Nota: Contenido adulto, perdón. Y AU de Ray siendo William Minerva.
Miró dudosa la puerta frente a ella, no sabiendo si lo que haría, era correcto o no. Si debería hacerlo o no.
Sin embargo, fue algo que se debatió en hacer a solas, y quién únicamente sabía eso, era ella. Ni siquiera Norman, su mayor confidente y mejor amigo sabía lo que estaba por hacer.
Pero así estaba bien. No necesitaba que nadie más lo supiera.
Pues sería algo únicamente entre ella y Ray.
Inhaló profundamente y luego exhaló, mirando determinada la puerta, para finalmente abrirla y entrar.
Para su suerte, Ray se encontraba solo. Cerró la puerta tras de sí, poniéndole seguro. Así nadie entraría a interrumpir lo que llevaría a cabo en esa habitación.
Nadie.
Ray leyó con atención los papeles que tenía en mano, no obstante, se había percatado de su presencia —. Ya es tarde, deberías estar durmiendo.
Emma caminó hasta donde estaba él, quedando frente a su escritorio, con mirada determinada. El pelinegro suspiró, finalmente alzando la mirada, encontrándose con sus ojos esmeraldas, contra el suyo amatista —. Nada de lo que te diga hará que te vayas, ¿Verdad? — sonrió burlesco. Emma frunció el ceño, apretando los labios.
— Sé que nada de lo que te diga cambiará tu opinión sobre llevar a cabo tu genocidio... Pero, ¿Por qué quieres hacer esto?
La sonrisa de Ray se borró, y su mirada se tornó seria, dura —. Porque quiero protegerlos, ya te dije. Es la única solución viable, y sobre los 7 muros, eso es demasiado...
— ¿ACASO MI OPINIÓN Y SENTIR NO IMPORTA? — apretó los labios una vez más, conteniendo su ira, su frustración, su tristeza. Ray la miraba impasible —. ¿NO ERA ACASO QUE QUERÍAS VERME SONREÍR FELIZ PORQUE ME AMABAS?
La indiferencia de Ray, flaqueó —. ¿Quién te...?
— ¡SI ME AMARAS NO ESTARÍAS HACIENDO ESTO! — las lágrimas le nublaban de a poco la visión, y tenía ganas de parpadear. Sin embargo, no lo haría. No quería —. ¡LO ESTÁS HACIENDO SOLO POR TI, PORQUE ERES UN...!
Ray se levantó de su escritorio, estampando sus manos en este, su mirada retadora y dolida haciéndose presente —. Adelante, dilo. Dime qué soy un cobarde. Que soy escoria por haber enviado a mis hermanos al matadero, por mentir, por querer erradicar a los demonios — frunció el ceño — ¡DÍMELO!
— ¡ERES UN IDIOTA! ¡Y YO MÁS POR AMARTE! — sollozó, no pudiendo más con las lágrimas, secándolas con rudeza. Ray se quedó pasmado ante la confesión de ella —. Realmente lo siento por todo, Ray... Por no estar ahí cuando sufrías en silencio, por no apoyarte, no darme cuenta de la situación... Por todo, perdóname, Ray...
El pelinegro se quedó en silencio, mirando las lágrimas que bajaban por las mejillas de la pelirroja, quién hacía lo posible por acallar sus sollozos, detener sus hipidos. Ray parpadeó, rodeando el escritorio y dudoso, rodeándola con sus brazos, en un torpe abrazo; Emma apoyó su frente y manos en su pecho, calmándose lentamente.
Para luego, sólo escucharla sorber su nariz. Y cuando estaba por acariciar su cabello, los brazos de ella lo rodearon en su cintura y... Una ligera presión en su cuello apareció, impactándolo.
— ¿Emma...?
Emma estaba sonrojada por lo que estaba haciendo, y porque, también quería hacerlo. Era algo que había estado pensando en todo este tiempo, desde que Ray habló de su plan, la conversación con Norman y sus palabras de apoyo, la confrontación...
Escondió su rostro en su pecho, sintiendo lo acelerado de su corazón y del propio.
— Ray... — ¿Podemos hacerlo? Quiso preguntar, pero tenía miedo de su respuesta, su negativa. Ella tenía miedo, pero debía ser valiente —. Quiero... Quiero estar contigo esta noche.
Ray se mordió en labio, tragando duro. Entendido el significado detrás de esas sencillas palabras, pero, ¿Estaría realmente bien hacerlo? — ¿Estás segura?
— ¡Quiero hacerlo contigo! — aseguró, levantando su rostro para mirarlo a su único ojo sano. Sintiendo las mejillas calientes, y el pulso acelerado —. ¡Quiero entregarme a ti y a nadie más! — lo vio dudar —. Sé lo egoísta que esto puede ser pero, por favor... Sólo por esta vez...
Su frase se vio cortada por los inexpertos labios del azabache, quién tenía cerrado el ojo y un rubor pequeño en las mejillas. Emma sonrió internamente, y cerró los ojos, llevando sus manos a su cuello, rodeándolo y acercándolo más a ella.
Entre beso y beso, ambos iban agarrando experiencia, y cada beso, iba subiendo más de tono. Al punto de tener una batalla entre sus lenguas, mientras Ray la acorralaba contra el sillón.
Cuando se separaron, únicamente unidos por un hilo de saliva, Ray besó su mejilla, bajando por su cuello, hincando los colmillos en la intersección entre su cuello y hombro, haciéndola gemir de dolor. Lamió la marca, para desabotonar parte de su blusa, mordiendo la clavícula, mientras Emma ahogaba un jadeo en su mano.
Ray le quitó la blusa por completo, dejándola en corpiño, donde se podía notar lo erecto de sus pezones. Jugó con ellos sobre la tela, para luego desabrochar la estorbosa prenda, y así, hundir su rostro entre esos montículos de carne, los cuales apretaba y acariciaba, de vez en cuando; finalmente, se dignó a saborearlos, mordiéndolos con algo de rudeza, lamiéndolos, delineándolos con la lengua y chupando el pezón. En ambos, haciendo suspirar a la chica, quién sentía en calor en su entrepierna.
Ray besó su torso, y se detuvo a contemplarla. Emma jadeaba y trataba de normalizar su respiración, haciendo que sus pechos también subieran y bajasen en el proceso, mientras una mano cubría su boca; su mirada brillosa y anhelante, y el rubor sobre sus pómulos, además de resaltarse las marcas que había hecho con anterioridad.
Era hermosa.
Luego miró las marcas que tenía en sus costados, las cuales acarició y besó con amor y delicadeza, haciéndola suspirar. Acarició con su dedo índice y medio, por sobre su pantalón, su intimidad, haciéndola temblar; presionó con su dedo índice dónde estaba el prepucio femenino, estremeciéndola.
Estaba húmeda.
Desabotonó su pantalón, y comenzó a bajarlo para retirarlo, Emma alzó las caderas para ello. Siendo únicamente la prenda inferior la restante, la cual también quitó; acarició sus muslos y la acercó, abrió sus piernas y las sostuvo mientras acercaba su rostro a su intimidad.
Emma tuvo el impulso de cerrar las piernas, aunque Ray las tenía agarradas para evitarlo. Sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando sintió la primera lamida en su clítoris, acallando el pequeño gemido en su mano. Se tuvo que aferrar al respaldo del sofá cuando sintió su lengua recorrer sus labios mayores, y sentir adentrándose.
Los gemidos de la chica la incitaban a más, y eran indicativos de que lo estaba disfrutando. Por lo que dejó de lugar ahí con su lengua y optó por introducir uno de sus dedos, tensándola; lo movió por un instante, hasta que metió otro, haciendo movimientos circulares ahí, para luego simular una embestida, lenta.
Poco a poco Emma comenzó a mover su cadera, en busca de más. Pronto, teniendo que usar 3 dedos, para disfrute de la pelirroja, quién comenzaba a babear y gemir débilmente.
Sacó súbitamente sus dedos, recibiendo un quejido disconforme, haciéndolo sonreír de medio lado.
— Ser el único vestido es un poco injusto, ¿No crees? — le provocó, desabotonando su propio chaleco, y camisa negra, dejando ambas prendas tiradas en el suelo. Emma miró con un mayor rubor el torso al descubierto de Ray, no pudiendo evitar tragar grueso; Ray inclinó su cabeza a un lado, sonriendo, engreído —. ¿Te gusta lo que ves?
Emma carraspeó, cerrando sus piernas y desviando la mirada —. T-Te falta lo de abajo — señaló, ruborizada.
— Vaya, ¿Quieres ver lo que hay aquí, abajo, Emma?
— ¡R-Ray!
Rió ligeramente, comenzando a quitarse el pantalón —. Está bien, está bien. Sólo, no te sorprendas.
Emma mordió sus labios, mirando de vez en cuando, expectante, el cómo Ray bajaba su pantalón, y cuando a su vista saltó al gran bulto entre sus bóxer, la apartó de inmediato. Aunque su interior comenzó a palpitar, haciéndola sentir incómoda.
Lo quería adentro, y de sólo pensarlo, la avergonzaba lo lascivo de sus pensamientos.
Pero todo pensamiento pudoroso murió al sentirlo cerca, sentir como su pecho desnudo se tocaba contra el suyo, haciéndola temblar y suspirar. Más cuando él acarició sus piernas y pegó su pelvis contra su vientre, restregándose contra ella, en un vaivén de caderas; lo que la obligaba a tener sus piernas abiertas a fuerzas.
Ray se acercó a su oreja, jadeando levemente, haciéndole sentir lo cálido de su aliento —. Puedes detenerme ahora, si no te sientes segura — tomó una de sus manos y entrelazó sus dedos, mirándola fijamente, con el único ojo bueno que poseía, mirándola serio —. Tú decides, ¿Quieres seguir con esto o no?
Emma lo miró, anonadada en el amatista de su ojo, sintiéndose seducida por la imagen frente a ella. Ray, sobre ella, con algo de sudor sobre su rostro, mirada seria, y unos cabellos que se pegaban a él por el mismo sudor. Además de que, la carencia de su ojo izquierdo resaltaba su apariencia, le parecía... Sexy.
Parpadeó, saliendo de su ensoñación, afianzando más su agarre en sus dedos entrelazados. Mirándolo con seguridad —. Estoy aquí porque quiero, y... Porque este era mi objetivo al momento de venir aquí, Ray — apartó la mirada, haciendo que su cabello se esparciera en el cojín del sofá —. Ni aunque hiciéramos... El amor, cambiaría tu opinión... Yo de verdad quiero hacer esto contigo — lo miró con convicción, y un rubor en sus mejillas, sonriendo —. Además de que, le puse seguro a la puerta.
Ray la miró embelesado, para luego reír y sonreír, más tranquilo —. Por Dios, Emma. En verdad eres increíble — la miró con dulzura —, en serio.
Se unieron en un beso, siendo este como anestesia, en lo que con su otra mano, dirigía su miembro a la entrada de Emma, para finalmente, adentrarse en ella; apretó con fuerza su mano, al sentir dolor, por ser la primera vez.
Ray se separó de sus labios y repartió besos por su rostro, consolándola, quedándose estático para no lastimarla. Al rato, cuando Emma dejó de sentir dolor y en cambio, una necesidad por moverse, fue cuando Ray comenzó a moverse, despacio.
Para eventualmente, aumentar el ritmo, para disfrute de ambos.
Ray jamás se vio a sí mismo perdiendo su virginidad, y menos, entregándose a la mujer que amaba en secreto. Ni siquiera a su lado, porque las circunstancias se lo impedían y sabía que, su amor quedaría como uno trágico, como el de su madre.
Pero ahora, estaba haciendo todo lo que creía Imposible. Estaba ahí, haciéndole el amor a ella.
Emma clavó sus uñas en su espalda, y mordió su hombro, mientras con sus piernas abrazaba sus caderas, en busca de más contacto. Sintiendo como pronto, llegaría a su punto, su clímax.
Y él tampoco estaba muy lejos de ello. Por lo que, embistió con más fuerza y rapidez, Emma siguiéndole; Emma ahogó un gemido en su hombro y Ray mordió sus labios, escuchándose incluso así, su ronco gemido.
Se quedaron en vilo, ahí, tratando de recuperarse del orgasmo vivido, y también de normalizar sus respiraciones. Emma se recostó y liberó su cadera de sus piernas, mientras Ray se apoyaba con cuidado sobre ella.
Aquello había sido fantástico.
— Ray... — lo llamó, entre suspiros entrecortados —. ¿Podemos intentarlo otra vez?
Ray sonrió contra su torso, burlesco —. ¿Tú no te cansas, eh?
Obviamente, volvieron a hacerlo, pero eso, es otra historia.
