FIC
Lo Mejor de Mi
Por Mayra Exitosa
Historias de Albert y Candy
Reto OctoBErt 14 de Octubre
31 Albert Aventuras ALSS
Gracias a una lectora, Yessenia Flores, quien me pidió escribir esta historia, si, es fácil está de moda, o tal vez siempre lo ha estado, pero todas las personas lo evitamos. Qué triste, uno de cada cien y cuando los evitas te pierdes el maravilloso mundo nuevo que hay en un solo ser autista, mientras ves en el televisor, mil cosas iguales a los demás, él… disfruta su vida de manera diferente, única, increíble y a la vez original.
Para William ver a sus sobrinos era como siempre, llegaban los viernes, Eliza, era el hada de los cuentos más bonita del mundo y Niel un guerrero increíble al que todos adoraban, pero al final eran niños, normales. Mientras que su infancia, solo había tenido a la Tía abuela Elroy, sus sobrinos Anthony, Archivald y Alistar fueron educados en universidades prestigiosas lamentando un defecto en su tío mayor ante ellos. Con la futura responsabilidad de velar algún día por él o tomar su lugar llegado el caso. Ellos sentían cierta empatía por ser el jefe de la familia y el que tenía un considerable retraso mental, por lo que tarde o temprano todos ellos vendrían a ayudarlo en lo que le correspondía.
Para William, como lo llamaba su querida Tía Elroy, todos sus sobrinos eran niños, aun creciendo el seguía considerándolos niños, ya que para él ese era su comportamiento, según su forma de ver las cosas. Niel y Eliza eran desde pequeños llevados constantemente a visitar a su Tía Abuela Elroy y conocían a su Tío William, como un ser supuestamente retrasado, gastaron todo su armamento de travesuras y nunca, en ninguna caía William, ni su amada niña protegida que convivía con él. Para Eliza él la recordaba como ella misma se había presentado una ocasión "William yo… soy… la… hada de los cuentos, más… bonita y preciosa del mundo". Mencionado de manera lenta y hasta rallando en la estupidez ante su joven y atento tío que solo los observaba de manera fija en un punto, y sabiendo como pensaban, siempre los recordaba como los más tarados desde que los había conocido.
Niel por su parte, argumentaba que él era el Guerrero más fuerte, formidable y no había poder alguno que pudiera derrotarlo. A la fecha continuaba buscando el método o la forma de ganarle en algo y ya se había dado por vencido desde muy pequeño. Ambos hermanos Legan habían hecho de todo, para concederles la firma en algún papel el blanco, para que les firmara alguno de los cheques, o hasta para ser nombrados sus herederos universales. Pero llegó el día que de tanto conocerlo, supieron sus habilidades y se dieron cuenta que jamás nadie le ganaría en el ajedrez, en las finanzas, en la administración ni en la música, su tío cuando se hacía pasar por tarado, todos caían con ese concepto, pero la realidad, era un genio oculto, ambos lo apodaban en secreto el mago. Y esto también tenía una manera de ser, pues para ellos William se lo había ganado a pulso. Honestamente y con el paso de los años, Eliza y Niel, consideraron a William el mejor y que nadie lo subestimara, ambos hermanos si había que escoger a alguien para compañía o protección, definitivamente siempre era William el único al que mencionaban. Y eso a él le beneficiaba, pues gracias a la petición de ambos jóvenes conocía el mundo exterior, las formas de las cosas fuera de su protección, los juegos de azar, las secuencias numéricas, la música y las bellas artes. Eliza y Niel, eran felices con su tío, a tal grado que siempre lo cuidaban y protegían por ser el más acertado en todo.
De lejos William vio a una mujer de blanco y se había encerrado en el saloncito de su Tía con té y galletas, es decir, se tardaría horas, no vio el rostro de la mujer, pero si la vio de espaldas, sintió algo extraño, como si fuera a significar algo, la piel se había erizado y anhelaba verla aun sin saber quién era, eso nunca le pasaba. Su tía Elroy tramaba algo, eso lo sentía en el ambiente, pero no sabía exactamente qué.
Salía al jardín como todos los días, repasando las cartas recibidas en la correspondencia y libros contables que Johnson le hacía llegar constantemente para que se fuera empapando de la información y tener con que defenderse en la junta semanal a la que siempre era llamado sin falta, sabía que debía presentarse en cualquier momento a tomar decisiones, porque la vida te daba galletas y te. A él le tocaba revisar los libros de contabilidad numérica, de ingresos y egresos, el listado de todos los gastos y ese mes había surgido uno nuevo que no tenía razón de ser y que ahora sería interesante deslucir ante Johnson por el sistema tan rígido que manejaba y un cambio le daba mayor gasto sin ningún incremento que amparara la salida de ese rubro.
Ver las comparativas de todos los años de sus papeles era un pasatiempo que había tomado desde que conociera su estudio, pero sentarse en el jardín le era más beneficioso, porque Candy se lo había recomendado para que su piel tomara vitamina E.
Dentro del saloncito principal, la Tía Elroy comentaba la problemática que ahora tenía y que solo ella podía ayudarla. - Querida no podrás rechazar esta oferta, desde que te adopte, tenía planes para este día en el que me ayudarías, sobre todo ahora, tengo que hospitalizarme y debes atender a William, nadie más lo hará como tú, eres la única que lo conoce y sabe su trastorno, no es tan elevado en él y eso nos ha ayudado a todos desde que lo detectamos a tiempo, ahora que ya es mayor, necesita de ti. - Le dije que contara conmigo para lo que necesitara y no voy a echarme atrás, sabía que tarde o temprano terminaría aquí, le he dicho que William es mi amigo y que lo ayudare en todo lo que necesite. - Candy, quiero que vivas aquí, que seas su compañera y que sepas que, si no regreso, te quedarás a su lado. - No piense en eso, usted podrá salir bien de la cirugía, no debe estar preocupada, William es un genio, sabe lo que hace, sus manías son mínimas y ha mejorado en todo lo relativo a su diagnóstico. - Él te aprecia, te hace caso en todo, ya no estaré con él en la oficina, ya no estaré cerca y George no siempre podrá estar a su lado, pero tu… siempre lo has atendido, desde que llegaste ha cambiado mucho y por eso estas aquí. - No es ningún problema ni obligación quedarme a su lado, usted lo sabe, es solo que. - Que él quiere algo más, lo sé, ¿tú lo aceptarías, Candy? - Lo acepte como amigos y ahora me ve como suya. Me daba pena con usted, sentí que le estaba fallando y… quiere que me quede a su lado, pero no en su habitación, sino en nuestra casa privada, quiere que este con él, pero se sale y acomoda los libros contables, los movimientos financieros, sabe todo y… - Él te ama, Candy. No sabe que es el amor, pero te quiere, de eso estoy segura, sabe que vendrás por la tarde y que, si tiene muchos libros nuevos, te quedaras a dormir en casa y… quiero que esta sea tu casa, no quiero…
La mujer comenzaba a llorar, no dejaba crecer a William, continuaba viéndolo como un niño, cuando era un hombre, en todos los aspectos, tenía una parte de autismo muy bien entrenado y reconocido, dominaba todos los aspectos financieros de los negocios de su familia, sabía que todo ese dinero era suyo y que cuidaba de la familia que él tenía, apreciaba a sus sobrinos como si fueran buenos, a pesar de ser en ocasiones desconsiderados, él los veía normales y hasta los admiraba, eran adultos y él los consideraba niños, pero ellos lo consideraban niño a él, por estar en su mundo y no en el de ellos.
Candy lo apreciaba mucho y siempre lo había hecho, desde que había llegado a la mansión él siempre estuvo cerca, nunca se alejaba. De las bromas de Niel o Eliza, siempre la salvaba. Ganaba en el ajedrez y nadie podía ganarle a él. Dominaba muchas áreas y todas desconocidas para ella, pero a ella siempre la había protegido, eso fue lo que vio su Tía Elroy, a tal grado que ayudo en todo al orfanato y la trajo a ella adoptándola para que se quedara, dándole educación, teniéndola siempre cerca de William, porque tarde o temprano ella ya no estaría y deseaba alguien que fuera parte de su sobrino todo el tiempo, ahora lo comprendía, pero ella no se iba a operar sin algo más, deseaba que William tuviera a Candy para siempre y ella se lo imploraba de una manera que no podía negarle, casarse con él no era ningún sacrificio, él siempre había velado por ella, no necesitaba de ella para salir adelante, pero ella se sentía segura si aceptaba casarse y así estar con él y no dejarlo nunca más solo. Candy salía y se topaba de frente con él. Al verla su respiración, su mirada y todo él hacía cierto movimiento que sabía que significaba una alegría enorme, el comentaba serio y sin emociones,
- Llegaste temprano, no son las cuatro de la tarde, son las once de la mañana. Tomaste té y galletas con mi tía. Te quedaras.
- Vine antes porque quería verte, tome un poco de té, pero guarde las galletas para ti. Sacaba las galletas de la bolsa de su falda y se las mostraba, luego preguntaba ¿quieres que me quede?
Caminaba hacia ella, la empujaba y se iba con ella hasta el jardín donde Candy notaba que ya había finalizado los informes financieros y los libros, todos tenían sus papeles de comentarios, fue rápido y no tardaría en querer llevársela lejos de ahí. Eso hacía siempre, finalizar su trabajo para tenerla a ella solo para él.
- Caminaremos hoy más temprano. Me darás galletas en nuestra casa. Dormirás conmigo.
- Si. Respondía Candy sabiendo que eso significaba que todo lo que había dicho era afirmativo por lo que su emoción volvía a reflejarse en su respiración, en su mirada al mover las pupilas, y un temblor leve en su labio inferior, que lo hacía verse muy atractivo.
La respuesta lo dejaba en silencio mirándola fijamente porque esta vez no le había negado nada, lo hizo caminar con ella, sabía que la quería y la deseaba, ahora como le diría que su tía planeaba casarlo con ella. Caminaron a la cabaña a la que decía ser la casa de ambos, tomaba asiento y palmeaba el lugar en el sillón que era de ella, para que se sentará, en silencio esperaba que ella dijera lo que no había dicho y el esperaba oír. - ¿Me amas, William? - El asentía, se ponía de pie, jalándola y acercándola a él la abrazaba de manera brusca y ella se recargaba aspirando, agregaba preguntando nerviosa, - ¿Te casaras algún día? William de inmediato se arrodillaba en una pierna y la otra a medias luego besaba sus manos y respondía, - Tu lo harás conmigo. - Si, hare todo contigo. Eso lo ponía alerta, entendía claro que era todo con él y eso era lo que hacía mucho le había pedido. El respondía con interés notorio, - Nos casaremos. Confirmaba William serio y ella preguntaba para saber su sentir, - ¿quieres? - Siempre quiero. Esa respuesta la hacía sonreír, pero él estaba serio como siempre, sin ningún movimiento en su rostro, era guapo y no necesitaba una esposa, pero estaba encantada de ser ella quien estuviera ahí para él.
Ella se acercaba y besaba su boca, lo habían hecho en un arrebato, ahora lo hacía porque todo estaba planeado para que fuera así, si no se casaba, la Tía Elroy no se iría a cirugía, debía casarse y dejarla tranquila. William siempre la quiso, no había duda, ella lo apreciaba, porque lo consideraba su héroe, al final estaba con ella y de su lado. Ella aceptaba que era lo mejor, porque William no sería apreciado por nadie como lo era por ella, además no le gustaba que abusaran de su bondad, o de su ingenuidad. Y desear hacerle el amor, siempre fue un tema constante para él, desde que despertaba su lívido con ella cerca, siempre había deseado que le respondiera que sí, cuando tuvo la oportunidad, se la llevaba a empujones a la habitación donde tenía su cama y frente a ella comenzaba a desnudarse, ella lo miraba sonrojándose sin poder evitarlo, y él como si nada fuera del otro mundo, continuaba su tarea ordenada de quitarse su ropa, doblándola cuidadosamente y viendo que ella no lo hacía, agregaba, - Debes quitarte toda la ropa. - Si. Candy comenzaba más lenta que él y eso hacía que la respiración se agitara y cuando notaba que más se alentaba él ya se sentaba en la cama esperando que ella finalizara. Al hacerlo, sin esperar más la recostaba y tomaba su boca como ella lo había enseñado a besar, así cerraba sus ojos y todo se fue dando paso a paso, ambos sin tener experiencia, pero tratando de hacer lo correcto, leído, aprendido y considerando todas las opciones, que había estudiado del cuerpo humano y de Candy, quien sabía que por fin le había dicho que sí.
La mañana se hizo tarde, las horas se fueron y ambos no llegaron a comer, Elroy sabía que Candy estaba hablando con él para lo que habían quedado, así que no los mandaba buscar, esperaría a que ellos aparecieran y le confirmaran que ambos aceptarían casarse de manera privada por la mañana del día siguiente.
Él se contenía una y otra vez, haciendo que ella fuera la que disfrutara de su evento sexual, hasta que por fin se dejaba llevar y el aguantaba una y otra vez analizando que entre más ocasiones la mujer completara el ciclo de éxtasis, el sería mejor, por lo que buscaba que ella estuviera satisfecha, y cuando le tocaba a él se había dado tanto tiempo, hasta que por fin, lo lograba, dejando a Candy más sorprendida que nunca, por cómo hasta en eso él contaba para cumplir con ella. - Eres increíble. - Tu eres muy buena. Lo haremos muchas veces hasta que me salga mejor, ¿quieres? - Si. Eso lo hacía suspirar, tener a su mujer complacida lo hacía sentir bien, ahora como era su mujer él debía casarse y tendría que hablarlo con su Tía Elroy.
Ya en la cena ambos llegaban, ella estaba diferente y él lucía tan serio como siempre. - Tía hemos decidido casarnos, Candy quiere casarse conmigo. La tía Elroy sonreía y miraba a Candy quien asentía, y ella respondía, - Me alegro, debo tener el anillo de tu madre en el alhajero, ve por él, para que se lo pongas a Candy. - Si.
William se iba por el anillo de compromiso y Candy comentaba que no fue difícil, el deseaba casarse con ella desde mucho tiempo, ahora quería que ya no se fuera de la casa. -Me has devuelto la vida, Candy, gracias, sé que tal vez otro amor… - No, no hay otro amor, siempre ha sido él, no quiero a nadie más, él es increíble y es muy buen hombre, al que quiero conmigo para toda la vida. - Gracias, no me equivoque contigo, sabía que eres la única que tiene el corazón tan grande para cuidar de él cuando yo no me encuentre. - No lo subestime, el cuidará de usted, de mí, de todos, es un gran hombre. - Y veo que lo amas, eso me hace muy feliz, no me cansare de agradecértelo, la sorpresa que se llevaran todos cuando sepan que están casados desde quien sabe cuándo, no lo anunciare tan pronto. - Mejor hágalo, el sí lo anunciara, y debe ser usted quien lo diga. - Tienes razón.
William se ponía en una rodilla y frente a su tía colocaba el anillo donde Candy extendía su dedo, para que lo colocara, al hacerlo, él le daba un beso en su mano y otro a ella en la boca, dejando sorprendida a su Tía al ver como no se inhibía con ella para hacer ese acto, mientras la tía Elroy tomaba su servilleta y se cubría el rostro apenada.
CONTINUARA…
Este fic inicio en Octubre como una meta para un reto diario de OctoBert 14 de Octubre
Deseando sea de su agrado
Un Abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
