Este es mi primer Fic, espero que lo disfrutéis y me dejéis reviews! Estará narrado desde el punto de vista de Ace y de Robin. Cada vez que haya un cambio de POV se indicará.
Se sitúa en la saga de Marineford, quien no haya llegado hasta ahí corre riesgo de SPOILER. Leed bajo vuestra responsabilidad. Lo que narro en este capítulo son los pensamientos de Ace cuando es liberado, ya que he hecho un poco de recordatorio porque si no la historia no tendría unas buenas bases para empezar, y la modificación a partir de la provocación de Akainu.
One Piece pertenece al gran Eichiro Oda!
Disfrutad de la lectura.
POV Ace
Luffy consiguió llegar a la plataforma de ejecución donde yo estaba encadenado. Misteriosamente sacó una llave de su bolsillo, la llave de mis esposas de kairouseki. Supuse que se las había entregado la emperatriz Boa Hancock. Pero a mí eso no me importaba, lo único que hacía era escrutar a Luffy preocupado. Tenía múltiples heridas y sin embargo el amor de hermanos que nos procesábamos era su motor para seguir. Realmente admirable Al igual que él, yo hice lo mismo cuando me enfrenté a Barbanegra. Me daba igual lo que pudiera pasarme con tal de mantener a mi hermano a salvo.
En un abrir y cerrar de ojos la llave de mi ansiada libertad caía partida por la mitad al suelo. Vi como Luffy comenzaba a estresarse y mirar frenéticamente a los lados mientras se rascaba la cabeza. De repente, uno de los verdugos que minutos o quizá horas antes había caído a causa del poderoso Haki del Rey de mi hermano, se levantó y Luffy sonrío con alegría.
-Mr. 3! –gritó eufórico mi hermano.
Sengoku, al ver peligrar la ejecución y la victoria del gobierno decidió activar su poder transformándose en hombre buda. Oí como Luffy y el tal Mr. 3 hablaban entre ellos, pero yo seguía reflexionando. ¿Realmente quería seguir viviendo? ¿He encontrado el sentido de mi vida por fin?
Quiero vivir y seguir adelante –me dije decidido mientras observaba como mi hermano se enfrentaba al almirante de flota.
Una masa blanca me cubrió mientras Luffy se hinchaba para protegerme del ataque de Sengoku. Nunca me había sentido tan querido como hoy. Me planteé si era necesaria la muerte de muchos de mis compañeros para darme cuenta de la estima que me tienen. ¿Soy tan estúpido de seguir teniendo estos remordimientos por la sangre del bastardo de mi padre que corre por mis venas? Me liberaré algún día, quizá no lo olvide pero tal vez deje de torturarme por ello.
Cuando salí de mi ensoñación observé que los cimientos de la plataforma de ejecución habían sido destruidos y nosotros estábamos cayendo al vacío. Luffy había empequeñecido. Me hubiera reído de él de no ser por la situación en la que nos encontrábamos. Decenas de cañones apuntaron hacia nosotros.
Cuando las balas explotaron contra la plataforma yo ya estaba libre. Su amigo había creado una llave de cera para mis esposas y Luffy me las había quitado. Una sensación de libertad que nunca había sentido se apoderó de mí. En este momento, debía darlo todo y proteger a mi hermano pequeño para poder escapar junto con todos mis nakamas.
Alrededor del humo que había causado la explosión de las balas creé un túnel de fuego. Oí a mis compañeros de tripulación y a nuestros aliados gritar eufóricos. ¿Realmente mi libertad causaba este sentimiento en mis amigos?
Caímos junto con Mr. 3. Le eché una ojeada a Luffy que se colocaba en posición de ataque.
-¿Aún puedes luchar, Luffy? –le pregunté con una sonrisa ladeada. Sabía perfectamente su respuesta.
-¡Pues claro! – exhaló el aire fuertemente mientras sus manos formaban dos puños. Ha llegado la hora de salir de aquí.
Un centenar de marines nos rodearon encañonándonos con sus pistolas. Abrieron fuego, pero para su desgracia no nos hizo efecto ni a Luffy ni a mí ya que él es de goma y todas las balas eran devueltas y yo soy de tipo Logia.
-Gomu gomu no Bazooka –una lluvia de puños cayeron sobre los marines que no pudieron hacer nada para evitar el golpe. Sentí un orgullo enorme en mi pecho. Luffy ya no es el aquel niño que se metía en problemas y al que teníamos que proteger.
-Hicken –una gran llamarada salió de mi puño y se dirigió al grupo de marines que quedaban todavía en pie.
-Te has hecho muy fuerte, Luffy –le dije mientras corríamos hacia los barcos para poder escapar.
-Algún día seré más fuerte que tú y te ganaré en un combate –sonrío triunfante.
Estoy convencido de que lo harás, Luffy – pensé mientras sonreía de lado. Él, junto con el emblema de los piratas de Barbablanca son mi mayor orgullo.
La situación en la plaza estaba así: mi tripulación, junto con nuestros aliados y los de Luffy nos dirigíamos a los barcos para poder escapar de Marineford mientras apartábamos de nuestro camino a algunos soldados molestos e incompetentes. Tendríamos que robar algún navío de la marina porque el Moby Dick y nuestros otros 3 barcos habían sido destruidos por el desgraciado de Akainu. Los marines sin embargo, corrían detrás nuestro para intentar detenernos. Sabían perfectamente que si no capturaban a un pez gordo perderían la guerra y por tanto la confianza que el mundo ha depositado en ellos.
Luffy y yo nos íbamos abriendo paso entre los marines. Estaba pletórico. Nunca había tenido tantas ganas de vivir como en este momento.
En nuestro camino se interpuso el almirante Aokiji, a mi parecer, el más racional de los 3 altos cargos de la marina.
-Ya has hecho demasiado por mí. Ahora me toca a mí, Luffy. ¡Retrocede! –le ordené a mi hermano. Sonreí con confianza. Sabía perfectamente que era una lucha fuego contra hielo inútil.
-Aquí acaba tu huida Puño de Fuego Ace –dijo Aokiji mientras empezaba a brotar hielo de su cara.
Lanzó un ataque muy poderoso en forma de pájaro. Yo lancé una gran ola de fuego que neutralizó su ataque. Lo dicho, un gasto de energía innecesario.
Nos escapamos del almirante y continuábamos sacándonos de encima a los insistentes pero débiles soldados de la marina. Divisé a mi capitán obstruyendo el paso a todo aquel que quisiera atacarnos. Pasaran los años que pasaran seguía siendo un hombre increíblemente fuerte.
Mi padre se nos atravesó y pronunció las palabras que más me dolieron, su última orden como nuestro capitán.
-¡Mi última orden como vuestro capitán es que viváis y surquéis los mares! ¡Es hora de dejar paso a la nueva generación y quiero que vosotros seáis partícipes de ella!–nos dijo nuestro padre mientras nos daba la espalda.
-Pero padre… –protesté impactado. Estaba dispuesto a dar su vida solo por salvarnos.
-¡Vivid y dejad vuestra huella en el mundo, hijos míos! –gritó. Rompieron en llanto todos los piratas, yo aguanté las lágrimas pero no pude evitar sentir una tremenda tristeza al saber que el hombre que me dio la oportunidad de vivir en su barco y me quiso por cómo era y no por quien era moriría hoy aquí por todos.
Derroté a los marines que lo estaban atacando y me arrodillé ante él como muestra de agradecimiento por su amor de padre hacia mí durante estos años. Me quebré y volvió a mi mente la razón por la que muchos de mis compañeros habían muerto y sobre todas las cosas el motivo por el que mi padre estaba dando la vida por sus queridos hijos. Por mí y solo por mí. Otra cosa por la que torturarme y avergonzarme, otro remordimiento en mi pecho y en mi mente.
Sentía un profundo dolor en el órgano que creía tiempo atrás muerto y que él, junto con mis amigos y Luffy, habían conseguido que volviera a latir. Mi corazón. Decidí desechar esos pensamientos y seguir adelante. Debía proteger lo que aún me quedaba, mi hermano y mi tripulación.
Es irónico, ¿no? De pequeño siempre decía que viviría sin arrepentimientos y justo en este momento no puedo parar de carcomerme por dentro.
Atravesamos más de la mitad de la plaza hasta que apareció Akainu e intentó provocarme, cosa que consiguió.
-Barbablanca es un estúpido pirata que no ha conseguido nada, solo ser el pirata segundón a la sombra de Gold Roger –dijo Akainu con maldad a sabiendas de que me provocaría.
-¡Retira lo que acabas de decir bastardo! –le grité furioso.
-¿Y a ti te llaman pirata? ¡Eres una deshonra por seguir a este vejestorio! –llegué a mi limite. Mi cuerpo se puso en llamas y lance un ataque con furia.
¿Cómo se atrevía el desgraciado de Akainu a hablar así de mi padre? El hombre que me aceptó aunque tuviera la sangre maldita de su rival. Recuerdo la primera vez que me llamó hijo. Una palabra tan simple y sin embargo, tan significativa para mí. Él llenó un hueco en mi corazón y se lo debo todo, por eso no pienso permitir que se blasfeme de esa manera al hombre más grande del mundo.
"Todos somos hijos del mar" – me dijo aquella vez que le confesé que portaba la sangre del Rey de los piratas.
Él contraatacó y me derribó. El fuego quema pero el magma deshace. Me incorporé adolorido, tenía una herida en el brazo, algo insignificante comparado con lo que llevaban mis compañeros.
Vi como Akainu se dirigía a mi hermano para acabar con él. Luffy estaba despistado porque se le había caído la VivreCard que le di. Sin pensarlo me interpuse entre Luffy y el puño de Akainu.
Cerré los ojos fuertemente mientras respiraba rápidamente preparándome para el golpe fatal que iba a recibir. Si sobrevivía, quedaría en muy mal estado. Nada de eso me importaba. Proteger a Luffy era mi mayor prioridad.
Sentí unas manos en mi pecho que me empujaron hacia un lado. Caí al suelo e instantáneamente abrí los ojos para comprobar que mi hermano estaba bien. Afortunadamente, estaba con la cara pegada al suelo. Suspiré aliviado. ¿Quién podría habernos salvado?
A nuestro alrededor solo estábamos Akainu, Luffy y yo. Bueno y unos pétalos de cerezo en flor. Fruncí el ceño. ¿Entonces… quién nos había apartado?
Sakazuki se dirigía a nuestra posición. Me puse en pie rápidamente para defenderme en caso de ataque. Ataque que no llegó. Miró detrás de nosotros con una mirada sombría escondida por su gorra.
-¿Qué estás haciendo aquí, Nico Robin?
Final del primer cap! Bastante largo. Si os gusta, hacédmelo saber ya sea por un review en esta historia o por privado.
No tardaré en actualizar ya que tengo muchas ideas!
Besos!
