El presente fic participa del reto "Fictober" del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos". El mundo de "Harry Potter" pertenece a J.K Rowling. Esta autora solo escribe el siguiente contenido por diversión y sin fines de lucro.
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"Lluvia"
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Theodore salió del Gran Comedor y sintió el alivio instantáneo. ¿Qué más daba si tenía que cumplir una tarea para Snape? Patrullar los pasillos de Hogwarts era mil veces mejor que tolerar un minuto más el bullicio del baile de Navidad y, ciertamente, no era que tuviera más opción, ya que regresar a los dormitorios estaba descartado por las "actividades extracurriculares" Blaise y, quedarse en el baile era una promesa segura de migraña, pues por un lado, Daphne no había cesado de lanzarle dagas con la mirada desde que le dejó en claro que ir juntos al evento no significaba que estuvieran en una cita, y por el otro, Draco se la había pasado gruñendo su enojo contra Pansy luego de una escena de celos provocada por nada más y nada menos que Hermione Granger (Sin dejar de observar a la manzana de la discordia, dicho sea de paso)
No, señor. Definitivamente, patrullar era casi un regalo no intencionado de Snape. Eso sin mencionar la posibilidad de entregar a uno que otro incauto y ganar puntos para Slytherin. Estaba en ello, regresando de inspeccionar el ala oeste, rumbo al patio para una segunda vuelta cuando la vio.
Tenía la cabeza husmeando por una rendija de la puerta del Gran Comedor, estaba descalza y llevaba puesto un volátil vestido de tul celeste pálido, ceñido únicamente a su cintura y sus níveos hombros. ¿Un fantasma?, parecía uno; pero ¿Quién…?
―¿Quién eres?―se le escapó y la chica dio un brinco. Sus ojos azules enormes y sorprendidos, su largo cabello rubio desordenado cayendo por sus hombros, las mejillas sonrojadas, posiblemente por el frío y quizá por el miedo. Theo se quedó sin palabras.
―¡Viene el profesor Snape!―escucharon de pronto y Nick Casi Decapitado atravesó el enorme portón―. ¡Por aquí, señorita Lovegood, sígame!
Y tan pronto el fantasma atravesó el pasillo, ella espabiló y se alejó corriendo.
―¡Oye, espera!―exclamó Theo en vano. Luego el sonido de la madera pesada le hizo volver la mirada atrás y palidecer un poco al ver a Snape.
―¿Ocurre algo, señor Nott? Algo interesante en los pasillos, ¿Quizás?... juraría que vi a alguien husmeando hace unos minutos.
Por alguna razón, Theo sintió la necesidad imperiosa de encubrir a otra persona, además de sí mismo o a sus amigos, por lo que, sin detenerse a pensar en si sonaría creíble o no, dio el nombre del fantasma de Gryffindor, argumentando que lo había atravesado por accidente.
Snape le miró sin creerle del todo; pero estando demasiado harto de perseguir mocosos calenturientos esa noche, decidió que ya era hora de un merecido descanso.
― 10 puntos para Slytherin por su labor. Ya puede ir a las mazmorras.
―Gracias, señor, eh… buenas noches―contestó Theo y fingió obedecer; pero en cuanto pudo, cambió el rumbo y se dirigió a las escaleras cambiantes.
Preguntando a los cuadros por el fantasma de Gryffindor, recibió las señas precisas que lo condujeron a uno de los patios internos del castillo, a través de una gran puerta entreabierta.
―¡No vayas a salir muchacho, está comenzando a llover, vas a ensuciar nuestros pasillos!―escuchó la advertencia del cuadro de un duende malhumorado; pero salió de todos modos, usando su varita y un hechizo simple para crear una especie de paraguas.
No había dado tres pasos fuera cuando una risa cantarina atrajo su atención y, al girar la cabeza, atisbó el halo azulino del fantasma que buscaba; pero no fue eso lo que le desconcertó de nuevo; sino que, junto a Nick, la chica del vestido celeste parecía danzar. No, no parecía, ¡Estaba danzando!, como posiblemente lo harían las personas antes de la decapitación del fantasma, dando giros, haciendo figuras con las manos, entrelazándolas sin tocarse. ¡Era surreal!
―¿Lo hago bien?―preguntaba ella mientras entonaba una melodía a modo de acompañamiento. A Theo se le asemejó mucho a la tonada del baile de los campeones.
―Divinamente, mi lady. Ah, hace mucho no disfrutaba de una noche tan encantadora―dijo el fantasma, esforzándose porque en cada giro no se le fuera a despegar la cabeza.
Sigilosamente, Theo fue avanzando y ocultándose tras algunas estatuas decorativas de hipogrifo. El otro par estaba tan ensimismado en su extraña danza que ni siquiera notaron la magia protegiéndolo de la lluvia y eso, él lo aprovechó para analizar a la muchachita de hito en hito.
¿Qué lo había llevado hasta ese lugar? No lo entendía, como tampoco entendía la lógica en lo que veía ni en el por qué no se marchaba de ahí. Solo podía observarla. Su cabello revoloteaba a la par que ella lo hacía, su vestido comenzaba a adoptar un tono más oscuro y sus pies descalzos estaban un poco sucios; pero la felicidad en su cara casi era contagiosa. Era como ver a un hada a la que solo le faltaban las alas, pequeña, atrayente, mágica.
Pronto, Theo se descubrió sonriendo, acomodado tras el ala de la estatua y con el rostro apoyado en una mano. El ruido de la lluvia acompañando a su canto parecía estarse llevando el estrés y ya ni el frío le incomodaba, de hecho, comenzaba a pensar que podía quedarse ahí toda la noche. Hasta que…
¡Splash!
―¡¿Te hiciste daño, querida?!―. Nick Casi Decapitado levitaba sobre la muchachita, quien se había resbalado y yacía de costado sobre el suelo de piedra, sujetándose el tobillo―. Oh, creo que eso no se ve bien. Será mejor ir por ayuda.
―No es nada grave, tranquilo―insistió ella e intentó pararse; pero al escuchar pasos giró el rostro por sobre su hombro hallando al chico que por poco la había pillado en las puertas del Gran Comedor.
La lluvia que comenzaba a arreciar, de pronto dejó de bañar sus brazos y el pequeño espacio donde estaba.
―¡Oh, enhorabuena!―exclamó Nick―. Brazos fuertes dónde y cuándo se les necesitan. Rápido, jovencito, ayude a la señorita Lovegood. Necesita ir a la enfermería.
Cuando Theo escuchó el apellido de la chica de nuevo, al fin ubicó quién era. Luna Lovegood o "Lunática", como los mismos Ravenclaw se habían encargado de apodarla. La bruja más rara que Hogwarts hubiese visto luego de Trelawney.
«Otros diez puntos para Slytherin, y por lo menos 20 menos para las águilas, Theo, ¿Qué tanto tienes que pensar?», consideró por un momento;
― Vienes a llevarme con el profesor Snape, ¿Verdad? ―dijo ella, de repente, sus grandes ojos azules le volvieron a atravesar el alma ―. Está bien, no me opondré, solo… por favor no le digas que Sir Nicholas me ayudó. Todo fue idea mía.
Y por segunda vez en el día (En su vida, de hecho). Theodore Nott no sintió el menor deseo de sacar provecho de la situación. No, de hecho, casi lamentaba ver la incertidumbre en el rostro de la muchacha y el hecho de que quisiera proteger al fantasma le había parecido tierno.
Detuvo sus pensamientos en el momento en que comenzó a sentirse como un puñetero Hufflepuff. Lo mejor era terminar con todo aquello, así que tenía dos opciones: Uno, dar media vuelta e irse, haciendo de cuenta que el extraño encuentro no había sucedido. O Dos…
―Póntelo―dijo antes de concientizar que se había quitado la túnica negra y se lo había extendido a ella.
Hasta ahí había llegado el ímpetu. Ahora no sabía qué más hacer; pero una cosa era segura: Salazar Slytherin debía estarse revolcando en su tumba.
―¿A quién se le ocurre salir a bailar en la lluvia?, y encima descalza. Debe ser cierto que eres la excepción a la regla entre los Ravenclaw, ¿no?
«Mucho mejor», se felicitó, sintiendo resarcido en algo la reputación que todo buen Slytherin debía de mantener.
― Oh, yo no diría que la excepción. Solo soy una Ravenclaw un poco diferente― le respondió Luna, descolocándolo―. Ser diferente no es malo―continuó mientras se ponía la túnica de Theo sobre los hombros y metía los brazos por las mangas.
― Lo es cuando te pone en riesgo―dijo él―. Si tanto querías bailar, debiste hacerlo como la gente normal en el Gran Comedor.
―La señorita Lovegood no pudo asistir al baile por su edad y porque nadie fue lo suficientemente listo para llevarla―defendió Nick―. No me pareció justo que priven a aquellos que disfrutan de este tipo de eventos, por eso cuando la vi observando me ofrecí a enseñarle una danza de mis años mozos.
Theo enarcó una ceja y miró a la muchacha, algo burlón.
―Así que observabas a escondidas y para hacerlo te vestiste de gala. ¿Qué pasó?, ¿por las prisas olvidaste los zapatos en tu baúl?
―Solo tenía curiosidad. Y no. Lo que pasa es que los nargles escondieron mis zapatos, siempre lo hacen y seguro hubieran hecho lo mismo con mi vestido si no lo hubiera escondido en la funda de mi almohada―dijo ella con simpleza, acariciando la tela ―. Mi papá me lo envió cuando supo que habría un baile, solo por si acaso. No quería escribirle y decirle que no pude usarlo. Fue de mi madre, ¿sabes? Ahora podré decirle que me quedó y que se vio muy bien junto a la decoración del Gran Comedor. Todo estaba precioso. Seguro será una buena nota para "El Quisquilloso".
Algo incómodo se movió en el pecho de Theo y desvió la mirada, apenado por haber estado ideando una forma de burlarse de la chica. Si existía algo sagrado para él, era cualquier asunto relacionado con las madres.
―Oh, ahora entiendo que estuvieras aquí tanto tiempo, esta tela es especial, ¿Verdad?―dijo Luna de repente, sonriendo de gusto mientras metía las manos en los bolsillos de la túnica―. Abriga al instante.
―Está diseñado para acoplarse a los climas en los que…―pausó Theo―, oye, espera un segundo, ¿hace cuánto sabías que estaba aquí?
―Desde que entraste al patio, Theodore Nott―dijo Luna. Él sintió sus mejillas tibias al instante y rogó a Salazar que ella pensara que era por el frío.
―¿Cómo sabes mi nombre? Nunca hemos hablado hasta hoy―le repuso, intentando sonar desconfiado.
No supo si fue disgusto o embeleso lo que sintió cuando ella le sonrió.
―Bueno, no pasas tan desapercibido como piensas―le dijo Luna y acomodó un mechón de cabello húmedo tras su oreja, revelando la figurilla de un pendiente con forma de rábano.
―No es que quiera inmiscuirme donde no me han requerido; pero, ¿No creen que sería mejor continuar esta charla dentro del castillo? ―habló Nick, revoloteando sobre ellos―. El tobillo de la señorita Lovegood comienza a hincharse.
Theo curvó la boca, incómodo. La sugerencia de Sir Nicholas era un completo llamado hacia él.
«Bien, supongo que no va a pasar nada solo porque la ayude esta vez», se dijo; pero cuando se dispuso a tomarla en brazos y sintió sus brazos alrededor de su cuello, oyó a Sir Nicholas exclamar:
―¡Pardiez! Esto no será bueno.
Luna y él giraron la cabeza al mismo tiempo y palidecieron al reconocer al hombrecillo traslúcido que les observaba, frotándose las manos desde la entrada del patio.
Esa sonrisa macabra de oreja a oreja auguraba lo peor.
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¡Hola!
Un saludo enorme a todos los que le den una oportunidad a este fic.
Los siguientes capítulos serán una suerte de historias cortas en las que, si bien trataré de que exista cierta conexión, es posible que se rompa, dependiendo de qué sea lo que escriba. Las posibles parejas que las protagonicen serán NottGood, Dramione, Blinny, Ron(?) y quizás, solo quizás, Hansy. (Me gustan mucho; pero todo dependerá del momento)
Espero que sean de su agrado.
También, para aquellos que sigan mis historias en esta plataforma, sobretodo del fandom de "Shaman King", les comento que la decisión de escribir fics de nuevo es solo temporal y responde al FICTOBER únicamente. Y para quienes no lo saben todavía, ¡Publiqué mi primera novela! (Sí, esa que llevaba escribiendo y anunciando sin fecha probable de que viera la luz), ya está disponible en Amazon tanto en formato e-book, como en formato papel. Para conseguirlo coloquen mi nombre de autora "Paola Alarsil" en el buscador de Amazon, o el título: "Un segundo de felicidad". También pueden encontrarme en mi página de autora en Facebook: "Paola Alarsil-Escritora"
Un abrazo a cada uno de ustedes, espero que todos estén muy bien 3.
¡Hasta pronto!
