le contesta las llamadas, aunque apenas si tenga tiempo entre las clases, la cafetería, su trabajo no oficial como vigilante y Todoroki—. ¿Sabes a quién me encontré el otro día?
—No sé, dime tú.
—A Todoroki —dice Kirishima. Una pausa—. ¿Cómo demonios sabe que trabajas en una cafetería del centro?
Katsuki gruñe. Debe recordarle a Todoroki no ir difundiendo eso por todas partes.
—Me encontró.
—No me habías contado.
—Midoriya me consiguió el trabajo.
—¿Quién?
—Un… —«amigo de la infancia», debería decir, pero no consigue pronunciarlo porque sabe que no es del todo cierto. Si hubieran sido amigos realmente Katsuki no lo hubiera tratado como la mierda toda su vida—. Un conocido.
—Ah.
Se oye ruido en el fondo.
—Tengo que irme, se supone que todavía estoy de servicio —dice Kirishima.
—Irresponsable.
—Si no te hablo no me contestas.
—Veré los mensajes.
—Más te vale. Si no, seguiré hablándote hasta que te hartes de mí. —Una pausa. Katsuki no sabe si agregar algo ante la amenaza de Kirishima—. ¿Estás bien?
—¡Sí! ¡¿Cómo demonios no voy a estarlo?!
—No sé si no me contestas.
—Tsk. Lo haré.
—Más te vale, Bakugo.
—Lo juro.
En serio, está intentando ser un mejor amigo. Pero ni Kirishima ni él tienen tiempo libre, ni él tiene ganas de verlo la mayoría del tiempo —porque sigue siendo un recuerdo de todo lo que no puede tener— y Kirishima tiene un horario horrible y vive demasiado lejos. Al menos se promete contestarle los mensajes que nunca ve porque apenas si se da tiempo de respirar.
Y, signifique lo que signifique, ese tiempo lo gasta hablando con Todoroki.
—Nos vemos. Hablamos después —dice Kirishima.
—Hablamos después.
Y cuelga.
Katsuki se queda en la escalera de incendios. Así que Shouto habla de él. Se pasa las manos por la cara. ¿Qué significa eso?
—¿Por qué sigues viniendo? —La pregunta toma por sorpresa a Todoroki—. Ya sé que mi café es bueno, pero… ¿Por qué?
—¿Tiene que haber una razón?
—Al principio querías darme las gracias por una estupidez —espeta Katsuki y le pone el café en la mano. Se las arregló para hacer que probara un mocha—. Y me las diste y luego te disculpaste y… ¿luego?
—Me caes bien, Katsuki.
Katsuki bufa.
«Sí, como no».
Deku lo jala hasta el fondo una de las noches que están limpiando antes de cerrar. Todoroki lo está esperando afuera.
—¿Qué quieres? —espeta Katsuki.
—Él no te va a decir nada, ¿sabes?
—¿De qué?
—De que le gustas.
Si hubiera estado tomando algo, lo hubiera escupido. Cómo se le ocurre. Por eso a veces todavía le dice Deku en su cabeza, carajo, maldita sea. No le gusta a Todoroki. Es imposible. Tampoco es como que haya buscado las señales, pero no es demasiado expresivo así que supone que no hay señales.
—Es obvio —dice Deku, con la voz baja—. Siempre prueba cualquier estupidez que le pongas en las manos. Y viene prácticamente todos los días. Sin falta. —Katsuki rueda los ojos. Aprieta los dientes para no montar una escena porque el vidrio de los aparadores de la cafetería no va a evitar que Todoroki oiga si se pone a gritar allí mismo—. En fin, él no te va a decir nada.
—¡Ni siquiera sabes si quiero que…!
—Kacchan… —Ladea la cabeza. Lo ve con esa cara que pone siempre de «te conozco desde los cuatro años»—. Tengo ojos, ¿sabes?
«¿Y eso qué?»
—Nada de esto es de tu incumbencia.
—Pero si te hace feliz… —comenta Midoriya—. Bueno, no lo has corrido de tu vida a patadas ni lo has intentado. —Por supuesto, Katsuki es esa clase de persona autodestructiva—. Pero tampoco le das nada. Ni una señal. Parece que apenas lo toleras. Y yo sé que eso tratándose de ti es el mundo, pero él no.
—¿Qué insinúas?
Midoriya se encoge de hombros, agarra el trapeador y se aleja.
—No te voy a decir qué hacer.
—¡Carajo!
Al final acaba de limpiar en silencio, se quita el delantal amarillo ocre de la cafetería, lo cuelga detrás de la barra, listo para el día siguiente y sale. Todoroki tiene en sus manos el mocha que lo hizo probar unos días atrás. Sigue pidiéndolo. Katsuki está seguro de que ha sido su favorito hasta el momento.
—Ey.
La rutina es que Todoroki lo acompaña caminando varias cuadras hasta que Katsuki queda cerca de su edificio. Nunca hablan de que es probable que solo cene y después salga a hacerse el héroe y dejé a los criminales enfrente de las estaciones de policía, con notas firmadas como «Zero». O que duerma unas horas y luego salga a eso. Tampoco hablan de todos los temas confidenciales del trabajo de Todoroki. Así que muchas veces sólo dicen unas cuantas frases y caminan en silencio.
Pero Katsuki no deja de darle vueltas a las palabras de Izuku.
Hasta que suspira, exasperado, y se detiene.
—Espera —le dice a Todoroki, que se ha adelantado unos pasos y voltea.
—¿Qué?
—¿No quieres hacer algo más otro día? —pregunta Katsuki—. No sólo esperarme mientras limpio y después… Esto. Lo que sea. Sentarnos en alguna parte. Cenar bien. Puedo hacer tiempo. —Se encoge de hombros.
—¿A qué viene esto?
—¡No sé!
Es un impulso estúpido porque sabe que Midoriya tiene razón: él nunca le ha dado una sola señal a Todoroki de que le gustaría que ocurriera algo. Por eso se decide a lanzarse a la piscina de cabeza, a ver si hay agua.
Midoriya dijo que le gustaba, siempre puede culparlo a él.
—Es sólo que… No sé. Tengo ganas. —Aprieta los puños. Siempre ha sido malo para todo eso—. ¿Tienes tú?
Todoroki da los dos pasos que le faltan para ponerse a la altura de Bakugo.
—Sí. —Una pausa—. ¿Cómo una cita?
Katsuki desvía la mirada.
—Si quieres. Digo, no es…
—Está bien.
—¡¿Qué?!
—Que está bien. Accedí.
—¡No esperaba esta respuesta!
—¡¿Entonces para qué preguntaste?!
—¡No sé, Midoriya dijo…! —Está a punto de echarle la culpa. Pero se obliga a respirar hondo y a contar hasta tres—. Bueno, no, no. Me gustas.
—Tú también.
¿Tiene que ser siempre tan directo?
—Bueno.
—¿Bueno?
—¡No sé qué más decir, maldita sea! —espeta Katsuki—. ¿Qué más quieres que…?
—Podrías besarme.
—¡¿Ahora mismo?!
—Sí.
—¡Si nos sacan una foto…!
—¿Te importa?
Katsuki suelta un bufido y acaba por cortar la distancia entre ambos y lo besa. Lo atrae hacia sí con una mano. Le da igual que estén en la calle y que un par de personas volteen a verlos como si fueran aliens. Entierra una mano en el cabello de Todoroki y medio lo despeina.
Cuando se separan, está sonriendo de medio lado.
—Claramente no me importa.
—Bien.
—Bien.
Siguen caminando.
—¿Te gusta el picante? —pregunta Katsuki—. Conozco un lugar donde hacen un ramen picante muy bueno y no es muy caro…
—¿Quieres ir ahí?
—Claramente, ¡por eso lo estoy sugiriendo!
—Bueno. —Una pausa—. ¿Pasado mañana?
—Bien —responde Katsuki—. Mi turno acaba a la misma hora de siempre.
Todoroki le pasa el brazo por la espalda y Katsuki no lo aparta de un manotazo. Lo cual, tratándose de él, significa el mundo entero.
—Estaré esperando.
Notas de este fic:
1) No se me ocurren muchas maneras en la que Katsuki no sea pro en el universo canon, pero decidí explorar la única —literalmente— que me cabe en la cabeza de momento. (La inspiración viene de un fic que se llama Indirect Light de almost3am) y la mezcle con un Coffee Shop!AU, cosa que nunca había escrito (y probablemente sea el primero y último, no soy exactamente buena para esta clase de fics que invitan al domestic fluff).
2) Finalmente, este fic es un poco para el cumpleaños de Shouto (¡es hoy!) además de para la Todobaku Week AU (que seguro en eso pues voy a pasar más desapercibida que nada, porque una aquí, haciendo el fandom en español porque sólo no se hace).
Andrea Poulain
a 9 de enero de 2020
